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Negocios nocturnos [Priv. Geist] [+18]

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Re: Negocios nocturnos [Priv. Geist] [+18]

Mensaje por Geist el Jue Abr 24, 2014 2:21 pm

Kiran le oyó gemir, y oyó también la súplica, provocando en su mente el efecto contrario. No llegó a pronunciarlo, embebido como estaba en los gestos y no ya en las palabras... pero lo único que articuló su pensamiento fue un fiero "¿y si no quiero?" que tan sólo continuaba retando. La sutil línea, no esbozada entre ellos, ese límite turbio que supondría sus "basta",  era todo un misterio. Una meta, y no una frontera.

Kiran quería saber. Y quería descubrirse. Hallar también a Gô. Al Gô real, al borde del abismo. Sin más máscaras. Quería que ambos, en verdad, estuvieran desnudos. Sin escudos.

Que Gô participara de forma voluntaria en ese duelo, en ese enfrentamiento entre sus voluntades, sólo le encendía más. Gô no era John, pero trataba de jugar con él, del mismo modo. Tendía una red con sus palabras, haciéndole preguntas, clavándole puñales. Sí. Kiran deseaba dominarle. Había algo en ese acto, en el deseo, en codiciar a un hombre, que le llevaba a ser salvaje. A ansiar prevalecer, a competir, a ser más brusco, rudo, a ser violento.

Un lado de sí mismo, descarnado, que nunca había llegado a desatar. Hasta esa noche. En aquel callejón... La misma intensidad, sangrienta, que le invadía en el ring. Dónde sólo un hombre alcanza la victoria. Dónde sólo uno de los cuerpos somete al otro, por completo.

Kiran ansiaba éso. Nunca ansiaba la gloria... y ahora lo comprendía, subyugado del todo por ese impulso, añejo, que le hacía ser un animal, tan sólo instinto. Más aún ante ese otro, siempre beligerante, que buscaba pelea... que no se doblegaba. Que aún mostraba sus dientes, y lograba encenderlo, aún más, más fuerte, nublando sus sentidos.

Nuevamente agresivo, le agarró las muñecas y retuvo sus manos, con brusquedad y los ojos en llamas, al sentir las caricias serpenteando, como una invitación, envenenada, teñida de recuerdos y de aromas, distintos, muy lejos del presente. Del sudor y la pìel. Del hambre, entre sus piernas.

— Tú no eres John, Ojos Azules. Y yo no soy tu Adrien... No quiero tus caricias. Y no te haré el amor. ¿Vas a pensar en él cuando te tome? ¿Cuando te esté montando? ¿Crees que pensaré en John cuando lo haga?

Le soltó, sin perder la amenaza en las pupilas, y permitió de nuevo la distancia entre ellos, sin dejar de mirarle. Sin dejar de observarle. Como lo hacen todos los cazadores. Cada depredador, anhelando señales, el gemido del viento, el momento adecuado. Cuando el moreno dejó claro qué era lo que buscaba, en todos los sentidos, Kiran se dejó hacer y se mordió los labios al sentir el contacto de ese velo de látex, como una penitencia, húmedo, plástico, neutro. Distinto de la piel, y sus ardores.

Permitió que el moreno reptara sobre él, con los ojos aún fijos en los suyos. En esa piel, tan pálida, en sus músculos, firmes, y esa ansiedad, sin trabas, que hacía que Gô tuviera prisa. Reteniendo su aliento contempló sus dos cuerpos, a punto de encajar... de ser sólo uno, y clavó sus manos en sus nalgas, sin imponer un ritmo. Todavía.

Con cada nuevo espasmo del menor, ese dolor tan obvio, al recibirle, el yo animal de Kiran deseaba ir más deprisa, hasta hacerle gritar y desgarrarle. Pero logró no hacerlo, mordiéndose los labios, todavía, con los nudillos blancos y las uñas, hirientes, contra la piel tan joven. Limpia. Blanca. Ahora dañada, enrojecida. Abierta.

Cuando sintió el mordisco, recorriéndole como lo hacen los cánticos, erizando la piel, llegando a lo más hondo de sí mismo, Kiran le abrió los glúteos y se meció, más dentro, por reflejo, extendiendo el aullido de su cuello hasta su propia polla, hasta el ano de Gô, hasta sus dos centros.

Su voz sonó a bramido, con esfuerzo, y contestó con rabia en la garganta antes de responder al beso tratando de invadir también la boca ajena, por completo.

— Si fueras John no serías tan estrecho... Y si fuera tu Adrien sería mucho más dulce, Ojos Azules... pero no somos ellos... y voy a entrar en ti sin el amor... o el miedo...

Kiran cumplió aquella promesa, oscura, y sosteniendo a Gô por las caderas comenzó a atravesarle sin tapujos, moviéndose con brío y con angustia, por instinto, por el puro placer de hundirse dentro, por egoísmo, por rabia, por el crudo deseo de hacerse daño y compartirlo, de jadear al unísono, de destruir, de destruirse, y de marcarle. De verdad. Por dentro. Dónde las mentes hacen "crack" y se rompen los sueños. Dónde el humano muere y se recrea la bestia, que todos, albergamos.

Jadeó, compartiendo el dolor por adentrarse así en el cuerpo, aún angosto, del moreno... Y se apretó más fuerte a su cintura, enfatizando el ritmo de su cuerpo, su vientre, y su deseo.

— ¿Lo sientes, Gô? Como si fuéramos dos locos... o dos perros...

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Re: Negocios nocturnos [Priv. Geist] [+18]

Mensaje por Gô Koyama el Jue Abr 24, 2014 5:03 pm

El cuerpo de Gô aun temblaba por el esfuerzo, el esfuerzo de reprimir un quejido tras otro, el esfuerzo por mantenerse estoico, o por salvaguardar el poco orgullo que le quedaba después de haberse clavado por sí mismo la dura polla de Geist. Se limpió el sudor de la frente con el dorso de su mano, tratando de controlar el temblor de sus piernas, de acostumbrarse a la enorme intrusión que invadía sus entrañas. Respiraba profundamente para conseguirlo. Pero las duras palabras de Kiran, le hicieron regresar a la realidad. Una estancia fría, ahora caldeada por el sudor de sus cuerpos, inundada con el olor a sexo. Pero fría igualmente. Fría de sentimientos, de verdadera calidez. Y así lo demostraron los actos de Geist.

Antes de haberse habituado por completo a su miembro, antes de que su ano se hubiera dilatado lo suficiente para no sentir que le estaban desgarrando por dentro, Geist tomó de nuevo las riendas de la situación. Aquello parecía una batalla en la que el orgullo estaba en juego. Y por el momento estaba teniendo un claro ganador. Gô no pudo evitar que Kiran le derribara, atrapando de nuevo el cuerpo del menor bajo el suyo. Y antes de esperárselo, Gô estaba siendo penetrado con inusitada violencia, con una rudeza y una brusquedad que jamás había experimentado durante sus encuentros sexuales con Adrien. Pero ¿es que esperaba algo diferente? ¿Qué podía esperar de un hombre al que acababa de conocer aquella noche, con una mente tan inestable como la suya y con aquellas ansias de...quién sabía qué?

- ¡Kiran, duele!, ¡Maldita sea!- gimió el moreno. Trató de relajarse, de respirar profundamente, intentando evadirse del dolor, buscando con desesperación un ápice de placer que pudiera compensar aquella desagradable sensación. Ocultó su rostro bajo sus brazos, pero después necesitó uno de ellos para morderlo, morderlo con fuerza y evitar que nuevos quejidos y gimoteos escaparan de sus labios y pisotearan su orgullo más de lo que ya lo estaba. Anhelando sentir lo que sentía con Adrien, se había entregado a la desesperada a un hombre del cual no sabía prácticamente nada. Que supiera su pasado no significa que le conociera a él. Pero por momentos ese hombre que ahora le propinaba duras estocadas, le había hecho creer que podría ofrecerle la misma calidez que le proporcionaba Adrien.

"No quiero tus caricias. Y no te haré el amor". Sí, tenía razón. Definitivamente si él fuera Adrien, todo sería más dulce. Pero no por ello más intenso. El primer jadeo llegó desprevenidamente. Aún dolía como los mil demonios, pero al fin su cuerpo empezaba a responder al sexo, a la rudeza de Geist. Por fin podía atisbar ese consuelo que anhelaba. El placer que comenzaba a hacer acto de presencia. Gracias a ello, logró relajarse al fin. Sintió la tentación de rodear su cuello, de clavar las yemas de sus dedos en la imponente espalda de Geist. Pero sus palabras seguían resonando en su cabeza. Si él no quería sus caricias, no sería tan estúpido de dárselas. Se aferró a las sábanas, perdiendo la lucidez por momentos, entregándose al éxtasis. Dejándose llevar por el placer cada vez más palpable que al fin estaba logrando enmascarar el insoportable dolor.

Gô se permitió gemir al fin. Disfrutando del momento. Concentrándose en el placer físico y enterrando en lo profundo de su ser ese torrente de emociones que amenazaban con hacerle perder la poca estabilidad que había logrado reunir. Clavó los ojos en los de su acompañante, dilucidando, intentando descubrir qué se escondía tras ellos, tras esa bipolaridad. Hubiera dado cualquier cosa en ese instante por saber qué era lo que estaba pensando Geist, si es que estaba pensando en algo ¿Estaría disfrutándolo él? ¿Estaría pensando en John? Quién podía saberlo. Quizá Gô sí debía tratar de pensar en Adrien, de imaginar que eran sus manos las que se aferraban fuertemente a sus caderas, que era su polla la que le estaba reventando por dentro. Pero cuando trató de evocar su rostro, éste se hallaba extrañamente difuminado.

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Re: Negocios nocturnos [Priv. Geist] [+18]

Mensaje por Geist el Jue Abr 24, 2014 6:50 pm

Con cada movimiento Kiran sentía que entraba dentro del cuerpo del menor. En otra piel. En otro ser. ¿En otra alma? Apenas podía sofocar sus propios gemidos, guturales, surgiendo en su garganta ante cada embestida, como si fuera su interior, su propia boca, la que sufriera el roce y el calor, esa presión, tensa y caliente, correosa, que abrazaba su sexo. Cada idea.

Ya no sabía pensar. Sólo sentía. Y ese primer impulso, dominante, era ahora sólo la avidez, sudorosa, que hacía que se adentrara, más profundo, en busca de placer. Se sentía casi líquido, pero a la vez tan duro, tan carente de forma, tan fuego y tan metal, sobre esa piel de porcelana, que su mente, embriagada, se sorprendía con cada choque húmedo resonando entre ellos, ansiando el ruido sordo de esas otras texturas, evocadas.

Sólo se oía a sí mismo, derramando jadeos, vocálicos y desgarrados, y el ritmo acuoso de su propia intrusión sobre ese otro. Dentro, de él. En sus entrañas. Ingrávido, perdido ya en el laberinto del deseo, sin excusas, Kiran creyó entender por fin las espirales. Los bucles, y los círculos, sin fin, dónde todo es comienzo pero nada ha empezado. Dónde nada termina. Y estás solo.

Gô no le acompañaba. Lo supo. Lo sabía. Era capaz de percibirlo, en su latido, indómito, sin ecos. Que no llegaba a contagiar la líbido del otro. Que no empañaba de igual modo su garganta. Que no cargaba de deseo el agujero, estrecho, en el que penetraba... deseando derretirse.

Kiran se sintió herido, en esa soledad, a pesar de saber que la habían provocado sus palabras. Esa verdad, a dentelladas, que ahora flotaba densamente, sobre ellos. Si hubiera sido un hombre menos débil, Kiran habría parado. Habría cesado su invasión, y habría mirado a Gô a los ojos, buscando su rechazo.

Pero sólo le oyó, esbozando palabras que dolieron, también, en una empatía absurda y espinada. ¿Qué estaba haciendo? ¿Por qué lo hacía? Sentía que su deseo era una venganza. Un arpón, un cuchillo, los firmes dedos de una mano que estrangulan despacio un corazón.

Marchito. Deshojado. Latiendo por despecho. Desgarrado.

Kiran gimió de nuevo y se sintió vencido por la culpa, los celos, inauditos, y una necesidad abrumadora de continuar moviéndose, incapaz de frenar su propio anhelo, físico, negado durante años. Sus manos, aferradas, flojearon muy despacio, mucho más obedientes que su sexo, encendido, que no entendía de treguas ni de pausas.

Y se sintió temblar, de arriba a abajo, cuando Gô se unió por fin a sus jadeos. Era el único nexo, junto a aquella fricción, en sus entrañas, la única concesión del cuerpo del más joven, que no lo había tocado de más formas. Que no buscaba un ancla en su silueta, y sólo soportaba sus asaltos, inerte, aferrado a las sábanas sin desear el roce de su piel. Como una víctima. Haciéndole verdugo.

Kiran deseaba ser deseado... con esa intensidad, huérfana y malherida, del que nunca ha tenido. Del que siempre ha añorado. Y a pesar de continuar asediando el cuerpo del menor, su mirada, de otoños, se tiñó de vacíos y de pérdidas, enturbiándose en rojos, brillante, vulnerable y llena de tormentas.

Tomó aire, más profundo, sintiendo el vendaval en su cabeza, reflejando todas sus sensaciones en el azul de Gô, vibrante, joven, mucho más inocente... a pesar de ser él el maestro, ofreciéndole a Kiran una lección no deseada. Kiran no quería sexo... a pesar de buscarlo y de haberlo negado durante años. Kiran quería existir. En otra piel. Sobre otra piel.

Sentir la suya.

Gô no era John. Y aunque hubiera accedido a aquella petición, permitiendo a su cuerpo sentirse acompañado, despierto y encendido, permitiéndole a él haber vuelto a humillarle, desfogándose, a pesar del sudor compartido... Kiran no encajaría realmente en ese hueco exacto de su ausencia, sin importar lo dentro que llegara, la fuerza en sus caderas, o su deseo, malsano, de imponerse. De ser capaz de someterle. De ahogarle entre gemidos. De hacerle sentir lleno, por completo.

Porque Gô no era John. Y él nunca sería Adrien. Porque Gô sí deseaba unas caricias, que sus dedos, ahora perdidos en su espalda, sin saber si ceñirse o retirarse, nunca habían ofrecido. Nunca le ofrecerían.

Porque no sabía amar. Porque había amado a una serpiente, en una foto, que nunca había correspondido aquel amor, amordazado y mudo...

Kiran apartó su mirada, húmeda y turbulenta, sintiendo que el azul en ese espejo le hacía sentir pequeño, amenazado... y que Gô no era John. Que era mejor que él. Y no se merecía el dolor, intenso, injusto, que sólo era capaz de transmitir su cuerpo, frustrado e inexperto, adentrándose en él, contaminándole.

Gimió, y dudó, frenando torpemente el vaivén de su vientre, preguntándole a Gô, sin mirarle a los ojos.

— ¿Estás pensando en él...? Dime, ¿cómo lo hacía? ¿Cómo hacía que gimieras? No lo sientes, conmigo.

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Re: Negocios nocturnos [Priv. Geist] [+18]

Mensaje por Gô Koyama el Jue Abr 24, 2014 7:53 pm

Dicen que los ojos son el espejo del alma, pero Gô no podía leer la de Geist a través de aquellos orbes prendidos en fuego. Aún así, Kiran desvió la mirada, como si temiera que Gô pudiera ver a través de ellos, inmiscuirse en sus pensamientos. Sorpresivamente, el agarre de sus caderas amainó y las embestidas se detuvieron. Ambos estaban agotados, más mental que físicamente. Gô podía percibirlo en la expresión de Geist. Las palabras de Geist cayeron sobre el moreno como un jarro de agua fría. ¿Y cómo pretendía que lo sintiera? tendría suerte si al día siguiente pudiese caminar con normalidad. 

- No estoy pensando en él. No puedo pensar en él... Apenas recuerdo su rostro, sus facciones...- musitó abatido- Pero tampoco quiero recordarlo. No ahora. Ahora estoy contigo, Kiran. Te lo he dicho. Tú no eres Adrien, y yo tampoco soy John... Tan solo soy un instructor. Y esto es sexo, sin más. Sin sentimientos. Carente de emociones. Así que no pares, Kiran. Quiero sentirte A TI.- ordenó, incorporándose lo suficiente para atrapar de nuevo los labios de Geist. 

Pero algo estaba ocurriendo entre ellos, en el ambiente. La excitación y el calor que antes les envolvía, parecía estar escapando a través de las rendijas de las persianas. 
Gô se sentía incomprensiblemente vacío. Insatisfecho. Estaba lleno físicamente por la piel de Geist, pero algo rugía en su interior. ¿Todos los chiquillos a los que se había follado se habían sentido de la misma manera que él? Turbados, inseguros, vacuos. Conscientes de que el orgasmo no era el clímax, sino un adiós definitivo. ¿Era eso lo que inquietaba tanto a Gô? ¿El final? ¿El final de qué? El final de nada, porque no había nada. No esperaba nada de Geist, al igual que Geist tampoco esperaría nada de él. Y aún así ese final aterraba sobremanera al menor.

- ¿Y tú?- arremetió- ¿Estás pensando en John? ¿En cómo será hacerle el amor? Por que a él sí que le harás el amor. ¿Te estás imaginando cómo será su piel? ¿Si será más suave que la mía? ¿Cómo sonará su voz cuando se corra?- su voz sonaba amarga. Estaba inexplicablemente molesto. Con Geist. Consigo mismo. Se sentía aturdido, confuso. Si hubiera sabido que el dejarse follar implicaría aquel torrente de emociones, nunca se habría ofrecido a Kiran tan fácilmente. Se sentía ridículamente patético, pensando en cómo actuarían después del sexo. Si habría tensión. En qué significaba para el mayor lo que estaba ocurriendo entre ellos. Si tendría que marcharse nada más acabar. Si dormirían juntos. Si volvería a verle.

¿Cuántas relaciones esporádicas había mantenido? ¿Cuántas veces había amanecido con uno o incluso dos chicos en su cama o en camas ajenas? Y jamás se había planteado aquellas estúpidas preguntas. Se sentía como una chiquilla en su primera vez, esperando que después del sexo, el chico la besara y le declarara su amor. Pero eso no iba a pasar. Y tampoco quería que pasara. Pero se sentía perdido, dolido y atrapado en una corriente de sentimientos que no lograba controlar. No sabía qué esperar, ni qué quería esperar. 

- Continúa, Kiran. Todo está bien.- murmuró. Alzó la mano, con la intención de acariciar su rostro. Pero antes de que las yemas de sus dedos rozaran tan siquiera su mentón, se detuvo en seco, recordando sus palabras. Geist no quería sus caricias. Dejó caer de nuevo la mano sobre el colchón y se abalanzó sobre sus labios, desesperado por excluir todos aquellos pensamientos. Volvió a tumbarse sobre el colchón y llevó una de sus manos a su propio miembro para volver a excitarse. Decidido a dejarse llevar de nuevo, movió las caderas, incitando a Geist a retomar las embestidas, invitándole a escudriñar sus entrañas mucho más profundamente- ¿Dirás mi nombre cuando te corras?  

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Re: Negocios nocturnos [Priv. Geist] [+18]

Mensaje por Geist el Jue Abr 24, 2014 9:23 pm

"Y esto es sexo, sin más. Sin sentimientos. Carente de emociones". Ése había sido el trato. Pero no era verdad. Sentimientos distintos y caóticos navegaban entre ellos, llorosos, mezclados en cada gota de sudor. Sentimientos y emociones que emergieron, de nuevo, en aquel beso, imperativo, que Geist no sintió como una orden... sino como una súplica, respondiendo con una suavidad desconocida, meciendo con sus labios la tragedia, entre ambos.

Paladeó, despacio, preguntándose si la saliva podía saber a lágrimas. A ausencias. A vacíos. Cerró los ojos, dejándose invadir, sin entender del todo cómo debía actuar. Lo que debía sentir. Lo que debía entender. O interpretar. Pero aquella pregunta logró apuntarle al pecho, nuevamente, rompiendo el beso y el silencio, pacífico, que apenas perduró un instante en esa noche, convulsa y afilada.

El rostro de Kiran adquirió un rictus de dolor, sin máscaras, que no había llegado a permitirse en compañía. Se le torció la boca, ahora vacía, y centelleó el naranja en su mirada, como si hubiera sido apuñalado por la noche, oscureciéndose, mermando poco a poco, como una mariposa que pierde los colores para hacerse polilla, hasta ser tan vulgar como indefensa.

¿Y él? ¿Pensaba en John? Cada maldita noche, pero no ésta. No al menos de ese modo, ausente, que le hacía sentir roto, perdido, insatisfecho y enfadado. No ahora, dentro de Gô, ansiando parecerse a otro... con nombre propio, y no a uno de esos hombres, de John, que tan sólo eran piel, sólo sudor y semen. Nunca amores, con rostro, que el tiempo o el destino había apagado.

Kiran quería ser Adrien, esta noche. Quería hacer el amor. Quería entender los cómo. Los porqué. Quería haberlo sentido, de algún modo. Haber vivido éso, en el pasado, tal vez sólo una vez. Lo suficiente. No imaginaba a John. Tampoco su figura. No su tacto. Y conocía de sobra aquella voz, de ninfa errada, rasgada por el sexo, siempre con algún otro.

Sintiéndose atacado Kiran continuó quieto, digiriendo despacio aquel directo, lanzado con palabras, no con puños. No quiso avanzar más, sintiéndose ofendido y saboreando rencor, reteniendo la cólera que su cuerpo, ahora tenso, deseaba sofocar, de cualquier modo. Puede que fuera brusco, que su instinto, primario, hubiera sido extremo y egoísta. Pero si seguía así, si volvía a penetrarle, ahora, el daño que causara sería algo voluntario.

Un intento de fuga. Represalias.

Trató de tomar aire y contestar, sin la bilis llenándole la boca, la mirada. Pero le fue imposible ocultar el dolor, la lacerante herida, abierta, aún dentro de su pecho. En su coraza. En el recuerdo.

— No. Pensaba en ti. En mí. En ésto... En que tú no eres él, y no te lo mereces.

Calló, maltrecho, ansiando saber cómo dejarlo estar sin más, sin añadir veneno... encontrando de nuevo un imposible al tratar de cambiar, en un instante, años de rabia, a solas, vertiéndose a diario.

— Ya conozco su piel, Ojos Azules. Ya le he tocado, antes. Y ya le he oído correrse... nunca por mí. Siempre con otros. Ahora quería oírte a ti. Quería que jadearas. Que gimieras conmigo. Y no lo he conseguido.

Cerró los ojos, apoyado en sus manos, imponiendo distancia entre sus torsos. No vio la mano, inquieta, que no llegó a posarse en sus facciones. Tampoco la sintió. Sólo el vacío, entre ellos, roto de nuevo por un beso que era tan sólo un ancla. Nunca un puente. Sólo algo de cordura, en sus bocas, de víbora, que ocultaban colmillos, dispuestos a morder y a desgarrarles.

No era verdad. No estaba bien. Y Kiran se sentía de nuevo sepultado por demasiados hechos. Por demasiadas faltas. Sintiendo el peso de cada omisión, de cada error, de cada fallo, como si hubiera un nuevo cuerpo sobre él, abrazándole, frío. El rumor que causó el sexo de Gô, volviendo a estimularse, exigió su atención. Una respuesta.

¿Debía seguir? ¿Debía parar? ¿Gô debía irse?

Gimió, al sentirse provocado, invitado de nuevo a conocer su cuerpo. Abrió los ojos lentamente y enfocó nuevamente el rostro ajeno sintiendo que la noche se escapaba, despacio, entre las yemas de sus dedos, vacíos, que aún no habían conocido el exotismo, pálido, de la cara del hombre al que sentía... por dentro. Llevó su diestra hasta los párpados débilmente rasgados y rozó sus pestañas, con cuidado. Miró el azul de aquellos ojos, igual de atormentados, y esta vez fue su boca la que inició el contacto con los labios del otro.

No respondió, y no reanudó el ritmo en sus caderas. En vez de éso, instó despacio a Gô a volver a sobre él, invirtiendo sus cuerpos, apoyándose suave, sobre el lecho. Ofreciéndose a él por toda rendición, como respuesta.

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Re: Negocios nocturnos [Priv. Geist] [+18]

Mensaje por Gô Koyama el Jue Abr 24, 2014 10:20 pm

Ese nudo que se forma en el pecho cuando tratas de hacer daño, y al conseguirlo, desearías volver atrás para remediarlo. Ese era el nudo que atoraba el pecho de Gô al observar la expresión compungida de Geist. ¿Estaba pensando en él? ¿En Gô? su mente se nubló durante unos segundos y un repentino cosquilleo asoló su pecho y su vientre. Las palabras de Kiran estaban repletas de dolor, de pesimismo, de inseguridad. Una inseguridad probablemente acusada por Gô. Y Gô se sentía horriblemente culpable, pero a la vez terriblemente satisfecho de que Geist, al fin, le expresara sus emociones y pensamientos. 

La caricia del mayor le pillo desprevenido, y suspiró al sentir su dedo peinando sus pestañas. Pero fue ese sutil roce de labios, ese beso depositado con una dulzura inusitada, lo que logró teñir sus mejillas de carmín. No entendía nada, hacía tan solo unos minutos, Geist le penetraba como una bestia. Y ahora le acariciaba y le besaba como si fuese lo más preciado para él. 

- Joder, estoy muy confundido, Kiran.- protestó agónico, desviando la mirada, avergonzado al descubrirse a sí mismo observando embelesado las facciones de Kiran, aún maltratadas por los golpes pero igualmente bellas- No sé qué pensar, no sé qué sentir, no sé qué esperar de ésto. Tan pronto eres brusco y me dices que no quieres mis caricias como me besas de la forma más dulce que puedo recordar.- confesó ruborizado- ¿Tienes algún problema de bipolaridad?- bromeó. De pronto y gracias a los fuertes brazos de Geist, sus cuerpos se vieron invertidos. Gô volvía a estar sobre Kiran, quien en vez de retomar las dominantes estocadas, parecía rendirse y ofrecerse por completo al moreno. 

- Yo también quiero gemir contigo.- esta vez, rendido a la repentina docilidad y ternura que estaba mostrando Geist, se recostó sobre él, jadeando con el simple roce de la piel de sus abdómenes. Con el cambio de roles, la polla de Geist no permanecía en su interior. Volvió a unir sus labios, esta vez apremiante y con disposición- Es solo que necesito sentirme lleno en todos los sentidos. Aunque sea solo por esta noche. Aunque sea falso.- las mejillas de Gô se arrebolaron de nuevo, pero mantuvo su mirada azul celeste clavada en la de rojo fuego de Geist- Aunque sea solo por unas horas, finge que me quieres, Kiran.- le suplicó.

Acto seguido y sin esperar respuesta, sujetó el miembro de Kiran y volvió a sentarse sobre él, exhalando, al penetrarse, un sonoro gemido que nada tenía que ver con los anteriores. Ya no sentía dolor. Bueno, quizá aún se notase extraño. Pero era el placer le embriagaba por completo, no solo porque su cuerpo ya se había acostumbrado a la invasión, sino por el cambio de actitud de Kiran. A Gô le gustaba ese lado dominante de Geist, pero el moreno, en ese instante, necesitaba otra cosa. Necesitaba consuelo. Consuelo a un dolor no expresado pero latente en lo más profundo de su pecho. Necesitaba consuelo por la pérdida de Adrien, por no haber vuelto a sentirse querido. 

- Ah... Kiran...- jadeó cuando empezó a moverse. Se mordió el labio inferior y cerró los ojos, concentrándose en las corrientes de placer que recorrían todo su sistema nervioso. Ascendía y descendía sobre el falo de Geist. Ya no reprimía sus gemidos y tan solo abrió los ojos deseoso por deleitarse con las expresiones de Kiran. Ésto sí era lo que Gô había esperado y deseado toda la noche. Mediante los minutos pasaban, algo parecía germinar en su interior y recorrer su espina dorsal hasta estallar en sus testículos. El clímax se acercaba, podía notarlo perfectamente. Gô había aumentado el ritmo y el calor y la humedad provocados por el sudor volvía a impregnar la estancia.

- Me queda poco...- murmuró, estrechando su propia polla entre los dedos y masturbándose con fiereza- Córrete conmigo, Kiran... Di mi nombre, como yo diré el tuyo...- musitó perlado de sudor, con la respiración agitada y las emociones a flor de piel. Finalmente no pudo reprimirlo más y, pronunciando su nombre tal como había prometido, se derramó sobre el abdomen de Geist, emitiendo un gutural gemido que reverberó por toda la habitación. Cayó rendido sobre el cuerpo de Kiran, jadeante y tembloroso a causa del orgasmo. No podía haber acabado mejor.

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Re: Negocios nocturnos [Priv. Geist] [+18]

Mensaje por Geist el Vie Abr 25, 2014 2:15 pm

Kiran no sonrió, sintiéndose confuso al mismo tiempo, tal vez, la vez primera en que sus emociones coincidían en esa noche. En esas vidas. Era verdad. Él era errático, incoherente, como haberse atrevido a soñar, a sentir, a tocar, con un extraño. Enfrentarse a sus miedos, a todos sus deseos, hacía que su cordura sólo se columpiara, bruscamente, sin saber a qué asirse. Sin saber qué creerse. Lo que ocurriría luego. El hombre que sería.

Por éso, el miedo y sus instintos continuaban luchando. Una ternura súbita, producto de la culpa, de una conciencia breve que nunca preguntaba, que no entendía de otros, y ahora empezaba a hacerlo. Muy despacio. Muy torpe. Como su autocontrol, vistiendo cicatrices. Las ondas sobre un lago que se extienden, sin más, sin un final feliz. Sin metas. Con un foco, violento.

Kiran era de barro. Y podía serlo todo. O ser tan sólo arena. La tierra que pisamos.

— Sí, Ojos Azules. No sé quién soy, ahora. No sé quién me haces ser. En quién me he convertido...  

Sintió la piel de Gô, sobre la suya, y el rojo en sus mejillas como una lluvia, breve, en primavera. Eran de nuevo dos, hasta unirse en un beso, con sabores distintos. Kiran deseó saber si siempre sería así. Si un beso puede saber a hombres distintos, a sensaciones nuevas, a promesas o a heridas. Deseó saber a qué sabía él ahora. Como lo sentía Gô. Qué era lo que veía.

Suave, intentando domar sus inquietudes y toda su impaciencia, lamió lánguidamente la lengua del moreno, aún dentro de su boca, y dejó que las ganas, que el ansia de saber, muriera entre sus labios escuchando palabras. Oyendo, igual que había probado, esa ausencia concreta. Esa necesidad.

Cerraduras, con llave, que nadie abre de nuevo. Sellos, en tu interior, que esconden mil secretos. Mil caricias, perdidas, que quieres que no mueran. Que te hacen sentir muerto. Vacíos. Memorias. Dosis de echar de menos.

Y así, escuchándole, viendo lágrimas secas en sus ojos azules, entendiendo el dolor, Kiran pensó que no sería fingir. Que podía amarlo, ahora, en el sueño de nieblas y de sexo que le habían concedido. Porque ya no era él. Porque podía ser nadie. Acompañado. Porque si Gô tenía un vacío, concreto, que quería ser llenado, Kiran era de agua, un mar, un río, un arroyo, que deseaba saciar. Quería ser necesario.

Dualidades extrañas que se hallan en la noche. Ying-Yang de carne y hueso que encuentra su pareja, a oscuras, en cualquier callejón, por tan sólo unas horas. Polos opuestos. Drama. Azar. Destino.

En las manos de Gô, sintiendo cada roce aún envuelto en el plástico, aún manso, redimido, exhaló al mismo tiempo al volver a sentirle. Al perderse, de nuevo, dentro de ese otro ser, de esa vida, distinta, que palpitaba, estrecha, deseando líneas nuevas. Gimió también, sin la vergüenza en la garganta o en los labios, ansiando unirse a él, al compás, al unísono. Permitiéndose no sólo desear y penetrar a un hombre, sino ansiar su placer, su mirada velada, su nombre pronunciado.

Oyendo a Gô, Kiran tembló y llevó las manos a su espalda, con cierta timidez, haciendo un gran esfuerzo por no imponer su ritmo y aunarse al del moreno, acuciando tan sólo sus caderas cuando Gô descendía sobre su propio sexo hasta rozar sus vientres, embebido. Cada vez más frenético, guiado por el más joven, sintiéndose tomado, tomando al mismo tiempo, no sólo sensaciones. Trocitos, de sí mismos. Tesoros enterrados.

La habitación, llena de ecos, parecía contenerlos, abrazarlos también, robando el calor que emanaba entre ellos. Todo era más pequeño, más ardiente, más denso. Todo menguaba, poco a poco, mientras su cuerpo reclamaba un espacio en el cuerpo del otro. Mientras sus manos recorrían el sendero en su espalda, su columna, como si caminara con cada uno de sus dedos. Como si fuera una escalera, al cielo. Una ventana, abierta. Lava. Una playa desierta donde sentir el sol en pleno invierno.

Sentía todo su rostro sofocado, el sudor en su frente, su pelo, despeinado, la mandíbula abierta, entre jadeos, las orejas al rojo, el pulso en la garganta, cobre, y un dibujo en su piel. Un hormigueo, desde la punta de su lengua a sus pezones, la curva de su ombligo, la piel sobre su sexo, sus testículos, que parecía morderle en cada nervio, acariciar intensamente su interior, el fuego, en su cabeza. Convertir en incendio su deseo.

El interior de Gô se iba apretando, ansioso, palpitando en su polla mientras se masturbaba... Kiran trató de ser suave, de ser dulce, pero tan sólo pudo ser apasionado, apresando la nuca del moreno entre la yema de sus dedos, acercándose a él hasta apoyar sus frentes, juntas, en cada acometida. Hasta respirar juntos, el aliento del otro, hasta beber gemidos en el aire, viciado, mientras perdía el control y volvía a penetrarle con rudeza. Sintió su polla tensa, dura, hinchada, y no llegó a correrse hasta sentir la tibieza en su estómago y el sollozo de Gô, contra sus propios labios, gimiendo contra ellos, tratando de besarle sin sentido, repitiendo su nombre al mismo tiempo, mientras se vertía dentro de su cuerpo, encerrado en el látex, ahora lleno, caliente, mojando la cabeza de su polla con su propia semilla.

Pensó que al terminar volvería a sentir frío. Pero aún había calor sobre su piel, inundando su mente... No separó su diestra del cabello azabache, aún pegándose a Gô, aún uniendo sus rostros, aún anclado en su boca. Pero su zurda, inquieta, al ritmo extraño y oscilante que marcaba su pecho, encabritado, acarició despacio el mentón del menor, acunó su pulgar al recorrer su cuello, y terminó bailando sobre su propio vientre, ahora manchado, hundiendo el dedo índice en el blanco, hasta poder sentir la huella del placer que Gô había derramado... tratando de entender y de admitir, de no negar, que los dos eran hombres, que se habían deseado, que no sentía rechazo.

Curioso, ingrávido, aún fascinado por el cuerpo del otro y sus reacciones. Aún excitado por sentirle, a su lado, sin importar que ya se hubieran desfogado. Descubriendo, esa noche, que a veces el deseo nunca llega a apagarse. Que sigues deseando a pesar del orgasmo. Que la piel siempre evoca. Si es la piel adecuada.

Con la voz aún teñida en jadeos, musitó un suave "gracias", renuente a abandonar el beso o el contacto. Asustado por el "continuará" que anunciaban sus cuerpos, enredados, sin ser capaz de adivinar qué pasaría a continuación.

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Re: Negocios nocturnos [Priv. Geist] [+18]

Mensaje por Gô Koyama el Vie Abr 25, 2014 4:14 pm

Sumidos aún en la esencia del éxtasis, tratando de calmar la respiración, ambos permanecían pegados el uno al otro, como si temieran que al separarse, alguno de los dos desaparecería. Sus frentes aún unidas, bebiendo de la respiración del otro. Esa suave caricia y el tenue "gracias" que Geist le acababa de regalar, removió todo su ser. Con sus ojos fijos en los de Kiran, deseando que la noche no acabara, soñando con perderse en aquel mar de lava, se aferró a su cuello, tratando de fundir su cuerpo con el del mayor, imaginando que así no tendría que marcharse. 

Tal como había supuesto, la tensión se hizo palpable al terminar el sexo. Pero no era una tensión incómoda, era una complicidad encarnada en silencio, llena de caricias, de besos, de una ternura inaudita en ambos. Gô acariciaba el torso del mayor, cautivado por la expresión de sosiego de Geist. Tan absorto que ni siquiera recordó que aún tenía su polla dentro de él. Cuando lo hizo, movió las caderas y el pene de Kiran resbaló, atrapado aún en el látex hasta chocar con el vientre de su dueño. Fue el propio Gô quien se encargó de quitarle el condón, hacerle un nudo y dejarlo a un lado de la cama.

Y odió haberlo hecho, porque una vez sus cuerpos estuvieron separados, sintió frío, y miedo. Miedo al próximo adiós. A la incertidumbre. Al qué pasará a partir de ese momento. Si la noche habría acabado para ellos. Si volverían a verse. O si esa complicidad desaparecería en el momento en que Gô atravesara la puerta. Renuente a abandonar tan pronto el calor del lecho, volvió a recostarse sobre Geist, apoyando la cabeza en el pecho del mayor y aferrándose a sus hombros.

- ¿Puedo quedarme hasta mañana?- preguntó inseguro. Lo cierto es que estaba extremadamente cansado. Intentó rememorar todo lo sucedido esa noche. Habían pasado tantas cosas en tan solo unas horas que le parecía increíble acordarse de todo. De cómo se habían conocido, cómo Gô había interrumpido lo que apuntaba a ser una mera carrera nocturna. Sendos puñetazos que habían dejado marca en sus labios y los de Geist, marca que ya no dolía, pero que aún sabía a hierro cuando paseaba su lengua por la zona. Cómo había logrado convencerle para llevarle al bar. Su pelea, su encuentro en el callejón, la coca recorriendo sus venas, dejándole en estado casi catatónico. Los brazos de Geist cargándole. La carta, la foto y la ira de Kiran al verse descubierto. Y finalmente, ellos. Sin más.

- Tengo mucho sueño...- musitó, acurrucándose en el regazo de Kiran. Solía hacerlo cuando Adrien aún vivía, y aunque sabía que Geist no era él, la calidez que ahora emanaba del mayor le embriagaba, le complacía y le hacía recordar aquellos tiempos, pero no desde la nostalgia, sino desde la satisfacción de saberse amado de nuevo, aunque fuese tan solo por unas horas. Y sumido en aquellos agradables pensamientos, no supo si llegó a escuchar una palabra más de Geist, si había recibido el ansiado permiso para pasar el resto de la noche con él. Sencillamente se quedó dormido, acunado por la pausada respiración de Kiran, arropado con el calor de su cuerpo. Confiando plenamente en él.

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Re: Negocios nocturnos [Priv. Geist] [+18]

Mensaje por Geist el Lun Abr 28, 2014 9:34 pm

Kiran sentía que el momento ante él, ante ellos, carecía de sentido. Ya no había rumbo. Eran dos náufragos, y el mar de olas que los había guiado en el vaivén de aquella noche había alcanzado al fin la orilla. Todo era silencio. Quietud. Mutismo. Menos dentro de él, dónde los gritos sordos de todas sus preguntas trataban de encontrar una única respuesta. Algo real. Algo sincero.

Algo coherente. Un imposible.

Gô se aferró a él, anhelando refugio, y Kiran dudó aún más, viviendo aquel contraste. Ya no le daba miedo. ¿Ya no habría distancias? La cercanía, imperfecta, que reclamaba el sudor aún caliente sobre su piel, mezclada, se le antojaba extraña. Bienvenida. Y efímera. ¿Cuánto dura un abrazo? ¿Cuánto duran los besos? Sólo dejan recuerdos, pero no cicatrices. Nunca una herida abierta. Sólo una huella, suave.

Evitó columpiarse de nuevo en ese abismo, azul, y permaneció unido a Gô como si no hubiera un mañana. Como si el hoy, el ahora, el presente, fuera cautivador. Y "futuro" sólo le diera pánico. Terror. Incertidumbre. Era fácil creer que todo lo importante podía sencillamente tocarse con la yema de los dedos. Como el cuerpo de Gô, pegado al suyo.

Pero el moreno impuso realidades, separando su sexo, esas promesas, vagas, que huelen a sudor. Que saben a marea, y a sal. Como las lágrimas. Kiran se sintió frío de inmediato. Incompleto. Vacío. Como si fueran sus entrañas las que habían admitido la entrada de un extraño. No cerca de su vientre... más bien, dentro del pecho. Allí dónde te duelen las mentiras. Dónde enraiza la culpa. Dónde cala el veneno que esconden las miradas.

Dónde late la noche. Dónde duermen los cambios. Los deseos.

Geist observó el condón, atado, sobre su propio lecho. El blanco amordazado de su semen, cautivo, le recordó a su pelo. Al miedo, y a las llamas. Le recordó su "mote". Y dudó, aún abrazado, si esta noche también había sido un fantasma. Si enredado con Gô, respirando su aliento, con su nombre en los labios, existía plenamente.

Si el hombre junto a él, entre sus brazos, le conocía. Si él, acunándole, conocía a Gô. O sólo esbozos. Jirones de su esencia. Su saliva, su aroma, sus ojos de cristal, su historia, su pasado.

¿Las personas se narran? ¿Puedes verterte en otro, con palabras? Él solía usar los puños para contar su drama. Pero ahora, sus manos no eran garras. No eran rocas. Sus manos eran cálidas, dibujando caricias en el cuerpo, desnudo, del joven junto a él, que se apoyó de nuevo en su regazo.

Acarició su pelo, aún húmedo, ante aquella pregunta. Asintió, levemente, con los labios sellados, incapaz de pronunciar un sí, rotundo. Incapaz de extender esa oferta. Incapaz de soñar una prórroga. Pero aún así extasiado ante la idea de prolongar el roce de sus pieles. En silencio. Sin nada que admitir. Sin más secretos, revelados.

Cuando escuchó de nuevo a Gô dormido, como un niño, Kiran le abrazó más, estrechamente, sin testigos. Sin la conciencia del moreno para estudiar su gesto. Sin su propia conciencia, extenuada también, haciéndole preguntas. Planteándose respuestas. Sintiendo, "a solas", aún ebrio de emociones.

Kiran olvidó el tiempo. También olvidó a John. El boxeo. Incluso Steinburg. Sólo podía mirarlo y verlo respirar, acogerle, sereno, observando su sueño. El color de su piel, de madrugada, el rosa en sus pezones, ahora manso. Su cabello, maltrecho y despeinado, suave y oscuro, denso, tan diferente al suyo, hosco y albino. Miró también su rostro, sus párpados rasgados, su boca, fina, ahora apagada y sin sonrisas, partida bruscamente por su mano... y llevó su pulgar hasta la herida, deseando no haber sido tan cobarde. Deseando ser mejor. No ser hipócrita.

¿Lo sería cuando Gô se despertara?

Retiró su caricia sintiéndose culpable, y volvió a contemplarle. Sabía que le haría daño, nuevamente. Era algo inevitable. Los sueños nunca duran. Ambos despertarían en tan sólo unas horas. Kiran, de aquella fantasía, Gô, volviendo a abrir los ojos. Pero continuó sosteniéndole, en silencio, combatiendo la anticipación con el calor, de ambos, aún pegados, unidos. Aún en un mismo lecho, compartido.

Como si el espejismo continuara... intacto, todavía.


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Re: Negocios nocturnos [Priv. Geist] [+18]

Mensaje por Gô Koyama el Lun Abr 28, 2014 10:45 pm

Los primeros rayos de sol ponían fin a una de las noches más largas pero más intensas de su vida. Éstos se filtraban por las pequeñas rendijas de las persianas, proporcionando una tenue luz que iluminaba escasamente la estancia. Un escalofrío le atenazó y, sin abrir los ojos, tanteó por la cama intentando hallar las sábanas para cubrirse, en vano. Intentó acurrucarse aún más en el regazo de Kiran, donde había permanecido las pocas horas que habían dormido después de aquella noche de desenfreno. Le parecía increíble que éste no se hubiera zafado de su abrazo desde que cayó rendido. A pesar de que habían terminado teniendo sexo, le veía perfectamente capaz de hacerlo. Quizá le conocía menos de lo que pensaba.

Trató de volver a dormirse, pero su mente, algo más despejada, comenzó a torturarle con las mismas inquietudes y el desasosiego que le habían asaltado la noche anterior. ¿Qué ocurriría a partir de ese momento? ¿Qué podía esperar de lo sucedido? ¿Qué había significado esta noche para Kiran? turbado por estos pensamientos, fue abriendo los ojos lentamente. ¿Cómo debía actuar cuando Kiran se despertara? ¿Debía ser cariñoso o hacer como si nada hubiera pasado? ¿Cómo se comportaría él? ¿Le pediría que se marchara? ¿Le invitaría a desayunar? Ante todas estas absurdas pero recurrentes preguntas, apretó los ojos, molesto ante la imposibilidad de recuperar la tranquilidad que le había invadido al ser rodeado por los brazos de Geist la noche anterior. 

Ofuscado y algo neurótico, se levantó muy lentamente, tratando por todos los medios de no despertar al mayor. Al incorporarse, un latigazo de dolor en el recto le hizo detenerse de inmediato.
- Joder...- masculló entre dientes. Cuando logró levantarse del todo, echó un vistazo a su alrededor, tratando de recordar qué había sido de su ropa pero ésta no había salido del baño desde el momento en que Gô se desnudó para ducharse. Recuperó su ropa, se vistió y aprovechó para lavarse la cara y, ya de paso, el vientre, el cual notaba tirante de su propio semen.

Una vez estuvo preparado, regresó a la habitación. Se acercó con sigilo a la cama, donde Geist aún permanecía profundamente dormido. Ese rictus de dolor que atormentaba a Kiran la noche anterior mientras soñaba con su madre había desaparecido. Parecía completamente relajado, cómodo. Gô se preguntó si estaría soñando, y si sería un buen sueño. Esperaba fervientemente que así fuese. Cogió las sábanas que antes él no había logrado alcanzar y le tapó hasta el pecho con ellas; en la mañana había refrescado. Se mordió el labio, pensativo. ¿Volvería a verle? ¿O una vez traspasara esa puerta sería el fin? Gô tragó saliva, con cierta angustia, recordando cuántas veces se había marchado de aquella misma forma, como una sombra, un fantasma, después de una noche de sexo. Y nunca le importó. Pero aquella vez era diferente. Sabía que aún le quedaba mucho por conocer de ese hombre, y realmente deseaba tener la oportunidad de hacerlo.

Buscó con ahínco pero en absoluto silencio un papel y algo con lo que escribir. Abrió los cajones de la mesilla de noche y el escritorio hasta que halló una pequeña libreta y un lápiz casi sin punta, pero le serviría. Arrancó una hoja y apunto su número de teléfono junto a una pequeña nota.

"Te devolveré tus bóxers. Los míos puedes tirarlos, tengo más en casa. Llámame. Gô."

Dejó la nota en la almohada, junto a Kiran, para que la viera nada más despertarse. Suspiró, sin demasiada esperanza de recibir esa llamada, pero no podía hacer más, y sinceramente, en ese momento no tenía el valor suficiente para esperar a que Geist se despertase y tener que enfrentarse a una auténtica despedida. No quería sentir esa tensión, las preguntas aflorando de nuevo, abrumándole. Era mejor así, bebiendo de la esperanza de que aquello no sería un "Adiós", sino un "Hasta luego".

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