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Negocios nocturnos [Priv. Geist] [+18]

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Re: Negocios nocturnos [Priv. Geist] [+18]

Mensaje por Geist el Vie Mar 14, 2014 11:41 pm

De nuevo entre tinieblas, sintiendo mareas bajas, su mente sólo procesaba esa humedad, tibia y pegajosa, acompasada a sus acometidas. Pegándose a su piel y deslizándola, rodeando cada pliegue, su polla, satinada.

Aún podía discernir, a pesar de no hablar, de entrecortar sus frases si llegara el diálogo. Era plenamente consciente de cada uno de sus intrusiones. De cada empuje, cada cesión, y cada lágrima que forzaba en el rostro de Gô. Del tacto de su lengua. Y su garganta. De sus quejidos mudos, amortiguados por su carne, su deseo.

Y aún llevaba la cuenta, enumerándolos.

Un nuevo desafío, esta vez interior, no compartido, probándose a sí mismo su propia resistencia. ¿Cuánto podría aguantar hasta volverse loco? ¿Hasta desear correrse? Geist era avaricioso... no quería que parara. Quería seguir entrando en él, sin su permiso, hasta grabar la sensación en sus sentidos.

Hasta dejar a Gô vacío, con los labios abiertos, con una "o" en la boca.

Anheló poder oler el sexo en el ambiente. Los sudores mezclados. Las salivas. El semen. El aroma de hombre que siempre le encendía en cada vestuario. La escena repetida, una y mil veces muy dentro de su mente. Ese mismo escenario, lejos del callejón y del anonimato.

La escena era la misma, sin embargo. El rostro de otro hombre, teniendo que aceptarlo. Abriéndose para él. Mientras arremetía, como un jodido ariete, hasta hacerle tragar. Hasta saborearlo. Empujó una vez más, mas profundo, más fuerte. Hasta sentir que sus testículos golpeaban su barbilla y gemir, nuevamente.

No dejó de mirarle. Cada puto centímetro, hundiéndose en su boca. Cada dificultad en el rostro del otro al ocuparse de él, cada caricia maltratada de esa lengua, de fuego, que buscaba con furia. Sin respeto. Sin calma.

No aflojó sus dos manos, guiándole con fiereza, con los ojos siguiendo las manos del moreno, llegando hasta su sexo, hasta su propio ano. Con sólo imaginarlo Kiran sintió veneno, y empujó más deprisa, más hiriente, más dentro. Quería joderle, hacerle un agujero, perforarle. Era una puta broca, ansiando hendirse, desgarrarle.

Continuó hipnotizado, arremetiendo rudamente sin dejar de observar, como si cada nuevo dedo fuera su propia polla, que parecía ir creciendo, amedrentándole, dispuesta a no caber dentro de aquella boca. Dispuesta a hacer de aquella frase altiva una certeza.

La súplica en el rostro del moreno frenó sus movimientos y volvió a sonreír. Pero esta vez, había algo nuevo en su mirada. Un anhelo visible. Y apremiante. Un brillo distintivo, oscuro, predatorio. Y esa seguridad, soberbia y dura, sin compasión. Sin duda. Sin temores.

Tomó su propio falo entre los dedos y siguió acariciándose, permitiendo que Gô se levantara. Que ofreciera su cuerpo. Su entrada, abierta, dilatada. Su puta dignidad. Se acercó a él, llevando el dedo índice hasta la curva de sus nalgas... despacio, lentamente, oteando su apertura, hundiendo una falange, jactancioso, comprobando el calor, la succión, y su tacto.

— Me pides que te rompa...


Hundió su dedo un poco más y acortó nuevamente las distancias, hasta cubrirle con su cuerpo, con su aliento encendido rozándole la nuca, las piernas entreabiertas, un poco flexionadas, las caderas alzadas, prominentes... Y su polla, aún amarrada entre sus dedos, frotando sutilmente aquella entrada.

— Y yo voy a romperte...

Para él era el infierno... y quiso compartirlo. Consumirse, entre llamas, regalarle a ese hombre su completa agonía. La quemazón, ansiosa. Toda su sed. Su hambre. Su jodida impotencia... Su rencor y su odio. El pálpito en su sexo. Por siempre insatisfecho.

Geist no le penetró. Se pegó más a él y empezó a masturbarse, frenético, entregado, restregando la punta de su polla contra la entrada ajena mientras se pajeaba, ahora ya sin control, jadeándole en la nuca, sin apagar su voz, entrecortada y rota, cada puto gemido.

Su índice, mientras tanto, trataba torpemente de imitar cada golpe dictado en sus caderas, apenas enterrado, deseando provocar. Y no satisfacer.

Fue apenas un minuto, cientos de acometidas en un bombeo perpetuo contra sus propios dedos, al borde de esa entrada... que no llegó a probar, que no llegó a sentir, pero manchó con su corrida, tibia, violenta, a bocajarro... mientras se derramaba y continuaba empujándose, disfrutando el orgasmo... gritándole al oído.

— Dime que ahora... no estás roto... princesa... que no te sientes humillado... dí que no has sido mío...

Geist
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Re: Negocios nocturnos [Priv. Geist] [+18]

Mensaje por Gô Koyama el Sáb Mar 15, 2014 12:20 am

Gô le esperaba, ansioso, jadeante, temblando de anticipación, deseando sentir el sudor del cuerpo de Geist, el tacto candente de sus grandes manos aferrándose a las caderas del moreno. Y sintió ese calor, sintió ese sudor, y anheló experimentar esa punzada de dolor en su ano que ya tenía asimilada pero que no tardaría en tornarse placer. Respiraba con dificultad, deseando que Kiran le llenara por completo, que le hiciera suyo, que le penetrara brutalmente, sin piedad, y que después se corriera en su interior.

Pero sus deseos no se vieron satisfechos. Todo lo contrario. La cercanía del cuerpo ajeno, sus jadeos a escasos milímetros de su oído, la sensación de la mano de Geist masturbando su propio miembro con furia contra su culo, tanteando su entrada pero sin llegar a penetrarle. Quiso empujarse a sí mismo, en un vano intento por clavársela, pero Geist se retiró lo suficiente para ver su objetivo frustrado. Y en apenas unos minutos, algo caliente impactó contra su espalda y se deslizó hasta sus nalgas. El hijo de puta se había corrido, se había corrido sobre él y ni siquiera se había dignado a tocarle.

Su respiración, aun entrecortada, temblaba. Sus piernas también. Producto de la rabia y la impotencia de haber sido humillado de una forma tan rastrera. Si aquello iba a acabar así, hubiera preferido una paliza de muerte. Nunca nadie había logrado pisotear su dignidad de esa forma. Y al fin Gô se supo vencido por completo. No había manera de recuperar su dignidad, de humillarle, de vengarse. Tan solo podía lamentar su avaricia, su libido y su excesiva confianza. Pues esos tres factores son los que le habían llevado a esa situación. Pero él no era el único culpable.

Se giró, semidesnudo y observó cómo Geist se limpiaba y abotonaba su pantalón como si lo que acababa de pasar solo fuese parte de la imaginación de Gô. Sus piernas flaquearon y se deslizó por la pared hasta quedar acuclillado y ocultando su rostro con las manos. Debía calmarse, relajarse y asimilar lo ocurrido. Tan solo debía recoger sus cosas, vestirse, volver a casa y olvidar esa noche. Y por tanto, hizo todo lo contrario. Volvió a erguirse y a dirigir la vista hacia Geist. Las mejillas le ardían a causa de la vergüenza y sus ojos refulgían con odio. Apretó los dientes y, sin pensar, se lanzó contra Geist preso de la ira. Le aplacó con toda la fuerza que fue capaz de reunir, y probablemente debido a que le había pillado desprevenido, fue capaz de derribarlo.

Ambos cayeron al suelo, Gô sobre Kiran. Le sujetó de la camiseta y le miró con los ojos enrojecidos.
- No podías sencillamente rechazarme y largarte. No. Tenías que seguirme el puto juego y humillarme, robarme toda la puta dignidad...- sollozó sin remedio- Eres un grandísimo hijo de puta... te mereces que te echaran del boxeo... Te mereces que te apalicen hasta la muerte... No tenías ningún derecho a hacerme esto.- espetó soltándole violentamente. Quiso golpearle pero aquello ya no serviría para restaurar su orgullo, tan solo para regresar a casa con el ego hundido y cubierto de su propia sangre. Se levantó, tambaleante, y recogió su ropa. Se vistió en silencio, ignorando la sustancia pegajosa de su espalda que había comenzado a secarse y tratando de contener las lágrimas de ira. Porque sí, se puede llorar de ira e impotencia. Y eso era lo que Gô sentía en ese momento.

- Espero no verte nunca más, porque la próxima vez, te mataré.- sentenció, fulminándole con la mirada antes de dirigirse a la salida del callejón con la cabeza gacha.

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Re: Negocios nocturnos [Priv. Geist] [+18]

Mensaje por Geist el Sáb Mar 15, 2014 1:26 am

Aún tenía la respiración inquieta, entrecortada, irreverente... y los labios hinchados debido a los gemidos, al estertor salvaje de aquel orgasmo súbito, en solitario, que aún le hacía temblar de arriba a bajo, de la cabeza hasta los pies, visitando cada nervio, cada duda, cada aprensión.

Correrse así, sobre la piel de un hombre, a un palmo de su ano, era el mejor momento sexual que había vivido. A pesar de lo absurdo e incompleto. Del odio, del rencor y la soberbia. De la crueldad entre sus dedos, en su aliento, en cada roce de su piel contra la piel del otro.

Sintió su propio semen, enfriándose, manchándole la punta de la polla... y se sintió perdido. Aturdido. Confuso. Si sólo esa provocación había logrado incendiar su consciencia... ¿Cómo sería follar? ¿Cómo habría sido?

Su mirada bajó de intensidad, anaranjada ahora, y no aguantó observar a un Gô humillado y roto. Quebrado por su mano. Sin la fiebre del sexo, sin todo su deseo, era menos sencillo ser un cabrón perverso. Un egoísta arrogante.

El reprimido rutinario volvió a la superficie y le hizo separarse y volver a vestirse. Ignorar lo ocurrido. No encarar al moreno. Pero sintió sus ojos. Su rabia acumulada. Y después, su abrazo, nuevamente, convertido en placaje. En ira. Y en vergüenza.

Gô cabalgaba ahora sus mismas emociones. Todo su ultraje, en bruto. La respuesta de espinas que provocaba en Geist cada una de sus provocaciones. El rechazo. La pérdida. La libido anhelante, insatisfecha, con la que Kiran lidiaba a diario.

La mirada de rojos que le regaló Gô le hubiera roto el alma. De haberlo permitido. En cambio, volvió a escudarse dentro. A fingir, a coserse el rencor en la sonrisa, mancillada, a negar. A no admitir jamás que él deseo era real. Que lo habían compartido.

Apenas notó el golpe. Pero sí su presencia. Su peso. Su energía. Se sorprendió pensando en su cuerpo, aún desnudo, con los dedos tentados de acariciar sus nalgas. Se quedó quieto, inerte, aceptando la queja, con el semblante neutro, serio, lejano.

Como si no sintiera. Nunca hubiera sentido.

— Te he dado exactamente lo que tú me has pedido. Ni más. Ni menos.

Sus palabras reptaron. Kiran miró su boca. Solamente su boca... pensando aún en su polla, hundida, dentro. Un escalofrío gélido le recorrió la nuca. Había sido real. Había ocurrido. El chico sobre él le había sentido, erecto.

Las recriminaciones se amontonaron en su mente, agolpándose, naciendo en su consciencia. En aquella certeza. Logró evitar follarle. Pero aún así, sentía como su máscara tenía ahora una fisura. El chico, sobre él, le había encendido. A muerte. Le había hecho responder. Le había correspondido.

Y a pesar del desprecio, de aquella humillación, Kiran quiso hacer más. Poder borrar sus pasos. Machacarle... del todo. Se sentía vulnerable. Expuesto. Descubierto.

Porque si ataba cabos, Gô llegaría a saberlo. Le gustaban los hombres. Estaba acojonado. Pero antes de admitirlo, de afrontar sus deseos, se había corrido, fuera, y por sus propias manos... no se atrevió a follarle... porque le deseaba.

La certeza en su mente le sumió en cobardía. Y volvió a defenderse, como un perro sin dueño, que muerde al aire, ladra, sin saber qué le duele. Cómo poder sanar. Cómo son las caricias.

— ¿Me matarás a polvos? ¿Voy comprando condones? Si volvemos a vernos te habrán usado otros... quiero estar preparado. Puta.

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Re: Negocios nocturnos [Priv. Geist] [+18]

Mensaje por Gô Koyama el Sáb Mar 15, 2014 2:08 am

Y de nuevo, un golpe directo y certero al orgullo ya derruido de Gô. Detuvo sus pasos al escuchar las últimas palabras de Kiran. ¿Por qué no podía dejarle en paz? ¿Por qué no podía olvidarlo todo? ¿Es que ese canalla no había tenido suficiente? Pues bien, si quería más, Gô le daría más. Dejándose poseer por la rabia, se giró y su mirada le habría helado la sangre a cualquiera. Menos a Geist. Éste aún ni siquiera se había levantado del suelo. Parecía estar invitándole a patearle, parecía seguir burlándose de él. Pero Gô no iba a permitírselo ni una sola vez más. 

Con paso acelerado, regresó junto a Geist y antes de que pudiera reaccionar en contra, le propinó una patada en el estómago. Kiran podría ser boxeador, podría ser mejor luchador que él, pero no era invencible. Sin darle siquiera tiempo para asimilar el golpe, Gô volvió a sentarse a horcajadas sobre él y, aprovechando aquel momento de debilidad en el que Kiran esta sumido, Gô le sujetó con fuerza de la barbilla y su puño impactó contra la mandíbula ajena.

- ¡HIJO DE PUTA!- gritó encolerizado- Tú mismo dijiste que pegaba fuerte para ser marica. ¡TE VOY A DEMOSTRAR DE LO QUE SOY CAPAZ! ¡CABRÓN!- le siguió insultando. Por cada insulto, un nuevo puñetazo aterrizaba en el rostro de Geist y Gô solo se detuvo hasta que sus propios nudillos dolían al impactar contra el hueso de Geist. Con la respiración agitada, los brazos temblorosos y la ira inundando todos sus sentidos, Gô se separó repentinamente de Geist como si se sintiera asqueado por él. Respirando entrecortadamente, con los ojos anegados en lágrimas de furia y el puño adolorido, se dejó caer de culo al suelo, sin apartar la vista de Geist. 

No le había dejado inconsciente, ni mucho menos. Tan solo había conseguir exprimir unas cuantas gotas de sangre y amoratarle e inflamarle varias partes de la cara. Gô estaba demasiado nervioso, por primera vez, aterrado por las represalias. Pero no podía siquiera plantearse levantarse y salir corriendo de allí. Estaba tan conmocionado que sus piernas no parecían reaccionar a sus peticiones. Se agarró del pelo, desesperado, deseando despertarse de aquella pesadilla que tanto sabía a realidad. 

Quería escapar, quería evadirse. No soportaba más aquella tensión, el veneno de la ira recorriendo sus venas, devorando sus entrañas. ¿Por qué sentía aquella desesperación? ¿Por qué le afectaba tanto que le llamara puta? sería tan fácil ignorarlo y marcharse de allí... Pero Gô no había sido capaz. Había perdido la cordura por completo y de haberse tratado de alguien más débil que Geist, probablemente Gô le habría golpeado hasta matarle.

Tragó saliva. Sentía la garganta seca y la cabeza parecía a punto de explotarle. Con manos temblorosas rebuscó en los bolsillos internos de su chaqueta hasta que se hizo con otra de sus bolsitas. Esta vez no contenía polvos de cocaína, sino unas pastillas pequeñas, alargadas y blancas. Las observó dubitativo durante unos instantes y, tras coger una de ellas, se la llevó a la boca y tragó. Era heroína. Su primera vez consumiendo una droga dura. Pero su organismo parecía pedírselo a gritos. Conocía los efectos de la heroína. Podía provocar náuseas y mareos pero, con un poco de suerte, la escasa dosis que se había autoadministrado le sedaría lo suficiente para dejarle atontado durante unas horas.

Al no ser una dosis intravenosa, la droga tardó unos minutos en hacer efecto pero, para suerte de Gô, comenzó a notar cómo su vista se emborronaba y cómo dejaba de ser consciente del mundo que le rodeaba para empezar a serlo de su propio mundo interior. Escuchaba los latidos de su corazón, acelerados. Empezó a sentirse adormecido y las palmas de las manos le sudaban. Tenía mucho calor y, a pesar de que le costaba respirar, la sensación de paz era suficiente para merecer la pena. 

- Pégame...- murmuró con voz queda- Mátame... como hiciste con ese tío... Hazlo ahora que puedes... porque la próxima vez lo haré yo...

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Re: Negocios nocturnos [Priv. Geist] [+18]

Mensaje por Geist el Sáb Mar 15, 2014 7:45 pm

Aún estaba en el suelo. Podía sentir el frío, el tacto inexpresivo del cemento, la acera. Ese lecho de grises dónde duermen las sombras. Los mendigos. Había soltado aquella frase como último disparo, directo al corazón.

Le contempló, despacio, analizando todos sus movimientos. Leyendo la reacción a sus palabras en sus gestos, en ese lienzo abierto de hielo en su mirada. De odio. De puro y simple odio. Sin recriminaciones.

Kiran no tuvo miedo. Cuando uno odia siempre razona menos. No averigua, no sabe, sólo siente. Y el chico frente a él, acercándose con el odio en los ojos, ya no podía pensar. Le recordó a sí mismo, muriéndose en la lona, ahogándose en desprecio, en miedo, en impotencia... hasta matar a otro.

Sintió en ese momento que la escena era justa. Y no se defendió. Gô era ahora el boxeador, el hombre muerto, que volvía a él como un fantasma para lograr vengarse. Para ajustar las cuentas. Para devolver daño. Para devolver odio.

La primera patada le robó la sonrisa, y se dobló, reacio, recibiendo el dolor apagando esa niebla, el rastro del placer, la huella del deseo. La sensación, ya conocida, fue bienvenida en cierto modo. Kiran volvió a sentirse en casa. En su jaula de miedos, dónde los nervios gritan, pero nunca celebran. Dónde la carne es hierro, pero no porcelana. Se dobla, se moldea, cincelada por golpes... que aceptas recibir.

Cerró los labios, presagiando más daños, más heridas. Cerró también los puños, obligándose a no corresponderle, concentrado en su peso, en su presencia. En el calor, histérico, que emanaba de él, tan diferente a la invitación muda que había sentido antes, en esa misma piel, desnuda. Se dejó sujetar, sin sentirse indefenso, eligiendo el dolor. La represalía.

Tal vez, Gô y él tuvieran en común ese lado masoca... el que asume sufrir. Por motivos distintos.

Kiran deseaba poder sentirse en paz. Cercenar ese ciclo, recuperar su karma... y aunque no creía en ello, no del todo, la imagen de ese tipo sangrando en su cabeza, le obligó a contenerse. A soportar los choques, abriéndole la piel, y las ideas.

Recibió los insultos como si fueran agua, bebiéndolos, a tragos, a borbotones rojos, brotándole en la boca. En las heridas. Sintió cada nudillo abriéndole la piel, la ceja, la mejilla, como si fuera un saco. Visualizando el puño, escondido en un guante. Esta vez, en su mente. En un recuerdo roto. En los ojos azules.

Ahogó una risa queda, enfermiza y extraña, y con ella quejidos y lamentos, apagados, muriéndole en los labios, ahora sesgados, ebrios, tan llenos de dolor que ya no sonreirían. Que no ansiaban besar. Que ya no morderían.

Con cada puñetazo algo dentro de él se permitía llorar. Lágrima por impacto. Porque los hombres, los hombres de verdad, no lloran. Y no gritan. Nunca piden perdón. Y hacen que cualquier loco, cualquier desconocido, les de lo que merecen.

Porque los hombres, los hombres de verdad, buscan castigo. Y aprenden a aceptarlo.

Tal vez desde el principio ansiaba esa paliza. La promesa del sexo. Y el deseo. Tal vez buscaba eso. Todo eso. La piel y los jadeos. Las sensaciones. No llegar a atreverse. Correrse, como un niño. Y sentirse culpable. Y asqueado. Fingirse superior. Y abrazar ese miedo.

Tal vez desde el principio el hombre, sobre él, había sido elegido. Y el karma, o el destino, eligieran a un homosexual, abierto y libre, para vengarse y sentirse humillado. Al mismo tiempo. Porque todos tenemos un fantasma... que vela por nosotros. Que nos daña.

La redención no le llegó del todo. Faltaban varios golpes. Y más odio. El chico sobre él no llegaba a entenderlo. No llegaba a sentirlo. Porque le odiaba a él. Y no sólo a sí mismo. Para ser un verdugo, un puto ejecutor, tienes que ansiar la muerte. Estar enamorado de ese vacío perpetuo. No apreciar tu existencia.

"Sé cómo me miras"

La conciencia de aquello fue el último directo, directo a sus entrañas.

Kiran había matado... porque no había vivido.

Tosió, con el rostro maltrecho, destrozado, y las manos inertes, temblorosas. Le dolía todo el cuerpo, a pesar del castigo que Gô había elegido regalar tan sólo a su sonrisa, a su mirada, a cada pensamiento.

Cuando Gô se alejó, trató de incorporarse y se ladeó despacio, escupiendo más sangre... El rojo salpicado sobre la acera, gris, le recordó a la lona. Los flashes y la muerte. El dolor, no sólo en sus nudillos. Dentro. Mucho, mucho más dentro. Detrás de sus pulmones, robándole el oxígeno. Dentro. Mucho, mucho más dentro. Enredado en su estómago, hasta vertirse en náuseas.

Geist vomitó, incapaz de encajar todo el daño a pesar de estar acostumbrado a ello... en dosis más pequeñas. Mucho menos intensas. Porque los campeones reciben algún golpe. Pero nunca palizas...

Sus ojos, empañados, trataron de encontrar nuevamente al moreno. Aún confusos, errados, buscaron en su rostro al boxeador caído, pero no lo encontraron. Frente a él, en aquel callejón manchado con su sangre, manchado con su semen, sólo había un pobre chico, lloroso... y evadiéndose.

Observó, con la visión borrosa, la bolsa y las pastillas esta vez sin desdén, comprendiendo esa necesidad como si fuera suya... la misma que al correr parecía evaporarse. Lejos. Dónde las sensaciones mueren. Dónde pensar es tan sólo un latido, quedo, repitiéndose.

Paraíso artificial dónde dejar de ser. Dónde ya no hay más perdida. Ya no hay desolación.

Permaneció en silencio, tosiendo y recuperando el aliento, hasta sentir que podría levantarse. No sin dificultad. Estaba entumecido, con la cabeza muerta, a punto de estallarle, herido, destrozado, con el vientre vacío, las sensaciones yermas. Y dudas. Dudas. Dudas.

Cuando se puso en pie no se sintió mejor. No se sintió más hombre. Los hombres de verdad tal vez nunca lamenten. Y nunca se retracten. Pero Geist sí lo hacía. Arrastró sus dos piernas, su culpa y su desprecio y llegó hasta el moreno, mirándole a los ojos, con el semblante enrojecido y fracturado de todos los espejos que se rompen.

El dolor... ¿purifica?

Sin saber bien por qué, o entender cómo, Kiran tendió su mano a Gô dispuesto a levantarle.

— Vamos... odiáme, continúa odiándome, pero levántate, princesa. Es tarde, estás drogado y comienza a hacer frío. Si quieres cumplir esa promesa no te dejes morir en este callejón. Sabes como es Steinburg. Y estás muy colocado.



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Re: Negocios nocturnos [Priv. Geist] [+18]

Mensaje por Gô Koyama el Dom Mar 16, 2014 10:37 am

Sus ojos, desenfocados, miraban sin ver. Directos a un horizonte inexistente, a una realidad paralela, Gô fue incapaz de notar la presencia de Kiran hasta que éste estuvo casi sobre él. Alzó el rostro con la mirada perdida y de un bastante poco certero manotazo, alejó la mano que se le ofrecía.

- Como si te importara... déjame aquí...- balbuceó a duras penas. Cerró los ojos, queriendo abandonarse al sueño, pero las repentinas náuseas volvieron a hacerle consciente de su propio cuerpo. Su frente se perló por el sudor y su respiración se agitó de nuevo. Se sentía perdido, más perdido que nunca, porque su pasado, ese pasado que tanto se había empeñado en olvidar, parecía querer regresar a él por la fuerza.

No sin gran esfuerzo y sosteniéndose en la pared, se levantó, tambaleante. Había perdido el norte, definitivamente. Logró enfocar los ojos hacia Geist, que le miraba fijamente. Como un niño pequeño que está aprendiendo a andar, alargó la mano intentando aferrarse al cuerpo ajeno para no caerse. Caminó poco a poco hasta Geist y, contra todo pronóstico, le abrazó, hundiendo su rostro en el hombro de Kiran.

- Te echaba de menos...- musitó con voz queda- Te odio... por dejarme solo... por meterme en este mundo y abandonarme a mi suerte...- alzó la vista y miró a Kiran con los ojos humedecidos- Quédate conmigo, Adrien, por favor...- uno de los efectos de la heroína con el que Gô no había contado eran las alucinaciones. Y esas alucinaciones se habían tornado en recuerdos, recuerdos amargos de un pasado que jamás volvería a ser presente.

Repentinamente empujó a Kiran, al supuesto Adrien, lejos de él. Trastabilló y volvió a apoyarse en la pared en el momento en que Gô consiguió vomitar. ¿Cómo había llegado a eso? ¿No había tenido suficiente humillación como para que ahora se humillara él solito? Volvió a acercarse a Geist, con paso inseguro pero algo más estable después del vómito, y rozó su cara.

- ¿Te duele?- le preguntó. Sin quererlo, y sin motivo, una carcajada escapó de sus labios. De pronto, la idea de que la persona que le había pisoteado hasta la desesperación, se viera ahora tan lamentable, sangrando y con la cara hinchada se le antojó sumamente divertida- Hace frío...- protestó, abrazándose a sí mismo- quiero ir a casa...- el efecto de la droga comenzaba a decaer y un profundo sopor se adueñaba a pasos agigantados de la mente de Gô. 

Gô Koyama
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Re: Negocios nocturnos [Priv. Geist] [+18]

Mensaje por Geist el Dom Mar 16, 2014 12:48 pm

A pesar de los golpes Kiran notó, con su mirada enrojecida y turbia, que el chico frente a él aún estaba sufriendo. Que había sufrido más. Que el orgullo duele más que la piel. Mucho más que la carne. Aceptó su rechazo y resguardó su mano dentro de los bolsillos, contemplándole.

En realidad, ahora, en este momento, si llegaba a importarle. Aquello no era mucho, pero en la oscuridad de una ciudad perdida, después de una pelea, de un escarceo sexual, ser algo más que un yo era un gran desafío. Kiran siguió mirándole, observando los cambios, los frutos de la droga. No parecía un buen viaje.

Dudó dejarle solo y cumplir con su súplica. Pero no pudo hacerlo. Acumular más culpa no serviría de nada. No se había defendido para sentirse libre. Si se marchaba ahora, dejándole a su suerte, el dolor de su rostro ya no tendría sentido. Ningún significado.

Permaneció a la espera, y expectante, sin atreverse a acompañar los pasos torpes del moreno cuando se levantó. Aceptando su agarre como lo acepta un ancla, sin más implicaciones, hasta abrir más los ojos, desconcertado y rígido... al recibir su abrazo.

Geist no cerró los brazos, no le acogió del todo. Sólo se quedo quieto, tenso, mudo, perplejo. Sentir contra su cuerpo esa fragilidad volvió erizar su piel. A provocarle miedo. Kiran siguió escuchándole, sintiendo las palabras contra su propio hombro, el calor de su boca, su desesperación. Debajo de las ropas, su tez hormigueaba.

Sabía que él no era Adrien. Que Gô no le veía. Pero aún así, algo dentro de él, sintió suya esa súplica. Al menos una noche. Cuando sus manos iban a responderle, a corresponder débilmente ese abrazo robado, Gô le alejó de nuevo.

Pero Gô no rehusaba, tan sólo se vertía, como lo había hecho él, incapaz de retener el odio y el dolor en sus entrañas. Kiran le dejó espacio, y cuando volvió a él, quiso apartar con una suavidad inusitada un mechón de su frente, pero no llegó a hacerlo. En su lugar, fue Gô el que exploró sus facciones, demacradas, con aquella pregunta.

Geist siseó al sentir el contacto en carne viva, pero no se apartó. Ni siquiera ante la carcajada, que hizo que apretara los dientes, ultrajado ante su propia compasión. Que creyó compartida... erróneamente. Mordió su lengua y su ansia de revancha, dejándolos atrás tragando duramente. Las lesiones ardían. Sentía los labios, rotos, destrozados. La mejilla aún abierta. Pero aún así, ya lo había decidido. Llevaría a Gô a su casa.

Le miró, con ojos firmes, duros, pero rodeó su cuerpo, la espalda del moreno, y comenzó a guiarle. En realidad, su apartamento, ese zulo sin muebles, no quedaba muy lejos. Prefirió los suburbios, se sintió más anónimo. No contaba con que un muchacho, gay, se adentrara en su vida.

— Camina, ojos azules. El calor está cerca.

Dobló dos bocacalles aún aferrado a él, sosteniéndole, y llegó hasta el portal con la cabeza en llamas, dolor en su semblante y un frío desasosiego tratando de turbarle, minando su clemencia, de nuevo acobardándole. Buscó con pulso errático la llave en su chaqueta y abrió, muy lentamente, arrastrando al moreno hacia una de las puertas.

No había buzones. Tampoco había portero. Era un tugurio, oscuro, sucio, la madriguera dónde duermen los lobos, los ladrones y los vicios. No era un hogar. Tampoco un dormitorio. Era sólo un refugio, dónde dormir, de noche. Dónde lamer heridas.

Abrió también su "piso" y cerró, una vez dentro, sintiendo el peso de la presencia del moreno en sus cuatro paredes. En esa sala, amplia, desordenada, dónde el pasado cabía en un maleta, abierta. Dónde su lecho era un colchón ajado, con sábanas desechas, extendido en el suelo. Con sólo una nevera, ocre, un radiador eléctrico y un triste microondas.

Miró al chico a los ojos. Con miedo. Con vergüenza. Y sin decir palabra, guió unos últimos pasos hasta dejarle reposar sobre su cama. Ese jergón maltrecho dónde dormir, sin sueños.

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Re: Negocios nocturnos [Priv. Geist] [+18]

Mensaje por Gô Koyama el Dom Mar 16, 2014 3:49 pm

La firmeza con la que se vio repentinamente sujeto le alertó, temiendo que Kiran deseara vengarse una vez más. Pero esas manos que primero le habían golpeado y después acariciado con lascivia, se convertían en su único soporte. No podía evitar desconfiar de él, ya se la había jugado una vez ¿qué le impedía volver a hacerlo? Sería muy fácil fingir amabilidad y después volver a patearle. Pero ¿qué podía hacer él en el estado en el que se encontraba? a caballo entre la conciencia y el sueño, permitió que Geist le guiara a través de varias calles. Con paso lento pero seguro, avanzaron hasta toparse de frente con un destartalado edificio muy diferente de donde vivía Gô.

Sin mediar palabra, se adentraron al oscuro y deslucido portal y después al no menos maltrecho apartamento de Geist. El mayor cerró tras ellos y le guió hasta la cama, si es que a un colchón ajado podía llamársele cama. Gô agradeció la suavidad con la que Kiran le depositó sobre el colchón y tuvo la tentación de quedarse dormido al instante, ignorando encontrarse en el terreno de su "enemigo". El aire y la caminata le habían despejado. Aún sentía mareos y estaba algo desorientado, pero los peores efectos de la droga ya habían desaparecido. Por ello, antes de que Kiran se alejara de la cama, Gô se aferró a su muñeca, incorporándose con esfuerzo. 

- Hay que curar esas heridas o terminarán infectándose... y no puedes hacerlo tú solo...- declaró, soltando la muñeca ajena- ¿Tienes... botiquín? tráelo, lo haré por ti...- reparó en la duda reflejada en los ojos del hombre- No te preocupes...es solo como agradecimiento por no... haberme dejado allí, drogado y tirado en ese callejón. En mi estado... no habrían tardado en desplumarme... o algo peor.

No sabía si era por confianza o para que cerrara la boca de una vez, pero a los pocos minutos, tuvo una pequeña caja blanca en su regazo y a Kiran sentado frente a él. Con pocas fuerzas y las manos aún débiles, retiró la sangre del rostro de Geist para que las heridas quedaran visibles. Lo cierto es que le había dejado la cara echa un cristo.

- Esto te va a ha quemar...- advirtió Gô, empapando varias gasas en alcohol y aplicándolas en las heridas abiertas. Por suerte, dudaba que Geist necesitara suturas en alguna de las heridas, todas ellas parecían bastante superficiales. Tras la última gasa, entrecerró los ojos, escrutando el rostro de Geist, el sueño y los efectos posteriores de la droga aún no le permitían enfocar perfectamente- Creo que ya está... Deberías ponerte hielo en ese ojo o mañana lo tendrás como una pelota de tenis...

No se molestó en recoger todo lo que había usado. Se dejó caer de nuevo en el colchón, acurrucándose y cerrando los ojos al fin. Le martilleaba la cabeza, un dolor parecido a la resaca. Nunca había consumido drogas duras así que no sabía si aquel efecto era normal. Pero supuso que todo pecado merece una penitencia.

- Por cierto...- murmuró de nuevo- Siento lo de antes... Perdí la cabeza y... creo que te abracé. Fue culpa de las alucinaciones.- se excusó. Recordaba tan perfectamente aquel sueño tan vívido y real que le costaba creer que todo había sido fruto de la droga. Las manos callosas de Adrien, sus incipientes arrugas y ese musculoso cuerpo más grande que el suyo en el que se refugiaba algunas noches. Hacía meses que había dejado de pensar en él. ¿Por qué tenía que volver a su cabeza en ese preciso momento?

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Re: Negocios nocturnos [Priv. Geist] [+18]

Mensaje por Geist el Lun Mar 17, 2014 2:01 pm

Verlo, sin más, sobre su cama helaba a Geist la sangre. Un intruso, un extraño, reposaba en su lecho. En ese triste apartamento dónde todo quedaba claro. Transparente. Su pasado glorioso era una ayer, lejano. Que nunca volvería.

El campeón, el boxeador, era ahora casi un vagabundo, que vivía como un perro. Y su caseta, oscura, pobre y llena de secretos, no debería haber recibido esta visita. Sin embargo, al mirarle, aún veía su sopor, la pesadez navegando en su sangre, y todos los motivos por los que traerle hasta aquí, a su "refugio", parecía lo correcto.

Cuando volvió a tocarle Kiran pareció sobresaltarse, como si hubiera decidido ya, deseado, que no volvieran a rozarse. Como si estar a solas, en ese cuarto lóbrego, fuera mucho más íntimo. En realidad lo era. Sobre el suelo, junto a ellos, estaba su maleta. Toda su ropa, mal doblada. Sus guantes, casi intactos... sin rastros de esa sangre, que manchaba su vida. Su viejo cinturón, de oro y de cuero, riéndose de su suerte.

Quiso poder cerrarla, como quién cierra un diario. Pero ya era muy tarde para éso. Kiran había leído ya, casi en voz alta, el capítulo más confidencial... en aquel callejón. Sus secretos más sórdidos.

Que Gô hablara de heridas le pareció irrisorio. Pero a la vez extrañamente equilibrado. Tenía cierto sentido que el puño, que los dedos, que causaron dolor pudieran también decidir sosegarlo. Un privilegio insólito, producto de ese karma torcido, que Geist trataba de entender. De encauzar.

Asintió sin palabras, aún con incertidumbre, pero accedió y caminó hasta el baño, ignorando a propósito al hombre en el espejo, casi desfigurado. No había esperanza allí, tampoco. Sólo un plato de ducha, una cortina gris que en su día fue más blanca, un inodoro, sucio, un lavabo pequeño, y esa cajita blanca. El botiquín. Que Ghost, aún en su sangre, muy dentro de sus venas, creyó del todo innecesario al alquilar el piso.

Iluso. Inepto. Fantasma... del pasado.

Tomó la caja entre las manos y regresó a la cama, sorprendiéndose aún de estar acompañado. De aquella invitación que había ofrecido de forma voluntaria, hacia el tipo que había le había golpeado. Al que casi se folla. Un estremecimiento le obligó a no pensar en ello y a concentrarse en el dolor, aún sordo, en la venganza que decoraba sus facciones.

Se arrodilló, despacio, eludiendo sus ojos. Mirando a un punto fijo. Incapaz de verse reflejado. De aceptar aquella cercanía. De volver a mirar esos labios partidos. El rastro de las lágrimas. Apretó la mandíbula al sentir los cuidados, y respiró más fuerte, acompasado, encontrando balance al contener su aliento. Como lo hacía al luchar.

"Esto te va a quemar"... Geist quiso sonreír, pero no llegó a hacerlo. Los labios le dolían lo suficiente para no demostrar abiertamente la ironía en sus palabras. ¿El qué? ¿Las atenciones? ¿El alcohol? ¿Las heridas? ¿El calor que aún emitía su piel... o ser capaz de percibirlo? Agradeció que su semblante enrojecido no delatara aquel rubor, de agujas y de espinas, que notó en sus mejillas, magulladas.

Asintió, quedamente, y cerró una vez más los dedos en sus manos, recreándose en dos puños. Ahora, el enemigo estaba dentro... de sí mismo. Y de su propia "casa". Sobre su propia cama. Cuando su respiración comenzó a acelerarse Kiran logró decirse que se debía a aquel escozor, limpiando contusiones. A nada más. Nunca a la compañía.

No llegó a decir gracias ante el trato de Gô. No se sentía capaz. Nadie le da las gracias al verdugo, aunque después te cosa el cuello... abierto. Ensangrentado. Recogió quedamente el botiquín, sin volver a mirarle, como si así fuera más sencillo fingir que no había nadie. Que todo estaba bien. En calma. Controlado.

Cuando iba a incorporarse para volver al baño aquella confesión interrumpió su cuerpo, tropezando. Por un instante Geist pensó que Gô se retractaba... pero sólo pedía perdón por el abrazo. Kiran sintió el arrullo de la rabia, pero lo dejó ir, y trató de escuchar. De comprenderle.

Alguien normal, no él, le hubiera preguntado sobre Adrien. Kiran sólo se levantó, miró hacia allí una última vez viéndole recostado, y añadió con voz sobria, impersonal, una de aquellas frases cercanas a las puyas. Sin llegar a esgrimir el puñal en sus palabras.

— Gô, no me debes nada. Tampoco explicaciones.

Huyó después al baño, dejando el botiquín, sin mirar el espejo. Se apoyó en el lavabo y sintió cierto vértigo. ¿Qué debía hacer ahora? Ansió, desesperadamente, otro colchón. O más habitaciones. Una ciudad distinta. Su antiguo, loft, en Londres.

Y sólo suspiró, se quitó la chaqueta, la camiseta húmeda, fría, y abrió despacio el grifo. Una rutina diaria. El último refugio. Seguir con sus costumbres, ignorando al moreno. Geist se mojó las palmas, las porciones sin gasas en su rostro, la nuca, el cuello, y se secó. Muy lentamente. Porque después, debía de decidir.

Se sintió vulnerable. A pecho descubierto. En todos los sentidos.

Y al otro lado, un chico gay, drogado, que había jugado a romperle la cara y los silencios, podría estar esperándole. Sin haberse dormido.

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Re: Negocios nocturnos [Priv. Geist] [+18]

Mensaje por Gô Koyama el Lun Mar 17, 2014 4:36 pm

- Supongo que no...

Las palabras salieron tarde y mudas de sus labios, cuando Geist ya había desaparecido tras la puerta del baño. 
Suspiró, dándole vueltas a la misma pregunta desde que entraron por la puerta principal ¿por qué Kiran le había traído a su casa? ¿Era otra forma de burlarse de él? Pero no tendría ni pies ni cabeza. 

Comenzaba a sentir el cuerpo enormemente pesado. Empujando con la puntera del otro pie, se deshizo de las playeras y dejó que su cuerpo se fusionara con el colchón. No supo en que momento se durmió pero unas terribles náuseas le despertaron abruptamente. La estancia estaba sumida en la más absoluta oscuridad, las persianas bajadas y las cortinas echadas. Se levantó a tientas, y hasta que los dedos de sus pies no tocaron el suelo, no recordó que no estaba en su casa. Caminó a ciegas, intentando recordar en qué dirección estaba la puerta del baño. Cuando alcanzó una pared, fue palpándola a toda prisa hasta que diese con la puerta. Debía darse prisa o acabaría vomitándose encima.

Cuando logró encontrarlo y encendió la luz, lo único que le dio tiempo a pensar antes de abrir la tapa del váter y devolver lo poco que tenía en el estómago, es que era más pequeño de lo que hubiera imaginado. Pequeño y destartalado, como el resto de la habitación, tan diferente a su propio piso. Al devolver, no le pasó desapercibido el desagradable olor del vómito, la bilis, agravada por los restos de droga que el cuerpo de Gô se esforzaba por expulsar. Si él había ingerido una mínima cantidad de heroína y lo estaba pasando peor que en la peor de sus borracheras, no alcanzaba a comprender cómo, quienes la probaban por primera vez, decidían repetir.

Cuando su estómago quedó completamente vacío, se incorporó notando la debilidad en cada poro de su piel. Al mirarse al espejo, quedó espantado. Parecía un muerto con todas las letras. Un rostro pálido como la cera en el que destacaban las ojeras bajo los ojos, le saludó desde el otro lado del espejo. Se aclaró la cara y salió. La luz del baño alumbró la habitación y encontró a Geist durmiendo en el suelo junto a la cama con un par de mantas mal puestas. Al otro lado de donde Geist descansaba, el brillo del material dorado le hizo reparar en el cinturón que sobresalía de la maleta abierta y desordenada. Gô pensó que si no había deshecho la maleta era porque, o bien llevaba poco tiempo aquí o no planeada quedarse mucho más. 

Se acuclilló frente a la maleta y observó el cinturón. Se imaginó a Kiran, alzándolo victorioso en el centro del cuadrilátero mientras el público alababa su nombre. Él también lo habría hecho de haber podido presenciar alguna de sus peleas en directo, pero siempre se había tenido que conformar con verlo a través de la televisión.

Un murmullo a su izquierda le alertó, y miró conmocionado a Geist, temiendo haberle despertado y que le hubiera sorprendido hurgando entre sus pertenencias. Pero Kiran seguía con los ojos cerrados e inmóvil. Pocos segundos después, volvió a balbucear algo incomprensible. Su expresión no era la de alguien que estuviera durmiendo en paz. Además estaba sudando y cada poco tiempo parecía tener algún espasmo. Gô acercó la mano y le retiró el sudor de la frente con sus propios dedos. Después agarró un mechón que caía, rebelde, sobre su rostro y lo apartó.

- Me pregunto si será su color natural.- se preguntó en voz baja. Geist volvió a decir algo entre sueños y Gô trató de poner atención a lo que decía, pero era totalmente imposible de entender. Cogió una de las mantas, embarullada a los pies de Geist y le cubrió con ella hasta los hombros- Viéndote así, nadie diría que fuiste un campeón.

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Re: Negocios nocturnos [Priv. Geist] [+18]

Mensaje por Geist el Lun Mar 17, 2014 7:56 pm

Transcurridos un par de minutos se le acabaron las excusas. Pero no se atrevió a dejar el baño. Se quedó allí, en silencio, tratando de espiar el ritmo de la respiración intrusa, en el cuarto contiguo. Ansiaba que durmiera para poder volver, a hurtadillas, hasta su propia cama. Tembló, al pensar, en compartir su lecho. Después de lo ocurrido aquello era imposible. Geist dormiría en el suelo. Cogería un par de mantas y sería suficiente.

Todo, con tal de no volver a sentir el calor de ese cuerpo. Distinto.

Le escuchó, a escondidas, traduciendo cada sonido en gestos. Eso serían zapatos. Eso, el moreno tumbándose, aceptando el cansancio. El embrujo de hastío que le inducían las drogas. Eso, su respiración lenta y acompasada, abandonándose por fin al sueño.

Kiran dudó, y tardó en dar los pasos, escasos, limitados, hasta el cuerpo dormido. Le observó, con el pecho desnudo y encogido, el corazón latiéndole deprisa, y el rostro, velado por las gasas, presa de un desconcierto que le entreabría los labios.

¿Cómo demonios había pasado aquello? ¿Cómo unos ejercicios, una simple carrera, se vuelven caos y miedo?

Trató de calmarse, mirando y sin mirar como un niño que evita lo que teme, que mira lo que anhela, que odia lo que le prohíben. Y al final, regresó a su maleta, abierta, y tomó las dos mantas, tirándolas al suelo. Suspiró, con el rostro marchito, y se dejó caer. Sentir por fin su cuerpo lacio le ayudó a recobrar la compostura.

Ya no había más tensión. Más músculos histéricos. No más excitación. Tampoco daños nuevos. Nada de forcejeos. De pesos sobre él. De tactos en sus dedos. Geist volvió a suspirar, sin permitirse o conseguir dejar a un lado el cúmulo de imágenes, rondando en su cabeza.

Se giró, lentamente, hasta mirar a Gô. Y sentir el vacío. Muy hondo. Lacerante.

Las mentiras que guardas parecen ir creciendo. Y al final, te dominan. Te invaden. Reinan sobre tu vida. Sobre tu pensamiento.

Se cubrió con la manta, huyendo de ese frío, interior y exterior, pudiendo competir ahora con el recuerdo de un abrazo, de un cuerpo sometido, de una lascivia húmeda... y envolvente. Cerró los ojos, duro, como si así se cerrase también todo el desasosiego. Pero no lo logró. Se dio la vuelta, incómodo, eligiendo negarse. Una vez más.

Ignorando a ese extraño. A sus ojos azules. A su rostro, ahora manso, a sus labios partidos.

Pasaron varias horas antes de abandonarse. De dejar de pensar. De no recriminarse. No tener sed. Ni hambre. No sentirse perdido. Y como muchas noches, las llamas regresaron, como si ese recuerdo ardiente pudiera calentarle. O empujarle a correr. En otras direcciones.

Su casa estaba ardiendo. Y él era sólo un niño. Sus padres le miraban. Sus ojos, eran negros. Y el olor de la muerte, de la carne quemada, y los gritos, blanqueaban su cabello. Mientras él sollozaba. En un idioma extraño. Que no había vuelto a hablar. No desde entonces.

Las lágrimas brotaron dando vida a su sueño, y su boca, tullida, imploró en un inglés opaco e inocente... como si fuera un niño.

— Mother...

Kiran sufría, dormido, una pérdida diaria... distinta a la derrota que vivía el boxeador, con cada amanecer.

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Re: Negocios nocturnos [Priv. Geist] [+18]

Mensaje por Gô Koyama el Lun Mar 17, 2014 8:38 pm

Gô no pudo evitar la tentación de observarle durante largo rato. Si Kiran despertara en ese momento, el moreno desearía que lo tragara la tierra. Su rostro, maltrecho por los golpes, se torcía a cada segundo en un rictus de dolor y desasosiego. Gô se preguntó qué estaría soñando. Era una pesadilla, sin duda. Dudó en despertarle, pero probablemente no sería buena idea y se ganaría nuevos reproches por parte de Geist. Apoyó la cabeza en la pared sin apartar la vista de él. Parecía tan... vulnerable. Nada quedaba de la bestia que se había impuesto a él hacía unas horas. 

Esa noche no había sido de las mejores de Gô, pero debía reconocer que había sido intensa. Habían ocurrido muchas cosas, y todas y cada una de ellas provocadas por la presencia latente de ese hombre que se hundía más y más en la oscuridad de las pesadillas. ¿Serían tan agustiosas como las que había sufrido él tras la muerte de Adrien? ¿Había perdido Kiran a alguien amado para él? ¿Algún familiar? ¿Alguna novia? 

Poco a poco el sueño parecía ir apoderándose de Gô, que insconsciente de su situación, se abandonaba a los brazos de Morfeo. Pero una palabra, solo una, sutil, grave y lacerante, hicieron reaccionar de nuevo a Gô.
"- Mother..." Así que soñaba con su madre ¿Estaba soñando con su familia? ¿Por qué no había regresado con ellos tras perder su título? ¿Acaso le habían repudiado como habían hecho los de Gô? ¿Por qué había elegido los suburbios de Steinburg como refugio? ¿Por que no había vuelto a Inglaterra? 

Miles de preguntas se agolpaban en la mente de Gô. Y es que había conocido muchas facetas de Kiran en una sola noche. Había visto el odio, la ira, la lascivia, pero también la compasión y la amabilidad. Una amabilidad que Kiran parecía empeñado en ocultar de los demás. Y esas personas, personas que creaban una coraza de hierro indestructible e infranqueable, solían ser las que más habían sufrido en la vida. Pero, en realidad, Gô no sabía nada de él. Y quería saber.

El murmullo de Geist se tornó más continuo y sus expresiones más vívidas y reveladoras. Kiran estaba sufriendo. Gô tragó saliva y volvió a replantearse la idea de despertarle. Sabía lo realistas que podían ser los sueños, y sabía que una pesadilla podía devolverte al pasado más doloroso e insoportable, aquel en el que tanto esfuerzo habías puesto en olvidar, en superar.  Y entonces tomó la determinación. Se acercó a Geist y le acarició la cabeza.

- Kiran... Kiran, despierta.- susurró. Pero no parecía ser tarea fácil devolver a Geist al mundo de los vivos, de lo real. Le agarró del hombro, angustiado por la entrecortada respiración de Geist- ¡Kiran!- exclamó, zarandeándole- Despierta, estás soñando.

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Re: Negocios nocturnos [Priv. Geist] [+18]

Mensaje por Geist el Jue Mar 20, 2014 6:31 pm

Cuando duermes la realidad es sólo pensamiento. No importa si es pasado, si no puede ocurrir, si es imposible. O simplemente, si al haber ocurrido, no puede repetirse. Kiran vivía de nuevo aquel recuerdo en llamas como si fuera un hoy. Un ahora, doloroso.

Su piel sentía el calor, el llanto de las llamas. Sudaba, sudor frío, como si el cuerpo fuera cómplice pero no espectador. Como si el incendio dentro de su cabeza no llegara a afectar a sus sentidos. Sólo a sus sensaciones. Irreales. Tenebrosas.

En su mente, la muerte era un incendio. Ya vivido.

La primera caricia, tímida, casi esquiva, no llegó a despertarle. Geist creyó que era el viento. El beso de la hoguera llegando a su cabello. Aún oscuro. Aún sin blancos. La melena de un niño, de piel morena y pelo color noche.

Lejos de ese fantasma que había llegado a ser. Que ahora era por entero.

Alguien al otro lado pronunciaba su nombre. No su apodo. Y su mente, aún dormida, aún sumida en memorias, aceptó esa llamada poniéndole otro rostro. Vistiendo esa voz, nueva, la voz de Gô que Kiran trataría de olvidar, olvidando también el tono en sus gemidos, su forma de jadear, era ahora el grito ahogado de su madre, pidiéndole alejarse.

¿Alejarse de dónde? ¿No estaba él ya muy lejos?

No sentía sus caricias. No veía sus facciones. Porque el recuerdo, a pesar de grabarse a fuego, dentro, va cambiando cuando tú mismo cambias. Y al final, esos ojos verdosos, tan verdosos, son sólo "verdes", del color adjetivo. Porque ya no los ves. Ya no los atesoras. Sólo tienes palabras.

El rostro de su madre era sólo ceniza. Su regazo. Su sari. Un borrón, en su sueño. Que continuaba gritando. Hasta que el hombre que había en él, el fantasma, crecido, reconoció a un extraño. El timbre de un demonio, que había helado su sangre, había prendido incendios, y lo había consumido.

Abrió los ojos bruscamente, buscando a Gô, recordando la noche por entero. Escenas cristalinas, doliéndole en los labios, en su sonrisa rota, en la ausencia en su vientre, el hormigueo en sus dedos. Y su mirada, limpia, reflejó el mismo miedo que había vivido en sueños. Un miedo muy profundo, real, que invade a los quemados... lamidos por el fuego.

Reaccionando a ese estímulo, Kiran agarró a Gô, áspero, destemplado. Con la violencia en las pupilas y en las manos, aferradas a él, sin concesiones, mientras volvía a tenderle sobre el suelo, tumbándose sobre él, volviendo a ser presidio con su fuerza y su cuerpo, húmedo, desvestido.

Su voz, entrecortada, se tiñó de pregunta, de acusación, de anhelo. Sin ser capaz de digerir sólo una percepción. Una emoción, primando.

— ¿Qué coño haces? ¿No puedes soportar no compartir tu cama? ¿O has soñado que era Adrien?


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Re: Negocios nocturnos [Priv. Geist] [+18]

Mensaje por Gô Koyama el Vie Mar 21, 2014 12:34 am

La inesperada reacción de Geist hizo retroceder a Gô. Después de haber experimentado la amabilidad de Kiran, ser víctima de nuevo de aquella agresividad le confundía sobremanera. Definitivamente, era bipolar, Gô no podía pensar en otro motivo para esos repentinos cambios de humor en el mayor. Después de conocer aquella faceta amable y sosegada de Geist, ver en sus ojos de nuevo la llama de la ira logró atemorizarle. Pero tras su referencia a Adrien, cuyo nombré pensaba que había pasado desapercibido para Geist, Gô le miró dolido y, de una patada en el pecho, cuyo objetivo era alejarle, más de golpearle, le separó de él. 

- ¡Eres un capullo!- se defendió- ¿Tan egocéntrico eres como para pensar que aún tengo algún tipo de interés en ti? ¡Pues no, no lo tengo!- agregó. Se incorporó, en un vano intento por aparentar una confianza que él sabía nula. Ese hombre había logrado desarmarle por completo- Estabas teniendo una pesadilla, solo trataba de despertarte. Pero quizá debería haber dejado que siguieras lloriqueando y llamando a tu mamá como una nenaza.- inquirió con la firme intención de ser todo lo hiriente que fuese capaz de ser.

Desvió la mirada, arrepentido, respiró hondo y cerró los ojos. No conocía las circunstancias de Geist pero, no tenía motivos para hablarle así. Era cierto, Kiran era un capullo. Pero, sin duda, Gô estaba logrando rebajarse a su altura.
- No entiendo por qué tratas de alejar a todo aquel que trata de acercarse a ti... ¿no te sientes solo?- preguntó, dejándose resbalar por la pared hasta recoger sus rodillas entre sus brazos- Sé que me dirás que no necesitas a nadie, que puedes arreglártelas tú solo... Pero creo que el ser humano necesita el contacto de otros... Y no estoy tratando de darte ninguna charla, solo es mi opinión...

Mucha gente en los suburbios conocía la relación que unía a Gô y a Adrien antes de la muerte del último. Todo el que les conociera, sabía que Gô probablemente habría muerto de hambre de no ser por Adrien. Y él, Gô, era plenamente consciente de que le debía su vida a Adrien. Se lo debía todo. Pero esa gratitud se convirtió en amor, y cuando Adrien se fue, el único motivo por el que Gô no siguió sus pasos fue para que el esfuerzo de Adrien por ofrecerle una oportunidad no hubiera sido en vano.

Pero aunque todo el mundo conociera su situación, jamás había hablado con nadie de ello, nunca había compartido sus sentimientos, su agonía y su frustración con otras personas, ni siquiera aquellos que se habían convertido en algo parecido a sus amigos. Hasta ese momento en que sintió la imperante necesidad de hacerlo.

- Adrien... era mi benefactor. Y, sí, mi amante también.- confesó- Cuando mis padres me echaron de casa y vine a los suburbios, él me enseñó a ganarme la vida como traficante. Es cierto, quizá no era el mejor oficio que podía enseñarme, pero era eso o morirme de hambre y de frío en las calles. - relató- Él me acogió, me dio un techo, comida, paciencia y cariño. Y yo me enamoré como un imbécil. Él era veinticinco años mayor que yo, pero le quería.- una sutil sonrisa escapó de sus labios al recordar aquellas cálidas noches compartiendo lecho con el único hombre del que se había enamorado sinceramente- Pero empezó a mezclarse con la mafia, a traficar con un bando y con otro, hasta que se vio envuelto en un tiroteo y murió de un disparo en la cabeza. Se deshicieron de su cuerpo y nunca pude volver a verle, ni siquiera sé quién le mató. No busqué venganza y seguí adelante. No me anclé en el pasado, por él y por mí. Empleé todos los conocimientos que él me había transmitido y en pocos años me he convertido en una referencia en el mercado de las drogas. No sé si sentirme orgulloso de ello o no. Pero estoy vivo, y ese es el mayor legado que Adrien me dejó. Disfruto la vida, porque sé que es lo que él habría querido. Sé que te importará una mierda lo que te estoy contando, pero al menos ya sabes por qué soy tan "promiscuo", por qué soy una puta, como tú me llamas. Porque me gusta disfrutar de la vida, de la oportunidad que Adrien me otorgó. Disfruto del sexo, le pese a quien le pese. Pero no me escondo ante una coraza de hierro, fingiendo ser un cabrón sin sentimientos, como haces tú. Porque me has demostrado que no eres así. O al menos, no siempre. Si no, yo no estaría aquí.

Las cartas estaban sobre la mesa. Intuía lo que se le venía encima. Sabía que Geist se reiría de él, que le reprocharía sus sentimentalismos y que, probablemente le echaría de su apartamento. Pero Gô se había expresado, sin pelos en la lengua y había compartido con él, con un violento, agresivo y maleducado desconocido, algo que llevaba mucho tiempo guardándose para sí. Y curiosamente, se sentía francamente bien después de hacerlo. Viniese lo que viniese a continuación.

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Re: Negocios nocturnos [Priv. Geist] [+18]

Mensaje por Geist el Dom Mar 23, 2014 1:50 pm

Había anticipado un golpe y una respuesta airada. En realidad, había provocado esa reacción intencionadamente. Discutir era sencillo. Mucho más que soportar la cercanía de ese otro hombre, preocupado por él. Aún así, Kiran se sintió sucio al observar en su mirada ese brillo dolido, profundo. Era una herida abierta.

Igual de dolorosa como la frase que el moreno esgrimió contra él. Puede que Geist fuera un capullo. Pero lo era por cobardía... por su deseo atrapado, mal admitido, siempre bajo control... y ahora, el único hombre al que se había permitido tocar, al que había hecho gemir, afirmaba en su cara que ya no le atraía. Que no le interesaba.

Sintió un invierno nuevo... que congeló su anhelo, su miedo, toda su ira. Y su mirada ocre tomó un color oscuro, bandera de derrota en las pupilas, mucho menos naranjas. Sin vida, sin llamas, sin chispa. Sólo resignación. Y ese alivio tan neutro, tan débil, tan insípido, que calma porque te sientes muerto. Ido.

En esa paz de grises. Sin azules. Dónde no esperas nada. Y nada espera por ti.

El comentario hacia sus pesadillas no consiguió cabrearle. Estaba al otro lado, salvado el filo de navaja que había temido desde cerrar la puerta de esas cuatro paredes. Con Gô dentro. Todo volvía a ser niebla, ceniza, rutina. Y podía controlarlo.

— Lo siento. Tengo mal despertar...

Aceptó aquel consejo mirando a Gô a los ojos, sin desviar su mirada. Seguro ahora. Siendo el fantasma, nuevamente. Sin calor. Guardando su sed dentro, bajo llave. Siendo ese hombre vacío. El cascarón sereno que podía ser a solas.

Sin admitirse nada. Sin nada que admitirse. Apático. Vencido.

Escuchar a ese chico era sencillo. Decía verdades. Ni siquiera verdades dolorosas. Sólo esas otras, las sencillas, las que era fácil ver cuando Kiran miraba alrededor. Estaba solo. Por completo. En una ciudad dónde nadie era nadie, él ya no era el que un día fue, y el cielo era nuboso. Cada día.

¿Quería estar solo? Miró, sin proponérselo, al viejo cinturón... sin brillo ahora. Y sin significado. No sabía qué quería. Lo que quería le daba tanto miedo, que ya no quería nada. Sólo seguir viviendo. Despertarse. No llegar a soñar. Estar siempre cansado. Siempre hastiado. Seguro.

No admitió aquella soledad en voz alta. Era tan obvia, tan evidente, que hablar de ella no la haría más real. Ni desaparecer. Kiran estaba solo porque ahora, en esta nueva vida, en este otro destino... Ya no era buena compañía. Había perdido el norte. Y lo sabía.

Pero encontrarse era difícil cuando la pérdida continuaba asolándole, en la noche. Cuando su yo, encerrado, continuaba insinuando sensaciones. Cuando todos sus logros, eran sangre y arena, en una lona oscurecida por el tiempo.

Sin saber cómo, la confesión de Gô le llevó hasta el pasado. Su propia infancia. Los internados... Y John. Siempre John. Y su mirada verde, sus labios finos, su pelo rubio. Su acento, inglés. El que Kiran copió, desde el principio.

Suspiró, dejándose llevar por esa narración, profunda, mientras su propia mente divagaba en recuerdos. La mente siempre te traiciona y pronto, ya no pensaba en Gô, enamorado de un hombre mayor, benefactor perdido.

Pensaba en John... y en el Padre McCannan... en su sotana negra, y la piel blanca y limpia de un John adolescente... Como el joven que fue, se sintió intimidado. Enfadado. Confuso.

Pensaba en John, y en todas sus conquistas. Pensó en su cuerpo, abierto. En todos esos hombres. En el sexo, sin nombre. Sólo por el placer. Y se sintió amargado, irascible, atrapado. Traicionado, de nuevo. Mientras sus sentimientos, aún intactos, bramaban que era injusto...

Que debería haber más.

Mucho más que los cuerpos.

Que había más, dentro de él. Más, que fue para John. Aunque nunca lo diera. No llegara a insinuarlo.

Los hombres de verdad nunca aman a otros hombres.

Tampoco los desean.

Miró de nuevo a Gô y soltó su argumento. Como lo hiciera antaño. Con la misma vehemencia. La misma incomprensión. La misma excitación, frustrada.

— Tal como yo lo veo un tipo, mucho mayor que tú, te sedujo. Te involucró en el tráfico de drogas aprovechando que eras un menor... Y terminó follándote. Se me ocurren mejores formas de ejercer de mecenas.

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Re: Negocios nocturnos [Priv. Geist] [+18]

Mensaje por Gô Koyama el Dom Mar 23, 2014 5:35 pm

Vanas palabras, disculpas sin sentido. ¿Por qué trataba de excusar sus acciones si después volvía a cargar con la misma fuerza hiriente? Pero Gô no se sintió ofendido, más bien todo lo contrario, sintió lástima hacia Geist. Ahora que le había observado en silencio, que intuía su interior, sus pensamientos, sus miedos e inseguridades, Gô ya no podía enfurecerse por las palabras de Kiran. Bueno, sí que podía, pero ser consciente de esa coraza construida por silencio y fuerza bruta, que recubría a Geist en su totalidad atenuaba su ira.

- Ya ni siquiera eres capaz de cabrearme.- afirmó el moreno, esbozando una media sonrisa y expresión condescendiente. Ahora podía sentir empatía hacia ese monstruo que aparentaba no tener sentimientos- Es posible que tengas razón, que yo no fui más que un agujero fácil para Adrien, pero se lo debo todo. Tampoco esperaba que lo entendieras... - acortó distancias entre Kiran y él, arriesgándose a intimidarle, a despertar su inseguridad y a volver a convertirse en un saco de boxeo. Pero ahora ya no le tenía miedo- No creo que te hayas enamorado nunca, siquiera, pero, cuando lo hagas, quizá, y solo quizá, serás capaz de comprender lo que significa la confianza ciega en otra persona.- agregó, posando una mano sobre el hombro del mayor, apretándolo. 

Se separó de Geist, dando unos leves golpecitos amistosos en su hombro y volvió al baño para apagar la luz y volver a sumirse en la penumbra, una oscuridad que ya había adquirido un matiz aliado para Gô.
- Es tarde, será mejor que durmamos.- sentenció, tanteando de nuevo entre las sombras hasta llegar a su cama, rezando que el destino no volviera a jugarle una pasada y se topara en su camino a Kiran, creando una nueva situación incómoda y de tensión. Por suerte llegó hasta ella sin problemas y se dejó caer cual peso muerto.

Atento a los sonidos que expusieran los movimientos de Kiran, Gô se mordió el maltrecho labio inferior, herido hacía tan solo unas horas, con el mero objetivo de que el dolor aliviara la quemazón de su pecho, la desazón que las palabras de Geist le habían ocasionado, pues, a pesar de la seguridad que había demostrado frente a él, la verdad había impactado contra Gô de manera dolorosa. El moreno siempre había sabido que lo que Adrien había significado para él no era ni remotamente parecido a lo que él había significado para Adrien. Por supuesto su antiguo amante le había apreciado, si no, no le habría recogido de la calle, pero los sentimientos románticos que Gô había mantenido hacia él no habían sido del todo correspondidos. Pero escucharlo decir de boca ajena, de un hombre que nunca había formado parte de una relación como la de Gô y Adrien, resultaba mucho más frustrante y desolador. 

Dio vueltas en la cama, titubeó sobre si levantarse y marcharse de allí. Pero finalmente se quedó, se quedó y lloró de nuevo en silencio. Lloró hasta sentir un lacerante dolor de cabeza. Hacía mucho tiempo que no lloraba y Geist había conseguido dañarle hasta las lágrimas en varias ocasiones en una sola noche. Pero Kiran no era culpable, porque él también había sufrido, y lo había hecho por culpa de Gô. Aunque éste último no lo supiera.

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Re: Negocios nocturnos [Priv. Geist] [+18]

Mensaje por Geist el Lun Mar 24, 2014 10:16 pm

"No ser capaz". Un nuevo sentimiento estrenado en Steinburg. Sin guantes, sin trofeos, sin la gloria, dejando que un cualquiera rompiera su fachada, su rostro. Sus expectativas. Kiran miró de nuevo a Gô, haciéndose preguntas. Cuestionándose.

La noche se había vuelto un torbellino. Sin treguas. Sin descansos. Cada minuto un altibajo más. Un nuevo abismo. Nuevas caídas.

La sonrisa de Gô, menos maltrecha que la suya, se le antojó más triste que sincera. Como una venda que no cura, pero cubre una herida. Y ya no puede verse, aunque se sienta. Aunque siga sangrando, bajo el velo. Como aquellas palabras. Esa última respuesta.

Gô parecía aceptar sin más que hubiera "más versiones". Interpretaciones distintas. Pero algo en cada gesto, en su tono de voz, parecía no admitirlo. Sufrir, ante la idea. Y ni siquiera aquella confianza, desconcertante, alejó la sensación de Kiran, que con la misma aceptación fingida supo no reaccionar ante su cercanía. Tampoco ante su tacto. O sus palabras.

Tan sólo sonrió, dolido, bajo ese rostro extraño marcado por pecados silenciosos, que llevaba la culpa y la resignación pintadas, en morados. Amor... De nuevo amor. En boca del moreno. Que joven parecía, incluso así, vencido, hablando de derrotas.

Tan distinto. Tan nuevo. A pesar de llevar toda la noche acusándolo de "estar usado".

La ironía se instaló en su mirada al afirmar, en cambio, que Gô se equivocaba.

— Sí que me he enamorado. Pero nunca he confiado ciegamente. A veces, te enamoras de alguien que conoces muy bien. Demasiado bien, para mentirte.

Miró de soslayo los golpes en su hombro, divertido ante aquella comedia irreverente. Él, el adulto, el viejo campeón, hastiado, recibía las lecciones de un casi adolescente, que sabía más del mundo, de la carne, y del deseo, de lo que Kiran había llegado a descubrir en toda su existencia.

Suspiró al sentir de nuevo aquella oscuridad, agradecido por el tenue anonimato. Como si así, ninguno viera al otro. Ni todo lo ocurrido. Todo lo confesado. Tampoco el peso de los golpes. O el veneno de las caricias compartidas... Sin amor.

Víboras sin collar. Sin dueño. Que muerden sólo porque saben morder. Porque deben hacerlo.

Con sangre fría.

— Está bien.

Espero, de pie, inmóvil, que Gô volviera hasta la cama. Hasta su cama. Su lecho, revuelto, sobre el suelo. Ahora ocupado. Igualmente vacío... Sin sentimientos. Sin el roce de pieles que prometen. Sin anhelar amaneceres o desear una noche perpetua. Su lecho. Siempre a solas. Compartido tan sólo con secretos.

Le oyó tumbarse y deambuló también el par de pasos que restaban hacia las tristes mantas. Una nueva guarida improvisada, sobre la que dejarse ir, bajo la que esconderse. Sintió la piel más fría, la cabeza pesada, la mente desvelada. Puede que Gô durmiera. Él sólo pensaría.

Dejó pasar varios minutos. Tal vez los suficientes, puede que demasiados... Hasta que la inquietud que percebía en el otro se volvió un llanto quedo, mudo, traicionado tan sólo por sus respiraciones, disonantes. Y así, en la oscuridad, se sintió más villano que todas esas noches. Sin la sangre en las manos. Pero igual de culpable...

Porque Gô, junto a él, dentro de aquel apartamento, sobre su propia cama, lloraba por su culpa. Por actos, y palabras. Por miedos, vomitados, y el beso de las drogas que no llega a saciar. Que siempre sabe a poco.

Dudó, intranquilo, molesto, irritado, asustado, sin llegar a moverse... Hasta que finalmente no lo pudo aguantar y fue él quién, muy despacio, se movió hasta al colchón y apoyó suavemente la diestra sobre el hombro de Gô, buscando su mirada, sin saber si el azul sería más fuerte que el negro de la noche.

— Lo siento. Todo. Yo... Joder. Lo siento.

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Re: Negocios nocturnos [Priv. Geist] [+18]

Mensaje por Gô Koyama el Mar Mar 25, 2014 1:09 am

Confiando en que sus ahogados sollozos no le delataran, Gô se tensó y aguantó la respiración al escuchar a Geist moverse. No podía verle en la oscuridad, pero notaba su presencia cada vez más cerca. Sentir repentinamente la gran mano de Kiran sobre su hombro le sobresaltó, y la poca luz que se adentraba entre las rendijas de las persianas le permitieron ver un rostro culpable, una expresión que aún no había conocido en Geist, el verdadero arrepentimiento.

Gô dejó escapar una leve risa que se mezcló con un inminente sollozo. Se incorporó lentamente, con la mirada clavada en los oscuros y casi imperceptibles ojos de Geist, aunque sabía que éste le estaba mirando. 
- No me mires así o acabaré atacándote de verdad.- bromeó, secándose las lágrimas- En realidad eres como un niño grande.- le acusó, revolviéndole el pelo. Pero la sonrisa que había iluminado su rostro por unos instantes, volvió a teñirse de amargura al recordar las palabras de Kiran- Supongo que... necesitaba una dosis de realidad. No tienes nada por lo que disculparte.- aseguró el moreno. Sus ojos se iban acostumbrando a la penumbra a pasos forzados, pero poco a poco fue capaz de distinguir más allá de la silueta de Geist, sus rasgos desmejorados, su expresión y el brillo de sus ojos.

- Yo también lo siento. Esto...- puntualizó el menor, alargando la mano y deslizando las yemas de sus dedos por las magulladuras de su rostro- Me he pasado un poco. No debiste dejarme hacerlo.
El silencio volvió a inundar la estancia. Gô permaneció inmóvil, pero desvió la mirada. Aún no se sentía con la suficiente seguridad como para que los penetrantes ojos de Geist no le pusieran nervioso. Al fin y al cabo, la bipolaridad del hombre había quedado patente, y al igual que en ese momento estaba recibiendo su arrepentimiento, al instante siguiente podía esperarse exactamente lo contrario. 

Gô se mordió el labio, dubitativo, planteándose seriamente si formular la pregunta que acababa de atragantársele en la garganta. Pero tampoco tenía nada que perder, más allá de su integridad física, y era algo que en aquellos momentos le resultaba completamente indiferente. Se hizo a un lado, apartándose de Geist, rezando porque no malinterpretara sus palabras.
- Oye... me siento culpable por haber ocupado tu cama. Sé que no es muy grande pero... Creo que hay hueco suficiente para los dos. No tienes por qué seguir durmiendo en el suelo. Y prometo no hacerte nada mientras duermes.- levantó las manos, excusando sus anteriores intentos. 

Gô volvió a recostarse y dio unos golpecitos en el hueco del colchón que había quedado a su lado. Estarían algo apretados, pero al menos se proporcionarían calor.
- ¿Por qué llamabas a tu madre en sueños? lo hiciste en inglés... ¿Está allí en Inglaterra?- preguntó con verdadera curiosidad, esperando no estar hurgando en alguna herida aún abierta para Geist.

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Re: Negocios nocturnos [Priv. Geist] [+18]

Mensaje por Geist el Miér Mar 26, 2014 12:30 pm

A pesar de llevar años dedicado al dolor, a provocarlo en otros, a soportarlo él mismo, Kiran no veía a otros llorar con la frecuencia necesaria para no verlos rotos, vulnerables. Para no sentir culpa, piedad, esa compasión líquida que viaja de uno a otro, empañando más ojos, aunque no se derramen.

Miró a Gô fijamente. Cada línea en su rostro, en claroscuros, como un esbozo que no define al lienzo, pero pretende darle forma. Principios, trémulos, que el azar pinta a mano alzada, como un expresionista que no guía sus brochazos.

Aún resultaba extraño. Eran dos en su casa. En su refugio. Y ambos llevaban en el rostro heridas diferentes.

Kiran no supo reaccionar ante el gesto del otro, sorprendiéndose ante el toque infantil en su cabello, blanco. Pero ya no eran niños. El poso del dolor no les abandonaba, a pesar de aquella naturalidad que pretendía cubrir las huellas de las lágrimas. Restarles importancia.

Llevó su propia mano al cabello, revuelto, volviéndolo a ordenar, con el rostro confuso y los ojos aún presos, buscando azules en el negro. El huidizo pinchazo que lo había recorrido al oír esas palabras le había dejado mudo unos instantes... "Atacar". "De verdad".

Geist no pensó en su rostro, ni en los golpes. Pensó en el callejón, en las insinuaciones. Y volvió a estar en vilo, como si fueran sus entrañas las revueltas, y no sólo su pelo. Negó, en silencio. Kiran creía que Gô ya había tenido "dosis" suficientes, de realidad, de miedo, de impotencia, lascivia... Golpes, sin puños.

Con la guardia baja y la mente empañada en reflexiones el tacto del menor sobre su piel, dolida, volvió a sobrecogerle. No supo enmascarar el suave escalofrío que recorrió su cuerpo, o el brillo asustadizo en su mirada, de nuevo más naranja, más viva, sin latencias.

Geist conocía la lucha. La violencia. Conocía bien el estoicismo, neutro, antinatural. Conocía la victoria. Y la derrota. El instinto y la furia. El deseo no mostrado y enjaulado. Conocía bien el hambre. El sudor y la sed. El ardor en los dedos, los nudillos. La sangre y el dolor en sus facciones. Conocía la fatiga. Y el hastío.

Pero no estaba acostumbrado a la ternura.

Sintió su alma empequeñecer, cohibida, y apartó la mirada con dignidad. Como si lo que le doliera fuera sólo el orgullo. No el anhelo.

— No me pidas perdón. Me lo he ganado. Y el cuerpo siempre sana, sólo es cuestión de tiempo.

Sin contacto en sus ojos Geist sintió ese vacío, instaurándose, volviendo a imponer una distancia que sentía necesaria, segura, prudente. Distancia que Gô volvía a romper, instante tras instante, esta vez con palabras y sin tacto. Con palabras que hablaban de un lecho compartido.

Kiran dejó de respirar unos segundos, miró la cama, sintió como sus manos rompieron a sudar, y esquivó deliberadamente volver a mirar a Gô a los ojos, focalizado en las arrugas de sus mantas... Pasó casi un minuto, y el silencio evidenció su pensamiento, en debate interior.

Decir que no era casi tan obvio como decir que sí y no poder dormir... Estaba acorralado. Y rechazar nuevamente al moreno a pesar de su promesa de "paz" probablemente volvería a hacerle daño. ¿Iba a volver a hacerlo después de haber pedido su perdón hace escasos minutos?

Kiran era un cobarde. También era un hipócrita... Pero no lo era aposta.

Accedió, sin respuesta, ocupando el hueco del colchón que el menor le ofrecía, dándole la espalda al recostarse, tratando de instaurar una barrera. Física. De apagar la ansiedad en sus dedos y manos, de respirar con calma para fingir resolución, de no sentir esa anticipación maligna y sugestiva cabalgando su vientre.

Cerró los ojos y tomó aliento, tratando de mentalizarse. Pero para él, era más fácil recibir una paliza que intentar dormitar junto a otro hombre... que sabía homosexual, accesible, aunque no interesado. Se centró en el matiz tratando de calmarse. Gô ya no sentía interés. No haría nada, en la noche. Kiran estaba a salvo...

Con todos sus secretos, moviéndose, enterrados, alterando sus párpados. Inquietos.

Que Gô retomara el rumbo de sus pesadillas, adentrándose aún más en su guarida, en su cama, en su mente, no ayudó en absoluto.

Incómodo hasta el punto de sentir el beso de la histeria tanteándole, Kiran se refugió de nuevo en brusquedad... Siendo hostil con su propio pasado, con su propio dolor y sus recuerdos. Y no con el moreno.

— Está muerta.

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Re: Negocios nocturnos [Priv. Geist] [+18]

Mensaje por Gô Koyama el Miér Mar 26, 2014 4:34 pm

Esbozó una silenciosa y triunfante sonrisa cuando Kiran accedió, dudoso, a su petición. Ocupó el hueco que Gô le ofrecía y le dio la espalda. Gô no esperaba otra cosa. Comenzaba a entender a Kiran, sus miedos, sus inseguridades. Era un hombre fuerte, físicamente, pero en sus entrañas estaba tan roto como Gô, o quizá más, a juzgar por su respuesta. 

"Está muerta" había confesado Kiran. Gô borró al instante esa sonrisa, reparando en el tono de voz del mayor. Escueto, cortante, dando a entender que no quería hablar de ello, como un aviso para que Gô no indagara más en un doloroso pasado. Pero Geist tenía razón, Gô era masoca, y necesitaba saber más.

- Lo siento...- se disculpó, sintiendo un agudo pinchazo de culpabilidad- ¿Qué pasó? ¿Tienes más familia?- insistió.

Era consciente de que se adentraba en un terreno peligroso. Aún no sabía a ciencia cierta cómo podía reaccionar Kiran. Pero realmente deseaba conocerle un poco más, que el mayor pudiera verle como un confidente. Porque a veces es más fácil desahogarse con un desconocido, alguien que sabes que nunca te juzgará, digas lo que digas, hagas lo que hagas.

Gô delineó la espalda de Geist en la penumbra, la línea de su columna, la figura de sus músculos, en un mal fingido relax. Incluso en la oscuridad, Gô podía reparar en la piel oscura de Geist, una piel que parecía invitarle a ser acariciada. Seguro que sería suave... Gô cerró los ojos y apretó los puños, tratando de despejar su mente, de concentrarse en cualquier otra cosa más que en sus fuertes hombros y su espalda ancha, mucho más ancha que la suya. Fijó la vista en el cabello blanco desparramado sobre la almohada, y Gô se permitió la libertad de acariciar uno de los mechones, tratando de pasar desapercibido ante una cercanía patente, sintiendo el calor que emanaba el cuerpo de Geist, sus mechones casi tan cerca de su rostro que podían hacerle cosquillas en la nariz.

- Kiran... sé que no hemos empezado con buen pie- dijo casi en un susurro, incorporándose a espaldas de Geist- Sé que he cometido muchos errores en mi vida. Pero no soy mal tío. Si necesitas a alguien en quien confiar, alguien con quien hablar, con quien desahogarte... Estoy dispuesto a escucharte.- resolvió, clavando la mirada en la nuca del hombre que le escuchaba en completo silencio- Sin compromisos.- bromeó, propinándole un amistoso codazo en la parte alta de su espalda.

Llegados a ese punto, solo podían ocurrir dos cosas. Geist podía girarse, recuperando su arrogancia, y recriminarle aquel exceso de confianza (tan solo se conocían desde hacía unas horas), o bien podía contarle su historia, confiar en él y aceptar el hombro que Gô le estaba ofreciendo. Lo cierto es que el moreno podía ser arrogante, promiscuo y provocador, pero ante todo era leal, noble, y al igual que él jamás perdonaría una traición, nunca sería capaz de traicionar la confianza que alguien depositara en él, y menos de una persona cuya vida no había sido fácil, como era el caso de Kiran, hacia quien Gô estaba desarrollando una palpable empatía.

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Re: Negocios nocturnos [Priv. Geist] [+18]

Mensaje por Geist el Vie Mar 28, 2014 12:37 pm

Preguntas. Siempre llegan cuando no las esperas. Cuando no las deseas. Las preguntas pueden llegar a ser insectos, reptando por tu piel, con pies de agujas. Siempre oscuras y sucias, si lo que ansían saber aún duele dentro. Si tus respuestas aún pueden sangrar.

Cuando te mientes, cuando ocultas parte de ti, las preguntas son siempre puñaladas. Intrusas. Amenazas. Son miradas que ven allí dónde no quieres que nadie llegue a ver. Faros, en tu noche.

Aún así, responder parecía más sencillo que aceptar el silencio. Y aquella cercanía. Kiran era consciente de cada breve aliento, al lado. Del calor de otro cuerpo. De esa escasa distancia. Sentía esa pesadez entre los dedos, que parece crecer alimentada por la ausencia. Ese anhelo de tacto. De existencia.

Como si a solas, sin rozar otra piel, fuéramos naúfragos.

Tomó aire, boqueando, sopesando la intriga. La confianza precisa. La verdad revelada. Cuando narras capítulos del libro de tu vida te das a conocer. Y ya es irremediable. Los otros no son gente, son testigos. Y tú ya no eres nadie. Eres "aquel".

El leve roce en su cabello erizó toda su nuca como muda respuesta, antes de que enunciara una palabra. Trató de interpretar, a oscuras, a ciegas en todos los sentidos, si habían sido los dedos del moreno, su rostro, su perfil, o su propio cabello.

El corazón volvió a latir, indómito, delatando sus nervios. Como si el palpitar errático fuera un eco en la sala, en su refugio, entre sus cuerpos. Un compás, frenético y enloquecido. El sonido del miedo. Del deseo. Y se sintió desnudo, vulnerable, acosado por Gô por su sola presencia. Por todas sus preguntas.

Como si el joven fuera una interrogación. Un dedo índice. Lo que no quieres ver en el espejo.

Quedo, incapaz de reaccionar con naturalidad, oyó también la fricción de las sábanas, susurrando una acción, un movimiento. Tragó saliva, tenso, duramente, incapaz de digerir un nuevo paso aún impactado por el anterior.

Volvió a sudar, le temblaron las manos y buscó confianza cerrando cada dedo, refugiado en sus puños, nuevamente. Como si así, en su mano cerrada, no escapara su sed. O sus secretos. Jaula de restricciones autoimpuestas.

El codazo, súbito e informal, logró calmarle un poco. Lo suficiente para tratar de contestar, sin decir mucho. Aún escondido. Aún escondiéndose. Incapaz de encajar con valentía el ariete en su alma que Gô volvía a martillear, sin darse cuenta, desafiando todas sus barreras.

Físicas. Emocionales.

— Me desahogo corriendo. Peleando. No estoy acostumbrado a confiar. Mi familia murió, en un incendio, y me he críado en orfanatos. Nunca hablo demasiado, cuando creces a solas no necesitas el diálogo. Aprendes a hablar contigo mismo.

Más cómodo después de su alegato, de dejar claro cómo era su vida, se giró levemente dispuesto a encarar de nuevo el rostro del muchacho. Haciendo real el duelo. Encarando "al contrario". Como un pugil que no huye aunque le lleves a las cuerdas. Que siempre planta cara.

— ¿Qué quieres de mí, Gô? ¿Quieres toda mi historia, Ojos Azules? ¿Que admita lo solo que me siento? ¿Que nunca confío en nadie? Lo sabes. No tengo que explicártelo. Cuando haces daño a un hombre, cuando él también te daña, los puños dicen cosas. Y también tú estás solo. Tú tampoco confías. Y te sientes vacío. Por éso estás aquí. Por éso no te has ido. Por éso te he traído.

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Re: Negocios nocturnos [Priv. Geist] [+18]

Mensaje por Gô Koyama el Sáb Mar 29, 2014 12:00 am

No supo qué contestar a su confesión. Un "lo siento" no le aliviaría, tampoco traería a su familia de vuelta. Quizá lo mejor hubiera sido y sería guardar silencio, mantener la boca cerrada y no indagar más en una herida abierta, aún sangrante. Quiso apretarle el hombro, en mudo consuelo y apoyo, pero ni siquiera le dio tiempo a reaccionar antes de que Geist se incorporara junto a él, encarándole por primera vez desde que le propuso compartir lecho. Temió nuevas recriminaciones, nuevas duras palabras. Pero tan solo había duda y vacío en los ojos de Kiran, un vacío que compartían y del que Geist se había cerciorado.

¿Que qué era lo que Gô quería de él? Ni el propio aludido lo sabía. Había algo que lo atraía a Geist, algo que le impedía mandarle a la mierda como debía haber hecho tras los golpes e insultos del mayor y, tal como había dicho Geist, permanecer en aquella oscura y lúgubre habitación.

- No lo sé, sinceramente. Si me preguntas qué es lo que quiero de ti... no sé qué responderte porque no tengo ni idea. Quizá... nos parecemos más de lo que estamos dispuestos a admitir, y eso es lo que me atrae a ti. De alguna manera, hacía tiempo que nadie me veía como lo que soy, como un simple hombre, como cualquier otro, y no alguien a quien seducir o por el que dejarse seducir.

Se revolvió algo intranquilo entre las sábanas, sus pensamientos le estaban traicionando. Estaba empezando a no medir sus palabras, que escapaban a borbotones de sus labios. Se había percatado de que, asombrosamente, se encontraba demasiado relajado con Geist. A pesar de todos los insultos y las indecencias que había recibido por su parte, no se sentía juzgado por el mayor. Y eso era peligroso. Porque sabía que no debía confiar de nuevo ciegamente en nadie o acabarían abandonándole de nuevo.

Se mordió el pulgar con cierto nerviosismo, clavando la mirada en las arrugas de las sábanas, siguiéndolas como un camino imaginario a ninguna parte.
- ¿Y por qué me has traído, Kiran? ¿Acaso me ves como un perrito perdido, sólo y abandonado?- esbozó una media sonrisa, un gesto que delataba su inseguridad, su necesidad de acudir a la burla para recobrar la compostura, para no dejarse llevar y cometer otro error fatal- Sigo siendo gay ¿no tienes miedo de que intente seducirte?- bromeó, observando de reojo al objeto de su burla.

Volvió a dejarse caer sobre el maltrecho colchón. Geist había logrado tocar un punto que Gô había mantenido a buen recaudo desde hacía años.
- Tienes razón, me siento solo. Estoy continuamente rodeado de gente pero nadie me conoce de verdad.- confesó- Pero a ti... a ti me gustaría conocerte, Geist.

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Re: Negocios nocturnos [Priv. Geist] [+18]

Mensaje por Geist el Sáb Mar 29, 2014 11:48 am

A veces esperar es escalofriante. Sobre todo, cuando sientes que hay mucho en juego. Un desenlace que puede variar, que es inestable desde el mismo principio, que ha sufrido demasiados nudos. Sobre todo, cuando no sabes definir si eres el héroe o el villano, y no eres capaz de percibir si "lo justo" es tu victoria... o tu derrota.

Kiran no apartó la mirada. Se obligó a ser valiente al menos ese instante, a pesar de sus miedos. Del temblor, aún ligero, entre sus dedos. Del ligero rubor que competía con el castigo en sus facciones. Ese chico, en su cama, era capaz de destruirlo si se lo proponía.

Porque a pesar de todo, de toda su entereza, de toda oposición... supuesta, aunque te niegues el pecado la tentación persiste. Y la duda es visible. Como lo es el vacío. La angustia de esa decisión. De volver a negarte. De esconderte de nuevo.

Atracción. Seducción. Palabras en boca de un extraño, en su lecho. Palabras peligrosas. Compartidas. Kiran sintió que aquello era un error, desde el principio, y hubiera deseado poder llegar a desear no haberlo conocido. Correr un poco más. Un par de calles. Sin conocer el azul de sus ojos, la provocación en su sonrisa, el tacto de su piel.

No suspiró, pero lo hubiera hecho de haber estado a solas. Ahora, la resignación era sólo un temor, anticipado, que no le permitía respirar hondo. Sólo mirarle, lleno de interrogantes, expectativas y secretos. Mirarle, con la mentira sobrevolando el negro en sus pupilas, intensas, como todas las puertas a un abismo.

Kiran se sentía dividido. El chico frente a él podía ser un volcán, y un niño al mismo tiempo. Podía ser lluvia o fuego, depende del instante, de el matiz en sus ojos. En su sonrisa. De sus propias palabras. De sus propias acciones. Y supo, entonces, que en realidad él era el dueño de lo que ocurriría.

Que finalmente, dependería de él.

Y éso llegó a aterrarle por entero.

Es más fácil huir cuando crees que nadie te persigue. Pero si en realidad descubres que eres tú quién se acerca... ¿Cómo seguir huyendo? ¿De quién? ¿Por qué?

La pregunta rebotó dentro de su cabeza. Había millares de respuestas que nunca admitiría. Ni en voz alta ni baja. Ni a solas. Tampoco acompañado. Elegir las palabras adecuadas parecía más difícil que continuar mirándole, acostumbrado ya a su rostro, al canto de sirena que ejercía su presencia. Igualmente asustado.

— No quería que acabara. Y pensaba que después de lo dicho yo no te interesaba. Tengo buena memoria.

La verdad en la frase era casi aplastante. Era hielo, y espinas. La chispa de la pólvora. El primer viento frío de un invierno de nieves. Ya no fue más fantasma... o siguió siéndolo, porque aún no era corpóreo, a pesar de ser cierto. De haber tomado identidad, al revelarse. Al menos, en jirones.

Como el aullido lúgubre que inicia una novela dónde el protagonista sabe ver en los cuervos, en los árboles muertos, en las nubes, plomizas.

Había tanto no dicho. Tanto aún entre sus labios, sin decir... Quería que no acabara la noche, la pelea, el ardor en su piel, el dolor en su rostro, aquella compañía, la ráfaga de vida, el hormigueo del miedo.

Existencia.

Quería que no acabara su existencia. Esos pobres momentos, en los que había sentido. Se había dejado ser. Aunque fuera una versión distorsionada y rota de sí mismo.

Miró hacia Gô, titubeando, retomando también su pose en el colchón, dándole de nuevo la espalda... Retirándose. No estaba preparado para un segundo round. Huiría a su esquina a retomar la calma. La cordura. A sentirse poblado por deseos que no llegaba a comprender, que no sublimaría, que nunca había aceptado... aunque formaran parte de él.

— Me pides demasiado, Ojos Azules. Hay fuerza en el anonimato. Lo sabes. Lo has vivido. Lo vives. ¿Por qué dejarte hacerlo? ¿Por qué contigo? Y... ¿por qué yo? Lo que sugieres funciona en dos sentidos. ¿Quieres abrirte a mí?

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Re: Negocios nocturnos [Priv. Geist] [+18]

Mensaje por Gô Koyama el Dom Mar 30, 2014 10:05 pm

¿"No quería que acabara"? ¿Cómo debía interpretar Gô esas palabras? ¿No quería que acabara qué? ¿Aquella noche? ¿Aquella complicidad? ¿Aquella inseguridad ansiosa? Gô tampoco quería que acabara.
Su cuerpo tembló y su vello se erizó por completo al escuchar de nuevo ese apelativo. "Ojos Azules", nadie había sido nunca tan consciente de sus ojos como parecía serlo Geist. Y debía reconocer que le gustaba. Le hacía sentir... diferente.

Pero ese sentimiento le impulsaría a volver a jugar con fuego, a volver a arriesgarse a mandarlo todo al traste. No quería hacerlo, no quería arruinar todo lo avanzado con Kiran, pero lo hizo. Se arriesgó. Se inclinó sobre el mayor hasta que sus labios rozaron los de Geist. Un beso casto, superficial, apenas un toque, sin humedad. Se retiró y le miró a los ojos con una sonrisa furtiva.

- "Esto" sí sería pedirte demasiado- alegó- Más que haber perdido el interés en ti... ese interés se ha desviado a otros aspectos. Lo que quiero es ver más allá de esta coraza de hierro tras la que se oculta tu verdadero "yo".- le contradijo, dándole unos golpecitos sobre el pecho- ¿Y por qué conmigo? No lo sé ¿por qué no? ¿Acaso tienes a alguien más? Te prometo que... lo haré, si tú te abres a mí, yo me abriré contigo.- sentenció, demostrándole su disposición a depositar toda la confianza que se había negado a ofrecerle a nadie más desde la muerte de Adrien.

Ahora todo quedaba en manos de Geist. Gô ya había hecho su declaración de intenciones que, dadas las circunstancias entre ambos, casi podía equipararse a una confesión de amor. El moreno rió para sus adentros ante aquel paralelismo imaginario.
- Oye... Me gusta que me llames así. Ya sabes, "Ojos Azules". Nunca me habían llamado así.- admitió, ruborizándose sutilmente- Antes has dicho que sí que te habías enamorado.- recordó repentinamente- ¿Qué pasó? ¿Quién era?- preguntó con mal disimulada curiosidad. 

¿Qué sabía de Geist? Que había sido campeón de boxeo, que era homófobo, eso quería aparentar, y que su familia había muerto en un incendio. Para cualquier persona, conocer esos aspectos de un recién conocido podría ser más que suficiente. Pero Gô no se sentía en absoluto satisfecho. Tal como había confesado, deseaba conocer a Kiran, pero no solo los aspectos visibles y objetivos de su vida. Quería adentrarse en él, indagar en sus pensamientos y desgranar sus sentimientos. Quería comprenderle, conocer el sentido de su vida, qué era lo que le había empujado a continuar viviendo sin familia y sin su sueño y, sin embargo, se había abandonado de aquella forma hasta el punto de esconderse en aquel agujero como una rata miedosa; peligrosa pero asustada.

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Re: Negocios nocturnos [Priv. Geist] [+18]

Mensaje por Geist el Vie Abr 04, 2014 11:01 am

Kiran pudo sentir cómo se iba acercando Gô, en ese tiempo relativo dónde tu mente asimila detalles y los graba, despacio, aunque todo suceda muy deprisa. Gô iba a besarle y su cuerpo, su instinto, no acertó a ofrecer una respuesta, dividido entre el primer impulso de retirar su rostro, magullado, y el deseo soterrado de aceptar esa ofrenda. Tal vez, profundizarla.

Fue tan sólo un instante. Una leve caricia. Sólo complicidad. Y atrevimiento. Un guante blanco y delicado lanzado contra su propio orgullo. Ahora rabioso por no haber sabido reaccionar, por no haberse alejado... o disfrutado del momento. Escaso. Insuficiente.

Demasiado breve para hacerle temblar. Para abrirle los labios en una bienvenida, insospechada. Para elegir morder esa sonrisa, con sus miedos. No llegó a respirar. Tampoco suspiró. Se quedó mudo, congelado... nuevamente.

Marchito ya el contacto Kiran respondió torpemente al desafío correspondiendo a la sonrisa del moreno con intenciones diferentes en los ojos. Escudándose, vistiéndose de ego, midiendo las distancias. Fingiéndose felino, indiferente.

Escuchó las palabras del moreno y antes de responder a ellas, Kiran rodeó la mano que apuntaba su pecho con la suya, con una seguridad irreverente, nacida sólo en su soberbia, jugando a hacer de su propia respuesta una metáfora. Una amenaza, entre los dedos.

— ¿Pretendes asustarme, Ojos Azules? ¿Con un beso tan casto o esa declaración de "ver dentro de mí"? ¿Hemos pasado de un polvo fortuito en medio de la noche a besos y confianza? ¿Quieres que ahora te coja de la mano? Deberías escoger mejor a quién insinuarte. Yo no voy a ser una de tus conquistas.

Le soltó, muy despacio, consciente del tacto de su piel, más pálida, y de la ausencia en sus sentidos al perder el contacto. Al volver a estar "solo". Sin tocarse. Después, el rubor generado por ese apelativo en el rostro del otro le hizo sentir confuso, y esquivar intencionadamente llamarle así de nuevo. Huyendo. Por costumbre.

Más lejos todavía al seguir sus preguntas... regresando al recuerdo. A un pasado, distante. Doloroso.

Se puso en pie buscando sembrar pasos entre aquella memoria y su presente, caminando con cierta brusquedad llegando a la nevera tomando dos botellas con fiereza. Como si sólo recordarle lograra hacerle daño. Encender sus sentidos. Herir aún más su honra.

Y confundirle.

Lanzando una de ellas al moreno escogió premeditadamente no volver a la cama, apoyándose ahora en la pared de enfrente. Un ring imaginario, con cuerdas diferentes, con esquinas. Con refugios etéreos dónde sentirse fuerte. A salvo. En una pausa.

El agua mineral volvió a saber insípida. Fría, refrescante, como un invierno embotellado. Lejos de aquel calor, artificial, unido a mencionarle... Siempre al pensar en él, sintiéndose impotente, rechazado, burlado como un niño.

—Era alguien como tú, Piel de porcelana.

Su voz sonó más grave y lacerante de lo que hubiera deseado, y a pesar de saber de antemano que se arrepentiría completó aquella frase. Aquella acusación. Aquella ofensa. Que sin pensarlo, enmascaraba otro detalle percibido... El color de esa piel, satinada y suave, en contraste a la suya de un bronce duro y firme.

— De cama en cama, buscando compañía. Ofreciéndose a otros. Jugando con el sexo... y con las emociones.

En realidad, el joven frente a él sólo era un libertino... No un manipulador. Pero sumido en sus recuerdos, el pecado era el mismo. Porque le hacía sentir igual. Tan vulnerable, tan perdido, tan lleno de emociones y de anhelos.

Aún podía recordarlo. Lo recordaba todo. Cada frase. Su olor. Y aquel encuentro. Su último encuentro. La última escena de un John macabro siempre protagonista convirtiéndole en títere. En esclavo.

Muchos años atrás, siendo tan sólo adolescentes. Kiran, cansado como siempre, regresaba muy tarde de entrenar, por pasillos oscuros, conocidos, hasta su dormitorio... Dónde John no dormía. Dónde John solía estar acompañado.

Esta vez no había calcetines en la puerta. Ningún aviso. Sin advertencias. John quería ser interrumpido. Y Kiran supo aquello incluso antes de decidir abrir el picaporte y encontrarle desnudo y sometido sobre aquel escritorio, compartido, que el Padre Roy usaba como apoyo... al follárselo.

La imagen aún dolía y erizaba su piel, acelerándole el pulso. Ni siquiera el agua helada se llevaba consigo el ardor en su pecho, en su garganta. En su entrepierna. La figura de un John de apenas 18, lampiño, de piel pálida como era la de Gô, gimiendo y retorciéndose, nunca abandonaría su mente. Su recuerdo.

Tampoco aquella voz, sarcástica, sugestiva, de acento londinense...

"— Fóllame, Roy. No pares. A Kiran le gusta mirar... Sé cómo me mira..."

Estrujó la botella entre los dedos, volviendo hacia el presente. Sintiendo la derrota en tantos ángulos que el dolor de su rostro y las magulladuras parecían ser coherentes, necesarias. Porque aún le dolía dentro, intensamente. Nunca dejaba de doler.

— Ya no importa. Es pasado.


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