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[Misión] A ganarse la vida...

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[Misión] A ganarse la vida...

Mensaje por Invitado el Miér Ene 23, 2013 9:21 pm

Estaba claro que su tranquilidad poco iba a durar al llegar a Steinburg, pues nada más instalarse y conocer su nuevo lugar de trabajo ya tenía un caso. Hora de dar buena imagen, empezar a hacerse respetar y sobre todo, caerle bien a los superiores. No podía permitirse todavía el lujo de aprovechar sus excelentes referencias para pedir cosas de índole personal. Deseaba fervientemente hacerse con ese permiso para poder revisar los expedientes de los civiles pero por el momento tocaba demostrar que era alguien confiable y legal. Algo bastante escaso en aquella ciudad al parecer...

Nada más llegar a la escena del crimen supo que algo no encajaba allí. Todo elemento estaba ubicado igual que en una película o un libro de detectives, perfecto para poder asociar cada pieza hacia la obvia situación que parecía inculpar a un tal Emil Dinter del asesinato en segundo grado de su primo Dieter Dinter en el despacho de un restaurante propiedad del acusado en el centro de la ciudad.

Todos los presentes en el local fueron interrogados en comisaría, al igual que Dinter y su esposa. Pero a Fon no le hizo falta hacer ni una sola cuestión al acusado para saber que era imposible que fuera el asesino. Era un hombre obeso con unos dedos enormes... sin marca ni herida algunos de la estrecha guarda del arma del crimen en las falanges, algo que debería tener al accionar el disparador de forma accidental como atestiguaban las pruebas.

La culpable era la esposa, no le cabía duda.

Sin embargo, tenía que obtener pruebas y evidencias que cerebros "normales" aceptaran porque una bella y virtuosa mujer como Helga Dinter con una sublime coartada y un impecable expediente de perfección en su vida no iba a ser fácil de inculpar. Una mujer manipuladora e inteligente. Demasiado.

Así que ahora a Fon le tocaba hablar con el abogado del acusado sobre el asunto para intentar hallar la forma de conseguir demostrar la inocencia de su cliente y detener al verdadero culpable. Aunque después de ver las informaciones obtenidas de forma personal sobre ese tal Tobías Robinson tenía menos ganas aún de trabajar con él...

Su cita era a las 11 de la mañana en la plaza Real a pesar de las horribles bajas temperaturas. Fon permanecía arrebujado en su sobrio abrigo negro y largo por encima del traje de chaqueta que lucía debajo. Llevaba una pistola enfundada bajo cada brazo sobre la camisa, el taser y las esposas en el cinturón. El vaho de su respiración se perdía en el gélido ambiente mientras bebía un café caliente que compró de camino sentado en un banco junto a la fuente. Sus guantes de cuero forrado eran calentitos pero se agradecía también el calor del vaso de plástico con tapa que lo cubría. No estaba nevando ahora, pero el agua estaba congelada. Realmente se veía bonita.

Lo que habría dado por tener ya coche para poder hablar allí con discreción y calefacción pero no había tenido tiempo aún para comprarlo.

Entonces, sus claros ojos azules se voltearon reflejos al escuchar que alguien se acercaba, por lo que dejó sus pensamientos de coches a un lado.

Era hora de trabajar.


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Re: [Misión] A ganarse la vida...

Mensaje por Tobías Robinson el Vie Ene 25, 2013 9:05 am

-Felicidades, cariño, te aseguraron el caso Dinter.

-Perfecto, con ese dinero tu y yo nos vamos de vacaciones a un lugar donde haga calor.

-Céntrate, la información está en esa carpeta, llévatela porque debes estar en una hora en el parque, y el tráfico es un asco...


Eran las primeras y las últimas palabra que había escuchado al comenzar aquella mañana. De haberse ido de fiesta la noche anterior hubiera llegado tarde a su oficina, y tarde a aquella extraña reunión que tenía como fin esclarecer la extraña situación en la que se había visto envuelto su cliente. Si... ahora que lo recordaba, ya se había reunido una vez con él y su mujer, cuando le contrataron para que fuera capaz de demostrar su inocencia... no le pagarían mal, de hecho, la razón de la abultada paga era lo que le tenía a esas horas de la mañana conduciendo su automóvil rentado por las frías calles, en dirección al punto de encuentro.

Le recordaba bien. A pesar de que le había tratado con lejanía y frialdad se notaba el nerviosismo en su rechoncha cara, la forma en la que hablaba... o era un muy buen actor o en verdad la entera situación le estaba afectando los nervios. Solo una vez le preguntó, de forma directa y pidiendo completa sinceridad, con aquella confianza que entregaba de que la verdad no saldría de su escritorio, si había cometido el renombrado crimen. La respuesta negativa del hombre, apresurada y temblorosa, siguió a las palabras de la mujer que le acompañaba. Su esposa, la señora Dinter. Buen cuerpo pero con una boca que hubiera deseado callar con un bate de béisbol; demasiadas palabras, demasiadas interrupciones e intromisiones, como si Tobías le estuviera haciendo las preguntas a ella. Entrometida.

Arrebujó su nariz en su bufanda negra. Aún dentro del carro hacía frío, no entendía por qué no le había citado en un recinto cerrado, o por lo menos en su propia oficina... nunca entendería a los policías. Arrugó en el entrecejo, producto de la concentración, estacionando el automóvil para meter mano a la carpeta que le había entregado la curvilínea de su secretaria. Los detalles del caso y las declaraciones que él mismo había redactado y firmado, todo en un pulcro orden para colaborar con la investigación... o era porque aquel caso le llamaba la atención o simplemente porque si lograba que el juez le declarara inocente, iba a ganar más dinero del que necesitaba en el mes, excedente que usaría para fines nada sanos. Apretando la carpeta en sus dedos enfundados por unos guantes de cuero negro, apagó el motor y bajó del automóvil, cerrando la puerta con firmeza para caminar por la acera de la plaza, buscando con la mirada al sujeto con el que trabajaría.

No le costó encontrarlo. Los oficiales tenían un cierto aire que los hacía iguales a todos, por muy diferentes que fueran. Por lo menos, no le conocía de algún otro lugar, y eso era algo positivo. Se le acercó, haciendo cuenta del café que sostenía en las manos para luego llevar su mirada a esos ojos azules que le observaban. Se sintió analizado, y aquello le disgustó, pero no dijo nada al respecto. Simplemente retiró unos pequeños centímetros la bufanda que ocultaba sus labios y dedicó una sonrisa al otro, deteniendo sus pasos frente a su cuerpo.

-Buenos días -saludó con cordialidad, aunque parecía que no calzaba con alguien como él. A esa hora de la mañana acostumbraba a beber su quinto café mirando las piernas de su secretaria, no pasear en una plaza cerca de una pileta congelada, enfriándose la sangre y el cerebro. Sin siquiera alzar la mano que buscaba sus cigarrillos en los bolsillos para estrechar la del otro, siguió mirándole esperando a que dijera algo-. Soy Tobías Robinson. Asumo que usted es... el señor Lattener -dijo luego de recordarle. Miró alrededor, notando lo vacío que estaba el lugar. Si solo dos idiotas podían estar allí en lugar de al lado de una chimenea. Pero más le quedaba esperar a que el otro diera el visto bueno, tal vez le convidara de su café y comenzara a hablar de trabajo, para salir lo más rápido que le fuera posible de allí.
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Re: [Misión] A ganarse la vida...

Mensaje por Invitado el Lun Ene 28, 2013 4:17 pm

Fon se preguntaba internamente por qué lo primero que hacía la gente ante un desconocido normalmente era sonreír. Él al menos era incapaz de hacerlo cuando no tenía motivo que le obligase a ello, por lo que sus ojos permanecieron en el individuo que se detuvo cerca del banco mirando su café antes de dirigirse a él, por lo que supuso era quien esperaba. Debió de venir en coche, de ahí que notase el frío más que él mismo al salir del vehículo.

Buenos días —respondió escueto pero educado sin levantarse ni ofrecer su mano, dando un trago a su café sin quitarle ojo de encima. Vio como buscaba tabaco, sin cambiar su gesto. ¿Es que nadie llevaba una vida sana en aquella estúpida ciudad?—. Detective Lattener —le corrigió sin mucha ceremonia enseñándole la placa con su identificación policial, apretando los labios para conservar en ellos un poco más el calor del vaso cuando se lo apartó de nuevo, disponiéndose a comenzar el trabajo y acabar lo antes posible. Dudaba que el otro entendiera el porqué le había citado allí y no en un lugar abierto con aquel frío—. Le aconsejo no tomar asiento si no tiene uno de éstos —alzó fugazmente un poco el café en su mano, para hacerle ver que se refería a eso—, seré breve.

Costaba reconocerle como policía por su aspecto dada su juventud a pesar de su ropa más formal, era más su actitud y comportamiento quizás lo que podían esclarecer su oficio. Permanecía sentado en el centro del banco —modo más fácil de evitar compañeros de asiento en general— como cualquier hombre, con las piernas un poco abiertas pero con la espalda derecha y mirada firme al frente, sin huir de la ajena. Costumbres militares.

Su ropa estaba limpia, bien planchada y pulcramente colocada, igual que su postura. Vestía colores discretos, masculinos y serios con predominio de negro y azul oscuro. Mas sus zapatos lucían algo húmedos, señal de que había caminado por mucho tiempo. Una pequeña y fina funda oscura a prueba de agua y golpes descansaba en su regazo. Dentro había un tablet pc aunque no fuera visible en aquel momento.

Hábleme del comportamiento de la señora Dinter durante sus citas con su cliente, Robinson —le pidió con su seriedad inmutable de siempre, haciéndole ver que sabía que ella hubo estado presente junto a su marido aun sin habérselo aclarado antes.

Cualquier comportamiento de esa mujer podría suponer la clave de aquel caso, nadie era capaz de mentir 24 horas los 7 días de la semana.


Spoiler:
Informe policial

Crimen: Homicidio en segundo grado
Causa de la muerte: Un tiro limpio en la frente a medio metro de distancia
Víctima: Dieter Dinter
Acusado: Emil Dinter (primo de la víctima)
Cómplices: Ninguno
Testigos presenciales: Ninguno
Testigos indirectos: 3 camareros, 4 cocineros, esposa del acusado y 5 clientes

Fecha y hora del crimen: 23:38 p.m. Lunes laboral
Lugar del crimen: Despacho del restaurante propiedad del acusado
Arma homicida: Revólver Colt Python Snubby



Pistas materiales: Arma homicida con signos de haber sido disparada hace poco y con huellas del acusado y su esposa, la bala causante del fallecimiento sacada del cadáver, todas las huellas y fibras encontradas en la escena del crimen pertenecen a los tres Dinter, hay ciertos signos de forcejeo pero ni víctima ni acusado mostraban signos de enfrentamiento físico. Se ha analizado también el revólver Colt Python Snubby que conservaba la señora Dinter en su casa, con huellas de ambos cónyuges pero sin muestras de haber sido disparado con carga.

Exposición de los hechos: Una jornada laboral normal y corriente de primer día de la semana en el restaurante del acusado, el crimen fue cometido a cosa de media hora antes de cerrar el local, por lo que estaba casi vacío y la mayor parte de los empleados andaban disponiéndose a recoger.

El crimen parece tener su origen en una habitual discusión de celos, pues la señora Dinter se disponía a ir al almacén a por mercancía y la víctima se ofreció a ayudar. El acusado pretendió impedirlo con un ataque de celos que llamó la atención de todos los allí presentes, mandó a su esposa al almacén, ella obedeció y ambos hombres con una actitud bastante hostil se dirigieron al despacho personal del inculpado.

Todos a excepción de los cocineros vieron a Helga Dinter entrar en una puerta que daba acceso al susodicho almacén, al igual que a víctima y acusado entrando en el despacho bastante acalorados y enfadados.

Lo que ocurrió dentro del despacho nadie pudo verlo, algunos camareros aseguran que se les oía discutir a voces pero nada entendible. Emil Dinter asegura que simplemente entraron a poner las cosas claras porque había demasiados rumores de que su mujer y su primo tenían una aventura, él así lo creía por su comportamiento. Dice no recordar exactamente lo que se reprocharon o todo lo que hicieron pero sí que cuando se dispuso a abrir una de las ventanas del despacho, sintió un acercamiento demasiado peligroso para su seguridad y en un torpe intento de apuntarle con el arma, ésta se disparó sin querer y le alcanzó certeramente en la frente a la víctima, cayendo hacia atrás sobre el escritorio, quedando con la cabeza colgando.

Todos en el local oyeron el tiro. El acusado quedó en shock unos segundos y se le cayó la pistola de la mano, acercándose a la víctima para corroborar que había fallecido, por lo que salió de inmediato del despacho totalmente nervioso y alterado pidiendo que llamasen a una ambulancia y a la policía.

La señora Dinter salió del almacén casi al mismo tiempo que su marido, asustada y con similares signos de nerviosismos ante el tiro. Varios de los clientes aseguraron haberla visto salir del almacén, igual que varios camareron atestiguan la salida de los cocineros de la zona de la cocina. Clientes y camareros vieron a Emil Dinter salir del despacho tras el disparo, al igual que el primero de los cocineros que salió a informarse de lo ocurrido.

Nadie volvió a entrar en la escena del crimen hasta la llegada de la policía, el acusado no intentó huir en momento alguno. Su mujer no se despegó de él ni dejó de llorar y mostrarle su apoyo. Emil Dinter no paraba de repetir que él no había disparado, que no entendía nada.

Coartadas:
Los cuatro cocineros se encontraban recogiendo y limpiando la cocina en el momento del crimen, el testimonio de los 4 coincide en que ninguno salió de allí hasta después del disparo.

Los cinco clientes (un hombre y dos parejas, una de ellas habitual del restaurante) tampoco se movieron de sus mesas en la sala principal cuando sonó el tiro, el testimonio de los cinco coincide y el de los tres camareros también

Los tres camareros se encontraban en la sala pendientes de los clientes o de lo que ocurría en el interior del despacho mientras recogían, sus testimonios coinciden y el de los clientes, también

La señora Dinter estaba sola en el almacén cuando sonó el tiro, no pudo salir por ninguna ventana puesto que dicho almacén solo tiene una puerta como único acceso y todos la vieron entrar allí, así como varios la vieron salir del mismo sitio casi al mismo tiempo que reaparecía su marido en la sala principal.

Emil Dinter fue visto entrando con la víctima en el despacho y saliendo de él poco después del disparo, el cual no paraba de repetir que él no había llevado a cabo porque la pistola no llegó a dispararse pero cuando los agentes fueron a comprobarlo, encontraron signos visibles de que el arma hubo sido disparada recientemente. Dinter sigue diciendo que alguien le ha tendido una trampa y que es inocente aunque todas las pruebas le señalan a él. Su esposa parece ser la única que le apoya y parece decidida a ayudar a demostrar la inocencia de su marido.

No se ha acusado a Helga Dinter a pesar de encontrar sus huellas en el arma homicida por el testimonio de los testigos y porque ella misma admite tener un arma idéntica a la de su marido, regalo del mismo más por coleccionismo que por uso. Las estuvieron usando (descargadas) hace poco mientras ordenaban su casa y por eso tienen ambas las huellas de los dos, por lo que su coartada la exime de culpabilidad alguna. Además, la actitud que ha mostrado en todo momento no la hace sospechosa, hace gala de que es una mujer inteligente e intenta ayudar en lo que puede con la investigación para exculpar a su marido.

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Re: [Misión] A ganarse la vida...

Mensaje por Tobías Robinson el Jue Feb 07, 2013 7:20 pm

-Oh, detective Lattener, lo siento -se disculpó de inmediato, escondiendo con su bufanda el gesto agrio que había hecho con los labios ante la nada educada correción. Aquello he hacía querer terminar con aquella latosa reunión. Y el frío no hacía más que incrementar la molesta sensación de no querer estar allí. Encontró el bendito cigarrillo llevándoselo de inmediato a los labios; tal vez la sensación del tabaco consumiéndose lograba que sus dedos no estuvieran estumecidos... o tal vez así podía concentrarse mejor. Mas ahora quedaba la travesía de encontrar fuego para encenderlo- No iba a sentarme tampoco, de seguro perdería las piernas -murmuró mirando el café. Ahora que lo pensaba se le antojaba uno. Decidió beberse un tarro con medio litro de café al volver a la oficina y así recuperar el calor corporal. Asintió ante la aseveración de que sería breve. Mientras más rápido saliera de ese reino de hielo, tanto mejor.

Se situó al frente del detective, mirando levemente hacia abajo para observarle. Su propia postura se veía demacrada por el cansancio, aún cuando no había salido de juerga los últimos días, aquel caso sumado a los otros dos que tenía que resolver, las reuniones y las continuas salidas a terreno en busca de información bajo aquel frío terrible le tenían más pálido y ojeroso de lo normal. Enmarcados tras sus gafas, sus ojos parecieron brillar de alegría cuando encontró los cerillos; se acomodó la carpeta bajo el brazo para encender su cigarrillo y suspiró dándole una larga calada, con una expresión un tanto más animada que antes.

-¿Ha tenido ya conversación con la esposa de mi cliente? -preguntó en voz baja ante la petición del otro, que más le sonaba como orden- He redactado las dos reuniones que he tenido con el señor Dinter, su esposa ha estado siempre presente... -murmuró con el cigarrillo entre los labios para tenderle la carpeta llena de papeles- Cualquiera la vería como una mujer llena de preocupación que solo quiere ayudar, pero cuando le dirijo preguntas específicas a mi cliente ella pareciera querer responderlas como si hablara con ella. Llega a ser tediosa a veces -comentó por lo bajo, tomando el cigarrillo entre sus dedos enguantados para continuar-. Demasiadas interrupciones, tal pareciera que quiere demostrar la inocencia del señor Dinter a cualquier precio. O esconder su propia version de los hechos detrás del testimonio del hombre. Cualquiera sea el caso, aquella mujer no es sincera con sus palabras...

Hizo una rápida revisión mental de los detalles del caso, de los cuales había recibido una copia a manos de su secretaria. Arrugando el entrecejo fijó su vista en las formas inconexas que hacía el humo del cigarrillo frente a sus ojos. Sabía que nunca se debía confiar en ninguno de los testigos de un asesinato; nunca se sabía cuando un grupo completo podía estar entrometido en él, cuidándose las espaldas unos a otros para inculpar a un inocente... poco podía averiguar si no había citado a reunión al resto de los presentes en la escena, pero una cosa sí sabía. Los ojos de Dinter no eran los de un asesino, ni siquiera por accidente. Y él si que sabía de eso.

-Después de la reunión invité a la pareja a almorzar -recordó asintiendo con la cabeza-. Lo que puedo asegurarle, detective, es que cuando el señor Dinter está en otro ambiente se comporta de la misma manera temblorosa y asustadiza, se nota que el hombre está enfermándose de los nervios por la acusación. La señora Dinter, en cambio... cuando contestaba a mis preguntas lo hacía con un tono rápido y decidido, como si hubiera aprendido de memoria todo lo que tuviera que decir. En el restaurante se mostró con menos tapujos, es ella quien tiene los pantalones en la casa, de seguro el señor Dinter no puede ni mover un tenedor sin que ella se ponga a gritonear...
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Re: [Misión] A ganarse la vida...

Mensaje por Invitado el Jue Feb 21, 2013 8:17 pm

Una de las razones por las que Fon se obligaba a mirar fijamente a las personas cuando conversaba con ellas no era únicamente el respeto, sino también para detectar lo que sus palabras y su actitud provocaba en ellas. Un policía no podía anticiparse y hacer su trabajo sin pensar en cómo debía de estar funcionando la mente de un interrogado, un asesino o un simple testigo. Fue por eso que pudo atisbar en el rostro ajeno una molestia que intentaba ser ocultada, un gesto harto sutil y que él mismo se veía obligado a hacer más de una vez.

Aunque no atinó a saber el porqué de dicho disgusto.

Solo había dicho dos palabras, ¿habría sido el mostrarle la placa? ¿Rencores con la justicia por su pasado delictivo? Dudaba que fuera eso, sería un tanto incoherente ser abogado de sentir eso por la policía... o no, quién sabía...

Una de sus cejas se alzó al oírle murmurar y no entender, pero viendo que el insano vicio que al parecer tenía Robinson le hacía retomar lo que les había llevado allí, optó por empezar por el principio sin andarse con tapujos: centrarse en Helga Dinter, su verdadera culpable.

Afirmó con la cabeza ante la pregunta del otro.

He estado en la escena del crimen, presente durante la autopsia y me he encargado personalmente de interrogar a todos los testigos del caso, incluído el acusado —le informó, con intención de hacerle ver la información que tenía sobre el caso y en especial de las personas en torno a él. Las había observado y tratado en diferentes momentos de la investigación, por lo que podía tener un campo de visión más amplio que el de la sala de interrogatorios.

Luego de eso, tomó los documentos que le ofrecían y comenzó a leer en silencio mientras le escuchaba. Oyendo algo que ciertamente no esperaba pero su rostro se mantuvo estoico y serio, barriendo los datos contenidos en los folios que apenas duraban unos segundos frente a su visión. Asimilando la nueva y delatadora información sobre la verdadera asesina.

Cuando Robinson terminó de hablar, levantó el rostro de nuevo y le devolvió la carpeta.

La señora Dinter no es tan lista como ella y yo creíamos —musitó, alzando la vista de nuevo a los ojos ajenos para exponerle su deducción—. Le teme a la policía pero a usted, no. Sabe que habrá de defender a su cliente sea o no culpable, por eso a mí y a los demás les miente con un carácter más dócil del que tiene como ha hecho toda su vida, pero con su abogado no tiene por qué hacerlo al 100% —alzó un poco sus cejas, acercándose el café a los labios—... y ahí es donde ella ha metido la pata.

Dio un sorbo, sintiendo la rapidez con que se había enfriado el líquido allí contenido y volvió a mirar a Robinson.

He estado investigando a Helga Dinter más profundamente —comentó, dejando el vaso a un lado para abrir la funda que portaba, viéndose el tablet adentro contenido. Fon lo encendió y comenzó a pasar los dedos por la pantalla mientras hablaba—. Expediente de vida intachable, estudiante modelo y no hay ni una sola persona que no hable bien de ella, una mujer hermosa y discreta que se desvive por los demás y en especial por su marido a pesar de los celos constantes de él —volteó el aparato para enseñarle algo en la pantalla al abogado. La fotografía de una Helga Dinter con apenas 16 años vestida de animadora con el resto de sus compañeras de equipo—. Fíjese en su figura, en sus brazos, en sus piernas —le pidió—. Aún las tiene así, las sesiones de aerobic casero al parecer la tienen tan en forma como en sus días de instituto...

Dijo aquello con algo de sorna, esperando que Robinson se diera cuenta de ello y empezara a entender su interés por aquella mujer.

Era tan fácil como haber salido ágil y rápida por la puerta de servicio cercana al almacén aprovechando un falso testimonio o la distracción de los demás pendientes de la entrada de los varones Dinter en el despacho, correr por el callejón oscuro al que se accedía, disparar por la ventana —sabiendo la mujer que su marido acabaría abriéndola por lo acalorado que se pondría con aquella discusión, mujer observadora— y dejar que un cómplice cambiase las armas cuando a su marido se le cayera la suya sin disparar al ver la situación. O hacerlo ella misma, claro, pero sabiendo que ambos salieron a la vez a la sala principal desde puntos distintos del restaurante estaba claro que él debió de verla haciendo el intercambio.

Su cliente sabe que ha sido ella o al menos, lo intuye —afirmó con seguridad, volteando de nuevo la pantalla del tablet hacia sí—. Pero por lo que acaba de contarme, creo que el asunto ha dado un giro que no habíamos tenido en cuenta...

Ahora entendía muchas cosas: los divorcios, la actitud mujeriega de Emil Dinter, sus celos constantes por los acercamientos de su mujer y su primo...

Las cosas no eran lo que parecían.

O sí... pero desde otra perspectiva bastante distinta.



Spoiler:
Siento mucho la horrible demora!! DX

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Re: [Misión] A ganarse la vida...

Mensaje por Tobías Robinson el Sáb Mar 30, 2013 1:33 am

Botó el cigarrillo al suelo, aún cuando no se lo había terminado del todo, pues prefirió poner atención en las palabras del otro, retomando sus apuntes para observarlos uno a uno cuidadosamente. Recordaba ciertas acotaciones personales hechas en los ángulos de las hojas, sobre el comportamiento de marido y mujer durante los momentos ajenos a la oficina, sobretodo aquellos momentos en los que su secretaria aparecía para servirles café y para anunciar llamados importantes. El rostro de Emil Dinter mostraba siempre una expresión taciturna, asustada, pero durante segundos él podría jurar que había visto en su cansina expresión una que denominaría de resignación. Él mismo se enfrentaba a veces a esas expresiones, en el espejo de su baño, cuando se daba cuenta de que no había más en el mundo que seguir adelante, cargando la cruz de su propia existencia. Y las expresiones de su esposa, de Helga... había visto con anterioridad, muchas veces, esa faceta. Y la odiaba más que a nada en el mundo.

Sin importar las causas o las motivaciones, aquella mujer había cometido el asesinato. Y había confiado en él, en Tobías, prejuzgándole por el tatuaje en su cuello, pues tal vez creería que con él podía tomarse más libertades que con un abogado común y corriente. Le subestimaba, le trataba como a un imbécil, con aquella sonrisa encantadora y esos seductores movimientos de su curvilínea figura... bah, por favor... su secretaria estaba mucho mejor. Y lo que era más importante, su pelirroja favorita nunca mentía. La vida de Helga Dinter era un castillo de invenciones convenientemente ordenadas para su propio beneficio, lo había visto antes... eran los ojos de un monstruo detrás de una máscara de porcelana.

-Emil Dinter había expresado su desconfianza de contratar a un abogado con un historial de problemas delictivos, detective, y creo que esa fue la razón por la que me contrató -dijo, con la voz ronca, apretando con sus dedos la carpeta. Poco se acordaba del frío, una rabia hirviente teñía su mirada de una seriedad mortal-. Fue ella la que me defendió, así como dice defender a su esposo de su inocencia, para que yo tomara el caso. Lo más probable es que piense que conmigo está a salvo. Tiene la misma mirada... de mi padre - mencionó en voz baja, tomando asiento sin mucha elegancia junto al otro- Conozco esa mirada, la de una persona que juega con los demás, con gente que no es capaz de defenderse... crea una fachada detrás de su verdadera personalidad, para ocultarse de personas que podrían significar un peligro... Helga Dinter tiene esa mirada, la mirada de un demonio -dio vuelta a una hoja de su carpeta, golpeteandola con los dedos- Cuando mi secretaria entraba al despacho Emil no se detenía a mirarla. Helga sí, la escuñidraba cosa de un par de segundos, de arriba a abajo, y luego volvía a mentirme. Sé que mentía, conozco a los mentirosos.

Escuchó las palabras contrarias, poniendo atención en la fotografía que le enseñaba. Sonrió levemente, recordando la primera vez que vio a la pareja, como su mirada se paseó disimuladamente por esas piernas bien ocultas en su elegante traje de reuniones. Asintió con la cabeza, haciendole entender que recordaba aquella figura, aunque era más bien por su parecido a su propia secretaria, con sus indolentes curvas y su obsesiva necesidad de llamar la atención con sus marcados gestos y sensuales movimientos que intentaban aparentar naturalidad sin lograrlo... en definitiva, o su sueño frustrado había querido ser modelo o hasta diría que había intentado seducirle. ¿Para qué? Tal vez eran imaginaciones suyas, el pensar en sexo todo el día no hacía bien. Pero podía haber una razón... de seguro le confesaría un gran secreto y compraría su silencio con dinero y sesiones de "masajes"... Desvió sus pensamientos hacia el caso, de nuevo, dándose cuenta de golpe lo que el otro quería decir con todo aquello. Claro, como no se había fijado antes... conocía las miradas de ambos tipos, de Emil y Helga... su propia cara de amargura todas las noches antes de dormir era la misma que la del pobre hombre, y la de ella... la misma que la de su padre.

-Emil Dinter está siendo manipulado por esa mujerzuela -murmuró, enrabiado, mas que con ella, con él. Por no tener los cojones de enfrentarla-. Él sabe que ella es la culpable, y ella sabe que él está consciente, y también sabe que él la ama demasiado como para inculparla. Prefiere ir a la cárcel como único culpable que ver la belleza de su vida morir tras las rejas. Es probable que sea por eso, puede que... puede que incluso el mismo Emil haya intercambiado las armas, al darse cuenta de que la que el regaló a su esposa fue la que percutó el disparo... por eso no hay huellas de nadie más -apoyó sus manos sobre sus rodillas, mirando hacia el piso con el labio inferior tembloroso-. Ella puede hacer lo que quiera con él, porque él la ama. Y eso incluye el jugar con su mente hasta hacerle creer que Emil es el culpable, quiere jugar con todos nosotros para que así sea. Pero no va a lograrlo... conmigo ya no pueden jugar -señaló la fotografía de la adolescente Helga con un dedo, moviendo su mirada afilada hacia el detective con un dejo de odio indecible- Si su teoría del estado físico de Helga Dinter es válido, sólo habrá que buscar pruebas del lugar por el que se coló para encontrar el ángulo de tiro, siempre usa el cabello suelto, y los restaurantes de ese sector no dan muy buenas condiciones de trabajo a sus empleados... es probable que la zona del almacén, donde no mira el publico, esté llena de grasa, polvo y basura... bueno, ese tema no es mucho de mi área, detective... Sólo quiero decir que, aunque usted y yo sepamos que ella es la culpable... necesitamos pruebas fehacientes para poder inculparla en el juicio. Además... ¿por qué lo hizo?

Guardó silencio unos instantes, pensativo. La rabia que había demostrado momentos atrás había dado paso a un cierto instinto dentro de sí. Las ganas de demostrar la culpabilidad de la mujer le hacían pensar que de esa manera, su orgullo herido años atrás podía ser reestablecido un poco más.

-Tengo que lograr que Emil testifique en su contra -musitó, luego de unos instantes- Tengo que poder hablar con él sin su esposa de por medio. Detective... ¿podría usted ayudarme?
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