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Open to business [libre]

Mensaje por Invitado el Mar Mar 06, 2012 2:26 am

Un mes… una maldito mes. Eso era el tiempo que llevaba con la nariz enterrada desde su llegada a la ciudad. Rechinaba impaciente los dientes y jugueteaba nerviosamente con su Eagle. La noche le esperaba, lo podía sentir en lo más profundo de esas entrañas ponzoñosas. Le palpitaban los músculos, la adrenalina lo volvía loco y el cigarrillo seguía consumiéndose en el cenicero, espesando el ambiente, socavándolo cada vez más en una tiniebla tenue. Su pierna comenzó a convulsionar en frenético movimiento… la juventud inquieta y vivaz le afloraba de los poros. Palpitar, parecían tambores, parecía la guerra dentro suyo, y entonces… el lobo mostró los dientes ávido de sangre, sexo y noche… quería cazar, quería marcar su territorio…

Tomó la chaqueta frenéticamente, ante la mirada impávida de dos monos que estaban “cuidando de él”. La caminata firme, los glúteos redondos y apretados mientras cruzaba la inmensa sala decido a exiliarse de esa muerte. Uno de los monos se levantó y de tres zancadas estaba apretando su brazo. Un balazo en la frente fue lo único que hizo falta para que el otro tuviera el miedo clavado en el rostro y decidiera, sensatamente, dejarle hacer.

El aire fresco, el aire nuevo, el aire nocturno que era su alimento lujurioso, llenaba en cada bocanada sus pulmones mientras se subía en su Honda negra. El rugido del motor, la adrenalina otra vez, suave droga que lo consumía y ahora la velocidad… Estaba exultante, armado hasta los dientes y con el efectivo suficiente en los bolsillos junto a los plásticos correspondientes, como para comprar un país pequeño.

Como guiado por un rastro, como siguiendo a una loba en celo, el esbelto muchacho se había hecho camino hacia el corazón de Dionisio. Las luces estridentes, la música inútilmente acallada por paredes de concreto acustizadas, el olor de los borrachos, el grito exultante… este era definitivamente el mejor lugar para darse a conocer.

El casco se deslizó lentamente hacia arriba y los cabellos plata reposaron como cintas delgadas sobre sus hombros. Sus ojos relucían de algo parecido a frenesí y éxtasis. El cuerpo comenzó su movimiento, las ropas rojas ajustaban justo donde debían hacerlo, confiriéndole un aspecto en extremo apetitoso, sexual, único. El bamboleo gatuno al andar, mientras la fragancia exquisita de su perfume dibujaba arabescos en el aire atrayendo impúdicamente cualquier nariz. Era pornográfico. Se pavoneaba, se exhibía, sonreía mientras su aspecto casi albino, de no ser por sus ojos, atraía las más variadas miradas. Y es que era casi un espectáculo ver cómo su pantalón se apretaba insinuante en la entrepierna y producía los más exquisitos pliegues en sus glúteos… y eso sólo era la antesala al elegante movimiento de sus hombros que parecían invitar a algo tan prohibido como lujurioso.

La entrada se le abría, como tantas otras mientras dejaba los gruesos billetotes en el saco del empleado y le dedicaba una sonrisita en la que se mojaba los labios sólo para que él lo viera, para que cayera ante sus encantos. La música le llegó a los oídos como canto angelical, como si el mismísimo Dios le sonriera a través de ella. Las luces bailaban sobre él, parecían era iluminándole de forma deliberada o quizás, tantas noches a cuestas le habían dado el don de saber posicionarse bajo las mismas. Un roce aquí, uno allá, una pavonead más y otros cuentos billetes y estaba sentado cómodamente en uno de los sillones VIP consumiendo de la más fina champaña.

Sus ojos lobunos se deslizaron por el local, como buscando una presa, aunque simplemente era costumbre, era una forma de invitar al peligro, de jugar una vez mas de forma impune con el peligro. Se cruzó lenta y sensualmente de piernas, descansó el atlético cuerpo en el asiento de cuero y en el momento en el que encendió el cigarro y el fuego iluminó divinamente su rostro, comenzó a sentir el calor… unas imperceptibles gotitas de sudor enmarcaron su frente, mientras el lobo plateado esperaba el entretenimiento de la noche.


Última edición por Gin Fujiwara el Vie Mar 16, 2012 3:05 pm, editado 2 veces
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Re: Open to business [libre]

Mensaje por Invitado el Lun Mar 12, 2012 4:36 am

De vez en cuando, sólo de vez en cuando, cuando pasaba mucho tiempo en el limbo, olvidaba quien era y de donde venía. Error si, el mas grande que un hombre exitoso puede cometer. Jamás pisaría las cenizas de lo que fui, no cuando tenía tendencia a emerger de ellas, de vez en cuando, vulnerable.
El alcohol se deslizó por mi garganta esa tarde y me di cuenta de una gran verdad: no lo sentí bajar. Era posible que ya no sintiera gusto por los vicios?, habían pasado muchos años y mi exterior se había vuelto como mi interior?. Mis manos pálidas y de piel tirante indicaban que eso no había pasado.
Entonces, cuándo fue que éste amasijo de carne eternamente puberta que enfrascaba mi espíritu, se había vuelto fría y vacía?. No podía leer en el espejo, rastro de emoción alguna, no había en mis ojos odio o dolor, alegría, aburrimiento, era una extensión de la pared. Iba a desaparecer en cuestión de días, no mi anatomía, si no mi presencia. Si no recuperaba la humanidad, perdería de vista mis metas, mis ambiciones, dejaría de ser un ser urbano y pronto ya no me tomarían en cuenta.


Estuve sumergido en el agua tibia y enjabonada durante una hora y media, hasta que la piel se tornó algo rosada y comencé a sentirme incómodo. El perfume que me puse en el cuello era suave, sólo para no oler a piel limpia, y la camiseta sobre mi cama era negra como esa noche, de pocas estrellas. No planeaba llevar color alguno, pues ningún espectro de luz me hacía vibrar. Para no andar siempre con seguridad encima mío, y para no tener que confiar mis espaldas a gente que jamás podría manipular en totalidad, había hecho que me implantaran un nanobot debajo de la piel, en un lugar que sólo yo conocía. De esa manera, podrían rastrearme mis lacayos si yo apretaba “la señal”.
Pero, era conciente de que salir a aquel antro de la perdición sólo, sin escolta, sin conocer a nadie y siendo mi fuerza tan ridículamente escasa, era casi como cometer un suicidio. Lejos estaba de ser suicida, no pretendía acabar con mi vida, ni me sentía deprimido como para quitármela. Algunos expertos de la mente podrían llamarlo auto castigo, un flagelo a mi ser, una estigmatización cruel. Para mi era simplemente disciplina. Debía recordar lo que era sentir el odio correr por mis venas, el desprecio total a los hombres y tal vez mujeres, para poder continuar con mi implacable peregrinación hacia la cumbre financiera.


Me deslicé por entre la gente, notando lo animados y salvajes que podían estar algunos, mientras que otros se entregaban al placer entre ellos, de vez en cuando tocándome para buscar excitarme, apretándome algún glúteo, palpándome, pues todo estaba muy en su lugar bajo el pantalón de pana negra.
Podía definirme como asexuado, aunque me atraían algunos tipos de hombre, mi cuerpo ya no respondia al placer ni al roce, casi siempre violento. Me había vuelto un helecho insípido y poco apetecible a mi parecer, aunque no necesariamente a los depredadores.

Mis ojos se detuvieron en un cigarrillo recién prendido, a centímetros de mi rostro. La fina línea dorada que separaba el filtro del cigarro…era una marca que había dejado de comprar hacía mucho tiempo ¿ por qué demonios? Recordaba que eran estupendos, un tabaco fuerte y negro como mi ropa, o como mi corazón.

Obviamente, una persona debía sostenerlo, así que sin mirar más que la mano que lo sostenía, tragué saliva y me digné a hablar, un poco mas alto de lo normal, aún sin sudar.
- Te compro un cigarro de esos.-

Musité, llevando mi mano a mi bolsillo, mal dijendo internamente por no traer fuego.
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Re: Open to business [libre]

Mensaje por Invitado el Lun Mar 12, 2012 5:22 pm

Su rostro, críptico como el de una pantera, en ese punto que no sabes si se está marchando o va a atacarte, se elevó sólo unos centímetros; lo justo como para que la luz tenue del lugar iluminara mitad de sus perfectas y blancas facciones. Observó el espécimen que tenía allí, parado frente a él, casi insultándole con el requerimiento y al tiempo pareciéndole sumamente divertido. En un millón de años se hubiese imaginado que nadie, NADIE, conocería su extensa y mal habida fortuna y que, si, si, si, un perfecto extraño le ofrecería dinero a cambio de un cigarro. La mera anécdota valía la pena.

Deslizó despacio la mano que tenía libre, abriendo a penas el saco rojo, dejando ver la camisa negra, fina, de seda. Rebuscó algo dentro del bolsillo interno y lo arrojó sobre la mesita ratona que tenía delante. La reluciente cajetilla dorada, de cartón, brilló por un segundo. Luego volvió a mirar al joven. Era bello, de una belleza angelical, demasiado angelical para ser verdad. En la extensa trayectoria que tenía tratando con las personas, sabía que de entre todas, aquellas que poseían un atractivo tan sutil, tan sumiso y recatado, solían ser en definitiva, los peores depredadores. Eso, sin embargo, le tentaba más a conocerle y exponerse una vez más al peligro.

-Tu crédito esta noche es bueno…-. Dijo en ese tono mentirosamente complaciente. La voz era tranquila y grave, pero lo suficientemente audible como para marcar su indiscutida presencia. Los gélidos ojos dibujaban sensuales arabescos sobre el cuerpo del otro, como si quisiera comérselo, como si a partir de la mirada y sólo con eso ya pudiera saborearle. Se mojó los labios y volvió a darle una pitada al cigarrillo. Luego señaló la cajetilla nueva que había arrojado. –Son todos tuyos…-. La mano, adornada de finas joyas colocó un dedo sobre el paquete y lo deslizó hasta casi tocar la pantorrilla del otro, dejándole en una postura rebuscada. Luego Gin volvió a alzar la cabeza casi con algo que parecía una mueca que recordaba una sonrisa, o quizás pura fanfarronería. Se comenzó a erguir, lento, suave, la nariz casi rozando el cuerpo del otro, mostrando una habilidad gatuna para moverse. Finalmente estuvo parado frente a frente, bueno, si no contamos los 30 centímetros que los diferenciaban en altura. El aroma del joven era etéreo, igual que su contextura, al lobo plateado se le apeteció encantador y no dudó en lo más mínimo cuando acercó toda su elegancia a la del otro.

El cigarro que había sostenido en la otra mano se había consumido por completo y yacía ahora en el piso. No tardó nada en sacar uno de la cajetilla abierta y con impúdica confianza colocar colocarlo en la boca del otro, sin desperdiciar el momento para rozar levemente sus labios. –Presumo que tampoco tenés esto, verdad?-. Preguntó para, luego de sonreírse con despreocupada confianza, volver a desparramarse con las piernas bien abiertas en el sofá, con ese aire de exacerbado adolescente eterno y los ojos envueltos en un brillo especial. Entre los dedos, índice y mayor sostenía un encendedor de plata, casi burlón. –Pero ese es otro precio, y no estoy hablando de dinero…-. Colocó el aparato junto a la cajetilla nueva.

-Qué podés ofrecerme?-. Y bajo la sentencia dejó, por mera diversión que el otro cavilara sobre sus opciones. Mientras tanto, volteó a penas el rostro y chasqueando los dedos, llamó al jovencito que estaba de mozo en esa zona del VIP. El muchacho no tardó en postrarse a las órdenes del magnate (y es que el fajo de billetes que le había dado, le quemaba la entrepierna). –Una botella, de lo mejor y más fuerte que tengas… y rápido…-. Sentenció para luego sacar un pequeño paquetito blanco que lenta y parsimoniosamente abrió, para derramando el polvo que contenía en la mesa, y comenzar a picarlo formando finas líneas, contrastantes con el color de la mesa.



Última edición por Gin Fujiwara el Miér Mar 14, 2012 2:22 pm, editado 1 vez
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Re: Open to business [libre]

Mensaje por Invitado el Lun Mar 12, 2012 6:47 pm

Bueno. Era una de esas situaciones en las que ninguno conoce la identidad del otro y por ende podía ser que asumiéramos el lugar del que tenia poder , pero la ambición era mutua, hasta que hizo sus primeros movimientos y entonces el poder pasó a una guerra conspirativa entre nuestras miradas.

Cuando sus ojos se posaron sobre los míos, rodeados de aquellas angulosas y toscas facciones que emergieron de la oscuridad primitiva y salvaje, sentí algo parecido a cuando alguien rasguña un pizarrón con las uñas. Esa sensación desagradable y avasallante que se apodera de la piel y de la sensibilidad auditiva. El sujeto en cuestión haló en una frecuencia que hizo que mis oídos se abnegaran y cayeran en la espiral manipuladora de su timbre, pudiendo escucharlo a la perfección, lejos del barullo y de los ritmos violentos, con su tono grave y siniestro, personificando a algún personaje de cuento de terror, esos que se esconden bajo las almohadas y devoran el cuello asfixiantemente.

Sus manos estaban adornadas de accesorios estrafalarios a mi parecer, y cada dedo pálido e inquietante se movía como partes de una araña fantasmal, porque no había anillo o pulsera que lo hiciera parecer menos discreto. Pude ver que no eran joyas de fantasía y que eran de marcas que a mi me gustaban, pero que nunca usaba, no sé, me gustaba tener las manos despejadas, además mis dedos eran demasiado chicos para la joyería masculina. Era alto y fornido, tanto que la fibrosidad de los músculos casi hacían reventar las costuras de la ropa. El color de su piel y de su cabello era...extraño y muy opeusto, era como estar viendo una version hardcore sex de Lestat el vampiro.


La cajetilla se había deslizado hasta cerca de mí, que me mantenía como una estaca, con manos en los bolsillos, como la sombra de algún accesorio de sonido, mientras que el hombre se levantaba de su despatarrada posición y me…olfateaba?, aunque pude comprobar el aroma que llevaba en la piel y lo brillante de su rostro, seguramente comenzando a sentir calor. No me hice para atrás, ni abrí los ojos sonrojándome, ni tragué con dificultad, ni me intimidé, pero no perdí de vista sus ojos, tan oscuros y profundos a pesar de las irises brillantes, que por un momento recordé un lugar horrible al que no quería volver. Esa misma mirada de personas que se reunían bajo la señal de la cruz , cuando sus manos no se aferraban al rosario, se aferraban a mis caderas hasta marcar un vía crucis de dolor.

Desvié la vista un segundo, pero en mi mente siguió flotando ese cántico de voces masculinas al unísono en aquel pútrido altar. Cuando volví a su rostro, recordé, después de tantos años, cómo empezaba, porque sucedía durante ese lapsus…
Los ojos del siniestro enfrente mío, su piel blanca eran Agnus dei, sus labios eran qui tollis peccata mundi, sus pupilas eran como decir qui pius es…pero ya no podía recordar el resto.
Saqué la mano para sostener el cigarro y sentarme frente al hombre que balanceaba el encendedor en sus dedos y pretendía un pago. Estaba analizando las posibilidades hasta que sacó un paquete de..cocaína? heroína?..Polvo de Ángel?...Leche en Polvo?... y se dispuso a aspirar una línea. Era e serio?.
Lamí mi dedo meñique y lo llevé a la línea, robándole una pizca y llegando el dedo a mi lengua, mientras sacudía la mano derecha hacia arriba para mirar mi reloj, accionando el botoncillo para que se iluminara. Escupí con gesto arrugado lo que me llevé a la boca, comprobando que la droga estaba compuesta también por procaína, pues se me entumeció un poco la punta de la lengua, luego de comprobé la hora, y ahí recién, me dirigí a mi interlocutor

- Bueno, Señor… tengo 15 minutos para ofrecerle un pago, pero temo que cuando su cerebro se desestabilice sin la dopamina se convierta en una bestia durante 30 minutos y entonces mis opciones para pagarle se hacen más limitadas. Déjeme pensar, estoy preocupado.-

Dije aunque mi cara era menos expresiva que una hoja blanca, y llevé un dedo al mentón y la otra a sostener mi codo, mirando al aire y llevándome el cigarro regalado a la nariz para olerlo con detenimiento.
- Puedo preguntarle ahora lo que quiere, o puedo esperar en 15 minutos.-
Estiré mis labios hasta juntar las comisuras para arriba, como la sonrisa de un arlequín.
- Sin dinero para ofrecer, soy un pollito mojado. Ahora estoy muy nervioso.-

Volví a hablar, mirándolo a los ojos nuevamente, y allí volvía a hipnotizarme despacio, Agnus dei, tollis peccata mundi. No, mis pecados no se limpiarían haciéndome el mártir con ésta especie de demonio que tenia enfrente. Pero yo no había ido a buscar redención a ningún lado. Sarcasmo ácido y de mal gusto? No no no, sólo estaba haciendo el test de psicopatía al buen drogadicto con plata... o al menos eso parecía.



Spoiler:
U: El cántico al que me refiero es Nigram Clavem, (LLave Negra), de Kuroshitsuji, por si te interesa saber o_O.
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Re: Open to business [libre]

Mensaje por Invitado el Miér Mar 14, 2012 2:22 pm

La música sonaba estridente al otro lado del vidrio polarizado que cubría a los VIP de los “comunes”. Las luces hacían destellos y el ambiente se sentía en general, muy bien. El aire acondicionado y la recarga extra de oxígeno generaban una especie de sensación celestial… Gin simplemente de dedicó a respirar la suntuosidad a la que se hallaba indiscutidamente acostumbrado. Parecía despistado, parecía no estar prestándole la más mínima atención a nada, más interesado en ese momento en las piernas del mozo que minutos antes había degradado a lacayo lame botas por una suma insignificante, a su idea, de dinero, el que se acercaba ahora con una botella de un líquido transparente, muy probablemente vodka. Le importaba un carajo siempre y cuando fuese fuerte. El mozo dejó la botella y sirvió dos vasos, asumiendo que el acompañante del señor se quedaría. Gin tragó sin vacilar. Y a ese shot le siguieron otros tres que se deslizaron por su garganta fácilmente.

-No necesito, ni quiero nada… esa es la cuestión, blanquito-. Murmuró con una media sonrisa sombría antes de llevarse otro trago a la boca, relamiéndose la comisura cuando dejó el vaso. –Ese es el problema, sabés? Que no hay nada en este momento que me entre ganas de nada, estoy aburrido de todo y nada me produce la menor cosquilla-. Miró las líneas sobre la mesa, aún quedaban cinco. –Soy Gin Fujiwara, por si te interesa. No creo que me conozcas dado que mis negocios no lograron llegar a Alemania debido a algunos inconvenientes…-. Por más refinado que fuera el idioma del hombre a su lado, Gin tenía un buen oído y había podido descifrar el acento detrás de la perfecta dicción.

-Quizás, simplemente una charla sea lo que necesite, o que te tomes un trago y luego te vayas. La verdad, no lo sé… Por eso te pregunté qué tenías para ofrecerme. Quizás podamos ayudarnos mutuamente…-. Los ojos como dagas, igual de filosos y fríos, buscaron los orbes del otro. El lobo plateado podía estar a medio drogarse pero había cosas que no escapaban para él. Tenía muchos años de estudiar a las personas, de leerlas y casi convertirse en un oráculo en cuanto a personalidades, si su ego no se interponía en medio.

-En definitiva, vos y yo no somos tan diferentes…-. El tono de voz del otro, la pasividad de sus acciones, alguna que otra microexpresión, y la forma en la que parecía irremediablemente ido, le habían dado a Gin esa impresión. Volvió a mirar la mesa en la que yacía la droga. –Eso es simplemente un entretenimiento, hace bastante que se manejarla y faltan un par de líneas más para que me vuelva un descerebrado, así que por el momento estás a salvo-. Se desabotonó suavemente dos botones de la camisa dejando relucir la piel blanca y suave de su pecho.

-En definitiva, lo que elijas hacer estará bien. Es todo un maldito juego…-. Y dicho esto, se llevó un cigarro a la boca y lo prendió, dejando el encendedor al alcance del otro. –Vos decidís….
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Re: Open to business [libre]

Mensaje por Invitado el Miér Mar 14, 2012 4:22 pm

Una expresión desconocida se apoderó de mi rostro, podía sentirlo en cada músculo y tejido de la tirante piel de la cara. Mis cejas se levantaron y mis ojos se abrieron más que de costumbre, una especie de…mueca o sonrisa levantó la comisura derecha y mis hombros se cayeron ligeramente. Había sido tomado por sorpresa, algo inesperado, algo que no podía planificar con anterioridad.

El encendedor se deslizó por la mesa luego de aquellas contundentes palabras que provocaron un revoloteo de pensamientos. Gin Fujiwara necesitaba algo y no sabia qué, para salir del aburrimiento. Yo necesitaba algo que tampoco sabia qué era, para salir del frasco que se había vuelto mi transito por este mundo.
Lo miré con una sonrisa de labios apretados, porque podía ver en dónde era verídico, que nos apreciamos, al menos ínfimamente. Estaba frente a un ilusionista, pero yo no era más que una ilusión óptica, las desventuras de la vida!. Y como un sabio dijo, carpe diem…
Alcé el encendedor y prendí el cigarrillo, dando la primera pitada e inspirando profundo para llevar la nicotina a mi torrente sanguíneo, casi sintiendo como en pocos segundos acababa matando el oxígeno de mis células, y la presión se descontrolaba en mis dedos, nublaba mi sentido del gusto y quemaba ardiente mis fosas nasales, mientras mis ojos, sumidos en un chubasco de éxtasis, no dejaron escapar ese gesto que evidenciaba una piel tan blanca como tersa, como si estuviese hablando con un muñeco de seda. De tierno no tenia nada, pero era seductor como la sangre de noble.

Dejé escapar el humo hacia abajo, entre mis labios y desde mi nariz, parpadeando ligeramente mientras notaba que la música se volvía a hacer presente tras las vibraciones del cristal, entonces sentí que podía comenzar a hablar desinhibido, con honestidad porque no tenia nada que ocultar, un mentiroso reconoce a otro, era un juego de poker y las cartas, nuestras acciones.

- Un placer conocerle, Gin. Soy Engel ShieldFeuer, puede llamarme Engel.-

Dije rascándome el mentó con el pulgar, de la mano que sostenía el cigarrillo, volviendo a espiar su hermosa piel de porcelana, bajo las telas mas finas que el satén y el chebiót, que buen gusto para la ropa… muy seguro de sí, casi megalómano.

- La verdad es que ahora que lo dice… por mi mente pasan muchas cosas para ofrecerle compartir.
Imagino desde una charla sobre lo que no podemos liberar en otros ámbitos, hasta perversidades. Imagino que el sexo corriente le ha aburrido tanto como a mí, pero siempre he tenido fantasías acerca de experiencias nuevas, como el látigo y el cuero, máscaras que nos transforman en fantasías de otro o pesadillas.- Sonreí descolocado, mirando su cabello y los destellos que las luces hacían en él.- Nunca he explorado ese terreno, me produce algo de…inquietud.-
sonreí vagamente ante su mirada.-
También pienso en hacer explotar el Bebop ahora que está lleno, y que llueva miseria humana un par de días. Con esto digo, que hace mucho que no experimento emoción alguna, me gustaría arrastrarlo a ello, o que usted me arrastre a mí.-
- Ya se, también…-


Dije, expresando un ápice de entusiasmo.

- Vendo juguetes peligrosos, tal vez quiera jugar a ser soldado o mercenario…No es lo mismo que jugar sólo.-

Estaba hablando mucho, lo sabía, pero ésta era, probablemente la unica oportunidad de hablar con libertad, aunque no conociera profundamente al Señor Gin Fujiwara, se habia covnertido inmediatamente en mi escape.
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Re: Open to business [libre]

Mensaje por Invitado el Vie Mar 16, 2012 2:14 pm

Los dedos finos y blancos de Gin se enredaron en las puntas de sus plateados cabellos, mientras jugueteaba sensual con ellas al tiempo que admiraba y escuchaba a su interlocutor, el cual se le apetecía cada vez más sombrío e interesante. Lo que había dicho antes, empezaba a tomar forma contundente, a deslizarse por su cuerpo y a excitarlo… él, otra vez había estado en lo cierto, y no había mejor elíxir que ese. De un momento a otro, sin embargo se vio en una postura que hacía mucho tiempo no tomaba: estaba prestando atención. Los músculos de su espalda se habían tensado en una curva y había acercado el rostro para poder escuchar mejor a ese que ahora se develaba como Engel. Sus lobunos ojos recorrían como una lengua caliente y húmeda el cuerpo del otro, como queriendo quitarle el alma. La palabra, la invitación a la mismísima destrucción de sexo y estado y luego el negocio macabro. Habría encontrado la horma del zapato?

Sonrió ante la ínfima posibilidad… y se dio cuenta de que estaba sonriendo.

-Engel, debo admitir y esto casi me sabe a derrota en el paladar, que puedes ser una persona muy interesante…-. Dicho esto dio unas palmaditas en el lado libre del sofá de cuero negro, invitándolo a caer en esa lujuria maldita que él irradiaba. Era casi imposible no caer en esa gravitación propia que poseía el señor Fujiwara. No era secreto ya para ese momento que todos los ojos del salón estaban clavados en ellos, por la elegancia de uno, y las hormonas desquiciadas del otro, por mera curiosidad o por la morbosidad absoluta que llevaba al voyeurismo desesperado. Gin lo sabía perfectamente y jugaba con ello.

-Puedo decirte, Engel, por experiencia propia… el cuero hará que tus noches revivan por unos meses, luego, acabarás en la misma miseria sin sabor. La sangre perderá el sabor a óxido y lujuria y será simplemente algo que haces para descargar la frustración, muy probablemente acabes por matar a algunas de tus parejas debido al desengaño…-. La mirada gélida buscó de reojo, sensualmente de del rubio, y luego su mano tomó nuevamente la bebida que no tardó en deslizarse por su garganta. La botella parecía estar pinchada.

-Sin embargo es un buen juego hasta que pierdas el interés…-. Y dicho esto, Gin no esperó a que el otro decidiera nada y tomándolo de la muñeca lo jaló bruscamente hacia él, haciéndolo caer sobre su contundencia, dejando que los rostros se rozaran por un leve momento etéreo que recordó al jugueteo de Afrodita, y en el momento en el que lo celestial parecía al alcance de la mano, la boca de Engel, Gin le depositó a su lado.

-Es un juego peligroso bailar con lobos cuando estás cubierto de sangre…-. Susurró mientras su mano se escurría como una araña por la delgada y frágil pierna del otro, alcanzando lentamente la altura de la pelvis pero sin tocar todavía la entrepierna. El cuerpo blanco, duro y atlético ahora se inclinaba como una sombra amenazante sobre la otra humanidad, olisqueaba aquí y allá, moviéndose como una serpiente que estudia la presa, y el cascabel de su cola se había transformado en joyas de oro que tintineaban con cada movimiento. Ahora la mano entera, grande, apoyada finamente sobre el pecho de Engel que a los ojos de Gin se revelaba como una criatura preciosa y suave, como el algodón de los campos en donde solía jugar cuando era un crío, como la espuma de los baños calientes que tanto le agradaban y a la vez tan afilado como la navaja que podía dejarle sin vida.

El águila había desplegado las alas, cubría a Engel, le dejaba sin luz, tapando cualquier perspectiva. Los labios blandos, la mirada brillante como la mismísima llama del infierno y el aliento caliente no tanto por el vodka o por la revolución química que se llevaba a cabo en su interior, sino por la tentación al pecado de la violación , la violencia, y el arrebato.

-Nunca fui soldado, no pretendo empezar ahora. No me gusta que me den órdenes, así que será complicado que me uses de mercenario… Pero jugar, puedo hacerlo como el mejor…-, exhaló casi sobre los labios del otro. –Podemos jugar, si quieres, con tus juguetitos de guerra sofisticada…-. Y mostrando la carta bajo la manga, Gin le dijo sin palabras “yo te conozco”. –Y hacer de esta ciudad de mierda, el escenario de nuestra lujuria, nuestra frustración y rogar que al final del día exista algo más que hambre en nuestras fauces…-.

Como un gato que acaba de comer Gin se retiró de encima de su “contrincante”, con suavidad, lento, arrastrándose sobre él, restregando su humanidad, como si quisiera dejar algo de él impregnado. Volvió a apoyar la espalda en el respaldo, no sin antes llevarse la botella con él, y darle algunos tragos, todo esto sin quitar la mirada aguda y cruel de encima de Engel.
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Re: Open to business [libre]

Mensaje por Invitado el Vie Mar 16, 2012 4:21 pm

Tan cruel, tan despiadadamente seductor.



Pude percibir el cambio en su semblante, como poco a poco se deshumanizaba y adquiría rasgos propios de un monstruo. Sus ojos se afilaron como dos rendijas, porque estaba agudizada su vista, la de un depredador experimentado.
Sus labios se movían profesionalmente bien, aunque sus pensamientos, mas turbulentos y oscuros, se filtraban por detrás de su lengua, allá, a la altura de la campanilla, como una especie de río púrpura que seguía su camino alimentando el bulbo raquídeo. Mis ojos se abnegaron tan fugazmente, que no estaba seguro de que Gin lo hubiera percibido, quedaría con la duda.

Había sido tan osado, tan…ruin, que me había dejado creer que podía correr por los prados de la libertad que tienen dos completos desconocidos. Me había dejado hablar, pensar, confesar, exponerme aunque sea, ligeramente. Me había dado en la boca una cuchara de anonimato, y hasta me había advertido de los peligros del cuero y de cruzar límites.
Demonio.
Era siniestro y anormal, era tan perverso que su voz era sobrenaturalmente hipnótica, haciendo vibrar el cristal de mi piel y turbando mis sentidos, pero no removía nada en mi interior. Mierda, tan podrido estaba? Tan miserable era? Ni si quiera una chispa de maldad o morbosidad? Ni si quiera la llama vivaz del arte demoníaco de sufrir y hacer sufrir?. Gin comenzaría a pensar que era una especie de muñeco relleno de trapo que algun brujo movia cual marioneta. No, momento, jamás debía importarme lo que pensara Gin, sería el primer paso hacia la depdendencia y la inseguridad y entonces estaría perdido frente a él.

Su mano recorrió mi pierna sobre el pantalón que se ajustaba a mi corta pero medio rellena pierna (me sentía algo caderudo a veces, desproporcionado.), que tenía aún muslos curvos y perfectos, que se hundían bajo el tacto de la abrasadora mano del Fantasma de la Ópera, sólo que ésta versión no escondía su monstruosidad bajo la máscara, la llevaba detrás de los ojos.

Nuestros labios se acercaron tanto que su lengua intentó succionarme la vida y la energía, pretendiendo intimidarme con su experiencia de lobo blanco. Mi mente decía que era un peligro, que me destrozaría, que había llegado demasiado lejos y me había topado con un devorador. Pero mi alma aplacaba los sórdidos pensamientos, se mantenía firme en su deseo autodestructivo de ponerme fin, de poner fin a la rueda tortuosa y penumbrosa que era mi vida. Me dejó creer que podía tener control, al menos un instante, sobre mi vida, hasta que me sacó la máscara.
Me conocía.

Fue como si todos los músculos de mi cuerpo se tensaran al unísono y me hubiese vuelto otra persona, en una metamorfosis sutil y mística. Que él supiera de mi pero yo no supiera de él, me exponía ante todo el Bebop y me rayaría en la paranoia al pensar que el resto de la gente allí nos estaba mirando excitada porque sabian quiénes éramos. Estar rodeado de gente me hacia una cosa, estar solo, me hacia otra persona. Ahora debía cuidar mis palabras y filtrar, destilar y desmembrar mis pensamientos, al menos hasta que estuviésemos solos y en eso estaba pensando cuando miré su mano apoyarse en mi pecho y dejarme a un lado, como el gato que juega con un ratón moribundo.
-Lo único que me ata al mundo, es la comida y el dinero. Y no podré llevarme ninguna de las dos cosas a la tumba así que, le he perdido el miedo al inminente momento de fallecer. Pienso que desear la muerte es un acto muy piadoso…-

Susurré sobre su mano cuando abandonó finalmente mi cuerpo y dejó de producir estragos en mi torrente sanguíneo. La verdad era que ése hombre era una botella concentrada de veneno, cuya toxicidad se esparcía por mi ser corporal y manipulaba mi olfato, mi visión, hasta mi tacto. Me hacía inseguro su arrogancia, alimentada por la mayor cantidad de gente posible. Debía obligarlo a corregir aquello y a poner la balanza equilibrada sin que se diera cuenta, ya que como dijo…no le gustaban las órdenes.


- ¿ Te gustaría ir a un lugar mas privado?.-

Dejé caer, prendiendo los botones de su camisa, que él había liberado para tentarme con su lisa y pálida piel. Apretando los músculos de sus brazos buscando un pezón sobre la camisa fina, pellizcándolo fuertemente.

- Uno donde podamos saborear la libertad de no estar cerca de nadie más. Propongo mi casa si la quieres…pero quizás tu conoces algo mejor, “Gin el Cancerbero”.-

Le dije mientras mis dedos buscaban las venas fortalecidas de su duro cuello, haciendo caminos por su cuerpo, sólo explorándolo sobre la ropa y comprobando si su piel reaccionaba al trato brusco como los rasguños o los pellizcos. Siempre había creído que era un mito que la piel de los albinos era tan sensible que si la rozabas quedaba herida.



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Re: Open to business [libre]

Mensaje por Invitado el Vie Mar 16, 2012 5:20 pm

La noche se devela como una concatenación de hechos para Gin, el lobo plateado. Resulta un ritual donde cada acto genera inevitablemente otro, y otro, y así hasta que Febo se asome con despiadada fuerza y, como un vampiro, deba retraerse a la comodidad de su ataúd, de esa caja que es su casa que lejos está de ser contenedor de nada. Simplemente una casa, simplemente una noche, la nada… la vida pasa, la noche también… sin despertar. Pero, quizás, una de las piezas de marfil del dominó, blanco, pulido, no caiga como fue predicho, quizás defectuosa como sea, resulte el divertimento, el escape, el estío sutil que escueza en la nariz, y que resulte en una muerte sublime. “Trágame… Devórame… Juega hasta que se te caigan los dedos y se te pudra la carne en mi veneno”.

Sintió el golpe del ensueño, de la invitación. Sintió las uñas, la piel helada que lo empujaba ferozmente a devolver el golpe. Las hormonas retumbaban y la sangre bombeaba arrasadora generando vitalidad, ganas, invenciones fantásticas ¿Estaba delirando? No lo sabía, sólo, y por el momento, entendía que tenía una prueba delante suyo. Debía actuar? Debía dejarse llevar? Desde cuándo era tan precavido? Y por un instante la imagen de su abuelo, la sangre desparramándose en el piso como el cáncer en el tejido, las sirenas de la policía, la turbina de un avión en una noche pútrida se apoderaron de su turbada psiquis.

Remordimiento…

Tomó la mano del otro con fuerza, clavándole las uñas con fuerza, los ojos inyectados en algo parecido a la furia… la droga no hacía efecto, el alcohol tampoco, no podía sacarse las imágenes de la cabeza. Era inmune.

-Y tú serás Heracles y me domarás para que te siga fielmente? O quizás me duermas como Orfeo?-. La mano continuaba ciñéndose sobre la de su adversario, trayéndole de a poco ante sus mandíbulas fuertes, a sus labios apretados en un rictus siniestro… los dientes como lobo rabioso.

-Podría destriparte aquí mismo…-. “pero no lo haces… no quieres”, el pensamiento se le venía como un vómito, mientras los ojos llenos de un negro espiritual se perdían en la humanidad de Engel, en su belleza… “el perfume me invade la nariz… el calor de su cuerpo, la sangre que le bombea en la muñeca… sus labios, su voz… sus ojos cubiertos de un velo… Comer”… Estaba perdido, estaba necesitado de escapar de sus pensamientos, de aplacar los ladrillos que había dejado en Japón…

-Quieres emoción? Quires excitarte? Quieres algo nuevo? Porqué ir a un lugar privado? Porqué no hacerlo aquí y ahora en donde miles de ojos te verán? Nunca has experimentado la adrenalina de saberte haciendo lo que no deberías? Los ojos metidos todos en ti, casi alumbrándote como focos que te señalan, la moral, las buenas costumbres, todos derramándose por el piso junto a tu ropa y tu honor. Y vos, vos estás exultante, ya nada puede tocarte, pasaste otra frontera…-. La otra mano se apresuraba y tomaba a Engel por la pequeña y torneada cintura. Cálida. Le atraía, como magneto, con fiereza, trataba de dejarle pegado a él. –A qué le temes?-. El aliento casi dulce rebotó sobre el rostro del otro y los envolvió, igual que los brazos de Gin, que habiendo soltando su muñeca ahora le sostenía por la cintura y el mentón, exponiéndolo a la luz para admirar su hermosura, su vulnerabilidad…

-El miedo es el límite… sólo eso… la negrura del lama es lo que hace que nos movamos, eso que no le mostramos a nadie, eso que queda oculto entre las paredes de nuestra conciencia… eso que es nuestro y sólo nuestro, eso que “no debe ser nombrado”. Al final del día, es lo único que nos hace sentir…-. Y dicho esto y con una sonrisa particularmente siniestra se apoderó del cuello del otro, masticando su yugular, sin lastimarle todavía, lamiendo, babeando con ganas, apretándole, estrujándole contra la fornida corpulencia, desatando la lujuria como demostrándole a cualquiera que estuviera mirando que no importaba, que si no querían ver aquello pues que giraran la cabeza, diciendo que él era el dueño, amo y señor de ese momento.


Spoiler:
Es increible como todo se puede ir a la mierda en cuestión de minutos y por culpa de un cigrrillo XD
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Re: Open to business [libre]

Mensaje por Invitado el Vie Mar 16, 2012 6:34 pm

En algún momento de la conversación, su ser se revolucionó, una violenta y estrepitosa convulsión de impulsos desbordó sus músculos y pronto su mano atrapó mi muñeca, apretándola como si la fuera a romper. Sabia que no era por que temía que huyera, era porque estaba apunto de estallar de furia, de cólera. Una ira emanó de su voz y de sus ojos tan honda y tan arraigada, que sabia que la traía siempre. Estaba su naturaleza violenta, arraigada a su ser oscuro, como un alambre de púas que se enreda en el sangrante músculo que nos da motivos para vivir. Cada vez que trataba de extraerla, se lastimaba así mismo, la sangre brotaba y se transformaba en palabras, con las que hería a través de esa enorme y apetecible boca.


Mis parpados se entrecerraron, somnolientos casi, como si estuviese a punto de viajar a otra dimensión, mientras me espetaba en la cara que yo intentaba manipularlo, destrozando mi disfraz y mi oportunidad de proteger alguna poca reputación. Miré brevemente a nuestro alrededor, mientras el agarre de su otra mano funcionaba como una especie de tentáculo, y quedaban nuestros cuerpos unidos en esa imagen de vals espectral y macabro. Amenazó con destriparme, demostrando que tenia la fuerza suficiente para hacerlo, y me acusó de querer ponerle un bozal. Encontré aquello…como decirlo? Divertido, pero no sonreí, y esperé a que comenzara a devorar mi cuello, entrecerrando los ojos cuando me provocaba algún dolor cutáneo.

Mientras él hacía lo que deseaba su bestia, yo pensaba. Había sido interesante aquel destello de emoción el él. La Ira era algo que había olvidado casi tanto como el sabor de una comida casera, un café artesanal, una llamada desinteresada y despreocupada. Sus dientes me hicieron encoger de hombros y parpadear, volviendo al mundo real, notando que todo se precipitaba y que pronto me devoraría literalmente, así como su sombra siniestra lo había hecho sobre mí.
A qué le temía? Pues por lo visto mi respuesta sólo devendría en alguna otra crueldad que no haría desaparecer mis fobias, entonces como aún podía tener control sobre mis pensamientos y emociones, decidí reservarme la respuesta, para volver a hacérmela en un espejo.

Mi mano libre se estiró hacia arriba, moviéndose brusco mi brazo por el avance del lobo sobre mi cuerpo, y con los dedos ligeramente doblados los pasé por sus cabellos, finos y fantasmales, etéreos, que parecían desaparecer cuando la luz no estaba allí, su roce era tan sedoso y a la vez maduro, varonil, quizás hasta apetecible. Su piel, por sobre su cuello y el principio de un hombro, era casi como la de un bebé, pura y limpia. No se notaban envejecidos sus poros ni curtida por otra cosa que no fuera la falta de agua en las células. Era increíblemente precioso, sus pectorales eran firmes, sus brazos, su aroma, su aire joven, aunque no era suficiente para que se me parara, sabia que era tan atractivo y deseable como un demonio. Estaba seguro de que no lo era porque hacia una semana que estaba lúcido gracias a mi psiquiatra y porque además, si todos estaban mirando, era porque mi siniestro compañero era real.
Cerré los ojos, para quedarme con el tacto suave de sus cabellos, que era como una especie de delirante viaje a tener la mente en blanco, por ser suaves y poco a poco tornándose cálidos.

Podia sentir su lengua quemar por donde pasaba, como si realmente me estuviera hiriendo, porqué mi mente jugaba de esa manera? Haciendome creer que de verdad el tacto de los hombres lastimaba. Hoy quizás conocería lo que era de verdad un tacto hiriente, si era posible, me volvería mas oscuro que el negro y mas frío que el hielo. Cuandos entí un nuvo arrebato violento, apenas susurré a su lóbulo que estaba cerca, lamiendolo con cuidado.

- Que pasa Gin…tan dura está la carne que la machucas tanto?.-


No iba a ser posible que lo frenara, pero tal vez…


-Por que no pones tus manos alrededor de mi cuello y lo presionas mientras lo haces?...Mis lagrimales saltarán, el rostro se me pondrá violeta, la sangre saldrá de todos lados, qué te detiene , lobo. Soy muy petiso y flquito para ser Heracles, jaja….-

Esbocé una risa floja y desganada, dibujando las lineas de su cuello con mi dedo.
Spoiler:
El fumar es perjudicial para la salud.(???) jajaj


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Re: Open to business [libre]

Mensaje por Invitado el Vie Mar 16, 2012 7:20 pm


Un ápice de duda se engendró como tumor maligno dentro del lobo cuando los finos y preciosos dedos del Ángel se deslizaron por sus cabellos. Parecía estar aceptando la guillotina, como el ganado que sabe que va a morir, como el condenado a muerte que conoce que su sentencia es justa. Tanto quería lastimarse? Tanto quería ser lastimado? Pero Gin, reacio a aceptar que las personas pueden tener un costado trágico, una humanidad a cuestas, continuaba, más allá de la duda, dejando fieros cardenales sobre la pulcra y suave dermis de su contrincante. No podía haber sentir. No debía haber sentir, porque cuando las emociones verdaderas se filtran en los actos nace la entrega, lo que lleva a la inevitable violación de cada rincón vulnerable… Y en ese mismísimo punto residía el miedo más feroz de Ginzou Fujiwara…

No había forcejeo, ni resistencia, ni súplicas… no había nada. Era como querer atrapar lo etéreo, como querer asir un fantasma. Y cuando estaba por tomar la resolución de quitarle por completo cualquier rastro de personalidad a su presa y convertirla en un oveja más del rebaño para poder desquitar sobre él todo ese miedo, toda esa frustración, apareció su voz, cálida, suave, casi tierna como la de un niño.

Silencio, quietud… parecían estar en los Campos Elíseos. Gin parecía no escuchar la música estridente que vibraba tras los cristales polarizados, ni siquiera intentaba entender que muy probablemente todas las miradas estaban puestas en ellos. En este momento, sólo parecían existir él y Engel, en un lapsus sin tiempo, sin espacio, sin gravedad.

Despacio el agarre fue cediendo. El peliplata estaba digiriendo las palabras, que le caían como ácido en el estómago y corroían cada vena de su joven cuerpo. Tenía los cabellos largos y rubios de Engel muy cerca, sentía el perfume que emanaban, un tanto enmarañados por su culpa. Le parecieron sublimes, la forma en la que caían sobre sus hombros y cómo enmarcaban ese rostro de porcelana, impávido, como el de una muñeca. Sus labios que deslizaban el discurso atroz como recitando un poema.

Gin, había caído. Gin le había otorgado a su acompañante, personalidad.

Tomó la mano que continuaba dibujando arabescos sobre la piel de su largo cuello, con un poco más de delicadeza esta vez, sin soltarle de la cintura. –Así que ese es tu deseo?-. La pregunta estalló en el vacío que les rodeaba y poco a poco, la ambientación volvió a hacerse presente. En algún momento habían colocado una botella de champaña sobre la mesa delante de ellos, no tenía idea de cuándo. La música ahora era una especie de ritmo tropical, y habían apagado el aire acondicionado, las personas parecían haberse esfumado y sólo quedaban un par de parejas muy metidas en sus asuntos como para prestarles atención. Gin aprovechó esto y empujó brusco a Engel sobre el sofá, dejándole de espaldas. Él, dominante, o intentando una dominancia que parecía poco a poco perder, se colocó sobre él.

Una mano de deslizó tierna desde la frente, pasando suave por la sien y acabando en la mejilla.

-Si te diera eso, si te torturara hasta matarte, serías feliz?-. Por qué pensaba aquello, como una especie de benevolente benefactor? Desde cuándo le interesaba lo que otro necesitara? Quién era esta criatura que tenía frente a él? Sabía lo que veía, sabía que era bello, que manejaba el habla, que era fino, que era algo muy parecido a él y también sabía que sentía algo. Era algo que no podía poner en palabras, era como conocerle desde hacía mucho, era como saberle desde tiempos inmemoriales… o quizás, sólo verse en el espejo.

-Podría matarte, lo he hecho antes…-. “los labios tan cerca que podría devorarte la boca entera…”. –Pero eso no me daría gusto, no ahora… Sólo dímelo… Es eso lo que quieres? Morir?-. Y finalmente, sin esperar respuesta un beso cayó sobre los labios de Engel, suave como las alas de una mariposa, lejos de ser sexual era simplemente una caricia.
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Re: Open to business [libre]

Mensaje por Invitado el Vie Mar 16, 2012 7:52 pm


Algo pasó.

Algo que estaba fuera de lo previsto. Inusitado, inesperado ,extraño, desconcertante, inusual, dicése de aquello que se sale de nuestros planes.

La lujuria ardiente y perversa de ese demonio de fuego había cesado de lastimar la piel, la fuerza fibrosa de sus músculos y la contracción de los mismo había dejado de hacer efecto sobre mí y la sombra que había nublado mi vista se había disipado, dejándome reflejos de luces de boliche en la cara. Abrí los parpados porque empecé a darme cuenta de que algo estaba pasando, y lo busqué con la mirada, mientras hablaba.

Y mi cara fue la de un cualquiera que se cruza con algo desconocido, o alguien que lo llama por el nombre y que no le conoce. Qué pasaba por la mente de aquel hombre que luego volvió a empujarme al sofá y a osar, descaradamente, atrevidamente, besarme de aquella forma como si yo fuera una babosa paupérrima a la que tener lástima?!!.
Mi ceño se frunció ligeramente y mis labios se volvieron una línea impersonal y fría, mis pupilas se clavaron en él y me incorporé suavemente en los codos para mirar bien su rostro, por las dudas de qué el demonio hubiese abandonado a Gin y ahora estuviera hablando con un sin pelotas cualquiera.
Nop, ése era Gin, con aroma a hombre y todo, ojos vivaces y la voz... esa voz que era como recostarme desnudo sobre un inmenso y oscuro parlante.

- Muerte?...-

Susurré, sonriendo ácidamente, apenas, cuando la “e” que finalizaba la palabra llegó a mis labios. Y estiré una mano para juntar la saliva que caía por mi cuello, lamiéndola suavemente y devolviendo mis dedos a sus grandes y ahora lejanos labios, mientras mi pierna se flexionaba contra él para proporcionarle una caricia. Su beso me había revuelto el estómago tanto que pensé que escupiría sangre, y su mirada reflexiva me hacían sentir el petiso forro de mierda que era ante la superficie terrestre y ante mis empresarios socios con credenciales de una Licenciatura en Estupidez. Casi podía sentir que un brote de ira me iba a invadir, o eran mis lagrimales que daban señales de vida, gracias a la biología, no me habían salido lagrimas de impotencia, sería demasiado humillante.

- Ya estoy muerto Gin.- Dije casi susurrante, desafiándolo con frialdad a su mirada, buscando provocar algo en él que no fuera contemplación. Me apoyé en mis brazos y con el pié presioné su entrepierna para hacerle doler, notando que no era nada pequeña, me iba a partir en dos.
Abrí la boca como si fuese a vocalizar, pero sólo era para pronunciar la siguiente palabra muy claramente.

-Soy…un maldito milagro de la ciencia Gin…camino, bebo, respiro y duermo…pero soy un cadáver. Es otra cosa que podríamos tener en común?...salvo que…-

Mis dedos viajaron por el cuello de su camisa, para colarme dentro y acariciar la piel sobre sus finas venas, comprobando el dulce tacto.

-Carezco de esa poderosa lujuria que te hace tan…vampíricamente atractivo. Carezco de fuego, puede que seas como mi hoguera. Pero por qué dudas? Que te tiene tan inseguro?. Acaso eres un cobarde Gimbo? Tienes miedo de que se te vaya la mano o tienes miedo de ser el único que disfrute? Como saberlo si no lo intentas?. Si te digo lo que deseo me lo concederás o harás lo contrario?.... Rascando y cavando en mis palabras no vas a encontrar nada, mi pequeño. Sólo tierra fría.-

Le dije bajando la cabeza, pero mis globos oculares siguieron teniéndole la vista, creando la luna blanca bajo mis pupilas. Vaya que Gin escondía cosas en su ser que seguían impresionándome, que hombre tan interesante…

- Si no vas a hacer nada, voy a tener que castigarte, mal mal perro, malo malo.-

Me dejé caer sobre el sofá y entrelacé mis manos a la altura de mi vientre, girándome suavemente para verlo desde esa posición, sonriendo anormalmente, satirizando a un difunto.

- Mira Gin, tienes que desenterrarme...-


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Re: Open to business [libre]

Mensaje por Invitado el Vie Mar 16, 2012 8:50 pm

Entrecerró los ojos, como el que desconfía de su buen juicio, uno que pocas veces sino nunca, le había fallado. Sus instintos eran lo único que le mantenía aún con vida, los únicos que le habían salvado de la muerte verdadera, esa en la que dejas de respirar y te conviertes en comida para gusano. “Fallé?” se preguntó internamente sin dejar de analizar a la criatura espectral que jugaba bajo las luces estridentes que se filtraban en el espeso ambiente nocturno. No podía haberse equivocado… “No, la pelota pasó muy cerca”, y un sonrisa socarrona se apoderó de nuevo de su varonil y perverso rostro, los dientes brillantes, agudos, afilados casi como para matar a alguien. No se equivocaba, los vampiros no eran un mito, pero tampoco eran criaturas del más allá. Nada más lejos. Los vampiros eran esos humanos que sientes la perversión de la sangre ene sus propias venas, que son dueños de la noche y juegan duelos asiduos con la muerte… son humanos que viven al margen de las reglas sociales… Y Gin era uno de ellos, transformándose en cada movida en algo distinto, un lobo, un gato, un vampiro, lo que fuera para seguir respirando el pesado aire de la vida.

-Escondete todo lo que te de la regaladísima gana tras ese pseudohumano que pretendés ser… te lo dije antes, te lo vuelvo a decir, pero esta vez no es una advertencia, es tu sentencia… Vas a rogar, vas a pedir con lágrimas que pare, vas a sentir que la vida se te va drenando del cuerpo… lo que acabás de decir va a tener sentido…-. La voz contundente, espesa, casi como brea caliente cayendo lentamente sobre el rostro del otro, alcanzando con pornográfica fuerza sus oídos… -Vos no sabés lo que es estar muerto, blanquito…-. Susurró a sus oídos, dejando que el cabello blanco cayera como una mortaja fúnebre sobre el semblante de Engel, con delicadeza inusitada, como preámbulo a…

Las fauces se clavaron como afilados punzones en la piel del cuello, las manos apretaron con fuerza los costados de la cintura fina y reducida y Ginzou Fujiwara degustó con excitado placer de la sangre que comenzaba a escurrir del cuello, roja, poca y dolorosa sangre. Si el otro quería sufrir y retorcerse como un gusano bajo el cuerpo firme que le contenía que así fuera. Un momento de duda le había valido la humillación, sentirse meno, sentirse poco hombre… aún cuando ya tenía experiencia, cuando una voz dentro de su cabeza le había gritado que no lo dotara de personalidad, que no se involucrara, él había caído en ese estúpida tentación había comido polvo del más agrio.


Otra vez en el salón, otra vez en la oscuridad, basta de pensar, basta de racionalizar lo que en definitiva era simple pulsión y venganza. Estaba harto, harto de buscar en alguien un ápice de algo y que se le devolviera una bofetada. La frustración, el dolor, y la ira era lo único que conocía, el dinero y el placer violento, sus únicos aliados.

Las manos como garras rabiosas cercenaron los botones de la camisa ajena, mientras la boca funestamente bella seguía carcomiendo la carne del cuello, bajando por el pecho blanco e inmaculado, nada le importaba que pareciera una violación. El dinero acabaría por cubrir todo, el dinero haría que el momento no fuera interrumpido y si lo era, caería junto al otro, el reverendo hijo de puta que se atreviera a detener esta sinfonía.

Sentía la sangre oxidarse en sus labios y la irrigación sanguínea del otro enrojeciendo las áreas en las que sus dientes habían caído como bombarderos. Sus ojos buscaron los del otro, mientras apresaba sus muñecas en una sola mano, con fuerza, con ira y recelo. La adrenalina se apoderaba de su cabeza, sentía el latir en sus sienes, el rostro a penas rosado, el sudor que no tardaría en formarse en su frente.

-Vamos a ver cuánto te podés arrastrar antes de morir…-. Dijo casi gruñendo para, decidido a desfigurarle el rostro, clavarle un beso certero en los labios, uno que comenzó como una mordida en el labio inferior con fuerza, y luego se apoderó de toda su cavidad con una lengua caliente como fuego fatuo, al tiempo que las garras se deslizaban firmes por los costados de su víctima, buscando uno de sus pezones, atrapándolo, retorciéndolo y lastimándolo.

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Re: Open to business [libre]

Mensaje por Invitado el Vie Mar 16, 2012 9:54 pm



Un 17 de Septiembre, 27 años atrás, fue un día en el que comenzaba a sentirse el frío. Las hojas comenzaban a marchitarse y a ponerse doradas, los paseos seguro se llenaban de gente con ropa desactualizada, buscando los abrigos cómodos que los protegieran del frío. recetas de platos calientes y platos dulces que adornaran pronto el blanco de la nieve.

Yo nacía con el sello de la empresa en la espalda, pero mi mitziyeh era dejado en la puerta de una casa destartalada, arrancándosele su identidad y en él, todo lo buena persona que yo pude haber sido. Mi mitad, mi corazón, mi gemelo bueno, mi único compañero, mi mitziyeh.
Durante 27 años vi lo que sus ojos vieron, sentí en mi paladar los gustos de las tartas de café que nunca probé, sabiendo que a donde quiera que estuviera, yo estaba conectado con él. Sentí cuando las lagrimas se derramaron en mis ojos sin razón, como estuve seguro de que mitziyeh las derramó en algún lugar del mundo cuando yo me sentí triste. Soñaba que vivía a través de sus ojos y podía ver a donde iba, a quienes amaba, a quienes odiaba. Mi alma nació oscura y pútrida, pero en sueños sabía que mitziyeh había nacido con el don de la bondad y de la luz.
Fue durante 27 años el símbolo de mi estandarte, lo que me motivó a seguir adelante, a triunfar, a derribar, aplastar y masacrar sin remordimientos. Destruí todo en su nombre, acabé con ideas y con pensamientos estampando su firma. Me abrí paso para volverme la persona mas poderosa del mundo porque cuando lo fuera, podría entonces ir a buscarlo y sacarlo de su tortuosa vida.

Cuando mitziyeh dejó el mundo, ese día, de ese año, en esa ciudad, en alguna parte, me desmayé en la calle y no recobré el conocimiento hasta el otro día. Me senté, miré mis manos y luego al cielo, y me di cuenta de que lo que pude haber sido ya no sería, lo mejor de mi persona se lo llevó mitziyeh consigo. Mi corazón se hundió tan adentro de mi carne que casi desaparece, mis lagrimas se secaron y jamás volvieron a salir. Mis ojos se volvieron de un verde oscuro y toda oportunidad que tuve de amar y ser amado, desapareció.
Ni siquiera podía morir, porque cuando lo hiciera, tampoco podría estar con mitziyeh, no teniendo las manos tan manchadas de sangre, no viviendo en una cama hecha con huesos humanos. Mi gemelo estaba muerto y sin conocerle, sin saber su nombre, sin saber nada de él, lo lloré y lo sufrí con el dolor mas loco y terrible que hubiese podido sentir. No dejaría desde entonces, no hace mucho, de castigarme hasta que mi cuerpo fuese un amasijo de carne, tan adolorido que no tuviese ni forma, y mi espíritu estuviese tan humillado y cansado que sólo quedara un ente con deseos de redención.

Veía en Gin esa oportunidad, en su arrebato violento y loco, en sus amenazas verbales y en la lujuria incomprensible de sus ojos, en él yo veía mi redención. Se había cruzado en mi camino por algo, quizás mitziyeh me estaba mostrando el tortuoso camino del miedo y el dolor para llegar a él.
Cómo podía ponerme a rememorar y evocar todo esto en medio de un brutal ataque de lujuria y sexo?. No la tenia ni parada, mis pezones seguían blandos, ya no reaccionaban al dolor ni a la brusquedad, mi cuerpo se había vuelto una piedra insoluble, insípida, ya no me sentía atractivo para ningún ser vivo más que para los pervertidos infrahumanos... y para Gin claro.

Su leve duda se había disipado ante mis crueles palabras, algo había sido lastimado en su pequeño y tierno interior, jaja. Como era posible? Gin acaso también guardaba algo en su interior? Un resquicio humano?. La sangre brotaba y el oxigeno mermaba mi cuerpo rápidamente por el mis malos hábitos y mi dieta poco nutritiva, sentía dolor pero sabía que sólo eran las preliminares del siniestro vampiro, pero la pregunta seguía latiendo en mi cabeza. ¿ Gin echaría de menos a alguien?.
Mis ojos no se cerraron esta vez, lo miré con paz en cada momento de cada acto de tortura, su lengua invadiendo mi boca, sus manos mancillando mi piel hasta lacerarla. No me resistí, no había razón.

Cuando dejó en paz mi boca, mis labios estaban lastimados y enrojecidos, todo el alrededor, hinchándose también. Tragué un poco de saliva y miré el techo que compartíamos, luego sus cabellos, dado que estaba muy cerca mío. Lo abracé cuando mis manos estuvieron libres y me aferré a él como si fuese mi nexo con el gemelo perdido y sobre él derramé algunas lagrimas, que ya las había sentido bajar porque me habían empezado a arder los ojos, se me amontonaron los sentimientos y los vomité como si estuviera mi cuerpo expulsando un cáncer que me consumía.

- Yo debí irme y no tú mitziyeh…-

Le confesé al oído ajeno, pensando que era mi canal, creyendo , determinista, delirando por la falta de aire o por una crisis, que el que me castigaba era mitziyeh y no Gin, o Gin era un purificador, tenia la verdad en alguna parte de su piel y de allí su blancura.

- …Perdóname…-

Le pedí arrugando los músculos de mi cara, cerrando tan fuerte los ojos que creí que no los abriría en la vida. Quería que me perdonara por no haberlo buscado antes, por no cambiar el curso de nuestras vidas. Que me perdonara por ser el ser patético que era. Por que ante Fujiwara?...Porque suponía que eso no lo detendría y que no le importaba. Cada vez que mi cordura flaqueara por la tortura de Gin, yo le invocaría y lo retendría en mis labios.
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Re: Open to business [libre]

Mensaje por Invitado el Vie Mar 16, 2012 10:39 pm

Atrapado, mutilado, fusilado por la peor clase de arma. Frente al paredón. Gin sentía los brazos de Engel asirse a su persona como si no hubiera un mañana, y las cálidas gotas mojarle la mejilla. Nunca, en todos sus años de depredador furtivo había presenciado semejante despliegue de infernal tormento. Nunca en todo este tiempo había sentido ternura.

“Mentís”, pensó Gin en un microsegundo que desplegó otro sinfín de imágenes que prefería haber ahogado en el fondo de una botella, olvidado en el culo de alguno, o matado junto al cuerpo de alguien. Allí estaba él, su único y más fiel recuerdo, trepándole como una boa por el cuerpo, intentando otra vez quitarle el oxígeno. Lo ahogaba la impotencia, la memoria, y el impulso salvaje de olvidar.

-Pensás que con eso me detendré?-. Las palabras salieron sibilantes, como si una serpiente hubiese aprendido a hablar. La ira se deslizaba furtiva por su boca, como una peste negra que lo comería todo. –No me hagas reír…-. Y al decirlo empujó al otro de sí con brusquedad y violencia contenida. El rictus del rostro enajenado, desquiciado, lleno de sangre y saliva, desfigurado en una mueca sádica. Se relamió los labios. –Suplicá…-. Mientras se encorvaba sobre Engel, como una pantera que olisquea la presa medio muerta que tiene a su merced, tomando en una mano su cabello y tirándole la cabeza hacia atrás, sin respeto, sin duda. La lengua sinuosa que recorría la dermis caliente, lacerada, pero infinitamente blanca y bella. Era sabroso, el dolor era sabroso, y ser verdugo de aquello era la única forma de aplacarlo. Quería destrozar al pobre bastardo hasta dejarle hecho polvo, quería deshacerlo bajo sus manos que ahora apretaban como tratando que los dedos penetraran la carne.

-Te odio…-. Murmuró apagadamente, casi reprimiendo una verborragia que no se daría el lujo de dejar escapar, ya nadie conocería al ente que llevaba bajo la piel de lobo. El cordero debía morir. Una y otra vez, repetía la misma escena, como si los borregos alguna vez fuesen a fallecer.

Pero le descolocaba, aunque lo ocultara Engel tenía esa misma pasividad absurda de su recuerdo. “Te estoy hiriendo, carajo, llorá, golpeá, insultá, hacé algo la puta que te parió!”, la frase resonaba en su cabeza mientras buscaba una forma que el otro reaccionara, una frase que había dicho hace mucho tiempo, y que le había enseñado una vez más que nunca hay que caminar a la guillotina de la confianza.

Ya estaba duro y palpitante, sentía que el pantalón le apretaba, que la sangre y el semen rogaban salir de una puta vez, quería penetrar al otro y humillarlo de mil y un formas, ponerlo en cuatro y violarle hasta el último secreto, pero se daba cuenta que de esa forma sólo le estaría dando lo que quería. Gin entendió que él estaba siendo usado de una forma cruel y despiadada. Había caído en una trampa. Él era un canal, un imbécil al que usaban para expiar vaya uno a saber qué pecado y eso le enfurecía.

El asco se apoderó de él, estaba frenético, estaba fuera de sí, había perdido cualquier control. –Te detesto…-. Y era más que obvio que las palabras eran para él mismo, cuando al meter la mano bajo el pantalón del otro confirmó el hecho de que Engel no estaba excitado en lo más mínimo. La frustración crispaba su espalda, lo hacía sudar y apretar los dientes cuando, con la mano aún metida en el pantalón del otro, tomó su sexo balando y patético y comenzó con el lento vaivén, el preámbulo lento y tortuoso. Estaba decidido a hacerle caer en el placer. Engel quería sufrir y él le haría disfrutar de ese sufrimiento, y cuando acabara, cuando se lo estuviera follando y la leche de Engel le manchara la mano, se deleitaría en la contradicción de que ese recuerdo horrible se convirtiera en satisfacción.

-Eres mío…-. Le susurró al oído, y apretó con furia el sexo, al tiempo que sonreía y la lengua, desagradable y húmeda lamía el rostro lleno de maugullones, se deslizaba fiera por el cuello y acababa en uno de los pezones. Mordió, mordió con fuerza y continuó moviendo la mano con paciencia… No le importaba que le llevara toda la noche… tendría su semen a como diera lugar.



Spoiler:
Como usuario me da mucha cosita Engel, yo lo llenaría de besitos... :3
Pero Gin es malo... Ya a esta altura se me ha ido todo el rol de las manos XD
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Re: Open to business [libre]

Mensaje por Invitado el Sáb Mar 17, 2012 4:55 am

Su cólera sólo se hizo mas patente, su profunda y dolorosa toxicidad sólo se volvió mas ácida y agresiva. Volvió a jurar y perjurar que me destrozaría, que acabaría conmigo.
Devoraba mi piel, lacerándola y haciéndola sangrar, atacaba mi rostro haciendo que se hinchara y se lastimara más.
Su sangre hervía prepotente como el mismo magma de un volcán agresivo y letal, sus ojos centelleaban como faros del Averno, su voz ahora trémula y amarga se apoderó de mis pensamientos mas inmediatos y premeditados.

Se desataban sus frustraciones contra mi y se ponía rabioso porque se sentía usado en su mismo juego perverso. Eso me sacó una sonrisa tenue, saber que Gin sentía que me odiaba y me detestaba, que deseara que suplicase para sentirse bien, para sentir que iba por el camino adecuado. Pero no iba a darle aquello, por que yo, no lo odiaba.

- Yo no te odio Gin.-

Susurré acercando mis dedos a la sangre que salía de alguna herida en mi torso desnudo y níveo, embadurnándome las yemas de los dedos, como un aceite santo, y llevándomelo a la cara, tracé una línea desde la frente hasta el mentón, y desde una oreja a otra, surcando la boca, mirándolo para que viera mi sonrisa rojiza, arlequinesca y enfermizamente fría.
La sangre de mi mano, la llevé a la cara de Gin, y la puse en sus parpados, en su nariz, en sus labios, al menos el tiempo que me dejó hacerlo antes de seguir machacando mi miembro. A mi mente surgió la clara idea, de que Gin no entendía nada de lo que pasaba. Decía ser el mejor mordedor, pero de todas formas mordía. Decía ser el ser mas cruel, pero de todas formas lo sería, decía ser el ser mas devorador, de todas formas él devoraba.

- Cómo odiarte, cómo no sentir un ínfimo halo de comprensión por ti, al ver que no puedes hacer otra cosa mas que ser lo que eres…-


Gin estaba condenado a girar eternamente en la propia rueda infortuna que era su siniestra vida, Gin no conocería jamás la Luz, Gin moriría siendo el ente asqueroso y perverso que era. Gin tenia el mal en la sangre y moriría con él, sin haber conocido otra cosa en su vida. Creemos que elegimos lo que queremos y lo que no, pero somos adictos a lo que se instale en nuestro camino, sea bueno o malo. Así como yo era incapaz de excitarme con el dolor, Gin era incapaz de tener en su cabeza un halo de algo positivo. Si lo pensaba bien, Gin era triste y oscuro, creía que era único, lo era en su mundo. En cada uno de nuestros mundos, somos únicos e irrepetibles, y controlamos todo lo que cae dentro de nuestra burbuja. Somos incapaces de vivir en la burbuja de otra persona, por ejemplo, una persona terriblemente cándida y bondadosa como seguro lo fue mi hermano. Él jamás hizo ni hubiera hecho mal alguno, porque no podía concebirlo, era incapaz de ser perverso. Para eso estaba yo, que soy incapaz de ser un buen ser humano, de hacer algo por alguien.

Las lágrimas saladas salían intermitentemente, limpiando la sangre que se hubiese pasado de mis párpados, pero no tenia espasmos de llanto, pese a que el interesante vampiro estaba machacándome el pene. Podía sentir que mi sensible zona se ponía rojiza e irritada, pero seguía flácida.
Si debía ser sincero conmigo mismo, mi cuerpo no había conocido otra cosa en la vida más que el dolor y todos los límites posibles. No sabia lo que era un orgasmo, pero si algo hacía a mi cuerpo reaccionar era ese tacto extraño… me daban arcadas profundas, la piel se me erizaba y sentía ganas de vomitar , comenzaba a temblar como una gelatina. Pocas veces lo había experimentado, y nunca pasó a mayores por que en esos momentos yo…sentía miedo.
Eso no pasaba con la aplanadora Gin, que se abría paso entre mis ropas de la manera mas grotesca posible, buscando entre mordidas, chupetones y brutal lujuria, algo que me hiciera ponerme duro.


- Puedo chupártela si quieres...-

Le susurré en un momento, mirando el techo y notando que algunas luces ya estaban apagadas. Pensé que si lo decía así, me pondría de cara a su enorme pija y me dejaría hacerle un oral, al menos para que no le explotara de pura frustración.
Spoiler:
X3 <3 Mi Angel sólo necesita mimitos muajajajajaja


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Re: Open to business [libre]

Mensaje por Invitado el Lun Mar 19, 2012 5:27 pm

El perfume espeso del tabaco penetraba sinuoso por la nariz del joven criminal de guante blanco. Casi no había luz en el lugar y el silencio calaba hondo. Apuntó y disparó. Una mano suave, tersa e infinitamente fantasmal le tocó la nuca, se la acarició. “Muy bien”, la voz que le felicitaba se le apeteció masculina, dura, y en definitiva, lo que él siempre había deseado. Se dio la vuelta y encontró a la criatura dueña de esa mano y tomándolo por la cintura arrebatadoramente, le robó un beso fugaz. El hombre castaño, sólo frunció el seño y liberándose, le removió amistosamente el cabello.

“Lástima…”.

Las garras se tensionaron cuando las caricias patéticas surcaron su rostro. Qué descarada y fútil criatura tenía bajo su humanidad, lacerada y chamuscada. Sus instintos le dijeron que le prendiera fuego, que lo asesinara de un balazo en la frente, que lo desfigurara y lo tirara en el primer río que se cruzara. Sus instintos eran sabios. La adrenalina menguaba a una especie de asco mal habido que retorcía sus entrañas como un veneno lento y perfumado. Estaba hastiado de tanta mierda toda junta. La respiración, agitada en algún momento, ahora era un metrónomo. Sus ojos, alguna vez inyectados en sangre se habían vuelto opacos y vacíos. No le interesaba en lo más mínimo que ese momento se pudiera caratular como una derrota, en definitiva, no lo era. Él seguía siendo un lobo, uno que había jugado con la carne que se le había presentado, el ritual de la noche estaba completo.

-Si…-. Asintió con una rotundidad absoluta, pero no al enfermizo ofrecimiento de una mamada, la calentura se solucionaba con una paja en la ducha, ese no era el problema. –Soy lo que soy, inevitablemente…-. Las sombras que se ceñían amenazadoras sobre el Ángel de la muerte poco a poco se fueron retirando. Gin se reclinaba lenta y elegantemente hacia atrás, desdeñando la presa. –Sin embargo, vos no sabés lo que eso significa. En definitiva, yo vendría a ser la expiación de algún pecado tuyo, por algún medio sadomasoquista al que realmente, por el momento no le veo el punto… Es bastante más patético de lo que pensaba, sabés? Es decir…-. Y completamente sentado en el sofá, despatarrado como si fuera su casa, el lobo parecía haber recobrado completamente la compostura, como si nada hubiese pasado.

Sus finos dedos como hilos del destino buscaron la cajetilla de cigarros un par de veces entre su ropa hasta encontrarla, y cuando localizó el encendedor con la mirada, lo tomó y encendió la toxina que pendía de sus labios. Otra vez ese humo que lo deliraba.

-Hay que tener en claro nuestra posición en la cadena alimenticia. Algunos nacen para sufrir y otros para infligir ese sufrimiento. Cuanto más rápido aceptemos, y abracemos ese concepto, pues más simple será la vida para complicarla con otros tantos problemas-. La nueva bocanada le llenó los pulmones y retuvo lo más que pudo antes de exhalar con ruido. Gin estaba hablando como comerciante, el sexo no se interponía ahora. –hay que ser honestos con uno mismo, es el último bastión que nos queda a la gente que nació irremediablemente sola. No me malinterpretes, uno puede nacer rodeado y en definitiva, las hermanas del destino no harán otra cosa que vaticinarte la más absoluta soledad-. Gin alzó una ceja y le sonrió a sus rodillas, como si se acabara de acordar de algo.

-Voy a empezar a conocerte… creo que ese sería tu peor castigo. Dejar que alguien cale en lo profundo, que alguien revuelva lo que deliberadamente se trata de ocultar, es el peor precio para alguien como vos. Siguiendo con lo de antes, no sos honesto. Me dijiste que no puedo ser otra cosa. Claro que puedo, pero mis decisiones me llevaron a esto, erradas o no. Tengo muchos pecados a cuestas, pero por suerte no soy cristiano y no creo en la culpa. La vida se resume a actos y consecuencias…-. El peliplata miró por primera vez en toda la charla a su interlocutor que aún yacía a su lado, no sintió el menor remordimiento por su estado. En un acto casi paternal tomó la camisa y tapó su pecho por ambos lados, dándole una palmadita. Luego volvió a calar de su cigarro y su mirada se perdió en algún punto indefinido del techo.

-Si tuviera que adivinar, y sólo porque los momentos “extremos” ponen de manifiesto elementos muy sutiles de las personas, diría que hay algo que te carcome la conciencia. Puede ser el hecho de que te sientas inferior físicamente, puede ser algo que te hayan hecho sentir cuando eras un crio, en definitiva es algo que te irriga tanto dolor en las venas que no importa cuánto te golpee, seguirás inmutable…-. Por unos segundos recordó a Hakurón con una sonrisa. Engel se parecía mucho a él. El cigarro murió contra el cenicero.

-Voy a decidirme por la teoría de la culpa… y diré que ha sido alguien muy cercano, una muerte, una mentira, una traición. En definitiva estás enojado y te culpas. Como te dije, vos y yo, no somos tan diferentes. El tema es que por una cuestión de supervivencia y ego, mi postura fue aceptar lo que hacía y lo que me han hecho ser, y sacar el mejor provecho de eso… Vos qué vas a hacer? Digo, con todo el dinero y el poder que tenés, no sería más lógico canalizar eso que sentís en algo… verdadero? De qué sirven las máscaras de ser “todopoderoso” si no la vas a hacer carne?-. La botella de vodka estaba vacía, Gin se maldijo por eso, necesitaba un trago. Tomó la champaña que estaba en la frapera y tomó del pico.

-Sé que muy probablemente pienses “y este idiota qué se piensa, si hace lo mismo”. Pero, vuelvo a repetirte, aburrido y todo como estoy, hastiado de este mundo de mierda y sus habitantes, yo tome la decisión: Si la vida me iba a dar palos, yo se los devolvería. A cada ser humano, de la forma más ruin, me desquitaría con todos los que no se adecuaran a mis estándares de perfección, los que no hicieran lo que debían hacer, los que me dieran lástima, los débiles que en definitiva debieron haber muerto antes de nacer… yo repartiría la miseria, yo sería el estandarte de este siglo y lo sería como el mejor… hasta ahora no me ha ido mal… La cuestión es no cambiar de bando a la mitad del juego, eso es lo que destruye. Está bien vivir la fantasía, pero sólo si la neurosis te permite creerla como verdadera-. Las orbes frías como hielo perpetuo buscaron por el rabillo a Engel.

-He atinado?-. Preguntó con un halo de diversión clavado en el rostro.
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Re: Open to business [libre]

Mensaje por Invitado el Lun Mar 19, 2012 6:23 pm

Sus ojos se vaciaron como un cuenco que pierde el manantial, el fuego fatuo desapareció de sus pupilas y sólo quedaron piedras. Me dejó ahí medio tirado mientras se retiraba y de nuevo, su carácter se transformaba y olvidaba por un momento el hecho de metérmela. Nunca jamás había conocido a alguien que tardara tanto en hacérmelo, es mas, generalmente era algo medio cortito.
Hubiese pensado que el oral le hubiese gustado por el hecho de que me ponía mas vulnerable a sus deseos, pero esa oferta no pareció si quiera, importarle. Era desconcertante sí.

Comenzó a hablar, notando que su semblante se volvía una especie de figura de cartón sombría, un espectro de su propia mente que proyectaba su análisis intransigente sobre mi cabeza, hasta mis pies. Que supiera lo que me pasaba, en resumidas palabras, era algo que tenia que entender que pasaría siempre que explicitara en balbuceos lo que sentía. Hablar de ello había hasta dejado de dolerme, pero por alguna razón, no ocupaba lugar en mi agenda, más del necesario, todo sucedía de manera visual y mental, nunca hablado, era como un gasto de energía extra que ya no tenia desde que las noches de Steinburg me llenaron de insomnio.

Allí fumándose un cigarrillo como si minutos antes no me hubiese atacado, hablaba de su posición y de su poder, de la gran pirámide jerárquica a la que todos estábamos sujetos quisiéramos o no, y entonces me hacía esa pregunta que a veces ni yo sabia que responder. Me di cuenta de que necesitaba nuevas metas, pero… cuales?. Me incorporé para sentarme, adolorido pero no para mariconear, y me sujeté los harapos en los que había quedado mi ropa. Gin era indomable, o era mas astuto de lo que yo podría llegar a ser.
Miré mi mano, en las líneas de mi palma que todavía permanecía blanca y sana a pesar de la sangre y esas cosas, y me detuve a reflexionar. Desquitarme, ya no tenia a quien castigar, a quien echarle la culpa de todos mis males y pesares, sólo quedaba yo, quien había iniciado todo esto. Mi enfermiza competencia había sido tan rápida y desesperada, que no dejé ni si quiera, comida para el invierno. El hambre insaciable de mis fantasmas se había descontrolado tanto que si pronto no conseguía una meta, como bien decía el maldito Gin, me devoraría a mi mismo. Pero entonces, éste vampiro enfrente mío que pretendía castigarme mordiendo el interior de mi ser y demostrando que no había quien lo detuviese, era realmente lo que mitziyeh hubiese querido que me develara sus epifanías?. Entonces un aspecto de mi rutina que yo había olvidado hacia mucho tiempo, afloró en mi mente como un relámpago recordatorio y mis ojos miraron a Gin de otra manera, como si alguien a quien yo había evocado estuviera bajo su piel, aquella deidad a la que nombraba al alzar la vista cuando sorbía un trago de vino o cuando masticaba a mis enemigos, la que me recordaba que estaba donde estaba porque vivía succionando la vida de miles de personas, que mi cama estaba hecha de huesos, que mis sabanas eran balas, que mi sangre era pólvora y mi corazón era de titanio, mi alma de acero y tenia plomo en los ojos.
Dije que llenaría al mundo de miseria y que le obligaría a tragar el propio veneno que acabó con la luz de mi hermano y con la mía. Pero a veces lo olvidaba porque eso no me hacia sentir mejor, por que eso no me acercaba ni un poco al alivio, sólo cultivaba la maldad que habitaba en mí. Son dejar de mirar a Gin, me levanté como pude, acercándome a su rostro para tratar de verlo en contra luz, y musité, no muy convencido…
- Kali… ?-

Un ruidito agudo y llamativo vino de mi mano, que era el reloj de mi muñeca que marcaba la hora de tomar una pastilla. Como era parte de una rutina inconciente y eterna, mi mano derecha fue hacia mi bolsillo, pero claro, era un pantalón de vestir y no había traído el medicamento, porque para es ahora yo debía estar en mi casa, estaba llegando tarde a mi cita con la cordura.
Ese momento ridículo de campanadas que marcan las doce y transforman mi suerte en calabaza , me hizo disipar todo ese asunto de la Diosa Caníbal y en si Gin era real o era ella diciéndome que me estaba volviendo débil. Me acomodé el cabello hacia atrás, sintiéndome mareado y cansado, expuesto, pesado, mal, asqueado. Parpadeé y recordé que aún seguía en Bebop, y que Fujiwara aguardaba respuesta, viéndolo divertido , quizás esperando un premio por haber escarbado en mi vida?.

- Si, acertaste te felicito.-


Le dije mirando a mi alrededor, viendo si había traído alguna chaqueta. Había sido la noche mas extraña de mi vida, y esperaba que la última con tanto kilombo de emociones, esperaba que Gin no corriera la misma suerte que el anterior master de las drogas en la ciudad, tenia mucho potencial para seguir provocando interesantes rumores y el interés de las demás personas de este gran sub.-mundo. Ahora por su odiosa culpa me acordaba de que todavia debia despedazar la vida de otro grupo de personas que no me conocian pero que yo sí y no podia seguir deprimido y con estas fachas para las 7 am.

- Ahora si me disculpas, tengo que volver a mi cueva, la noche se acabó.-

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Re: Open to business [libre]

Mensaje por Invitado el Lun Mar 19, 2012 7:11 pm

Ginzou estaba perdido en su propio reflejo dibujado en el vidrio que tenían frente y por donde podía verse toda la extensión de la pista de baile del Bebeop. Sin embargo ni su mente ni su atención estaban en ese lugar, con esa gente. Sabía que a su lado estaba Engel meditando sobre las palabras que le había escupido como si fuera el Dalai Lama y que la hora oscilaba entre las 6 y las 7 de la mañana. Es increíble lo rápido que pasa el tiempo. Se burla de nosotros. Sin embargo, las certezas allí acababan. Todo lo demás, en esa cabeza oscura y retorcida estaba patas para arriba, era un lapsus que se permitía de tanto en tanto, sólo para refutarlo en cuanto aparecía.

Cuántas personas en el mundo que oculten sus sentimientos, existen? Cuántas de ellas realmente no tienen sentimientos? Cuántas de ellas es humanamente posible conocer en una vida? Sin embargo, al final del día y cuando la almohada es la única confidente, todos, absolutamente todos, mostramos esa fibra que no le permitimos a nadie ver.

Ginzou buscaba un desafío. Buscaba alguien que fuera capaz de revolverle el estómago, alguien que hiciera que pasara de la visceralidad y se transformara en un malestar psíquico. Quería el caos que él representaba en la realidad, transmutado en su conciencia. “Yo quiero ser el peor de todos los males y al tiempo, encontrar mi némesis. Aquel que me pregunte ¿por qué? Y me imprima la necesidad de contestar”.

Inevitablemente se desconfía. El ser humano es traicionero, las interrelaciones siempre resultan en dolor. El mismísimo hecho de respirar significa que otro no puede. Hasta ese punto llega la miseria humana. Ginzou Fujiwara era consciente de esa miseria y vivía en ella. No pretendía nada más. Había aprendido con los años a no pedirle nada a nadie que no pudiera dárselo. Así conquistó todo lo que el instinto le pidió y de esa forma jamás deberle favores a nadie.

Ahora, sentado en ese antro, con un hombre al que no era capaz de transmitirle nada, se preguntó por un momento si valía la conquista. Y ese lapsus se cortó justo cuando empezó.

Vagamente notó los actos del otro… lentamente volvió en sí cuando sintió la condescendiente respuesta. “Si, acertaste, te felicito”. Había enojo, frustración, o un ápice de algo en esas palabras? Por el momento, no podía contestar a esas preguntas. Había generado algo en el otro? Tampoco podía saberlo. Su análisis estaba trunco.

Comenzó la despedida.

-Hacé como mejor te plazca, tirate de un puente si es lo que realmente querés hacer. Solamente, y por mera curiosidad de ególatra refinado quisiera saber si produje algo en vos. Podés o no contestar, es simple… simple urgencia que tengo ahora. El tiempo, indefectiblemente, da respuesta a todo. Así que no es imperioso que contestes…-. Los orbes de un azul oscuro penetrante, se elevaron para ver a su interlocutor. No estaba vencido, ni mucho menos. La criatura a su lado le generaba cierto grado de curiosidad, casi de enfermiza añoranza de algo que muy probablemente había perdido y no recordaba cuándo.

-Por otro lado, no siento la necesidad de acabar esto justo ahora… Quizás el masoquista soy yo…-. Un pequeño bufido escondió una risa. –De todos modos, muy probablemente te de caza hasta atraparte… te dije que voy a conocer hasta tu último secreto… te has convertido en mi meta secundaria…-. Y otra vez los dientes relucientes y perlados, a penas asomaron por debajo de los perfectos labios.




Última edición por Gin Fujiwara el Lun Mar 19, 2012 11:27 pm, editado 1 vez
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Re: Open to business [libre]

Mensaje por Invitado el Lun Mar 19, 2012 7:35 pm

Me giré para no verle la cara mientras me arreglaba un poco la ropa y acomodaba mis cabellos, abotonaba mis puños, ponía en orden mi pantalón, sosteniéndome la muñeca que había atrapado la mano de Gin y noté las profundas marcas, reflexivo en sus nuevas palabras, entrando en una mutis de transición, para otorgarle algo que no le había dicho a nadie en este mundo, sinceramente, en mucho tiempo.


- Seas quien seas, sea cual sea el sentido de tu presencia en mi camino, ésta noche sentí mas cosas de lo que pude haber sentido en toda mi vida. Que no puedas diferenciar qué sentí, no es culpa tuya...-

Dije inclinando la cabeza mas abajo para ver el estado de mis piernas y si podía caminar sin tambalear o sentirme débil. Ni bien llegara al auto me iba a desplomar de agotamiento. La verdad era que sí, había sentido muchas cosas y por eso mismo estaba tratando de contener la calma y no entrar en pánico. Miedo, Culpa, Ira, Rabia, Desconcierto, Sorpresa, desprecio, Necesidad... Había sido tanto que mi cuerpo no iba a poder soportar más por un buen tiempo, no estaba preparado para que el Demonio hecho carne me enseñara a vivir la vida intensa como era.

- Tampoco te lo voy a decir, es un secreto.-

Musité con una sonrisa de perversión y me giré despacio, sintiendo que su presencia era tan poderosa que volvía el calor a mi cara cuando lo miraba directamente.

- Por que no cenamos? –Propuse como si fuese una invitación común de una persona común a otro ciudadano común en un lugar común. Pero Gin sabia lo que éramos y a estas alturas, sabiendo lo retorcido que podía ser, sabia que no iba a ser una cena normal.

- Me voy a encerrar en la casa mas segura de Steinburg , en un comedor oscuro, y me voy a sentar a esperarte cada noche, hasta que quieras llamar a la puerta. Pero tiene que ser antes del Lunes porque…si no el elixir se va a acabar y no voy a poder compartirlo con vos…realmente…hace mucho que nadie quiere compartirlo conmigo.-

Musitó con una pizca de melancolía por encontrarme siempre sólo en ese ritual de la cena.
- Quizás en esa situación si pueda contarte lo que me pasó hoy…-

Dije manteniendo una tenue sonrisa por segundos, era casi como un…no sé, coqueteo sincero. Pero pronto atrapé la chaqueta y al sentir que poco a poco el frió me invadía, lo miré preparando mi autoestima para la autodestrucción.

-Si no aceptás no importa. Puedo entenderlo perfectamente, al fin y al cabo…soy otro fantasma en tu camino supongo. A veces imagino que controlo cosas que no son…-

Comencé a darme cuenta de que me estaba yendo a una verborragia de temas equivocados, así que me digné a alejarme con lentitud del lugar, mirando detenidamente las escaleras para no caerme. Números? Llamadas? Direcciones? Esas cosas no eran desafíos para serpientes como nosotros supongo, además, lo hacia, no sé, interesante.

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Re: Open to business [libre]

Mensaje por Invitado el Miér Mar 21, 2012 10:10 pm

Ginzou Fujiwara escuchó con los dedos de la mano entrecruzados delante de su boca, y los codos apoyados en sus rodillas, encorvado en meditabunda posición. No mostraba señal de sentir, simplemente se dedicó al fino arte de la contemplación, absorto dentro de su mente y olvidando por completo que eran más de las siete de la mañana, que el bar estaba prácticamente cerrado y que los monigotes del lugar rondaban como cocodrilos en el pozo pues querían que se largaran para poder irse a dormir de una vez. Todas aquellas, eran cuestiones que pasaban del albino joven que hacía mucho tiempo había olvidado lo que era dormir, o descansar. El mundo era fútil y él debía accionar todo el tiempo contra eso.

Quizás pasaron unos minutos hasta que volvió en sí, o dio señales de no ser una estatua de algún filósofo griego esculpida en fino mármol. Las palabras de Engel sonaban suaves todavía en sus oídos, con esa delicadeza del eco de la memoria que todo lo distorsiona. Sentía el olor de la sangre mezclada con perfume a jabón de glicerina y notas cítricas de algún aroma industrial, probablemente francés. Sabía que no eran suyos, y se deleitaba en ellos como si simbolizaran algún retorcido trofeo de guerra. Le gustaba. Le excitaba.

Los ojos punzantes marcaron su recorrido hasta el rabillo del ojo antes de incorporarse con desgano sensual. Otra invitación muda de su gravitación sexual. Allí parado, parecía que su columna era un ente completamente flexible, lo que le daba ese aire de felina elegancia, una mano en el mentón, y la otra tomando su codo. Los labios suavemente encorvados hacia un lado. Sonriendo a medias, deleitándose en la otra mitad. No dijo nada.

Respiraba profundo y pausado cuando se quitó la chaqueta y caminó con paso decidido pero no violento hacia la criatura exquisita que tenía delante. Le pareció un pollito mojado con esa facha. Cuando estuvo delante, le respiró en la cara, mirándolo fijamente. Siguió sin decir palabra. Rodeó a Engel con los brazos, sin tocarle, acercando su rostro lo suficiente como para que su boca se colocara en uno de sus oídos.

-Dormí bien…-. Susurró con aire caliente y pesado, con hambre, en tanto que sus extremidades surcaban los brazos del interlocutor dejando que la tela de su saco hiciera las veces de caricia. –huir de un lobo puede ser una tarea que requiera mucha energía…-. Sus manos seguían subiendo hasta los hombros colocando la prenda en ellos. –Sobre todo si el animal finalmente muerde tu yugular…-. Las arañas se sus dedos abrazaban la mandíbula del otro. –Dormí… mientras te doy caza…-. Y como el beso de la muerte, los labios fríos y rozados tocaron la mejilla del otro. Finalmente el aura se rompió cuando se apartó, girando lento sobre sus talones…

Ahora colocaba una de sus manos en el bolsillo de su ajustado pantalón, marcando sus glúteos deliberadamente, la espalda recta, el caminar de un modelo por una pasarela, mientras se perdía en la oscuridad, acercándose a la puerta que dividía el Vip del resto del club…

-Nos vemos…-. Se escuchó como una sentencia de muerte esa voz desde la oscuridad antes de escuchar la puerta abrirse y cerrarse. Ginzou Fujiwara estaba había desaparecido.
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Re: Open to business [libre]

Mensaje por Invitado el Miér Mar 21, 2012 10:20 pm

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Re: Open to business [libre]

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