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Protect Me From What I Want [Gô Koyama]

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Protect Me From What I Want [Gô Koyama]

Mensaje por Geist el Miér Abr 30, 2014 8:19 pm

Fue una noche sin sueños. En blanco. Una noche de nadas, después del centenar de sentimientos. Del centenar de sensaciones. Del placer. Y del miedo. Kiran dormía, sin más, con la mente embriagada, y el suave ritmo lento de su respiración, serena, acompasada.

En soledad.

Su cuerpo aún conservaba la postura, ofreciendo un regazo vacío a una cama desierta, que había sido testigo del rubor en su rostro, del candor en sus ojos, en sus manos. De esa extraña ternura, al sostener a Gô, al mecerlo, sin más, contra su propia piel. Durante horas.

Pero al final, se había dormido. Junto a él. Como él. Vencido por el agotamiento, por esa saciedad, desconocida. Por todas las preguntas, sin respuesta.  Y no había despertado cuando Gô le dejó, a su merced, sin la oportunidad de despedirse, sin la oportunidad de decidir, o de escoger. A solas. En ese apartamento oscuro y lúgubre, dónde hasta ahora había guardado sus secretos.

Geist notó el frío mucho antes que el silencio. Sintió su cuerpo yermo, sin el calor de esa otra piel, más pálida, más joven, vulnerable. Y antes de abrir los ojos buscó, a tientas, el sonido de su voz o sus pisadas. El agua de la ducha. Su aliento, en cualquier parte. Para no hallarlo. Para encontrarse solo.

Tal vez lo lógico fuera sentir alivio. Y no la traición sorda y afilada restallando en su pecho, como un látigo. Porque el único hombre al que había conocido, la única piel que había probado, la única boca que se atrevió a besar, era sólo silencio. Memoria. Recuerdo. Como lo era John. Como lo era sentir... dejar que otros sintieran. Que sus manos no fueran sólo puños. Que esbozaran caricias.

Al abrir los ojos el sol le apuñaló, profundamente, como un aliado más de ese vacío. Esa rutina, diaria, que volvía a él arrebatándole el único momento de verdad, en toda su existencia. Necesitó buscar, entre las sábanas revueltas, el condón ahora triste, patético, para saber que fue verdad. Necesitó tocar su rostro, maltratado, para encender la rabia suficiente para afrontar ese rechazo, como un hombre.

Porque los hombres no lloran... y no aman a otros hombres. Porque los hombres no besan. Nunca añoran. Los hombres son capaces de entender que somos sólo piedras, huecas, sobre el suelo.

Fue entonces, aún en su lecho, arrodillado, cuando encontró la nota y las palabras. Teléfonos. Éso era todo. A éso se reducía. Kiran lo había perdido todo. Lo había mostrado todo. Lo había aceptado, todo... para encontrar sólo una nota en la mañana.

Su alma pareció simplemente romperse, en mil pedazos. Y con ella, las parcas ilusiones que se hacía. Que se había permitido consentir, con Gô aún entre sus brazos, durmiendo como un niño. Mostrándole inocencia. Confianza. Necesidad...

Para marcharse como un prófugo al despuntar el alba. Y hablar de calzoncillos. Dejarle su teléfono. Como la simple puta que recoge y sonríe, tras la faena acabada. “Sexo. Sin sentimientos”. Kiran se odió, gritó su nombre en un tono distinto al gemido rasgado de la noche, como un bramido herido y quejumbroso, y colérico, hizo añicos la nota sin pensarlo.

Su letra, y retazos de un número quebrado, vagaron en la cama, con su odio.

Se sentía despechado. Nuevamente inferior. Equívoco. Insípido. Indefenso. ¿Cómo pelear ante el rechazo? ¿Cómo hacer que te miren? ¿Que te vean? ¿Cómo hacer que te amen? Revivió cada espina enterrada en su ser, en su memoria, sintiéndose tan joven y perdido como le había hecho sentir John, en el pasado. Desechado por Gô, como otro cuerpo.

La furia se extendió, como le ocurría siempre, y sin saber ni cómo ni hasta cuándo Kiran gritó, golpeó la cama, su maleta, las trizas de la nota, sus sábanas revueltas, su propio cinturón, esa vieja revista, cada una de sus prendas... y terminó, postrado, incapaz de romper las palabras de John... la vieja polaroid... y la sensación, aún dentro de su piel, aferrada a su cuerpo, de haber sentido a Gô del todo, por completo. De haberse dado a él. De haberlo reclamado.

Al final, el caos y el mediodía le encontraron sumiso, en un rincón, abrazado a su cuerpo, como un niño... sin lágrimas. Y cuando fue de noche, volvió a hacerse al invierno, a las calles de Steinburg, a toda su impotencia, y a la carrera ansiosa, y solitaria, entre los callejones.

Corriendo en la otra dirección... Huyendo del camino que trazaron sus pasos sólo una noche antes. Una noche sin frenos... de terror y violencia, de incoherencia y de fuego, de llanto, de placer, de ternura... y de sexo. De amaneceres gélidos. Y a solas.

Después, siguieron otras. Varias noches, a solas. Ocultando su rostro hasta cicatrizar. Ocultando su alma hasta forjar de nuevo una armadura. Noches de saco de boxeo, de sprints hasta sentir el cobre entre los labios, de rabia y desolación al contemplar su cama, su baño, sus toallas... Noches sin él. Con nadie. Odiando a Gô. A John. Odiándose a sí mismo.

La quinta noche, sus facciones sin huellas volvieron a llevarle hasta el trabajo. La ciudad seguía gris. Él se sentía marchito, frustrado y vengativo, y la fila de cuerpos que trataba de entrar en el local parecía una diana.

Después de varias broncas y varios empujones, una mancha de sangre en su camisa, blanca, miradas despectivas, arrogancia en la boca, y ese dolor intenso, en las entrañas, su turno había acabado. Kiran dudó, plomizo, deseando poseer otra guarida. Una, distinta, que no hubiera invadido una mirada azul. El aroma de otro. El eco de un gemido.

Y como siempre hacía, huyó, de nuevo, sin correr esta vez. Hundiéndose en un nuevo abismo, un nuevo agujero, que como Gô, o su cuerpo, trataba de engullirle, de abrazarle, de asfixiarle entre llamas y sudor.

La pista del Bebop estaba llena, por entero. Figuras diferentes, de rostros casi indescifrables bajo el haz de los focos y la ilusión del maquillaje y el calor, acogían cada uno de sus pasos. Como si fueran maniquís, de carne y hueso, mezclándose, siniestros, al compás de una música ajena. Kiran sentía los bajos, reverberando dentro. El olor de otros hombres. Las miradas, veladas. Las cinturas, mostradas. Ombligos y clavículas. Muñecas. Bocas. Labios.

Después de unos minutos sintió sed... y no quiso tomar una cerveza. La cerveza, al igual que el azul, el tacto remanente entre sus dedos, renuentes a olvidar, las gotas de la ducha, o el cabello azabache, le hacían pensar en él... y no deseaba hacerlo.

Así que pidió una ginebra, seca, sola, alentado por el Yeomen de atuendo sobrio y rojo, tintado en el cristal. Nunca la había probado, y hubiera deseado reconocer las notas de su patria vertidas en el vaso, en la botella, dónde Beefeater, London, hablaban de un hogar lejano, difuso tras dos tragos, perdido en cualquier caso.

Unas horas después sus ojeras rivalizaban ya con el rojo en sus párpados, también en cada pómulo, y en el recuerdo repitiéndose, una y otra vez, en su cabeza. Dónde todo era lento, todo ardía, y había dos cuerpos enredados... con voces diferentes, con cabellos distintos, con facciones extrañas, allí dónde el deseo se vuelve correoso. Dónde el “pasó”, “el quiero que suceda”, el “no va a repetirse” se conjugan.

Dónde, borracho, tu memoria es infiel. Y le haces el amor a un hombre que no existe. A un hombre que existió. A un hombre, que logró que existieras. Y todo, al mismo tiempo.

Excitado y ebrio, Kiran dejó que su mirada, turbia, jugara con los cuerpos en la pista. Y su mente, perdida ya en vapores, sumida en el alcohol, se folló las pupilas, a oscuras, sin permiso, dejó que las sonrisas le follaran, violó a extraños, informes, y permitió que le violara la añoranza. Rudamente. Sin prisas. Haciendo todo el daño que podía.

Y así, en la barra, con la camisa sin corbata, la americana negra abierta, el sudor en la frente, y habiendo abierto ya varios botones, pidió una nueva copa, con la voz desolada, los puños remangados, y un dolor que tenía varios nombres... Propios. Ajenos. Mientras la música, y un Dios salvaje y lleno de ironía, se iba filtrando en su cabeza... como lo hacen las letras. Todos los buenos estribillos.

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Re: Protect Me From What I Want [Gô Koyama]

Mensaje por Gô Koyama el Miér Abr 30, 2014 9:03 pm

Ingenuo, iluso. Estúpido había sido al pensar que quizá existía la posibilidad de recibir esa llamada que durante cinco días había esperado ansioso, mirando su móvil a cada rato. Estaba claro que Geist no iba a llamarle. Por una vez había sido él el rechazado. Se sentía algo frustrado, insatisfecho y arrepentido de haberse marchado aquella mañana antes de tener la oportunidad de escuchar por última vez su voz. Pero el miedo, la inseguridad, le habían vencido y ahora debía enfrentarse a las consecuencias. Luchando contra sus propias ansias de contemplar la pantalla del teléfono a cada segundo, lo guardó en el bolsillo más recóndito de su chaqueta.

Aquella noche había quedado con un nuevo cliente. Nunca había pisado el Bebop a pesar de que había escuchado hablar muy bien de ese lugar, pero Gô, en cierta manera, era un hombre de costumbres, y siempre acababa regresando al mismo bar. No obstante esa noche hubiera preferido quedarse en casa. Haciendo de tripas corazón, esperó una cola infinita y tras recibir el visto bueno de los puertas, logró entrar al local. La estridente música le ensordeció por unos segundos, el mismo tiempo que tardó en habituarse a la oscuridad y las luces intermitentes que inundaban toda la pista. Era enorme. Y estaba lleno de gente.

Intentó abrirse paso entre la muchedumbre hasta alcanzar la barra. Durante el trayecto, varias mujeres y otros tantos hombres trataron de llamar su atención. Pero Gô no estaba de humor para juegos, llevaba sin estarlo desde la noche que compartió con Geist. Recordar esa noche le provocaba emociones contradictorias; por un lado añoranza, de un calor no experimentado desde hacía mucho tiempo; por otro, irritación al no comprender por qué demonios le afectaba tanto saberse rechazado. Mustio y sin ánimos para bailar, pidió una cerveza que vació hasta la mitad de un solo trago. 

La pista estaba abarrotada. Era imposible distinguir grupos o parejas. Estaban todos tan apretujados que parecía una orgía oculta tras la música. Cualquier otro día habría hecho lo que fuera por formar parte de ese desenfreno, pero en ese instante estaba deseando que su cliente llegara, hacer el traspaso y largarse a casa. Dió otro trago a su cerveza, pero se atragantó, escupiendo lo bebido y recibiendo miradas recriminatorias de las personas de su alrededor. Le había visto, aunque por un instante, pero estaba seguro. Volvió a buscarle en la barra hasta que le halló de nuevo, con la vista clavada en la pista de baile, igual que segundos antes lo había hecho él.

Gô cogió su cerveza y apartando a codazos a todos los que se interponían en su camino, logró abrirse paso hasta él, que inconsciente de su presencia, continuaba con la mirada perdida en todas aquellas personas que movían sus cuerpos como auténticos perros en celo. Se acercó a él por su espalda, hasta que sus cuerpos estuvieron separados por un par de centímetros. 

- He estado esperando tu llamada.- le susurró al oído. Trató de que en su voz no hubiera signo de resentimiento pero no estaba del todo seguro de haberlo conseguido- ¿No viste mi nota?- le preguntó posicionándose frente a él. Cuando Gô reparó en los ojos rojos y las mejillas ruborizadas del mayor, supo que estaba borracho, y la culpa la tenía ese par de copas de cristal vacías frente a él. Gô cogió una de las copas y la olió. Ginebra, a palo seco además. Cualquiera que no estuviera acostumbrado a beber lograría caer redondo al suelo con tan solo un trago más. 

Vació su botellín de un solo trago y llamó la atención del camarero. Pidió otra cerveza y un vaso de agua para Geist. Le volvió a mirar de reojo, y su mirada resbaló por su cuello hasta la abertura de la camisa, a través de la cual casi podían percibirse los fuertes pectorales de Kiran. Acalló un suspiro con otro trago de la nueva cerveza. Estaba aún más bueno de lo que recordaba y notó cómo su polla pulsó dentro de sus pantalones.
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Re: Protect Me From What I Want [Gô Koyama]

Mensaje por Geist el Jue Mayo 08, 2014 11:01 pm

Geist sintió su presencia mucho antes que su voz. Podía notarlo como presientes a un fantasma, como te rozan los recuerdos. Primero, siempre llega el olor. Un aroma, específico. Esa primera bocanada, evocadora, que habla de un rostro único. A veces, de pieles o caricias. De momentos, grabados.

Quiso hacerse creer que era una ensoñación. Un fruto más de aquellos vasos, ya vacíos, que habían quemado su garganta pero le habían dejado igual de frío. Igual poblado de esa ausencia, de ese reproche mudo, de esa misma impotencia. Continuaba pensando. Aunque su mente ahora no esbozaba palabras. Se valía de la imagen. De trazos, en sus ojos, mirando sin mirar. Observando sus sueños.

Por éso, al sentirle tras él, Kiran recuperó su silueta. El azul de sus ojos. El negro de su pelo. La palidez, ruborizada, de su piel... en sus manos. El tacto. Sus gemidos. Y un escalofrío abrupto le devoró, por dentro, desde la yema de sus dedos al centro de su nuca. Su nuez, tensa y agarrotada. Cada uno de los nervios, enterrados, tras su melena blanca.

Lo recordaba todo.

No quería recordarlo.

El aliento fortuito rozándole la oreja hizo de esa oleada, súbita, un estremecimiento cálido... abrasador. Como lo era el mensaje en sus palabras. Aunque no lo creyera. Gô estaba junto a él. Justo detrás de él. Y el texto entre sus labios... prendidos claramente en su memoria, en llamas y ahora ebria, decía haberle esperado. Querer verle de nuevo.

Kiran saboreó el placer, en carne viva, de ese nuevo peligro. Del canto de sirena oculto en esa frase. Pero no duró mucho. Después pensó en la nota. Y a pesar del alcohol, el morbo y el deseo no superaron a su orgullo. Al brote de su ira, acudiendo fielmente, dolor a flor de piel que responde a un silbido. Furia domesticada.

Cuando Gô le encaró, cuando lo tuvo en frente, los hilos de su mente eran una maraña. Un nudo. No pudo reprimir la mirada voraz brotando en sus pupilas, sin preámbulos, mordiendo sus facciones y sus labios, besando a dentelladas... a distancia. Para volverse luego errática, nuevamente animal, y mostrar el rencor que le hervía dentro.

Pasión. Violencia. Hambre.

La canción que entonaban sus puños. En la lona. La canción que asolaba su pecho, en ese instante. El ritmo de lo que aprendes a negarte... la sed, de la que siempre estás sediento. Hogueras. Desiertos. Desolación, que rememoras. Y te hace sentir vivo. Casi ardiendo.

Kiran se puso en pie sin gracia, torpemente, pero aún así imponente en su estatura. En esa corpulencia, en bruto, que parecía vibrar cuando se encabronaba. Que afilaba su voz y sus palabras. Que llameaba en sus ojos. Que hinchaba su bragueta... sólo con la alusión, interna, de volver a tocarle. De volver a sentirle. Aunque fuera peleando.

Un paso. Un sólo paso. Suficiente para susurrarle también. Demasiado. Suficiente para ponerle nervioso. Para hacerle sentir que un roce bastaría. Para hacerle dudar. Para hacerle perder el equilibrio... a pesar de permanecer firme, sobre sus piernas... congeladas. Demasiado asustado para ese paso más. Demasiado borracho para ese paso menos.

- ¿Y éso por qué? ¿No has encontrado compañía el resto de las noches? ¿O no podías esperar para devolverme los putos calzoncillos?

Esa respuesta contestaba su pregunta... y decía mucho más de lo que Kiran deseaba. De lo que aceptaba admitir, incluso ante sí mismo. Hablaba de sus celos. Del dolor, al leerle. Del desconcierto. El odio. La desesperación. El centenar de sensaciones, negativas, que había vivido a solas. Ante ese despertar.

Deseó empujarlo. Despreciarlo de nuevo. Pero no se atrevió. Dudaba de sí mismo. Se temía. ¿Qué haría realmente al volver a tocarle? ¿Al volver a sentirle? ¿Le apartaría? ¿O le atraería hacia él? ¿Suspiraría con el suspiro ahogado que encerraba en su vientre? ¿Volvería a hacerle daño? ¿Volvería a ser dañado?

Inyectó en su mirada todo el resentimiento que guardaba desde ese amanecer a solas, en su casa... y se apartó, casi tambaleándose, mirando hacia la barra. Dónde oportunamente el camarero negaba suavemente en dirección a Gô, con la sonrisa fácil y rastrera de todo carroñero.

- Si Kiran quiere agua que me la pida él mismo. Ya sabe que invita la casa. A lo que quiera.

Remarcó sutilmente las palabras... estudiando en silencio sus reacciones, sin dejar de sonreír. Intrigado por Kiran, por su aspecto esta noche, por su aspecto otras muchas. Y por ese moreno, que parecía cercano a él. Cuando nadie lo hacía... Kiran era un misterio. Apetecible.

- Puedo pedir un taxi si necesita ayuda para llegar a casa...

El rostro hasta ahora enfurecido que Geist le dedicaba en exclusiva a Gô, se tornó desvaído para volver al rojo, firmemente encendido en sus mejillas. Pánico. Rubor. Entendimiento... Mezclándose en su sangre, con ginebra. Recordando una fachada abandonada, que ya no mantenía junto al moreno. Que aún debía mantener para el resto del mundo. Que parecía mostrarse en entredicho, ante ese camarero.

Interesado.

El vértigo y la ansiedad se hicieron uno, sin pudor, y provocaron el inicio de una arcada, profunda... Haciendo a Kiran vomitar. Al parecer los miedos son palpables... y saben a hiel.
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Re: Protect Me From What I Want [Gô Koyama]

Mensaje por Gô Koyama el Vie Mayo 09, 2014 5:26 pm

Kiran no le tocó pero sus palabras, escupidas junto a una bocanada de alcohol que Gô pudo percibir, fueron como un puñetazo directo a la boca de su estómago. Frunció el entrecejo. Desde luego Geist estaba más borracho de lo que le había parecido en primera instancia, pero eso no excusaba sus hirientes palabras. Iba a contestarle un par de improperios cuando el camarero intervino, metiéndose en una conversación que no le pertenecía. Gô le miró con el enfado refulgiendo en sus ojos, que no hizo más que intensificarse cuando se insinuó de aquella manera hacia Kiran.

Sin que ninguno se lo esperase, la primera arcada de Geist llegó, y con ella, vomitó todo el alcohol que había ingerido. Gô observó cómo todos los presentes se alejaban de Geist, mirándole con reproche y asco, como si temieran que el luchador les vomitara encima. Gô, en vez de eso, se acercó a Kiran y le retiró el flequillo, secando el sudor de su frente. Supuso que estaba demasiado borracho para rechazarle de un manotazo. Cuando el camarero se ofreció a llamar a un taxi, Gô volvió a taladrarle con la mirada.

- No hace falta, gracias. Yo me encargo.- contestó el moreno con sarcástico agradecimiento. Agarrando a Geist por la cintura y pasando uno de los fuertes brazos del boxeador por su cuello, le instó a caminar a paso lento y tambaleante hasta el exterior del local. Cuando los puertas que habían sustituído a Geist les vieron salir, sofocaron una carcajada y Gô deseó darles un buen puntapié en sus partes nobles. 

- ¿Gô? ¿Gô Koyama?- escuchó una voz a su espalda. <> pensó, había olvidado por completo al cliente. Como pudo, se giró sin soltar a Geist para encarar al susodicho.
- Lo siento pero no es buen momento ¿podemos quedar otro día?- propuso el moreno.
- ¿Me tomas el pelo? Me he cruzado media ciudad para venir aquí.- protestó el aludido.
Gô avanzó hasta un bordillo y ayudó a Kiran a sentarse. Después regresó junto al cliente, que le esperaba con el ceño fruncido y mal disimulado enfado. Gô se acercó a él y le abrazó. A ojos de cualquier persona, hubiera parecido un abrazo entre amigos, o más bien entre ex-amantes. Con disimulo, Gô metió la mano en el bolsillo trasero del pantalón de aquel hombre y extrajo unos cuantos billetes a cambio de una pequeña bolsita de hierba. Por suerte, habían estipulado de antemano el modus operandi.

- Lo siento.- volvió a disculparse Gô, separándose de aquel hombre. El cliente sonrió y se mordió el labio antes de atrapar a Gô por la muñeca.
- Oye ¿Por qué no vienes a bailar un rato conmigo?- preguntó, tornando su enfado en una voz asquerosamente melosa.
- Estoy acompañado.- fue la escueta respuesta de Gô, que se zafó de su agarre y regresó junto a Geist. Se acuclilló frente a él y trató de mirarle a los ojos- ¿Se puede saber qué tripa se te ha roto?- le preguntó, tratando de no alzar demasiado la voz- ¿No se supone que tú no bebías? Mírate, apenas puedes tenerte en pie. Estás hecho polvo. ¿Y a qué ha venido lo que me has dicho antes? ¿No te crees que quisiera volver a verte? 
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Re: Protect Me From What I Want [Gô Koyama]

Mensaje por Geist el Vie Mayo 16, 2014 8:15 pm

Kiran hubiera deseado saber cómo alejarse de aquel gesto de Gô. Haber sabido rechazarle y no agradecer, silencioso, el simple roce de su piel, atendiéndole. Como el gato extraviado y hambriento que a pesar de su casta, de todo su carácter, acepta la comida que le ofrece un extraño.

No se sintió mejor. No pudo. Si bien la arcada había acabado la presencia de Gô aún le producía vértigo. Aún estaba mareado. Intoxicado por imágenes que no sabía ignorar. La voz del camarero era un eco lejano. Geist sólo oía al moreno mientras, con confianza, rompía de nuevo las distancias y se hacía cargo de él.

Kiran era consciente sólo a medias de aquella cercanía. Del calor, irradiado, por el cuerpo del otro. Ahora apoyando al suyo, inestable y patético, arrastrando los pies hacia la noche. Ansiando oscuridad y anonimato. El ruido de la pista y las otras presencias, el resto de los cuerpos, eran sólo una masa, una entidad deforme que les iba rodeando, espesa, como las pesadillas. Pero aún así podía reconocerle. A él. A Gô. Su altura, exacta. Ese aroma, en concreto. A pesar del sudor y la gente. De sus ojos vidriosos. Del naufragio en su vientre.

Como si cada poro de su piel, cada uno de sus nervios, supiera con certeza quién estaba en contacto. Quién compartía su espacio. Quién guiaba cada paso. No había dejado de pensar en él desde esa noche. Podía negarlo. Mentirse. Podía enfadarse. Centrarse en el rencor y aquella despedida... inexistente. Pero aún así, la realidad vibraba, fiera. Gô estaba ahí. Sosteniéndole.

Y ni el alcohol ni la ira apagaban el nerviosismo que esa verdad le provocaba. Tampoco el aire, el cielo abierto, o el rocío mancillado de esa ciudad prohibida. Fuera hacía frío. Aún más ante las risas, escarchadas, de esos otros matones observando la escena, disfrutándola. El arrogante Kiran necesitando ayuda, borracho y tambaleante, en vez de altivo y cruel. Maravillas del karma.

Geist cerró su mirada y se aferró más fuerte... Pero no halló refugio. La voz que inquiría a Gô le hostigaba también. Era el presente. Parte de ese conjunto de verdades que se había enumerado. Una realidad física, en la que había pensado una y mil veces, desde esa aciaga noche. Desde ese amanecer. A solas.

Kiran se puso tensó, trató de descolgarse, de mantenerse firme y de alejarse de él. De ellos. De todos sus errores. Antes de repetirlos. Por éso agradeció la acera. La falta de contacto. La distancia. Agradeció escucharlo, todo, y observar nuevamente uno de aquellos "tratos".

Gô seguía siendo el mismo. Era él el trastocado.

Sintió una oleada nueva de desprecio y rechazo y se bañó los ojos contemplando la escena, como si fuera parte de su arcada. Como si el sabor de su vómito continuara en su boca, asido a su garganta. Odió cada retazo de la conversación. Odió sus propios celos, viscerales, al ver aquel "abrazo". Y odió su propio odio, desmedido y violento, al ver como aquel tipo le asía por la muñeca. Sintió una de esas ráfagas, furiosas, y pensó en levantarse... para recordar luego que aquel era su juego. Su terreno. Su forma de actuar. Era Gô prometiendo... como prometía John.

Asqueado y rabioso apartó la mirada y también su cabello, tratando de calmarse. De sentirse mejor. De controlar las nauseas, el enfado, la estúpida añoranza, todo su orgullo herido. Hasta que Gô volvió y sus ojos llamearon, traspasándole. ¿Se atrevía a cuestionarle?

Su voz siseó, aún amortiguada, producto de su boca, marchita, aún ebria, menos despierta que su resentimiento.

- Ve junto a ese capullo y olvídame. ¿Vas a darme consejos? ¿Se supone que no bebo?

Sin pensarlo, su diestra tomó a Gô asiéndole con fuerza de la nuca, acercándole a él, susurrando pasión, dolor y alcohol, mezclados en su boca.

- Se supone que no follo con hombres. Se supone que no te marcharías.

Le soltó, con vehemencia, empujándole incluso. Imponiendo distancias. Pero sus ojos continuaban pegados, cobrizos, lamiéndole la piel y las pupilas. Era una mezcla extraña, y obvia, de ira, deseo y desesperación. De amargura y de sed. De ruego y orden.

- No vuelvas al Bebop. Cada vez que apareces me jodo más la vida. Es mi puto trabajo. Apártate de mí. Haz tus tratos de mierda en cualquier otro sitio. En cualquier callejón...

Ahogó su última frase, sin terminarla. Sin llegar a enunciar la puñalada, sucia, que sabría herir a Gô. Demasiado cansado, demasiado borracho, para iniciar una pelea. Demasiado dolido para insinuar de nuevo que sólo era una puta... por la que no dormía. Por la que suspiraba. Por la que había buscado en la ginebra una dosis de olvido, a quemarropa, una noche cualquiera... Hastiado de estar solo. De sentirse vacío.
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Re: Protect Me From What I Want [Gô Koyama]

Mensaje por Gô Koyama el Vie Mayo 16, 2014 11:47 pm

A pesar de su estado de embriaguez, Geist alzó la vista para clavarla en los ojos de Gô. Pudo ver en ellos el color de la recriminación y casi pudo saborear en su boca la hiel de la ira que Kiran parecía profesarle. El moreno no alcanzaba a comprender qué podía haberle sucedido al boxeador para que esa actitud fría y distante que Gô había contado con no volver a ver, reapareciera con tanta o más fuerza que la noche en la que se conocieron.

- Imbécil, ese tío solo era un client...- no pudo terminar la frase. El tacto de las yemas de los dedos de Geist sobre su nuca le provocaron un escalofrío placentero, y cuando le atrajo hacia sí, por un instante deseó que fuera para besarle. Pero nada más lejos de la realidad. Geist tan solo escupió nuevos reproches. Reproches en los que Gô atisbó un halo de celos. Debido al empujón de Geist, Gô acabó de culo en el suelo- Espera ¿estás así porque el otro día me marché antes de que te despertaras?- musitó abriendo los ojos, no pudiendo evitar que una sonrisa entre burlona y divertida se dibujara en sus labios- Pues para no follar con hombres, bien que me diste por culo, maricón.- se atrevió a decir recuperando algo de confianza. 

Así que eso era lo que había provocado el mal humor en Geist. Darse cuenta al fin de que un mero desconocido podía trastocar su presente, poner su vida patas arriba sin que su fuerza bruta pudiera evitarlo por una vez. De pronto Gô se sintió sumamente satisfecho. Volvió a erguirse y tiró con fuerza del brazo de Kiran para incorporarle, volviendo a sujetarle para que no trastabillara a causa del alcohol.

- Haré mis negocios donde me plazca, Kiran. Tú no eres quién para decirme dónde debo o no hacer mis "tratos de mierda".- convino- Menudo espectáculo estás dando en tu propio trabajo. Borracho como una cuba y necesitando la ayuda de una "puta".- dijo, haciendo alusión a la forma en la que Geist se había referido a él en múltiples ocasiones cuando se conocieron- Venga, necesitas dormir la mona. Y ni se te ocurra intentar resistirte. Tal como estás, no eres rival para mí. - le amenazó, esperando que fuera suficiente para convencerle de que dejara de comportarse como un niño.

Gô ayudó, o más bien arrastró a Geist a través de las callejuelas de Steinburg. Puede que Kiran no se diese cuenta, pero Gô le estaba guiando hasta su casa. Si el albino se percataba de que no habían tomado el camino hacia su pequeño y mugroso apartamento, montaría en cólera. 

- Kiran... Realmente he estado esperando tu llamada.- murmuró, rompiendo el incómodo silencio que se había instaurado entre ambos- No... no me marché. No definitivamente al menos- carraspeó la garganta, algo azorado, notando cómo sus mejillas se arrebolaban- Me asusté ¿vale? solo te conocía de esa noche y, en teoría, no deberías haber significado más que un polvo. Pero quiero conocerte. Sigues siendo un auténtico capullo, pero realmente quiero conocerte.- confesó, con la mirada clavaba al frente, sin ser capaz de reunir el valor suficiente para mirarle. Ni siquiera estaba seguro de que Geist le estuviera escuchado o si la borrachera le permitiera entender lo que Gô trataba de decirle.
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Re: Protect Me From What I Want [Gô Koyama]

Mensaje por Geist el Sáb Mayo 17, 2014 10:58 am

A Kiran le sorprendió descubrir que Gô no había pensado en ello. No le había dado importancia. Le había dejado allí, sin más, a oscuras, huyendo a tientas ante el amanecer. Y había creído que era normal. Adecuado. Nada por lo que molestarse. Ninguna herida. Ninguna humillación.

Aún ebrio era capaz de recordar perfectamente aquella sensación, clavándose en su pecho, calando hasta los huesos, fría, dura, envolvente. El vacío, la tristeza. El rechazo. Y aquel moreno al parecer mucho más insensible, contra todo pronóstico, contra toda apariencia, no había pensado en ello. Ni un momento.

Geist apartó los ojos, aún más dolido. Tal vez para Gô fuera normal. Un polvo más. Otra noche cualquiera. Para él no lo había sido. No sabía definiro. No lo cambiaba todo de ese modo romántico, de novela, en la que de repente tu pasado parecía indifrente y encontrabas respuestas al mirarte a la cara, en el espejo. No lo hacía todo rosa. Ni perfecto. Pero suponía un mundo. No estaba enamorado, no sabría, no podría, no lo hubiera entendido, no lo hubiera asumido. Pero ese chico, frente a él, significaba mucho más que sus miedos. Miedos, que hasta el momento, eran todo en su vida. Junto a la pérdida, a la nueva impotencia, y al sabor del recuerdo. Ajado, en sepias, aguijoneado por el tiempo.

El gesto tímido, apocado, que había cubierto sus facciones, aún torpes y rojizas, difuminadas por ginebra, se volvió duro, hosco y amenazante ante el nuevo comentario. "Maricón". Geist apretó los puños y los dientes, necesitando controlarse para no avalanzarse sobre él. La lentitud de sus sentidos le hizo un poco más fácil permanecer sentado, con la furia en los ojos y los labios, fruncidos, vertiendo odio y promesas de sangre.

No. No allí. No ante sus compañeros. En plena calle. Frente al Bebop. Gô lo sabía. Le ponía a prueba. Se servía de esa ventaja, injusta, que los diferenciaba. Para Kiran la verdad era un imposible. No bastaba con haberla asumido durante una única noche. Sin testigos.

En cambio, el moreno era libre.

Kiran se incorporó aceptando de nuevo, docilmente, la ayuda del menor. Pero sus ojos refulgían, encabritados. Ahora, "estaba en sus manos". No montaría una escena. No le replicaría. Pero aún quedaba noche. Y alcochol en su cabeza.

Se puso en pie, a su lado, y le miró. Distante. Recobrando aquella lejanía, helada, que pretendía ser sólo desdén. Y no despecho.

- Tienes razón. Yo no soy quién. Y está claro, que a una puta como tú, no le importa poder crearme problemas. ¿Verdad, Gô? A ti qué más te da. Sí. Soy un puto desastre y voy bebido. ¿No intuyes un por qué?

No dijo más. Se mordió con brusquedad la lengua y volvió a sostener la mirada en el suelo, contemplando el cemento. Gris. Oscuro. Apagado.

En realidad Kiran sabía que Gô no podía comprenderlo. Una nota y un encuentro sin más, en una discoteca, y ahora le acompañaba por los calles, tristes y vacías. ¿Cuántas veces lo habría vivido ya? ¿Con cuántos otros? Sólo era un rostro nuevo. Un sabor diferente. Fruta de temporada.

Suspiró, y continuó arrastrando los pies, consciente sólo a medias de no reconocer el nombre de aquellas callejuelas. Las esquinas. Las curvas. Como un ratón que sabe, dentro de un laberinto, que esta vez se ha perdido.

Aún así estaba bien. La parte de su mente que aún continuaba lúcida agradecía en silencio no volver a su casa. No volver a su lecho. Necesitaba treguas. Aprender a no verle dentro de su refugio. No recordarlo todo.

No importa dónde fueran. Al menos, no lidiaría con más imágenes al despertar. No le olería en sus sábanas. No encontraría sus calzoncillos en el baño. Pensando en éso la voz de Gô volvió a atacarle, a sorprenderle, jugando ahora un as con su ¿inocencia?

Kiran pestañeó, incrédulo, procesando sus frases. Su boca traicionó el tiempo necesario para entender del todo lo que Gô compartía, rebatiéndole.

- Sí que te fuíste. Te marchaste sin más, sin decir nada. Arrepentido.

Era éso. Ahí estaba. El drama. La semilla de aquella sensación, florecida en su cuerpo. Gô se había ido, avergonzado, arrepentido, arrepintiéndose. Por éso lo había dejado allí, a oscuras, solo, en silencio.

Como si su "primera vez" fuera sólo un error. Un hecho abominable...

Y esa creencía impidió a Geist oír el resto de las frases. Porque si Gô se arrepentía, si hubiera deseado que no ocurriera nada entre ellos, ¿qué sentido tenía el querer conocerle?
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Re: Protect Me From What I Want [Gô Koyama]

Mensaje por Gô Koyama el Sáb Mayo 17, 2014 11:49 am

Claro que lo intuía, por supuesto que podía imaginarse claramente que aquel pésimo estado en el que se había sumido Kiran se debía a John. Gô había removido todos los sentimientos que Geist se había esforzado por mantener ocultos y sosegados en su interior, y aquel era el resultado. Una irascibilidad sin aparente causa, una ira enfocada en la primera persona que tuviera delante y se empeñara en demostrarle afecto. Gô había sido estúpido al pensar que quizá Kiran hubiera estado pensando en él durante esos últimos días. Pero él sí lo había hecho.

La respuesta a su confesión le dejó poco menos que en shock. ¿Arrepentirse? ¿Pero qué mosca le había picado a Kiran? ¿Por qué habría de arrepentirse él de haberse acostado con Geist? Algo frustrado, al no haber obtenido la respuesta que esperaba, se desvió hasta que apoyó a Kiran en la pared de ladrillo sucio que sostenía uno de los edificios contiguos al suyo.

- ¿Y me quieres decir, Kiran, de qué tendría que arrepentirme yo?- le preguntó, malhumorado- ¿De haber pasado la mejor noche de mis últimos cinco años? ¿Y de que fuera contigo?- espetó, sujetándole del cuello de la camisa y obligándole a mirarle. Sus ojos aún emitían esa confusión propia de la embriaguez, pero eso no impedía que la ira permaneciera ardiente en el fondo de su pupila- Pues no, no me arrepiento. No puedo arrepentirme. Si me arrepintiera, no habría estado durante toda esta semana esperando tu llamada como una chiquilla.- agregó acercándose a él, pegando su cuerpo al de Geist hasta que sus rostros solo estaban separados por apenas un par de centímetros- ¿Acaso te arrepientes tú?

Fue más bien una pregunta retórica. Una pregunta cuya respuesta no estaba seguro de querer escuchar, viendo peligrosamente probable un asentimiento por parte del mayor. Observó sus labios, resecos y enrojecidos por el frío, y sintió la imperiosa necesidad de acariciarlos con su lengua y abrirse paso en aquella cavidad con las que tantas veces habría fantaseado en las últimas noches. Pero no lo hizo, nuevamente, por miedo.

- Me fui, precisamente, porque quería quedarme. Deseaba quedarme allí, pero me aterrorizaba pensar que fueras tú quien me echara cuando te despertaras y me dijeras que era mejor que no nos volviéramos a ver. Me fui porque me daba miedo esa posibilidad.- declaró, alejándose de Kiran y desviando la mirada, avergonzado. Aún le parecía increíble que Kiran no comprendiera lo que Gô estaba tratando de decirle. No podía decirle que se había enamorado de él, pues sería mentira, tampoco que se había colgado de él. Pero sí que, por primera vez en cinco años, se sentía preparado para hacerlo. Y nada más y nada menos que con un tipo al que solo había visto una vez. Eso era lo que le asustaba. ¿Tan difícil era de comprender?

- Venga, vamos. O cogeremos una pulmonía.- dijo, dando la conversación por terminada. Volvió a acercarse a Geist, esta vez para ayudarle a reanudar el camino. Su casa estaba a la vuelta de la esquina, y no veía el momento de entrar en el calor del portal. La subida en ascensor estuvo sumida en un incómodo silencio, y cuando entraron en el apartamento de Gô, limpio, ordenado, luminoso, tan diferente del de Kiran, le llevó hasta el dormitorio. Con cuidado, le deposito en la cama, con los pies aún sobresaliendo. Se agachó para quitarle los zapatos y después se irguió para hacer lo mismo con su cinturón.
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Re: Protect Me From What I Want [Gô Koyama]

Mensaje por Geist el Sáb Mayo 17, 2014 8:41 pm

Al sentirse empujado por Gô su instinto le hizo ponerse a la defensiva de inmediato, tensando cada músculo en su cuerpo. O tal vez, la respuesta de su piel, transpirando, no se debía tan sólo a la "amenaza" de aquel gesto inesperado, sino a la cercanía de Gô, de nuevo sobre él. Junto a él.

Ya no sentía más frío. Todo él estaba ardiendo bajo la camisa húmeda y pegajosa, bajo la americana. Bajo cualquier fachada. Nervioso, intimidado... y anhelante. Volvió a mirar sus ojos, perdido en ellos sin dejar de escuchar cada palabra.

Las palabras de Gô encendieron cien mechas distintas en su mente. La primera de ellas incendió sus recuerdos. Su piel, enrojecida. Su boca. Sus gemidos. El tacto de su cuerpo. El fuego, al ser sólo uno. Kiran boqueó, mientras el torrente de orgullo, de pura excitación al sentirse especial, rivalizaba con sus celos... hacia Adrien.

Porque para él no fue la mejor noche "en cinco años". Fue, simplemente, la mejor noche de su vida.

La embriaguez no ayudaba a ordenar aquellos pensamientos. La rivalidad, cruda y despiadada. El deseo, alimentado, aún más fuerte que antes. Sus débiles temores. Esa tenue esperanza.

Gô se pegó aún más a él... y Geist ya no supo pensar. Sólo mirarle. Mientras él le miraba. Sólo sentir esos ojos azules posándose en su boca. Codiciándola. Mientras sentía los labios secos. La lengua viva y ávida. Y un beso anticipado... que no llegó a probar. Que ansió, cobarde.

Paralizado, inmóvil, permaneció colgado en sus palabras y el movimiento de esa boca, que hubiera besado una y mil veces... llegando sólo a musitar al volver a alejarse. Al perderle, de nuevo.

- No te habría echado... quería que te quedaras.

Ahora fue él quién apartó sus ojos, turbios, y buscó en los ladrillos la firmeza que no tuvo su voz. Que no tendrían sus pasos. Como si así, apoyado en ese muro, el mundo recuperara sus cimientos.

Cabeceó, asintiendo con lentitud. No hubiera podido andar en línea recta. No habría podido enumerar más de diez números. No recordaba nada, a nadie, salvo al menor, a un palmo de sí mismo.

La realidad era un ahora breve e intenso. Sin equipajes. Como si el ardor seco en su garganta hubiera ido mellando su pasado. Como si John, el pudor y los miedos, pudieran disolverse tras sólo un par de copas. Eufemismos.
La resaca traería de vueltviejas culpas. Malestares ya añejos. Pero ahora, ebrio y acompañado, Kiran era de nuevo adolescente.

Se aferró a Gô, más cerca de lo simplemente necesario, respirando su olor sin darse cuenta. Acercándose a él, apoyando su rostro en su clavícula, en su cuello, como si fuera joven, manso... pacífico.

Así, pegado a él, respirando su aroma, obvió el portal, el ascensor, e incluso el espejismo de orden que le ofreció su apartamento. Tan diferente a lo esperado. Tan abstracto, tan frío, tan diferente al pulso en su garganta. Su nuez. El calor que emanaba de ambos juntos.

Se dejó hacer, acusando de nuevo la soledad al perder el contacto, la suavidad de aquella cama, ajena, la mirada de azules que ahora le reflejaba. Se sintió protegido, y excitado, mientras Gô comenzaba a desnudarle. Un escalofrío lánguido le recorrió, despacio, llegando a estremecerle cuando intuyó sus intenciones mirando el cinturón, de cuero, rodeando su cintura... entallando la tela de aquellos pantalones, negros, que su polla ya hinchándose desafiaba, impertérrita.

Puede que fuera culpa del alcohol, o sólo consecuencia de su encuentro anterior... Pero Geist no apartó su mirada. Aún sentía la vergüenza prendiendo sus mejillas. Pero aún así, permaneció en silencio, sin dejar de mirarle. Sin tratar de esconderse. Y llevó sus dos manos a la línea en su torso, desabrochando poco a poco su camisa. Aceptando una desnudez nueva... no sólo despojándose de aquellas ropas. Sino también de cada excusa ante cada reacción.

Y a pesar de continuar desvelando su torso y sus deseos, una parte de él, aún herida y aún beligerante, disfrutó de la idea de inundar con su cuerpo la quietud de ese espacio. De impregnar con su aroma, con su propio sudor, las sábanas de Gô. De invadir su refugio y llenarlo de imágenes... Como lo había hecho él.
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Re: Protect Me From What I Want [Gô Koyama]

Mensaje por Gô Koyama el Sáb Mayo 17, 2014 11:17 pm

Con algo de esfuerzo, tironeó del pantalón de Geist para desnudarle. Se había manchado la ropa de vómito y no tenía intenciones de dejarle dormir en su cama con la ropa sucia. Se sintió turbado al notar los ojos de Kiran clavados en su rostro, pero no de la misma forma intimidante en la que le había observado hacía apenas un rato. Miró de reojo cómo el mayor desabrochaba con torturadora lentitud cada botón de su camisa hasta dejar su torso al descubierto. Finalmente se atrevió a mirarle a los ojos. ¿Era excitación lo que percibía en ellos? Tragó saliva y dibujó cada línea del cuerpo semidesnudo que se presentaba frente a él y su mirada se detuvo inevitablemente en el el bulto que aumentaba dentro de sus boxers. 

Su propio miembro reaccionó a aquella inesperada invitación y pulsó dolorosamente dentro de sus pantalones. Se mordió el labio y enarcó una ceja.
- ¿Te estás empalmando?- le preguntó con cierto tono de burla. Acarició con sutileza la incipiente erección del mayor, notando cómo la sangre de su cabeza descendía hasta arrebolar sus mejillas y endurecer su polla. Se sentó a horcajadas sobre él, inclinándose hasta que sus labios se rozaron. Sus respiraciones se mezclaron, la de Geist aún emanaba un perceptible olor a ginebra, pero a Gô no le importó- Primero me recriminar haberme marchado y ahora me seduces tan descaradamente...- le reprochó con una sonrisa irónica.

Finalmente se abalanzó contra su boca, atrapando los labios del mayor entre sus dientes y jugueteando con su lengua. Dejó escapar un jadeo de goce, sin poder disimular su satisfacción. Había estado fantaseando con esto durante toda la semana. Movió sus caderas, provocando una deliciosa fricción entre ambas entrepiernas, aún cubiertas por la ropa. Los ojos de Geist se habían enturbiado y los de Gô se oscurecían como los de un depredador a punto de saltar sobre su presa. Pero su presa en ese momento se hallaba excesivamente vulnerable a causa del alcohol y nadie le aseguraba que Kiran recordara por la mañana lo que sucediera entre ambos. Rompió el beso y clavó sus ojos en los del albino, tratando de dilucidar los pensamientos de Geist.

- ¿Sigues sin creerme cuando te digo que quería volver a verte?- le pregunté casi en un imperceptible susurro. Suspiró, tratando de relajar su excitación. Con un hábil movimiento de pies, se despojó de sus botas y se dejó caer boca arriba sobre la cama, junto a Geist- Lo siento, no debería aprovecharme de ti en tu situación.- cedió a su sensatez, no dejándose llevar por sus instintos más primarios, aquellos que le empujaban a entregarse a Kiran una noche más. Volvió a levantarse y se dirigió a la cocina para coger una botella de agua de la nevera y un analgésico antes de regresar de nuevo a la habitación. 

- Mañana tendrás una resaca acojonante. Tómate esto cuando te despiertes.- le aconsejé, dejando la botella y la pastilla en la mesilla de noche. Se desnudó sin reparo frente a Geist, quedando únicamente en ropa interior y se deslizó bajo las sábanas- Mañana, cuando estés sobrio, me gustaría preguntarte algunas cosas. Ahora necesitas dormir. Buenas noches.- le besó fugazmente en la mejilla y le dio la espalda, cerrando los ojos con fuerza, como si eso le impidiera pensar en que tenía al objeto de sus deseos a un palmo de distancia. 
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Re: Protect Me From What I Want [Gô Koyama]

Mensaje por Geist el Vie Jun 13, 2014 11:54 am


Hay preguntas que sobran. Respuestas que se enuncian con los ojos. Secretos que resuenan, que rellenan silencios, que salpican, dispersos. Gô no le preguntaba realmente. No era algo necesario. Los cuerpos también hablan. Hacen declaraciones. Mudas. Obvias. Incapaces de ser negadas.

Al sentirle sobre él, junto a él, casi en sus labios, casi adentrándose en su mente, nublada, sintió también el precipicio que se viste de vértigo cuando algo llega al corazón, inesperadamente. Un mero instante. Un espejismo. Ese miedo, inhumano, que grita. Ese único momento en el que sientes que todo puede ser mutable. Que eres arena y polvo, arcilla, y que el destino puede moldearte...

A pesar del alcohol, no sintió naúseas. Sólo el mareo, inestable, que sugiere mareas en tus entrañas. Entre los muslos. Sobre tu alma, allí dónde no dejan de latir y burbujear deseos. Centros, sin centro, dónde la lava es sangre. Dónde el fuego carece de palabras. Son todo sensaciones.

Kiran cerró los ojos al aceptar el beso, hambriento, uniendo sus dos bocas. El universo puede ser saliva. Un roce húmedo, correoso, dónde dejar de ser. Dónde no ser de nadie o reclamar a otro, hasta casi bebértelo. La extinción, la muerte, la nada, pueden no ser vacío, pueden ser plenitud. Breve. Inconmensurable.

Después, trincheras. La guerra entre sus cuerpos sólo había comenzado. Aún no había heridos. Tampoco vencedores... ni vencidos. Y Gô, cabal, prudente, enunciaba aquella retirada en el momento clave... Mientras que Kiran sólo percibía pérdida, frío, la niebla de la anticipación que se disipa reflejando un horizonte delineado... Sin carne. Sin fuerza. Sin latido.

Otra nueva pregunta, esta vez necesaria. Distancia impuesta, dolorosa, fijando las fronteras entre ellos. Porque allí, en ese lecho, había dos bandos. Un futuro y dos sueños. Dos verdades distintas, dos mentiras opuestas. Había dolores, miedos, y un ardor sofocado a base de cordura. De sensatez, impuesta.

Kiran necesitó un minuto para enunciar una contestación. El beso había borrado parte de sus rencores. La sangre en su entrepierna había hecho el resto. Y ahora, sentir que Gô le deseaba era algo venenoso, intoxicándole, llenando sus sentidos por completo. Asintió, vagamente, aceptando la resaca, el deseo, y observando quedamente cada porción de piel que el moreno iba desvistiendo, sin atender en absoluto a la pastilla, o la lejana voz dentro de su cabeza que sugería aceptar aquella tregua.

Pero no pudo. Hacer lo correcto sólo resulta fácil cuando no estás deseando equivocarte. Permitió que Gô se adentrara en las sábanas y no convirtió el beso en su mejilla en la conexión trémula, mojada y llameante que sentía entre sus labios... por el momento. Pero tras sólo un mero instante de silencio, de calma aparente, se pegó al cuerpo pálido rodeándole, haciendo saltar chispas en su piel, en su entrepierna, ahora apoyada con descaro sobre la curva de sus nalgas, acuciando el abrazo, ebrio y ansioso, susurrando a la vez.

- Pregúntame ahora, Gô. Ya sabes lo que dicen... Los niños y los borrachos nunca mienten.

Dejó que las palabras se perdieran, calientes, mezcladas con su aliento, aún macerado, cabeceando despacio hasta rozar el cuello del menor con su nariz, negándose a dormir. Y a la distancia.
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Re: Protect Me From What I Want [Gô Koyama]

Mensaje por Gô Koyama el Vie Jun 13, 2014 11:34 pm

Pensaba que le conocía, o al menos lo suficiente como para que la iniciativa procedente de Geist le tomara completamente por sorpresa. Pero las acciones del mayor no hicieron más que remarcar cuan equivocado estaba; Kiran aún era muy capaz de sorprenderle. Habría sido muy hipócrita si no hubiera admitido ni siquiera ante sí mismo cuánto deseaba aquello y cuán caliente le ponía sentir la hinchada entrepierna de Geist entre sus nalgas. Ahogó un jadeo que amenazó con delatarle, y sintiendo las mejillas arder, no pudo más que balbucear una vana amenaza.

- Kiran, estás jugando con fuego...- musitó. Todas esas preguntas que había formulado interiormente y que ahora Geist le reclamaban parecían haber volado de su mente. Todas excepto una, la única en la que había estado pensando durante toda aquella larga semana. El motivo por el cual llegó a plantearse el silencio de Geist durante esos cinco días: John- Quería... quería preguntarte si... si has ido a ver a John.- preguntó con la voz quebrada. Una vez que había expulsado esa ponzoñosa pregunta, no estaba seguro de querer saber la respuesta. ¿Le habría rechazado John y por eso Geist había tratado de ahogar su amor frustrado a base de ginebra? ¿Y si el hecho de que Kiran estuviera allí, en ese momento, abrazándole con tanta intensidad por la espalda, no era más que una forma de desquitarse, una búsqueda deliberada de consuelo? ¿Eso era él? ¿Un pero consuelo? 

Pero las poderosas manos de Geist, que ni encharcadas en alcohol parecían perder tu impetuosidad, y ahora rodeando su cintura, se sentían tan bien, que se planteó la posibilidad de ignorar la evidencia, o más bien la evidencia que Gô había construido sin cimientos en su mente. Esa sutil caricia en la curvatura de su cuello, que más bien podría haberse intuido como el roce de una pluma, fue suficiente como para arrancar un inevitable jadeo de labios del menor.
- Kiran... por favor...- gimió, tratando, sin demasiado empeño a decir verdad, de zafarse del abrazo impuesto de Geist- No quiero... No pienso ser tu paño de lágrimas... ya no...- susurró, haciendo  un considerable esfuerzo por controlar su agitada respiración- Quiero que me folles, pero que me folles por lo que soy. Olvídale, olvídale y quédate conmigo....

Muy probablemente, de no encontrarse tan embebido como se hallaba en ese frenesí de besos robados a su piel, no habría tenido el coraje suficiente para pronunciar aquellas palabras. De hecho, ahora que las había pronunciado, su cuerpo temblaba ante la posibilidad de un rechazo más que probable. ¿Cómo se le había ocurrido decir aquello? Que Kiran le deseara, no significaba que quisiera entregarse a él. 
- Dios...- musitó, tapándose el rostro con ambas manos, palpablemente avergonzado- Olvida lo que te acabo de decir... Ni siquiera sé si os habéis visto... Quizá aún tengas la oportunidad de estar con él y estoy yo aquí, como un adolescente, pidiéndote cosas innecesarias...

El corazón le latía tan fuerte dentro del pecho que dolía. Podía escucharlo bombear en sus propios oídos. ¿Por qué se había dejado llevar de esa manera? ¿Qué había logrado hacerle Geist en tan solo un encuentro para proponerle aquella majadería? No tenía ni la más remota idea. Solo sabía que en todos sus años de independencia, había tenido inumerables amantes de los cuales ni siquiera recordaba el nombre. Sin embargo, toda esa semana no había hecho más que pensar en Kiran y esperar su llamada. Como para olvidarse de su nombre.

Tratando de obviar la mirada de Geist y deseando olvidar ese momento bochornoso, se giró y se entregó a los besos de Kiran con pasión desmedida, decidiendo abandonarse a los placeres carnales que ese hombre era capaz de provocar en él. Se sentó de nuevo a horcajadas sobre él. La diferencia ahora radicaba en que ambos hombres solo se hallaban en ropa interior, y el movimiento de caderas con la correspondiente fricción entre ambos miembros fue mucho más intensa que la anterior. Gô gimió, esta vez sin molestarse en ocultarlo, e intensifico el movimiento de sus caderas, cerrando los ojos a causa del placer, o más bien a la incapacidad de mirar a Geist a los ojos después de semejante confesión.
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Re: Protect Me From What I Want [Gô Koyama]

Mensaje por Geist el Sáb Jun 28, 2014 7:38 pm

Ebrio, hubiera parecido muy sencillo tan sólo dejarse llevar. Cerrar los ojos y sentir. Abandonarse. Kiran estaba acostumbrado a escuchar a su instinto... o al menos, eso hacía él en el ring. Fuera, cada impulso en su cuerpo, en sus entrañas, era una puñalada nueva. Una herida que hasta ahora nunca dejó sangrar.

Y sin embargo sólo aquel nombre era capaz de convertir el hielo en fuego, el recuerdo en espinas. John, y el latigazo que recorría su espalda y su deseo se volvió frío y desgarrador, lejos de la dulzura hipnótica del roce de esa piel, ya conocida. Lejos de la añoranza que había sentido un mero instante al constatar la realidad entre sus yemas.

Con sólo aquella frase Gô hizo que lo que compartían fuera menos auténtico. Una mentira envuelta en piel... pero aún así, no cierta. No importaban sus cuerpos. Sólo esa ausencia, hueca, que ambos habían sentido en esa misma noche. La misma soledad, el mismo "echar de menos" que convertía el insomnio en fotogramas, que hacía de la memoria un enemigo.

Geist tardó en reaccionar. Primero, debía responderse a sí mismo.

No. No había ido a ver a John. ¿Por qué no lo había hecho? Incluso así, colapsado en ginebra, su primera reacción fue sólo orgullo. Tan sólo negación. "No quería verle". Mentira. "No le deseaba". Mentira. "No había pensado en él". Mentira. "No... se atrevía". La primera verdad. "Había pensado en Gô... y no tan sólo en John". Aquello sí era cierto. Había pensado en él durante horas, durante noches.

Primero, herido. Después, ansioso. La traición de su piel, de sus sábanas, resultaba incluso más dañina que esa arrugada foto, antigua, dónde sólo dos chicos en un viejo internado trataban de engañar al ojo tras la cámara. John sonriendo. Kiran mostrándose apagado, sereno, en calma.

La imagen de sí mismo, de aquella adolescencia ahora lejana, palpitó fuertemente entre sus dedos, en su sien, en su vientre. Y se sintió confuso. Mareado. Asustado. Gô continuaba hablando. Continuaba sintiendo. Haciéndole sentir. Continuaba existiendo. Conociéndole. Demandándole.

"Quiero que me folles por lo que soy".

El grito que habitaba esas palabras resultaba ensordecedor. Necesidad, en bruto, a bocajarro. Deseo con nombre propio. Lazos. Puede que compromiso. La misma nausea que había vestido su miedo en el calor del Bebop acudió ahora a su estómago, al rincón más oscuro en sus entrañas. Ese, dónde escondía uno a uno sus secretos, amargos y verdosos, como su propia bilis.

Ese Kiran rastrero que había crecido golpe a golpe esquinado en el ring, el carroñero, sintió aquel derechazo en la entrepierna y quiso devolverlo. La lujuria se enturbió con la rabia. Necesitaba huir, nuevamente. Y esta vez, los puños no bastaban. Trató de controlarse, de alejar esa bruma en su mente, la punzada en su polla, y sólo boqueó sin encontrar palabras para envolver veneno, destilando el desprecio que sólo han conocido los cobardes... que sienten por sí mismos, y son capaz de reflejar, ya con maestría.

Hubiera deseado rechazarle. Alejarse de él con determinación. Transformar ese pánico rabioso en mera indiferencia. Olvidar cada nervio entre sus dedos, todas las sensaciones que había vuelto a sentir con tan sólo rozarle. Al oírle jadear. No sintió compasión. Tampoco un ramalazo de empatía. Ni el alivio o la caricia cálida que sólo te provoca el provocar a otro. El ser el deseado. El existir, en los ojos de otro. Cerca del corazón. Allí dónde se gesta cada sueño.

Sólo había pánico.  Ira. Se sintió arrinconado, mientras aquel extraño con el que había logrado desnudarse en todos los sentidos aireaba su inseguridad y sus flaquezas. Y le hablaba de John, entre caricias, entre besos, que Geist ya no sentía como algo propio. Sólo una frase y eran tres en la cama...

Cuatro. Porque Kiran recordaba también el nombre de otro hombre, ese al que pretendió sustituir... con el que ahora debía de compararse. Un fantasma rival que peleaba con ventaja, mejorado como sólo mejoran los recuerdos y el buen vino, a oscuras, en silencio, durante años.

Adrien.

El duelo en su cabeza eclipsó lo demás. Percibió a Gô rendirse y entregarse, el roce de su piel y el de sus bóxer, el ruido húmedo de sus besos y la fricción amordazada de las telas, ardientes, que debía de envolver sus dos penes erectos... y se sentía incorrecta, extraña, mientras su propio cuerpo se apagaba de pronto, sin avisos, deshinchando su polla y su pasión, aletargada.

La certeza de estar sufriendo un gatillazo sólo intensificó su exasperación. Cerril, trató de preservar su dignidad de un modo absurdo forzando un rozamiento más violento y profundo embistiendo su pelvis contra la de Gô, con furia. Y sin resultados. Flácido, empujó al moreno con la misma vehemencia obligando a sus cuerpos a separarse con rudeza intempestiva.

Y se sintió un jodido fracasado en la cama de su único amante verdadero, semidesnudo sobre él con los labios teñidos por el nombre del único hombre al que había amado, que no se atrevía a ver... y que ahora compartía sus noches de desvelo con el cuerpo que en ese mismo instante era incapaz de hacerle arder.

Congelado, agresivo, huyó sentándose en el borde del colchón ofreciendo a Gô sólo su espalda mientras refugiaba su boca y su garganta en la botella de agua, sin dar explicaciones, seguro en esa posición esquiva, lejana, en la que las respuestas eran físicas. Y fingían ser desdén.
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Re: Protect Me From What I Want [Gô Koyama]

Mensaje por Gô Koyama el Dom Jun 29, 2014 1:26 am

Gô se sentía dominante, pero dominado a su vez por una pasión innata, primaria, primitiva. Una pasión encendida no solo por un cuerpo cincelado, sino por una mente austera pero misteriosa. La necesidad de compartir con Geist las emociones que embargaban toda su anatomía y que la transportaban a través de cada célula hasta todos los rincones de su cuerpo, le instaron a profundizar cada beso, a intensificar cada caricia. Iluso y queriendo creer que aquella inesperada reacción por parte de Kiran, esa repentina vehemencia con la que el boxeador cambiaba las tornas, acorralándole entre el colchón y su piel, se debía a un sentimiento pasional, permitió que Geist empleara semejante rudeza en sus movimientos, en esa desesperada fricción que Gô interpretó como deseo. Nada más lejos de la realidad.

- Kiran... me-me haces daño... no seas tan brus...- trató de decir, sumido en un impuesto frenesí. Pero tan pronto fue sorprendido por aquella ansia de dominación, también lo fue cuando Geist separó sus cuerpos con cierta violencia y clavó aquellos ojos color miel en los labios de Gô. Gô respiraba entrecortadamente, tratando de deducir el motivo de ese súbito rechazo. Y antes de que pudiera dilucidar una sola hipótesis, Kiran se levantó y se sentó en el borde de la cama, ofreciéndole la espalda como única visión- ¿Qué demonios ha sido eso, Kiran?- inquirió acercándose a él. No sin cierta duda y temor, rodeó el cuello del que, pretendía, hubiera sido su amante una noche más. Solo al asomarse por encima de su cuello y dedicar una furtiva mirada a la entrepierna del mayor, se dio cuenta de que no estaba empalmado. Geist aún llevaba los boxers puestos, y las manchas oscuras delataban el preseminal que había emanado de su miembro. Pero ahora éste se hallaba flácido e indispuesto en el interior de aquella prisión de tela.

- Kiran...- musitó a su oído, haciendo elucubraciones equivocadas- A todos nos ha pasado alguna vez, no debes sentirte así por eso.- agregó, ofreciéndole consuelo. Depositó un suave beso en la curvatura de su cuello y aspiró el aroma de su cabello, aún impregnado por el fuerte olor a alcohol- Espero que no se deba a lo que te he dicho antes... No pretendía asustarte, ni agobiarte, ni nada parecido.- se disculpó, extendiendo sus caricias por el pecho del mayor, el cual notaba tenso y rígido- Me gustas, pero no voy a obligarte a nada. Sé que no puedo competir con él. De hecho, me gustaría que te dieras la oportunidad de ser feliz. Deberías ir a hablar con él, dejar de abandonarte a los brazos de malas influencias como yo...- comentó, con una sonrisa irónica y ladina- Nunca sabrás qué podría haber ocurrido con él si no vas a verle... Yo puedo acompañarte si no quieres ir solo.

Fue un ofrecimiento sincero y sin segundas intenciones. Había actuado dejándose abrumar por los celos, el deseo y las emociones. Había sido un completo egoísta al pedirle a Geist que olvidara al único hombre al que había amado por tantos años por una vulgar "puta", como él mismo le había llamado en su primer encuentro. Alguien a quien solo conocía de dos noches y que no le había mostrado nada más que un carácter sucio y lascivo. Gô era así, no podía evitarlo, pero la gente solía tomarle por alguien egocéntrico y superficial a causa de ello. En eso se equivocaban. Gô no era superficial. Tan solo había tirado esos últimos años de su vida a la basura, buscando sin descanso en sus amantes esporádicos algo que le hiciera recordar a Adrien, cuyo rostro parecía ir borrándose a poco de su memoria. Cada mañana, cuando descubría que esos chicos no tenían nada que ver con Adrien, huía como un ratón asustado. 

Kiran había sido el único hombre cuyos gestos, cuyas expresiones no había intercambiado con las de Adrien durante el sexo. La noche en que le conoció, se sintió atraído de inmediato por él, por su cuerpo, por esa fuerza bruta que inspiraba y que, en cierta manera, sí le recordaba a él. Pero a medida que se fue inmiscuyendo a marchas forzadas en su vida, esas aparentes similitudes se diluyeron y Gô fue capaz de ver por completo a Geist. Follar con Kiran fue la sensación más angustiosa y placentera que había experimentado en los últimos años de su vida, y durante esa semana, su cuerpo, como un auténtico adicto, pugnaba por un nuevo encuentro, una nueva dosis de esas sensaciones y emociones percibidas.

Pero, mediante fueron pasando los días, Gô se percató de que no era únicamente el cuerpo de Kiran lo que echaba de menos. Algo en su personalidad, de apariencia brusca pero en esencia vulnerable, le cautivó, y esa misma atracción, física y mental, fue la que le empujó a decir semejantes barbaridades. 
- No nos conocemos de hace mucho, pero sé qué hace tiempo que no eres feliz, si es que lo has sido alguna vez. Si existe la posibilidad de que lo seas, haré cuanto esté en mi mano para ayudarte a conseguirlo. Quizá podríamos... ser amigos ¿no?
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Re: Protect Me From What I Want [Gô Koyama]

Mensaje por Geist el Lun Jun 30, 2014 9:05 pm

Sentado allí, sobre el colchón de ese hogar ajeno - porque era obvio que aquella habitación, todo el espacio en realidad, era un refugio estable, cómodo y sereno... muy lejos de su propia madriguera, oscura y victimista, habitada tan sólo por fantasmas y mártires, por glorias del pasado, recuerdos llenos de "y si" y de "hubiera querido" y no por realidades - Kiran se sintió un naúfrago.

La cama dónde no yacía, dónde ya no entrelazaba su cuerpo junto a Gô no era el barco hundido. El velero caído era su propia vida. Su propia libido. El mástil de su virilidad, su orgullo herido y los cimientos de una mentira que había deseado creerse durante años y ahora estaba desnuda, ante ellos.

Si Geist aún conservara su amor propio la comprensión de Gô le hubiera sosegado. No fue así. Sintió que sus palabras y su tacto, suave, eran casi una burla. Una ofensa a su hombría y a su deseo. Y si no fuera suficiente, seguía mentando a John, esta vez sin su nombre... con ese "él" entre ellos, afilado e hiriente, como el beso de una ortiga. La caricia de espinas de un espejo quebrado. La verdad, afilada, que resulta cortante.

Kiran abrio los labios, aún rígido y ausente, marmóleo, envuelto en ese hastío rabioso que no llega a estallar... no todavía, dispuesto a dejar claro que no hablara de John. Que no hablara de "él". Sobre "él". Dispuesto a reservar un silencio sagrado, cobarde, una última frontera, necesaria. Ese espacio vital suyo durante años, que Gô estaba invadiendo sin tapujos.

No lo hizo. Gô golpeó más adentro, y más duro, haciendo que el discurso en su boca se tornara distinto. Ya no hablaban de John. Ahora, Gô atacaba un "nosotros" no nato y ponía en entredicho aquella noche, la única noche, en la que Geist se permitió sentir. Se permitió saber, y conocerse. Se permitió el placer. Y la existencia.

"Amigos".

Una proposición. Un gatillazo. Amigos.

El brote súbito de furia visceral que calentó su estómago fue inesperado y a la vez familiar. Un veneno ya antiguo en su sistema. Una enfermedad vieja, mal curada, que te hace miserable ante el cambio de tiempo, que quiebra tu rutina, de forma rutinaria. Geist abrazó la cólera, vistiéndose con ella, abrigado en el ardor intrínseco y malsano. El único amante que acarició su piel durante años, que siempre le hizo arder. Violencia.

Reaccionando por impulso, como siempre, Kiran se volvió contra Gô empujándole de nuevo contra la cama oprimiendo su pecho y asiendo firmemente la curvatura en su barbilla, contenida en la palma de su mano, mientras sus grandes dedos coaccionaban su rostro y su mirada buscando enfrentamiento.

Su voz sonó a diez vasos de ginebra, a traición, desamor y desafío.

- ¿¿Amigos??

La mirada de Geist volvió a refulgir ocres y naranjas mientras sus lagrimales, ahora rojos, batallaban con su pupila turbia, ahora ensanchada, volcada por completo en ese azul sarcástico que tanto daño hacía.

- ¿¿Pero a qué coño juegas?? ¿¿Me hablas de John y te ofreces a mí y quieres ser mi AMIGO?? ¿¿Lo fue alguna vez Adrien?? ¿¿Alguno de tus polvos??

La fuerza de sus manos se volvió desmedida clavando a Gô en la cama y echándose sobre él, encarando sus rostros. Su aliento, emponzoñado y seco, aún bañado en Beefeater, pronunció con desdén con un acento inglés roto y marcado en cada sílaba.

- No quiero ser tu amigo.

Y sentenció aquella respuesta con un beso de hierro, zarzas y mordiscos, enredándose a la fuerza entre sus labios, invadiendo su boca y su saliva, imponiéndose a él, como si en realidad la fuerza de su cuerpo o su necesidad, en bruto, el puñal de su beso, pudiera atravesar un corazón. Su corazón. O sus ojos azules.
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Re: Protect Me From What I Want [Gô Koyama]

Mensaje por Gô Koyama el Lun Jun 30, 2014 11:16 pm

Gô nunca había destacado por su sensatez. De hecho podía considerarse un cabezota en toda regla. Y así lo demostró en esa ocasión. Aun habiendo presenciado y experimentado los continuos cambios de ánimo de Geist y sus muestras de violencia, Gô no se achantó, y con toda la sinceridad que fue capaz de expresar en sus gestos y sus palabras, le ofreció todo el apoyo posible a Kiran. Nunca se imaginó que sus palabras, sus buenas intenciones, se volverían contra él de aquella forma. Antes de que pudiera reaccionar, Geist le empujó y le acorraló contra el colchón, sujetándole la mandíbula con una fuerza que a Gô se le antojó sobre humana. Gô jadeó, Geist seguía imponiéndole. Aquellos ataques de ira le atemorizaban, porque sabía que en esos instantes, Kiran estaba fuera de sí, no atendía a razones y tenía la fuerza y las habilidades suficientes como para apalizar a Gô hasta la inconsciencia.

- Ki-ran...- musitó, mirándole suplicante- Pa-para, por favor...- pero, el mencionado no tenía la más mínima intención de atender sus súplicas. Sus dedos se clavaron en las mejillas de Gô hasta herirle mientras le gritaba. Su beso forzado y agresivo fue doloroso, pero no lo fue tanto como sus palabras: "No quiero ser tu amigo". Aquella frase le inspiró la fuerza que necesitaba, despertó su propia ira, como un resorte que acabase de ser accionado. Empezó a forcejear, a patalear y a moverse con violencia, tratando de zafarse de ese beso impuesto tan diferente de los que habían compartido hacía tan solo unos instantes atras- ¡¡SUÉLTAME!!- gritó con fiereza, aprovechando un instante que vio sus labios liberados de los demandantes de Geist- ¡¡No quiero!!, ¡¡Déjame en paz!!- exclamó, revolviéndose sobre el colchón. En un golpe de suerte, su pierna colisionó contra la entrepierna ajena, y aprovechó ese momento de debilidad de Kiran para liberarse y saltar de la cama. 

Gô, herido y asustado, se pegó de espaldas a la pared, con la respiración agitada y las piernas temblorosas. Ni todo el alcohol del mundo justificaba lo que Geist le había hecho. Quizá el primer día sí, pero ahora no, no en el momento en que Gô le había confesado desear llevar su relación un paso más adelante.
- Tienes razón, yo tampoco quiero ser tu amigo...- musitó, con la voz entrecortada- Vete... lárgate de aquí, no quiero volver a verte...- sentenció. Sus ojos empezaron a empañarse y perdió visibilidad. Ahora, a causa de las lágrimas, que el miedo y la desazón de un rechazo tan brusco y contundente como el que le había ofrecido Kiran, habían provocado en él, no podía ver los rasgos de Geist. ¿Tan ofensivo había sido que le ofreciera su amistad?

Debido a la zozobra y el temblor de su cuerpo, sus piernas ya no fueron capaces de sostenerle más, de modo que se dejó caer hasta el suelo, sin perder de vista a Geist. Ahora sí podía afirmar rotundamente que le temía. No podía confiar en él, las evidencias hablaban por sí mismas. Cualquiera que fueran sus palabras, sus promesas o sus actos cariñosos, nada le aseguraba a Gô que no volviera a perder la cabeza como le había ocurrido esa noche. Se llevó las manos a la cara; no sangraba, pero con las yemas de los dedos podía palpar los arañazos que le había provocado el mayor. Pero no era el dolor físico lo que le atormentaba, había sufrido cosas mucho peores que esa. Era el hecho de que, a partir de ese instante, todo volvería a ser como antes. Geist desaparecería de su vida. Lo cual podía parecer no ser la gran cosa, pero desde que conoció a Kiran, Gô se había permitido el lujo de no volver a pensar en Adrien, de volver a sentir esperanzas. Ahora todo parecía irse al garete y volvería a sumirse en la soledad anterior, los amantes esporádicos y un nuevo "desamor" al que no estaba seguro poder enfrentarse otra vez.
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Re: Protect Me From What I Want [Gô Koyama]

Mensaje por Geist el Miér Jul 02, 2014 2:04 pm

Miedo. Miedo en sus ojos azules. En cambio, su naranja refulgió aún más lleno de impotencia e incomprensión, empañando la rabia con vetas de culpa, oscurecida. Gô no respondió al beso. No con sus labios, tampoco con necesidad. Forcejeó reclamando la misma distancia que Kiran ansiaba recortar, con gestos rudos, tal vez incoherentes, pero igualmente ávidos, ansiosos. El golpe en su entrepierna dolió menos que la total certeza del rechazo del otro.

Retorciéndose, aún desconcertado y lleno de furia, encaró la silueta de Gô, huidizo, refugiándose en la pared como si Geist fuera sólo un enemigo. Alguien desconocido capaz de hacerte daño. Un extraño. Un intruso.

Una proposición. Un gatillazo. Un beso robado. Y una despedida.

Geist lo había conseguido... nunca serían amigos. Pero tampoco amantes. Kiran había perdido esa oportunidad sin saber cómo o cuándo, sin llegar a entender, con los nombres de Adrien y de John rasgándole la mente, hiriendo su cabeza, clavándose muy dentro, como flechas certeras.

Humillado, recorrió aquella cama vacía, sus manos huecas aún tensas y enrojecidas, y después miró a Gô, fijamente. Un instante. El final. Ese momento que a veces te permites cuando sientes que todo ha acabado y buscas un recuerdo. El poso. La imagen que recordarás, que quedará prendida en tu memoria.

Gô se dejó caer, resbalando, y Kiran pudo ver el callejón oscuro y solitario dónde se pelearon por vez primera. Le vió llorar y colocarse. Sucumbir a la rabia. A sus caricias. Le vió agarrándose a sus brazos, caminando con él, llegando hasta su casa. Su triste madriguera.

Y después vió su lecho. El baño. Su maleta, entreabierta. Las sábanas, manchadas.

El dolor es curioso. Cuando más duele, cuando es intenso de verdad, se vuelve sordo. Apenas perceptible. Deja de punzar para estar sólo ahí. Como cada verdad. Esperando. Expectante. Sin prisas. Como un velo, una cárcel, una simple condena. Sabes que sigue ahí, en ti. Pero ya no lo notas. Es sólo amputación. Silencio. Muerte.

La muerte es sólo ausencia.

Recorrió las facciones de Gô, ahora escondidas en sus palmas. Su pelo, oscuro, tan diferente al suyo, níveo y áspero. La palidez de aquella piel, igualmente distinta. Y supo, sin palabras, que era lógico. Las diferencias de sus cuerpos eran sólo metáforas. Al igual que su piel, que su cabello, sus almas eran contrapuestas. Él nunca ofrecería la calidez que Gô añoraba. Gô nunca sería John, no era un sueño imposible, no era un deseo prohibido. Y no estaba jugando.

¿Qué iba a ofrecerle él? ¿Ira? ¿Temor? ¿Sus inseguridades? ¿O sólo una erección condicionada? Kiran sólo tenía el ahora. Nunca habría luegos. Sólo los besos afilados que ofrecen las navajas. Cortantes y profundos, capaces de hacer daño.

Grabó la imagen en su mente, empapándose de ella. La necesitaría. Habría más noches solo. Y en ellas, no debía flaquear. Debía de recordarlo, todo. No sólo el roce de sus cuerpos. El milagro de aquella sensación sobre su piel. No. También la pérdida. La realidad. A este Gô derrotado y ausente, al que él había atacado. Al que aún quería atacar, ebrio en rencor, dolido, aún deseándole, aún tan desesperado.

Se levantó, sin drama, haciendo gala de la misma resistencia que le permitía permanecer en pie después de recibir una paliza. Recogió lentamente su ropa y se vistió, sin levantar la vista. Después, se obligó a andar. Un paso breve seguido de otro, sin tiempo para dar la vuelta... Pero esa dignidad escondía puro orgullo, y no pudo marcharse sin más. Kiran no era tan noble. Tenía una vena sádica que apreciaba el dolor, propio y ajeno. Que estaba acostumbrada a las espinas. Que prefería las cicatrices.

Y así, buscando en su chaqueta alcanzó la cartera, sonrió con la mueca macabra que esbozan los payasos, ocultando las lágrimas tras sus labios sonrientes, y tiró sobre el suelo un billete de 100, y toda su malicia.

- Ahora estamos en paz, Ojos Azules.

Sin dejar de sonreír, como una hiena, un buitre o un niño que ha aprendido a no parecer débil, agarró el pomo de la puerta dispuesto a desaparecer como un fantasma. Lo que siempre había sido. Sin huellas. Sin pasado.
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Re: Protect Me From What I Want [Gô Koyama]

Mensaje por Gô Koyama el Miér Jul 02, 2014 10:31 pm

De todos los golpes y heridas que Geist podría haberle ocasionado, ésa fue la peor forma de despedirse. Atónito y dolido como si le atravesaran el pecho con una espada, clavó los ojos en el billete de 100 que Kiran le había lanzado a los pies. Gô ahogó un sollozo, ése había sido realmente un golpe bajo incluso para Geist. El moreno se incorporó con el billete en la mano y se abalanzó contra el albino. Pero no le golpeó, ni mucho menos. Le sujetó del cuello de la camisa y le miró a los ojos lleno de rabia.
- Me pregunto qué es eso tan malo que te he hecho para que me insultes de esta manera ¿Tanto me odias? ¿Realmente crees que necesito esto?- le enseñó el billete y lo rompió por la mitad frente a sus ojos- Jamás nadie me había hecho sentir tan miserable como lo has hecho tú en tan solo dos días que nos hemos visto. Si tanto te desagradaba, tan solo tendrías que haberme ignorado...

Reculó varios pasos atrás, soltando la solapa de la camisa de Geist. Quería devolverle todos y cada uno de los golpes que le había dado, quería golpearle, humillarle, destrozarle. Pero realmente no sabía cómo. Apenas sabía nada de Geist.
- No me extraña que John no quisiera nada de ti. No te lo mereces...- musitó. Dudaba que realmente eso sirviera para herir al boxeador. En realidad dudaba si conseguiría hacerle daño de alguna forma, pues Gô empezaba a sospechar que ese hombre realmente carecía de sentimientos- No te mereces que nadie sienta nada por ti. Te mereces estar como estás, solo, sin amante, sin amigos. Te mereces morir solo.

Independientemente de que sus palabras afectaran o no a Geist, Gô estaba siendo extremadamente duro con él. Se lo merecía, claro que se lo merecía. Pero por muy problemático que hubiera sido desde niño, no estaba en su naturaleza ser cruel con los demás. ¿Egoísta? Sí, ¿Egocéntrico? quizá bastante. Pero cruel no. Avergonzado consigo mismo por haber perdido los estribos así, cerró la boca y desvió la mirada. Seguía furioso, de hecho, en ese momento sentía el deseo de darle una buena tunda a Kiran. Pero nada de lo que hiciera solucionaría nada, tan sólo serviría para echarle más leña al fuego.

- Vete...- repitió- No sé qué demonios vi en ti. No sé cómo pude siquiera plantearme la posibilidad de que me gustaras. Eres la peor persona que he conocido y no quiero volver a ver tu cara nunca más... Y tu dinero... úsalo para pagar a una verdadera puta, porque será la única forma en la que puedas follar.- insistió. Los ojos azules de Gô estaban acuosos pero enturbiados por la ira. Dando la conversación por terminada, rodeó a Geist a una distancia prudencial, temiendo que volviera a intentar hacerle daño, y se dirigió a la puerta de entrada. La abrió y, con la mirada clavada en el suelo, le indicó con un movimiento de cabeza a Kiran que saliera de su apartamento- Hasta nunca, Geist.
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Re: Protect Me From What I Want [Gô Koyama]

Mensaje por Geist el Dom Jul 06, 2014 11:17 am

Para Kiran la ira era un sentimiento habitual. Conocía ese fulgor, rojizo, acariciándole la espalda. Descubrir, sin embargo, que la ira compartida volvía a encender su deseo fue una revelación. Gô ceñía fuertemente el cuello de su camisa, con los ojos en llamas y el dolor en los labios. Y al mirarlos, frente a frente, Geist sólo ansiaba ese beso robado que Gô no devolvió. Sentir la fuerza de sus dedos en su cuerpo, sin el velo de tela, sin prudencia o control. Cualquier roce fortuito. Una pelea. Un último contacto entre sus cuerpos.

"Miserable". Kiran no era un romántico. Nunca soñó que el amor fuera dulce. Que hiciera sentir bien. Nunca fue así con John. El amor es cruel. Es denso y fúnebre, contaminante. El amor sabe a humo. A una de esas caladas necesarias que sabes que envenena, que tiene escrito un fin. La nicotina de los besos también es adictiva. Las quemaduras, duelen.

Geist se sentía miserable también. Pero para él, no era sorprendente. Siempre lo había sabido. Siempre lo había esperado. Algún día, alguien descubriría su verdad. Le arrancaría el secreto de la piel y llegaría a incendiarle. Después, sólo cenizas. Hubiera deseado que el calor de las ascuas durara un poco más. Al menos otra noche. Esta noche. Puede que también la madrugada. Con mucha suerte, hasta el amanecer.

Pero Gô ahora era de hielo, y aunque su tacto frío quemaba de igual forma, Kiran no lograría prender sus ilusiones. Era un sueño marchito, deshojado en sus manos. La margarita dijo no para ellos.

Mirándole a los ojos, intensamente, dejó que Gô fuera capaz de percibir el impacto de sus palabras en su alma, con los labios fruncidos, los ojos más acuosos y un nudo en la garganta. Duró sólo un instante. Lo suficiente para que ambos supieran que había ocurrido. Que había dolido, dentro. Que no hablarían de ello. Pasado ese segundo, volvió a tensar el rostro y la mandíbula, con los ojos de acero, vacíos, llenos sólo de pérdida.


Cuando Gô apartó su mirada no la buscó de nuevo. Lo había entendido. Todo. Cada palabra y cada recriminación. La imagen que el moreno se había formado de él. La realidad a medias retratada en sus frases, la incomprensión de Gô que no veía a través de él, que aún no le conocía. Y ya no lo haría nunca. El daño que el silencio puede hacer a dos almas. El precio que supone no abrir el corazón cuando otro te lo abre. Y el sabor, renovado, de la impotencia en crudo. Sin matices.

Arrastró sus pies, su culpa y su orgullo herido hasta la puerta y asintió quedamente ante la despedida... sin atreverse a decir nada. Sin añadir más leña al fuego, sintiéndose vacío, lluvioso y gris. Como esa ciudad rota y malherida. Como el corazón vapuleado que dejaba en la casa, cálida y hogareña, pero aún así desierta. Ansiando que otros alguien vistieran el recuerdo de un fantasma. Su lado de la cama. Las frases adecuadas... que Geist desconocía. Que no había pronunciado.

No esperó a oír la puerta tras de sí. La puerta ya se había cerrado ante el beso negado. Tal vez antes, al amanecer solo. O incluso tiempo atrás, en ese callejón dónde selló su atracción mutua con los puños y no con su sonrisa. El camino de vuelta parecía ahora irrisorio.

¿De vuelta a qué? ¿Tienen final los laberintos?

El alcohol seguía ahí, tenuemente. Al lado de la rabia. Rodeando la añoranza. El rocío olía a humedad. Y a calles largas, silenciosas, dónde ser un cadáver o un mendigo. Cualquier cuerpo sin nombre. Un titular, sin rostro. Oscuridad. Solo las llamas débiles del callejón del fondo parecían mantener la cadencia. El ritmo, mancillado, de la vida.

Graffitis en un alemán sórdido parecían alentarle. O preveerle. Pero cuando no aprecias tu existencia la precaución y la prudencia son irónicas, como lo es la esperanza. Apatía. Continuidad, sin prisa, sin sosiego, que te hace seguir vivo, por instinto. Kiran oyó las voces, y las risas. Sonaban afiladas. A peligro. A metal. A navajas que se abren como una bienvenida. Mariposas de hierro con las alas abiertas.

Lugar equivocado. Momento erróneo. O tal vez sólo karma. Putadas del destino que vas buscando a ciegas y te encuentran. Moralejas de sangre y dentelladas. Steinburg y sus crímenes. Aceras dónde la historia se repite. Kiran continuó caminando, esta vez sin la duda, como un mártir, mientras esos dos tipos le pedían la cartera. La chaqueta. Los restos de su honra, de su hombría.

Porque él tenía dos armas en las manos. Porque era un boxeador. Lo seguía siendo. Porque era lo único que era... todavía. Un hombre, un boxeador, el perdedor que asesinó a un rival sobre la lona, el puto gay adolescente enamorado de una foto, el cobarde que había ofendido a Gô y ansiaba un beso suyo... el kamikaze que encararía al diablo para plantarle cara a alguien esta noche.

A veces, sólo puedes huir hacia adelante.

Sintió y oyó los golpes, su cuerpo reaccionando, los quejidos ajenos, su resuello quebrado y su propio alarido. Fue rápido. O al menos predecible. Todo iba bien hasta que la cuchilla atravesó su mano. Vio el rojo en su camisa, ya manchada. Trató de forcejear. De continuar peleando. Llegó a tumbar al rubio.

Nadie le daba puntos. No sonaba el reloj. No encontraba las cuerdas. El ring era la noche. Ya no era un campeón.

La segunda puñalada le hizo caer de rodillas acunando su vientre. La tercera hizo correr la sangre por su rostro. No llegó a ver la cuarta. Tampoco la sintió. Ya estaba en la inconsciencia. Cuando sus párpados se abrieron nuevamente, forzados por un guante blanco y frío, un doctor le preguntaba a gritos y estaba en un pasillo de hospital.

- ¿Familiares? ¿Parientes? Señor, ¿a quién aviso? Está herido, no tiene identificación. ¿Me entiende? ¿A quién aviso?

Sólo recordó un número. El número apuntado en esa nota. Después volvió a dormirse.
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