Conectarse

Recuperar mi contraseña

Últimos temas
» Confieso...
Dom Ago 14, 2016 10:18 am por Zarek

» IMPORTANTE!!! Anuncio de Administración
Vie Oct 16, 2015 3:36 pm por Alcalde Diedrich

» Cuenta y besa a quien te toque.
Lun Abr 27, 2015 9:01 pm por Jan Bozkurt

» Publicación de temas fueras del foro
Dom Abr 26, 2015 6:35 am por Bzou

» Mensaje a la administración (Importante)
Jue Abr 02, 2015 10:23 pm por Alcalde Diedrich

» El amo y el lobo [Celda de aislamiento] [Priv. Herman Engels +18]
Lun Feb 09, 2015 12:43 am por Herman Engels

» ¿Nuevo compañero? [Priv. Killer]
Dom Feb 08, 2015 2:54 am por Killer

» Other World [RPG Anime (Saint Seiya, Inuyasha, Naruto)] afiliación normal
Lun Feb 02, 2015 8:50 pm por Invitado

» Karma [priv. Geist]
Dom Feb 01, 2015 11:46 pm por Gô Koyama

» Mihail ``Perro viejo´´-I.D-
Miér Ene 28, 2015 2:56 pm por Mihail Mihaeroff

¿Quién está en línea?
En total hay 1 usuario en línea: 0 Registrados, 0 Ocultos y 1 Invitado

Ninguno

[ Ver toda la lista ]


La mayor cantidad de usuarios en línea fue 55 el Vie Jun 15, 2012 12:46 pm.
►Pasa el mouse por las imágenes y contáctanos

ALCALDE DIEDRICH
Contact
Herman Engels
Contact
Zennu
Contact
Broker
Contact


HERMANOS

ÉLITES

↑Click↑

El Aquelarre (privado Gin)

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Ir abajo

El Aquelarre (privado Gin)

Mensaje por Invitado el Miér Mar 21, 2012 10:55 pm

La madrugada de aquel día se hizo eterna, el pasaje del cielo mas sucio de Alemania a otro mas insípido, el frío matutino que caló mis huesos y me recordó cuan estupido había sido. Me descuidé y fui inconciente, tal vez desesperado también fui. Las heridas cerraron pero bajo la piel fluía el veneno mordaz del lobo cuya voz se filtraba hasta en el ulular del elemento rebelde sobre los cableados de la ciudad. El demonio Gin era la vibración de las notas del violonchelo, era el agudo en octava de la cantante lírica de la obra del día siguiente. Era el vástago sonido que quedaba del arma luego de la detonación del Modelo Glock 2012 que gatillé en el ala de pruebas en el estudio.

Gin era esa sórdida cicatriz detrás de mis ojos que me obligaba a ver de frente, sentado en mi silla como una estatua maldecida, mientras los pingüinos y gordos grises me hablaban y hablaban, cuervos parásitos que reprochaban la insensatez que produjo mis “leves” heridas. No existía preocupación por mi persona, sólo miedo a perder miles de millones por los caprichos de un petiso enfermo. Pero sí me regañé a mi mismo, por haber descuidado un momento el lugar en el que estaba sentado, del que tenia el control.
Durante el día, mis dedos trataron de teclear datos frívolos de hormiga, queriendo adentrarme en la rutina del olor al café y las medialunas almibaradas que no pude tocar. Si había algo que me excitaba era comer, pero en esta ocasión, cada vez que un pedazo de la perfumada y dorada masa hojaldrada se acercaba a mis labios, el turbio y suave roce de Gin parecía esconderse allí dentro y entonces mi mano dejaba caer el pedazo, y mis oídos se agudizaban en busca de la risa cruel del lobo plateado, del Genkishi dirían los japoneses, pero sólo conseguía emparanoiarme más.
Imaginaba lo feliz que debía sentirse el bastardo, por hacerme sentir observado y paranoico sólo por haber rozado dulcemente mis hombros, produciéndome una mezcla de pánico y asco que con suerte duraría hasta la semana que viene.

Su abrigo

Su abrigo habia sido lavado y planchado, totalmente pulcro y hecho un perfecto cuadrado para ser depositado en una caja con elegancia. Saber que estaba sobre mi escritorio, era como sentir que allí adentro estaba Pandora vigilándome. Por culpa de su abrigo, yo no podia ponerme los propios, porque ya no eran míos.

Caminando por esos frívolos pasillos, colgado de un celular y un enjambre de tarados detrás mío, comencé a pensar que Gin jamás vendría a mi caza, ni cenaría conmigo. Cuando intenté manipularlo, mi máscara fue arrancada con brusquedad, entonces ¿qué me garantizaba que accediera a acercarse luego de haber dicho que me cazaría? ¿Estaría acaso, buscando taladrar mi lógica hasta que yo mismo me expusiera?. 14:34 hora de la segunda medicación. ¿Por qué se había ido tan tranquilo y enigmático?. No podía seguir pensando en aquello si quería producir avances en mi vida, porque aunque me retorciera de rabia, debía reconocer que casi, casi había caído, y que un depredador arrogante y desconocido había sido el que me había remontado y llevado de nuevo por la senda de la Oscuridad. Con gente así, quien necesita terapia? Exacto. Cancelada la sesión de las 17 Hs con el Doctor Schatzmeister, yo no tenia problemas, el mundo me los provocaba al meterse conmigo, entonces ahora el mundo tenia una sesión conmigo, se había portado mal con migo, castigándome a mi géminis y a mi por haber nacido, ahora cada lágrima vertida en mi burbuja sellaría una bala, un misil, un cañón, un putanezco pituto que iría cual caja de bombones a quien quisiera pagar. Perpetuaría esta condición violenta y nauseabunda que tenemos nosotros los humanos para la tolerancia, garantizaría la miseria mas repugnante hasta que no quedara un solo homo sapiens en pie. Había sido bendecido con el don del ingenio destructivo, entonces debía de usarlo.

Escuché que el Señor Bryan Kingsley había dejado de tener poder en el norte de la ciudad desde que el lobo japonés se asentó y esparció su negocio como La Peste del 1400. Bryan Kingsley había sido fuerte, implacable, astuto, con la mejor piel de cordero que yo haya podido ver. Debíamos de aprender de su habilidad para fingir ser la presa, por ende, lo cité a una tarde de té en mi jardín, del que nunca salió. Bueno puede que saliera a las 21 hs.

Esperé. Te esperé de verdad.



Hacia tiempo que había dejado de ser el participante de la vida y me había vuelto el villano. Esperar hacia que las uñas comenzaran a rascar los reposabrazos del sillón, que los ojos fueran de un lado a otro. Esperar hacia tambalear el estante de máscaras, porque no sabia cuál de todas debía llevar.
Me senté en el balcón sólo con una copa de ron y el traje que había usado toda la mañana, del pantalón recto con pinzas y la camisa de seda azul, sin el saco. Desde aquella extraña noche, se me hacía incómodo ponerme el saco, sentía que algo me quemaba los hombros…estaba maldito?.
Mirando la ciudad, oscura a pesar de la cantidad de luces, comencé a sonreír, poco a poco, hasta soltar una risa, creo que era una risa, pensando que tal vez Gin se había burlado de mi, y estuvo a centimetros de mi cuello sin que me diera cuenta.



Invitado
Invitado


Volver arriba Ir abajo

Re: El Aquelarre (privado Gin)

Mensaje por Invitado el Jue Mar 22, 2012 3:28 am

El sonido retumbaba potente dentro de los auriculares que le cubrían, inmensos, los oídos. La habitación estaba en penumbras, pero se notaba que era una especie de búnker/oficina. Allí, tendido en un sofá negro, su blanco espectralmente hermoso, destacaba. Apenas un movimiento involuntario, aquí y allá. Un cenicero lleno de cadáveres. Un whisky a medio tomar y muchas, muchas hojas desparramadas a lo largo y ancho de la habitación. Empresas NG. Secreto de Estado. Tachones en tinta negra. Ilegible. Sin pasado. Armas de última tecnología. Rápido ascenso. Doctor Schatzmeister. Planos de una mansión. Fuente de electricidad. Generadores. Parece carecer de emociones. Alta alcurnia. Bryan Kingsley. Norte de la ciudad. Liquidado…

La mano finamente adornada de plata mexicana tomó una de las tantas y sus ojos se cruzaron con un nombre que le cubrió el rostro con una sonrisa macabra: “Engel Dunkel Feuer”. La delicada hoja de papel cayó irremediablemente en el piso al momento que la humanidad de Ginzou Fujiwara se incorporó, aplastándola con el pie y abandonando el recinto.

La piel se sentía elástica y suave luego del baño. El perfume de J. del Pozo, especialmente hecho para su esencia, daba la nota. El traje de negro, de calce perfecto y bien entallado quedaba perfectamente reforzado por la corbata escarlata y la camisa blanca. Chequeó que el calzador del arma no arrugara la prenda. La Eagle relució por un segundo bajo la luz casi blanca del suntuoso baño. Se acomodó el cabello y salió. Eran las seis y media de la tarde. Tenía tiempo de terminar algunos negocios.

El auto ronroneaba dulcemente bajo sus pies. Los vidrios polarizados le permitían admirar la demacrada ciudad y pasar desapercibido. El chofer le miró un par de veces quizás creyendo que se trataba de alguna estrella de cine. Gin estaba complacido en el momento en el que vio la silueta pequeña y delgada salir del mastodonte edificio que tenía en frente. No pudo evitar sonreír, sin embargo sabía que no era el momento aún.

-Vámonos…-. Le dijo al chofer que en seguida salió del lugar en el que estaban aparcados.

La cuestión es que el lobo plateado había estudiado muy bien a su presa con algunos trucos que había aprendido en su país natal. Otra de las gracias de tener a todo el Servicio Secreto rendido a tus pies. Steinburg no trabajaba en forma muy diferente. Un micrófono implantado en el saco que astutamente le había entregado a Engel le había permitido tener una escucha excelente de su vida privada. No fue difícil hacerse con un par de idiotas que monitorearan determinados satélites y unos tantos miles de dólares le habían dado acceso a los archivos personales de varias personas. De esa forma se había hecho no sólo con el Norte de la ciudad sino que también con el pasado de su víctima. No estaba contento con lo que había recaudado. Si bien tenía la rutina diaria del magnate alemán, su pasado eran unas cuantas tachaduras y un sinfín de logros económicos. Nada más… él sabía que había algo, una persona en su pasado que haría las veces de llaves a su dolor.

El auto se detuvo. Los aviones chillaban al pasar por encima de su cabeza y el viento jugaba con su cabello cuando le dieron el paquete. Uno pequeño. Lo abrió y una brazalete de oro, finamente trabajado y reluciente, apreció ante su vista. Era legítimo.



Una mansión enorme emergió en el horizonte de una zona residencial. Una de las delicias de ser japonés, es que cuando tienes el poder de tu lado existen ciertas artes que se te impone dominar. Una de ellas es el sigilo. Los alemanes eran criaturas estridentes. Caminó lo que le quedaba de viaje hasta llegar a un rincón particularmente oscuro. Notó que indefectiblemente tendría que sortear guardias, sensores, alarmes y toda clase de sortilegios. Miró el reloj. Las 9 y 28. Volvió a sonreír.

Las luces de toda la calle desaparecieron y un estrepitoso bombardeo se escuchó al otro lado de la manzana. Estaba atacando un flanco de la mansión en el momento justo en que sus pies tocaban el césped de adentro. Tenía tres minutos antes de que los generadores pusieran el lugar de nuevo en funcionamiento.



-Pensé que al menos te tocarías gimiendo mi nombre…-. Susurró al llegar al balcón. –Y también pensé…-. La esbelta figura se iluminó de plata al salir desde detrás y posicionarse a un lado de su presa. –Que me esperarías en traje de maid…-. Ginzou Fujiwara en toda su expresión hizo una pequeña reverencia cuando las luces se prendieron nuevamente y arrojó el paquete en el regazo de Engel.

Invitado
Invitado


Volver arriba Ir abajo

Re: El Aquelarre (privado Gin)

Mensaje por Invitado el Jue Mar 22, 2012 4:15 am

Por un instante, los músculos se me acalambraron y el hambre fue evidente, pero el cansancio de mis parpados era tal que parecían de plomo.
Llevaba sin dormir un tiempo insalubre, por que cada vez que cerraba los ojos y me adentraba en la psiquis, su boca dentada y abierta esperaba morderme en un asfixiante ritual de tortura y sexualidad.
Los abrí algo sobresaltado y alerta, pero no iba a poder soportar sin dormir, aquel demonio de licántropa plata y diamante no podía dominarme al punto de darme miedo hasta de dormir. No. Miedo no, no tenia miedo de Gin, si no de la situación, si alguna vez llegaba a tener miedo, o peor, si alguna vez Gin llegaba a percibir el miedo en mi, estaría muerto de verdad, muerto en vida, derrotado, demacrado, decrépito. Jamás.

Fueron instantes, pequeños, lo sabia porque mi mano todavía se aferraba firme al vaso casi vacío de ron y mis pies seguían con los dedos arrugados en los zapatos de cuero fino color negro. Fueron instantes en los que casi creí que estaba seguro, más un lejano ruido me hizo fruncir el ceño y arrugar los labios, moviendo ligeramente la cabeza hacia aquella posible dirección, entreabriendo los ojos. En ese instante una extraña espina punzó en mi pecho y enfrió mi mente, como alertándome de algo, algo andaba mal, algo no estaba bien.


Antes de poder si quiera, inclinarme hacia delante, aquella voz que me había vuelto desquiciado se hizo presente despedazando el silencio y por mi mente lo imagine clavando un estandarte en mi territorio. Estaba allí, podía sentirlo y sentir su perversa sonrisa sin siquiera voltear, socarrón y arrogante, victorioso y regocijándose por ello.

Fue un segundo en el que quise descansar, y él ya estaba allí.¿Había estado esperando el momento en el que yo cerrara los ojos?. Era un psicópata, estaba orgulloso y conciente de ello, claro que debió haber estado investigando, o al menos, compartiendo mi rutina cual sombra siniestra. Un fugaz instante, las alarmas, el sistema de seguridad. Si esa invenció no podía protegerme a mi mismo, cómo se supone que la financiarían? De verdad un narcotraficante nipón había pasado mi implacable sistema en 3 minutos?. Gin Fujiwara no llevaba días en conocerme y había destruido miles de dólares en inversiones, en tres minutos, como queriendo demostrar que mi casa, era un castillo de naipes.
Arrojó algo a mi regazo y yo alcé las manos y las dejé suspendidas, mirando el paquete atentamente, por si se trataba de algo perverso o que tenia motor propio para estallar. Y en esa posición congelada y desconfiada alcé la vista para verlo, buscando con el rabillo del ojo su silueta, desviándola rápidamente cuando el hijo de puta puso cerca mió aquella exagerada entrepierna!!, estando yo sentado y él andando campante como si fuese su casa. Allí estaba vestido tan elegantemente que su espalda era una “S” perfecta y estilizada, oliendo a fragancias de alcurnias sublimes y luciendo joyas brillantes y con clase. Traté de aspirar el aroma de mi puño y me di cuenta de que no llevaba un perfume para salir, y que ni si quiera me había cambiado las fachas. Su última burla me hizo sentir desubicado.

No. Momento. Estaba en mi propia casa y me estaba haciendo sentir un desubicado?.

Tomé el paquete, pequeño que carcomía mi curiosidad, pero no lo abrí, simplemente, lo miré desde todos los ángulos posibles. La pura verdad, estaba muy inseguro de lo que podía ser…y si era una broma cruel para la que no estaba preparado?. Me levanté del lugar con el paquete y entonces recién lo miré a los ojos, siempre intensos y lujuriosos, como si pudieran atravesarte hasta el estómago. Y traté de no prestar atención a su sonrisa perlada y sombría.

- Puto. Finalmente lo hiciste…-



Fue lo primero que me salió, queriendo ocultar por un momento, el orgullo herido que me había dejado el bastardo, burlándose de mi seguridad y todavía pretendiendo que lo … no, ni siquiera lo iba a pensar, me resistía a hacerlo. Pero sabia ser hipnótico, y como si fuese un titiritero, su mueca arrogante me hizo torcer los labios, como queriendo sonreír, por suerte desvié el rostro y cerré los ojos, tratando de pensar otra cosa que quería decirle.

- ¿Qué es esto?¿ Un vibrador con tachas para ver si todavía sirvo para el sexo?.-
Dije dándome la vuelta para meterme adentro de la casa , girándome despacio pero mirando sus largas piernas.
- ¿Tenés hambre?-

Pregunté, entornando los ojos y esta vez sí permitiendo una sonrisa pequeña, tenue, casi apenas la sentía en mis mejillas, relajando mi cuello que por culpa de Gin estuvo erizado y contracturado.



Invitado
Invitado


Volver arriba Ir abajo

Re: El Aquelarre (privado Gin)

Mensaje por Invitado el Jue Mar 22, 2012 9:21 pm

-¿No me vas a dar ni un beso? Creo que me lo merezco, luego de haber invertido unos millones y cantidad de mi precioso tiempo para burlar tu seguridad. Hacía mucho que no me divertía tanto con algo…-. Suave como un fantasma la figura de Gin se deslizaba por el balcón hasta apoyar los codos en el barandal y admirar la vista. Era quizás la primera noche en años en la que había roto la regla: estaba en una casa y no dedicándose a los excesos y la clandestinidad. Sintió algo casi acogedor en el pecho, como cuando el cocinero le hacía su sopa especial en los días de lluvia y fiebre infantil. Se aflojó la corbata. Estaba incómodo. Un lobo entre paredes. Un lobo en cautiverio. Tenía calor. Un calor pesado e insoportable que acabó por quitarle el saco.

Se volvió a Engel en el momento justo en que le preguntaba por sus necesidades gastronómicas. Bajo la penumbra acolchonada de la casa, apenas podía distinguir su silueta, mucho menos verle el rostro. –Quiero sopa…-. Dijo en un tono solemne mientras la corbata caía al piso y el primer botón de su camisa blanca se desprendía. – ¿No vas a abrir el paquete, amorcito?-. Un gesto extraño cruzó el blanco semblante recortado en el paisaje, como si no perteneciera a él. Finalmente alejándose del balcón caminó el espacio entre ambos hasta queda frente a Engel, casi rosándole con la nariz.

-Conmigo, no es necesaria la parafernalia del hombre duro, cachorro…-. Dijo mientras el hocico vacilaba sobre la piel cetrina del joven rubio, de aquí hacia allá, como caricias animales e igual de intimidantes. –Debo decirte que tu equipo ha hecho un trabajo fantástico en encubrir tu pasado, o quizás esa llavecita que estoy buscando no figura en los registros. Lo que me llevaría a pensar que es algo ilegítimo, o algo que deliberadamente resultaría en cierta vergüenza para tu familia de alta alcurnia…-. Un beso que no fue los separó a ambos y Gin se hizo camino dentro del oscuro estudio de fina decoración.

-Es interesante cómo las familias ricas intentan deshacerse de la ovejita negra cuando se descarría, ¿verdad? De ese secretito sucio y desagradable que no los deja dormir por las noches-. Un chistido de indignación y diversión, se escapó de entre sus dientes. En definitiva sabía lo que estaba diciendo. Ginzou Fujiwara desde temprana edad había decidido ser esa oveja y llevar al imperio de su estirpe a la más absoluta deshonra. Por venganza, por aburrimiento, a la fecha, ya ni siquiera lo recordaba. El acto se había vuelto carne en él, él existía en ese acto y esa era su única verdad: el lobo fiero, que masticaba la desdicha y la transformaba en una obra de arte.

Dejó la foto que había tomado del escritorio sin haberla visto. Sentía los músculos tensos y contraídos por algo que le parecieron nervios. No. Era algo distinto, el recuerdo de determinados olores. El cuero, el tapiz, la madera. Hasta los productos de limpieza. La oscuridad misma. La noche dentro de un estudio en una mansión gigante que no traía nunca una respuesta. Un espacio vacío lleno hasta la coronilla de riquezas, sirvientes y caprichos, pero jamás de…

Volteó a ver a Engel de nuevo, como si en él fuese a encontrar algo. Sabía que no. Sabía que lo que nunca había sido, jamás sería. Sus años se lo habían marcado en los ojos y en la piel. Pero Engel quizás podía entender. Esto era otro negocio, otra red. El lobo plateado jamás hacía nada que no le trajera algún provecho, o la potencialidad del mismo. De la misma forma que sabía leer a las personas, entendía que quizás el hombre pequeño que le miraba podía entregarle algunos beneficios. Si se interesaba en Engel, era porque se interesaba en él mismo. “En definitiva”, pensó, “toda esta puta vida es una gran transacción”.

-Sea lo que sea, en definitiva, voy a quitártelo…-. Sentenció con un aura oscura que le cubría, que siempre lo cubría como una pesada carga que él manejaba a su antojo.


Spoiler:
Perdón por lo de ayer, a speddy se le ocurrió dejar de funcionar... ¬¬

Invitado
Invitado


Volver arriba Ir abajo

Re: El Aquelarre (privado Gin)

Mensaje por Invitado el Vie Mar 23, 2012 12:03 am

Qué pasaba por la mente de Gin Fujiwara en ese halo de instante? Cuando tras duras y malvadas palabras se giró y me miró como si en vez de hablarme a mi, estuviese hablándole a otra persona?. No puedo negar que no me estremecí y me alteré un poco cuando pasó cerca de mi rostro como...¿oliéndome?, ese hombre era escalofriante, pero aún así, me dejaba con ganas de más…maldito bastardo, se había puesto una fragancia que se me pegaba hasta el paladar, y su voz no cesaba nunca de meterse en mi cabeza, pero sabia que aunque le cosiera la boca cual muñeco vudú, sus ojos seguirían siendo los de Medusa, y aunque se los quemara con ácido, su tacto, su simple presencia…un hombre arrogante que gasta millones en burlar una seguridad, sólo para reafirmar lo poderos que es, era un psicópata aburrido, debía de esperar más…

En la empresa, el paquete me había llegado tarde, por ende, había cometido el estúpido error de no haberlo leído antes de la llegada de Gin. Sin embargo, el lobo fantasmal sí que había hecho su tarea y ahora vertía su toxicidad por los caminos laberínticos de mi vida, buscando llegar a su meta. Una sonrisa torcida apareció en mi rostro cuando dijo que me sacaría aquello que yo guardaba tan celosamente en el interior, no contento con tener mi cuerpo a su merced por segunda vez. Podría este demonio ser el verdugo de mi cruz? El shinigami que estuviera acompañándome con paciencia para robarme los últimos años de vida? No, nada de eso, sólo le divertía el juego de no tener lo que quiere y por ende tratar de conquistarlo. Debía tener siempre en la mente que era un ser cruel y despiadado, que guardaba oscuridad en lo mas profundo de su interior, pero sabia que todo mal en la sangre tiene una raíz de dolor y de impotencia, para adentrarme en ella, debía dejarme arrastrar por los nauseabundos mares de su conciencia, hacerme el muerto quizás, cuando obtuviera esa delicada arteria, la retorcería hasta que provocara la muerte de ambos, como un nuevo juego: quien derrumba primero a quien.

Leería el informe que decía quien era Gin Fujiwara mientras cenábamos, pero hasta entonces, me acerqué con cuidado a Gin y deslicé mis dedos por sus labios, pellizcándole el inferior y luego una palmadita en la mejilla.
- Sos muy alto. No llego a besarte.-
Le dije , con una sonrisa insípida y caminando, con el paquete en las manos aún, hacia uno de los comedores. Le indiqué al servicio que prepararan sopa para el Señor Fujiwara pero que no se olvidaran de ponerle la carne en trozos. En Alemania una sopa sin carne, era caldo para pobres. La cena iba a ser en luces bajas, no porque la comida estuviera envenenada ni ninguna otra burrada, si no porque mi creencia era que el ritual de la cena se saboreaba mejor cuando la vista no nos impedía prejuzgar nuestro plato. Olfato, gusto, el tacto del paladar, eran como hacer el amor con la luz apagada.
- Temo que lo que buscas está adherido a un órgano muy complicado, si queres sacar la Nigram Clavem vas a tener que extirparlo, pero me voy a morir antes de que puedas disfrutar torturarme con eso. Sin embargo…-

Dije abriendo el paquete con sumo cuidado, vencido por la curiosidad mientras llegaba a un amplio pasillo que desembocaba en un comedor para 5 personas.

-…No voy a cometer el error de subestimarte de nuevo, te creo capaz de todo, es por eso que deberé tomarme el tiempo de estudiarte Gin Fujiwara, cosa que voy a empezar a hacer en una hora…-

Detuve mis palabras al ver que el paquete contenía una joya. Un brazalete de oro puro a juzgar por el peso y lo oscuro, con labrados extraños. Lo levanté y lo examiné con cuidado, buscando micrófonos o cosas mas raras en él, sin éxito. Ahora me sentía confundido, por ende, lo miré desconfiado unos instantes.
En un momento de vulnerabilidad, me hubiese sentido perturbado y me hubiese carcomido la cabeza como aquella noche en la que lo conocí. Ahora que quería gobernar el mundo pero primero comer algo, no se me movió mas pelo que el vello del desconcierto.
- Es muy halagador Gin, con un anillo de compromiso hubiese sido suficiente.-


Me burlé acercándome al peligroso radio de su alcance y frotando el brazalete contra su enorme y alto pectoral. Cada vez que osaba acercarme, la adrenalina se vertía en pequeñas dosis sobre mi piel, sobre la sangre. Saber que podía hacerme pedazos con sus manos y aún así no lo hacia, me provocaba algo parecido a la comida. Excitación.



Invitado
Invitado


Volver arriba Ir abajo

Re: El Aquelarre (privado Gin)

Mensaje por Invitado el Vie Mar 23, 2012 4:25 pm

Le admiró por unos segundos desde su altura. Le parecía tan frágil, tan excesivamente vulnerable detrás de esos ojos congelados, inertes y esa boca envenenada que sólo pronunciaba sarcasmos e ironías. En definitiva, hubiese querido abrazarle con suavidad. Quizás era sólo eso lo que Engel necesitaba para romperse en mil pedazos. Gin estaba prácticamente convencido de eso cuando tomó una de sus manos con sutileza, llevándola cerca de sus labios.

-Me ponés una pared de granito, una y otra vez. Coqueteás, sólo para darte cuenta de que fuiste muy lejos, y arrepentirte buscando la palabra más hiriente que encuentres en tu astuto vocabulario. Simplemente, me invitás de una forma infantil y poco pulida a que te pregunte, a que me interese, a que te arrebate de un zarpazo toda esa brea que corre por tus venas…-. La voz oscura como un infierno dantesco e igual de calurosa, calentaba los dedos blancos como el marfil, finos como los de un pianista. Sus ojos, escondidos tras ellos, parecían en definitiva, estar mirando lo que no puede verse, esa cuota del espíritu que sólo los que han tenido encuentros con la Muerte pueden ver…

-Si rebusqué en tus archivos, es porque sabía que esa muralla negra que te cubre hubiese rehuido a la pregunta. Quizás porque hubieses sentido tu orgullo herido, quizás por el mismísimo miedo a que alguien se meta tan dentro tuyo que sea capaz de destrozarte… -. La lengua viperina lamió la punta del dedo índice antes de dejar que cayera de su agarre. –En definitiva, yo no tengo secretos… mi vida es tapa de cualquier revista, de cualquier expediente de juzgado…-. Sonrió con desgano antes de darse la vuelta y admirar la amplia biblioteca del estudio. –Muy probablemente mi cara haya aparecido en “Bad boys” después de que asesiné al Primer Ministro de Japón… Sin embargo, deberás preguntar por los detalles sucios, mi cielo. Puesto que esos no aparecen, ni aparecerán en ningún registro… como te dije, las ovejitas negras, tenemos ese privilegio…-. Sabía perfectamente lo que estaba diciendo, no estaba exponiendo nada que le fuera a perjudicar. Estaba tomando, como siempre, las riendas de la conversación. Si lo iban a exponer, él sería el Fiscal que presentara el último argumento. Bien sabía que estaba tratando con un hombre que tenía los mismos, o más medios, para descubrir el 90% de su vida y olisquear en el porcentaje que quedaba.

Los zapatos de taco de madera hicieron ruidos secos cuando sus pasos lo llevaron a un cómo sofá en donde se dejó caer para contemplar por unos segundos a la bella criatura, frágil y delicada como una muñeca, pero quizás tan letal como una araña. Una pequeña y de bellos colores, repleta de veneno. Parecía una dama, una de esas bellas geishas que él había tenido el gusto de conocer, las antiguas, recatadas y que no se vendían más que a una persona que sería su protector, hábiles en las artes de la conquista y el entretenimiento. Engatusadoras. Sonrientes aunque les doliera el alma.

Dejó que su cabeza reposara sobre sus dedos mientras una sonrisa suave le adornaba lentamente el rostro, como cuando uno observa por mucho tiempo una obra impresionista y descubre ese único detalle que las hace merecedoras del mejor lugar en un Salón. –Sos bello, Engel. Tenés poder y encanto. Una lengua afilada. Inteligencia suficiente como para destacarte en tu clan. Qué es lo que te falta? Qué es lo que no te deja dormir por las noches y hace que tengas que seguir una rutina de pastillas? Qué es lo que hace que mi potencial socio pueda perder los estribos y destruya a la mitad del planeta, dejando en asquerosa miseria al resto?-. Y con esta pregunta, su cabeza se hizo hacia atrás al tiempo que sus ojos se cerraban.

Los olores familiares le quemaban la nariz y lo intoxicaban, quizás estaba hablando demasiado, pero se sentía cómodo. Casi en igualdad de circunstancias. Muy probablemente pagaría cada error que estaba cometiendo, pero a estas alturas no le interesaba. La vida estaba para ser vivida, para retorcerse en ella, coquetear con la muerte, y si ella ganaba la pulseada, desangrarse como en la mejor película de Hollywood y tener un final bellamente catastrófico.

-Hubieras deseado una alianza?-. Susurró por lo bajo, pero sabiendo que Engel le escuchaba. –Vos que sos de ir al matasanos de la psiquis deberías saber que Freud decía que en toda broma o error, existe siempre algo de deseo, de querer, y de verdad. La próxima, te lo traigo…-.


Invitado
Invitado


Volver arriba Ir abajo

Re: El Aquelarre (privado Gin)

Mensaje por Invitado el Vie Mar 23, 2012 5:14 pm

Juré ante el propio fantasma de El Cielo que iba a estudiar a Gin Fujiwara hasta encontrar la arteria negra que emanaba ese aliento insano que consumía mi fortaleza. He de prometer y gravarme entre los dientes, que iba a superar y a controlar a Gin Fujiwara, y cuando estuviese en mi plato, lo devoraría para que mi cuerpo se uniera a la metamorfosis de su implacable personalidad, fusionándome y así poder ser uno los dos, disfrutando vagamente, cuando estuviese sólo, de saber que el lobo estaba aprisionado en la cárcel de mi mente y de mis venas, sacudiéndose rabioso con espumas colgando, violenta su impotencia, sórdida su frustración.
Mientras pensaba aquello, me acerqué a él, paso a paso, para sentarme en sus piernas y llevar mis manos a sus cabellos, recorriéndolos, desparramándolos para masajear su cuero cabelludo, como buscando algo que había perdido mientras miraba a sus orbes, teniendo que parpadear para que el calor ardiente que salía de su cuerpo no quemara mis pestañas.

Freud decía muchas cosas, es cierto. También decía que ser homosexual era un error, una enfermedad de la sexualidad, y también creía en el machismo. No tomaba pastillas para frenar mi homosexualidad, pero supongo que Gin ya sabia por que las tomaba, al saber el nombre de las monodrogas. Estaba buscando hilarme fino para poder agarrarme de algún lado y desgajar, tirar, desgarrar. Mis manos pequeñas y finas tocaron sus hombros y los apretaron, comprobando algo, mis dedos viajaron por su cuello y sus hombros y finalmente me acerqué mas a su rostro, sin besarlo ni osar hacerlo, sólo mirando en el fondo de sus pozos imponderantes como dos lagos, succionadores de emociones.

- Hablando de psicología y de los mecanismos de defensa de mi mente. Te acordás de los mecanismos psico-somáticos?.-
Le pregunté en voz baja, acomodando mis glúteos mejor sobre sus piernas, mucho mas duras, grandes y fibrosas. Mi dedo viajó por su cuello y las venas sobresalientes, por la nuez a la que dejé un bocado suave y después apoyé la sien sobre su mentón.

- Debes de tenerlo presente…bueno, vos no, pero tu cuerpo si. Se tensa porque recuerda algo, tiene una memoria propia, una memoria sensitiva, pero tu mente está en otro lado. Tengo tanta curiosidad… que será? O mejor dicho, siendo tan arrogante, seguro, planificador, detallista, impecable, temerario, calculador y frío, tan astuto, como es posible? Ha de haber sido algo muy profundo para dejar ese estigma de reacciones en tu cuerpo.-

Decía mientras mis labios se posaban en su mejilla y su mentón, frotándome en su piel, como si pudiera absorber energía vital, como si pudiera ser parte de esa memoria física.
- No es culpa no, la culpa no tensa sentidos, la culpa suele transformarse en úlceras. No es miedo, no es pesar, no es un descuido. Debe de ser algo que hiere tu más preciado bien, tu orgullo? Tu enorme y espectacular ego? Algo que se salió de control quizás?. Lo hecho, hecho está, pero entonces, por qué lo hiciste?.-

¿Por qué lo hiciste Gin Fujiwara de Japón?.



Me puse el brazalete en el brazo, desviando el rostro, alejándolo de su cercanía para mirar cómo me quedaba. De seguro era un juego de esclavitud mental o esas cosas, no importaba, estando en la intimidad de mi casa, lo usaría. Podía darme el lujo de subestimar un brazalete?.
El aviso impersonal de uno de los hombres grises anunció que la cena estaba lista y que pasáramos a donde debíamos, así que me levanté y me alejé de Gin, acariciándome la mandíbula y perdiéndome camino a la cena.


Íbamos a sentarnos frente a frente, con luces bajas. En mi lado, había un palto con carne especiada y horneada de un bello y jugoso color. Una copa de vino francés y la carpeta roja con el nombre de Gin Fujiwara. Del lado del lobo, estaba la sopa cremosa en el fondo, el caldo liviano arriba, humeante, con trozos macerados y muy tiernitos de la misma carne. Las especias debía elegirlas él, por lo que le habían dejado los frasquitos de cristal al lado del palto, con una serie de cubiertos protocolarios.

- Adelante, sentate, sentite como en mi casa…-

Le sonreí, tomando asiento y pensando mi siguiente movimiento.


Invitado
Invitado


Volver arriba Ir abajo

Re: El Aquelarre (privado Gin)

Mensaje por Invitado el Vie Mar 23, 2012 5:42 pm

Los dientes afilados de ese lobo rabioso se mostraron implacables cuando una carcajada se hizo presente ante las suposiciones de Engel, al tiempo que se levantaba para seguirle el camino hasta el comedor puesto, como era de esperarse, con el mayor de los protocolos diplomáticos. Cubiertos aquí y allá, mantelería, servilletas, etc, etc, etc. Volvió a carcajear recordando esas suntuosas cenas con mamá y papá, sin hablar una palabra, como si fueran extraños. El abuelo ceremonialmente encabezando la mesa.

Se desparramó en la silla y observó el sinfín de cubiertos de plata, labrados con hermosas águilas. Un movimiento involuntario hizo que tocara su Luger, como si esperar que no estuviera ahí, que el símbolo de la esvástica hubiese desparecido. Pero estaba allí, dura, fría y letal como siempre. Apenas y apoyó las muñecas sobre la mesa esperando que su acompañante tomara asiento. Al parecer los sirvientes de Engel conocían las tradiciones de los nipones. La carne cortada en tiras, el caldo suave pero aromatizado, algunas verduras y los fideos de arroz. Su humor era muy bueno, se sentía casi a gusto, si no hubiese sido por esa vocecilla que le decía que se estaba metiendo más de la cuenta en la cueva del oso. Sus ojos se volvieron a afilar, notando la carpeta roja, espesa, con su nombre. Tomó los palillos que habían puesto exclusivamente para él y le dio el primer bocado, sin esperar al otro. No estaba acostumbrado a esperar a nadie.

-Ya te dije que no tengo problema en contarte nada de lo que está en esa carpeta o cualquier otra cosa que se te apetezca saber-. Sabroso. Se deshacía en la boca. –Y para ponerte en rumbo, no es el asesinato de mi abuelo lo que tensa mis músculos. Como te dije, no me arrepiento de nada de lo que he hecho hasta ahora. Son las acciones de los demás. Eso no se puede controlar. Podés manipular, podés corromper la mente, pero al fin y al cabo el libre albedrío puede jugarte una mala pasada… Es inevitable…-. Sonrió antes de volver a llevarse la comida a la boca.

Las noches de lluvia, los caldos, la noche oscura, las sábanas de satén y el acolchado de plumas de ganso. El hombre con pulcros guantes blancos que le tomaba la fiebre. La puerta que no se abría. La esperanza rota. El gusto por la sangre. El gusto por el dolor. La satisfacción de poner sal en la herida. Un beso. Un primer beso. Otra vez la oscuridad y el repiqueteo de los cartuchos cayendo en el suelo. La primera vez en cama con otra persona. El estudio. Los logros vanos. Todas esas sensaciones se agolpaban en esa sopa. Por eso la había pedido.

-Dale a tu cocinero mis felicitaciones… esto es casi tan bueno como la comida en Japón…-. Sonrió. Estaba a gusto. Se estaba relajando como cuando la fiebre menguaba y los delirios del calor cedían y él podía dormir. Uno de los hombres de gris puso sake en el pequeño recipiente enano. Y luego, Gin miró a su alrededor. La penumbra que escondía los tintes rojizos de la habitación, haciéndolos de un borgoña profundo, la madera de roble, y los chisporroteos de una chimenea a leña. Volvió la náusea, pero la controló. Era complicado para él sentirse acogido. No era dolor. Era malestar. Algo que aún resuelto, a veces lo atajaba de improvisto.

-Y bien…?-. Dijo recompuesto. –Qué te gustaría saber?-. Sus dedos buscaron el sake y el contenido desapareció filtrándose por su garganta, quemándole suavemente. –Ya he roto varias reglas en esta sola velada, una más no va a hacer mella…-.

Invitado
Invitado


Volver arriba Ir abajo

Re: El Aquelarre (privado Gin)

Mensaje por Invitado el Vie Mar 23, 2012 6:15 pm

Cómo debía abordar a ese hombre? Tarea para el hogar.
La verdad es que sentía mucha curiosidad por ello, de manera que quería seguir repitiendo la pregunta mientras cortaba un trozo de carne y me lo llevaba a la boca, pero esta vez, para ese plato, no hubo una expresión de placer o sabrosidad, sólo cerré los ojos e inspiré profundo, como si pudiera sentir el hierro y las proteínas colarse hacia mi sangre, sacándome casi una sonrisa de…satisfacción.

- Las pastillas, son para poder dormir, y por que tengo brotes sicóticos. Distinto de voz, que sos psicópata y lo disfrutas, yo soy sicótico, y no lo disfruto si tengo que hacer negocios Igualmente, sigo tratamientos alternativos y estoy proximo a curarme, pero volviendo al punto inicial….-

Sonreí mientras veía que me traían la cápsula. Usaba cápsulas y no “pastillas” por que de esa manera podía abrirlas y comprobar que eran los mismos componentes de siempre y no estaban alteradas, contrario de las píldoras, que pueden ser extractos de cualquier otra cosa.

- Quiero saber eso Gin, por qué lo hiciste. Quiero…como decirlo… wie der ausdruck...- Susurré para mi mismo, mientras tragaba mi carne y mi derrota en intentar algo en él. Era cierto, er aun infante sin pulir, tal vez deberia de tomar otro camino. El problema era que con Gin, habia que arrastrarse e ir a tientas por la oscuridad.
No tenia problemas en manejar escollos de su pasado, entonces en donde debia buscar?. No...los psicopatas son mentirosos profesionales, en sus bocas se pierden muchas verdades inmunes y camufladas, pensadas como mentiras. Tan bueno sería que me habria mostrado su rabo y no habia sido capaz de distinguirlo?.
No aún. Tal vez debía picarlo en el orgullo...lo vería mas tarde. Saqué de un pequeño cofre diminuto, la última cápsula del día, y me la tragué con un sorbo de vino.

- Ha, como fue ese instante? Qué se sintió?.-

Pregunté alzando brevemente la vista para mirarl al preguntarle, como si hablaramos de un negocio o de como estuvo el partido de la seleccion. Personalmente, seguía a mi gërat querido a todas partes en las que jugaban. No festejaba goles, pero si me enojaban y decepcionaban las derrotas de la Selección Alemana.
Refiriendome al momento del asesinato del abuelo, queria saber qué palabras usaría para describirlo. No puedo imaginar cómo sería esa persona, pero el morbo residía en la adrenalina del momento y los minuts desesperados, como uan cuenta regresiva.
- Lo mereció?...-

Volví a preguntar, llevandome otro bocado a mis labios y cruando los dedos , en los que apoyé el mentón. Desvié mi vista entonces a la carpeta junto a mi, para mirarla. No queria que Gin se sintiera el centro de atracción de mis miradas, asi que me dediqué a leer. La idea de la Alianza, habia que tomarla con pinzas, pues el lobo albino no haría nada si no era en su propio beneficio. Lo mío eran las armas y no más, pero qué podia sacar yo de Gin? Los rumore sno fueron silenciados a tiempo sobre el Bebop y ahora habia presion por parte de la cúpula negra de la corporación, pero eso realmente no importaba.

Habia recordado la razón de porqué estar en donde estaba, no podia interesarme lo que se decía de mi o no. Entonces, el lobo se convertía en una herramientra traicionera del mal para llevar acabo algunas planificaciones. Repartía droga, no era de las mejores drogas, perla clave de su negocio, estaba en el carácter para manejar la distribucion, la publicidad ,y la clientela frondosa. Gin no era un narcotraficante por que le gustaba freír cerebros, Gin era narcotraficante por que aspiraba a uan cuota de poder mucho mas ambiciosa, al menos esa era mi primera conjetura. En cuanto al poder, yo no deseaba el poder absoluto, si no el poder que me permitiera estar lúcido y cumplir con mi promesa a Mitziyeh pero...estando cerca de él, caería en la tentación?. Era un hombre noscivo, pero a regañadientes debia reconocer que me interesaba. Que masoquista soy ....







Invitado
Invitado


Volver arriba Ir abajo

Re: El Aquelarre (privado Gin)

Mensaje por Invitado el Vie Mar 23, 2012 6:55 pm

Por un instante se vació. Completamente vacío… inmune, si se quiere a cualquier elemento externo o interno. Como una coraza invisible que recubre cualquier elemento de personalidad. Los palillos se acomodaron en la apoyatura de porcelana y la servilleta tocó sus labios con suavidad, dejándolos tan pulcros como su conciencia. Los ojos parecían grises, opacos, sin el más mínimo destello. No estaba cavilando, estaba eligiendo las palabras.

-Estaba relajado…-. Dijo al fin. –La peste subía a mi antojo, la guerra que se avecinaba me daba todo el poder de Japón. Todo pasaba a través de la podredumbre que había forjado, y era su titiritero en las sombras. Y el mayor deleite era estar cubierto por las mismas personas que querían destruirme. Al hacer la vista gorda, se habían revolcado en la mierda pensando que eran rosas-. La malignidad se filtraba en cada sílaba, como si una serpiente le estuviera dictando las palabras. Estaba en el momento, lo sentía en el paladar y lo impulsaba a deleitarse y sentirte ligeramente excitado. Como si esa adrenalina le corriera el cuerpo otra vez. Sentía la sangre del delirio en la cabeza y añoraba la sangre. –Recuerdo lo frío que estaba al Eagle… lo brillante que se veía debajo de la pequeña luz del velador… Fue entonces que sentí el olor a viejo, el ruido de la puerta, y mi abuelo meterse en mi despacho como si hubiese sido invitado. No le odiaba… era simple indiferencia a alguien que había planificado un futuro que yo no quería seguir. No me interesaba en lo más mínimo convertirme en un político de bien-. Una risita entre dientes hizo las veces de separador y le dio tiempo de sorber un nuevo trago de sake.

-Era un pobre viejo que creía en las personas… que creía en la familia. Me pidió que me entregara a la policía, me dijo que tendría un juicio justo y que sólo me juzgarían por los asesinatos. No lo sé. No le estaba escuchando realmente. Sentía las sirenas en algún lugar perdido de mi cabeza, pero lo que más me molestaba era el hecho de que ese viejo de mierda que había encubierto todo lo que había hecho, ahora me pidiera con una amabilidad puramente japonesa, que me entregara. Y se atrevió a darme un cachetazo cuando comencé a reírme!-. Indignación, sus ojos se llenaron de una indignación profunda y oscura. La mera falta de respeto lo había enloquecido.

-Para ese momento era el jefe criminal que dominaba cada clan de yakuzas de Japón, y tenía una fuerte alianza en Hong Kong…-. Hizo una pausa con suavidad y por un segundo su ira se aplacó. Hong Kong se había convertido en la querencia más absoluta, más que Japón o incluso su propia mente.

-En definitiva, tenía más poder que él. Pude haberle matado antes y no lo hice, ese fue mi error. Dejar que tuviera l sensación de que aún me dominaba… fue exquisito ese segundo donde vio que el arma se levantaba en su dirección, y la expresión de su rostro cuando la bala por fin impactó en su frente. Soy un gran tirador…-. Comentó como s se tratara del tiempo. –Me aseguré de no haber fallado, y volví a darle otro disparo en el corazón, mientras tendido en el piso de madera, la sangre se desparramaba como un manto de seda… fue sublime, encantador… Fue agobiantemente sensual…-.

Tomando otro trago de sake, volvió a clavar la mirada en Engel. El azul del mar, igual de bravo, había recobrado la compostura y le sonreía tentador. –No soy Dios, no soy quién para decir si se lo merecía o no. Simplemente los eventos le llevaron a ese final y yo fui su verdugo. Punto final…-. Se levantó lentamente del asiento, dejando la servilleta a un costado del tazón chino, y caminó el espacio hasta Engel, y parado a su lado tomó su mentón con delicadeza para que le mirara. –Lo demás fue fácil… escapar de Japón me costó sólo una hora. Eso debería estar en tus archivos…-. Y agachándose lentamente depositó un solo beso en la comisura del labio, como cerrando un pacto mudo. Gin le había entregado parte de su vida. No confiaba, no. Simplemente se lo regalaba como había hecho con el brazalete. Estaba volviéndolo parte de sí, envolviéndolo en su gravitatoria podredumbre.

-Puedo contarte miles de historias, puedo darte todas las lleves que te apetezcan a mi dolor, no las oculto, las disfruto. Disfruto viendo cómo tratan de destruirme, de hacerme añicos, pero ese don…-. Sonrió casi sobre los labios de Engel, saboreando el gusto de la comida. –No sé si alguien en esta tierra lo tiene… Serás vos es que me haga retorcer entre tus pequeñas y frágiles manos, hasta que pida piedad? Estás preparado, realmente, para ese logro? Muero por verte tratar…-. Quizás era cierto. Quizás era lo que había estado buscando desde que se dio cuenta de que tenía el mundo a sus pies.

-Devorame entero, te lo estoy pidiendo…-. Y con la misma suavidad con la que lo había tomado, volvió a erguirse tomando aire y apoyándose sobre el borde de la mesa.

-Sigo pensando que sos increíblemente bello…-. Murmuró con una pequeña sonrisa en los labios.

Invitado
Invitado


Volver arriba Ir abajo

Re: El Aquelarre (privado Gin)

Mensaje por Invitado el Vie Mar 23, 2012 7:32 pm

Figura musical redonda blanca que marca cuatro tiempo, la negrita de un tiempo baja por el pentagrama y marca el punte de fondo. Me recuerdo a mi mismo en mis prácticas de violonchelo junto a la ventana nevada. En esos momentos la mente se vacía y sólo queda la música de mi corazón, unas notas oscuras, constantes pero sutiles, que viajan desde la raíz de mis cabellos hasta las yemas de mis dedos. No miro las cuerdas, no miro el arco, pero puedo sentir como la melodía sale desprendida y se estampa en la ventana, buscando escapar. El instrumento grita, o soy yo el que grita sin abrir los labios. En esos momentos, me atraviesan extrañas sensaciones, al tiempo que puedo ver por la ventana el asesinato relatado, como una sombra en un mundo paralelo, como un testigo mudo y atemporal de los hechos que nos dan vuelta los planes de la vida, que vuelcan la carroza de planificaciones, poder y análisis.

La sangre cae mientras la mente comienza a perder la noción, por falta de oxígeno. La sangre corre como el sufrimiento, se va extirpando toda culpa y todo pecado mientras fluye el manantial de hemoglobina. En el suelo, un minuto antes de morir, el ser humano mas ruin se convierte en un ser cualquier frente a Entidades Supremas. Su dolor es el dolor de todos, su angustia, la angustia de todos. Sus ojos solo expresarán el miedo mas humano y mas primitivo al sentir que se cruzan los umbrales de la muerte. El calor se deslizará por las manos y por los labios, el éter, será un bocadito radiante que abandonará el cuerpo mientras agoniza en el suelo. No hay vuelta atrás y entonces sobreviene el espectáculo de la transición de la vida, de ver como un ser humano abandona el mundo de los vivos y se convierte en una historia perdida.
Esa visión extraña se corta cuando siento que se levanta y camina hacia mí, besándome cerca de los labios, los que se fruncen y se aprietan, hostigados.

Pero no moví mis ojos de lugar y me obligué a dejarlos inertes en donde estaban, a pesar de que apreté los puños. ¿Cómo podría entender éste lobo, que yo sí creía en misticismos? ¿ Como podían entender sus crueles y sensuales labios lo que era besar una piedra fría y caer en la cuenta de que jamás se vencería el hechizo?.
Cuando yo besé esa lápida, mis labios se apoyaron despacio, como él lo hizo, en alguna parte de mi ser, esperé que sucediera algo extraordinario, pero eso nunca pasó. Después de ese único y torpe, inexperto gesto de amor que tuve, la lápida siguió siendo lápida. Cuando uno toca aquello frío y oscuro con los cálidos dedos, debe aceptar, por mas duro que sea, que lo que haya bajo la tierra no volverá. En un arranque de desesperación, en mi primer brote de psicosis, cavé y cavé esa tierra negra e infértil con mis dedos hasta pelarlos, sintiendo el miedo, SU miedo a la oscuridad, desesperándome por librarlo de ello.
Pero no pude. Mis lagrimas cayeron, pero no pude hacer nada más, con dolor o sin dolor, la tierra seguía fría y nada salió de ella. Ya no podía llevarlo dentro de mi, ya no podía recuperar el resto de mi persona. Cómo decirle a un pedazo de concreto lo que me atenazaba por dentro?. Era ridículo. Creo recordar que grité mucho, hasta que la saliva se me cayera de puro arrebato, jurando y perjurando, golpeando, explotando y enterrándome los dedos en el pecho como si pudiera cortar las arterias y extirparme el corazón.

- En aquella ocasión juré….-
Seguí mis pensamientos en voz alta, sintiendo que apretaba mi maxilar y que me resistía a otra demostración de lástima contra mi piel, negándole mis ojos, negándole mi semblante y apretando los tenedores en mi mano hasta que los nudillos se pusieron blancos.
- … que nadie volvería a verme como un puberto débil y atractivo, fácil de …- Me limpié la comisura de los labios como si Gin hubiese puesto en mi cara, algún veneno que e turbaba los pensamientos. Desde aquel día comencé con las pastillas.- Desde aquel día en el que juré que no permitiría que otra persona más se burlara de mi. La carne de mis enemigos sería mi carne, se fusionarían conmigo.-

Desvié la turbada e iracunda vista al jefe del servicio, que respondió a mi advertencia de que prendiera las luces para ver mejor nuestros platos.

- Yo no me creo Dios, pero si creo ser un ferviente seguidor de sus enseñanzas. Al igual que la Diosa Kali, al igual que Neptuno, cada vez que un enemigo osara subestimarme, pretendiendo cubrirme de lástima y pateticismo, haciéndome perder el tiempo, metiéndose en mi camino, yo no sólo lo derrotaría, si no que, si valía la pena su leyenda, lo devoraría y así mi sangre tendría sus virtudes y su esencia. Verían el resto de su eternidad detrás de mis ojos, como en una enorme prisión. Jamás volvería a decaer, mientras supiera que muchos enemigos viven su propio infierno consumiéndose en mis entrañas…me volvería su castigo, su verdugo, y cuando yo muriera, ellos finalmente descansarían en paz. Por eso…- Miré mi plato y poco a poco volvía ser yo, la capsula hizo efecto.
- Espero que hayas disfrutado el caldo del Sr. Bryan Kingsley. Vino aquí pretendiendo condenarme y exponerme con sucios secretos familiares. Lo admiré mucho, muchísimo por su dedicación, su forma de pasar desapercibido, la dignidad con la que se mantuvo a pesar de que vos arrasabas con sus negocios. Un rival digno de admirar y por eso, ahora su carne yace en mi estómago y en el tuyo. Tomemos de su ser lo que más nos sirva.-

En nuestros platos, la carne venosa, nutritiva, cargada de proteínas humanas, flotaba ahora tibia de nuestros platos. Su sangre había sido el perfecto y exquisito condimento, el elixir de la fortaleza. Su carne, el complemento que mi ser necesitaba para seguir adelante, tranquilo de saber exactamente en donde estaría mi rival.

-Te admiro Gin...-


Invitado
Invitado


Volver arriba Ir abajo

Re: El Aquelarre (privado Gin)

Mensaje por Invitado el Lun Mar 26, 2012 4:36 pm

Gin ladeó levemente la cabeza. Escuchaba la suave brisa que era en ese momento la voz de Engel que poco a poco se convirtió en viento huracanado. Realmente no entendía si lo que acababa de hacer había sido tomado como una humillación o si simplemente estaba despotricando contra algún molino de viento que le perseguía. Una grieta más en la pared.

Su peso reposaba delicadamente en la palma de su mano, apoyada contra la mesa, mientras sus ojos recorrían la anatomía del ángel macabro. Una mueca de satisfacción recorrió su rostro de piedra al entender que se había comido a su enemigo. Un tabú menos. Casi se sentía como un guerrero bárbaro, al final de una conquista, que siguiendo el ritual había devorado los dones de su digno adversario. Pero, las palabras continuaban, más allá del festín onírico del lobo plateado, y éste no perdía el hilo. Como si de dos realidades se tratara, él en el trono y él en la cruz, siendo acribillado por punzantes espinas, y largas lanzas, comparándolo con ese que yacía en su estómago. Espero tranquilo, a que el torrente de mierda terminara por salir. En definitiva, eso era lo que quería, que la criatura gélida se derritiera y comenzara a tener deliberados quiebres en su personalidad. Por un segundo, él era esa mirada indiscreta y fugaz en la oscurecida alma del Dios de la Guerra.

Guardó unos segundos se silencio antes de hablar, centrando su atención en el anillo de rubí que tenía en el dedo índice.

-Sólo ante el caso de que me hayas malinterpretado quiero aclararte algo. Mi meta es tan simple como mis gustos. No pretendo nada más conocerte. Si la humillación deviene de eso, es simple daño colateral…-. De un empujoncito estuvo sobre sus pies de nuevo, caminando como fiera enjaulada por la habitación, quedando deliberadamente fuera del alcance de la vista de Engel. –Verás, poco me interesa qué descubra, o si eso puede o no ser utilizado en tu contra. En el camino, muy probablemente encuentres cosas mías que hagan que me retuerza de dolor, o que mancillen mi honor desde las bases. En definitiva, no he tenido una vida muy pulcra que digamos-. Aún en la habitación encendida por candentes luces Gin parecía encontrar esos rincones a donde no podían llegar. Sus ojos simplemente vagaban de cuadro en cuadro, recorriendo rostros duros y alemanes.

-Verás, toda mi vida es un puto juego. Coquetear con aquello que puede derrumbarme se ha vuelto el deleite más grande en esta existencia desastrosa y sin sabor-. Un colmillo se filtró bajo el labio fino, a modo de sonrisa. – No creo que seas patético…-. Sentenció colocándose en la estufa mirando cómo las llamas se comían la leña, y ésta cedía roja y caliente ante esa fuerza elemental.

-Es más, creo que deberías saberlo a estas alturas. No pretendo que mi fama me anteceda, pero si hubiese pensado que eras un simple duendecito ario, patético y bello, te hubiese roto el culo en el Bebop, te hubiese tirado un buen fajo de billetes a modo de cordialidad y nunca más hubieses sabido de mi-. Se dio la vuelta, amenazador, y sus cabellos brillaron en un rojo profundo al hacerlo. –Si dije que pensaba conocerte, es porque supe en el mismísimo momento en el que te vi, que eras mucho más de lo que decían tus archivos, supe que debajo de ese pedestal de piedra fría que mostrabas había un intrincado laberinto de horrores y sufrimiento, se sentires frustrados, de venganzas sin pagar. Sabía que tenías cierta vitalidad inestable que te hacía impecable. Es por eso, y no por tu figura que creo que sos hermoso-. La silueta avanzó con gatuna elegancia, suave como un vampiro, como si sus pies no fueran capaces de tocar la alfombra y se deslizara, casi levitando. Una mano en un apoyabrazos y la otra en el contrario. Su rostro casi metido en el de Engel.

-¿Me admirás? O sea que básicamente ¿yo también voy a terminar en tu vientre?-. El rostro de Gin comenzaba a desfigurarse en algo que no podía ser nombrado. Algo extraño y oscuro. – ¿y exactamente por qué? Decime, carajo, ¿por qué mierda soy merecedor de que el gran señorito Engel de la casa de los Feuer me trague como si fuera una lauchita?-. Las manos que aprisionaban los trabajados apoyabrazos de madera, se cerraban sombrías. –Intentá, te reto a que lo intentes, a que te des esa ñata que tenés bien contra el cemento. La defensa de cualquier ataque es lo que me ha mantenido con vida, soy un experto en derribar oponentes. Así que dale, resquebrájate la psiquis tratando de idear el plan que me haga caer. Humillate solo. Me pregunto si lo que tenés es miedo a que alguien te hurgue tan profundo. O quizás sea el simple hecho de que alguien se interesa en vos. No estás acostumbrado a eso, ¿no? Ya no sabés lo que es el intercambio social por el mero placer de hacerlo, ya no sabés cómo contestar, qué decir o no decir… te aterra el hecho de que pueda llegar a quedarme con eso que guardás tan celosamente: esa alma que nombrás muerta, pero que sin embargo te hace llamar SU nombre por las noches… Devorame, si podés…-.

Gin había notado cómo los sirvientes se habían reunido a su alrededor con cautela, precavidos de que el invitado fuera de despanzurrar a su fuente de ingresos, pero no le importó… por unos segundos siguió clavando esa mirada asesina en los ojos esmeralda que parecían no tener emoción. Finalmente se apartó, moviendo apenas la silla y chasqueó con la lengua…

-¿Qué hay de postre? El culo de Margaret Thatcher?-. De reojo, volvió a su asiento y apoyando su mentón en el dorso de la mano esbozó una efímera sonrisa.

Invitado
Invitado


Volver arriba Ir abajo

Re: El Aquelarre (privado Gin)

Mensaje por Invitado el Lun Mar 26, 2012 5:47 pm

Durante 3 eternos minutos, estuve en la misma posición en aquella silla. Con la cara en dirección al horizonte, con los ojos imperturbables como si hubiese muerto de un ataque cardíaco ahí sentado en mi trono.
Fueron tres minutos los que me costó volver a mi estado normal, dejar pasar ese remolino de emociones violentas que atenazaron mi ser cuando Gin derribó mis suposiciones con su penumbrosa voz. 3 minutos en los que giré la cabeza, para no mover los ojos, y miré al costado, la cajetilla de capsulas.
Iba a tomarme la de emergencia, la verde esmeralda, la rápida y segura para poder mantener el control sobre algo tan inestable como era yo.

Pero no lo hice.

Retiré suavemente la mano de la cajetilla y le indiqué al servicio, que se retiraran todos, que quería estar a solar con el señor Lobo. El nanochip haría su trabajo si estaba cerca de la muerte, quería intimidad absoluta con el Mr. Cuando no hubo mas seres vivos en aquella sala a excepción de nosotros dos giré mi cabeza hacia el señor Gin Fujiwara que yacía sentado en cercanías, luego de haber abierto una compuerta en mi mente que dejó mi rostro atemporal y neutral.

- Querés saber porqué fue que te llamé Gin?-

Levanté el dedo índice sin inmutarme , para que no contestara la pregunta, por que la respuesta era obvia y mis intenciones, capciosas. Me levanté lentamente de mi lugar y caminé hacia una ventana, metiendo mis manos en los bolsillos del pantalón. Cómo explicarle a una persona ciega los colores? Como explicarle a un escéptico el valor del misticismo? Como explicarle a Gin Fujiwara el motivo y la razón de mi conducta?. De una manera quizás demasiado simple, intentándolo. No perdía nada más que tiempo y una gruesa barrera de carbón en mi cabeza.
- No fue para matarte, ni comerte. No me como a alguien simplemente por que lo admiro, de esa manera, mucha gente famosa estaría en mi estómago no te parece?.-
Sonreí, al menos estaba conciente de que lo hice y alcé la mano para sacarme el brazalete que me había dado, depositándolo en el marco de la ventana.
- Lo que vi en voz fue la peor amenaza que mi vida había podido tener. Un enemigo acérrimo, un oponente, una pesadilla, el mayor obstáculo. Sé que me resisto, es una reaccion normal y sabia de mi mente. Pero no puedo permitir que esa reacción se apodere de mi cabeza. Sé que en tus manos está el hechizo necesario para destruirme , y no en los negocios, si no, en el espíritu.
La enseñanza dice, mantén a tus amigos cerca, y tus enemigos más cerca. Sos una prueba en mi vida, y si logro superar todo el daño que vas a hacerme, si logro aprender de tu vacío y de tus habilidades y debilidades, entonces ninguno que venga detrás de vos va a poder conmigo. Me entendés?.
No, no podés hacerlo, por que no crees y yo creo. La mayoría de mis motivaciones te vana parecer estúpidas, infantiles y dependientes porque vos crees en el dinero y en vos mismo, por que es el método infalible para triunfar, porque te vuelve implacable. Pero yo no soy así. Quiero serlo, pero todavía no estoy preparado.
Cómo sería mi vida a través de tus ojos?. Sería muy corta, sería así: Yo tenia un gemelo que regalaron cuando nacimos, hermanos idénticos y con miso derecho llevarían a la ruina a al familia y al negocio hecho sólo para uno. Busqué a mi hermano toda la vida, la razón no te importaría porque no es tangible. Cuando era chico me violaron, mas de una vez, eso me hizo un resentido de la vida. Mi hermano murió por que tuvo una vida miserable y horrible. Entonces yo ahora uso mi dinero y mi vida para hacer sufrir a mucha gente que no tiene la culpa. Ahora me interesa compartir las ganas de repartir miseria con alguien que me puede hacer un miserable más o uno mucho mejor. Vos querés conquistar el mundo por razones materiales, yo por razones emocionales. Le pongo empeño en cosas que vos no, vos pones claras cosas que yo no veo claras. No es perfecto? Lo que no te mata te hace mas fuerte, si no me matás en el proceso, y yo no te mato a vos, seríamos inmortales. Como Sigfrido en la obra de Wagner, que pudo atravesar el fuego porque no le tenia miedo. Ni los Dioses pudieron detenerlo…-


No sabía si Gin escuchaba la música clásica alemana u otros tipos, pero ojala pudiera obrar así de sencillo como lo había relatad. Porqué me resistía a desprenderme de mis emociones?.
-Si no las tuviera, si no tuviera … cuando peor me siento, mejor es la innovación, mejores ideas se me ocurren. El veneno que llevo y que me está matando me inspira a hacer los productos que me hacen exitoso. Es mi esencia, soy el gemelo malo…-


Me pasé una mano por la cara y me sentí liviano y vulnerable como una pluma, tanto que las piernas me temblaron ligeramente y me apoyé en el marco, viendo de reojo a Gin. Estando completamente sólo y sin gente cerca, sólo la oscuridad hecha carne y la que se formaba por ausencia de luz, sentía el epso de toda smis máscaras, incapaz de sostener ninguna.

- ...querés una copa o algo?...-


Invitado
Invitado


Volver arriba Ir abajo

Re: El Aquelarre (privado Gin)

Mensaje por Invitado el Mar Mar 27, 2012 6:25 pm

Una mano fría se deslizó por la fina camisa blanca. La cajetilla brilló y se arrancó el veneno que luego colocó en la boca. La primera bocanada espesa llenó los pulmones e hizo ruido al salir. Los ojos cerrados, los músculos relajados y la cabeza ligeramente hacia un costado, cómodamente apoyada en el respaldo. La posición deshecha le daba un aire despreocupado. Escuchaba la melodía en su voz, el relato casi mecánico. No le satisfacía en lo más mínimo. Si había algo es esta vida que Gin repudiaba era el sentimiento de culpa. Esa culpa mojigata y cristiana, sin pies ni cabeza. La culpa por la culpa misma. El remordimiento que nos vuelve una especie de mártires pecadores, merecedores de la hoguera.

Otra bocanada que lo sumergió en un humo tan negro como su alma. No hubo respuesta a la pregunta. Sólo se levantó y tomó la botella de sake de la mesa. Uno. Dos. Tres tragos. La garganta húmeda y caliente. Los azules orbes que no se posaban en nada y repasaban todo.

- Mea culpa, mea culpa, mea maxima culpa…-. Y una risa atronadora rompió el infernal silencio. –Por mi gravísima culpa, yo pecador, me confieso ante Dios todopoderoso…-. La figura esbelta se giró lo suficiente como para mirar al penitente y reírsele en la cara. –La culpa todo lo mueve, maneja los hilos de cualquier mente y lo justifica para poder dormir tranquilos y no aceptar el verdadero quid de la cuestión. De verdad la cháchara esa te deja respirar un aire más liviano, cuando cada una de esas aspiraciones significa la muerte de muchos por tu mero gusto a la destrucción? Por favor, no me hagas reír…-. El lobo plateado avanzaba bajo las candentes luces que se reflejaban espectrales en su anormal cabello.

Un paso, otro y luego otro. La distancia entre ambos se volvía asfixiantemente escasa. Y finalmente lo apresó entre sus manos, poyadas en la ventana. La cara rabiosa pegada a la del otro.

-Cómodo, adormecido, en tu pequeño mundito de sufrimiento patético mientras la vida se te escapa por entre los dedos como la arena que decís que llevás en el corazón. Levantarse, hacer negocios, destruir algún país de África, comer un bifecito, una pastillita y a la cama, porque de esa forma estoy llevando a cabo la mejor de las venganzas por un gemelo que en la puta vida conocí. Un gemelo en el que deposito las esperanzas de haber tenido algo bueno alguna vez. Noticia de último momento, primor: lo que ves es lo que tenés. No hay ningún espíritu sobrenatural que albergue ese sentimiento altruista del que carecés-. De un empujón se alejó de Engel.

Histérico. Esa era la palabra que definía a Gin Fujiwara cuando sentía que las cosas no encajaban. Sentimientos de frustración afloraban de los jóvenes poros mientras parado casi en mitad de la habitación notaba como el semblante se le deformaba en angustia.

-Me dejo hacer aquí y ante todos, soy el mejor de los mártires. “no señorita, no es mi culpa, sólo estoy vengando a mi mellizo muerto”. Por el amor de Dios! Despertate, hermano, la novela se terminó. En última instancia hacé mierda a tus viejos, a tu clan si querés, convertite en el paria pero… por favor, no me vengas con la cantinela pelotuda de novelita de las dos de la tarde! Darwin lo llamaría “selección natural”, Mengele ”mejoramiento de la raza”. Si tu gemelo hubiese tenido las agallas necesarias habría sobrevivido. Si vos hubiese tenido las agallas necesarias lo hubieses salvado. Si querés hablar de culpa, la culpa es tuya y sólo tuya y en todo caso la cabeza que deberías reclamar es la que está arriba de TU cuello-. Estaba desbocado, hablaba con rotundidad titánica, como un huracán que sin respeto derriba cada uno de los estandartes a los que la sociedad venera.

-oh, no… pero es fácil. Es fácil echarle la culpa a otro y dormir en almohadones de plumas. Por supuesto que es más fácil justificarse a aceptar el caos. Uno hace las cosas porque quiere. Es el libre albedrío, mi cielo. Vos tuviste la oportunidad de elegir: pudiste ser “bueno”, pero elegiste el camino de la destrucción y el dolor. Eso es algo que llevamos en las venas, es algo con lo que nacemos, y no importa si hay un hermano, un gemelo o un padre. No importa si somos blancos, negros, cristianos o judíos. Somos esta existencia que se nos entrega y forjamos egoístamente nuestro destino. Nadie te susurró palabras al oído. Nadie te apunta con una pistola. No seas berreta…-. Estaba exultante de odio, de ira, de sarcasmo e ironía. Se le veía en el semblante que disfrutaba desgarrando las fibras de todo lo que es moralmente aceptable. Quería tener la razón, deseaba ver algo en esos ojos.

-sos un pendejo asustado… nada más. Sos un cobarde, que se esconde tras las pantallas de una ilusión óptica de balas y escudos. Qué querés? Qué deseás más que cualquier cosa en el mundo? Cuando puedas contestar esa pregunta con sinceridad, en ese momento tu vida va a ser lo que querés que sea. Alzate como un maremágnum y destruí todo, pero hacelo por vos mismo… de otro modo, cuando llegues a la meta va a ser tan aburrido como siempre…

Invitado
Invitado


Volver arriba Ir abajo

Re: El Aquelarre (privado Gin)

Mensaje por Invitado el Mar Mar 27, 2012 9:15 pm

Escupió llamas como el último dragón de las leyendas, escupió su veneno y su ira como el magma mas mortífero y estragoloso. No hubo una parte de él que no estuviese sumido en el petróleo ácido y tóxico de su propio vertedero de emociones.

Estuve de espaldas a su discurso que carcomía mis defensas. Cuando tuve que hacerlo apreté los puños hasta sentir que me atravesaría la palma con los dedos. Cuando tuve que hacerlo apreté los dientes hasta que sentí que me partiria los molares. Por un instante, mis ojos ardieron y sentí que me derrumbaría, que me enloquecería de dolor.
Pero no lo hice.

Ya pasé por aquello una vez cuando cavé desesperado sobre una tumba vieja y desvencijada. Ya pasé por aquello cuando mis progenitores me hicieron protagonista de sus decepciones, cuando nadie me ayudó en aquella situación horrible y dolorosa. Quise gritarle que lo odiaba y desenfundar el arma y pegarle un tiro en el estómago para que muriera lentamente comido por los ácidos de su organo digestivo. Quise muchas cosas en mucho tiempo.

Casi me entrego al impulso de darme vuelta y matarlo luego de decirle callate, pero seguramente él me hubiera puesto una bala entre los ojos para ese entonces. Yo creía porque queria creer, por que habia elegido una meta, un proposito inalcanzable e inestable que me mantuviera siempre sobre mi camino, algo que jamás pudiera alcanzar, algo que me mostrara y que me recordara que tenia límites como cualquier ser humano y a su vez... era mi tope. Realmente derramaba sangre por mitziyeh o porque era mi esencia? Lo hacia en su nombre o lo hacía por que quería?.

Derramaba sangre por que era lo que hacía mejor, derramaba sangre porque me producía un thanático placer, momentaneo, a veces, combustible, otras solo, fugaz. Era el sufrimiento de todas aquellas personas, el dolor y la fuerza de un pedido de misericordia lo que quedaba luego,y éso era lo que le dedicaba a Mitziyeh aveces.

- Bajo el mismo Sol, todos somos humanos.-


Musité pensando con el rostro ahora carente de nuevas emociones, emociones que no podia compartir con Gin, pero que vería como desmembrar en el futuro. Miré el cielo a través de la ventana y torcí la boca en uan tenue sonrisa impávida y frívola, girandome despacio a Gin, para mirarlo, pero esta vez de manera diferente.
Ya no tenia un entusiasta miedo en él. Habia sobrevivido a todo aquello pensando que me devoraría pero ahora... me gustaba lo que habia escuchado, me gustaba lo que habia provocado en mí. Me gustó conocer uno mas de mis límites, conociendolo, ya no le temía. Ya no tenia miedo de hablar de aquello con Gin, por que nunca, jamás en su siniestra existencia, comprendería lo que pasaba por mi corazón porque...él no lo tenia.
Miré su inquieta y salvaje mirada y vi el lobo rabioso y babeante, pero no lo ví a él. Que era lo que habia estado viendo hasta ese entonces?.
Buenos ea lo que sea, gracias a Gin habia salido de mi oscuro pozo. Estaba secretamente impresionado.

Tomé los frascos de pastillas, las tres, que me mantenian bajo el control necesario, y las arrojé al fuego. Esa sería la ultima vez en la que intentaría ver un problema como algo mental y de conflictos etéricos. Sería la ultima cápsula de cordura que me asistiría en la lucha contra mis mas oscuros miedos. Vaya si cmenzaba asentirme repugnante pero fortalecido! Era ruin y perverso, usaba como excusa la presencia angelical de mi hermano para justificar mis acciones. Lo cierto es que asì era pero...él nucna hubiese tenido el poder necesario para hacer lo que yo. Solo yo podia crear ese valle de lagrimas y miserias. Sólo mi gemelo habia nacido con la capacidad de perdonar y de acoger... es eso lo que me llevó a cargármelo todo.
Miré a Gin que aún seguia alli y me apoye en la mesa, mirandolo frio pero con una cortés sonrisa de superación.

- Me reconforta saber que no entiendes sobre las conexiones entre gemelos, y que no crees en esas estupideces. La verdad es que me siento aliviado de que no lo entiendas, por que ya no podrás herirme con eso supongo.
Sabes?...
Cuando dormía, soñaba que visitaba lugares en el bosque que no conocía, que entraba a una casa que no era mia, fragancias, paisajes, texturas. Nada de eso era parte de mi mundo y a al vez, me era familiar.
Cuando él comía su tarta favorita, yo podia saborearla en mi lengua. Teniamos las mismas fobias y los mismos , el mismo gusto por el chelo, las mismas peliculas y las mismas enfermedades. Cuando yo aprendía defenderme, él se sintió con seguridad para enfrentar a sus padres adoptivos. Cuando él perdonó a alguien, yo dubité y dejé vivir a otro alguien. Cuando él murió dejé de escuchar la musica en mis oidos, de soñar con lugares de su ciudad natal. Dejé de sentir el sabor a tarta en mi lengua.
Se que no me entiendes y que no te importa pero...pasé tanto tiempo sin poder materializar en palabras ésto y ahora..no me produce nada.-


Casi saboreé la palabra Nada.

- Él murió porque no habia ser mas bondadoso, paidoso y sublime en esta tierra, pero nadie pudo privilegiarse de su candor. El mundo no estaba preparado para él y entonces lo trató injustamente. Supongo que me dejó aqui con todos estos tormentos, para prepararme, y yo queria saber, para que?.
Para sembrar lo peor en las personas, supongo, hacer estragos hasta que todos se sintieran conmo eran env erdad, simples humanos. Hasta que todos tuvieran la misma voz al pedir piedad. Entonces mi paidoso hermano les daría, tras la muerte, lo que se perdieron en vida....-

Dije acomodando mi camisa y tomando un poco de vino de la copa.

- Me gustaría creer que soy algo así como un verdugo o un ente nacido para sembrar la peste, soy la parte necesaria y desturctiva de un complejo equilibrio en el que otro opuesto a mi debería de dar la vida y reconstruir.- Miré a Gin y lo observé detenidamente, recorriendo sus atractivas facciones.
- Mi meta es intangible, inalcanzable y compeltamente espiritual. Gracias Gin, sos muy bueno en ésto de ser positivo y tierno.-



Invitado
Invitado


Volver arriba Ir abajo

Re: El Aquelarre (privado Gin)

Mensaje por Contenido patrocinado


Contenido patrocinado


Volver arriba Ir abajo

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Volver arriba


 
Permisos de este foro:
No puedes responder a temas en este foro.