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Negocios nocturnos [Priv. Geist] [+18]

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Re: Negocios nocturnos [Priv. Geist] [+18]

Mensaje por Gô Koyama el Sáb Abr 05, 2014 12:31 am

Bueno, Geist no le había golpeado tras el beso. Era una buena señal. Aunque Kiran se hubiera levantado y alejado a una distancia prudencial, estaba bien, tampoco había esperado que las cosas sencillamente fluyeran, no con Kiran. Eso era rematadamente imposible. 
- Si crees que eso ha sido una insinuación, entonces es que no me conoces en lo más mínimo.- bromeó el moreno con un tono de voz juguetón. Observó cada paso, cada gesto y cada expresión corporal de Geist. Era endemoniadamente difícil de leer. 

Gô tuvo que reaccionar forzosamente rápido para evitar que la botella le golpeara. Ésta cayó en su regazo, como salida de la nada y el menor la tomó en sus manos, ocultando su rostro en la excusa de leer la etiqueta. Pero era plenamente consciente de cada paso, cada palabra, incluso cada respiración del mayor. No bebió, ni siquiera abrió la botella, pero sí le dio uso. Recorrió su nuca y su cuello con ella, deleitándose en la frescura del plástico. Agradeciendo aquella breve fuga del cargado y caldeado ambiente de la habitación, esbozó un gesto frustrado al escuchar aquel apelativo, "Piel de porcelana"; ¿qué había pasado con "Ojos Azules"?. Bufó molesto, sin encontrar un motivo referente, pero la confesión de Geist le sacó de sus cavilaciones.

- Supongo que ahora entiendo por qué me odias tanto.- alegó, circunstancial- Era una puta entonces. Como yo ¿no?. ¿Qué hizo?, ¿te engañó con otro?, ¿te utilizó?- tanteó el moreno, a riesgo de estar tocando una cuestión sensible, dolorosa y frustrante para Geist, pero notablemente molesto al verse comparado con alguien de dudosa moralidad- Me cuesta creerlo, la verdad. Geist, el boxeador, el macho, el insensible, perdiendo la cabeza por una mujer ¡Quién lo iba a decir!- Gô rió irónico.

El silencio se instauró tras sus palabras y Gô reparó en que Geist probablemente ni siquiera le había escuchado. Parecía perdido en sus propios pensamientos, quizá en sus recuerdos, en su pasado. Un pasado angustioso, quizá demasiado. Entonces el moreno se preguntó si Kiran había sido siempre así de frío, de distante. Quizá hubo una época en la que era una persona completamente distinta, amable, cariñoso, cercano... Y aquel pasado, aquella mujer le había transformado en lo que era ahora. Un hombre con escasos escrúpulos, desconfiado y terco. Exageradamente terco.

- ¿Por qué esa insistencia en que no serás otra de mis conquistas?, ¿Es que acaso cambiaría algo si te dijera que voy en serio?- cuestionó con fastidio- Por Dios, Kiran, ya te prometí que no intentaría nada extraño ¿tanto te cuesta confiar en mí? Ah, claro, disculpa, que soy un promiscuo maricón.- agregó, abriendo al fin la botella y vaciando la mitad de un solo trago, un trago que supo a frustración y enojo y que no le refrescó en lo más mínimo.
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Re: Negocios nocturnos [Priv. Geist] [+18]

Mensaje por Geist el Sáb Abr 05, 2014 1:40 pm

El comentario sobre la insinuación volvió a teñir de histeria la boca de su estómago, ya inquieto, incómodo, muy poco acostumbrado a la conversación, a aquel suave flirteo y a los recuerdos. Kiran era de esos que niegan lo evidente. Que eligen no pensar. Tratar de no sentir. Y seguir adelante.

El problema es que aunque trates de avanzar el pasado es pasado, y sigue ahí, esperando tan sólo a que bajes la guardia y mires una vez, una única vez, sobre tus propios pasos. Cuando no afrontas algo, cuando no lo superas y tratas de enterrarlo, sigue ahí. Dispuesto a mirarte a los ojos. Dispuesto a acosarte en tus sueños.

Al igual que el moreno, frente a él, en su casa, en su cama. Con la sonrisa entre los labios, la piel pálida y esos ojos azules. Que Kiran no iba a volver a nombrar. Que evitaría mirar de nuevo. Que encontraba enigmáticos, en ese rostro exacto, de mestizaje asiático.

Escuchar en boca de otro hombre un "puta" para John le hizo encarar al joven, con la sangre ya hirviendo, envenenada. Antes, en plena adolescencia, le hubiera defendido. Como lo hizo mil veces, con puños y miradas, con la hiel en la boca, saboreando verdades que no podía enunciar. Que rehusaba asumir.

Porque era cierto. John siempre fue una puta. Aunque él no le tocase. Aunque él nunca existiera. Aunque fuera tan sólo un objetivo por desenmascarar, un títere, un mendigo. Kiran nunca le atrajo. Sólo era un simple juego. El chico fuerte de corazón tan débil que no podía atreverse. Que deseaba, en silencio.

Ahora, mucho tiempo después, Kiran creía entender lo que John siempre vio dentro de él. Al chiquillo patético, asustado, que había tirado todo por la borda incapaz de mirarse al espejo. Al perdedor, sin guantes tras los que poder esconderse. Y nunca al campeón, sobre la lona.

Cuando Kiran bajaba del ring sólo era un mentiroso. Como lo era ahora, frente a Gô, en la oscuridad de su última guarida. Humillante, como cada secreto.

Miró, con los ojos en llamas, al chico frente a él. Era más joven, más franco, lleno de esa insolencia que nunca poseyó y destilaba en otros. Y era honesto. A pesar de todos sus pecados, se conocía. Cuando por fin encontró las palabras para llegar a contestarle, Kiran no supo a quién le respondía. ¿A Gô y a su mirada azul, ahora escurtándole? ¿A un John distorsionado en el presente? ¿O tan sólo a sí mismo? ¿A su amor propio herido?

— Nunca hizo nada. Yo no existía. Nunca estuvimos juntos. Sabía perfectamente cómo me sentía yo y nunca le importó. Yo era un juguete. Sólo quería demostrarme que era un cobarde, que nunca llegaría a admitir mis sentimientos. Y tenía razón. Supongo que para alguien como tú entender el rechazo debe ser complicado, ¿verdad, Gô? ¿Qué más da un cuerpo que otro si nunca hay emociones?

Kiran volvió a beber, acabando el agua en su botella. Con cada trago deseaba poder tragar también la bilis y el dolor, esa certeza repetida, la derrota que John le regaló como un tatuaje. Siempre en su piel. Incapaz de ser borrada por el tiempo.

Porque nunca le tuvo. Nunca llegó a sentirle. Nunca llegó a admitirlo. Pero aún lo recordaba. Tenía grabado a fuego cada encuentro, cada discusión, cada conversación velada a media noche, y aquel duelo en el baño, dónde un John sabio y cruel había jugado a desnudar no sólo su piel, bronce, sino sus emociones.

"— Pídemelo, Kiran. Sólo pídemelo."

Kiran nunca lo hizo. Sólo musitó un "no" y huyó, como aún estaba huyendo. Sin un rumbo o destino, persiguiendo la sombra de un fantasma sin saber si la sábana blanca cubría su propio rostro. Sus deseos.

La vida es demasiada larga para mentir por siempre. La vida es demasiado breve para decir verdades. Y así seguía, moviéndose, con un buen juego de pies, sintiendo un derechazo próximo, que lograría quebrarle. Que le haría arrodillarse. Escupir sangre.

Pero aún no había llegado.

Tirando la botella al suelo dejó que sus ojos llegaran a prenderse, de nuevo al borde del enfado. Gô continuaba presionando, lanzando golpes tibios, tanteándole. Pero a Geist siempre se le dieron mejor los golpes bajos. Avanzó, firme, volviendo a acortar los espacios, las distancias, la prudencia. Dejándose llevar como lo había hecho siempre ante la ira.

A su lado, de nuevo junto a él, Kiran se arrodilló, solo a escasos centímetros.

— ¿Crees que no te conozco? ¿Que no sé a lo que juegas? Tú nunca irás en serio, no sabes lo que quieres. Y tus promesas no son nada si llegas a excitarte. ¿Me equivoco, promiscuo maricón de ojos azules?

Con el rostro poblado por los golpes la sonrisa soberbia que quiso regalarle pareció más una recta torcida y entreabierta, haciendo de su boca algo prohibido. Pero sus dedos, rudos y calientes, confirmaron de nuevo aquel carácter bélico y seguro, sosteniendo el mentón del moreno frente a frente. A un beso de distancia. Pasando su pulgar sobre sus labios por todo signo de interrogación.
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Re: Negocios nocturnos [Priv. Geist] [+18]

Mensaje por Gô Koyama el Sáb Abr 05, 2014 6:15 pm

Las palabras de Geist se tornaron de nuevo rudas e hirientes, una intención que no llegó a afectar a Gô, no del todo. Quería confiar en él, confiar en que el enfado que ahora refulgía de nuevo en sus pupilas no le hiciera mandar su autocontrol al garete. Gô esperaba que las manos que sujetaron con brusquedad su mentón, no lo hicieran con furia, con odio, un odio que pudiera impulsar un nuevo golpe, otra pelea sin causa.

- ¿Y tú, Kiran? ¿Sabes tú lo que quieres?- le retó, casi susurrando sobre sus labios debido a la cercanía. Su nerviosismo se hizo patente cuando Geist, provocador, acarició su labio inferior con el pulgar. Gô reaccionó con más rudeza de la que hubiera deseado expresar, rompiendo de un manotazo aquel cálido contacto de sus pieles- Sigues enamorado de ella ¿verdad?, ¿entonces qué cojones haces aquí, perdiendo la compostura por un marica como yo?- trató de provocarle- Eres un cobarde, por eso aún no has ido a buscarla ¿verdad? Tienes miedo al rechazo. ¿Te crees que yo no sé lo que es eso? Estás muy equivocado, eso demuestra lo poco que me conoces. Sé lo que es el rechazo, lo sé muy bien.

¿Cómo podía recriminarle perder la compostura cuando él mismo lo hacía a cada momento? Geist había demostrado ser capaz de hacer a Gô experimentar varias emociones totalmente contrastantes en apenas un momento. Kiran era capaz de hacerle sentir miedo, complicidad, inseguridad y atracción en un mismo instante. Y todo ello sin que ese hombre fuera consciente, consciente de lo que provocaba en los demás, de lo que provocaba en Gô. Pero Gô sí lo era, era plenamente consciente de que no estaba a salvo con Kiran, porque se sentía demasiado tentado a jugar, con y contra él, a poner su propia integridad en peligro.

- La diferencia entre tú y yo es que yo acepto lo que soy. No me avergüenza admitir que sigo enamorado de Adrien, que sigo jodidamente colgado de un muerto ¿Y sabes qué? Él me rechazó infinidad de veces. Pero no me rendí, y finalmente conseguí estar a la altura para que me aceptara.- confesó, rindiéndose a los recuerdos- Yo sí sé lo que quiero, Geist, quiero a Adrien. Pero al contrario que tú, jamás tendré la oportunidad de volver a estar con él, porque está muerto. Por eso me refugio en el sexo fácil. ¿Qué es lo que te impide a ti estar con ella? ¿Tu orgullo? ¿Tu cobardía? Si no fuiste más que un juguete es porque tú, y solo tú, se lo permitiste.

Sabía que era imposible que sus palabras lograran a aquel gigante entrar en razón. Alguien que se refugiaba en su fuerza, en sus puños, para mantener a salvo su fragilidad interior, no permitiría que alguien de dudosa moralidad como Gô echara por tierra esa coraza que, seguramente, tanto esfuerzo había depositado en conseguir.
- ¿Te sientes sólo, Kiran? pues si continuas así, seguirás encerrado en este agujero de por vida, tú solo.- sentenció- ¿De qué te sirve tu fuerza si no la utilizas para luchar por lo que quieres? Sé honesto contigo mismo por una puta vez en tu vida, Kiran. Te harás un favor.
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Re: Negocios nocturnos [Priv. Geist] [+18]

Mensaje por Geist el Dom Abr 06, 2014 1:33 pm

"Querer". Todos tenemos planes. Todos trazamos un destino, esa línea imaginaria que define el futuro. Kiran había perdido el rumbo al perder el boxeo y ahora no quería nada. Quería dejar de ser. De estar. Ser otro. Quería poder romper el ciclo, la esclavitud que contenía su vida, pero no hacerlo quebrando los barrotes. Quería sólo cambiar. Aceptar la cuadrícula. Creerse el papel dictado por su moral, arcaica.

Sintió la oposición en la mano de Gô, apartándole de él, y aceptó que el juego terminara. Sin revanchas. Aún sentía el fuego dentro, pero no crepitaba. Se derretía despacio, como lo hace la lava, fluyendo en cada vena. En cada pensamiento. Reptando, sobre ascuas.

La lluvia fría de esas preguntas, afiladas, desarmó nuevamente esa calma autoimpuesta. Fingida. Una careta más bajo la que esconder reacciones verdaderas. Kiran alzó la voz, cerró los puños y se dejó caer, resbalando por aquella pared, mirando hacia la nada.

— ¿Enamorado? ¡No! ¡Estoy obsesionado y sé muy bien qué quiero! ¡Quiero no ser así! ¡No pensar lo que pienso! ¡No sentir como siento! ¡Quiero recuperar mi vida!

Sintiéndose impotente por entero llevó sus manos a su frente cubriendo sus facciones doloridas, sus ojos y todos los secretos que querían derramarse, formar lágrimas, frases o palabras. Decir verdades. Y gritarlas. Poder decirle a alguien lo desgraciado que era. Que siempre lo había sido. Que ya no tenía nada.

Ni siquiera el boxeo. Ni tan siquiera agallas...

No se dejó llorar ahogando esa debilidad bajo su odio, toda esa dignidad herida, en entredicho, bajo las yemas de sus dedos.

— ¿Qué tengo que admitir? ¿Que no soy nada?

Su voz quiso quebrarse y carraspeó, duramente, mientras el resto de todas sus preguntas sonaba sólo a aire, rasgado. A desolación lenta. Solitaria y continúa. A invierno, en esa ciudad gris, dónde una madriguera oscura podía salvar un alma. O condenarla.

— ¿Estar a la altura? El amor no es así. No requiere insistencia. No necesita que mejores. No necesita que supliques. ¿Qué hiciste, Gô? ¿Le emborrachaste "hasta estar a la altura" de un buen polvo? ¿Te rebajaste hasta hacerle sentir que él era un rey? ¿Que le necesitabas? ¿Que estabas en sus manos? ¡Y una mierda! ¿Qué podía hacer yo? ¿Qué puedo hacer ahora? Yo nunca fui su tipo. Nunca tuve poder. Nunca tuve experiencia. Tenía su misma edad, sin posición y sin dinero, sólo un jodido huérfano. ¿Amor? ¡Sólo era un puto juego! ¡Nunca amó a nadie, sólo eran premios! ¿Entiendes? ¡Premios! No quería que le amasen. Quería destruir sus vidas. Sacerdotes, padres, hombres casados... Todos en entredicho, peones bajo sus dedos. Yo... sabía cómo era. Cómo sentía. Y aún así estaba enamorado. Enamorado, ¡como tú! Como dos gilipollas. ¿Qué pensaría tu Adrien si te observara ahora? ¿Estarías a la altura follándote a cualquiera?

Kiran apartó sus manos, con los ojos mojados y oscuros, con los labios fruncidos, con miedo. Y sin resignación. Desolado, sin llegar a asumirlo.

— ¡Quiero sentirme solo! ¡Sin testigos! Quiero terminar de joderme la vida sin que nadie me observe. ¡Ya no soy boxeador! Sólo un patán, en una ciudad gris, con este puto idioma. ¡Dammed! Está en Steinburg, ¿sabes? Me escribió y he venido, como un perro faldero. ¡Tiene el puto VIH! ¡Y estoy aquí! ¿Qué crees que cambiará? ¿Qué puedo conseguir? ¡¿Un polvo y un final feliz?! ¡No puedo hacerlo! ¡No puedo darle éso! ¡No lo hice y no lo haré! ¡J....J.... no va a quitarme lo único que me queda!

John se asomaba, pérfido, resbalando en su lengua. En su cabeza. Deseando delatarle. Reírse de él nuevamente. Desnudarle, de nuevo. Ya no podía seguir sentado. El suelo no le sostenía. La rabia le estaba consumiendo. Y hubiera deseado no ser él, no tener esas "normas" internas, y poder levantarse y arrastrar a ese extraño de nuevo a afuera. Lejos de él. De todos sus secretos. De toda esa verdad, velada, a medias, que estaba destruyéndole. Pero Kiran seguía siendo Kiran. El niño huérfano que no ofrecía refugio para después negarlo. El hombre que no llegaría a echar a Gô, a pesar de la ira.

Se levantó, encabritado por completo, con la respiración acelerada y la mente entre rojos y malvas, turbia, pesada, mirando entre esa niebla enajenada a su invitado, en esa ciudad rota, en su habitación gris, como el cielo nocturno, emponzoñado.

— Necesito calmarme. Voy a darme una ducha.

Le dio la espalda, sin sentir que perder el contacto lograra sofocarle. Sintiendo a aquel intruso, en todas partes, casi bajo su piel. En todas las esquinas. En su mente.

— Hay algo de comida en la nevera. Coge lo que desees. Pero no toques mi maleta.

Y así, con una jaula interna conteniendo el incendio, se encaminó hacia el baño con la piel húmeda, bañada por sudor y frustración, con los labios resecos, la boca vacía, los ojos llenos.

¡Pss, pss!:
Si Gô decide mirar la maleta de todos modos hablamos vía Skype sobre su contenido.
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Re: Negocios nocturnos [Priv. Geist] [+18]

Mensaje por Gô Koyama el Dom Abr 06, 2014 4:50 pm

Los gritos de Geist sobresaltaron al moreno. Habría esperado recibir un nuevo golpe, un empujón, algo físico. Pero verle perder la cabeza hasta ponerse a gritar a las tantas de la madrugada le alertó lo suficiente para hacerle recular porque ¿qué podía esperar de Geist? quién podía saberlo. Lo único que había aprendido de Kiran durante aquellas horas es que nunca puedes saber cómo va a reaccionar Geist. Ese hombre era una bomba de relojería, preparada para explosionar al mínimo choque, con tan solo un roce. 

Sí, Kiran necesitaba calmarse. Sus ojos incendiados, su piel tensa y magullada por los golpes de Gô y su boca en un rictus de ira eran muestras suficientes de que necesitaba tranquilizarse. ¿Pero quién sería Gô si no echara más leña al fuego?
- Sigues siendo un capullo. Un bastardo sin agallas. Lo arreglas todo con tus puños pero no tienes un par de cojones para ir a buscar a esa tía y ponerle las cosas claras.

Gô esperaba que Kiran se girase en su camino al baño, que le plantase cara, que volviera a apuñalarle con palabras hirientes sobre Adrien. Pero no pasó nada, no hizo nada, ni siquiera le miró, y eso frustró mucho a Gô. Tan solo invitó al moreno a que cogiera lo que quisiera de la nevera y le avisó de que no se acercara a su maleta. ¿Pero qué persona en sus cabales y con una curiosidad sanamente juvenil no se acercaría a lo que precisamente le habían prohibido hacerlo?

Gô espero pacientemente hasta que Geist desapareció tras la puerta del baño. Pero no fue hasta que escuchó el agua de la ducha que se decidió a acercarse, avanzando a gatas hasta la maleta de Geist. Estaba abierta y encima de algunas mudas de ropa descansaba el cinturón de campeón que antes había estado observando. ¿Era eso lo que con tanto ahínco se proponía ocultar? Gô sacó el cinturón y la ropa sin desdoblarla y tal cual la dejó sobre el suelo. Lo que encontró bajo ésta, fue una impactante sorpresa. Lo primero que llamó su atención fue una revista, en cuya portada, un hombre semidesnudo parecía hacer ademán de deshacerse de la poca ropa que le quedaba. "Gay zone". ¿¡Gay Zone!? ¿Era una jodida revista gay? Una perversa sonrisa asomó en los labios de Gô. La ojeó por encima; el contenido, desde luego, no tenía desperdicio. La dejó junto a la ropa y sacó una vieja foto, agrietada y amarillenta. En ella, dos chavales jóvenes. Uno sonreía con cierta coquetería a la cámara, el otro, al que reconoció al instante, parecía que le habían obligado a posar ante el fotógrafo. Para lo que encontró después no estaba seguro de haber estado preparado. Unos guantes de boxeo blancos, blancos pero manchados por lo que había parecido una sustancia líquida roja. Gô se negó a creer en lo evidente y los dejó a un lado sin observarlos en demasía. El último objeto al fondo de la maleta era un sobre, un sobre relativamente reciente pues las puntas del papel aún no estaban dobladas y aún mantenía su color blanco impoluto. La sacó, tragó saliva, y asegurándose antes de que el agua de la ducha aún corría, extrajo el papel con manos temblorosas. 

"Querido Kiran:


Supongo que te extrañará que te escriba después de tanto tiempo. Lo cierto es que no tenía pensado hacerlo hasta hace una semana, y créeme que me ha costado encontrar la determinación para ello. Hace unos meses empecé a enfermar a menudo hasta que unos días atrás me diagnosticaron el virus del VIH. Tengo sida, Kiran. No te escribo para que te compadezcas de mí, sino para disculparme por cómo te traté. Siempre fui consciente de lo que sentías por mí y no tuve la entereza para afrontarlo. Sabes que el sida, al menos en la actualidad, no tiene cura, y aunque existen tratamientos, nunca sabes cuándo... bueno, cuándo puede llegar tu hora. Esta enfermedad y saber que puedo irme en cualquier momento me ha servido para recapacitar. Me gustaría que nos viéramos y habláramos, Kiran. Me gustaría quitarme este remordimiento de la cabeza y, si tengo que irme, hacerlo en paz con el mundo. Y contigo. Esperaré tu respuesta.


Un abrazo,
John" 

Gô se tapó la boca, ahogando su respiración, temblorosa por todo lo que acababa de descubrir. Pero apenas tuvo tiempo para pensar, pues para cuando se dio cuenta, el agua había dejado de sonar. Se apresuró a guardar todo lo que había sacado de la maleta, tratando de recordar el orden por el camino. Primero la carta, después los guantes, la foto... ¿o era la foto primero? daba igual, no había tiempo, guardó la ropa, procurando dejarla intacta y, por último, el cinturón.
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Re: Negocios nocturnos [Priv. Geist] [+18]

Mensaje por Geist el Dom Abr 06, 2014 9:09 pm

Llegar hasta el baño sin detenerse y plantar cara al joven hasta hacerlo callar fue mucho más difícil de lo que pareció, en un éxodo mudo, sin paradas, dónde los titubeos se resolvieron con más pasos. El baño no resultó ni acogedor ni cálido, tampoco conocido, sólo era un escenario. Cartón piedra dónde escenificar su "nueva vida" entre cuatro paredes que parecían dispuestas a igualar el aspecto desolado y patético de su nuevo inquilino. Como si la tristeza contagiara también al verde, mate, de aquellos azulejos. Gastados. Viejos. Y sin brillo.

Kiran abrió sin más el grifo, arrullado por fin por el sonido sordo y continuado del agua golpeando el suelo blanco, deslucido, que tragaba sin más aquel llanto invocado. Y así, a solas, se permitió llorar sin pronunciar palabras, sin gemidos, con la tragedia estoica que no quiere testigos. Que simplemente llueve, dejándose caer, mojando pensamientos a su paso.

Despacio, retiró suavemente las gasas con las que Gô cubrió sus propios golpes, en ese perdón físico, ahora carente de sentido traspasada de nuevo aquella confianza, serena, que se había consumido pregunta por pregunta, insinuación a insinuación, hasta que Kiran fue tan sólo él, de nuevo, solo, rabioso y perdido.

Después, dejó también su ropa, sus calzoncillos blancos, lisos, sobrios, y ese pantalón negro que le había visto arrodillarse, tratar de compartir su lecho, correr entre las calles y desnudar su sexo y su deseo ante un extraño.

Pero no se sintió más libre allí, desnudo. Tampoco bajo el agua, apenas tibia, que bañaba su cuerpo pero no sus pecados, no el cúmulo de sensaciones, sus nervios, envarados. No esa desilusión, profunda, la vergüenza posada en sus ojos, cansados, ahora enrojecidos.

Trató de no pensar. De sentir sólo el agua. Pero seguía pensando. Las preguntas de Gô le atormentaban... junto a aquellos recuerdos. Venenos de piel pálida, intoxicándole, hasta hacerle sentir naúseas. Hasta entender el vértigo.

Había estado tan cerca de admitirlo... De volver a golpearle. De echarle de su casa, después de haberle traído. Había perdido el norte, y lo sabía. Pendía sólo de un hilo, que el agua, casi fría, trataba de asir a una cordura herida e inestable.

Siguió llorando, a solas y escondido, tapándose la cara con las manos, como si así fuera menos real. Como si no ocurriera. Igual que siempre usaba aquella oscuridad, sin ojos, para tantear su cuerpo. Para pensar en otros... ocultando su rostro con un brazo, ahogando sus gemidos, como si él no fuera él, como si así nadie pudiera verle. Como si no fuera verdad. Nunca hubiera ocurrido.

Cuando el agua empezó a hacerle tiritar se decidió a salir, aterido y desnudo, ocultando su vientre y esa pena con sólo una toalla, negra y espesa, como el peso de la culpa no admitida. No secó su cabello. Tampoco el poso de unas lágrimas que creía igual de mudas que su boca.

Su mirada, en cambio, venosa y carmesí, era incapaz de ser discreta. Como los golpes en su rostro, trazando líneas rojas en un mapa de daños y castigos. La maraña en su alma, retorcida, seguía siendo invisible. O al menos, necesitaba pistas para ser descifrada.

Pistas que reposaban en su maleta abierta, y ultrajada.

Peinó su pelo, más grisáceo ahora húmedo, y abandonó el cobijo de esa seguridad, sin invitados, dispuesto a retomar una calma perdida... Hasta salir del baño y encontrar al moreno a gatas, frente a aquella maleta. Frente a su propia tumba. Frente a toda su vida. Y todas sus mentiras.

Su mirada, antes hueca, se volvió de cristal. Le temblaron los labios, las manos, las rodillas. Sintió como la ira navegaba su cuerpo, desde la misma boca de su estómago, su pecho, sus caderas, el fuego en su garganta... Más no dio ningún paso.

Esta vez fue capaz de sentirlo. Por completo. La rabia, dominándole... aullando, desde dentro. Y el poder en sus dedos, en sus puños. La fuerza de la muerte. La amenaza, sin velos.

Si avanzaba hacia Gô ya no habría vuelta atrás. Todo habría terminado.

Había matado a un hombre, por menos. Pero si volvía a hacerlo... ya no sería un error. Tampoco una pelea. Sería tan sólo sangre. Un asesino.

— Vete.

Su voz no sonó a orden. Sonó a súplica. A último tren de madrugada.

— Por favor, vete.

Porque si no lo hacía, si seguía ahí, Kiran dudaba de sí mismo. Y tenía miedo. Verdadero terror... porque en toda su vida sólo otra persona había logrado verle tan expuesto... Y ahora, Gô sabía que no era una mujer. Y se llamaba John.
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Re: Negocios nocturnos [Priv. Geist] [+18]

Mensaje por Gô Koyama el Dom Abr 06, 2014 10:20 pm

No sabía si había sido su expresión de pánico o sus manos sobre la maleta lo que le habían delatado, pero sabía que Geist le había pillado. Le había cazado con las manos en la masa, sobre el cuerpo del delito. Y Gô sabía lo que vendría a continuación: gritos, insultos y golpes. Dolor. Una paliza merecida, una paliza que jamás llegó a producirse. Tragó saliva cuando Kiran avanzó hacia él, furtivo y con la mirada inyectada en ira. Gô tembló de arriba a abajo, pero afrontaría los golpes con toda la entereza que pudiese. Aunque lo cierto es que hubiera preferido esa paliza antes que escuchar su tono de voz al pedirle, no, suplicarle que se marchase.

- Kiran, espera, yo no...- pero era inútil negarlo, era obvio que había abierto la maleta, que había invadido la privacidad de Geist, sus propios ojos lo decían a gritos, le delataban- ¿Por qué no me lo dijiste? Joder, todo habría sido más fácil...- lamentó. Pero la furia en los ojos de aquel hombre le intimidaban sobremanera. En toda la noche, en ningún momento le había mirado así. Había visto el dolor, el asco en sus ojos. Pero la decepción, el odio, la ira que se vislumbraban en ese instante en los ojos almendrados de Geist eran indescriptibles- Lo siento...

A pesar de que Kiran le había pedido que se marchara, Gô no lo hizo. Se mantuvo de pie, todo lo sereno que podía aparentar, fingiendo un estoicismo completamente falso, inerte. 
- Ese John... ¿es la persona de la que me has hablado antes? ¿la persona de la que estás enamorado? ¿El de la foto?- preguntó, consciente de que aquello le delataría aún más, que le haría saber a Geist que no solo había mirado dentro de la maleta, tal como él le pidió que no hiciera, sino que había leído la carta- Deberías ir a verle... Quizá... quizá haya cambiado. Quizá podáis ser felices. Deberías darte la oportunidad de serlo, de ser tú mismo...

Dicho aquello, Gô sabía que había llegado la hora de rendirse. Había compartido cierta complicidad con Kiran, cierta empatía. Pero la noche había acabado para ellos. Era consciente de que si no se marchaba en ese momento, lo pagaría caro. Llegados a ese punto, a Gô solo le quedaba optar por la retirada. Pero se sentía frustrado, muy frustrado ¿y por qué? ¿Por qué por Kiran? ¿Por un completo desconocido? Era incomprensible, pero odiaba la idea de no poder hacer nada más. Kiran era un buen tipo, quizá algo violento, pero esa violencia no era más que fruto de su propia inseguridad, la misma inseguridad que le había empujado a abandonarse, que le había impulsado a arrastrarse como un perro malherido hasta las calles de Steinburg siguiendo una sombra, la sombra de un amo al que nunca alcanzaría. Geist se había convertido por sí mismo en un perro callejero, un perro sin dueño que extrañaba ser una simple mascota. Y él era el único culpable de todo aquello. Todo estaba al alcance de su mano, Gô lo veía, pero Geist era incapaz de verlo.

- Kiran... piénsalo.- no dijo nada más. Agachó la cabeza y rodeó a Geist para dirigirse hacia la mugrosa puerta. Lanzó un último vistazo hacia la cama que rato antes había ocupado. Ojalá las náuseas no le hubieran despertado, ojalá no hubiera sacado a Kiran de sus pesadillas. Ojalá la noche hubiera transcurrido sin más, entre sueños, sin palabras y sin miradas de complicidad, de agonía y de ira. Solo una noche más. Pero ya no había vuelta atrás.
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Re: Negocios nocturnos [Priv. Geist] [+18]

Mensaje por Geist el Lun Abr 07, 2014 2:20 pm

Si en realidad fuera el matón que aparentaba ser, el hombre sin escrúpulos que hablaba con sus puños, el temblor en el cuerpo de Gô hubiera sido una victoria. Más no lo sintió así. El hombre frente a él le tenía miedo. Y saberlo, ser consciente, lograba herirlo un poco más.

Los campeones se admiran, no se temen.

Pero él ya no era un campeón. Ni siquiera su disfraz, cosido mentira por mentira, había logrado mantenerse firme. El joven frente a él había logrado derrotarle en todos los sentidos. En una única noche. Primero, en aquel callejón, dónde no pudo refrenar su propia mano, su propio odio, su propio miedo. Después, acobardándole en el bar, haciéndole testigo de los besos, haciéndole caer... en la ansiedad. Más tarde, con su piel y no con sus palabras, aunque Kiran jamás lo habría admitido. Con los gemidos y con su excitación, ese poder en bruto entre sus dedos, inesperado, anhelado desde hace tanto tiempo que no parecía real... Incluso al humillarle, incapaz de hacer frente a su propio deseo, incapaz de terminar lo que él había empezado... Incapaz de dejarle sin más, ante la noche y la intemperie, llevándole a su casa.

Y desde entonces, dentro de aquellos muros, frase por frase, mirada por mirada... de un azul que había grabado en su memoria. Gô le había desarmado. Había desnudado su alma, pregunta por pregunta, inquietado sus sueños, su memoria. Le había hecho estremecer, tocando solamente su cabello. Y ahora, asustado, negaba su traición... O lo intentaba.

Porque eso sintió Kiran. Que le había traicionado. Que ese desconocido, de ojos intensamente azules, había llegado a él sin previo aviso a destrozar su vida. Sus coartadas. A cortarle el aliento y la entereza. Hasta ser sólo ésto. Sólo ahora.

Un manojo de nervios y de rabia, de esperanzas truncadas, secretos desvelados sin permiso y piel al rojo vivo, aún húmeda y mojada, por sudor y por lágrimas.

El hombre frente a él era realmente un enemigo. Y no un aliado.

A pesar de sentir también alivio... al verse descubierto.  Un alivio manchado, sordo y seco, que no pacificaba sus entrañas. Pero le hacía real. Como si sus latidos fueran suyos, por completos. Como si al final, alguien en esa noche eterna, día tras día, pudiera llegar a comprenderlo.

El hombre frente a él le tenía miedo... porque sabía lo hondo que había logrado herirle. El daño que había hecho. El daño que aún podía hacerle.

Le escuchó, imponiendo una distancia abstracta entre sus cuerpos. Como si no estuviera allí. Como si sólo oyera, desde lejos, incapaz de apartar la mirada pero incapaz de verle. De enfocarle, realmente. De verse reflejado en su mirada.

Las palabras vagaron, entre ellos, como el aire viciado y compartido. La habitación era pequeña, estaba a oscuras, y parecía tan sólo un agujero negro cada vez más dispuesto a ir engulléndolos. Oír todo aquello, todas esas verdades, en boca de un extraño, era casi irrisorio.

Kiran quiso reír. Probar una de aquellas drogas que el moreno escondía, dentro de los bolsillos. Dejarse ir, por completo. Y esta vez, sin preámbulos, pareció buena idea. ¿Por qué no? ¿Qué tenía que perder un tipo como él... que ya lo había perdido todo?

Miró a Gô, tenuemente, aún turbio, algo desenfocado, al borde de una histeria que no conocía bien, más allá de la furia, traspasado el umbral de sus respuestas físicas, del daño recibido. Esta vez, Kiran también podía correr hacia delante, porque ya no había huída. El hombre frente a él lo sabía todo. Y siempre lo sabría.

John, en labios de otro. Tenía tanto sentido... Mucho más que en los suyos. Mucho más que el recuerdo. Habría otros hombres, puede que a escasos metros, en la misma ciudad, que pronunciaran ese nombre entre jadeos. "John". Y "feliz". Espejismos amorfos, dibujando horizontes de humo.

Gô no lo comprendía. La gente nunca cambia. Sólo envejece.

Kiran lo sabía bien... llevaba años siendo tan sólo el mismo, observando los cambios en su rostro, pero no en su interior. El mismo miedo, helado, esa misma aprensión. La misma sed. Y el hambre. Atadas, desde dentro...

Por un sueño truncado y sin sentido.

Kiran no había llegado a ser un hombre para ser boxeador. Y ahora, era un niño sin guantes, cerca de la treintena. Sin vida, sin recuerdos, sin descubrir realmente el rostro al otro lado del espejo. Sin entender sus apetitos o sus necesidades. Sin escuchar un sólo día aquellos sentimientos, por siempre amordazados.

Le vio mirar la cama, y en su estado, su rostro sonrió, enigmático y roto, demacrado. Su mirada vagaba ya, perdida, hacia la puerta. Pero comenzó a andar, siguiendo aquellos pasos. Sin decidirse a dejarlo marchar. Contradictorio, como todo en su vida. Como todo el momento. Todas sus sensaciones.

Apoyó con dureza la palma de su mano sobre su propia puerta, impidiéndole el paso, ignorando su propia súplica anterior. Su sentido común. Lo que dictaba su alma. Ahora, traspasados los límites, podía no pensar más. Sentir, cada costura... desgarrada.

— ¿Que piense qué...? ¿Cómo me has traicionado? Hablas de confianza... y robas mis secretos, en mi casa. ¿Te sientes bien ahora? ¿Ya me he abierto a ti? ¿O ésto aún no es suficiente?

Sus nudillos blanquearon, acusando la presión en su mano, en su garganta, afónica, sólo a escasos centímetros de Gô. De nuevo, casi acorralándole. Justo detrás de él, proyectando su aliento, febril, sobre su nuca.

— ¿Crees que ahora me conoces? ¿Que puedes entenderme? ¿Quién coño crees que eres para darme consejos? ¿No ves nuestra ironía? Estuve enamorado de una puta. Y tú aún amas a un jodido fantasma. Por éso estás aquí. Conmigo. La puta y el fantasma, contándose secretos...

Kiran rompió a reír y acortó las distancias, apoyando su rostro y su mentón sobre el hombro de Gô, mientras su mano aún retenía la puerta, y su diestra, vagaba más abajo, como lo hiciera antes, sin permiso y sin tregua... buscando, esta vez, no su piel... sino la bolsa de pastillas dentro de sus bolsillos.

— Me has robado la vida, Ojos Azules. Y yo quiero algo a cambio. Riéte de mí, cuéntaselo a quién quieras, juega a darme consejos... Pero dame el olvido que me has arrebatado.
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Re: Negocios nocturnos [Priv. Geist] [+18]

Mensaje por Gô Koyama el Lun Abr 07, 2014 5:42 pm

Apenas había alcanzado el pomo de la puerta cuando una ruda mano se apoyó sobre ella. A Gô no le hizo falta mirar hacia atrás, sentía el calor del cuerpo de Geist a tan solo unos centímetros del suyo. Se estremeció, aterrado ante la idea de que Kiran se hubiera arrepentido de dejarle marchar sin recibir una buena tunda como castigo. Gô no tenía el suficiente valor para moverse. Aún con sus dedos aferrando el pomo de la puerta, intentaba controlar su respiración entrecortada. 
Gô tragó saliva, tratando de dilucidar cómo deshacerse de Geist, cómo evadirle y poner distancia entre ambos en el caso de que éste le atacase. Gô había actuado mal, era plenamente consciente de ello. Pero no tenía intenciones de dejarse apalizar de nuevo, no después de descubrir los secretos de Geist, de ratificar que, lamentablemente, Gô estaba en lo cierto al comienzo de la noche: Geist era un marica reprimido, y aunque tenía sus motivos, Gô también tenía los suyos para no dejarse humillar de nuevo. 
El moreno, contra todo pronóstico, contra su propia personalidad, engreída y pasota frente a los desconocidos, había tratado de ayudar a Geist, de abrirle los ojos, hacerle entender que aún no estaba todo perdido. Quizá no había elegido el mejor camino, ni la forma más apropiada de hacerlo; aún así, sus intenciones eran honestas, como él. Pero nada haría cambiar de opinión a Geist, era demasiado cabezota, demasiado negativo y demasiado orgulloso para reconocer que tenía miedo de descubrir la verdad, y aún más ante la posibilidad de que hubiera estado perdiendo todo este tiempo a lo tonto en vez de permitirse ser feliz.
Alerta, plenamente consciente de cada movimiento y respiración de Geist, sintió un escalofrío cuando notó su aliento sobre su propia nuca. No entendió sus palabras pero detuvo la respiración cuando Kiran apoyó su mentón sobre el hombro del moreno. Al notar las imponentes manos de Geist recorriendo su cuerpo, tanteándole, se temió lo peor. Cuando Geist extrajo del bolsillo de su vaquero la misma bolsita de cocaína que se había suministrado a sí mismo hacía unas horas, no supo si sentir alivio y angustia.
 Yo no te he robado nada...- se atrevió a decir, atrapando la muñeca de Kiran, con el vano objetivo de evitar que se hiciera con la droga- Si me lo hubieras contado por ti mismo... ¡Maldita sea, suelta eso!- gritó arrebatándole la bolsa con un rápido movimiento y encarándole. Ahora, cara a cara, la cercanía entre ambos se hacía más patente. Gô se pegó a la puerta, tratando de alejarse todo lo posible de él, pero estaba completamente acorralado- ¿Crees que esto te va a ayudar?- le preguntó, apretando la bolsita en el interior de su puño- Tú no eres un drogadicto. Y el efecto de la droga se pasara, no hará que olvides por siempre ¿Aún sigues queriendo hacerlo?- agregó, enseñándole la bolsita, que descansaba sobre la palma de su mano- Si lo que quieres es relajarse, es mejor que te fumes un porro. Si quieres puedo prepararte uno, pero no voy a darte de esta mierda.
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Re: Negocios nocturnos [Priv. Geist] [+18]

Mensaje por Geist el Lun Abr 07, 2014 9:32 pm

Hubiera deseado una respuesta airada. Algo intangible, producto de las voces, contra lo que chocar. Kiran era tan sólo una tormenta y buscaba estallar y derramarse, quebrarse en diez mil rayos, tronar, contra otro cuerpo. Pero Gô sólo ofreció su aliento interrumpido, su miedo, su quietud y aquella sumisión errónea, que no aceptaba dueños, sólo ganaba tiempo.

Kiran sintió el calor de su presencia, ahora en contacto con su piel, desnuda. Y también él se sintió acorralado. A un paso del abismo, presionando al moreno contra su propia puerta, después de haber rogado por su marcha.

Pero si Gô se iba... ¿Qué le quedaría a él? ¿Su sucio anonimato? ¿Su habitación vacía? ¿O su maleta llena? Ya no importaba nada, porque durante años, Kiran había logrado mantener una fachada que ahora, otros podrían quebrar en una sola noche.

Sin el boxeo, todas sus restricciones parecían sólo dudas. Conductas mantenidas, aprendidas tan sólo por costumbre, coaccionadas por todos esos miedos... que ahora, debía enfrentar. "Si se lo hubiera contado por sí mismo...". Entonces sería un hombre valiente. Y con las manos limpias.

Sería de nuevo el campeón, y no un niño asustado buscando un escondite artificial dónde volver a hallar cobijo. ¿Serían las drogas cálidas? ¿Se sentiría mejor? ¿Podría olvidarlo todo? ¿Podría olvidar a John... o recordar de nuevo el timbre de su voz? ¿Sus pecas? ¿Su sonrisa? ¿Podría dejarse hacer...? ¿Atreverse a sentir? ¿Decirle, sin palabras, a esos ojos azules?

— Me has robado la calma...

Kiran sintió de nuevo el tacto de esa piel, de porcelana, y permitió que Gô apresara su muñeca y frenara su avance, destructivo, girándose ante él, mirándole a la cara. El azul de sus ojos se volvió más brillante y más nítido, como si también él viera mejor sin sus caretas... Y se sintió tan torpe. Tan pequeño... que la rabia en su pecho y en sus labios, la histeria, su sonrisa torcida, apenas reflejaban su sobrecogimiento.

Kiran tembló, sintiendo frío. El peso de una soledad desconocida, incrementada, al ser consciente de que en toda la tierra, en todo el universo, sólo el hombre frente a él conocía su verdad. Sólo un desconocido entendía su existencia.

Bajó sus ojos y se rindió. Sin más. Bajó también los brazos. Su mentón. Como si Gô fuera más grande. Más violento. Más fuerte. Peligroso. Como si hubieran trastocado sus papeles.

Como si le tuviera miedo... sin el como.

— ¿Qué podría haberte dicho?

Le miró, de soslayo, con la garganta seca y los dedos aún lasos. ¿Qué podía haberle dicho? ¿Que le atraía su piel? ¿El azul de sus ojos? ¿El tono de su voz cuando jugaba a insinuarse? ¿Que para él no era un juego? ¿Que le hacía sentir pánico? ¿Que lo había deseado? ¿Que no se había atrevido? ¿Que no lo había aceptado? ¿Que en casi treinta años no había tocado a otro? ¿A ningún hombre más? ¿Que siempre quiso hacerlo? ¿Que no conocía el fuego, la pasión de otro cuerpo? ¿Que sólo había follado como folla un cobarde, follándose sus sueños?

Su cabello, pegado ahora su rostro, decaído, dejó morir gotas de agua sobre cada facción. La lluvia había llegado. Sin más gritos. Sin golpes. Sin más lágrimas. Hay llantos que contagian, en silencio. Dramas que no se narran, sólo atrapan.

— Nunca he querido ayuda. Sólo sentirme bien... un maldito minuto. Dejar de sentir rabia. Dejar de sentir miedo. Una maldita vez. Vendes muerte a los otros, pero conmigo has decidido hacer de puta de la guardia...  Soy un cabrón afortunado... Y un jodido marica. Puedes decirlo en alto. Ya has hablado de John. Ahora lo sabes todo.
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Re: Negocios nocturnos [Priv. Geist] [+18]

Mensaje por Gô Koyama el Lun Abr 07, 2014 10:34 pm

La ira se apagaba a cada segundo en las pupilas de Geist, dejando paso a la desolación, una frustración compartida por Gô y saboreada en cada bocanada de aire. Esa habitación estaba llena de ella. Aunque Gô mantuvo la mirada, Kiran no tardó en apartarla, reconociéndose perdedor en aquella lucha moral en la que Gô no tenía mucho qué decir pero había dicho. Con mano firme, Gô sujetó el mentón de Geist, obligándole a devolverle la mirada.
- Eres gay ¿y qué? ¿Qué tiene de malo? Lo único de malo en tu vida no es que seas gay, sino que no hayas sentido nunca el verdadero placer del sexo, la complicidad única que se consigue con él.- sentenció, recuperando su voz autoritaria- Es verdad, vendo droga, pero lo que los demás hagan en su tiempo de ocio no me incumbe. Pero tú no eres como ellos. La droga no sirve para escapar de la realidad. Sé que no soy quién para decirlo ¡O quizá sí! precisamente porque hace tan solo unas horas yo hice lo mismo, tengo ahora la potestad para decirte esto ¿quieres estar como he estado yo las últimas horas?- suavizó la expresión y retiró aquellas cristalinas y furtivas lágrimas de ojos del mayor con el pulgar- No te hagas eso. Ya bastante daño te has hecho a ti mismo.
Sus miradas permanecieron clavadas la una a la otra, como dos polos opuestos atraídos entre sí, como imanes, como si estuvieran cosidos por un hilo invisible y tirante, Geist porque aún seguía sujeto por el mentón, y Gô porque se había perdido en el color ámbar oscuro de los ojos de Kiran. Durante unos segundos, Gô sintió la tentación de sacar partido de la situación, aprovechar el estado de vulnerabilidad de Geist y el hecho de saber que en realidad sí que era homosexual. Pero hasta para Gô, prácticamente un adicto al sexo, eso habría sido demasiado rastrero.
- ¿Esa es la expresión que tendría un campeón?- bromeó, esbozando una sonrisa que distendiera el ambiente. El aura que hacía tan solo unos minutos había desprendido Geist se había disipado por completo. Verle llorar en silencio habría resultado impensable para el moreno hacía unas horas- Háblame de él, de John.- el propio Gô se estremeció al escuchar aquel nombre escapando de sus labios- Sácalo todo. Por una vez en tu vida, sé tú mismo. Necesitas ayuda, y yo puedo ayudarte a hacerlo. Si necesitas hablar, yo te escucharé, si necesitas llorar, hazlo sin vergüenza, y si necesitas abrazar a un hombre, puedes hacerlo conmigo. Porque ya no tienes nada que esconder. Conmigo eres libre.
Unos segundos de tenso silencio en los que Geist tenía la última palabra. Podía abrir la puerta y echarle de allí definitivamente por atrevido, o podía aceptar su ayuda y permitirle quedarse hasta la mañana. Pero pasara lo que pasase, ahora Gô ya no se arrepentía de nada, porque había logrado conocer a Geist, y no solo conocerle, sino profundizar en los entresijos de su vida, de su maltrecha mente. Probablemente ahora mismo Gô fuese la única persona que conociese de verdad a Kiran.
- Deberías ponerte algo y secarte el pelo o vas a coger una pulmonía.- musitó desviando, al fin, la mirada hacia el suelo. En todo ese tiempo, los brazos de Geist habían continuado acorralándole contra la puerta, prácticamente desnudo a excepción de una toalla negra que ocultaba sus partes nobles. Y Gô no era un rastrero. Pero tampoco era de piedra.
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Re: Negocios nocturnos [Priv. Geist] [+18]

Mensaje por Geist el Mar Abr 08, 2014 10:00 am

Kiran tardó en aceptar aquel contacto como algo natural y no opresivo. Como un gesto de apoyo, y no una nueva forma de evidenciar su llanto, cara a cara. Al principio, su rostro reflejó por un instante ese atisbo de guerra, su última resistencia, esa última frontera. Después, siguió llorando, lentamente, mientras esos ojos azules intrusivos continuaban mirándole. Sin pausa. Sin descanso.

¿Qué más quería ver Gô? ¿No era ya suficiente? El mismo Geist dudaba que hubiera más secretos. Más dudas. Algo más, más adentro, que el moreno pudiera descubrir. Pero aún así, permitió que siguiera buscando. Que continuara asomándose a su interior, abierto, sin sentirse capaz de tratar de cerrar una puerta que habían abierto abruptamente, haciendo saltar chispas.

¿Podría después cerrarse? ¿Podría después negarlo? ¿Volvería a ser como era antes? ¿O todo había cambiado?

Gô pronunció aquellas palabras sin entender realmente la envergadura de aquella afirmación. ¿Geist era gay? ¿Lo era? ¿Eres gay cuando no lo has probado? ¿Cuando no lo has sentido? Kiran se había negado tanto tiempo que no podía saber. Que no entendía realmente. Sólo lo había soñado, en horas de vigilia, cuando tu mente ya no prohibe y se deja invadir. Sólo había codiciado, en silencio, como aman las urracas o los búhos, siendo tan sólo ojos... que quieren, que añoran, que no saben tocar.

Gô juzgaba su vida, sus pasiones, como si en realidad no fueran malas. Pero para Geist lo habían sido. Durante años. Él no pudo ser gay. Porque era boxeador... Porque era un hombre, fuerte, y el mundo que lo había amamantado nunca lo hubiera permitido. Porque John era gay, con su cuerpo de ninfa, su descaro, y esa suave fragilidad que Kiran no poseía.

Porque él era de piedra y de madera, y no una mariposa. Porque jamás fue libre. Ni atrevido. Porque no vió colores, nunca entendió de arte, porque no era bohemio. Y él sólo amaba, en su escondite, los rasgos de otros cuerpos, como el suyo. Pero no las estatuas... No los libros. Nunca a un hombre mayor. Nunca a los sacerdotes.

Kiran nunca fue gay... porque si John lo era, porque si lo eran ambos, podría actuar al respecto. Y eso le daba miedo.

Gô continuaba hablando, negándole las drogas. Enunciando motivos. Volviendo a dar consejos. Kiran se preguntó si en el pasado que Gô había abandonado hubo una vez un hermano menor. Parecía desear hacerse cargo. Cuidar de él. Y éso le sorprendía. Pero no más que aquella suavidad entre sus yemas al enjuagar sus lágrimas. No más que saberse llorando, ante un extraño, y aceptar su ternura.

Sintió como el momento se extendía, volviendo a congelarse a pesar del ambiente viciado y abusivo, del pesar de la noche, del cansancio, de su cuerpo mojado o su rostro, de mirada empañada, en la que Gô continuaba adentrándose. El tacto helado de un suave escalofrío volvió a erizar su piel, sembrando expectativas, hasta oír a través de esos labios, partidos, un campeón que debía sosegarle. Y sólo le hirió más.

No. Los campeones no lloran. No han amado y perdido. Los campeones no temen. Pero Geist sí lo hacía. Dolido, su mirada dejó de enfocar la mirada del otro, volviendo a sentir que había fallado. Que era poco. Que no era suficiente. Y nunca lo sería.

Hablar de John, abiertamente, era un escalón más. La última prueba.

Kiran titubeó, allí parado, frente a Gô. Pero no encontró las palabras... no al menos hasta cabecear, asistiendo debilmente, y apartarse de él para avanzar de nuevo a su maleta y escudriñarla, con desprecio. Se arrodilló, apartando sin pudor la toalla negra, y apartó poco a poco el cinturón, esa vieja revista que fue de John... y había viajado junto a él por una década. Y así, desnudo, sin otorgar sentido a su cuerpo, mostrado, buscó sus pantalones blancos... demorándose al encontrar la foto. Fantasmas del pasado.

Kiran se detuvo, con la toalla a su lado, la foto entre los dedos, y la cabeza tan perdida que apenas recordaba dónde estaba. Que ya no era un chiquillo posando en una foto obligatoria. Sabía que Gô aún seguía ahí, y que le escucharía. Su desnudez, en cambio, no ocupaba ni un solo lugar entre sus pensamientos. Habiendo recorrido mil gimnasios, cientos de vestuarios, Kiran se sentía cómodo ante su propio cuerpo... A pesar de perder los papeles cuando eran otros los desnudos, necesitando huir.

Pero si Gô le había visto por dentro, ¿qué sentido tenía continuar cubriéndose? ¿Cuántos hombres desnudos habría observado ya, en tantas otras poses? Para Geist, hablar así de John era estar más desnudo que dejar la toalla.

— Era... sofisticado. Y alegre. Era valiente. Decidido. Y un manipulador. Calaba bien a las personas... A mí también, desde el principio. Era... muy pálido. Delgado. Me gustaban sus manos. Su sonrisa. Era delicado. Parecía frágil... Pero nunca lo fue. Siempre supo lo que hacía. Siempre iba un paso por delante.
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Re: Negocios nocturnos [Priv. Geist] [+18]

Mensaje por Gô Koyama el Mar Abr 08, 2014 11:51 pm

Cuando Geist se alejó al fin, un inexplicable frío le atravesó el cuerpo. Gô se sorprendió al reparar en el calor que desprendía un cuerpo humano a tan escasa distancia. La verdad es que el calor corporal era un elemento que siempre había fascinado a Gô, pero siempre se había percatado de ello durante sus relaciones sexuales. Lo cierto es que nunca había sido tan consciente de otro cuerpo sin estar en la intimidad de las sábanas, del lecho con el que compartirían el placer de ese acto tan impúdico y personal. ¿Qué tenía Geist que lo hacía tan atractivo a ojos de Gô? 

Avanzó un par de pasos, alejándose de la puerta, mientras Kiran, aceptando sus consejos, rebuscaba en la maleta algo de ropa para ponerse. Cuando se deshizo de la toalla, quedando totalmente expuesto, Gô perdió el control de sus propios ojos, que se clavaron automáticamente en la línea que antes separaba el torso de la toalla. 
- Joder...- musitó. Instintivamente, se mordió el labio inferior, notando un repentino cosquilleo que descendía desde el estómago hasta su entrepierna. Carraspeó, rascándose la nuca y desviando la mirada hacia el suelo. ¿Cómo podía Kiran ser tan inconsciente de su propio atractivo? 

Gô agradeció que Geist volviera a hablar, desviando su atención y concentrándose en la descripción de John que le estaba proporcionando. Sonrió al escuchar aquella referencia a las manos de John. Adrien también le había dicho algo parecido en unas cuantas ocasiones. Siempre le decía que sus manos no parecían corresponder a su cuerpo; músculos fuertes, alto, fibrado, pero con dedos largos y finos, como los de un pianista. Pero Gô jamás había tocado el piano.

- Tal como hablas... Puedo entender que te enamoraras de él.- concedió, sin atreverse a dirigir la mirada hacia Geist. "Haz el puto favor de ponerte algo encima o no respondo" pensó para sí mismo- ¿Por qué no vas a verle? Aunque sea una última vez. Creo que podrías calmar ese tormento que llevas cargando todos estos años. Él sabe lo que sientes por él, y quiere disculparse... No puede ser tan malo.

Se dejó caer de nuevo sobre la cama, a un metro escaso de Geist. Miró de soslayo, y ahí estaba, observando aquella foto, ignorando lo que su desnudez integral estaba provocando en Gô. Comenzó a ponerse nervioso ¿Tenía que excitarse precisamente en aquella situación? Volvió a levantarse, dándole la espalda a Kiran.
- Oye... ¿puedo darme una ducha? la coca me ha hecho sudar...- mintió. Y sin tan siquiera esperar respuesta o permiso por parte de Geist, se lanzó hacia el baño, bendiciendo la intimidad de la soledad. Suspiró aliviado al saberse fuera de la visión de Kiran y se desabrochó los pantalones, aligerando la presión de su entrepierna.

Observó la pequeña estancia, algo descuidada y envejecida, y con algo de reparo, se desnudó lentamente, entrando en la ducha y dejándose golpear con un repentino chorro de agua fría que a los dos minutos consiguió apaciguar su excitación.  
- Está bien... cálmate, Gô. Ni que nunca hubieras visto un tío desnudo...- se reprendió, amparado por el sonido del agua. "Pero nunca habías tenido que refrenar tus impulsos ante uno" se excusó. Eso era verdad. Solo esperaba que Geist no se hubiera percatado de su situación. Cuando al fin se decidió a salir de la ducha, se dio cuenta de que, con las prisas, había olvidado por completo pedirle una toalla a Geist.  
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Re: Negocios nocturnos [Priv. Geist] [+18]

Mensaje por Geist el Jue Abr 10, 2014 1:27 am

Perdido en esa foto, entre sus dedos, Kiran oyó aquel comentario sobre John desde lejos, en un tiempo remoto, inaccesible. Aún así, desvió su mirada unos segundos, sin hallar la de Gô, sintiendo una oleada de celos inesperada, extraña, que combinaba el desafío y el desaliento.

Sí. Claro que lo entendía... Como lo hicieron otros. Muchos otros. Como él mismo. Al parecer, a pesar del encuentro en ese callejón, Gô también prefería a un hombre delicado, con ese tipo de carácter. Al parecer, John era su tipo... Y él, el propio Kiran, un hombre rudo con el que desfogarse, sin más, y sin amor.

Dolido de un modo incomprensible, Geist reanudó el contacto con su rostro, en la foto, buscando en aquella inocencia su yo más quebradizo, más delgado, sin la fuerza o los músculos que ahora escondían su alma. Tal vez, en aquel tiempo, Gô si le habría mirado.

¿Sería Adrien otro John? Kiran imaginó a un hombre mayor y masculino, viril, seguro, fuerte. Pero al oírle ahora, era más fácil visualizar a un profesor, a un erudito, alguien con experiencia, de americanas lacias y sonrisa que sabe, que sospecha. Un zorro veterano.

Él, en cambio, desnudo, era apenas un niño en un cuerpo de hombre. Sin metas, sin gran conversación, con manos temblorosas que no siembran semillas de pasiones, que nunca han cosechado. Manos sin primaveras.

El frío llegó hasta a él en aquel pensamiento, haciéndole sentir nuevamente inseguro. ¿Volver a ver a John? ¿Qué habría vivido él durante aquella década? La distancia que ya les separaba en plena adolescencia habría crecido aún más. Más experiencias y más rostros. Más cuerpos. Más caricias. Mientras él poseía sólo sus sueños, sus pobres fantasías...

Avergonzado, sumido por completo en esas dudas y esos miedos, no llegó a contestar, simplemente asintiendo. Lo único que Kiran había prohibido a Gô, en esa madriguera, era ver su maleta. Y Gô ya lo había hecho. No existían más secretos. Tampoco prohibiciones. No había fantasmas nuevos que descubrir, a solas, dentro de aquella ducha.

O tal vez... los habría, si la idea descarnada que sacudió su mente podía llevarse a cabo. Oyendo el agua de la ducha, volviendo a ser consciente del ahora, Kiran no renunció a aquella sensación, esa inseguridad... Mirando a los ojos de un John que ya no existiría. Que sabría más ahora. Que habría vivido tanto.

Y oyendo al mismo tiempo el agua de la ducha, compartida a destiempo, dónde un joven igual de libertino limpiaba su sudor y también su conciencia, Kiran volvió a pensarlo, con reservas, dejando suavemente la foto en la maleta, sintiéndose desnudo y observando aquella toalla negra. Que Gô no había cogido.

La idea no se exntinguió, no marchitó. Brilló, como una chispa, esperando el incendio en su cabeza. Las llamas en su lengua. Rompió a sudar, como preámbulo. Con anticipación. Con nerviosismo. Y buscó torpemente entre sus ropas el pantalón, blanco como su pelo, y una muda limpia para Gô.

Vistiéndose, sin gracia, con cierta lentitud, disfrutó de la amplitud de aquella tela al reaccionar ante sus pensamientos... ahora ya fantasías, al descubrir el morbo que provocaba en él pensar en Gô vistiendo sus propios calzoncillos, negros, ceñidos. Pegándose a su cuerpo como lo habían hecho en el suyo.

Y excitado y ansioso ya no supo negarse a su propuesta. Avanzó, lentamente, llegando hasta su baño, entrando en él sin avisar con el boxer y la toalla entre los dedos y un nuevo anzuelo entre los labios. Sin saber si el cebo era su alma, su cuerpo, o su memoria... Sin entender quién sería el pescador.

No descorrió la cortina de ducha pero permaneció de pie, frente al vapor, mientras hablaba. Y su voz traicionó todo su anhelo, la firmeza de aquella petición, y cierta súplica.

— Antes has dicho que podías ayudarme... Si vuelvo a ver a John yo... querría estar a la altura. Soy nuevo en todo ésto. Y nadie más lo sabe. Tú podrías enseñarme. ¿Aún quieres ayudar, Ojos Azules?

Un nuevo silencio, mientras solícito y acobardado ofrecía la toalla y el calzoncillo a Gô, convulso al codiciar una respuesta... Traicionándose, aclarando su ruego, evidenciando toda su inexperiencia.

— Yo... me refiero... yo nunca... con un hombre... Yo... querría hacerle sentir... Poder... Poder darle placer. Saber qué debo hacer... si él me desea.

Kiran miraba al suelo, movía sus pies, inquieto, y deseaba tanto no estar allí como adentrarse un poco... en esa ducha, en ese rumbo, en ese abismo. Sin decidir qué doldría más. O qué era más seguro.
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Re: Negocios nocturnos [Priv. Geist] [+18]

Mensaje por Gô Koyama el Jue Abr 10, 2014 12:23 pm

La voz de Geist le sobresaltó. Con el agua ni siquiera le había escuchado entrar. ¿Cuánto tiempo llevaba ahí? ¿Habría escuchado alguna de sus cavilaciones? Algo en su estómago se removió al escuchar las palabras del mayor. ¿Nerviosismo? puede, ¿frustración? también.
"¿Y qué pasa con el placer que yo sienta? Eso te importa una mierda ¿verdad?" ¿Hacia quién iba esa reprimenda? quién sabe. Podía ser hacia Geist, por lanzarle aquella repentina y tentadora propuesta, o podía ser para el propio Gô, por plantearse aceptarla. Retiró las cortinas de la bañera, obviando su desnudez, y encarándose a Kiran con la piel brillante por el agua y el pelo empapado. 

- Estás de coña ¿verdad?- le preguntó, elucubrando un posible nuevo intento de humillarle por parte de Geist. Pero en su expresión avergonzada, sus mejillas levemente ruborizadas al ser consciente de su propia propuesta le demostraron a Gô todo lo contrario. Geist iba en serio. Salió de la bañera, sin molestarse en coger la toalla y los bóxers limpios que Geist le ofrecía y se acercó a él- ¿Quieres aprender? Pues cierra los ojos e imagínate que soy él.

Gô arrimó su cuerpo desnudo al de Geist, que aún permanecía descubierto de cintura para arriba, y las gotas que resbalaban por el torso del menor refrescaron el cuerpo ajeno. Gô rodeó el cuello de Kiran con un brazo, atrayéndole hacia sí, y al no observar resistencia, unió sus labios a los de Geist. Los saboreó, los mordisqueó y después introdujo su lengua en la del mayor.

- Mete más la lengua.- le aconsejó- Siente la mía... Sé más rudo.- Gô profundizó más aquel húmedo e impúdico beso- Nh... eso es... A los hombres nos gusta así...- musitó contra los labios de Geist. Cuando su propia resistencia amenazó con resquebrajarse, rompió el beso, con la respiración agitada y su sangre a punto de ebullición. Había vuelto a empalmarse, pero esta vez no iba a molestarse en ocultarlo. No después de la petición de Geist.

- Es tentador utilizar esa excusa para acabar lo que empezamos en el callejón pero...esto es todo lo que puedo enseñarte.- sentenció, dejando que su mano descendiera por el pecho de Kiran- Todo lo demás vendrá solo, créeme. No todo el mundo tiene la oportunidad de que su primera vez sea con alguien a quien ama, así que atesora esa oportunidad y no la malgastes conmigo.- desvió la mirada, mordiéndose el labio, sabiendo que se arrepentiría de haber rechazado la propuesta de Geist. Pero era lo mejor. Lo mejor para Geist. Y también lo mejor para sí mismo. 

Cogió la toalla y dándole la espalda a Geist, de cara al espejo, empezó a secarse de arriba a abajo, luchando por ignorar la elevación que clamaba por atención ente sus piernas. De pronto lanzó la toalla hacia el retrete, poseído por un repentino ramalazo de enfado. Respiró hondo, tratando de mantener la compostura, intentando entender los pensamientos de Kiran, haciendo un esfuerzo por comprender sus miedos e inseguridades ¿Pero qué pasaba con él?

- Eres... eres un poco egoísta ¿no crees?- reprochó, apoyándose con ambos brazos en el lavabo- ¿Cuántas veces me has avisado esta noche de que no serías una más de mis "conquistas"? ¿Y ahora pretendes que yo me conforme con ser un mero instructor? No es justo y lo sabes.
"Vete y déjame solo" suplicó para sus adentros, esperando que el rechazo hubiera dolido lo suficiente en el ego masculino de Geist como para darse por vencido. Necesitaba soledad e intimidad, para pensar y para encargarse de aquella molestia que seguía torturándole y palpitando casi con vida propia de cintura para abajo.
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Re: Negocios nocturnos [Priv. Geist] [+18]

Mensaje por Geist el Jue Abr 10, 2014 2:36 pm

La desnudez de Gô le golpeó más que aquella pregunta. También su cercanía y aquella decisión, sin dudas, que él ya no poseía. Que nunca había tenido... que jamás hallaría delante de ese cuerpo, sin pudor y sin velos. Kiran tragó saliva, trastabilló sus pasos y no supo que hacer con todos sus impulsos, las ideas en sus manos, la visión en sus ojos y el sin fin de ¿pecados? que acudían a su mente.

Rompió a temblar, lejos de la fachada mantenida sólo unas horas antes, en aquel callejón... cuando fingía que su deseo era fingido. Cuando fingía excitarse por tener el control. Vio a Gô a acercarse y dio un escaso y breve paso en falso... sin atreverse a huir, ni a llegar a tocarle.

La sugerencia que Gô le había ofrecido no resultó tan fácil... incapaz de pensar en nada más, de imaginar a otros al mirar esa piel, joven y pálida, dónde las gotas trazaban huellas húmedas. Kiran se perdió en el rubor de sus pezones, las líneas de su vientre, de su ombligo, yel rumor negro del vello en su entrepierna... secándole la boca. Y el cerebro.

Geist no supo pensar y sólo respondió con rigidez al avance de Gô dejándose llevar con torpeza inocente, con miedo entre los labios y en los dedos, que deseaban tocar, hacer real, pero no se atrevían. Al sentir la intrusión de aquella boca, ajena, Kiran gimió, profundamente, sintiendo que su sangre estaba hirviendo, su propia lengua parecía derretirse y una necesidad visceral y animal, que nunca había sentido, anidaba en su pecho. Entre sus muslos.

Siguió cada consejo, por instinto, sin llegar a escuchar lo que Gô sugería, respondiendo ante el beso con simple y cruda sed. Estrechó aún más sus cuerpos, introdujo su lengua en esa boca, ajena y brusca, y comenzó a alsatarla rozando sus mentones, más ásperos, mucho más masculinos, inyectando aún más hambre en la erección, en bruto, que comenzaba ya a sentir el torso ajeno, incluso aún atrapada en el algodón, blanco.

Pero en ese momento, cuando intentó sentir también sus brazos y sus manos, cuando quiso rodearle, acariciar su nuca, las líneas de su espalda, asirse a sus caderas y descubrir la dureza de su ingle, Gô rompió aquella unión y marchitó su beso, sofocándolo. Incrédulo, aceptó sin objeciones esa última caricia a través de su pecho, con el rostro marcado por el escepticismo.

Kiran, turbado, no supo qué decir, asumiendo la pérdida y esa marea, interior, de excitación al rojo.. que no quería apagar. Que nunca había llegado a arder con esa fuerza. Los primeros instantes se sintió confundido, humillado, perplejo... Y trató de encajarlo.

Lidiar con su respuesta. Con el nuevo rechazo. Inesperado.

Le observó, aún demasiado cerca, aún aturdido y duro, con la sangre vagando por su cuerpo sin acudir realmente a su cabeza. Sin pensamientos lúcidos. Tan sólo sensaciones. Y apetitos. Sólo necesidad. Incomprensión. Y anhelo.

El ataque de Gô, su enfado súbito, llegó hasta él estallando. Y contagiándole. Kiran estaba insatisfecho y excitado, descontrolado y superado por todo lo vivido, todo lo confesado, todo lo prometido... que después, se hizo aire... cálido, insoportable, como los espejismos en mitad del desierto.

Vio a Gô apoyarse en el lavabo, sin volver a mirarle al juzgarle de nuevo. Acortó las distancias, alentado por esa frustración, por ese ansía, que le gritaba dentro que aquello no era cierto. Que ambos, los dos, eran injustos. Que ambos se habían usado. Que ambos podían usarse.

Que no había terminado.

Dudó, tan sólo unos segundos, con las yemas de los dedos temiendo no posarse en esa piel, de porcelana. Con los labios, abiertos, codiciando el sabor de su cuello, mojado, la curva de su nuca... el brillo de las gotas, reptando por su pelo, perlando fantasías en su mirada, ocre, ahora casi incendiada.

— No... no lo creo...

Un paso más. Un nuevo latido. Y sus palabras golpeando ya la desnudez de Gô. Su impotencia, aún templada, contra su aliento, tibio. Kiran quiso atreverse, o sólo reaccionó, buscándole de nuevo... Incapaz de rendirse todavía. Sin nada que perder... Todo por descubrir.

Posó, despacio y sin permiso, un beso trémulo y mojado sobre sus homoplatos... Tanteándole, probándose a sí mismo, descubriendo a qué ritmo perdería la cabeza, tratando de ordenar los deseos en su mente, lo que deseaba hacer, el sabor de esa piel, y todas sus reacciones... ansiando sembrar sobre el cuerpo, más joven, el sendero erizado que ahora sentía en su cuerpo. El hormigueo, sin pausas, que recorría su centro. Su polla. Su cabeza.

— Creo... que somos adultos... Que yo he sido... sincero... Que te ofrezco lo mismo... El recuerdo de Adrien... Creo... que ésto es un trato justo... Que no me has seducido... Que no sé seducirte... Y que estás excitado...

Ganando confianza, o sumido del todo en el calor y el sabor del otro cuerpo, Kiran dejó que sus labios viajaran hasta el cuello de Gô, repitiendo su beso, mientras sus manos se apoyaban, temblorosas, en la curva acuciada en sus caderas.

— Permite que te sienta... Si aún dudas no follemos... Hay mucho que enseñarme... Ayúdame a aprenderlo, Ojos Azules... Soy un jodido virgen... Eres mi primer beso...

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Re: Negocios nocturnos [Priv. Geist] [+18]

Mensaje por Gô Koyama el Vie Abr 11, 2014 12:07 pm

Solo hizo falta un sutil roce de dedos, un casto beso sobre sus homoplatos y todo su cuerpo se erizó. Un escalofrío recorrió su espalda y cuando la inesperadamente atrevida boca de Geist se posó suavemente sobre su cuello, Gô, instintivamente lo inclinó, facilitándole el acceso. Gimió casi con desesperación, pues Kiran estaba logrando poner a prueba todos sus sentidos. 

- ¿Tu primer beso?- preguntó incrédulo, mirándole a través del espejo, como si ese cristal fuera una barrera entre la realidad y las fantasías del moreno- Pensé que... al menos te habrías acostado con mujeres...- musitó con la respiración agitada.

Pasión, nerviosismo, excitación desmedida. ¿Es que acaso era su primera vez? Desde luego que no, pero así se sentía. Geist lograba ponerle nervioso. Quizá porque era consciente de que aquellas caricias podían volverse rudos golpes en el momento en que Gô dijera la palabra equivocada. Así era Geist, dinamita. Y Gô, la mecha que podía hacerle explotar. 

- Kiran... si no paras... voy a perder el control.- silencio, una sutil invitación a entregarse a la locura. ¿Era eso lo que realmente deseaba Geist? ¿O solamente estaría confundido? ¿Qué ocurriría a la mañana siguiente? ¿Le echaría de su casa con un "gracias" y un "hasta nunca"? Gô se hubiera dado de cabezazos en ese momento contra la pared ¿Qué más daba si le echaba de su casa al día siguiente? ¿Cuántas veces lo había hecho él? No entendía por qué razón, esa posibilidad le resultaba tan abrumadora.

Gô giró sobre sí mismo, entre las manos de Kiran, aferradas a sus caderas. Le miró con firmeza a los ojos y guardó silencio durante unos segundos, unos segundos en los que dilucidó si rechazarle de nuevo o dejarse llevar al fin.
- Si vuelves a dejarme a la mitad, te mataré.- le amenazó, dos escasos segundos antes de devorar sus labios con ansia desmedida, aferrándose a su cuello como a un gran pilar inamovible. El beso que antes hubieran compartido no tenía el mismo sabor que éste. Era completamente diferente. Este beso sabía a hambre, a deseo, a necesidad mutua. 

Gô acortó la distancia que les separaba, pegando su cuerpo al de Geist. Aunque el cuerpo de Kiran pareciera esculpido en mármol, era inesperadamente cálido y Gô se deleitó acariciando los músculos de su abdomen, recorriendo aquellos perfectos pectorales con la punta de sus dedos, descendiendo hasta la curva de su cintura hasta alcanzar el extremo de sus pantalones. Pero aún no se dedicaría a Geist. Necesitaba una prueba, una prueba de que aquello no era un nuevo intento de burlarse de él, de humillarle. Quería descubrir si Kiran estaba dispuesto a tocarle, a procurarle placer. Por ello, cogió una de las manos ancladas a su cadera y la llevó sin reparo hasta su entrepierna, su palpitante polla que pugnaba por ser acariciada.

- Tócame.- le ordenó. Aunque su voz sonó más suplicante que imperante. Soltó su mano y se abandonó al deseo de tantear aquella morena y tersa piel que tanto había anhelado tocar durante toda la noche.
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Re: Negocios nocturnos [Priv. Geist] [+18]

Mensaje por Geist el Sáb Abr 12, 2014 3:55 pm

Kiran creía haber sentido. Haber saboreado la victoria. El poder. O la fuerza. Pero ahora, fascinado por la piel erizada al recibir la huella de sus labios, su beso, breve y delicado, se sintió espoleado por una energía nueva. Nueva curiosidad... y nueva excitación, embriagado al sentirse el culpable de la reacción en Gô. Dueño de su gemido.

Con la respiración entrecortada, posó nuevamente su beso, más consciente y más intencionado, más lento, más húmedo... sin apartar sus ojos del espejo dónde Gô le observaba, interrogándole. Como si a pesar de sus cuerpos, de aquellas sensaciones, aún fuera cierto lo que le hubiera dicho... y le atrajera más "verle por dentro", "saber todo de él".

— He estado con mujeres... pero no las he besado.Nunca las he tocado. No a ellas. No realmente. Ahora te estoy besando a ti.

Sin dejar de mirarle, Kiran enfatizó aquella respuesta, avanzó en su cuello llegando casi a su mandíbula, besándole de nuevo, despacio, jadeante, sorprendido ante su propia hambre. Ante aquella verdad, compartida. Geist deseaba aprender... deseaba saber más, entender más su cuerpo... Pero ahora, ahora besaba a Gô y descubría su piel y no una fantasía. No una imagen remota. Ahora, en su cuarto de baño, tras todo lo ocurrido, Kiran le deseaba. A él. Y a sus ojos azules, prendidos en los suyos, a través del espejo.

Los segundos de pausa, de duelo, que Gô creó entre ellos al volver a encararle y separar sus cuerpos lograron hacer sentir a Geist enfermo, ante la duda. Notó cada latido, la carne entre sus dedos, ardiente, incitadora, prohibida hasta el momento... y ansió ser invitado. Ser deseado también. Con nombre propio. Que Gô le deseara. A él. En este instante.

Le bastó en cambio aquel permiso en forma de amenaza. El beso, renovado y diferente, que sabía ahora a más fuego y menos a lección. Que no le sugería cerrar los ojos, sino anclarse a su boca y probarla también, sin restricciones. Que unía de nuevo sus dos cuerpos, sus pechos, enredando los brazos en su cuello y pegándose a él, enloqueciéndole. Haciéndole sentir, haciéndole creer, que era su boca la que Gô devoraba, por completo. Y no la de un fantasma. Y no la de un recuerdo.

Kiran jadeó, profundizó aquel beso con torpeza, demasiada ansiedad, y le mordió los labios al sentir sus caricias, en un quejido amortiguado con sabores mezclados, masculinos. Apenas ya sin sangre, con pensamientos vagos, su mente fue capaz de deducir que a éso sabía Gô... que ése era su sabor, inundando su boca. Gimió de nuevo, sofocado por los dedos, suaves, intrusos, conociendo su torso de igual modo. Descubriendo texturas con las yemas. Formas y pliegues, que ahora, en sus manos, eran capaz de definirle.

Porque Gô sabía a éso... y él era así, sin más, la carne que percibían sus dedos. Ese calor exacto. Esos escalofríos, inocentes e incautos. Esa respiración entrecortada. Porque ambos se estaban descubriendo. Ambos se estaban desnudando. Como sólo tocar y probar te desnuda. Como no desnudan las miradas.

La insinuación que percibió en sus pantalones hizo a Kiran sudar, inquieto, incómodo, sin saber lo que hacer, sin saber qué esperar... y anhelándolo todo, mezclado, irreverente, inexpresable. Todo el deseo. Todo ese fuego. Todo ese tacto. El morbo azul, de esa mirada. La sed, y el hambre, de un cuerpo diferente, ansiando ser saciado. Ansiando el incendiarse.

Sintió la última duda, aquella última prueba, al percibir aquel cambio de rumbo y esa orden, hasta sentir entre los dedos de su diestra esa erección, ajena, palpitando. Geist suspiró, abrió más su mirada y tragó duramente, luchando con toda su ansiedad. Pero no con su miedo. Sólo su nerviosismo. Toda su ineptitud, inexperta, y la añoranza amordazada durante demasiados años.

Su mano, trémula, acunó débilmente el sexo ajeno, pero sus ojos, de un naranja veteado por su lujuria, en bruto, vertían veneración al observar la entrepierna de Gô. No había pudor en su mirada. Tampoco había rechazo. Sólo avidez, desasosiego. E impaciencia, bailando en llamas en sus ojos, perdidos en los tonos, más rojizos... en las venas, marcadas, y el púrpura turgente de la polla Gô.

Se movió muy despacio, con la respiración absurdamente rota, entre jadeos, acariciándole primero con el índice, después con su pulgar, mucho más grande, más suave, más intrépido, para después rodearle, por completo hasta cubrir su desnudez y envolver con su mano, ruda y masiva a pesar de ese ritmo, cobarde, la longitud de su deseo. Su libido.

Volvió a gemir y a estrechar las distancias, sin dejar de mirar la polla ajena, embelesado... con su propia erección al rojo vivo, aún a cubierto, las caderas paradas, con esfuerzo, y la voz destrozada por la súplica, al iniciar ese vaivén, flemático, premeditadamente sosegado e ingenuo, tratando de encender a Gô, de hacerle jadear, junto a sí mismo, de prender su placer. A pesar de no saber, de no haber hecho, de ansiar cada consejo, y ante todo, la aprobación en sus palabras, o en su cuerpo.

— Guíame, Gô... Explícame qué debo hacer... qué quieres...

La primera oscilación exigida por sus dedos, le pareció breve y escasa, seca, insuficiente. Y la siguió una más, más concisa, más lenta, siendo consciente de sus dedos, de la dureza que envolvían, de la piel húmeda pero aún no lubricada... y llevó con cuidado el índice a su glande, ansiando provocarle, poder mojar su yema, repartir su humedad y mecerle más fuerte, deseando conocer el sonido de su piel, al plegarse, con cada movimiento. El ritmo sordo que hacía ecos en la noche, cuando él se masturbaba... siempre pensando en John, en el pasado, que ahora parecía frío, incapaz de empalmarle como lo estaba ahora. Acariciando a Gô. En un presente ilógico. Consumido y al límite.
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Re: Negocios nocturnos [Priv. Geist] [+18]

Mensaje por Gô Koyama el Sáb Abr 12, 2014 5:01 pm

Gô estaba avergonzado, de sí mismo y de su cuerpo, de su debilidad, de sus piernas temblorosas, de sus mejillas ruborizadas y su respiración entrecortada. Le avergonzaba su sed, su necesidad de sentir a Geist, piel contra piel. Sus piernas apenas eran capaces de sostenerle, y mucho menos cuando, en un trémulo y tímido movimiento, Kiran comenzó a masturbar a Gô. El moreno dejó escapar un gemido ahogado, grave, implícito de deseo. Y finalmente, los últimos resquicios de duda, de rechazo, desaparecieron de su mente, de su ser, entregándose por completo al que sería su amante por aquella noche.

Sí, le estaba besando, desde luego que le estaba besando. Y Gô se derretía con cada beso, con cada choque de labios, cada juego de lenguas. El calor y la humedad de esos labios estaban consiguiendo hacerle perder la cordura. Pero no su humor.
- Cállate, o me harás creer que soy especial.- musitó contra sus labios, en una mueca burlona que desapareció cuando Gô volvió a entregarse a sus labios. Los mordisqueó, lamió, los saboreó, deleitándose con la carnosa suavidad de su boca- Apriétala más... así.- murmuró entre jadeos, guiando con su propia mano, los movimientos de la de Geist sobre su entrepierna. 

La acuciante mirada de Kiran sobre su polla le llevaba hasta el límite. Anhelando más de Geist, movió sus caderas, en un acto provocativo. Mientras se sentía observado por Geist, Gô examinaba a aquel hombre con la mirada enturbiada por el placer. Jadeante y tembloroso, se dejó llevar por su hambre, regalándole a Kiran una tenue caricia sobre su entrepierna. Incluso a través de los pantalones, Gô pudo sentir el calor emanando de la erección de Geist, incluso la humedad que comenzaba a emanar desde su glande, mojando levemente la ropa interior.

Gô se deshizo, de un tirón, de la prisión de tela de la dureza de Kiran, y sin un ápice de pudor, agarró con fuerza la polla de Geist. Cautivado por la expresión de Kiran, lo único que deseaba Gô en ese momento era ver más de él. Más de esas expresiones, de placer, de deseo, de entrega. Y escuchar los jadeos, los gemidos, y la respiración vacilante que compartían. Instando al mayor a soltar su erección, le atrajo hacia sí, pegando sus cuerpos por completo, sin que una sola brisa de aire pudiera correr entre ellos. Y unió entonces ambas erecciones, como si fueran parte de un mismo cuerpo, de una misma mente invadida por la excitación. Guió de nuevo la mano de Geist hacia ellas mientras que Gô acariciaba el dorso de aquella mano con sus propios dedos.

Incluso en el fervor de la situación, Gô reparó en la diferencia de tamaño y color de ambas erecciones. Por alguna razón, pensar en aquella gruesa, dura y ligeramente oscura polla dentro de él le hizo temblar de anticipación. Desde que estuvo con Adrien, jamás había permitido a nadie volver a follarle. Y no llegaba a comprender por qué se lo permitía a Geist. Por qué consentía que un desconocido ocupara un lugar que se había prometido conservar con la esencia de Adrien. Pero ahora el recuerdo de Adrien parecía insólitamente lejano y era Kiran quien ocupaba todos sus sentidos, su cuerpo despierto a base de caricias y su mente nublada de sexo.

- Vamos a la cama...- sugirió, deteniendo a Geist. Le agarró de la muñeca, tiró de él y traspasaron la puerta del baño, adentrándose en la penumbra de la habitación. Con ritmo firme, Gô alcanzó la cama, pero no se tumbó. Tiró de Geist y le empujó, consiguiendo que el mayor cayera de espaldas contra el colchón. Gô aprovechó su confusión para sentarse a horcajadas sobre él, moviendo sus caderas, propiciando el roce de ambos miembros. 

- Me estás volviendo loco...- confesó el moreno, inclinándose sobre él para volver- No sé qué coño me estás haciendo, pero me estás haciendo perder la puta cabeza... No sabes cuánto he tenido que reprimirme durante esta noche para no saltar sobre ti. Y ahora te tengo así, debajo de mí, dispuesto a dejarte instruir, a procurarme placer... A llenarme por completo, y a follarme hasta que no pueda más, hasta que te suplique que pares.- agregó jadeante contra su oído.  
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Re: Negocios nocturnos [Priv. Geist] [+18]

Mensaje por Geist el Dom Abr 13, 2014 3:15 pm

Kiran siempre se había preguntado si en realidad el sexo era tan importante. Si sus impulsos, enterrados, decían tanto de él. Si lo que él era, si su alma, tenían algo que ver con lo que deseaba... Ahora, subyugado por todas esas sensaciones, por esa piel, en bruto, y por esas caricias... ya no podía dudar.

El sexo era parte de él. Sin importar que se hubiera negado. Sin importar que no llegara a amar a Gô, no cómo siempre había creído amar a John, a pesar de no haberle tocado. Sin importar no tener apellidos, no tener un futuro, un mañana a la vista. Su vida, era sólo un ahora dónde tocaba a Gô. Dónde podía sentirlo.

Sintiéndose a sí mismo. Descubriéndose. Oyéndose, quebrado, escuchando también el gemido de Gô. El placer, que sembraban sus dedos, desatados.

¿Éste era él? ¿Por vez primera? Sin puños, sin combate, sin golpes, sin rechazo. Sólo más besos... el ruido húmedo de dos bocas mezcladas, sin tapujos. La piel, caliente, tibia, dócil entre sus manos, pero a la vez tan dura... tersa, implorante. Y esa ceguera, interna, dónde los pensamientos se hacen agua y sólo existe el roce de otro cuerpo.

"Especial"...

Así se sentía él, incapaz de expresarlo, mecido por el ritmo del deseo, compartido. Tan especial... tan nuevo... tan perdido... Y tan sucio, tan lejos de las normas, tan convencido de ello, deseando traspasar otra frontera, manchado de sudor y de lascivia, saboreando saliva de otra boca, exigiendo placer en otro sexo... siendo guiado, por Gô, en todos los sentidos. Como un bautismo negro, cálido, cubriéndole la piel y los sentidos, siendo de terciopelo y cuero, ansiando poseer, ser poseído, morder, sentir mordiscos, hasta desfallecer.

Enfatizó el agarre de sus dedos, sin sumisión, pero ansiando llegar a complacer, como un alumno que se entrega por completo. Aceleró también su ritmo, más osado, alentado por el vaivén en las caderas del moreno mientras sentía a la vez la exploración de Gô, sobre las telas... hasta sentirse libre, desnudo y mojado... encauzado por la mano de Gô, sin titubeos y sin piedad, arrancando un sollozo, hondo y desgarrado, entreabriendo sus labios, cerrándole los ojos, dominándole, como lo hace el placer, como lo hace el dolor, todo lo que envenena tus sentidos.

Respondió, algo aturdido, plegándose ante él, obedeciéndole, sintiendo sus dos pollas enredadas de nuevo entre sus dedos, con la caricia errática en su dorso, sugestiva, inquiriendo... Apenas pudo vocalizar abiertamente el sin fin de gemidos que poblaron su boca con cada movimiento, sintiendo el roce ardiente de sus sexos, hambrientos, casi líquidos, mientras su propio falo lloriqueaba, manchando con sus lágrimas, saladas, el glande ajeno, junto al suyo.

Kiran, embelesado, era casi inconsciente ante la otra mirada, igual de fascinada por sus cuerpos, comparándolos, fija en sus erecciones, rozándose al compás, jadeando juntos. Para Geist no podía haber nada más. Sólo el ahora. La realidad de sus dos cuerpos, conociéndose. La realidad de esa fricción, enloqueciéndole. Incapaz de ir un paso por delante. De ambicionar. Simplemente extasiado, en el ahora.

Por éso aquella frase pareció fraccionar su mente, al rojo. Esquirlas de deseo, que no se había atrevido a codiciar, desgarrándole dentro, clavándose en su pecho y en su vientre, en su polla, mojada, entre sus nalgas, en los nudillos, flexionados, de sus dedos. Había algo más, a tan sólo unos pasos. Algo más húmedo, más íntimo, más intenso.

Frenó, impactado, con la respiración irregular que exige la lujuria, los ojos ebrios de observar, de acariciar con las pupilas, y la boca reseca, entre jadeos... siguiéndole de nuevo, torpemente, dejándose llevar asustado y ansioso. Inseguro, excitado, hambriento de detalles.

No opuso resistencia. Se dejó hacer, sin más, dócil y tembloroso, sin presentar batalla. Al caer de espaldas en su cama, Kiran sintió mareo, miedo, anticipación, mientras cientos de imagen cabalgaban su mente, con los ojos prendidos en el cuerpo, desnudo, del hombre que ordenaba... que tenía el mando, ahora, sentándose sobre él. Con los ojos, naranjas, heridos como ascuas, presos en el azul, turbio y ahora insolente, del hombre que deseaba.

Gimió, algo avergonzado por su tono de voz, rasgado y suplicante, al sentir nuevamente el roce de sus cuerpos... y escuchar, al oído, aquella confesión, erizando su cuello, su columna, su abdomen, contraído... su cuerpo, por completo. Su mente. Sus palabras. Le temblaron las manos, buscando un nuevo ancla, descubriendo su espalda, encallando en sus nalgas...sin llegar a atreverse a clavarse en su piel, a sostenerse en él, sin pedirle permiso... mientras saberse deseado, desde antes, saber que compartían el mismo vértigo inflamó su erección y le acercó al orgasmo hasta necesitar ir más despacio, detener suavemente el ritmo en sus caderas y jadear, buscando aire, clemencia, al sentir más hinchados sus testículos, pegándose a su cuerpo, obligando a su diestra a envolver su erección, tratando de calmarse, imponiendo una pausa.

— No me hables más así... Ojos Azules... No puedo soportarlo... Me has puesto justo al límite...

Con la voz aún partida, Kiran rompió el contacto, azorado, inseguro, huyendo con sus ojos... mientras su cuerpo era casi incapaz de encontrar un remanso, sintiendo por completo allí dónde sus pieles eran una.
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Re: Negocios nocturnos [Priv. Geist] [+18]

Mensaje por Gô Koyama el Dom Abr 13, 2014 7:42 pm

Y tras tantas caricias, miradas de complicidad, húmedos besos y excitación mutua, Kiran volvía a desviar la mirada, azorado por sus propias reacciones, a causa de las acciones y palabras de Gô. Pero Gô no se sentía culpable, ni mucho menos. Todo lo contrario, se sentía satisfecho, complacido de generar aquellas tímidas pero evidentes respuestas en el cuerpo del mayor. Gô quería más, necesitaba más de él. Se moría por ver todas y cada una de aquellas expresiones, por escuchar cada jadeo, cada gemido incontenible de Geist. Quería verle perder la cabeza, llegar al límite, y que fuese por él. No por John.

- Hey...- murmuró, tomándole del mentón hasta que sus miradas se encontrasen una vez más sobre la cama- Está bien, iremos más despacio. Me pones tan caliente que a veces olvido que es tu primera vez...- agregó, sembrando un reguero de besos a lo largo del cuello de Kiran. Sus manos, traviesas y experimentadas, jugaban a poner a prueba la entereza de Geist, adelantándose a los deseos de sus labios y procurando sutiles roces en los oscuros pezones del mayor. Eran suaves y cálidos, rodeados por un tenue vello casi imperceptible. Estaban erectos, casi tanto como sus pollas, y finalmente Gô no pudo resistir la tentación de juguetear con ellos, de torturarlos con la yema de sus dedos, de pellizcarlos, y cuando su boca, que había seguido el mismo trayecto que sus manos, alcanzaron el mismo objetivo, los mordisqueó, los lamió, los succionó. Primero uno, después el otro. Atento a cada jadeo que le incitara a continuar o a cada quejido que le instara a detenerse. 

Cuando los pezones de Geist estuvieron lo suficientemente excitados, erectos y duros, Gô saboreó la anticipación en su lengua. Esa anticipación tenía un sabor concreto, amargo, caliente y arrebatador. Pero no iba a perder la oportunidad de saborear también cada centímetro de piel que separaban los pectorales de Kiran de su bajo vientre. Por ello descendió muy lentamente, como si deseara torturar al objeto de sus cuidados, depositando besos, caricias y jadeos allá por donde pasaba. Cuando su mentón rozó con el glande de Geist, sonrió con picardía, deleitándose en el continuo bombeo de su virilidad. Tragó saliva y se relamió los labios antes de agarrar la polla de Kiran con fuerza y acariciar con el pulgar el vaporoso jugo que emanaba de la uretra.

Alzó la vista, clavando sus ojos en los de Geist. Estaba dispuesto a darlo todo por regalarle a aquel hombre la mejor primera vez que pudiese haber imaginado.
- Sabes lo que voy a hacer ahora ¿verdad?- agarró su propio miembro y comenzó a masturbarlo con fuerza y urgencia. Se inclinó sobre Geist y atrapó el glande entre sus labios. Jugueteó tan solo unos segundos con él antes de que cada milímetro de carne desapareciera en la cavidad de Gô. Quiso meterla entera, pero Geist era demasiado grande, así que su mentón ni siquiera alcanzó a rozar con sus testículos. Pero daba igual. La felación comenzó con un ritmo pausado y tortuoso, deseoso de escuchar la voz de Geist pronunciando su nombre entre jadeos. 

Con una de las manos, masturbaba su propia polla mientras que, con la sobrante, masajeaba los testículos de Geist. Eran grandes, equivalentes a su falo, y por unos segundos, la sucia mente de Gô se preguntó cuánto semen sería capaz de descargar y si llenaría por completo su boca. ¿Y si en vez de preguntárselo, lo averiguaba por sí mismo? No quería que fuese el final, quería que Geist le follara duro, hasta partirle en dos, pero aún tenían noche suficiente para conseguir que Kiran se corriera varias veces.

 
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Re: Negocios nocturnos [Priv. Geist] [+18]

Mensaje por Geist el Sáb Abr 19, 2014 12:59 pm

Para Kiran "dejarse hacer", ceder ante cada caricia, sucumbir lentamente ante las sensaciones, la pericia y la clara ventaja del menor, era una prueba más. No bastaba admitir con palabras que durante años, siguió pensando en John. No bastaba con la voz del moreno añadiendo ese "gay" a su nombre. No... la realidad era admitirlo estremeciéndose. La realidad era su piel, enrojecida, ardiente, y sus miradas balanceándose, yendo de la vergüenza hasta el placer, haciéndole sentir cohibido. Superado.

Cuando Gô prometió ir más despacio sólo llegó a creerlo los segundos restantes hasta sentir los besos en su cuello, y el avance, experto y decidido, a sus pezones. Dual, Kiran se debatía por no apartar su cuerpo en busca de un remanso, y no rendirse y entregarse, mansamente, expresando con gemidos su renuncia. Apretó más sus labios, ahogando sus jadeos, sin llegar a mirar al moreno y sus actos, huyendo nuevamente, a través de sus ojos.

Se sentía vulnerable, permitiendo a otro hombre torturarle lentamente, invitándole a perder el control... Pasivo, en un rol de aprendiz que desafiaba duramente su propio concepto de lo masculino. Pero aún así, cada roce, cada intrusión de aquellos dedos, hábiles, y la llegada húmeda de aquella boca, audaz, hacían que Geist se retorciera, evidenciando las respuestas de su cuerpo, incluso al intentar retener el control.

Control, que fue ilusorio y quebradizo cuando el rostro de Gô frotó su vientre, llegando hasta su polla, sonriéndole. Kiran, gimió, casi una súplica, y apartó nuevamente la mirada tras ser testigo de esa lengua, preparando los labios ajenos, adueñándose de su erección y su deseo. Reinando, sobre él. Sin más preámbulos. Sin una excusa.

Geist mordió sus quejidos, silenciándolos, negándose a mostrarle a Gô todo su anhelo, su impaciencia, encontrando un refugio en el tenue dolor que asolaba su boca, de forma voluntaria, alejando su mente de la imagen y del mar de emociones, intensamente físicas, perturbándole... al ser de nuevo devorado, con malicia, por el demonio inesperado que llenaría de ecos sus noches, desde ahora.

No mover las caderas exigía todo su autocontrol, y terminó cubriendo sus facciones con su propio antebrazo, incapaz ya de no jadear, encontrando imposible aferrarse a la piel de ese otro sin imponer un ritmo, sin exigir de nuevo, sin empujar su polla más adentro, más fuerte, en busca de un orgasmo que Gô se deleitaba en alentar, avivando su cuerpo y su deseo... despertando a ese otro, todo instinto, durmiendo tras sus párpados.

Un Geist distinto y apremiante, dispuesto a desgarrar toda la espera, a reclamar en cada movimiento años de soledad y acero, desatando las cuerdas de su alma, imponiéndose al otro, derramándose en él sin su permiso, sin ser él el juguete o él la presa, siendo él el cazador, la bala, la herida, la promesa.

Un Geist dispuesto a conquistar. Y un Kiran egoísta... que sólo se asomaba, arrinconado, mientras el niño, el simple adolescente en un cuerpo de hombre, gemía desfalleciendo, agarrando las sábanas revueltas con su zurda, con los nudillos apretados y la boca entreabierta contra su propia piel, ahogando los gemidos con su brazo. Con el cuello teñido por los rojos, igual que sus orejas, y un orgasmo incipiente entre las piernas.

Un jadeo más abrupto y más profundo marcó su propio límite, y alejó bruscamente la boca del moreno, sin darle opción a continuar, volviendo a ser más fuerte, más cobarde... Retando al turbio azul con su propio naranja, atormentado, enfrentando sus ojos y sus rostros.

— Eso no es ir despacio, Ojos Azules.

Kiran se apartó un poco, revolvió su cabello, húmedo, pegándose a su frente, y miró fijamente el cuerpo ajeno, desde el azul de su mirada hasta el malva, en su polla, entre sus dedos... sintiendo que con sólo mirar, con sólo ver, la saliva en su boca se espesaba. El fuego de sus ojos era amenazador, emanando una violencia inesperada. Resolución, en bruto. Y desafío.

Dejó que los segundos transcurrieran, sintiendo sus latidos, como si frente a él se abriera un hondo abismo. Una afilada encrucijada. Y sin más, agotado ese limbo entre sus cuerpos, se impuso a Gô intercambiando los papeles, obligándole ahora a recostarse junto a él, buscando un fiero agarre en sus caderas...

— Dije que me enseñaras. Y quiero que me enseñes... No que hagas que me corra. No yo... a solas.

Así, tumbados e invertidos, la polla del moreno parecía provocarle... y daba miedo, morbo, cierta exasperación. Geist ya la había tocado, la había tenido entre sus dedos, pero ahora, solo a escasos centímetros, probarla con su boca, con su lengua, era algo aterrador, impúdico... de ensueño. Algo que deseaba, que siempre había deseado... y podía ser real. Si era capaz de superar su pánico.

Kiran tomó aire, muy despacio, y sintió dentro de él el aroma del sexo. De otro hombre. De un hambre diferente. Y así, con el olor de Gô dentro de él, llenando su cabeza, quiso llenar también su boca, y tomó su erección, entre sus labios, tanteando. Descubriendo el sabor del morbo ajeno. Descubriendo ese tacto, con su lengua, aún torpe y tímida, sondeando sin premura el glande ajeno... Descubriendo que no le daba asco, que podía soportarlo, que quería repetirlo. Más profundo. Más rápido.

Que ansiaba que Gô también gimiera. Y agradecía el tacto del aire, frío, sobre su propio cuerpo.
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Re: Negocios nocturnos [Priv. Geist] [+18]

Mensaje por Gô Koyama el Dom Abr 20, 2014 3:00 pm

Mentiría si no dijera que estaba deseando que Geist volviera a convertirse en esta bestia ansiosa de poder. Sería hipócrita negar que Gô anhelaba volver a sentirse dominado por Kiran. Y, aunque cuando éste le detuvo temió que fuese para volver a echarse atrás, a redimirse y a rechazarle, le complació verse súbitamente acorralado entre el colchón y el cuerpo imponente de Geist. Gô jadeó ante la tempestuosa mirada de Geist, una mirada enrojecida, ávida de deseo, autoritaria que le hizo estremecer. 

- Ya te he dicho que tenemos toda la... ¡ah...!- gimió al notar los candentes labios de Geist alrededor de su polla. Se incorporó ligeramente, no tenía la menor intención de perderse aquella escena. El hombre intolerante, homófobo y violento que había conocido hacía tan solo algunas horas ahora se desvivía torpemente por complacerle. Y ese simple hecho ya era más que suficiente para hacerle alcanzar su límite. Acarició la cabeza de Kiran, enredando sus dedos entre las albinas hebras de su pelo. Su tacto era muy diferente del de Adrien. El cabello de su ex amante era fino y suave. El pelo de Geist era grueso, fuerte y estaba algo enredado quizá a causa del ajetreo. Pero su piel... su piel sí era suave. Oscura, con un tinte casi dorado que le otorgaba un atractivo casi sobrehumano. Podía imaginarse a Geist cubierto con aquellas túnicas blancas de los dioses del Olimpo. Unas telas que dejaban al descubierto buena parte de su musculoso tórax. 

Pero ninguna visión podía compararse a la del verdadero Kiran semidesnudo, empalmado y mamándosela con ahínco. Su polla palpitó dentro de la boca de Geist, como si estuviera a punto de derretirse entre esos ardientes labios. Y probablemente así fuese. Notó el clímax peligrosamente próximo, así que, al igual que hizo Geist, le detuvo y le apartó.
- Si sigues así acabaré corriéndome. Y yo tampoco quiero correrme solo...- musitó, mirándole con patente lascivia. Abrió las piernas todo lo que pudo y con una mano separó sus nalgas, dejando a la vista de Geist su estrecha entrada.
- Bien, si quieres aprender, entonces esta vez te encargarás de prepararme...- sentenció. Acarició aquel agujero que pulsaba de anticipación con ningún otro objetivo más que el de provocar al mayor- Chúpate un dedo y mételo con cuidado. Cuando se mueva sin dificultad, introduce otro, y así hasta tres.

Al igual que había ocurrido con la felación, vio el deseo nublado por la inseguridad en los ojos de Geist. Parecía necesitar un pequeño empujón, así que cogió la mano de Kiran y lamió su dedo índice, acariciando cada falange con su lengua, empapándolo de saliva. Después, él mismo guió la mano del mayor hasta su entrada y le instó a introducir el primer dedo. Gô se colgó en el cuello de Kiran, ansioso por probar de nuevo el sabor sus labios, ahora difuminado por el acre de su propio pre-seminal.
- Hazlo despacio.- suplicó contra sus labios- Eres la primera persona a la que le permito follarme desde que Adrien murió.

Temió que aquella confesión supusiera demasiada presión para Geist. Pero Gô no había mentido. Adrien había sido la primera y última persona en conocerle por dentro y por fuera, en todos los sentidos, y Gô se había entregado a él en cuerpo y alma, ofreciéndole todo su ser y permitiendo que Adrien le usara como le viniera en gana durante sus encuentros sexuales. Cuando Adrien fue asesinado, Gô no volvió a encontrar a nadie a quien considerara merecedor de usar su cuerpo como lo hizo Adrien. Cinco años habían pasado desde entonces. Gô había asumido que nadie volvería a ser lo suficientemente valioso para él como para no importarle entregarse por completo. Y de pronto aparecía Geist. Una bestia. Un monstruo que le había seducido con aquella aparente inocencia. Y Gô recordó el vacío que Adrien había dejado en su cuerpo, y sintió que Kiran, quizá por su fuerte carácter, por su agresividad o por aquella vulnerabilidad escondida tras un escudo forjado de sangre y lágrimas, podía sosegar esa desazón aunque fuera por una sola noche.
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Re: Negocios nocturnos [Priv. Geist] [+18]

Mensaje por Geist el Lun Abr 21, 2014 1:27 pm

Kiran hubiera sonreído al sentir entrecortada las palabras de Gô... si su boca no hubiera estado llena ya, con la erección del otro. Si su mente, abnegada en sensaciones y premisas, tratando de copiar los gestos que él mismo había sentido sobre su propia piel, hubiera podido enarbolar un sólo pensamiento. Pero no lo hizo. Continuó imitando, aún inseguro y sin fluidez, los movimientos que Gô había ido proyectando sobre su propia polla, como un espejo que repite una imagen, invertida y redimensionada.

Preso en ese momento, en esa sola idea, sólo esas sensaciones, interrumpió su boca al sentir la caricia de los dedos de Gô, sobre su pelo, incómodo al preveer una exigencia que el moreno no impuso... una exigencia que sólo él había expresado, que aún contenía, encerrada, muy dentro de sí mismo. Un anhelo tiránico, fiero y desgarrador... muy diferente al roce de esa mano, gentil, muy diferente a su ansiedad, a sus vacíos y sus impulsos, a su instinto, aún atado.

Gô estaba acariciándole... como si agradeciera cada uno de sus gestos. Como si contemplarle le hechizara... y Kiran se ruborizó, de nuevo, al sentir como iba hinchándose su sexo, provocado, reaccionando ante el esfuerzo de sus labios, de su lengua, de su boca... al sentir como él, sólo él, le acercaba al orgasmo de igual modo.

Pero llegó el vacío, la soledad, tan física, una advertencia, el desafío. Y el cuerpo del moreno volvió a mostrarse, abierto, solícito, dispuesto. Sin pudor, sin vergüenza. Sin miedo.

Kiran limpió su boca, lentamente, manchando de saliva el dorso de su mano con los ojos prendidos, contemplándole. Dos ascuas, de un naranja de ocaso, quemando desde lejos, sintiendo fuego dentro ante cada provocación. Gô pretendía encenderlo. Él ya estaba encendido. Lo estaba desde antes, desde antaño, en plena adolescencia, soñando cada gesto que ahora el moreno hacía... tan sólo para él. Como él había deseado. En un cuerpo distinto. En el cuerpo de John.

Escuchó aquella orden y se sintió mareado, imaginando. No. No era algo irreal. Tan sólo podía verlo, de antemano. Podía pensar en ello, al verle. Sentir, anticipado, la humedad de su entrada. El fuerte olor, a hombre, los sudores mezclados. Podía escuchar, ahora, los gemidos que aún no habían pronunciado. Que se rasgarían, luego, en sus bocas. Abiertas. Maltratadas. Ahogándose al gritar, al enredarse, al mezclarse con besos.

Besos... Lenguas de fuego. Un abismo, profundo. Un agujero negro.

Kiran pestañeó, sin dejar de observarle, con la mano aún estática. Las pupilas vestidas de futuro. De futuro, inmediato. De "va a ocurrir ahora". De no será más sueño. De "va a ser realidad". El hombre, dormido durante años, que sólo despertaba ante el cuerpo desnudo de una puta, de espaldas, sentía su deseo al raso, desollado.

Kiran ya había hecho "eso". Pero no lo había hecho. No así. No como lo quería. No como en realidad, necesitaba. Nunca con otro hombre. Nunca siguiendo pasos. Nunca guiado por otro. Nunca con instrucciones. Había tomado, libremente, lo que el dinero había comprado. No lo que Gô ofrecía.

Mojó sus labios al sentir el consejo de esa boca, de nuevo, orientando con más provocaciones, con humedad, con sugestión... desde la punta de su índice a su propia erección, desatendida, al rojo, leyendo cada insinuación de aquella lengua, como si fuera un lápiz que dibuja un camino. Un destino.

Entre sus piernas.

Cuando Gô susurró, contra sus labios, con la yema del dedo justo sobre su entrada, Geist volvió a ser distinto... a no saber pensar, a sonreír como lo hacen las hienas, sin compartir en su sonrisa la ironía, sólo esa curva fiera, de sarcasmo... que sabes que se escapa. Que tú no has entendido. Todavía.

Esta vez, sin el miedo, habiéndolo hecho antes, su mano atravesó su carne como un puñal, ardiendo, clavándose despacio, en una trayectoria clara, que atraviesa... que hiere, que invade, que no explora, un ariete suave, duro, que pretende asaltar, que no pide permiso. Que sabe lo que quiere. Que toma, que acorrala. Sin tacto de inocencia. Con piel de veterano.

Y abrió despacio a Gö, sin perder esa mueca entre sus labios, aún mordiendo los suyos antes de contestar, con la voz gastada y espinada de todos los secretos que son zarza... y te atrapan. Que te envuelven, sangrientos, haciendo un aguijón con tus pupilas, dispuesto a envenar.

— ¿Me permites follarte... o quieres que te folle?

Incrementó la fuerza de su dedo, hundiéndose hasta el fondo del moreno, girando muy despacio, diestramente, mientras su pulgar rozaba el perineo de Gô... embrujado al sentir la cercanía, caliente, que emanaba de sus testículos, llenos, lisos... sin humedad, y sin vagina, sin labios y sin clítoris, sin flores deshojadas... con la erección en bruto, ante sus ojos, explorando su piel con brusquedad, apoyando su yema por entero, acariciando con el resto de sus dedos la curva entre sus nalgas. Como si ya lo hubiera hecho, una y cien veces. Como si en realidad no fuera el virgen, asustado, que había sido en el baño, al tenderse en la cama, al saborear a Gô, dentro de su boca.

Enfatizó aquella pregunta examinando sus deseos, ocultos detrás de las palabras, moviéndose más rápido, rozando las paredes de su cuerpo, por dentro, como un intruso altivo ansiando una respuesta... o una súplica. Confirmar el anhelo también en el moreno. Deseando oírle gritar. Dejar atrás a Adrien y el recuerdo.

Conseguir, poco a poco, penetrándole, que admitiera que deseaba ser follado. Desde antes. Desde ese callejón. Desde el principio. Como si eso, esa declaración, hiciera a Geist más hombre. Más viril. Más dueño de sí mismo. Con su zurda envolviendo su necesidad, incapaz de no imitar los movimientos de sus dedos con su polla, su vientre y sus caderas.

— Dímelo... Gô. Dime que quieres que entre ti. Que lo deseas. Que estás tan excitado como lo estabas antes, en mitad de la calle... Pídemelo. Ya he hecho esto antes... pero nunca con alguien que anhelara mi polla. Nunca con alguien que gritara mi nombre, Ojos Azules. ¿Vas a ser el primero? ¿O pensarás en él...?

Kiran se acercó más e introdujo otro dedo, con rudeza, incrementando el ruido sordo manando de su polla y sus propias caricias, excitado, excitándose, disfrutando un control ilusorio, ahora recuperado. Como si dominara el cuerpo del moreno, expectante, pero no fuera suficiente. Ansiando también poseer con las palabras.
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Re: Negocios nocturnos [Priv. Geist] [+18]

Mensaje por Gô Koyama el Lun Abr 21, 2014 2:18 pm

Compartiendo saliva, fluidos y jadeos. Boca contra boca. Gô movía inconscientemente las caderas, ansiando sentir la intrusión de la piel de Geist, atravesándole, empalándole. Pero cuando lo hizo, de una sola estocada, con ese dedo fuerte, puro reflejo de su carácter dominante, el moreno se estremeció de arriba a abajo, sorprendido ante la repentina decisión y seguridad del mayor. Exhaló un sonoro gemido al tiempo que un escalofrío recorría la zona baja de su vientre. Notaba su polla pulsar, anhelante, ansiosa. Notó también la de Geist, anticipando sus próximos movimientos.

- Joder, Kiran... Más... despacio...- gimoteó, dejándose caer de nuevo de espaldas contra el colchón. Sus palabras atravesaron los oídos del moreno del mismo modo que el grueso dedo de Geist había profanado su entrada- ¿Quieres que te suplique de nuevo, Geist? ¿Te gusta dominarme?- sus palabras sonaban a invitación. Sí, Gô estaba invitando a Kiran a someterle, a doblegarle, a arrancarle las palabras entre gemidos. Y para ello iba a provocarle hasta el límite- ¿Qué pasaría si pensara en él?- con gran esfuerzo y piernas temblorosas, volvió a incorporarse, acercándose a Geist siseante, como una serpiente, incitando a Kiran a sumergirse con él en las aguas del pecado- ¿O es que quieres que grite tu nombre cuando me corra? ¿Eso es lo que quieres? ¿Acaso dirás tú el mío cuando me estés follando? ¿O estarás pensando en John? En sus manos delicadas, acariciando tu cuerpo como lo estoy haciendo yo...- musitó mientras acariciaba sinuosamente el pecho del mayor.

Reunió todo el valor del que fue capaz de aunar en ese momento para rechazar los dedos de Geist con un movimiento de cadera. Aún no estaba preparado, lo sabía. Pero su cuerpo y su mente pedían a gritos la caliente piel de Kiran clavándose en sus entrañas. Alargó la mano hasta alcanzar su chaqueta y rebuscó en los bolsillos interiores hasta hallar lo que buscaba. Abrió con los dientes el envoltorio del condón y se lo puso a Geist. Al menos el lubricante del preservativo facilitaría las cosas. 

La inseguridad había desaparecido de los ojos de Geist. Gô sabía lo que eso significaba, que su momento como instructor había terminado y que, tal como le había dicho a Kiran en el baño, todo fluiría a partir de entonces. Todo fluiría pero a favor de Geist. Probablemente le mostraría a Gô quién era el más fuerte de los dos. Y Gô se resistiría, con el único objetivo de provocar a Kiran, de que le diera todo de sí, de que no pensara en John, de que solo tuviera ojos para él, al menos por esa noche. Gô rodeó el cuello de Geist y se acomodó sobre él, con una pierna a cada lado de su cuerpo. Descendió lo suficiente para sentir el glande de la polla del mayor tanteando su entrada, pulsando por clavarse en él, por atravesarle, por inundar su interior. 

Y no le hizo esperar más. Poco a poco, el miembro de Geist se abrió paso entre sus nalgas, sumergiéndose, invadiéndole entre espasmos de dolor.
- ¡Mierda!- exclamó Gô, apoyando la frente en el hombro de Kiran- No recordaba que esto doliera tanto...- murmuró jadeante. Pero no se detuvo más que para tomar aire y coger fuerzas, acostumbrándose a marchas forzadas a esa intrusión hasta que finalmente sus testículos rozaron el bajo-vientre de Geist. Aprovechando su posición, mordió el cuello de Geist hasta dejar un aura enrojecida que al paso de los segundos dio paso a un halo morado.
- Ojo por ojo y diente por diente. Tú me acabas de marcar. Ahora tú llevarás mi marca durante unos días.- sonrió triunfante- Y ahora... fóllame, por favor... Eres tú a quien deseo ahora, Kiran... Párteme en dos...- y sin más dilación, se lanzó a sus labios con repentino hambre y rabia, invadiendo aquella cavidad tal como la polla de Geist estaba invadiendo su culo.
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