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El último paquete *priv. Ben*

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El último paquete *priv. Ben*

Mensaje por Owen Connor el Miér Mayo 08, 2013 12:09 am

El despertador sonó muy temprano. A la misma hora a la que había estado sonando toda la semana.
Había tenido la suerte de encontrar un trabajo algo más largo que los que había tenido desde que había llegado allí. Una empresa de mensajería le habían contratado por toda la semana. Era sábado, su último día de trabajo. El trabajo era realmente agotador pero le pagaban muy bien, quizás incluso podría darse un pequeño capricho cuando recibiera la paga. Algo pequeño, como un par de púas nuevas por ejemplo. No podría pagarse nada más caro por el momento.

Lanzó un largo suspiro antes de levantarse. Deseaba quedarse en la cama pero se animó pensando que era el último día. El último esfuerzo. Mañana ya se dedicaría a remolonoear todo el día con la grata sensación de dejar un trabajo bien hecho.

Se fue a incorporar demasiado rápido y lanzó un leve quejido a la par que se llevaba por reflejo una mano al costado. Su herida seguía abierta, aún con los puntos. Aunque le habían aconsejado que guardara reposo hasta que le cicatrizara un poco no había podido casi descansar. Justo le habían llamado para el trabajo y la fecha de pagar el alquiler se acercaba peligrosamente. No podía permitirse perder esa oportunidad. Pero aunque le sentara bien a su cartera estaba siendo fatal para su cuerpo. El continuo ejercicio no solo no ayudaba a que la herida se curara sino que casi la empeoraba. Le había vuelto a sangrar en un par de ocasiones y la mayoría de los días al acabar el turno le dolía como el infierno.
- El próximo trabajo será menos movidito. O eso espero...- Comentó en alto como si le estubiera haciendo alguna clase de promesa a su cuerpo.
Se levantó la camiseta revisando el vendaje. Fue un alivio ver que no tenía mancha de sangre, aunque igualmente le tocaría cambiárselo. - Aaah.. Quien tubiera una sexy enfermera que lo hiciera por mí.- Canturreó divertido mientras se incorporaba, dispuesto a empezar con su preparación matutina. Un enorme bol de cereales, indispensable para poder aguantar todo el día. Una ducha fría para despejarse del todo. Una cura a su herida acompañada por unos rezos a cualquier entidad disponible pidiendo que ese día no le doliear demasiado. Un conjunto de ropa cómodo para todo lo que tenía que moverse, consistente en un pantalón vaquero pirata, una camiseta amarilla y sus deportivas favoritas. Y estaba listo. Gastando algo más de tiempo del habitual pero prefería no hacer movimientos bruscos.

Tras asegurarse de coger llaves, móbil y cartera salió a la calle. El centro de mensajería estaba tan solo a unas pocas manzanas por lo que iba tranquilamente caminando hasta allí. La temperatura exterior le recibió con un abrazo de calor de bochorno. El sol daba fuerte pero ese tipo de calor anunciaba una fuerte tormenta. No iba precisamente sobrado de tiempo así que ni se pensó volver a por un chubasquero. Confiaba en estar de vuelta a su apartamento antes de que se desatara.

En cuanto llegó le dieron un carro lleno de paquetes y lo despacharon. La verdad es que no eran muy agradables, no había trabado amistad con nadie. Pero tampoco le importaba mucho, sabía que en esos ambientes de estrés uno no se encontraba siempre con gente en actitud agradable.
Se puso los cascos y empezó con la primera tanda de paquetes. Los que más cerca estaban del lugar.

Así se pasó toda la mañana y buena parte del mediodía. Con una pequeña pausa para almorzar. Cada vez veía como el cielo se iba cubriendo más y más. El tiempo de su horario de trabajo había acabado oficialmente. Miró el carro viendo un último paquete pequeño. Vio la dirección poniendo un poco de mala cara cuando vio lo lejos que estaba de donde se encontraba. Miró al cielo y suspiró. Le iba a caer el aguacero encima y para colmo iba a hacer horas extra. Pero no podía simplemente dejar ese paquete sin entregar así que echó a andar en su dirección. Tal como predijo a mitad del camino y totalmente de repente empezó a caer un aguacero. Todo el mundo corría a resguardarse o abría sus paraguas. Owen por desgracia no tenía nada con que protegerse a excepción de la gorra con el nombre de la mensajería. No quería correr, estaba casado y la herida empezaba a molestarle. Al principio intentaba ponerse bajo los porches que podía mientras caminaba, pero ya al final del camino lo mandó todo a la porra y echó a correr el último cacho sin preocuparse de resguardarse bajo nada. Llegó al edificio resoplando y hecho una completa sopa, pero antes de lo esperado. Comprobó por última vez la dirección y subió hasta el noveno piso llamando al timbre de la puerta indicada. Cogió el paquete esperando que contestaran. Por suerte había estado bien resguardado dentro del carrito impermeable y estaba completamente seco.

- Última parada amigo. En cuanto te entregue ya podré irme en paz.- Se pasó una mano por la cara, retirando un poco las gotas que le mojaban. - Si que estoy cansando que le estoy hablando a un paquete.- Comentaba en bajo esperando paciente que la puerta se abriera.
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Re: El último paquete *priv. Ben*

Mensaje por Ben Slarck el Jue Mayo 09, 2013 2:10 am

Llevaba largos minutos así, sentado en la reposera de su terraza, en completo silencio, con la vista puesta en algún punto distante del cual no era consciente, tan solo estaba allí, hundido profundamente entre pensamientos y más pensamientos. Su camisa blanca arreglada a la perfección, su fino pantalón color ladrillo e incluso la forma serena en que cruzaba las piernas y apoyaba los brazos en los costados, no pegaban en absoluto con el caos que se removía en su mente.

El último caso que estuvo siguiendo desde una semana atrás, había llegado a un punto muerto. Muchas veces se encontró con callejones sin salida que al final resultaban tenerla, pero, nada como esto. Cada minúsculo rastro estaba perfectamente encubierto, nadie decía nada, nadie sabía nada. Ahora comenzaba a comprender la alegría de aquellos hombres al trasladarlo a esa zona de Alemania, esperaban que se pudriera en esa maldita ciudad, entre casos y más casos que nunca verían la luz. ¿Eso esperaban realmente? Pues que esperaran sentados, Ben no daría el brazo a torcer ni aunque el mundo dejara de ser mundo. Él encontraría una forma de desatar nudo por nudo y llegar al extremo de la soga, tomara el tiempo que tomara. Tan solo debía buscar con mayor profundidad, prestar atención a cada ínfimo detalle y sin duda algo se mostraría ante sus ojos.

Fue recién, cuando el reloj de su muñeca marcaba el mediodía, que un rayo de luz se hizo presente en ese día tormentoso. Como cuerpo que recupera su alma, inhaló ampliamente y estirando mano hacia la pequeña mesita junto a él, buscó entre diversos papeles a su teléfono móvil que sonaba con una sobria melodía.

Sé lo que está buscando –le dijo una voz al contestar, una voz se escuchaba distorsionada y ronca.

¿Quién habla? –cuestionó Ben con extrañeza, pero antes de poder conseguir una respuesta, esa voz continuó hablando.

En el correr del día un paquete llegará a su puerta, recíbalo.

¿De qué está hablando? –volvió a interrogar sin obtener ninguna palabra que despejara su creciente incertidumbre– Dígame quién habla –repitió.

Considéreme un amigo y recíbalo –insistió la voz- Le ayudará en su caso –fue lo último que escuchó antes de que la llamada finalizara.

Analizó por unos segundos lo acababa de acontecer y como de costumbre su reacción fue rápida y decidida. Llamó a un colega calificado para que intentara rastrear aquel peculiar número que aparecía en la pantalla de su celular. Resultó ser proveniente, nada más y nada menos, que del teléfono público frente a su propio edificio. Tras escuchar eso, se arrimó a la baranda de la terraza y echó un rápido vistazo, sin ver más que el usual movimiento de ese barrio, nada fuera de lo normal, nada sospechoso. Luego, no lo dudó ni un instante y bajó a la primera planta como alma llevada por el diablo, a paso firme, con su gran perro siguiendo sus pasos.

¿Qué esperaba conseguir con esta precipitada acción? Pues, si necesitaba cercar el perímetro del teléfono para conseguir alguna huella digital o lo que fuera que le diera alguna pista para su caso, lo haría. Tampoco vacilaría, si de ser necesario, tuviera que arrancar el tubo y confiscarlo como evidencia. Estaba claro que la persona que lo llamó estaba de alguna forma vinculada. De otro modo ¿Cómo sabría este individuo que Ben había llegado a un punto en que la ayuda era más que bien recibida? O ¿Cómo siquiera tenía su número personal? Pero lo más importante ¿A qué se refería con un paquete?

Al llega a unos metros del teléfono público, en seguida descartó el buscar algún tipo de pista en él. Desde que salió de su edifico hasta allí, por lo menos dos personas diferentes lo habían utilizado y una tercera aguardaba impaciente por lo mismo. Con el manoseo que aquel aparato había recibido en ese breve lapso de tiempo, lo convertía en un objeto inútil para el propósito de Ben. Maldición ¿Quién lo mandaba a mudarse a pleno centro de la ciudad, donde todo es movimiento, donde buscar pistas era tan complicado como buscar agujas en pajares?

Barrió con la mirada las inmediaciones, tanto del teléfono como los lados de la avenida que por allí pasaba.

¿Tú ves algo que te llame la atención? –se dirigió a Black, su perro, quien como respuesta le dedicó un ladrido alegre y unos cuantos jadeos en dirección a un grupo de niños que se divertían no muy lejos de ese lugar– Ni lo pienses, tenemos trabajo que hacer –más ladridos le fueron dedicados- No te quejes, aunque estemos en nuestro día libre, ¡hay mucho trabajo pendiente! –así era, este humano adicto al trabajo pasaba incluso su día libre persiguiendo fantasmas y cuestiones inciertas.

Ben volvió sobre sus pasos al edificio, omitiendo las miradas que le dedicaban por estar hablando con un perro, él estaba muy absorto en sus propios temas, sobre todo en aquel paquete que había despertado su interés. ¿De qué se trataba? ¿Qué contenía? Todo esto podía resultar ser una mera broma, al menos eso pensaría un humano normal y corriente, era más cómodo pensarlo de ese modo y olvidar el asunto antes que tener conocimiento de que alguien lo observaba, de que alguien estaba consciente de sus actos. Pero, Ben tendía a esperar lo más drástico de las situaciones, si luego resultaba no ser nada, ya tendría tiempo de dar vuelta la pagina del libro. De momento, no tenía otra cosa mejor en la que enfocarse.

Antes de volver a subir, decidió pasar por su auto en el mismo garaje del edificio, en busca de unos documentos que allí había dejado. Fue en ese momento que el cielo finalmente comenzó a precipitarse, empeorando la potencia del agua con el leve paso del tiempo.

Un buen rato después, llamó al ascensor desde el estacionamiento y entró junto a Black para posteriormente marcar el noveno botón. Piso a piso iba subiendo, ojeando una carpeta negra que había traído de su auto. Cuando el ascensor se detuvo y abrió la puerta del mismo, creyó escuchar una voz mezclada con el torrente que pegaba contra los vidrios del pasillo, pasillo que daba a su propio apartamento. Black salió primero de aquel reducido espacio, corriendo a toda velocidad hacia la voz, lo que confirmaba que realmente había alguien allí. Ben comenzó a caminar lentamente en dirección a la puerta mientras seguía con la vista a su perro, quien ahora se movía con entusiasmo alrededor de lo que parecía ser un muchacho.

Es difícil descifrar qué le llamó más la atención al pelilargo, si el hecho de que la seguridad del edificio permitía que cualquiera entrara hasta allí, o el hecho de que aquel individuo pareciera un charco andante.

Que animado estás hoy… –susurró ante la actitud de su estimada bola de pelos, el cual comenzó a correr desde el joven hasta él y viceversa, como pidiéndole algo– No, no puedes quedártelo –aseveró Ben con calma, entendiendo lo que el animal le estaba pidiendo (de alguna forma…)– Es un ser humano, no un juguete –agregó debido a la insistencia de su amigo. Aunque al terminar su marcha y quedar enfrentado al muchacho, dudó de la primera parte de su afirmación– Al menos creo que es un ser humano… –dijo en un tono que casi sonó como a broma y una corta sonrisa adornó sus labios– Permíteme decirte que estás hecho un desastre –comentó ahora dirigiéndose a dicho joven, con las cejas levantadas a la vez que inclinaba su cuerpo, dejando al menor entre él y la puerta, para llevar la llave a la cerradura y abrir a ésta misma. En el transcurso de ese acortamiento de distancia entre ambos, analizó detenidamente al joven, sin prisa, con normalidad, como si todo aquel espacio fuera su territorio y ese chico fuera un invasor– ¿Puedo ayudarte en algo? –cuestionó finalmente al recuperar su postura y echar la puerta de su morada hacia atrás.
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Re: El último paquete *priv. Ben*

Mensaje por Owen Connor el Jue Mayo 09, 2013 1:53 pm

No es que hubiera pasado mucho tiempo desde que había marcado el timbre la primera vez, pero Owen empezaba a impacientarse. La mayoría de los carteros simplemente llamaban una vez, y si no eran contestados dejaban una nota y se iban. Aunque no hubieras tardado ni un minuto al abrir la puerta uno no se encontraba nada más que la nota. Eran como ninjas. Pero Owen prefería esperar un poco más y asegurarse bien de que no había nadie en casa antes de marchar hacia el siguiente destino. Puede que justo por eso tardara más tiempo del que debía en hacer la ronda, pero si iba hasta una dirección tan solo para llamar a la puerta una vez y seguidamente marcharse le parecía una pérdida de tiempo. Además sabía de primera mano lo molesto que era tener que acercarse luego a la oficina correspondiente, perder allí toda la mañana por la lentitud que gasta la gente que trabaja en esas oficinas para al final poder recibir tu paquete. Así que insistía un poco, se pasaba un ratillo delante de la puerta antes de asegurarse que no iba a atenderle nadie. Que puede que acabara más tarde, pero también conseguía entragar la mayoriá de los paquetes. Esa mañana justo no había tenido problema con ninguno, se negaba a que el último fuera la excepción.

Se disponía a llamar otra vez cuando oyó el inconfundible sonido de cuatro patas acercándose hacia él. Giró la vista en esa dirección y una enorme sonrisa iluminó su rostro al ver al enorme can que se acercaba hacia él con clara intención juguetona. - Hey! Hola bonito!- Le saludó de forma tan efusiva como los movimientos del propio perro. Alzó la mano con la que tenía el paquete, alejándolo del campo de acceso al perro. Si le saltaba no quería que lo estropeara por accidente con alguna de las patas. Con su mano libre le acarició la cabeza de esa manera que lo hacen los que están acostumbrados a tratar con perros. - ¿De donde sales? No creo que de la calle, estás totalmente seco.- Tan concentrado estaba en ese nuevo amigo que no se fijó en el hombre que le seguía hasta que este habló en voz alta. Giró su vista hacia el recién llegado saludándole con un gesto de la cabeza. Vio como el perro corretaba hacia él, sin duda debía de ser el dueño. Sonrió divertido ante el comentario de que no podía quedarse a Owen. Aunque no pudiera quedárselo estaría encantado de ir a jugar de vez en cuando con un perro tan grande y jueguetón. Pero se abstuvo de hacer ese comentario, era un desconcido frente a una puerta que no era la suya al fin y al cabo.
Aún así seguía sonriente, aunque se le borró un poco cuando le dijo que iba hecho un desastre. Se miró hacia abajo viendo como ya había formado un pequeño charquito a sus pies. Su ropa había oscurecido al estar tan empapada y se le pegaba al cuerpo de una manera muy incómoda pero que hacía un rato que se había resignado de separársela. Total, se le volvía a pegar a la piel como un imán. Pasó la mano libre por sus cabellos a la par que alzaba la cabeza. Era más cómodo apartarse el flequillo que se pegaba a su frente. Que aunque su pelo fuera de natural desordenado y despuntado, ahora estaba todo caído y liso. El color también se veía más oscuro con el agua, casi parecía más de un color castaño que de su pelirrojo anaranjado natural.

- Si bueno.. Es que me ha pillado el diluvio sin el bañador a mano.- Comentó a broma con una sonrisilla.

Dio un par de pasos hacia atrás dejándole espacio para que pudiera abrir la puerta. Las deportivas hicieron ruido de "chof chof" al moverse. Estaban tan llena de agua que podría montarse una pecera con ellas.
- Sí! Vives aquí?. ¡Perfecto! Tengo un paquete para...- Revisó la pegatina con la dirección. - Ben Slarck.- Alzó la mirada de nuevo hacia le hombre. - ¿Es usted?.- Si le decía que sí. Se lo entregaría, una firma y ya podía ponerse a dar saltos de alegría para celebrar que había acabado el trabajo.
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Re: El último paquete *priv. Ben*

Mensaje por Ben Slarck el Jue Mayo 09, 2013 8:37 pm

¿Cómo es posible que no se percatara de lo que sostenía aquel muchacho? Entre tanta agua, no hubiera pensado que se trataba de un repartidor. Pero, ahora todo encajaba, desde la gorra con aquella insignia hasta el hecho de que estuviera de pie frente a la puerta de su apartamento.

Así que era cierto –murmuró con un tono más severo y la expresión ensombrecida. Si efectivamente un paquete llegaba, eso confirmaba varios puntos en el asunto y no todos ellos eran de su particular agrado. Su vista se fijó en aquel pequeño envoltorio ¿Qué demonios contenía? Esa pregunta volvió a azotar su mente, solo que esta vez, con mayor inquietud- Si, soy Ben Slarck –respondió interceptando a las orbes ajenas.

Bien, a no precipitarse, era su deber sacar el mayor jugo posible de tal situación. Generalmente los envíos contenían la información del emisor, pero no era un campo obligatorio que agregar en el propio paquete, es más, aseguraba que no lo tendría o en caso de tenerlo sería un dato falso. Pero, eso ya era dar demasiadas cosas por descontado, era hora de aferrarse a los hechos y ver lo que éstos mostraban por sí solos. Además, debía averiguar qué agencia era la encargada del reparto y por las dudas, averiguar los datos del empleado de turno, para posteriormente intentar rastrear la raíz de todo esto. Más allá del contenido de ese paquete, había muchos aspectos que considerar, que en el mejor de los casos, aportarían alguna pista relevante.

¿Trabajas para la agencia que especifica en tu gorra? –quiso saber mientras se adentraba a su apartamento, en busca de algo con lo que anotar. Lo bueno de ser una persona sumamente ordenada, es que sabía el sitio exacto donde encontrar su libreta de interrogatorios y una lapicera, y hacia allí se dirigió, hacia la mesa central entre los sillones del living que estaba justo a continuación de la entrada.

Todo relucía acomodado en su sitio exacto, alineado, sin polvo, un orden bastante impropio de alguien que se acababa de mudar ese mismo mes. Cada pieza del mobiliario era de calidad, con un estilo bastante moderno y en su mayoría de colores neutrales. Apariencia que connotaba que allí vivía un hombre soltero, pues el lugar no expresaba mucha vida, y lo que es peor, el arreglo parecía más de exposición que la morada de una persona. Lo único, que más o menos escapaba a esa regla, eran las repisas llenas de libros, los adornos (tampoco demasiado coloridos), las diversas plantas colocadas por aquí y por allí y los grandes ventanales que daban una buena iluminación. No es que ganara una fortuna como para permitirse vivir rodeado de lujo, pero ya llevaba sus buenos años trabajando y al ser justamente un hombre solo, los “gastos extras” y la buena vida se habían dado de forma natural.

Puedes entrar –invitó sin prisa por dejar ir al repartidor y con intenciones de convertir la invitación en un interrogatorio. Como siempre, Black pareció entender la intención de Ben y le proporcionó diversos cabezazos al pelirrojo, como empujándolo al interior, acto en el cual su poblada cabellera canina comenzó a adquirir partículas de agua- Agradecería si me proporcionas la dirección y teléfono de ese lugar –agregó recostando el trasero en el respaldo de uno de los sillones, con el cuerpo mirando en dirección a la puerta de entrada, esperando respuesta y listo para escribir– Mmmmh –su ceño se frunció bastante al posar la vista otra vez en el joven. Por muy interesado que estuviera en conseguir información, verlo con ese aspecto le arrancó la siguiente pregunta del alma– ¿Quieres una toalla?
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Re: El último paquete *priv. Ben*

Mensaje por Owen Connor el Jue Mayo 09, 2013 10:28 pm

Owen miró extrañado la actitud ensombrecida que oscureció las facciones del hombre. La gente no solía reaccionar así cuando le entregaban un paquete. La mayoría solía recibirlo muy contento, incluso eufórico. Hoy en día las cartas practicamente no se usaban, para eso ya existían los correos electrónicos. Mucho más rápidos y menos contaminantes. Pero aún la ciencia no había descubierto como telatranposrtar objetos, así que la mensajería seguía llena de paquetes que viajaban de un lado a otro. Normalmente eran cosas buenas. Ese artículo que se había comprado en internet y que por fin llegaba, algún regalo de un amigo o familiar que estaba lejos, series de coleccionismo a las que la gente se subscribía. Pero para ese hombre parecía que el paquete no le hacía especial ilusión, al contrario parecían hasta malas noticias. Pero por mucho que le extrara no iba a preguntar. El correo de cada uno era personal y privado. Había visto a más de un compañero urgando más de lo que debía en los paquetes para ver que contenían, pero el nunca haría algo así. Menos aún curiosearía preguntando directamente.
Igualmente el sonrió cuando le anunció que era la persona que estaba buscando. - Genial! Entonces si me hecha una firmita aquí por favor.- Sacó una pequeña carpeta señalando el recuadro correspondiente. - Habré acabado, literalmente, todo mi trabajo.- Comentó con una sonrisa de oreja a oreja. Ya estaba pensando en el descanso que se iba a pegar después de todo eso. Empezando por una ducha, ropa seca y una buen bebida caliente. Caliente no, ardiendo! Casi le rugía el estómago de solo pensarlo.

- Así es.- Contestó recolocándosela. Estaba también completamente empapada y no le había protegido el cabello, pero al menos le había guarecido los ojos por el camino. - Pero soy solo un empleado a tiempo parcial. Me contrataron para esta semana por que debía de haber exceso de trabajo y no llegaban.- Comentó mientras esperaba que volviera con el bolígrafo. Normalmente el repartidor ya llevaba uno encima para que firmara, pero justo se le había acabado la tinta a media mañana y en un despiste no había cogido uno de repuesto.

No le echó un vistazo a lo que podía ver de la casa, Owen no era una persona cotilla, además su atención estaba principalmente dirigida al perro que seguía rondándole. Tampoco se movió del sitio aun cuando le invitó a entrar. - No hace falta.. Además no creo que sea buena idea voy a dejarle el suelo perdi.. hey! hehe para!.- El can era lo bastante grande y fuerte como para que eso simples cabezazos desequilibraran un poco el pelirrojo que acabó poniendo los pies dentro del apartamento. Empujó el carrito con él y buscó en él para sacar una tarjeta. - Claro. Aquí mismo viene.- La cogió con la misma mano que el paquete para entregarle las dos cosas a la vez. Le devolvió la mirada cuando el hombre se quedó mirándole. Sonrió ante su proposición. - Puees... la verdad es que me vendría bastante bien..- No quería molestar más de la cuenta, pero le disgustaba lo suficiente su estado actual como para no poder rechazar algo tan tentador como eso. Además, de todos modos ya no tenía que ir corriendo a ningún otro lugar. Por suerte, porque escuchaba como la lluvia seguía precipitándose con fuerza. Miró la puerta pregutándose si debía cerrarla tras él o no. Aunque la idea era entregarle el paquete e irse. Pero si hacía ese ofrecimiento querría decir que podía quedarse un momento hasta que se secara un poco? Dubitativo preguntó antes de hacer nada. - Em.. la puerta la cierro?- Le dio un ligero escalofrío visible por el espasmo que dieron sus hombros. Con la puerta del rellano abierta hacía que justo allí se levantara corriente. No demasiado fría pero sí para el estado de la persona que se creía charco.
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Re: El último paquete *priv. Ben*

Mensaje por Ben Slarck el Vie Mayo 10, 2013 11:48 pm

Estaba concentrado en sacar sus propias anotaciones que casi pasó por alto la parte de firmar la entrega, y digo casi, pues lo cierto es que estaba atrasando ese momento. Su intensión era conseguir la información que se disponía con absoluta calma, antes de liberar al muchacho. Aunque eso era una actitud bastante impropia de su parte. Sobre todo visto desde afuera, el actuar de Ben podía resultar algo extraño, tratándose de que estaba siendo insistente con un desconocido. Uno que además, venía hasta su casa por motivos de trabajo y que probablemente no esperaba que lo retuvieran más de la cuenta. Pero bueno, hay que admitir que la cabeza de Ben funcionaba de una forma muy particular cuando se trata de investigaciones.

Ya veo –fue todo lo que dijo ante las palabras ajenas y se incorporó para recibir tanto el paquete como la tarjeta. Un mal presentimiento lo sacudió al instante, ningún tipo de ayuda viene gratis. ¿Qué pretendían obtener al enviarle esto? ¡Oh! Ahí estaba otra vez, adelantándose a los acontecimientos, primero lo primero– Así que eres un empleado temporal –comentó analizando las chances de que el joven estuviera implicado de alguna forma, no había que descartar ninguna posibilidad– Tranquilo, Black la cierra –anunció mientras extendía la mano con el boligrafo, en señal de que le indicara donde firmar. Por mucha calma que se tomara, a lo justo lo justo. La norma básica es que los paquetes se entregan a cambio de una firma, no interferiría por más tiempo en el trabajo ajeno. A partir de allí, ya vería como proseguir.

Mencionemos que efectivamente, segundos atrás, Black se movió como la luz y había empujado la puerta hasta que se sintiera el ruido de la cerradura trabándose. Luego, Ben depositó el paquete en la mesa y se desvaneció un momento en el interior del apartamento.

Está bien cumplir con el trabajo, pero si te agarras esas mojaduras solo conseguirás enfermarte. A la larga será peor –dijo cuando reapareció y le extendió una toalla al repartidor, una de color azul y de buen tamaño– Y si por algún extraño motivo, te da la impresión de que intento retenerte –comenzó a explicar– Diré que has captado bien mi intensión. Pero, está demás decir, que puedes sentirte libre de marcharte cuando te plazca –sonrió con simpleza– De igual forma, siéntete libre de usar el cuarto de baño o de poner tus prendas a secar en el secador de ropa que está allí mismo –una propuesta bastante osada de su parte y de fácil y mala interpretación, pero ante los ojos prácticos de Ben, no existían las dobles intenciones, solo problemas y sus respectivas soluciones- Eres bienvenido a resguardarte aquí hasta que la lluvia mengue y de paso ahorrarme tiempo de investigación –¡El tiempo es oro! Las pistas pueden salir de cualquier parte, a esa altura había que hacer uso de métodos menos convencionales, y quien sabe, quizás el joven le dijera algo que le fuera de utilidad.

Tras dejar en claro su punto (aunque probablemente no se entendiera a lo que se refería con “investigación”, olvidaba que estaba en su día libre y que no llevaba visible su identificación policial, como era costumbre), se sentó en el sillón de dos piezas y abrió la laptop que también estaba sobre la mesita, frente a él. Digitó en el buscador (el buscador personalizado de su oficio) el nombre de la agencia de repartos y se cercioró de varios aspectos, además de las medidas de seguridad que tomaban empresas por el estilo en esa parte del mundo (ya saben, en Steinburg las reglas son bastante personalizadas). El contenido del paquete podía ser todo menos lo esperado.

¿Cuál es tu nombre? –preguntó mientras tanto– ¿Hace mucho que vives en Steinburg? –Si, hay personas adictas al trabajo. ¿Es que no podía relajarse y disfrutar de la hermosa lluvia? La respuesta parece ser un rotundo no. Como dicen por ahí, el crimen nunca para, y por lo tanto, los detectives tampoco. Incluso, cuando hay un chico atractivo y completamente mojado en el apartamento de uno, como una invitación a dejar salir su lado seductor y aprovechar la situación. ¡Tal vez en su otra vida se avivaría! ¡O…! Nunca se sabe lo que puede traer la tarde de un día lluvioso~

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Re: El último paquete *priv. Ben*

Mensaje por Owen Connor el Sáb Mayo 11, 2013 1:33 am

- Así es. Mi contrato acababa hoy, aunque igual con suerte vuelven a contratarme para la semana que viene.- Comentó. Le dio el paquete y señaló con el índice el recuadrito en el que tenía que dejar su firma para que acabar el trámite. Mientras firmaba giró su vista hacie el bien enseñado perro que, una lez había conseguido hacerle entrar, había cerrado también la puerta. En cuanto tubo la firma cerró la carpetita que contenía todos los resguardos del día y la guardó en el carro. El lunes a primera hora ya devolvería ambas cosas a la oficina. No podría pasarse antes teniendo en cuenta que ya habrían cerrado y que el domingo no abrían.
Mientras Ben iba a por la toalla Owen se agachó ya con ambas manos libres, quedando más a la altura del animal. - Con que te llamas Black eh? Encantado. Yo soy Owen. Hehe.- Se presentó al perro como si fuera a entender su nombre o algo, aunque sabía que no. Le acariciaba con ambas manos recibiendo unos cuantos lametazos por el camino. No recordaba la última vez que había estado con un perro grande tan simpático. Concretamente su último encuentro con un can de gran tamaño había sido un tanto accidentado. Se había acercado hacia la ventana de un establo donde se asomaba la cabeza de un caballo. Solo para mirarlo más de cerca. Pero el perro guardián de la granja lo tomó como un intruso amenazante y le persiguió un buen trecho. Fue horrible, pero esas interacciones amables le curaban del pequeño trauma que pudiera tener.

Se incorporó cuando el dueño volvió, cogiéndo agradecido la toalla que le ofrecía. - En realidad el tuyo era mi último paquete. Así que oficialmente ya he acabado con mi trabajo.- Se frotó la cara lo primero secándose las molestas gotas que atacaban a veces sus ojos. Le miró sobre ella con una ceja encarnada durante unos segundos de confusión. No había pensado que intentara retenerle. Pensaba que solo estaba siendo amable. No sabía para que iba a necesitarle, pero le agradaba el ambiente cálido de la casa y viendo que seguía cayendo una buena le tentaba más la idea de quedarse un rato que de salir. - Pues.. Muchas gracias! Me quedaré un rato entonces si no te imoprta. E igual si que dejo la ropa a secar... Es muy incómodo llevar algo tan mojado, además no quiero andar goteándote por todas partes.- Lo primero se quitó las deportivas y los calcetines, dejándolas a un lado del marco de la puerta. Ya descalzo no iba mojando tanto por donde pisaba. Dejó la gorra también encima y allí mismo siguió desnudándose. No quería ir a cambiarse al baño dejando un pequeño arrollo por el camino. Así que tranquilamente se quitó la camiseta y los pantalones, quedando tan solo en ropa interior, con el vendaje que tenía entre su pecho y ombligo expuesto. Lo revisó comprobando que por suerte la herida parecía no haber sangrado más. Estubo a punto de quitarse también los ajustados boxers que llevaba y taparse solo con la toalla. Pero eso ya le pareció demasiado, además no estaban demasiado mojados. Se puso la toalla sobre los hombros, frotándose con ella los brazos y el pecho para entrar en calor. Era muchísimo más suave que las viejas toallas que usaba él en su casa. Daba gusto sentir la piel contra ella.

Viendo que el hombre se sentaba en el sofá pensó en acercarse sentándose allí también. Se fijó entonces un poco por encima que todo estaba realmente ordenado. Casi dio por sentado que debía tener contratada un empleado para la limpieza. Se sentó en el sofá, en el otro lado, secándose primero un poco los muslos. A pesar de estar medio desnudo Owen no mostraba pudor alguno. Nunca tubo vergüenza de su cuerpo así que no sentía que tubiera nada que ocultar. Además, viviendo como lo hacía de un lado a otro, con tantos festivales y conciertos, uno no siempre encuentra un lugar donde cambiarse de ropa y le toca hacerlo en la calle. Así que estaba tranquilo. Feliz incluso por haberse librado de su ropa mojada. Lo que no se había parado a pensar era si el dueño de la casa se sentiría incómodo por tener a un joven casi sin ropa sentado en su sofá.

- Me llamo Owen Connor. Y no, la verdad es que no hará ni un mes que he llegado aquí.- Comentó tranquilamente. No tenía nada que ocultar y tanto su tono de voz como sus expresiones irradiaban sinceridad y esponteaneidad. - Por qué lo preguntas? Y por cierto. ¿Qué es eso de investigación? Eres científico o algo?.- Preguntó pensándose que quizás era algún catedrático de universidad investigando a saber que tema. Con el porte tan serio que llevaba le parecía que le pegaba ese trabajo. - No me importa participar en esas cosas pero me gusta que me digan un poco antes de que van.- Se envolvió el pecho con la toalla, intentando tapar casi de forma incosciente su herida.
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Re: El último paquete *priv. Ben*

Mensaje por Ben Slarck el Sáb Mayo 11, 2013 10:52 pm

Ben procesaba con atención cada palabra que Owen emitía, y escuchó como las prendas mojadas que lo cubrían, iban siendo quitadas, una por una. Los sonidos que se esparcían en la tranquila sala, daban buen paso a la imaginación, por lo que no necesitó voltearse para apreciar las acciones ajenas.

Owen Connor, mmmh –repitió archivando ese nombre en su cabeza. Recostó la espalda sobre el respaldo del sillón e hizo varios segundos de silencio, mirando al pelirrojo que ahora también estaba sentado. Su invitado realmente no mostraba ningún problema en quitarse la ropa y permanecer casi desnudo en presencia de un desconocido. Aunque, eso no fue precisamente lo que Ben pensaba al mirarlo con tal concentración. Es más, respecto a este accionar, se limitó a estirar la mano como si fuera automático y agarrar el control del aire acondicionado para subir un poco la temperatura, así el frío usual de su apartamento no molestaría. Pero, lo que verdaderamente capto su interés al levantar la vista, fue el vendaje que se escondía tras la toalla– No te recomendaría que te muestres dispuesto a participar en investigaciones “científicas”, no en esta ciudad. Y menos con el inocente atractivo que tienes –comentó con normalidad. Nuestro estimado rubio no podía evitar verle la quinta pata al gato– Apostaría a que esa herida la conseguiste por participar en lo que no deberías ¿O me equivoco? –agregó con cierto tono de reproche en la voz, o más bien de preocupación, después de todo, el trabajo de los policías es velar por la seguridad de las personas, al menos es un tic que Ben tenía incorporado en su sangre– Por cierto, soy policía –informó para despejar dudas. Cierto que su identificación no estaba visible, es terrible lo que los hábitos cotidianos pueden hacer que demos por descontado.

Entre tanto, Black había seguido a Owen hasta el sillón y de alguna forma había encontrado acomodo junto a él. Así es, era el estilo de perro que se subía donde le diera la gana y que dormía en la misma cama de su dueño. Con los pelos que el animal desprendía, eso al principio significaba un problema para la idea de orden y pulcritud de Ben. Luego, éste comenzó a aplicar el mismo reglamento de limpieza en Black, con una rutina de cepillado y ocasionales baños que dejaron el caso cerrado.

El mayor notó que su canino amigo estaba encantado con la visita, eso era una buena señal, hablaba bien del joven. Rara vez Black se mostraba tan insistente con los que pasaban por el apartamento (no es que pasara mucha gente), en general solo congeniaba con los niños.

El caso que investigo, para tu “suerte”, se ve de cierto modo relacionado con el paquete que me has traído –retomó sus explicaciones. Si Black se mostraba tan confiado, soltar un poco de información no sonaba contraproducente– En el tiempo que llevas trabajando allí ¿Has visto algo inusual, que llamara tu atención? –y ahí iba otra vez con sus preguntas, era inevitable.

En el exterior la lluvia no mostraba intenciones de detenerse, tampoco de empeorar, ni habían señales de relámpagos y truenos o de vientos tormentosos, tan solo se mantenía así, un torrente que caía sin prisa. La luz que entraba por los ventanales era escasa, dándole un toque de penumbra a la sala, aunque era la iluminación suficiente para no tener que encender las luces aún. Pronto llegaría el atardecer.
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Re: El último paquete *priv. Ben*

Mensaje por Owen Connor el Dom Mayo 12, 2013 11:09 pm

El pelirrojo se quedó extrañado ante el curioso cumplido de "inocente atractivo". ¿Que quería decir con eso? ¿Tenía cara de virginal o algo? Tampoco acababa de saber si era realmente un cumplido o alguna especie de ironía. Quizás tener un aspecto aún tan juvenil a pesar de haber dejado ya atrás la adolescencia.
Mientras rumiaba el contrario siguió hablando, haciendo un comentario sobre su vendaje. Owen se ruborizó, intentó cubrirselo mejor con la toalla evitando por unos momentos el contacto visual con la otra persona. Siempre había odiado que los demás se percataran de sus dolencias. "Puede que no haya sido buena idea quitarse la camiseta." Pensó disgustado.

- No es nada... Solo un corte. Además no podía quedarme allí plantado sin hacer nada.- Fue bajando la voz según iba hablando. Realmente no quería hablar del tema así que volvió a alzar la vista cambiándolo, hablando de nuevo con su tono habitual. Ese que hablaba incluso un poco más alto de lo que debería, resultando en ocasiones incluso un poco escandaloso. - Me refería más bien a cosa del tipo. "Haga esta serie de operaciones en tanto tiempo." O... "Escriba lo primero que le viene a la mente al ver estas imagenes." O.. "Avise cuando empiece a escuchar el sonido." No se. Cosas así. Nunca he llegado a entender que medían con ese tipo de cosas tan simples. Pero la verdad es que por un rato de tu tiempo suelen pagar bien. No me refería a nada.. dañino. Yo no dejaría que me inyectaran cosas ni movidas similares.- Su chip cambió cuando le informó que era policía. Era curioso. En toda su vida nunca había conocido a ningún oficial de la ley. Y en el poco tiempo que llevaba allí ya había conocido a dos. Además.. ahora que se fijaba un poco. Los dos muy atractivos. No se había parado a hacerle un buen repaso al hombre cuando era tan solo el destinatario del paquete que llevaba. Pero ahora que estaban sentados charlando podía pararse a mirar mejor. Era un hombre realmente atractivo. Sus ojos eran hipnóticos y penentrates, sus rasgos masculinos pero finos a la vez. La melena rubia parecía muy sedosa. Y el cuerpo.... Uff. Si se aventuraba a mirar mejor ese cuerpo imponente bien ejercitado su escasa ropa no podría ocultar ciertas cosas. Su parte racional obviamente le decía que no podía simplmenete dedicarse a intentar seducir a un desconocido, que empezaba a pensar que realmente le estaba interrogando. Pero su cuerpo le mandaba señales de recordatorio del tiempo que hacía que no tenía un cuerpo caliente junto a él.

Cuando notó el contacto del pelo canino dirigó su vista hacia el animal, sonriendo. Le acarició por detrás de las orejas dejando se aceomodara como quisiera sobre sus piernas. El animal le relajaba, hacía que sus pensamietnos volvieran a cosas más inocentes.

- Espera... Estás investigando un caso?.- Le miró con expresión preocupada. - ¿A ocurrido algo malo?.- Preguntó con emociones contrarias de no querer saberlo y al mismo tiempo el temor de que hubiera ocurrido algo demasiado cruel. - ¿Inusual dices? Pues.. la verdad es que no. Tampoco he pasado casi nada de tiempo en la oficina en realidad. Yo llegaba, me daban el carro con los paquetes y la carpeta de firmas y me despachaban. Al final volvía con el carro vacío lo dejaba y me iba. Nada más. Tu paquete era solo uno más entre un montón.- Se encogió de hombros. - Siento no poder dar más información. Pero lo que he visto de la empresa me parece una mensajería común como cualquier otra la verdad.- Se quedó un momento pensativo. - La gente no es demasiado agradable., eso sí. Pero bueno, no en todos los trabajos uno se encuentra con gente de trato fácil. Tampoc me parece algo raro en realidad.-
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Re: El último paquete *priv. Ben*

Mensaje por Ben Slarck el Mar Mayo 14, 2013 8:55 pm

Fue incapaz de evitar que una sonrisa escapara de él. ¿Nada dañino? Hasta qué punto simples investigaciones eran eso, “simples investigaciones”. Cautela ante todo, mucha cautela nunca resultaba excesiva ante sus ojos. Mientras que ese fugaz pensamiento surcó su mente, pudo notar como Owen pasaba registro sobre él. Ben siempre fue bastante perceptivo respecto a las actitudes ajenas, una cualidad sin duda, aunque ya saben lo que dicen, ver demasiado hace que uno no pueda dormir tranquilo.

Si, estoy en un caso algo complicado. Y ocurren más cosas malas de las que me gustaría ser testigo –respondió antes de escuchar las siguientes palabras del joven– Comprendo –dijo con mayor duda que antes. Cuando todo sonaba muy normal, una semilla de inseguridad lo invadía, donde hay luz siempre hay sombras. O tal vez era su propia paranoia jugándole una mala pasada. Entre tales pensamientos, fue entonces que su celular volvió a sonar.

Ya era hora de que te comunicaras conmigo –reprochó Ben al identificar el número de la llamada. Segundos atrás, mientras charlaba, había enviado en e-mail a un colega. Éste ahora se comunicaba con Ben, dándole unas cuantas indicaciones sobre el paquete, el cual había agarrado y lo inspeccionaba al compás de tales indicaciones– Bien, no hay indicios de que pueda contener algo nocivo. Espero que sea cierto –comunicó el rubio al finalizar la llamada. Luego se levantó, sacó del cajón de un mueble un par de guantes de látex y volviendo al envoltorio, lo abrió. En su interior se encontró con una caja de cartón, en el interior de la misma había una pequeña cajita de madera que parecía estar tallada y tener una inscripción, y ésta a su vez, contenía un prendedor con forma de águila. ¿Qué se supone que significaba aquello? La investigación no hacía más que mejorar, pensó con sarcasmo. Pese a contemplar el contenido por un rato, claramente no sacaría mucha información de ese envio que parecía no tener sentido aparente, no hasta que volviera a al Departamento de Investigación. Aunque, aquello estaría en sus pensamientos el resto de la jornada.

Suspiró con cierto cansancio, si bien su mente funcionaba como de costumbre, su cuerpo comenzaba a sentir los estragos de trabajar sin parar, el estrés que no ofuscaba sus pensamientos, repercutía directamente sobre sus órganos. Se quitó los guantes y posó nuevamente sus ojos sobre el invitado, había algo en Owen que lo invitaba a apartarse un rato del trabajo.

¿Te has hecho revisar esa herida como es debido? –habló otra vez sobre el asunto. Su instinto lo llevaba a preocuparse, sobre todo si recordaba la reacción del portador de la herida al cuestionarle sobre ella– ¿A qué te referías con que no podías quedarte sin hacer nada? –cuestionó acercándose a Owen.

Una vez estuvo parado frente a él, estiró su blancuzco brazo y en un suave movimiento sostuvo la toalla con firmeza para deslizarla lejos del cuerpo que cubría. La altura le ofrecía una visión agradable, tenía que admitirlo, pero, no se aprovecharía de las circunstancias, que de por sí eran desfavorables para el repartidor.

No intentes esconderlo y habla –agregó enfocando la totalidad de sus sentidos en el joven. ¿Mucha intromisión por parte de Ben? No, esa palabra no existe en el diccionario de un investigador, como siempre digo, solo existen preguntas y respuestas, acciones y consecuencias.
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Re: El último paquete *priv. Ben*

Mensaje por Owen Connor el Mar Mayo 14, 2013 10:11 pm

Owen lanzó un suspiro de angustia con cara de preocupación. No le había concretado si era un caso malo, o peor. Pero el que fuera complicado era bastante señal de que no se trataría de un simple hurto. - Los policías sois sin duda hombres fuertes. Yo no creo que fuera capaz de soportar ser testigo de ese tipo de horrores a diario.- Comentó más para sí mismo que hacia el otro. Pero en un tono audible.
Las personas que trabajaban para el bien de la sociedad siempre le habían parecido realmente admirables. Los médicos, los bomberos, los policías. En especial estos últimos que tanto luchaban por que las calles fueran pacíficas, perdiendo en ocasiones su vida por ello. Realmente admirable. Pero al mismo tiempo pensaba que los corazones de esos hombres y mujeres debían estar hechos de pieda, sino, no sabía como soportaban todo aquello.

Mientras pensaba en todo aquello el móbil había sonado y Ben hablaba por el teléfono con alguien. Por lo poco que oía seguramente parecía que se trataba de algún compañero del oficio. Owen no era ningún cotilla y pensaba que una llamada telefónica era algo muy privado. Así que intentó no perstar antención a la conversación, a pesar de que Ben podía tranquilamente irse a otra habitación.

Se siguió secando con la toalla, pasándosela por el pelo para quitarle la humedad. Se lo revolvió mucho y su color natural así como su despunte empezaban a recuperarse. Volvió a cubrirse con la tela, con cuidado de taparse por completo el vendaje. Su desnudez no le había incomodado en un principio. Total, estar en ropa interior era como estar en bañador. Le resultaba absurdo que le avergonzara lo primero si no lo hacía lo segundo. Pero tener su daño así si que le hacía sentirse expuesto. Miró su camiseta que había dejado colocada estirada para que se secara. Por su color oscuro seguía obviamente empapada.

Volvió a mirar hacia el rubio cuando colgó, le siguió con la mirada arqueando una ceja cuando le vio abrir el paquete con guantes. Pudo ver más o menos lo que sacaba. - Oh! Que bonito!. Y eso es parte de la investigación? Parece más bien un obsequio.- Alzó la vista hacia el rostro contrario cuando este se giró a mirarle. Le devolvió la sonrisa sonriéndole, con su habitual expresión alegre. Pero se le borró enseguida cuando el tema de conversación volvió a su herida. Suspiró desviando la mirada. - Claro que sí. Ya fui al médico para que me la revisara. No tiene más importancia.- Habló con tono neutro.

No se dio cuenta de que se había acercado tanto a él hasta que notó el tirón en la toalla. Le pilló tan desprevenido que no pudo hacer ningún gesto siquiera para tratar de impedirselo. Se le quedó mirando. Tanta proximidad con uno vestido y el otro no. La situación casi empezaba a ser violenta. Pero lo que violentaba a Owen era tanta curiosidad por su estado. Ojalá hubiera podido ocultarlo mejor.

Intentó apartarse un poco, buscando deslizarse hacia el otro lado del sofá para que hubiera algo más de distancia. De pie mirándole de esa manera el joven policía tenía un aspecto un tanto intimidante. Seguro que debía ser bueno en los interrotorios, pensó.

- No fue para tanto. Solo, vi a dos tipos peleándose al salir del trabajo y fui a intentar parar la pelea. Pero iban armados y uno de ellos me atacó. Pero se presentó otra persona y me salvó además de detener la pelea.- No comentó el hecho de que estubo en riesgo de perder la vida a punta de pistola. Pero el resto era verdad. - No tiene más misterio. Ni siquiera se por qué estaban esos tipos peleándose. ¡Y si! ¡Ya lo sé! No tendría que haber hecho una tontería como esa cuando no tengo la menor idea de defensa personal. Tendría que haber sido más listo y simplemente llamar a la policía. ¡Pero es que iban a matarse! vale? No podía simplemente hacer una llamada y girar la vista mientras uno de los dos moría en los pocos minutos que hubiseis tardado en venir!.- Se había alterado. Su voz se había alzado bastante más hasta el punto de que casi estaba gritando. Pero era algo que llevaba dentro y de alguna manera Ben había conseguido que le saliera. Muchas veces se había recriminado a sí mismo haberse comportado de forma tan tonta e impulsiva. Sabía que estaba herido por su propia culpa, pero tampoco sentía que hubiese hecho nada malo.
se ruborizó al darse cuenta de como se había puesto. Sus mejillas se tornaron de un rojo vivido y desvió la mirada avergonzado. - Perdona no... No quería ponerme así. Se que no es excusa pero estoy bastante cansado... mentalmente también.-


Última edición por Owen Connor el Miér Mayo 15, 2013 1:51 pm, editado 2 veces
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Re: El último paquete *priv. Ben*

Mensaje por Ben Slarck el Miér Mayo 15, 2013 2:09 am

Claramente a Owen lo incomodaba hablar del tema de su herida, cualquiera sería capaz de decirlo. Aunque, esa reacción ajena debía de tener una raíz más profunda, como si al joven le molestara que se percataran de una debilidad suya. Por otro lado, si ya había consultado a un médico, entonces la participación del rubio estaba concluida, nada podía hacer al respecto que ya no hubieran hecho. Y en relación al contenido del paquete, omitió hacer otros comentarios, tendría que esperar a la mañana siguiente para investigar a fondo.

Ben colocó una mano en su propia cintura, viendo como el pelirrojo intentaba alejarse y como posteriormente apartaba la mirada con las mejillas cambiando de su color habitual. Escuchó las palabras que escapan de la boca del otro, intensas y espontáneas. Este tal Owen Connor comenzaba a gustarle y hay que decir que las reacciones de las cuales Ben estaba siendo testigo, le despertaron un sentimiento peculiar.

No hace falta que te disculpes –dijo con el mismo tono, sintiera lo que sintiera, su voz variaba muy poco. Posteriormente se acomodó en el espacio que Owen había dejado, quedando sentado entre su perro y el joven. Digamos que el tamaño del sillón era bastante reducido para los tres, pero le apeteció sentarse allí, así que simplemente lo hizo– Tampoco intentaba juzgar tus acciones –explicó con calma y estirando la toalla la volvió a depositar sobre los cabellos rojizos, con movimientos suaves y precisos, como todos sus movimientos– Fue una acción temeraria, es cierto. Tuviste suerte que otra persona estuviera dispuesta a detener la pelea –apartó la mirada del joven para posarla en el exterior del ventanal y proseguir hablando- Pero –siempre hay un “pero”-, cuando un hombre sale herido por hacer lo que cree correcto, nadie debería atreverse a reprochárselo –juntó un poco las piernas, realmente Black ocupaba su considerable espacio– Lo tonto sería volver a repetir ese accionar sin haber aprendido de la primera vez. Si no eres lo suficientemente fuerte o no sabes defenderte, aprende. Si no sabes sobre un tema, aprende, es así con todo –obviamente uno no puede saber todo sobre todo, aunque, ¿quién se lo diría? El régimen que aplicaba Ben consigo mismo era bastante extremista y disciplinado, exigente– Se puede vivir por ideales, tanto como morir por ellos –la de veces que había estado en una condición parecida...

Rió ante sus propias palabras y pensamientos, entonces inclinó su cuerpo hacía el joven y cambio a conciencia su expresión, estirando un brazo sobre el respaldo, detrás de Owen.

Aquí estábamos ambos, cansados, y yo hablándote de forma que suena a discurso. Los años no vienen solos –bromeó intentando crear un ambiente menos tenso, no porque le molestara la tensión si no, por el siguiente motivo que murmuró con una sinceridad casi descarada- Te ves realmente atractivo con el rostro sonrojado –esa imagen le quedó grabada– ¿No se te ha ocurrido pensar que yo podría ser alguna clase de policía depravado? –continuó con su tono de broma, solo que esta vez algo más camuflado- Podrías terminar en otra situación peligrosa por estar temerariamente desnudo ante un desconocido –articuló las palabras de modo que verdaderamente sonaran insinuantes y acercó su rostro de tal forma que su propia respiración era capaz de chocar contra el oído ajeno. No es que tuviera malas intenciones, pero ya que estaban con el tema, creyó conveniente destacar que andar en casa de un desconocido con pocas prendas, contaba como una acción temeraria. Por mucha naturalidad que tuvieran ambos ante esa escases de ropa.

Volvió a reír brevemente y recuperó un poco de distancia, la suficiente para que su cuerpo descansara y que su cabeza terminara recostada en el cómodo respaldo del asiento. Su pelo se esparció al instante y el escaso cerquillo que caía sobre su frente se fue hacia atrás.

Si tus actos te van a pesar, entonces no los hagas desde un principio. Y si crees que hiciste lo correcto, entonces no tienes porque alterarte al dar explicaciones. La fuerza de un policía radica en la seguridad con la que aprieta el gatillo –su seriedad reaparecía en escena– Mmmmh, tal vez deberíamos descansar un rato –dijo tras un corto silencio y sus ojos se cerraron, aunque distaba mucho de caer dormido.
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Re: El último paquete *priv. Ben*

Mensaje por Owen Connor el Miér Mayo 15, 2013 7:42 pm

Owen sonrió al ver que Ben no estaba molesto. Cuando vio que iba a sentarse se echó un poco hacia un lado para dejarle más espacio, pero ya estaba practicamente en la esquina del sofá así que tampoco pudo apartarse demasiado. Al volver a tener la toalla sobre su cabeza la deslizó hasta sus hombros tapándose con ella. No es que tubiera frío, pero tampoco irradiaba calor, la toalla le resultaba agradable aunque ya tubiera el cuerpo completamente seco.

- Uff..- Suspiró. - Sí que tube suerte... Muchísima.- Suerte respecto a que hubiera aparecido alguien para salvarle. Todo lo demás había sido tener una suerte más bien castrófica, además de la actitud temeraria correspondiente. - No quiero morirme por ningún ideal. No soy ninguna clase de samurai. Soy joven y aún hay muchas cosas que quiero hacer, sitios que visitar... aventuras que vivir. Dejarme morir en esta ciudad por una pelea que ni me concernía sería realmente estúpido. Pero.. por otra parte no me gustaría tener que llegar al extremo de aprender a luchar. Soy un tío pacífico ¿Sabes? Hakuna Mattata, vive y deja vivir. Esas cosas. No querría ponerme a pegar a nadie... ni siquiera para defenderme. Yo creo que en este mundó aún hay gente buena, y se puede vivir en paz sin tener que hacer daño a nadie.- Sonrió. No sabía por qué estaba confesando esas cosas. Quizás se sentía algo idefenso, o puede que simplemente la actitud de Ben le transmitía que era un hombre que sabía escuchar. - Igual.. si que es ese mi ideal. Pero sigo pensando que pienso aferrarme a la vida unos cuantos años más. Eso sin duda.- Owen sonrió mirando hacia el rubio que se había incliando un poco hacia él. - Hehe sip. Aquí estamos. No se ni por qué te ando contando estas cosas.- La sonrisa se le borró durante unos segundos ante ese cumplido. Una adorable expresión de sorpresa asomó en su rostro antes de que se transformara en una sonrisa de nuevo, solo que algo más pícara que la anterior. - Vaya.. Gracias. Espero que hayas disfrutado de la visión entonces porque hay unidades limitadas. No suelo ruborizarme fácil.- Confesó.

Al escuchar esa voz tan cerca de su oído se el tensó levemente el cuerpo. Su puño se crispó agarrando fuerte la toalla tratando de no reaccionar de manera demasiado notoria. Era muy sensible en esa parte de su cuerpo, solo el aire que salía en cada palabra estaba haciendo que se le erizara cada vello de su cuerpo. - Bueno... Me invitaste amablemente a entrar para guarecerme del temporal. Además tengo fe en que los policías son tipos decentes y en playa voy más desnudo que como estoy ahora. Además.- Le miró de reojo. - Me estoy cubriendo con la toalla. Has sido tú quien me la a arrancado antes.- Sonrió, divertido por la situación. No esperaba nada malo. En ningún momento lo habría esperado. Confiaba en la bondad de la gente, a veces de forma demasiado ingenua. - Además si quisieras hacerme algo poco importaría que fuera con ropa o no. Lo harías igualmente.- Rió bajito ante la idea de que Ben tratara de sobrepasarse. Con lo atractivo que era igual hasta se acabarían cambiando las tornas y sería Owen quien acabara siendo el repartidor depravado.

Dejó de reír cuando volvieron al tema. - No me pesan solo... Creo que no me gusta ir dando explicaciones. Cuando no son necesarias.- Concluyó. De reojo vio como el contrario cerraba los ojos. Se levantó dirigiéndose hacia la ventana. Fuera seguía lloviendo tan torrencialmente como antes y no parecía que fuera a parar en toda la noche, por lo encapotado que lucía el cielo. - Si estás cansado... Será mejor que deje de abusar de tu hospitalidad y me vaya a casa. Total, si no me he resfriado de antes no creo que vaya a hacerlo a la vuelta.- Miró la lluvia durante unos minutos pensando en cuanto le costaría llegar desde allí a su apartamento. Un cuarto de hora a paso ligero echaba como mínimo. - Mmmm.. Cuando llegue me daré un buen baño caliente y cenaré un ramen calentito.- Sonrió gatunamente ante esa idea. Se quitó la toalla de encima, la medio dobló y la dejó sobre la mesita. Fue hacia su ropa mojada, estaba un poco menos empapada pero para nada seca. Puso cara de disgusto ante la idea de ponersela, pero total si nada más salir iba a empaparse de nuevo daba igual que estubiera seca o mojada.

Vio el charquito que había dejado con sus zapatillas y se giró a mirar a Ben. - Si me dices donde tienes la fregona te seco esto en un momento antes de irme.-
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Re: El último paquete *priv. Ben*

Mensaje por Ben Slarck el Vie Mayo 17, 2013 12:19 am

¿Cómo llamaría a ese sentimiento en su interior? Algo bastante cálido. ¿Hacia cuánto no se encontraba con una persona tan “blanca”? Las palabras de Owen resultaban bastante acertadas para un joven. Y no es que Ben fuera viejo, pero sus años le pesaban más de la cuenta. No iba a contradecirlo, después de todo, no era necesario que todo el mundo fuera tan extremista como él mismo. Los tipos como Ben existían justamente para que muchachos como Owen pudiera vivir de un modo más libre. Aún así, le resultaba contradictorio el hecho de ser alguien arriesgado y a la vez pacífico. El pacifismo estaba demasiado sujeto a muchas variantes.

Ingenuidad, esa fue la palabra que pasó por su mente antes de cerrar los ojos. Aunque las personas ingenuas son tan necesarias como cualquier otra, la balanza debía equilibrarse.

Eres un caso muy curioso –murmuró con una sonrisa que dejaba apreciar una larga hilera de dientes– No hace falta que seas considerado –repuso sin moverse de la cómoda posición en la que estaba– He sido yo quien te ha invitado hasta que la lluvia amaine, por muy cansado que pueda estar –Y hablando de eso, ahora que caía en la cuenta, no estaba siendo un buen anfitrión. Tampoco es que pudiera tomarse excesivas libertades con un desconocido, pero ¿qué importaban los modismos en un día como ese? Sin embargo, esa no es la parte importante del relato, lo importante fue una palabra que invadió su cerebro casi como un golpe.

Ramen ¿Ramen? ¡¿Ramen?!

Se puede decir que no prestó particular atención a la intensión de marcharse de Owen. Simplemente le resultó inadmisible que quisiera comer eso. Ok, la gente en general podía comerlo, o comer lo que quisiera, pero un invitado a aquel apartamento no podía pretender que Ben no reaccionara si le comunicaba que comería ESO. Y eso, señoras y señores, no era considerado comida en el mundo del mayor.

¡Dime que no te refieres al Ramen instantáneo! –fueron las palabras que escaparon de su boca tras girarse y mirar fijamente al joven, quien ahora estaba cerca de la ropa mojada. Tras una leve sacudida de cabeza, enderezó su torso e impulsado por su tic hacia la comida, dijo– Permíteme invitarte a una comida de verdad –su reacción casi que resultaba exagera, pero ¿qué decirles? Ben tenía un serio tic con los alimentos– Puedes utilizar mi baño y colocar tu ropa en el secador como ya había dicho, mientras esperas a que prepare algo –se incorporó y carraspeó para volver a poner los pies sobre el “aquí y ahora”, y adaptándose un poco más a la situación agregó un punto a su propuesta– Cuando terminemos, puedo alcanzarte en mi auto hasta el lugar donde vives –a esa altura del partido, su inicial idea de realizar un interrogatorio se había esfumado en algún momento de la tarde ¿Cómo fue que eso pasó? ¡Ah! Siempre hay más preguntas que respuestas– ¿Qué te parece? –dibujó una “servicial y cordial” expresión en su rostro, claramente no aceptaría un no por respuesta.

Si el joven Connor accedía, tendría que indicarle donde quedaba el cuarto de baño, como funcionaba el secador de ropa y tal vez prestarle alguna de sus propias camisas mientras. El solo imaginarlo era una situación curiosa. Bien, pues establecer vínculos en una ciudad a la que uno se acababa de mudar tenía su lado positivo, un investigador debe poseer ojos por doquier, eso era algo que aprendió a la perfección.
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Re: El último paquete *priv. Ben*

Mensaje por Owen Connor el Vie Mayo 17, 2013 1:34 am

Owen sonrió con aire coqueto. - Hehe, me tomaré eso de "caso curioso" como un cúmplido.- Se giró para mirarle sonríendole también. Le gustó la expresión del rostro ajeno, con una sonrisa de esas que mostraba la dentadura. Era mucho más agradable que las que le había dedicado antes por pura cortesía. Esas eran algo frías, aunque no por ello le disgustaba que estubieran. Una sonrisa, aunque fuera de cortesía, siempre era más bonita que un ceño fruncido o una cara seria. Además algo le decía que Ben no era un tipo precisamente alegre. Parecía más bien una de esas personas serias y profesionales. Siempre pendiente de hacer las cosas bien y de forma ordenada. Por eso mismo su sonrisa le pareció aún más especial. Adoraba cuando esas personas sonreían de verdad.. Eran siempre sonrisas torpes pero realmente encantadoras.

- Bueno ya, me has invitado tú. Pero tampoco quiero andar abusando. Si me ofrecen la mano la tomaré, pero no voy a andar cogiendo el brazo.- Le gustaba usar expresiones hechas de ese modo, como haciendo referencia a ellas de forma indirecta en lugar de usarlas tal cual. Era como un juego enrevesado de palabras que por desgracia algunos no comprendían a veces.

Miró su camiseta unos segundos, estaba a punto de ponersela cuando el mayor exclamó de esa manera. Eso sí que le pilló desprevenido. Se giró hacia él agarrando la prenda aún con ambas manos, en posición de meter la cabeza - Em.. Si. Ya sabes echar agua y listo! Están deliciosos y son muy rápidos de preparar.- Owen sonreía. El ramen le parecía el mejor invento que había llegado a la cultura occidental desde Oriente. Una pasta, un sobre con sabor, agua caliente, unos minutos y listo! Una comida deliciosa y caliente que llena bien el estómago. Además que uno no se cansa de ella por todos los sabores distintos que hay y cada vez salían nuevas marcas y sabores. Era una comida muy popular entre los jóvenes. Si Ben se enterara de que esos fideos eran la comida base en la alimentación de Owen si que le daría un verdadero tic. Pero no es porque a Owen no le gustara la buena comida, al contrario era un pozo sin fondo que disfrutaba casi de cualquier alimento. Lo malo es que era demasiado perezoso y torpe frente a los fogones como para prepararse nada más. Al oír las palabras "invitarte" y "comida" se le iluminaron los ojos como si estas fueran mágicas. - ¿En serio? ¿De verdad de la buena?.- Fue casi corriendo a ponerse frente a Ben de nuevo y le una mano entre las suyas mirándole con ojitos muy abiertos y llenos de felicidad. La camiseta la había dejado caer por el camino. - Creo que eso es lo más bonito que me ha dicho nadie en mucho tiempo.- Le sonrió. ¿Comida casera y después un chofer? No recordaba haber estado nunca tan consentido. Normalmente no se dejaría tanto. A la comida si que no diría que no, pero insitiría en que podía ir solo hasta su apartamento. Pero ultimamente Owen se había sentido, por una de las pocas veces en su vida, con deseos de que alguien le cuidara un poco. Seguramente estaba ligado al hecho de haber estado con la muerte frente a sus ojos, además del dolor y cansancio que había sufrido cortesía de la herida de su costado. Así que se dejaría. No pasaba nada por un día ¿No?. Además, no iba a negarselo a sí mismo. Ese hombre, además de ser muy atractivo, estaba resultando ser una compañía muy grata. La idea de retrasar su partida y pasar más rato con el joven policía se le antojaba realmente apetecible.

Sin borrar ni por un momento la sonrisa de su rostro soltó el agarre, recogió su camiseta por el camino y cogió el resto de su ropa en sus brazos, cogió también la toalla ya que iba al baño. Le parecía un mejor lugar donde dejarla que en medio del ordenado salón. Se dirigió hacia lo que parecía el inicio del pasillo. - ¿El baño es por aquí?.-
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Re: El último paquete *priv. Ben*

Mensaje por Ben Slarck el Vie Mayo 17, 2013 5:13 am

Palideció ante la respuesta de lo "rico y fácil" de preparar del Ramen. No quería ni imaginar lo que los jóvenes de hoy en día llamaban alimentación. Los químicos y todo tipo de ingredientes artificiales provocaban que un escalofrío recorriera su espalda. La peor parte es la naturalidad con la que Owen le dijo esa simple frase del dichoso Ramen. Casi que sintió como si le quitaran un peso de encima al saber que aceptaba su invitación. Aunque no pudiera hacerse cargo de la dieta del joven por el resto de su vida, un día de comida decente, era un día de comida decente. Lo llamativo era la buena figura que su invitado tenía, para ser que fuera partidario del Ramen instantáneo, lo cierto es que se veía bien. Por suerte no todo pasa por la comida, pensaba Ben.

Si, de verdad –respondió mientras su mano era sostenida. Al parecer había dado en un punto clave. Tanta vitalidad y energía por parte ajena, tanta desenvoltura era un panorama digno de apreciar. Lo raro es que el desorden que este forastero ocasionaba en su casa no le molestaba del modo que hubiera esperado. Desde que la presencia de Black se instaló en su vida estaba acostumbrado a tener que limpiar el constante desorden. Y tenía que admitir, que el desorden ocasional le parecía como pinceladas de colores en un apartamento de tal pulcritud, aunque claro, no soportaría vivir en un ambiente caótico todo el tiempo– Si crees que mis palabras son gratas, espera a probar mi cocina –expresó con absoluta seguridad. Además de gustarle cocinar, el vivir solo por muchos años provoca que uno desarrolle buenas habilidades culinarias.

Camino tras Owen al verlo acercarse al pasillo que daba tanto al baño como al dormitorio, sin prisa, siendo testigo del dinamismo del joven. Llegaría a disfrutar esa tarde, encargándose de atender como era debido a su invitado, tal vez de paso consiguiera despejar un poco su propia mente.

A la derecha –indicó y adelantándose unos pasos encendió la luz del cuarto de baño e hizo un gesto amable para que pasara– En el placar del costado hay más toallas secas. Si quieres ducharte para recuperar calor, ten cuidado con la llave del agua caliente, sube la temperatura con suma rapidez. Y la secadora de ropa es la que está junto al lavamanos.

El baño era una pieza tan ordenada como el resto de la casa, azulejos azules y piso lustroso. La ducha en lugar de tener la típica cortina de baño, tenía una mampara de vidrio rugoso y del lado de adentro se encontraba una pequeña repisa de cristal donde depositaba los potes de shampoo, las esencias para los baños aromáticos y el jabón, todos fabricados con componentes naturales.

Respecto a la ropa –le pasó una ojeada analítica al cuerpo de Owen, era más pequeño que él, pero tampoco una exageración- Resultaría erótico verte caminar con una de mis camisas –dijo con cierta preocupación- La otra puerta que da al baño es del cambiador, allí guardo mi ropa, elige algo que se adapte a ti hasta que se seque la tuya propia –opto por dejar la elección a manos del propio pelirrojo, seguro encontraría algo que se adecue, su colección de ropa era variada- Siéntete como en tu casa –finalizó sus indicaciones dedicándole una mirada intensa– Te espero en la cocina –anunció con la voz ronca, calmada, pausada. Luego señaló en dirección a la misma cocina y se alejó con su andar sereno, para darle privacidad al joven.

La cocina se encontraba tras un muro y una columna adyacente al living, no los separaba directamente una puerta, solo un par de escalones y una elegante decoración. Por su parte, esta cocina era un estilo de cocina comedor, dos por uno. Una mesada contra la pared y otra mesada frente a la primera en forma de barcito, con butacas acomodadas a la altura. En la primera estaban las hornallas, una hilera de placaras sobre la misma y una amplia heladera al costado. En la segunda mesada, Owen se podría sentar tranquilamente y tener una amplia visión sobre todo lo que preparara Ben. De hecho, ese lugar se prestaba para socializar con un ambiente culinario muy agradable.

¿Qué prepararía en especial para deleitar su huésped? La cuestión del momento. Veamos, si le gustaba el Ramen, eso significaba que algo con estilo oriental vendría como anillo al dedo. Se remango la camisa y se puso un delantal negro (una de las pocas prendas que utilizaba de ese color), para posteriormente sacar varias verduras de su reserva personal, además de una barra de tofu de la heladera, especias frescas y las herramientas necesarias.

¡Manos a la obra! Owen conocería el impacto nutricional de una buena comida preparada por nuestro estimado Ben Slarck~
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Re: El último paquete *priv. Ben*

Mensaje por Owen Connor el Sáb Mayo 18, 2013 3:25 am

Owen estaba tan feliz que casi se había olvidado de que andaba sin nada más que su ropa interior, y por lo tanto estaba dejando su vendaje bastante visible. Pero ya no se acordaba de su herida, su mente estaba perdida imaginándose deliciosos manjares. Y no solo era el vendaje lo que dejaba a la vista. Todo su cuerpo estaba expuesto para deleite de quien quisiera mirar. Era un joven afortunado que a pesar de comer como un ejercito mantenía una figura esbelta y delgada. Además sus trabajos, al ser casi siempre físicos, se lo habían torneado muy bien dándole buenas formas. No tenía musculatura notoria; pero se veía que su cuerpo era fibroso, más fuerte de lo que esa delgadez parecía prometer a simple vista. Toda su piel era de un color trigueño muy saludable. Y casi no había vello que ocultara esa piel. Tan solo tenía un poco en la mitad inferior de las piernas y en las axilas, ahí le crecían unos pelitos muy finos de color castaño anaranjado. Todo ello eran muchos puntos a su favor ya que, por desgracia, en la actualidad se le daba bastante importancia al aspecto físico de los músicos. Y parecía no importar cuanta comida basura se metiera, su cuerpo permanecía inmutable. Ventajas de ser joven y tener un buen metabolismo.

Sonrió gatunamente ante la promesa que ofrecía esas palabras. Casi se le hacía ya la boca agua, y eso que ni siquiera sabía aún que era lo que iba a cocinar. - Mmmmmh! Seguro que preparas algo ultra delicioso!.- Exclamó feliz mientras caminaba por el pasillo. No sabía muy bien hacia donde tenía que ir así que caminaba un poco despacio y mirando hacia las puertas que veía. Giró a la derecha cuando Ben le indicó apartándose un poco para que pudiera encender la luz. Echó un vistazo rápido al baño. Estaba tan impecable como el salón. Eso le hacía pensar que una de dos o ese día Ben había esperado, o puede que recibido ya, visita. O era un hombre realmente limpio y ordenado. De ser lo segundo se imaginaba el ataque que le daría al ver su piso aún lleno del desorden de una mudanza eternamente a medio acabar. - Bonito baño.- comentó de pasada acabando la ojeda al lugar.
Atento a las explicaciones que le daba dirigía su vista hacia los lugares que le iba señalando. Esperaba no liarse luego y acabar abriendo algún armario que no debiera. - Genial! Muchas gracias. Creo que sí que me daré una ducha rápida.- Se frotó los brazos, aún no había acabado de entrar en calor aunque la temperatura en el piso fuera bastante agradable.
Cuando hizo ese comentario sobre la camisa le miró directamente curioso. El comentario le había parecido realmente halagador pero el tono como de preocupación le extrañaba. - hehe. Acaso sería eso un problema?.- Comentó con tono ligeramente juguetón. Miró hacia la puerta que le señalaba y asintió. - Muchas gracias de nuevo. Prometo que no desordenaré nada.- Volvió la vista hacia él, quedándose por unos momentos hipnotizado por esos ojos que le miraban con intensidad. Estubo a punto de proponerle que le acompañara en su ducha. Pero se mordió los labios y se tragó la proposición. Ese hombre estaba siendo un verdadero encanto y muy hospitalario. No podía simplemente soltarle una proposición tan brutalmente directa. Tan solo le sonrió sin dejar de mirarle y dijo: - De acuerdo, no tardaré mucho.- Le siguió con la mirada cuando se retiró. Fijándose en cada gesto y además echándo una mirada rápida a su trasero una vez se había girado. Cerró la puerta tras él y se apoyó unos segundos en ella suspirando. ¿Acaso todos los gestos que hacía ese hombre eran pura seducción o es que sus hormonas empezaban a hacerle ver cosas que no eran? Intentó serenarse y miró la ducha. Le sentaría bien.

Metió la ropa en la secadora y la puso en marcha. Le dolía un poco gastar tanta energía en el aparato para tan pocas prendas. Pero si las dejaba secando al aire no estarían ni al día siguiente. No podía marcharse con ropa prestada de Ben. "Aunque esa sería una buena excusa para volver a verle..." Pensó mientras accionaba los botones. Descartó la idea. No quería causar más molestias aún, y si después de esa cena ambos querían volver a verse no harían falta excusas.
Con cuidado empezó a quitarse el vendaje. Se observó la herida, alternando entre mirarla directamente y ver su reflejo en el espejo. Tenía bastante buena pinta, empezaba a curarse como debía. Eso le aliviaba muchísimo. Se quitó también la ropa interior, dejándola con cuidado con cuidado para volver a ponersela al salir. No podía cogerle prestado también unos calzoncillos, era una prenda demasiado íntima y aunque el no tenía problemas con ello no sabía si Ben los tenía o no. Mejor o arriesgarse. Entró a la ducha y tras ponerla a bastante temperatura empezó a mojarse todo el cuerpo, evitando la herida. Tubo un rato de pelea con los botes de jabón. Le liaban un poco esas cosas y le costó ver exactamente cual era para el cuerpo y cual para el pelo. Una vez localizados se enjabonó rápido, se aclaró y salió. Había sido rápido, no mucho más de cinco minutos. Pero se sentía mucho mejor, como si al fin se hubiera quitado los restos de lluvia de encima. Con una nueva toalla se secó bien todo el cuerpo hasta quedar bien seco, salvo el cabello que no podía quitarle la humedad totalmente solo con la toalla. Acercó su brazo bajo su nariz inhalando despacio. - Mmmm... Estos jabones huelen mucho mejor que los míos.-
Tras unos segundos más de deliete se puso su ropa interior y abrió la puerta que daba al cambiador. Echó un vistazo por encima a las prendas que asomaban. Al ver las camisas sonrió. No iba a buscar más, la idea era demasiado tentadora. Cogió una de color blanco. Le venía grande de espaldas por lo que las mangas caían hasta tapar sus manos casi por completo. De largo le llegaba que justo tapaba su trasero pero dejando todas sus piernas al descubierto. Desistió de ponerse pantalones aún sin intentarlo. Le iban a quedar largos de pierna y de cintura se le caerían. Owen la tenía demasiado estrecha y tampoco tenía mucho trasero con el que rellenar. Solo con la camisa iría bien, se sentía cómodo sin pantalones.
Al ir a cerrarse la prenda fue cuando vio la herida. - Cierto... necesito vendas.- Entró al baño de nuevo mirando los armarios y cajones que allí había. No vio nada que tubiera pinta de botiquín y no quería andar urgando en cosas ajenas, así que decidió mejor preguntar.
Una vez pensó que lo había dejado todo bien recogido salió hacia la cocina. La encontró fácil una vez volvió a la salita, subió los escalones y se quedó de pie mirando al rubio cocinando. Una imagen realmente sexy a ojos de Owen. Aunque él mismo estaba mostrando una visión bastante erótica. Iba descalzo, con las piernas totalmente al descubierto. El pelo todo alborotado por frotárselo tanto con la toalla y no se había cerrado la camisa. Con una mano se tapaba la herida, sintiéndola desprotegida. - Ben. Siento abusar aún más de ti pero... necesitaría vendas. O bueno, con una gasa y algo de esparadrapo también me las puedo apañar bien.- Le pidió con ojos de cachorrito. Realmente le daba rabia, sentía que le estaba molestando aún más. Pero no le parecía seguro dejar aún su herida al descubierto.
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Re: El último paquete *priv. Ben*

Mensaje por Ben Slarck el Dom Mayo 19, 2013 3:29 am

¿Si sería un problema verlo caminar con una de sus camisas? Esa pregunta le quedó dando vueltas en la cabeza mientras cortaba y picaba. Absurda cuestión. Ben estaba acostumbrado a seguir un protocolo profesional en sus relaciones, sobre todo si comienzan con un asunto relacionado a uno de sus casos o un interrogatorio. No mezclar las piezas de dos juegos diferentes era tan básico como necesario. Ver a Owen de formas “estimulantes” no ayudaba a su causa. Y digamos que ya había generado más mezclas de las usuales, hay que conocer hasta qué punto se puede caminar sobre una cuerda sin romperla.

Cortó numerosas fetas de la barra de tofu, las colocó sobre una asadera con una fina capa de aceite de oliva y las llevó al horno para que se doraran. No sin antes untarlas con su mezcla especial de condimentos, que combinarían bien con la textura crocante de la superficie y la esponjosidad del interior que les quedaría. Miró el reloj en su muñeca para calcular el tiempo y prosiguió a preparar la siguiente parte del plato.

Desde donde estaba, no podía sentir el sonido de la ducha, además el propio resonar de la lluvia cubría el ambiente. Aún así, imaginaba que Owen no tardaría en hacer acto de presencia.

Los aromas comenzaban a impregnar el aire, sutiles y sugerentes como una suave caricia. Ben se concentraba en cada maniobra, combinando los alimentos y cocinándolos con cuidado para que sus propiedades no se perdieran. Fue en esos momentos que una voz, que ya reconocía, se coló por sus oídos y como reacción a ello llevó su atención en dirección a la entrada de la cocina. Sus manos detuvieron toda tarea y una aura más severa se revolvió en su entorno. ¿Qué era aquella imagen que le mostraban sus ojos? Muy, muy osado. Verlo vestir su camisa pese a las palabras que antes le dedicó al joven, le resultaba una actitud sugerente y provocativa. ¿O es que se trataba de una simple travesura? Para desdicha (o dicha) de Owen, Ben no era la clase de hombre que se queda callado o inmutable ante una provocación, aunque pueda parecer lo contrario, pues su rostro no mostró variación alguna.

De todos modos, lo importante ahora era la herida. Ya había tenido en consideración ese factor antes de proponerle el baño, por lo que, uno de los botiquines del apartamento se encontraba sobre la mesada, listo y a la orden. Sin decir una palabra sacó un envoltorio esterilizado que contenía la deseada gasa y se acercó al joven. En la trayectoria hasta su objetivo su andar fue casi que felino, tranquilo, a la vez que abría lo que sus manos sostenían. No perdió de vista a las orbes ajenas, mirándolo de una forma prácticamente incriminatoria.

Al encontrarse frente a frente invadió más espacio personal del que era requerido y terminó de desenvolver al vendaje. Sin anunciar su actuar o siquiera pedir permiso, su mano derecha se adentró entre la fina tela de la camisa y la tersa piel, la exploración inicial antes de entrar en el campo de batalla. La yema de sus dedos rosó el abdomen de Owen, sin prisa hasta llegar a las proximidades de la herida. La misma se veía bastante bien, aunque la duda de si había sido propiamente atendida lo volvió a asaltar. ¿La verdad había sido dicha? ¿O allí se ocultaba más de lo que parecía? Entre tales pensamientos tan solo comenzó a vendarlo. Sus brazos se adentraron otro tanto entre la camisa y la piel, lo necesario para alcanzar la espalda del joven e irle dando vueltas al vendaje.

¿También quieres que te peine y seque el cabello? –bromeó dejando que sus labios dibujaran algo muy parecido a una sonrisa, con un matiz más siniestro. Luego se acercó otro tanto, si es que era posible, y ahora perdiendo su mano entre los cabellos rojizos cerró el puño con moderada fuerza e impuso presión para que la cabeza ajena se inclinara hacia atrás, así ambos rostros se encontrarían a escasa distancia y la diferencia de altura no sería problema. Las propias piernas de Ben chocaron contra las piernas desnudas de Owen. Por otro lado, su mano libre seguía en el vendaje, dándole los últimos retoques, asegurando al mismo con las respectivas banditas para que no se corriera– O simplemente podría arrestarte por tu constante atentando al pudor –dijo como quien considera la idea, sin considerarla en realidad. Su nariz delineó el centro de aquella frente recién aseada, el sentir su propio aroma en otra persona le revolvía un sentimiento algo narcicista– O mejor aún –agregó cuando la campanilla del horno sonó–, podría continuar cocinando –en el mismo instante que esas palabras eran dichas, el espacio personal y su esencia de hombre amable volvieron a renacer. Se dio media vuelta como si nada hubiera pasado, con obvias intenciones de proseguir con la cena– ¿Quieres algo de beber mientras esperas?

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Re: El último paquete *priv. Ben*

Mensaje por Owen Connor el Dom Mayo 19, 2013 11:16 pm

Owen respiró el ambiente con cara de placer. Empezaba a oler realmente bien allí dentro. El aroma hacía que sus tripas se despertaran y se le hiciera la boca agua cual perro de Pavlov que había oído la campanita. Aunque no acababa de reconocer el olor, por lo que no tenía ni idea de que podía estar cocinando. Lo que notaba era que ese algo se encontraba el horno. Emitía un zumbido suave característico de esos aparatos y además llenaba la cocina de un agradable calor.

Iba a preguntarle que era exactamente lo que cocinaba. Pero notó como su aura se volvía más severa y eso le enmudeció, haciéndole olvidar la pregunta. Pensó que su molestia era porque, a pesar de todo lo que le había ofrecido, estaba aún pidiéndole cosas. Se sintió bastante mal al respecto y estubo a punto de decir que tampoco importaba si la dejaba un rato al aire. O que quizás podría acercarse en un momento a una farmacia cercana y comprar unas. O que podía pagárselas. Aunque esos últimos parecían mal planes. Basicamente porque no llevaba la cartera encima. No solía cogerla cuando iba a trabajar a no ser que supiera que va a necesitarla obligatoriamente.
No pensó que esa actitud se podía deber al atuendo que había escogido. Conscientemente seguramente diría que había sido solo una pequeña travasura para pinchar a Ben por su comentario descarado. Contestándole con otro descaro. Pero incoscientemente, a un nivel más básico, lo que estaba buscando era probocar en ese hombre los mismos calores que le estaba probocando a él. No quería ser el único que estuviera con excitación ligera no atendida.

Vio como se acecaba al botiquín sacando un rollo de venda. Sonriente tendió la mano hacia el contrario según se iba acercando. Pero al contrario de lo esperado, no se la dio. Deslizó una mano bajo la fina tela, rozándole la piel del abdomen. Ese contacto tan leve hizo que le recorrieran en esa zona unos agradables escalofríos. Por unos momentos pensó que iba a tomarlo por la cintura y apegarle más contra su cuerpo. Casi deseó que lo hiciera. Pero no lo hizo. Empezó a vendarle con cuidado y parsimonia. Owen tenía ambos brazos ligeramente levantados, facilitando la tarea. Iba a apartarse y decirle que ya podía hacerlo él solo. Pero tan solo se le quedó mirando a lo ojos, ligeramente paralizado. No se esperaba ese tipo de cuidados tan nuevos para él. Sin pensarlo siquiera se dejó hacer. Casi parecía que su deseo de la mañana de conseguir una enfermera sexy que lo hiciera por él y le cuidara, se había cumplido. De cierta manera. En forma de hombre imponente y sexy en lugar de una chica guapa y dulce.

- No gracias. Se seca rápido y me gusta desordenado.- Le sonrió con ese comentario aunque esa expresión cambió cuando le agarró de la cabeza de esa manera. Llevo una mano a ese brazo aunque sin apartarlo, solo dejándola ahí. No le disgustaban los juegos ligeramente salvajes, pero sí que le trataran de forma violenta. No sabía que tipo de "actividades" le iban más a Ben así que tenía la duda de si iba a hacerle daño o no.
Le devolvía la mirada con fijeza y los labios ligeramente entreabiertos. - No creo que pueda arrestarme por eso agente.- Sonrió levemente, sin apartar la vista. Susurrándo esas palabras en un tono ligeramente insinuante. Expectante para oír que le iba a decir a continuación cuando sonó la alarma del horno.

Casi perdió el equilibrio cuando le soltó y se apartó de él. Buscó apoyo donde pudo quedándose así unos segundos antes de caminar hacia una silla, dejándose caer en ella. ¿Que había sido todo eso? Intentaba devolverle la travesura, empezaba a tener algún otro tipo de interés o simplemente estaba jugando y en realidad no quería decir nada? Ben era un hombre misterioso. No sabía por donde iban los tiros y cada vez estaba más confundido. - Agua fría por favor.- Pidió. Notaba su cara caliente, pero no estaba ruborizada.
Se echó un vistazo a las vendas. Estaban perfectas. Mucho mejor de lo que se las habría puesto Owen. Pero es que hay cosas que se hacen mucho peor a uno mismo que a los demás. Una vez asegurado que estaba protegida se fue abrochando los botones de la camisa. Todos a excepción del último del cuello. Le agobiaban las prendas tan cerradas.

- Huele de maravilla. ¿Qué estás cocinando?.- Buscó de nuevo una conversación normal, intentando relajarse.
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Re: El último paquete *priv. Ben*

Mensaje por Ben Slarck el Sáb Mayo 25, 2013 2:31 am

Maravilloso, fue una palabra que se instaló de fondo en sus pensamientos, tal cual una melodiosa canción. Las reacciones de Owen fueron las culpables de ello. Si no tenía cuidado, tal vez el propio Ben acabaría dando un paso en falso. Se preguntaran ¿cuál es el problema con ese “paso en falso”? Realmente no existía un problema en concreto. El policía reaccionaba en consecuencia de las situaciones que se le presentaban, no es que tuviera intenciones extras u ocultas, al menos no en ese momento. En ese momento se había propuesto terminar el día en paz y alimentar como era debido a su invitado, nada más.

Ese día, Ben no se detuvo a preguntarse el motivo de ser tan atento con el joven Connor, era parte de su actitud servicial. Pero he aquí una contradicción. Su actitud servicial inusualmente pasaba a un plano personal, como he mencionado en algún punto. Y en este peculiar encuentro estaba entablando una relación bastante mundana, poco profesional. Es decir, nunca tuvo reparos en hacer uso de todas las herramientas que se encontraran a su alcance para cumplir con un buen servicio, el tema es que allí había algo más. En algún lugar de la mente de Ben desde el comienzo de esa tarde, desde que Owen apareciera en la puerta de su apartamento con aquel aspecto, su desarrollado instinto protector intentaba hacer acto de presencia, silencioso. Hasta entonces estaba siendo semiconscientemente impulsado por tal instinto, tanteaba el terreno. Ese terreno le decía que Owen era demasiado confiado, el joven mantenía una guardia baja que lo preocupaba. De cierto modo, sentía que era su responsabilidad hacer algo al respecto.

Le sirvió un vaso de agua fresca, mineral, de su marca de confianza, sin nada de químicos indeseables. Dejó apoyado el vaso sobre la mesada, dedicándole otra mirada, esta vez con un aire más suave.

¿Alguna vez has probado el tofu? –respondió la pregunta con otra pregunta, entendiendo la intención de Owen por moverse en una zona neutral– Con una combinación adecuada de vegetales, puede convertirse en una comida muy interesante. –continuó hablando mientras sacaba el contenido del horno, las fetas habían adquirido un color dorado perfecto– Sabores y texturas que se entrelazan y deleitan al paladar –agregó con una dosis de pasión. Cocinar para los demás le gustaba más de lo que admitía y ya llevaba un buen tiempo sin hacerlo– Ya verás a lo que me refiero –cierto entusiasmo fluyó por su sangre. Deposito la asadera en un costado y prosiguió con el resto de la preparación, despacio, a fuego lento el gusto se conserva con mayor intensidad.

Mientras revolvía ocasionalmente el acompañamiento (una especie de arroz estilo paella) y terminaba de preparar el resto de los ingredientes, un travieso y rubio cabello se deslizó hacia delante. Nada que presentara un inconveniente en su vida cotidiana, pero si iba a cocinar para alguien más, no podía permitirse que una sola hebra llegara a caer sobre el preparado. Más vale prevenir que luego lamentar.

Owen –dijo con las manos completamente ocupadas en su labor, la cocción estaba en un momento crucial– ¿Te importaría agarrar el lazo que está junto el reproductor de audio –señaló con la cabeza hacia un rincón de la sala. Sobre una repisa esquinera se encontraba dicho reproductor junto a una pila de varios discos. Con esto de la tecnología digital, realmente no necesitaba un reproductor de cds, el tema era que le gustaba comprar los discos originales de sus bandas favoritas– y atarme el pelo? –pidió con calma. Podía realizar tal acción él mismo si se disponía, pero le interesaba ver como reaccionaría el otro al respecto.
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Re: El último paquete *priv. Ben*

Mensaje por Owen Connor el Sáb Jun 08, 2013 1:37 am

Sonrió siguiendo con la mirada el vaso hasta que lo dejó frente a él. Murmuró un "gracias" bajito sonriéndole antes de cogerlo. Dio buena cuenta de él vaciándolo de un solo trago. Todo el frío que tenía antes instalado en el cuerpo había desaparecido entre la buena ducha y los aceramientos de Ben. Por lo que el frescor le sentó maravillosamente. Aunque igual tanto cambio corporal no acababa siendo bueno al final del día.

Negó con la cabeza ante su pregunta. - No. Nunca. Aunque la verdad es que siempre me ha dado mucha curiosidad pero nunca me animé a comprarlo para probar.- Contestó sonriente. Se inclinó un poco hacia delante en la silla mirando con curiosidad hacia la bandeja del horno. Tenía entendido que el tofu no tenía demasiado sabor, pero así dorado le veía una pinta magnífica. Aquello era imposible que estubiera malo con semejante aspecto.

Sonrió ampliamente mientras escuchaba hablar a Ben... Tenía como un tono distinto en su voz. EStaba.. si.. incluso podía decir que parecía emocionado. Lanzó un suspirillo de colegial encandilado al verle así. Al darse cuenta le dieron las vergüenzas he intentó disimular irguiéndose en la silla y poniendo una expresión más neutra. Pero la visión de aquel hombre tan atractivo, cocinando con ese aire sutil de felicidad... le atraía demasiado. Poco tardó en volver a quedarse medio embobado mirándolo. Casi oía a sus pensamientos de fondo repitiendo: "Este hombre tan sexy está cocinando para mí" Sin acabar de creerselo del todo.

Pero tampoco podía estar simplemente allí sentado de observador. Por ofrecer no estaba ni ofreciendo conversación. Eso no podía ser.
Iba justo a preguntar si le ayudaba en algo cuando le llamó. - ¿Si?.- Contestó rápido a la llamada. Miró en la dirección que le señalaba y se levantó dirigiéndose hacia allí. - Claro, ahora mismo.- Fue hasta el lugar en unos pocos paso y cogió el lazo. Sus ojos capataron rápido la pila de CDs y le dio mucha curiosidad ojearlos un poco. Estaba a punto de ponerse con ello cuando recordó el asunto que tenía entre manos. Volvió hacia Ben colocándose a su espalda. Con delicadeza y manos habiles empezó a recogerle le pelo, con cuidado de no dejarse ningún mechón suelto. Por el camino acariciaba suavemente la cabeza de Ben, el contorno de su rostro, a veces sus orejas y el inicio de su cuello. Todo en gestos suaves. No tardó demasiado pero sí se permitió alargar un poco el momento. - Tienes un cabello precioso, muy suave- Añadió cerrando los ojos y aspirando suave el aroma que se levantaba al hacerle el peinado. - También te huele maravillosamente.- Ese tipo de comentarios sinceros solían descolocar a la gente a quien se los hacía. Posiblemente porque no eran cumplidos comunes. Pero Owen no se callaba nada y mucho menos si era algo bueno. Aunque pudiera dar sensación de estar siendo un descarado.

Cuando acabó puso las manos sobre sus hombros. - Ya estás! Listo.- Le dio una palmadita suave en la espalda y se asomó curioseando lo que cocinaba muy de cerca pero sin interferir. - Te ayudo en algo más? Me siento mal ahí setando sin hacer nada. No quiero ser ningún aprovechado.-
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Re: El último paquete *priv. Ben*

Mensaje por Ben Slarck el Lun Jun 10, 2013 3:34 am

Aún concentrado en lo que hacía, inclinó un poco la cabeza para que su altura no fuera problema y de ese modo Owen pudiera atarle el cabello. Sonrió con sutileza, sonrisa provocada por la soltura de las manos ajenas. Acaso ¿le gustaba a este joven?

Lo sé –fue toda su respuesta ante el cumplido. La modestia faltaba en esas dos palabras y eso no le molestaba. De igual modo, disfrutó escuchando ese comentario en labios de Owen– Gracias –agradeció la ayuda prestada cuando su cabello se encontró recogido– No eres ningún aprovechado, curiosamente pasaste de ser mi interrogado a ser mi invitado –dijo apagando el fuego y cubrió al humeante arroz con una tapa para que el vapor terminara la cocción– Por cierto, tienes unas manos muy hábiles –agregó dándose vuelta para quedar cara a cara– Diría que demasiado –levantó ambas cejas, consciente de que con esa breve acción de atarle el pelo, aquella parte de su cabeza había recibido una rápida inspección– Ahora –impuso su firme cuerpo sobre el de Owen para hacerlo retroceder hasta la parte que era como un bar– Se un buen invitado y deja que yo me encargue de servirte. No tendrás que esperar mucho más –concluyó con un tono que no aceptaría reproches.

Con maestría se dispuso a armar dos platos. Colocó una feta del horneado tofu en un costado de cada plato, de esos con forma cuadrada. Sobre tal feta colocó una capa de palmitos cortados en tiras, intercalándolos con finas hileras de aceitunas picadas. Luego agregó otra capa de tofu, pero esta vez como relleno agregó un fina capa de tomatitos cherry cortados en rodajas y sobre ellos otra fina cobertura de champiñones, para finalmente agregar una última feta de tofu. Esa preparación no le llevó más que un corto lapso de tiempo.

Antes de proseguir llevó la vista hasta Owen. No le extrañaba del todo que nunca hubiera probado esa comida o la mayoría de cosas extrañas que el propio Ben ingería en su dieta diaria. Él mismo admitía que tenía unas costumbres peculiares.

Cuéntame sobre ti mientras tanto, si así lo deseas –propuso con amabilidad– ¿Qué te gusta? Además de pasearte semidesnudo por mi apartamento y llenar mi mente con imágenes de cada curva en tu cuerpo –bromeó con elocuencia y siguió moviéndose de un lado para el otro tranquilamente, armando la cena de ese día.

Destapó el arroz que había sido salteado con diversas verduras, perfectamente mezcladas, en tamaños agradables, más bien pequeños. El arroz estaba a punto, por lo tanto lo dispuso frente al tofu de cada plato, una moderada montaña, prolijamente acomodada.

Tal vez en alguna ocasión podría dedicar tiempo a enseñarle diversas recetas al joven. Si bien la cena de ese día estaba solucionada, le preocupaba que el resto de los días se le diera por comer comida instantánea. ¿No es su problema? Díganle eso a su obsesión por una sana alimentación, y al agrado que generó por su invitado.

Por último y antes de que todo se enfriara, dejó caer sobre el preparado con tofu una espesa salsa de color rojizo, delicadamente picante, fuerte, contrastante con lo que cubría. Y sobre el arroz depositó unas hojitas d perejil, con el calor y el humo que aún desprendían lo ingredientes, las hojas liberaban un aroma fresco, un aroma capaz de abrir el apetito.

A simple vista parecía una comida simple, y así lo era. Simple y adecuadamente nutritiva. De esas comidas que satisfacen el apetito y la vez son livianas, de esas que dan sensación de haber purificado tu cuerpo.
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Re: El último paquete *priv. Ben*

Mensaje por Owen Connor el Lun Jun 10, 2013 7:02 pm

No pudo evitar sonreír ante aquel "Lo se". Aunque muchos podrían interpretar ese tipo de contestaciones como una falta de modestia, a Owen no le parecía mal. Ser consciente de las cualidades de uno mismo es algo importante y necesario. ¿Para que ser modestos con aquello que se sabía? La falsa modestia a veces podía ser la peor de las ironías.

- Bueno... Siento no haber serbido de mucho como interrogado. Pero como ya te he comentado estaba en esa empresa de pasada así que no he podido ver mucho de ella. Tampoco visité a ningún cliente que me llamara especialmente la atención como para recordarlo demasiado. Aunque una abuelita me ofreció unas galletas! Fue muy simpática. De ella sí que me acuerdo. - Owen hablaba mucho y rápido. Era sin duda un verdadero parlanchín pero su cadencia de voz era agradable, por lo que no resultaba molesto.

Se calló cuando Ben se giró y le hizo retroceder. Caminó hacia atrás hasta que su espalda chocó contra la encimera. Parecía que estando tan cerca le estorbaba en su quehacer culinario. No le extrañaba, tenía entendido que a mucha gente la agobiaba que hubiera otras personas pululando mientras cocinaban.

Asintió apoyándose tranquilamente con los codos sobre el lugar hasta donde le había empujado. Con pose cómoda y natural.

- Por supuesto. Seré el mejor de los invitados. Pero aún así recuerdo que si necesitas lo que sea estoy aquí desocupado.- No estaba acostumbrado a que le mimaran, ni que hicieran tanto por él. Se le podía notar fácil en su actitud tan dispuesta y en sus gestos ligeramente nerviosos mientras esperaba. Se le hacía muy raro estar simplemente ahí esperando que le sirvieran una comida deliciosa. Sin haber hecho nada para ganársela. Pero su anfitrión pedía conversación y se la daría sin duda.

- Hehe bueno, pasearme semidesnudo por tu casa no es precisamente uno de mis hobbies. De momento.- Dijo eso último aparte, con otro tono. Como dejándolo caer sin estar claro si era una insinuación o solo un pequeño pique. - Respecto a mis manos, iba a dejar que lo adivinarás. Pero como preguntas por mis gustos te lo digo: Soy músico. Toco varios instrumentos pero mi pasión es la guitarra. Aunque cantar también me gusta mucho. Por eso tengo los dedos tan ágiles. Uno necesita entrenarlos y hacerlos flexibles para poder llegar bien a todas las notas.- Alzó una la mano derecha, moviendo los dedos como si tocara un tema. Podía moverlos realmente rápido y seguros. Era un buen guitarrista. - Es lo que considero realmente mi profesión. He. Pero claro.- Suspiró. - No da precisamente para vivir, así que me toca buscarme trabajillos como ese de mensajero si quiero comer todos los días.- Aspiró profundamente el aroma que invadía la cocina. - Que hablando de comer... eso que preparas, tiene el aspecto de esas comidas ultra apetitosas que salen en las fotos de las recetas. Esas que luego tu pruebas y no te sale ni la mitad de bonito ni apetitoso de aspecto. Wow, no pensaba que se pudiera conseguir ese efecto tan vistoso en la comida.- Comentó realmente sorprendido. Y es que mientras hablaba no había perdido de vista ningún movimiento de Ben, mirando con curiosidad gatuna todo lo que preparaba y su modo de hacerlo. - Oye, seguro que no me engañas y todo eso de ser un policía en una investigación esa una tapadera? Y en realidad eres un chef de esos mundialmente famoso que quiere probar un nuevo plato en una persona de a pie. Porque oye, si es así no recurras a engaños yo me ofrezco a probar cuantos platos quieras.- Bromeaba, pero si se lo hubiera confirmado tampoco se habría extrañado. Ese hombre estaba mostrando tener la misma mano en la cocina que esos cocineros expertos que veía a veces por la tele preparando platos que a él siempre se le antojaban imposibles de hacer.
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Re: El último paquete *priv. Ben*

Mensaje por Ben Slarck el Jue Jun 13, 2013 4:31 am

No le suponía un inconveniente que el joven no hubiera aportado más información. Ya encontraría la forma de obtener lo que necesitaba.  Quizás por los constantes cambios en su vida o por el simple paso de las horas del día, de momento dejaría descansar a sus hombros, no tenía que cargar el “peso del mundo” sobre ellos todo el tiempo, aunque eso no le molestaba realmente. En la mañana siguiente todo volvería a su transcurso cotidiano.

La propuesta de ayuda de Owen le agradó, pero ante sus ojos, el joven no estaba desocupado, era su inspiración para cocinar. Ese nerviosismo, cada pequeño movimiento y las sutiles insinuaciones verbales, no pasaban desapercibidas por Ben. La verdad es que disfrutaba de la compañía, en ese ambiente casual, amigable. Pero, tal vez estaba dando la impresión equivocada, eso lo preocupó un segundo, él no pretendía llevar aquel encuentro a un plano del cual no hubiera retorno.

Músico, interesante profesión –pensó con sorpresa y dejó escapar una simpática risa al ver la imitación de la tocada instrumental. De todos modos, podía imaginar a su invitado encajando perfectamente como un artista musical. Tal risa se amplió un poco más al escuchar el comentario sobre la comida– Es bastante simple de hecho. Al igual que los trucos de magia, te dejan sorprendido, pero cuando aprendes cuál es el misterio detrás de ellos, te puedes sentir hasta engañado –dijo y caminó de regreso a Owen- Por favor –señaló la butaca con un gesto cordial– Acomódate y disfruta de la comida. Espero sea de tu agrado –colocó ambos platos sobre la mesada. Ese era el lugar que usualmente utilizaba Ben para alimentarse, las pocas veces que comía en el apartamento, la mayor parte del tiempo se llevaba la comida preparada al trabajo. Trajo dos vasos de fino cristal repletos de un digestivo jugo de manzana, la única fruta recomendable a la hora de mezclarse con el plato principal– De cierto modo me siento paternal alimentándote de esta forma –comentó tomando asiento– Aunque nuestra diferencia de edad, claramente no sea tanta como para ello –agregó en un tono divertido, si hasta daba la impresión de que le estaba hablando a un amigo de toda la vida. Es decir, no acostumbrara a ser tan informal.

Para él, un ambiente de cocina, de la preparación de alimentos, representaba bastante más de lo usual. No había nada mejor que compartir una buena comida para llegar a conocer a las personas y si los ingredientes carecían de componentes animales, mucho mejor. Quizás, eso se debiera a los únicos momentos que recordaba con cariño de su infancia, esos momentos en que veía a su madre cocinar con una sonrisa en el rostro. Todo deja sus secuelas.

Bien, te he mostrado mi íntima relación con las habilidades culinarias. Ahora espero ver tu rostro al probar lo preparado –dijo con sinceridad y sin dudarlo esperó a que su invitado diera el primero bocado. Era una regla de oro, esperar a que la persona para la que se cocinaba iniciara, el primer bocado es el que carga la energía del cocinero. Motivo por el cual era necesario que se concentrara al cocinar, las energías depositadas en la labor podían influir en el sabor final. Dependiendo de lo satisfecho que se sintiera Owen con lo que se llevara a la boca, lo satisfecho que se sentiría él mismo, no requería más satisfacción que esa. Aun así, decidió decir– Otro día ya me podrás compensar mostrándome tus habilidades como artista, a decir verdad me da mucha curiosidad.  Y eso, si no tienes inconvenientes con que nos volvamos a ver luego de hoy.
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Re: El último paquete *priv. Ben*

Mensaje por Owen Connor el Jue Jun 13, 2013 1:22 pm

Owen meditó unos segundo esas palabras antes de contestar. - No lo creo. La magia sigue siendo maravillosa y encandiladora aún cuando te conoces los trucos. A veces incluso es el procedimiento lo que sorprende más que la ilusión. De todos modos, te confieso que soy de esos que prefiere quedarse con el misterio en ciertas cosas. Así que prometo no preguntar por tu ingrediente secreto.- Le guiñó un ojo cómplice. Además aunque supiera la receta seguro que le resultaba demasiado complicada como para querer siquiera intentar reproducirla. Aquella iba a ser una comida única y como tal, pensaba disfrutar cada bocado con ganas.

Miró hacia la butaca que le señalaba y asintiendo con la cabeza fue a sentarse en ella. Antes de apoyar sus posaderas contra el asiento se pasó las manos por la camisa para estirársela bien y sentarse sobre la tela. Igual que una mujer refinada se acomodaría la falda antes de sentarse. Pero es que sabía que a muchos les daba algo de cosa que personas ajenas se sentaran sin pantalones sobre sus muebles, por lo que prefería tener cuidado.

Murmuró un suave gracias cuando le colocó el plato y el vaso delante. Cogió el tenedor devorando el plato primero con la mirada. Tenía una presentación tan bonita que casi le daba miedo estropearla arrancando el primer pedazo para llevárselo a la boca. 

Al oír el comentario de Ben sonrió levemente, pero sin apartar la vista del plato. No era una sonrisa feliz, pero tampoco triste.
- Que curioso. Debes ser la primera persona que  se ha sentido hacia mi así.- Alzó la vista hacia él cambiando la expresión, casi señalándole con el tenedor. - Se que aún tengo el físico de un adolescente, pero soy más mayor de lo que parezco.- Le sonrió y volvió a bajar la vista al plato dispuesto a darle una ganchada. No cogió el cuchillo aunque dudó un poco en si hacerlo o no. Pero entre la poca información que tenía sobre el tofu recordaba que se lo habían definido como una pasta blandita. De textura similar al queso fresco. Así que lo clavó en una esquinita y lo levantó llevándose un pedacito ni muy grande ni muy pequeño. El primer bocado. Casi notaba como le palpitaba el corazón un poco más deprisa por la idea de estar a punto de probar una comida nueva. Se la llevó a la boca y la saboreo con cuidado y ansiedad mezcladas. Apretó los labios y cerró los ojos, crispándosele también los hombros. - Mmmmmhh dios mío Ben! Cásate conmigo!- Exclamó. Casi estuvo por arrodillarse delante de él pero tan solo le atrapó la mano con la suya por encima de la mesa mirándole con intensidad a los ojos. Haciendo la escena más exagerada y emotiva. - Yo limpiaré y tu cocinarás! Podrás hasta dejar el cuerpo si quieres. Seré tu buen hombre y llevaré el dinero a casa para que tu puedas cocinar todo lo que quieras.- Era obviamente una broma. Una manera teatral y exagerada de exteriorizar lo deliciosa que le había sabido esa primera ganchada. - Bueno pero mientras te piensas mi propuesta de cocinarme deliciosidades como esta "hasta que la muerte nos separe". Mejor me callo y doy cuenta de esta antes de que se enfríe.- Rió un poco antes de probar el arroz. Estaba igual de delicioso. Sus tripas rugieron con ansia. Antes ya sabía que tenía hambre, pero ahora se sentía como si pudiera devorarse la cocina entera. 


- Mmh!.- Recordó de golpe que no había contestado a lo que le había dicho Ben antes de que empezaran a hablar. Había comido rápido y ya faltaba casi un tercio de la comida de su plato. Dio un buen trago del zumo antes de probar. El de manzana no era de sus favoritos pero ese le supo delicioso. Seguramente también sería de buena calidad, y no de esos zumo "prefabricados" de menor precio que eran los que Owen se tomaba cada mañana. - Pues justo ha sido una buena coincidencia! Me ha costado lo suyo pero he conseguido mi primer concierto en esta ciudad. Voy a tocar en un pub en un par de días. Podrías pasarte si te va bien y luego nos quedamos tomando unas copas o así.- Le sonrió comiendo un poco más. - Va a ser un concierto pequeño. Ni siquiera tengo grupo de apoyo creo que con suerte tendré un batería. Pero tengo preparado un tema especial para ese día, uno que he compuesto nuevo en esta cuidad. Me encantaría que fueras a escucharlo.- Owen hablaba en un tono amistoso. Que declaraba que, a pesar de sus coqueteos naturales, no pretendía llevar la relación más allá. Quizás si surgiera algún día. Pero no hoy. Se acababan de conocer y hacer un nuevo amigo era más importante que disfrutar solo de una noche de sexo por un calentón. Ya había tenido una experiencia así una vez en la que después la persona no había querido volver a verle. Se había sentido tan solo como un trozo de carne. No quería repetir la experiencia.


- Si me das luego donde apuntar te dejo anotada la hora y el lugar. Si puedes pasarte genial, pero si tienes otros compromisos no te preocupes. Pienso tocar más conciertos por estos lares. Eso te lo aseguro.- Rezumaba confianza y energía. Aunque había comprobado bastante que en esa cuidad no les gustaban los extranjeros y le había costado bastante que le permitieran dar su primer concierto. Owen no era de los que se rendía. Ese no sería el último.
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