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Negocios nocturnos [Priv. Geist] [+18]

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Negocios nocturnos [Priv. Geist] [+18]

Mensaje por Gô Koyama el Sáb Feb 22, 2014 6:16 pm

Gô adoraba las noches de Steinburg. Las calles iluminadas, el bullicio de las voces, los motores de los coches y el griterío de la gente que disfrutaba del anonimato que les ofrecía la oscuridad de algunas zonas. La clandestinidad era plato habitual en los callejones y tugurios de la ciudad. Ese era el ambiente por el que Gô solía moverse, reptando en silencio y encontrándose con sus clientes en el rincón más oscuro del callejón. Gô había aprendido a hacer buenos negocios y sus clientes oscilaban desde los típicos viejos ricachones cuyo único método de diversión era comprar una buena cantidad de estupefacientes con los que después poder engañar a algún desgraciado e inocente jovencito para llevárselo a su casa, hasta jóvenes recién salidos del nido que, aprovechando su recién estrenada mayoría de edad, la celebraban poniéndose hasta las cejas de alcohol y drogas. Pero eso no era asunto de Gô, a él solo le interesaba hacer negocios, y captar a todos los clientes habituales que pudiese para asegurarse así un sueldo mínimo cada noche con el que poder pagar la renta de su apartamento y sus caprichos. Gô vivía para disfrutar. La idea de pasarse la vida deslomándose en un trabajo en el que le explotaran para poder vivir "dignamente" en un piso de mala muerte y mantener a una familia de desagradecidos (como él lo había sido) no era su concepto de "vivir". 

Había quedado con uno de sus clientes favoritos. Un asalariado común, con un sueldo aún más común, con una mujer y unos hijos normales y que vivía en un buen piso. Nadie creería la doble vida a la que aquel hombre recurría para huir de su maravillosa "vida normal". Hastiado, acudía cada fin de semana a Gô, a quien había conocido en un bar gay hacía ya varios meses, para que le suministrara su dosis de coca y popper. Lo cierto es que ese cliente no era su favorito porque tuviera mucho dinero, que no lo tenía, ni porque fuese atractivo, pues rondaba ya la cuarta década, sino porque era un maldito reprimido, casado y con hijos, pero un reprimido al fin y al cabo. Un reprimido al que Gô disfrutaba follarse cada fin de semana, pues ese hombre suponía, no solo un ingreso seguro semanal sino un buen polvo cada fin de semana. A Gô no le gustaba mezclar negocios con placer, pero por alguna razón ese hombre le resultaba demasiado tentador. Sentía la necesidad de corromperle, de hacerle gemir, llorar y suplicar por más. Y cuando el sexo y los negocios se acababan, él se marchaba con el remordimiento pintado en el rostro. Cómo le encantaba observarle marcharse mientras se tambaleaba.

Pero aquella noche se estaba retrasando y él solía ser muy puntual. Gô llevaba veinte minutos esperando en la entrada del pub donde solían hacer el intercambio y nunca antes le había dejado plantado. Su móvil vibró en su pantalón y Gô pudo imaginarse de quién era.
"Lo siento, mi mujer ha encontrado la droga y me ha hecho prometer que ingresaría en un centro de desintoxicación. No podré volver a verte. Mark"

Gô maldijo por lo bajo, había perdido a su cliente favorito. Releyó el mensaje, Mark parecía lamentar más no poder volver a ver al pelinegro que el hecho de que su mujer le cortara el grifo y le ingresara en un centro de desintoxicación. A Gô no le extrañó, sabía que ese hombre sentía algo por él, pero le daba absolutamente igual. Era un cliente más, un cliente al que disfrutaba follándose, pero un cliente, sin más. Y ahora había perdido uno de sus ingresos fijos semanales. Malhumorado, echó a andar por las calles de la ciudad, esperando que el viento y el frío se llevaran consigo su mala suerte de aquella noche y le trajeran a cambio algún nuevo cliente, algún jovencito fácil de seducir o alguna pelea en la que pudiera participar, fuese invitado a ello o no.


Última edición por Gô Koyama el Dom Abr 20, 2014 3:01 pm, editado 2 veces
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Re: Negocios nocturnos [Priv. Geist] [+18]

Mensaje por Geist el Dom Feb 23, 2014 1:17 am

Todas las calles parecían ser la misma. El laberinto gris no llegaba a acabar, corcoveando. A veces los túneles son tan profundos como tus pensamientos, sin la luz que ha de haber al final. Porque tú estás a oscuras.

Kiran oía latir su corazón. Sentía la sangre a borbotones, bombeando. El pulso de sus sienes. El hierro en su garganta. Ese ardor que te quema por dentro, en los pulmones. Estaba casi al límite. Estaba casi exhausto.

Pero aún corría.

No deseaba parar. Esa culebra negra que fingía ser una trayectoria no llegaba a morderse la cola. Aún debería correr. Aún debería seguir. Seguir huyendo. Su sombra, la sombra del pasado, continuaba tras él. Pegada a sus talones.

Ese pequeño "crack" interno, restallando en su muslo, fue el único final que admitiría. Esa sería la meta de esta noche. Sintió la mordedura del dolor, aguda e insolente, y fue consciente de su cuerpo poco a poco, recuperando los sentidos.

Su paso se hizo errático, menguando, encabritado aún como lo estaba su respiración, entrecortada. Nadie para de golpe. Nada concluye por completo. Las cosas que terminan se mueren poco a poco.

El aire sabía a humo y a niebla. A madrugada fría. A tormenta lejana. A soledad. Sabía a derrota. A ciudad gris. A anonimato. Pero aún así, le alimentaba. Y bebió grandes tragos, sofocando esa fatiga irreverente que te envuelve de golpe.

Aún jadeaba, sonoro, con las piernas en llamas y cada músculo en tensión bajo los pantalones de algodón. Bajo todo el aplomo y la resignación. Bajo el sudor, antes caliente y ahora tan sólo tibio, mojado, pegándose a su piel como un cascarón líquido.

Sentía la ropa húmeda, envolviéndole. La anchura del fracaso, dónde antes la soberbia ceñía perfectamente el chándal a su cuerpo. Había perdido peso. También algo de orgullo. Pero aún estaba en forma. Tal vez incluso más que antes.

La frustración da alas. Es combustible para quemar corriendo. Para encender tus puños. Heridos, todos deseamos golpear. Todos ansiamos devolver el dolor recibido. Hasta que ya no duela.

Pero aún así, aunque la impotencia perdure, necesitamos un descanso.

Dobló un callejón más, de nombre impronunciable y hosco, y comenzó a estirar con ese ritmo extraño e híbrido que anticipa que puedas caminar, mientras sientes los pies y los tobillos, los dedos de las manos, las muñecas, cuando hace unos segundos eran parte de un todo sofocado y ansioso que sólo era una máquina. Perfecta.

Así, envuelto en la capucha negra, bajo su chándal negro, parecía sólo parte de la noche. Del asfalto. Un gato negro jugando a ser un perfil de alquitrán, mientras la luz no bañe sus pupilas. Pero el ocre en sus ojos refulgió, con el último aliento, exhalando un suspiro.

Y tras oírse a sí mismo, oyó también los pasos de un extraño, girando bruscamente y encarándole. La ciudad era extraña. La noche era cerrada. Y todos eran enemigos. Incluso, en los espejos.


Última edición por Geist el Vie Feb 28, 2014 12:38 pm, editado 1 vez
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Re: Negocios nocturnos [Priv. Geist] [+18]

Mensaje por Gô Koyama el Dom Feb 23, 2014 4:16 pm

El eco de unos pasos mucho más potentes que los suyos le alertó. Siempre tomaba el mismo atajo para llegar a casa y siempre lo hacía solo. Pero aquella noche todo parecía querer jugar a su costa, burlarse de él, y sabía que esa noche no estaba solo en aquel callejón. Esos fuertes pasos, acompañados por una respiración rítmica pero forzada, se escuchaban cada vez más cerca. En la encrucijada de dos callejones, un cuerpo imponente, de piel tostada pero sin llegar a competir con la noche apareció como salido del aire, como si fuese una silueta dibujada por la niebla que va encarnándose en un cuerpo real. Gô se detuvo, y para su sorpresa, el extraño también lo hizo, y le miró. Le miró con insistencia, como si quisiera leer sus secretos, atravesar sus músculos y colarse en su mente. Mantuvieron la mirada durante unos segundos, hasta que Gô la apartó, rascándose la nuca.

- Siento haberte asustado, no suele pasar nadie por aquí.- se excusó, acercándose al desconocido. Al acortar distancias, Gô reparó en la patente belleza masculina que se le presentaba ante sus ojos. En cualquier otro momento, no se habría cortado y habría flirteado con él a la mínima oportunidad. Pero no había sido buena noche, y tan solo deseaba llegar a casa, desnudarse y meterse en la cama. Aun así, la curiosidad era una característica innata en el pelinegro, y se acercó aun más, permitiendo que la oscuridad se disipara junto a la distancia.

- Espera... ¿nos conocemos?- preguntó, achicando los ojos. A escasos dos metros, ciertamente ese hombre se le hacía extrañamente familiar ¿habría sido su cliente en alguna ocasión? No, no lo había sido, a un hombre como aquel le habría recordado al momento. Pero ese cabello que rozaba lo albino y contrastaba con el moreno de su tez le resultaba, no solo apetitoso y tremendamente atractivo, sino también conocido. Un nombre, o más bien un apodo, rodó por su mente en ese mismo instante y la expresión de Gô se iluminó, abriendo los ojos sorprendido y esbozando una sonrisa exultante.

- ¡Claro que te conozco!- exclamó, aproximándose aun más hasta que pudo reparar en la expresión seria, confundida pero desconfiada de aquel hombre, ese hombre al que había admirado y del que había perdido la pista hacía tiempo- Tú eres Ghost, el fantasma del cuadrilátero.- reveló eufórico- Oh, tío, no me puedo creer que te haya confundido con uno de mis clientes.- rió, a sabiendas de que el moreno no comprendería a qué se refería. Cuando trató de rodear los hombros de Geist con su brazo, se percató de lo enorme e imponente que era- Lo último que escuché de ti es que fuiste descalificado pero nunca dijeron por qué. Así que eres tú ese tal Geist del que tanto he oído hablar últimamente en la ciudad.- señaló con el dedo índice en le pecho sudoroso del mayor y descendió hasta su ombligo- Dime ¿Te apetece venir a tomar algo conmigo? Acabas de alegrarme la noche.
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Re: Negocios nocturnos [Priv. Geist] [+18]

Mensaje por Geist el Vie Feb 28, 2014 12:39 pm

Ni siquiera la noche o las estrías anónimas de un viejo callejón que sólo se transita como interludio que precede a otro destino te permiten perderte. No hay sábanas tan grandes, o tan negras, bajo las que esconderse cuando uno es un adulto. La realidad te encuentra.

Vayas dónde vayas.

Por éso, Kiran sintió que aquel intruso se adentraba en su mundo y en su huida. Una parada más, inesperada, en ese viaje en tren hasta ninguna parte. Estaciones sin nombre dónde nadie se baja. Algunos suben.

Su masculinidad, aún entre sombras, podía doler como duele un secreto. Era alto, fornido. Y era joven. Y los ojos de Geist continuaban mirándole, ignorando de nuevo a aquel hastío auto impuesto, esa desgana hosca que usaba como máscara... hasta ser traicionado por la curiosidad de su mirada, siempre hambrienta. Siempre insatisfecha.

Tenía el cabello oscuro y ojos claros. Algo de porcelana y de cristal en el semblante, pálido. Las líneas dulces y suaves que te regala Asia. Y ese aura de extranjero que él mismo proyectaba. Mestizos de un Occidente que evoca seda, incienso. Que añora el exotismo... que aún perdura en la piel. Linaje tras linaje.

El lienzo en sus pupilas era irónico porque seguía mirando. Sin importar la imagen de distancia, su mandíbula tensa, los dedos hechos puño. No importa cuanto finjas. Aunque otros se lo crean... sabes que estás mintiendo.

— A mí nada me asusta.

Quiso poder creérselo. Que fuera una verdad y no una frase hecha, parte de una coraza que se empieza a oxidar rutina tras rutina. Puede que no el dolor. Pero sí sentía miedo. Un miedo intenso y arraigado, con caricias de hielo abriéndole la piel bajo el sudor. Lenguas de invierno que lamen tu deseo, sin llegar a apagarlo.

Más pasos. Ese hombre, otro hombre, acortando distancias. Sin las cuerdas. Sin guantes. Y aún así una pelea. Kiran deseaba ser el único. Convertirse en Noé, ahogar a los desconocidos. Ser el último hombre... hasta anhelar mujeres.

No hacía falta un por qué. No había fuerza en los nombres. No había hechizos. Su pasión era la sed acorralada que te moja los labios, te hace ver espejismos. Siempre quieres beber. No importa la bebida... No importa el recipiente.

Pero aún niegas el trago. El primer sorbo. Ese que te condena... El que te hace un adicto. El que repites.

Apartó su caoba del azul del extraño y ansió seguir corriendo. Volver a sentir fuego en los pulmones y no en el corazón, palpitando deprisa, incómodo, ¿indefenso? Apretó más los puños. Sintió la rabia arder, ascuas por siempre vivas.

— Nadie conoce a nadie.


Quiso saber reír. No sentirse ridículo, parte del póster de algún western... sin botas, sin revólver, sólo balas perdidas, quemando en el bolsillo. Entre los pantalones.

Le encaró, fijamente, y casi oyó el sonido de ese duelo. Dedos en el gatillo, sonrisas aceradas, la muerte en los talones. Los escasos centímetros hasta ese joven rostro eran tan sólo agujas, mordiéndole los labios. Muy secos de repente. La lengua muy mojada. Su pensamiento denso.

Y después esa euforia. El reconocimiento. Y el odio, de un caoba casi en llamas, ardiéndole en los ojos, fijos, férreos. El latido quebrado y hecho trizas, cabalgando la rabia, el pudor y la pérdida. Derrotas que fermentan. Venenos enlatados.

No supo reaccionar. Ni siquiera moverse. Estaba congelado, presa de puñaladas naciendo desde dentro. Palabras acudiendo empapando su nuca. Su cabeza. La línea que pronuncia pensamientos...

"Fantasma". "Cuadrilátero". "Muerte". Y "ayer". "Londres". "Pasado". "Fuerza"... Y "honor". "Prohibición". Y "derrota".

Sintió el contacto y su mirada se amplió, cobriza y afilada.

"Sudor". Y "piel". "Deseo"... negado. "Débil". "Marica".

"Secreto". "Golpe". Hasta obtener "silencio".

No dijo nada, tan sólo respondió, con furia en cada músculo. Cólera en la mirada. Su cuerpo, contenido bajo ese brazo extraño, incitado por esa mano intrusa, se hizo piedra de nuevo. Hasta desear romper. Quebrar hasta quebrarse... Lanzando una zurda certera contra el mentón ajeno, inyectada en su propia ponzoña. Todo ese dolor, contaminado, deseando contagiar. Hasta extenderse. Un cáncer siempre ávido. Huérfano. Vagabundo.
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Re: Negocios nocturnos [Priv. Geist] [+18]

Mensaje por Gô Koyama el Sáb Mar 01, 2014 1:28 pm

Ni un ápice de duda, ni un asomo de complicidad. Su boca en ningún momento se torció en una leve sonrisa. Inexpresivo, seco, seguro, masculino... Gô se había enfrentado a un sin fin de heteros tan seguros de su sexualidad que habían acabado retozando junto a él entre sus sábanas ¿Por qué ese hombre iba a ser diferente? Tan solo necesitaba esa noche, un poco de sexo, un desahogo que remediara la ansiedad que le había supuesto perder a aquel cliente. 

No solo Geist no reaccionó positivamente a los descarados flirteos de Gô sino que, antes de que el moreno pudiera intuirlo, el puño ajeno colisionó contra su mandíbula, haciéndole caer de espaldas contra el suelo. Un agudo y doloroso pinchazo le atravesó el labio y Gô temió que aquella bestia le hubiera dejado sin alguna pieza dental. Cuando, intentando recuperarse de la impresión, se llevó instintivamente las manos a la mandíbula, le alivió comprobar que todo estaba en su sitio y que tan solo tenía un corte en el labio inferior que, aunque sangrara escandalosamente, era mucho más superficial y leve de lo que parecía a primera vista. 

Gô se incorporó, no sin ayuda de la pared de ladrillo de aquel oscuro callejón. Una vez de pie, escupió la sangre que se colaba entre sus dientes. Ese sabor metálico le resultaba tan conocido que no se dejó intimidar por él. Soportando el dolor del labio, esbozó una irónica sonrisa.
- Nunca me habían rechazado tan efusivamente...- murmuró con sorna, encarando al de tez oscura- Tienes que ser un animal en el sexo.- agregó, lamiéndose el labio.

Su instinto de supervivencia le avisaba casi con carteles lumínicos dentro de su cabeza que no era una buena idea continuar provocando a ese hombre. Él no era como los demás, no era como esos chicos deseosos de descargar adrenalina. Él era Ghost, el fantasma, el rey del boxeo, o al menos lo era. Gô era consciente de que Geist podía aplastarle en tan solo un par de golpes, pero la palabra rendición no formaba parte del vocabulario de Gô, no al menos que sus propias piernas ya no le sostuvieran en pie.

- Lo cierto es que prefiero las peleas de cama, pero tampoco le hago ascos a una buena pelea de verdad.- musitó, esta vez sin aquel deje de coqueteo que había alumbrado antes su voz. Las tornas habían cambiado, Geist había dejado de ser la presa sexual de Gô y había pasado a ser el depredador del que Gô debía defenderse. Pero no hay mejor defensa que un buen ataque, o eso dicen, y por ello Gô dio el siguiente golpe, un golpe que él deseó que fuera tan certero como el de Geist. Deseaba demostrarle a ese animal que podía estar a su altura, que podía defenderse, que un era un maricón débil y sin recursos. No, él había sobrevivido por sí mismo desde hacía años, y se lo iba a demostrar. Se lo iba a demostrar por sí mismo, por sus padres y por todos aquellos que un día le dieron por perdido. Le demostraría que no necesitaba a nadie, que lo único que alimentaba su día a día era la lucha y el sexo. Y que comportarse como una bestia homófoba no iba a convencer a Gô de que cejara en su intento. No, para él ese hecho no era más que un incentivo, una oportunidad que no iba a dejar escapar y de la que disfrutaría al máximo.
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Re: Negocios nocturnos [Priv. Geist] [+18]

Mensaje por Geist el Vie Mar 07, 2014 4:12 pm

Con el primer contacto de sus dedos en la carne del otro Geist se sintió mejor, de un modo irracional. Con el placer salvaje que te ofrece la rabia, el descontrol, tiñendo tu cabeza. Era tan fácil sucumbir... dejar atrás todas sus dudas, aquellas percepciones inquietando su mente, haciendo hormiguear su piel.

Ahora todo era rojo. Fuerza. Dolor.

Un lenguaje primario que entendía con su cuerpo. Sin llegar a pensar. Sin llegar a sentir. Sólo actuando. La vida debía ser siempre así. Sin duda. Sólo instinto. Su aliento ardiendo en los pulmones, su pulso nuevamente intrépido y errático.

Vio al otro hombre caer. La impresión en su rostro. Sus manos, sopesando los daños. La sangre, brotándole en los labios. Sintió su boca seca a cambio. La punta de su lengua más despierta. Las yemas de los dedos apretadas.

Quiso apartar la vista pero no pudo hacerlo. Esa sonrisa irónica capturó su atención, junto a aquellas palabras. Había tirado a ese capullo al suelo con un sólo directo y estaba sonriendo... volviendo a insinuarse. Volviendo a sugerir.

Sintió la nuca fría, un tirón en la polla y los ojos ardientes hirviendo en su mirada, dura, llena de odio, de hambre.

Le observó fijamente, descubriendo ante él que esa mirada azul era también valiente. Temeraria. Leyendo en sus pupilas que no se rendiría incluso antes de percibir que respondería el golpe. Kiran no se apartó. Apretó la mandíbula.

Saboreando su orgullo, todo su entrenamiento, quiso encarar el golpe como "lo hacen los hombres". Con los ojos abiertos. La sonrisa serena. El corazón latiendo. Las dos piernas abiertas, firmes y preparadas. La tensión en su cuerpo, haciéndole de piedra, contrayendo su estómago.

Ansiando el golpe. El dolor y la sangre. La revancha. La ira.

Sin llegar a cubrirse. Sin querer esquivar. Como si fueran dos extraños peleando por su vida, en algún cuadrilátero. Como si fuera un ring y no una ciudad gris, de noche y a escondidas. Como si hubiera honor y no sólo amor propio.

Como si en realidad le hubieran ofendido... y no tuviera miedo. Morbo.

El golpe llegó a él sin hacerse esperar, con más fuerza de la que había creído, con menos de la necesaria para hacerle caer. Su rostro absorbió aquel impacto con un quejido mudo abriéndole los labios, haciendo brotar sangre. Pero no perdió el paso, aferrado a esa lona imaginaria dónde sus pies aún eran raíces.

Sintió cada uno de sus nervios estallar y gemir, reír, llorar, jadear sedientos. Y comprendió con el dolor que el chico le había regalado todo su luto interno. Toda su negación... Sólo por el boxeo. Dejando a un lado el sexo. Como siempre.

Paladeó, despacio, con esa pose digna que hace que no te duelas frente al otro y le sonrió también llevando su pulgar hasta la sangre, enjuagando sus labios lentamente manchándose la yema y la mirada, aún turbia y fija en ese azul.

No contestó el ultraje. No inició un nuevo golpe. Llevó aquella pelea de nuevo a las palabras, tras ese empate brusco, entre sus puños. Pero a pesar de todo, dentro, aún libraba un combate. Y por ahora perdía...

— Para ser un marica pegas bastante fuerte.

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Re: Negocios nocturnos [Priv. Geist] [+18]

Mensaje por Gô Koyama el Vie Mar 07, 2014 6:02 pm

- ¡Mierda!- gimió agarrándose el puño cuando éste impactó contra la mandíbula de Gesit. ¿Acaso ese hombre estaba hecho de piedra bajo aquella piel tostada? Y sin embargo, su adversario continuaba en pie, ante él, con mirada serena y una sonrisa surcando sus labios. Sí, le había partido el labio, tal como había hecho con Gô, pero él había sentido su mano romperse y ni siquiera había logrado tirarle al suelo. Sintió rabia. Pero cuando Geist hizo semejante alegación, Gô no pudo reprimir una sonora carcajada. Así que esas tenían, le había subestimado por completo por ser gay. 

- ¿Es que acaso te piensas que todos los gays somos reinas de la noche o qué?- se burló intentando aguantar la risa que pugnaba por salir- Pues te equivocas, cariño- le contradijo, utilizando para ello el tono más afeminado que fue capaz de imitar. Se acercó de nuevo a él y cogiéndole bruscamente de la camiseta, aún empapada en sudor por la carrera, le atrajo hacia sí- Algunos somos hombres, probablemente mucho más hombres de lo que los heteros homófobos como tú os pensáis.- le empujó, alejándole de él y soltó un quejido por la mano lastimada. Estaba cansado, infinitamente cansado. Lo cual era paradójico porque, en circunstancias normales, la noche acababa de comenzar para él. Pero ese día no había empezado bien y no parecía querer terminar algo mejor.

Se separó del mayor y recostó la espalda sobre el frío ladrillo de los edificios que se extendían hacia el cielo. Esbozó una sonrisa y negó con la cabeza. Había perdido de nuevo, debía admitirlo. Pero la derrota no suponía ningún tipo de frustración para Gô, más bien todo lo contrario. Y desde ese momento había decidido que en algún momento de su vida, se enfrentaría a Geist una vez más y esa vez estaría a su altura. Haría que Geist le viese como a su igual, independientemente de su orientación sexual. Le miró con cierto reparo pero sin duda alguna y le tendió la mano, preguntándose si Geist aceptaría estrecharle la mano a un "marica" como él.

- Mi nombre es Gô.- se presentó- Y recuérdalo bien porque la próxima vez no me tirarás al suelo tan fácilmente.- agregó con una sonrisa arrogante- Te buscaré por los grupos de peleas. Suelo participar en la sede central. Cuando volvamos a enfrentarnos, ten por seguro que no pienso perder. Y me da igual quién seas, Ghost.- Aquello fue una declaración de guerra con y contra Geist. Un reto que se proponía por y para sí mismo, y también para todos aquellos que le habían infravalorado en algún momento de su vida. ¿Qué se sentiría derrotando a un campeón de boxeo? Gô estaba más que dispuesto a averiguarlo, y no tenía duda de que lo conseguiría. 

Pero al igual que desde ese mismo instante había declarado a Geist su adversario, también deseaba saber más de él. Quería saber porqué había abandonado el boxeo, o más bien, por qué le habían expulsado. Porqué razón había terminado en aquellos suburbios en la ciudad más decadente de todo el país. Y sobre todo, qué era lo que, bajo aquella coraza de hierro tan evidente y casi palpable, le atormentaba tan duramente. Quería, no, deseaba conocerle. Por fin encontraba algo interesante en aquel antro de ciudad.
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Re: Negocios nocturnos [Priv. Geist] [+18]

Mensaje por Geist el Dom Mar 09, 2014 5:40 pm

Algo dentro de él creció, complacido, ante el dolor del otro al llegar a su rostro. Los "ajenos", los amateur que juegan a que saben pegar no suelen entender que el daño siempre se propaga, de un cuerpo a otro, de un alma a otra.

Para herir, tienes que estar herido.

Es la primera regla. La primera lección, cuando alguien, siempre mayor que tú, te hace sentir las cuerdas. Te acorrala. Todos los boxeadores deben saber perder. Deben encajar golpes. La victoria es infiel. El saco te lo enseña, mellándote los dedos. Deshojando sueños y nudillos mientras entrenas buscando ser más fuerte.

Sentirte preparado.

Pero al final, la vida siempre te sorprende. En la lona, en la calle, en cualquier callejón. Puede que un día, una noche, tus miedos encarnados te miren a los ojos y susurren "cariño". Y tú, tiembles por dentro, sin importar tu fuerza. Todo tu autocontrol.

Kiran fingió reír y alejó el estremecimiento que el juego en esos labios rotos provocaba en los suyos, sin sangre pero abiertos, como sus emociones. Aún no marcaba el ritmo y la ironía en ese alemán hosco que se obligaba a hablar, pero su mente era la misma. Siempre contratacando.

— Puede que me haya confundido el azul de tus ojos o tu cara de niño.

Apenas pudo añadir más, pues el joven moreno acortó las distancias y la sangre dejó sus pensamientos para ser un latido sordo en sus entrañas. De nuevo miedo. Odio. Ansiedad. La cercanía de ese otro cuerpo quebraba sus sentidos. Sus barreras.

Le arrinconaba, sin rounds, sin guantes, sin minutos. Sin la ilusión de una pausa en la que recapacitar.

Aún así, la fortuna quiso sonreírle y en la distancia pudo recomponerse, alisando los pliegues en su pecho, tratando de calmar esa respiración de nuevo entrecortada. Vulnerable. Miró a los ojos de ese chico y no supo si odiarle o estarle agradecido. Se apoyó en la pared, como él, sin llegar a sentirse a su lado, guardando las distancias, huyendo de los roces.

Si fuera un hombre honesto hubiera suspirado. Sólo guardó silencio, tenso, hasta entrever la mano que el joven le ofrecía. Dudó, escuchándole, y sonrió finalmente algo más distendido. Aquel chico era joven, valiente, y aún creía en el futuro. Le recordó a sí mismo hace tan sólo meses.

Estrechó aquella mano y miró fijamente al moreno, con perspicacia.

— Si de verdad eres tan hombre, tal vez pueda enseñarte a luchar de verdad. Necesito un sparring, estoy desentrenado. Y no me llames Ghost. Ya no. Sólo llámame Kiran.
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Re: Negocios nocturnos [Priv. Geist] [+18]

Mensaje por Gô Koyama el Lun Mar 10, 2014 12:40 am

Debía reconocer que dudaba que Geist accediera a estrecharle la mano a un "maricón" como él. Por lo tanto se sintió complacido al reparar en cómo, de alguna forma, la voz de su acompañante se tornaba más serena y menos forzada que antes. Podía decirse que ambos habían roto el hielo, aunque hubiera sido a base de golpes. 

Gô se incorporó y le miró, alzando una ceja y fingiendo sentirse ofendido.
- ¿Cara de niño? ¿yo?- preguntó empujándole con el dedo índice- ¿Estás de coña? Tengo 24 años y llevo desde los 18 buscándome la vida yo solo.- se defendió. Hacía mucho tiempo que nadie le hacía sentirse como un adolescente. Quiso molestarse, pero en realidad le agradó, aunque nada estuviera más lejos de la verdad. ¿Qué adolescente común llevaría dedicándose al contrabando de estupefacientes desde su mayoría de edad? Sin revelarle aquellos pensamientos ni mucho menos su "oficio", esbozó una tímida sonrisa y apretó la mano que al fin estrechaba la suya.

- ¿Kiran? desde luego muy alemán no suena.- comentó con algo de no malintencionada sorna- Aunque tampoco tienes rasgos de aquí... ¿de dónde eres, Kiran?- preguntó curioso, remarcando el recién descubierto nombre- Pareces... mestizo. Como yo.

Alzó la vista al cielo. A pesar de la oscuridad de la noche, el cielo estaba claramente encapotado. No tardaría en ponerse a llover y, aunque Gô al fin había comenzado a disfrutar de la conversación, sabía que era mejor ponerse a cubierto antes de tener que lamentar una pulmonía.

- Oye... Va a llover ¿por qué no nos resguardamos en algún bar y nos tomamos unas cervezas?- propuso, temiendo llevarse un nuevo golpe en compensación- Prometo no ponerte un dedo encima- se excusó, levantando las manos-, y así me explicas en qué consiste ser un sparring y cómo un bestia como tú podrá enseñar a luchar a un marica como yo.- añadió burlón, guiñándole un ojo- Venga, vamos, conozco un sitio tranquilo no muy lejos de aquí.

Reparó en la duda que albergaban aquellos ojos almendrados, pero Gô había prometido no intentar nada "extraño, y él podía no ser muchas cosas, pero sí era un hombre de palabra. Palmeó el hombro del mayor y avanzó hacia la salida de aquel callejón. Aquella era la prueba final, si Geist... no, Kiran decidía seguirle y accedía a acompañarle, entonces al fin tendría la oportunidad de conocerle. Aunque no tan en profundidad como Gô hubiera deseado, todo hay que decirlo.
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Re: Negocios nocturnos [Priv. Geist] [+18]

Mensaje por Geist el Lun Mar 10, 2014 1:12 pm

Se dijo a sí mismo que fue la pregunta de ese otro la que llevó sus ojos, de nuevo, hacia ese rostro. En realidad sin importar su edad tenía algo juvenil, fresco, con esa suavidad que da la piel tan blanca, los ojos que se rasgan. Azules.

Quiso chasquear la lengua, contrariado, pillándose a sí mismo. Había vuelto a fijarse. Claramente. Sus pupilas clavadas en las otras, sin atreverse a delinear sus facciones. Tratando de no ver. De no estar. Sumido en ese azul para no espiar sus labios. La herida en su sonrisa, abierta, insinuándose. Apartó bruscamente sus ojos, como si se quemara, y encontró el suelo realmente interesante unos segundos.

Las excusas que usas de forma intencionada no funcionan tan bien para ocultar tus propios miedos.

La cercanía del otro, su naturalidad, no ayudaban en nada a recobrar la calma. Kiran rehuía el contacto físico. Peleaba e intercambiaba golpes, entrenaba, pero sólo sus puños rozaban otras pieles... masculinas.

Con las mujeres todo era tan distinto. Fácil. Neutro. Seguro. Pero también más frío, sin garra. Algo dentro de él aún susurraba que esa "paz" no era tal. Era tan sólo hastío. Desinterés. Sin morbo.

¿Pero qué coño pueden saber las voces? ¿Qué coño puede saber el miedo? Sólo susurra, como el viento, sin llegar a ser acto. Amenazando en tus vacíos.

Defendió como pudo aquella compostura forzada y devolvió el saludo estrechando sus palmas. Le sudaban las manos. Hubiera recibido un puñetazo más con tal de asegurarse de que Gô no llegara a notarlo. Desearía hasta rezar, sin saber a qué dios. Con qué palabras. El autoengaño no tiene templos por ahora.

Las palabras del joven le sirvieron de escudo y se enfocó de nuevo en la conversación. Eso sí podía hacerlo. Era como pelear. Una frase. Una contra. Un ritmo, mantenido, como si movieras los pies dentro de la cabeza. Sonrió, aún algo turbado, y asintió. Torpe. Lento. Pero aún así tratando de enfocarse. De fingirse sincero.

— Vaya, y yo que te tomaba por un admirador... Al parecer, conoces sólo el nombre y no toda la historia, ¿no? Soy inglés. ¿Recuerdas la bandera sobre mis pantalones?

Esta vez permitió que su acento británico se adueñara del todo del alemán metálico que hablaba sin soltura. Y sonrió, sabiendo que no había contestado por completo a la pregunta. Los nombres y las pieles eran huellas, en ellos, sin importar dónde nacieran, el idioma en sus labios. Había una larga historia en sus facciones.

Quiso mirar de nuevo. Detenerse en su rostro, buscar más pistas, permitirse la intriga... la atracción. Sólo apretó los puños y asintió, esquivo, como si se zarandeara entre estados de ánimo. Inestable.

Cerveza. Dedos. Bestias y maricas. Alarmas en su mente y su instinto gritando. Si había un momento en el que volver a correr, huyendo hacia la noche, había llegado. Pero los hombres de verdad no dan la vuelta. Los "hombres de verdad" beben cerveza. Ríen... viriles en la barra. Kiran era un cobarde de esos que aceptan retos. De los que nunca admiten que no se han atrevido. De los que nunca se retiran cuando deben hacerlo.

Miró una última vez, fijo, quedo, a modo de advertencia y asintió nuevamente, confirmando.

— Claro, está bien. Te habrá quedado claro que a mí no me interesa.

Si la verdad tuviera sentido del humor habría desfallecido en carcajadas. Aún así, al parecer el karma perdonaba sus faltas una noche y pronunciar mentiras no hacía que el propio mundo se quebrara, entre risas. La ironía era interior. Negada, muy adentro.

Le siguió, masticando sus dudas en silencio, con los nudillos blancos y esa sonrisa opaca que es capaz de esconder el miedo, la derrota, todo lo que no quieres que te venza.

— Diría que en realidad no sabes nada de boxeo, ¿eh, Gô? Pero no es un problema. Los sparring son "esos" que se llevan los golpes. Los que te hacen de espejo.

Su sonrisa creció, mezclada con orgullo.

— Puede que con equipo hasta un "marica" como tú aguante los directos de una "bestia" sin acabar besando el suelo. Pero nunca se sabe.
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Re: Negocios nocturnos [Priv. Geist] [+18]

Mensaje por Gô Koyama el Lun Mar 10, 2014 3:45 pm

Si Gô podía ser arrogante, ese hombre, Kiran, parecía superarle con creces. Si se hubiera tratado de otra persona, no se habría librado de un buen derechazo, pero teniendo en cuenta que Kiran podía hacerle papilla en tan solo un par de movimientos, Gô sabía que no era prudente hacerle enfadar. 

- ¿Te han dicho alguna vez que eres un soberano capullo?- le preguntó esbozando una sonrisa irónica que ocultaba su evidente molestia. Odiaba que le subestimaran y Kiran lo estaba haciendo- No, no tengo ni idea de boxeo, pero me pregunto qué tal usas tú las piernas.- agregó a la defensiva. Gô no era precisamente bajo, y aun así la diferencia de altura entre ambos era más que evidente. Caminaron juntos hasta el bar que el moreno había mencionado y, cuando entraron, un chico de apenas dieciocho años se lanzó a los brazos de Gô.

-¡Gô! ¿por qué no has venido en tanto tiempo?- le recriminó el chico, haciendo un adorable mohín. Era rubio, de pelo lacio hasta los hombros, de complexión delgada y algo más bajo que Gô. Aunque Gô trató de desembarazarse de él, el joven se había enganchado a su cuello cual chimpancé. El moreno rió y, rindiéndose, rodeó la cintura del chico. Le besó suavemente en los labios y le revolvió el pelo.

- Mark, no seas niño.- le reprochó con una sonrisa consiguiendo desatar el nudo que parecía que habían formado los brazos del otro- He tenido trabajo, ya lo sabes. Pero te prometo que algún día te invitaré a salir.

La promesa de Gô pareció ser suficiente para convencer al niño, que finalmente se soltó de él, reparando al fin en la imponente figura de Kiran.
- ¿Y éste quién es?- preguntó Mark, mirándole de arriba a abajo- ¿Ya me has sustituido?

- No seas tonto, él es solo un conocido. Ni siquiera es gay. Aunque...- se acercó a Mark y le susurró al oído.- no te negaré que si lo fuera, le daría un buen repaso.- Mark le miró indignado y tras darle un bofetón y soltarle una sarta de improperios, se marchó, dándoles la espalda- Venga, Mark ¡No te enfades!- exclamó Gô. Pero el chico le ignoró por completo y el moreno soltó una carcajada- ¿Vamos?- le instó a Kiran. Gô hubiera dado lo que fuese por saber cómo se había sentido el albino al presenciar semejante escena homosexual. Gô se acercó a la barra, saludó al barman y pidió dos cervezas.
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Re: Negocios nocturnos [Priv. Geist] [+18]

Mensaje por Geist el Lun Mar 10, 2014 5:36 pm

Kiran rió viendo en la sonrisa ajena la misma incomodidad que ocultaba la suya, congelada. Esas barreras blancas que usamos con la boca, dejando a un lado nuestras emociones, nuestros pensamientos, siendo sólo fachada.

Una ráfaga breve atravesó su mente haciendo una pregunta muda. Interior. De esas que no respondes y dejas que se vayan... Como pájaros. ¿Alguna vez dejaría atrás las máscaras? ¿Alguien mostraba en realidad su verdadera faz? A veces uno crece y las mentiras crecen junto a él. Como un disfraz, una corbata, un perfume diario. Civismo... necesario.

Las sombras en sus ojos no llegaron a oscurecer del todo su mirada, iluminada por el humor del otro, esa puya constante viajando de uno a otro. Como los besos, posándose en los labios sólo necesario para volver a alzar el vuelo, de boca en boca. Puñaladas que se pronuncian sin dejar de sonreír. Mariposas, nocturnas.

Y sin embargo no llegó a contestar al ver su "charla" interrumpida por apenas un niño con edad suficiente para asumir sus miedos, para abrazar a un hombre, para echarlo de menos, para haberlo deseado.

Algo duro, afilado y doloroso murió dentro de su garganta, secándole la boca y el cerebro, congelado en el tiempo. Volvió a sentir el odio, la vergüenza y el frío, ese latido errático, el peso del invierno, todas sus soledades... y la falta de guantes. De adversarios... en una pelea eterna, sin testigos.

Fue sólo un roce, una caricia de dos rostros. Un mero instante. Suficiente para sugerir intimidad. Y pieles. Suficiente para poder imaginar. Para evocar sus cuerpos, enredados. El hielo en su garganta se abrió paso quemándole, llegando a sus entrañas.

De repente el espacio se volvió más pequeño. Y él, demasiado grande. Torpe. Viejo. Un ermitaño errante, perdido en una isla. En un desierto. Con esa sed perpetua. La arena entre los dedos... siempre manos vacías. Ásperas. Deshojadas. Primaveras que nunca han florecido y sólo son Otoño en la memoria.

Se sintió tan cansado. Y tan dolido. No llegó a sentir celos. Era sólo certeza. Otros, en otras vidas, podían acariciar. Podían sentirse vivos... podían no sentir odio. Titubeó, turbado, sin saber qué responder al chico. ¿Quién era él? Sólo un fantasma. Lo que había sido siempre... dentro del cuadrilátero. Y ahora, hasta en los callejones.

El bofetón quiso ser despedida y Kiran uso el shock para salir del trance. Aquel adolescente había marcado en rojos el rostro del moreno. Las mejillas de Kiran también enrojecieron. No era un buen mentiroso... No al menos sin palabras.

Azorado, aturdido, continuó junto a Gô hasta llegar al barman. Su semblante, severo, tiñó también su frase a modo de respuesta. Aquella escena parecía un derechazo en medio de su estómago. Y Gô tenía razón, Kiran era un capullo. Siempre contratacaba.

— Diría que tus "amigos" no están muy satisfechos... Y yo seré un capullo, pero marica o no, tú pareces promiscuo.
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Re: Negocios nocturnos [Priv. Geist] [+18]

Mensaje por Gô Koyama el Lun Mar 10, 2014 9:23 pm

Su ataque le pilló por sorpresa. Creía que ya habían pactado una tregua, pero Kiran aún parecía tener ganas de continuar ese tira y afloja que parecía haber sentenciado su relación desde el primer momento. Frunciendo el ceño y agarrando con fuerza la botella que el barman acababa de servirle, le espetó:

- ¿Y tú qué eres? ¿Un reprimido sexual o algo así? No creo que tengas derecho a juzgarme.

Gô no entendía por qué aquel reproche le había molestado tanto. Al fin y al cabo Geist no se alejaba demasiado de la verdad. Era promiscuo, todo aquel que le conociera lo sabía, incluso el chico que antes le había abofeteado sabía de sus otras relaciones. Relaciones que siempre se basaban en el sexo, en el deseo carnal, en la necesidad de liberación, de alcanzar ese clímax que para Gô suponía, no solo un desahogo, sino llegar prácticamente al mismísimo nirvana. Sí, amaba el sexo ¿acaso era algo tan grave?

- Sí, puedo ser promiscuo, pero te aseguro que, durante el sexo, trato a mis parejas igual que si fueran el amor de mi vida.- bromeó, esbozando una sonrisa con el objetivo de distender la tensión que acababa de instaurarse entre ambos. Clavó la mirada en la botella, mientras se entretenía en despegar la pegatina que rezaba la marca- Aún no me has dicho por qué dejaste el b...

- ¡Gô!- volvió a verse interrumpido. El mencionado maldijo por lo bajo. Por regla general aquel bar estaba prácticamente vacío hasta la una de la madrugada ¿Es que hoy parecía haberse puesto todo el mundo de acuerdo para molestarle?. Se giró con cara de pocos amigos pero relajó la expresión al ver de quién se trataba,

- Hola, Ian.- el recién llegado le palmeó el hombro.

- Guau, menudo bombón has traído esta noche ¿es tu nuevo novio?- bromeó. Gô devoró a Ian con la mirada. Era un chico poco mayor que él pero apenas aparentaba los veinte. Vestía con pantalones ceñidos y camisetas cortas que dejaban al descubierto su ombligo y aquel piercing que lo adornaba. Y es que los piercings, como símbolo de rebeldía, siempre habían ejercido una irreparable atracción en Gô.

- No, no es mi novio.- corrigió.

- Pues podrías presentármelo...- contestó Ian con voz juguetona. Se acercó a Kiran y le rodeó el cuello- ¿Has visto estos brazos?- Gô, entreviendo el peligro que la excesiva confianza de Ian podía suponer, le enganchó del pantalón y le atrajo hacia sí, alejándole de Kiran.

- Más te vale mantener las distancias si no quieres recibir un mordisco.- se burló el moreno. Ian alzó la ceja, esbozando una sonrisa traviesa.

- ¿Vas a pegarme por defender a tu ligue?

- Yo no, pero él sí.- contestó Gô, señalando a Kiran con la cabeza- Venga, si te portas bien te doy un regalito.- Gô reparó en que los ojos de Ian se iluminaron. El chico sabía perfectamente a lo que se refería.

- Eres el mejor.- esas fueron las últimas palabras de Ian antes de abalanzarse sobre los labios de Gô, fundiéndose en un beso profundo y pasional, casi rozando el erotismo en estado puro. Gô masajeó su trasero, clavando la vista en los ojos de Kiran mientras devoraba los labios de Ian. Sin perder contacto visual, introdujo una pequeña bolsita en el pantalón trasero de Ian. Esa bolsita contenía dos gramos de cocaína. El beso se rompió e Ian le guiñó el ojo a Geist- Gracias~- dijo cantarín, antes de alejarse de ambos.

- Perdona, este bar suele estar vacío hasta altas horas de la mañana. No sé qué demonios pasa hoy...- se disculpó- Bueno, te estaba preguntando la razón de que dejaras el boxeo. ¿Por qué? Justo cuando estabas en lo más alto, en la cima de la fama. Eras un campeón. ¿Qué te obligó a abandonar tu sueño?
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Re: Negocios nocturnos [Priv. Geist] [+18]

Mensaje por Geist el Mar Mar 11, 2014 4:27 pm

Cuando te ganas la vida golpeando es fácil aprender qué son los golpes bajos. Parte de una pelea consiste sólo en saber defenderte, en aprender el "tempo", en mover bien los pies, en mantenerte frío. Pero aún así, puede volverse sucio.

Buscas hacer más daño. Quebrar realmente al otro. Que sufra. Que se rinda. Vencer realmente a alguien es haberlo humillado. Someter. Dominar. Poseer. Si no has sentido éso, al menos una vez, no puedes vestir guantes. No serás un guerrero.

Los hombres buenos, mansos, nunca han sido leones. Nunca saben rugir. Tampoco dejan marcas. Son lluvia, nunca acero. Agua y no quemaduras. Pero la pasión muerde. La pasión siempre quema. Y siempre te consume.

No hay hogueras sin leña.

Por éso no llegó a sorprenderle que el moreno, con esos ojos líquidos, también jugara fuerte devolviendo "los golpes", incluso los verbales. Cuando alguien te derriba volver a levantarte suele ser sólo casta. Esa garra interior. Sólo puro carácter.

Kiran no sonrió, pero reconoció los signos. El duelo continuaba. Y sería doloroso. Mucho más que la sangre que había brotado ya, en los labios de ambos. Apretó la mandíbula, de nuevo casi al borde, a sólo insinuaciones de perder los estribos.

¿Qué era él?

La respuesta vibraba, hecha de espinas, arañando su piel y su cerebro. Como un enredadera que se pierde, hasta dentro, retorcida, afilada. Llegando justo al centro... allí dónde se guardan los secretos. En ese laberinto dónde todo es no soy, no quiero ser, he sido.

Quiso volver a herirle. Destrozar su sonrisa. Tal vez esa ironía. Verle llorar o verle arrodillado. Poder cerrar su boca e invocar el silencio. Le temblaron las manos. Volvió a sentir calor, y a la vez frío. Esa alarma que fluye siempre antes del terror. De todos los errores.

Apagó su respuesta sintiéndose incapaz de contestar con algo más que puños y gruñidos y aguardó, silencioso, esperando más frases. Escondiendo su rabia en su mutismo, deseando sembrar réplicas... sólo con sus nudillos.

Pero Gô habló de amor. Y aquella furia espesa se volvió irreverente. Amor. Amor y sexo. Como ocurre en los cuentos. En todas las películas. Como si fuera cierto. Toda su frustración se diluyó en cinismo, arrugando sus labios... lejos de una sonrisa. Muy cerca del sarcasmo.

Tomó también el botellín y se mojó los labios. La espuma amarga le recordó al acento de todas esas voces, hablando en ese idioma, siempre hosco.

— ¿Amor? ¿El amor de tu vida? Tal vez te han dado demasiados golpes. El amor es sólo una mentira, incluso para heteros. ¿Los que son como tú también buscan excusas? Pensaba que al ser hombres el sexo sería sexo.

La nueva interrupción no llegó a molestarle. La tertulia era intensa, agradecía las pausas. O al menos eso hacía hasta ver bien al chico... sus ropas, sus modales. Geist no pudo evitarlo dejando ir su mirada sin encontrar remansos. Le recorrió, despacio, sin llegar a pensar o a tener miedo, actuando por inercia, sorprendido y con la guardia baja. Sus caderas, desnudas, y el brillo de su ombligo eran un buen reclamo. También su ropa estrecha. Y su tono de voz.

Sintió los dedos laxos, la boca más sedienta, las mejillas más rojas... y el roce de otra piel, sobre todas sus dudas. Sus pupilas llamearon. El miedo seguía ahí. También la indignación. La incertidumbre. El morbo...

No hay nada que desees más que lo que te prohíbes. Siempre sucede así.

Kiran no reaccionó. Gô actuó mucho más rápido, apartando el peligro. O al menos, desviándolo. Unas simples palabras, un placebo distinto, y de nuevo un incendio. Un nuevo beso... esta vez más profundo. Mucho menos inocuo.

Geist sólo veía labios, pero evocó sus lenguas, sus salivas. El sabor de sus bocas y sus respiraciones... Incluso, algún sonido, húmedo, correoso. El roce de dos sierpes, mojadas, sugerentes. Las pupilas de Kiran traicionaban su pose. Había más que desprecio... Mucho más que aversión. Había algo genuino, envenenado, roto... Claramente violento, al rojo, enfebrecido.

Rompió a sudar conteniendo el aliento. Como si respirar avivara las ascuas. Ese ardor interior, naciendo entre sus ingles. Como si la mirada azul que buscaba la suya fuera algo más que un reto, un desafío, hechizando su cuerpo. Sus sentidos.

Tragó saliva, aún mudo, y no atinó a beber... con la botella a un palmo de la boca y una sed sofocante. Insofocable. Pareció sostenido. Un fotograma errado. Una foto robada. Maniquí congelado, simple estatua de arena, dorada por el sol.

Sus ojos sí viajaron, reptando como insectos, hirientes, corrosivos. Acunando ese gesto, las nalgas masajeadas que imaginó desnudas, vírgenes, inflamando su sexo. Un paso en falso. El abismo en su vientre invitándole a errar, a dejarse mecer, perdido en sugestiones.

Vio también esa nieve. Ese regalo insano, guardado en su bolsillo. Pero ese blanco, helado, no llegó a sosegarle. Ni siquiera el desprecio que sentía hacia las drogas era mayor que el rechazo, exabrupto, que sentía hacia sí mismo.

Sudor acumulado goteando por su frente. Su equilibrio perdido, su calma a la deriva. Todo su ser tratando de apartarse y amarrarse a la barra. Como si fuera un náufrago. Un enfermo. Un mendigo.

Dejó sobre la barra su cerveza como si fuera ella la culpable. La causa. Esa excusa perfecta. Y se secó el sudor con una mano tibia, aún temblorosa y torpe. Gô continuaba hablando. El tiempo transcurría. Y él, herido en su esquina, aguantó ese castigo sin tirar la toalla.

— Sólo tuve un mal día...

Sangre. Sangre sobre la lona. Flashes. Gritos. Silencio.

— Y el tipo no aguantó. Dejó de respirar. Tal vez alguien le diera uno de tus "regalos" y no fueron mis puños... Pero me echaron. Para siempre.

El rencor en sus labios pareció ir extendiéndose, anegándolo todo. Sí. Era más fácil culpar a otros. No pensar en porqués. No buscar una causa. El tipo murió y punto. Él lo había golpeado... pero era un boxeador. Ese era su trabajo.

¿Qué importaban sus frases? ¿Lo que había insinuado? Lo pegó, simplemente. Y el tipo no aguantó. Puto débil. Marica.
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Re: Negocios nocturnos [Priv. Geist] [+18]

Mensaje por Gô Koyama el Mar Mar 11, 2014 5:09 pm

La respuesta de Geist fue escueta, escueta y venenosa. Con sus palabras, Gô se supo descubierto. Le había visto introducir la droga en el bolsillo de Ian y, por lo que dijo después, Kiran no parecía aprobar su oficio. No obstante, una cosa era aquello y otra cosa es que desechara la culpa que le correspondía, arrojándola sobre otro.

- Claro, es más fácil culpar a otro que asumir las consecuencias de tus actos ¿verdad?- espetó Gô, visiblemente ofendido- ¿Te sorprende que me dedique a esto? Por suerte o por desgracia, en estos suburbios, o te dedicas a vender droga o a ofrecer tu propio culo. Hasta tú elegirías la droga.- agregó, terminando de un solo trago su cerveza. Con un movimiento de mano, atrajo al camarero y pidió dos cervezas más, una de ellas para Geist.

El silencio invadió el espacio que les separaba, incómodo y amargo como la propia bebida. Gô se mordió el labio, pensativo, rememorando las palabras de Geist. Así que había matado a golpes a ese adversario... y por consecuencia le habían obligado a abandonar el boxeo. Aun así ¿había asesinado a alguien y se creía con derecho de reprocharle nada?

- ¿Debería tener miedo de que me mataras a mí también? ¿Para eso quieres a un marica como sparring?- dijo con sorna- Eres un jodido hipócrita. Al menos yo no me escondo. La gente que me conoce sabe lo que puede esperar de mí.- atacó- ¿Estás seguro de que no quieres probar un poco? Al fin y al cabo, como tú mismo dijiste, ya no eres Ghost, no tienes de qué abstenerte.- añadió, haciendo rodar entre sus dedos una bola compacta de marihuana- Yo también consumo, pero solo drogas blandas. No tengo pensado quedarme sin tabique nasal en unos años.- tras sus palabras, sacó del bolsillo interior de su chaqueta un paquetito del que extrajo un papel y un filtro, y tras liarse aquel porro, lo encendió y tomó la primera bocanada, sintiendo que el humo atravesaba sus pulmones, abrasándolos, permitiendo que su cabeza se desvaneciese durante unos segundos, expulsando el humo restante muy lentamente por la boca.

Gô, sabes que no me gusta que fumes aquí dentro.- le reprendió el barman. Gô tan solo respondió con una sonrisa e ignoró la advertencia del camarero. Adoraba el olor de la maría. No había mejor éxtasis que el orgasmo de un buen polvo envuelto en el humo de un par de porros de marihuana. Sorbió un buen trago de su cerveza y volvió a darle otra calada al porro, tras lo cual se lo ofreció a Geist. Sabía de antemano que éste lo rechazaría, pero había algo en aquel hombre que lo invitaba a provocarle, a jugarse un buen derechazo a cambio de verle sudar, como había pasado hacía unos minutos. ¿Qué habría sentido un hetero homófobo como él al ver a dos hombres besándose de aquella forma? Probablemente se habría sentido incómodo, asqueado, al igual que se sentiría Gô al ver a dos mujeres hacer lo propio. 

- ¿Sabes? pensé que me dirías que te doy asco y huirías de aquí después de tumbarme de un puñetazo.- confesó con una sonrisa irónica- Me has sorprendido. Quizá no te desagrada tanto como quieres hacerme creer.- bromeó cogiendo su botella y chocándola contra la que Geist sostenía con firmeza frente a él- ¿No te animas a probar? 
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Re: Negocios nocturnos [Priv. Geist] [+18]

Mensaje por Geist el Mar Mar 11, 2014 7:45 pm

Kiran miró de reojo al otro hombre, aún incómodo y tenso, sintiendo sus propios secretos hirviendo en su mirada, más oscura y profunda, más huidiza. Terminó contemplando las propias yemas de sus dedos, como si tras la piel pudiera ver la culpa. Pero aún así, más que culpable, Geist se sentía rabioso. E impotente.

Como si su destino lo hubieran decidido unas manos distintas. La voz de un hombre muerto. El juicio de unos jueces. Qué fácil es juzgar. Kiran sonrió de nuevo, escuchando a ese chico, sintiéndose juzgado. Todos trazamos líneas. Morales blancas. Negras. Siempre a un lado o al otro.

Kiran no era distinto. Nunca había habido grises. Tampoco en sus deseos, negados o admitidos. Nunca hubo medias tintas.

Enlazó entre sus dedos el cuello anaranjado de esa botella, apenas empezada, y escuchó aquella réplica sintiendo ese afán sádico de nuevo entre sus labios, mordiéndole la lengua, sacando los colmillos.

— Creo que elegiste mal. Por lo que he visto ya serías un hombre rico.

Obvió toda mención a esa última pelea, como un tema zanjado. Kiran era de esos que prefería el silencio. Sobre todo, si la otra alternativa era admitir su error. O revelar secretos. Misterios y promesas que guardas, sin testigos.

El diálogo entre ambos parecía sólo un juego de recriminaciones. Las puyas iban desde una boca a otra marcando puntos, tantos, y no había ganador. Aún no. Por el momento. Pero eran adversarios, declarados o no. Nunca serían dos tipos conversando en la barra. Nunca serían amigos. Kiran no estaría "a salvo", o "cómodo" en el mundo de Gô. Seguiría estando tenso, siempre a la defensiva, con los ojos en llamas, con el miedo en el pecho y la entrepierna inquieta.

— ¿Siempre invitas a otra a jodidos hipócritas? ¿O sólo lo soportas si además son tu tipo? Pensé que te iban más afeminados.

Kiran bebió otro trago, acostumbrándose muy lentamente a ese sabor extraño y seco. Las burbujas jugaron en su boca, breves, hasta ser sólo un eco amargo. Efímero. Aún no entendía la magia en la cerveza. Tal vez nunca lo hiciera. O no hubiera bebido suficientes.

Pero de todos modos, a pesar de su orgullo, Geist era muy consciente de no saber beber. Y otras bebidas, fuertes, quedaban descartadas. Sobre todo en un bar dónde los hombres besan, la droga habita los bolsillos y las insinuaciones reinan a pesar de no haber llegado ya la madrugada.

Ignoró por la misma razón el cigarrillo y la maría. Puede que fuera un prepotente, pero aún era un cobarde. Si quería demostrarse algo a sí mismo, seguir fingiendo, necesitaba seguir sobrio. Los nervios y el deseo ya nublaban su mente la dosis suficiente.

Miró hacia al barman consciente del nombre pronunciado. Al parecer en aquel antro todos conocían bien a Gô. ¿Serían todos maricas? Su mirada viajó, de rostro en rostro, de cuerpo en cuerpo, ansiando a adivinar. Buscando rasgos. Pistas. Huellas.

Detalles en los otros... que borrar, en sí mismo.

—¿Estás acostumbrado a que digan que sí y aún no puedes creértelo? ¿Por éso insistes tanto? Pensé haber sido claro. Yo no soy como tú y a mí no me interesas. No vuelvas a tocarme. Pero por mí puedes follarte a cualquier niño, en cualquier callejón. No es mi puto problema. Y me importa una mierda. ¿Entiendes? Vuelve a tratar de insinuarte conmigo y puede que termines en el suelo, tal y como esperabas.

Sería mejor así. Más fácil. Y mucho más seguro. Manteniendo distancias. Dejando claro límites. Y sin ponerle a prueba.
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Re: Negocios nocturnos [Priv. Geist] [+18]

Mensaje por Gô Koyama el Mar Mar 11, 2014 10:36 pm

Uno tras otro, placajes directos a su persona, a su orgullo. Aquella amenaza le supo amarga y sintió cómo se incendiaba por dentro. ¿Es que acaso ese gilipollas no sabía distinguir una puta broma? Se maldijo a sí mismo y lamentó haberle invitado a beber. Enfadado como hacía tiempo no recordaba estar, se giró hacia Geist y pateó el taburete donde éste estaba sentado. Kiran cayó al suelo con un golpe sordo y las conversaciones se acallaron de golpe. Entonces Gô se levantó y se arrodilló junto a Geist. agarrándole con rabia de la solapa de la camiseta.

- Tú podrás dejarme medio muerto de una paliza pero ten por seguro que tú también te llevarías tu parte. Estoy harto de tu arrogancia. Si tanto te molesta perder tu tiempo entre maricones, no sé por qué cojones has accedido a venir.- le soltó con violencia y se levantó, metiendo la mano en el bolsillo y sacando un par de billetes que arrojó sobre la barra- Toma, Steve, por las cervezas y por el espectáculo.- musitó antes de dirigirse hacia la puerta.

Mark corrió hacia Gô, intentando detenerle, pero solo se llevó un empujón por parte del moreno. Pocas veces había perdido la compostura de esa forma, pero cuando alguien lograba cabrearle, Gô se comportaba como una auténtica bestia. Salió de bar hecho un basilisco y pateó los primeros cubos de basura que encontró nada más salir.

- Será capullo ¿Quién coño se cree que es?- vociferó, llamando la atención de todos los transeúntes- Oh, claro, es el "campeón" de boxeo, por supuesto, y eso le da derecho a pisotear a los demás.- seguía despotricando. Una vez le había propinado varias patadas a las farolas y paredes de su alrededor, se sintió más sosegado y se apoyó junto a la puerta del local, preparándose otro porro. Desgraciadamente había olvidado el otro dentro, pero no tenía ninguna intención de volver a entrar y toparse con ese gilipollas.

Aunque debía admitir que podía atribuirse gran parte de la culpa. ¿Quién le mandaría a él invitar a beber al primer capullo que se topara por la calle solo porque tenía un cuerpo de infarto? Se llevó los dedos al labio inferior, el labio que Geist había partido de un puñetazo hacía un rato en aquel oscuro callejón. Desde el primer momento sabía que Kiran y él tenían personalidades totalmente opuestas, que Kiran era hetero y que, por si fuera poco, parecía homófobo. Sabía dónde se metía, le quedó más que claro cuando saboreó la sangre en su boca. Pero aún así la cabezonería le precedía y sencillamente no pudo evitar seguir sus malditos impulsos, esos impulsos que ya le habían metido en problemas en más de una ocasión y que nuevamente volvía a hacerlo. Aquella noche había comenzado mal pero parecía haberse enderezado un poco al conocer a Geist. Sin embargo había vuelto a caer en picado en los últimos minutos.

- Jodido cabrón...- murmuró en voz baja, sentándose en cuclillas. Necesitaba follar y olvidar lo sucedido.
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Re: Negocios nocturnos [Priv. Geist] [+18]

Mensaje por Geist el Miér Mar 12, 2014 8:15 pm

Para alguien como Kiran hacer el ridículo nunca entraba en sus planes. Él era un campeón. Nunca le habían humillado. Había dedicado cada día de su vida, su completa existencia, a "dar la talla" entre las cuerdas.

Y ahora, un marica imberbe le montaba una escena en un maldito bar lleno de otros julais, frente a ese camarero, hablando en ese puto idioma rudo y descordinado. En un jodido antro de una ciudad sin nombre, perdido en Alemania. Como un mamón cualquiera. Un puto perdedor.

Le hirvió la sangre, sin preámbulos. No necesitó más. Aquello era la chispa, su mente era la pólvora. Pero no le dio tiempo a disfrutar del estallido. La sangre aún bombeaba llegando hasta sus puños, hinchando sus pulmones, la vena de su frente, cuando ese puto crío huyó como una niña.

Eso es lo que había hecho.

Mucha virilidad al dar esa patada. Mucho puto teatro al agarrar solapas. Pero ahora estaba huyendo, con escena incluída, como una puta diva de opereta que abandona el escenario sin dar ningún pie a réplicas.

Y una mierda, nenaza.

Geist se puso en pie bruscamente, como si cada movimiento fuera sólo vapor, parte de un engranaje. Maquinaria pesada que comienza a moverse, pieza a pieza, dispuesta a machacar. A fundir hierro. A sentir el calor, el carbón y las llamas.

Ni siquiera veía. No siguió a Gô con la mirada, demasiado extasiado en la catarsis roja que inundaba sus ojos, su cerebro. Como si sólo con pisar aquella tierra su sangre exótica se volviera vikinga, y él, un jodido loco. Sólo un puto berseker.

Encaró al camarero y tomó la cerveza, apurándola en seco. Ahora sí tenía sed. El ardor le abrasaba, devoraba su vientre, despertaba sus dedos, sus sentidos. Se dejaba llevar, sin trabas y sin miedos. La furia era sencilla. Cálida y conocida, como un hogar perpetuo.

Un jodido refugio dónde poder volver. Dónde poder sumirse. Dejarse ir por completo.

Sin más, dejando ir la botella entre sus dedos, abandonó el local sin reparar en Mark, ni en otros. Con un sólo objetivo. Encontrar a ese chico, y esos ojos azules. Hasta hacerlos morados. El destino, por suerte o por desgracia, quiso que no tardara mucho en dar con él, acuclillado fuera.

— Levántate.

Ni siquiera esperó por la reacción del otro. Su ritmo, acelerado y latiendo a doscientos, iba a bastarles a ambos. Esta vez fue él quien acortó violentamente las distancias y alzó impulsivamente a Gô hasta ponerlo en pie, quisiera o no, acorralándole contra la pared forzando su postura con su cuerpo, su altura y toda su vehemencia.

Podía sentir su aliento sobre el rostro de Gô y el olor a cerveza. La ira, fluyendo, y toda la energía. La cercanía del otro, el calor que emanaba a su vez. Ese preludio tenso que inicia las peleas. Estaban sentenciados.

Febril, sin redención, no le bastó con éso y empujó más a Gô, anudando sus dedos en su cuello hasta girarle el rostro y susurrar con todo su desprecio en el oído del otro, sin permitir que se soltase, imponiéndose a él. Más fuerte, más alto, más salvaje.

— ¿Querías una paliza, nena? ¿Esto estabas buscando? ¿Que un hombre como yo te pusiera en tu sitio? Mírate, maricón. Incluso esperas fuera. ¿Además de un puto desviado eres también masoca? ¿Qué quieres que te rompa? ¿Qué me ofreces primero?

Endureció el agarre hasta sentir marcadas las huellas de sus dedos, vistiendo en rojos esa piel pálida, joven. Y suave. Y sólo percibirlo le encabronó hasta el límite, rasgándole la voz al apoyar su frente sobre la nuca ajena susurrando de nuevo.

— ¿Voy a verte llorar? ¿Vas a pedir perdón? ¿O tal vez pidas más? Nunca se sabe con vosotros... Diría que todos deseáis que os den muy fuerte...




Última edición por Geist el Jue Mar 13, 2014 9:45 pm, editado 1 vez
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Re: Negocios nocturnos [Priv. Geist] [+18]

Mensaje por Gô Koyama el Jue Mar 13, 2014 12:25 am

Debió haberlo supuesto, debió saber que aquella soledad que había logrado sosegarle no duraría mucho, que huiría y se evaporaría con la llegada de Geist. Apenas le dio tiempo a reaccionar antes de verse acorralado contra la pared de ladrillo. Miró fijamente a los ojos a aquel malnacido y sonrió, a sabiendas de que su reacción arrogante tan solo cabrearía más a Geist. Sí, quizá tuviera razón y fuera, en cierto modo, masoca. No es que disfrutara con el dolor como tal, pero sí adoraba sentir la adrenalina recorriendo sus venas, saltando de célula a célula, disparando sus sentidos y erizándole cada centímetro de su cuerpo. 

Su ira permanecía intacta, pero la excitación del peligro enmascaraba ese cabreo y sólo cuando sintió los fuertes dedos de Kiran rodeando su cuello, su sonrisa se acortó. Su tráquea, oprimida, apenas tenía espacio para dejar pasar el oxígeno, y pronto el rostro de Gô comenzó a enrojecer. Cuando Geist, violentamente, le giró contra la pared, el frío de los ladrillos le refrescó las mejillas, que ardían de anticipación. Solo el calor de la frente de Geist contra su nuca era superior al de su propio rostro. Sentía cómo su cuerpo era presionado por el de Geist y, a pesar de llevar una clara desventaja contra él, aún así la idea de provocarle era irresistiblemente tentadora.

Sí, sigue, pégame...- musitó entre jadeos debido a la falta de aire- Si continuas tan cerca de mí acabarás consiguiendo ponérmela dura.- agregó, sonriendo con altanería- Suelo ser activo... pero si quieres follarme, no voy a decir que no...

De no haber estado pegado a la pared, habría dado millones por ver la expresión de Geist en ese instante. Qué bien sentaba torturarle. Kiran le estaba reduciendo físicamente, pero Gô era consciente de que él estaba poniendo a prueba al mayor.

- ¿Sabes lo que...he pensado siempre...?- murmuró- Que los homófobos... sois maricones reprimidos... incapaces de aceptar lo que sois... Os importa demasiado el qué dirán... En vez de disfrutar del sexo de verdad... preferís follar coños que jamás llegarán a satisfaceros con tal de creeros más hombres...- forcejeó, haciendo un vano intento por soltarse, pero solo logró que Geist intensificara el agarre- Me dais asco... pero no te imaginas cómo disfruto corromperos... Romperos los esquemas, haceros gemir mientras os la chupo...- en ese instante, aunque apenas podía moverse, usó el poco margen de movimiento que le restaba para presionar la entrepierna de Geist con su trasero. Si tenía que morir aquel día, que al menos fuese disfrutando.

Pero Gô conocía sus límites, y aunque el agarre de Kiran no le impedía respirar por completo, la falta de oxígeno continuo empezaba a hacer su efecto. Sintió mareo, náuseas y las piernas comenzaron a flojearle. Si continuaba así, perdería la consciencia, y no dudaba que Geist le dejaría tirado en aquel lugar. 

- Me... ahogas...- jadeó. No, no le estaba suplicando, solo le estaba informando. Si quería matarle, que lo hiciera ya.
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Re: Negocios nocturnos [Priv. Geist] [+18]

Mensaje por Geist el Jue Mar 13, 2014 6:24 pm

Kiran vio esa sonrisa y fue una puñalada. Lo supo, entonces. Claramente. Aunque le sometiera el otro "iría ganando". Tenía lo que quería. Le tenía a él, justo ahí, en el lugar exacto en el que deseaba. No se trataba de su fuerza o su cuerpo, acorralándole. No eran sus músculos, marcados y tensos, presionándole. Era su pensamiento.

Aunque él fuera más fuerte, aunque le hiciera daño, el otro "ganaría". Porque lo que buscaba era precisamente esa reacción. La cobardía hecha furia. El miedo, físico. Sintió todo su arrojo arrebatándose en silencio, gritando no, tratando de oponerse. Ese hijo de puta no le tendría tan fácilmente.

Él no le conocía. No estaba a su merced. Aún no le había calado.

Seguía siendo un fantasma. Un jodido secreto. Una bomba, que avanza, con un contador mudo y silencioso. Ni tan siquiera él mismo había llegado a conocerse. Era sólo un extraño. Un hombre dividido.

Y ahora, debía ser "ese otro". El yo interior negado, siempre en segundo plano, amordazado, herido. El hombre reprimido que nunca pudo ser, encadenado por su propia moral. Sus restricciones.

Ganar esta pelea era asumir un cambio. Era humillar al otro, y no ser humillado. Debía sentir el miedo, cabalgarlo, asomarse a ese abismo y descubrir lo profundo que era. Lo que había al otro lado. En los espejos.

Sonrió también, presa de esa esa locura aún incipiente. La dualidad dormida que ahora tomaba el mando. A sangre y fuego. A dentelladas. Tras tantos años en su jaula la libertad era sólo frenética. Como su pulso. Como toda su rabia y su ansiedad.

Geist supo que era injusto. Que el chico entre sus dedos no merecía tal trato. Pero no le importó. Tenía por fin ese juguete nuevo, que siempre había deseado. Que ahora quería romper. Pieza por pieza. Le habían dado una excusa.

La realidad era sencilla. El control le excitaba. Al igual que ese chico. Cada uno de sus rasgos. Su voz entrecortada. Y sus provocaciones. El monstruo en su interior, por siempre atado, había aprendido a amar las ataduras. Deseaba atar a otros.

Un yo distinto se abrió paso, sin trabas, sin un click en su mente o en su boca. Como si siempre hubiera estado ahí, a un palmo de la piel, bajo la superficie. Veneno y lengua bífida que esperan una presa. El mordisco adecuado.

Geist se acercó, inhalando el olor del chico acorralado, rozando el cuello descubierto ahora rendido y vulnerable, con su rostro. Centímetro a centímetro, bañando con su aliento cada ápice de piel. Ajena. La sonrisa macabra aún seguía entre sus labios.

— ¿Sabes qué creo yo? Que te la pongo dura desde que me has mirado, puta. Que te pone sentirte dominado. Que ansías tanto un buen polvo que no te importa el cómo, porque eres una zorra.

Kiran sintió ese vértigo naciendo entre sus piernas, nervio a nervio, la sangre recorriéndole, inflamando su vientre. Pero no se apartó. Pronunció el movimiento, clavando sus caderas hasta obligar a Gô a sentir el frío de los ladrillos contra su propio sexo, aún sonriendo. Ahora él era otro. Era aquel asesino. El jodido marica, el monstruo y el tirano que llevaba una vida atormentándole, a escondidas. Y ahora, atormentaría a otro.

Quería sembrar en ese chico esa propia tortura. Ese propio rechazo. Devolver el dolor que pretendía causarle. Caricia por caricia. Como lo hacen las boas, rodeándote, despacio. Matando piel con piel. Quería humillarle hasta verle gritar. Y no por el dolor. No al menos físico. Quería quebrarle, hasta verle tan roto y tan perdido como lo estaba él mismo.

— ¿Crees que me harías gemir? Princesa, mi polla no te cabe en la boca.

Las sensaciones que recorrían su cuerpo eran desconocidas... le estaban consumiendo. Había perdido el norte, por completo. Un yo distinto a él cumplía por fin oscuras fantasías. Podía sentir el pulso del chico entre sus dedos. Sus nalgas contra él, y su propia erección, dura y amenazante. Negarlo sería absurdo. Kiran sentía las brasas. Se sentía vivo. Hambriento.

Siempre lo había deseado. Poseer así a otro hombre. Vencerlo por completo. Someterlo. Adentrarse en su cuerpo, penetrarlo, como si fuera suyo. Degradarlo. Oprimirlo. Provocar sus gemidos.

Sentir ese poder.

Aún respirando contra la nuca ajena, se empujó un poco más, marcando claramente el pene erecto contra el cuerpo del otro. Soltó en cambio sus dedos dejando el cuello ajeno, asiéndose a su vientre, a sus caderas, sin aferrar sus manos o muñecas. Una libertad sucia que ponía a prueba el otro.

— ¿Crees que me pones tú? ¿La polla entre tus piernas? Me pone subyugarte. ¿Lo sientes, ramera? Puedo hacerte gritar, ¿verdad, fulana?

Y así, una de sus manos interrogó realmente a Gô, adentrándose más en la curva de su ingle hasta cubrir su sexo, duramente.
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Re: Negocios nocturnos [Priv. Geist] [+18]

Mensaje por Gô Koyama el Vie Mar 14, 2014 12:01 am

Gô se habría sentido satisfecho con un golpe, ¡o mejor! con la paliza de su vida. Al fin y al cabo ese era su propósito al provocar a Geist. Pero jamás habría imaginado que aquel hombre le terminara siguiendo el juego, no de aquella manera. No podía negar lo evidente, Kiran le excitaba sobremanera. Quizá el hecho de que Gô siempre tomara el rol activo durante el sexo fuese el motivo por el que sentirse dominado por aquellas fuertes manos le pusiera tan caliente. 
Pero no era una puta, ni una zorra, ni una fulana. Gô no era nada de eso. Que disfrutara del sexo no le convertía en un cualquiera. Y sentirse infravalorado por aquel hombre era demasiado humillante. Intentó forcejear, zafarse de su agarre, deseando que Kiran se cansara de aquel juego y le soltara de una vez. Jamás imaginó que la mano que una vez presionó su cuello hasta llevarle casi a la inconsciencia, sería la misma que agarraría su paquete con tal posesividad. Jadeó, sorprendido, al sentir la erección de Geist presionando contra sus glúteos y, por primera vez en aquella noche, Gô tuvo miedo.

Miró de reojo a su atacante y reparó en el fulgor en los ojos ajenos, una expresión segura y decidida, una simbiosis de odio y deseo se reflejaba en cada sílaba pronunciada por aquellos labios que, rato atrás, Gô había ansiado devorar. Sentía el peligro, Geist estaba fuera de sí, como si hubiera perdido toda aquella serenidad que le había caracterizado. Ahora parecía capaz de todo, de cometer cualquier locura con tal de, como él mismo había admitido, subyugarle y dominarle. Pero si la intención de Kiran era humillarle, someterle ¿por qué le daba la oportunidad de huir? ¿Por qué sus manos habían dejado de aferrarle el cuello, o en su defecto, las muñecas? ¿Por qué en vez de eso, ahora parecían más concentradas en sentir la piel de su vientre? 

La respiración de Gô se entrecortó y tuvo miedo de moverse un solo centímetro. Tenía miedo, sí, pero no sabía si lo que temía era que Geist le golpeara o que decidiera poner punto y final a ese juego. Peor aún ¿desde cuándo le ponía tan cachondo que le dominaran? ¡Era el quien debería detenerle! 


- P-para... joder... ya no... no quiero esto...- musitó entre jadeos. ¿Pero quién podría creerle empalmado como se hallaba en ese momento? Se sentía completamente ridículo- ¿Qué vas a hacer...? ¿Violarme...? Al final voy a tener razón... Eres un marica reprimido...- logró articular, intentando arruinar la repentina embriaguez demostrada por Geist. 

Sintió perfectamente la polla de Kiran pulsar, presionando contra su culo. Su propio cuerpo reaccionó a aquel estímulo, endureciendo aún más su propia entrepierna y tensando cada músculo de su cuerpo. Su ano, prácticamente virgen, se contrajo como si temiera ser profanado incluso a través de la tela. Y sus labios, entreabiertos, dejaron escapar al fin ese gemido que había luchado por contener.
- Hijo de... puta...- susurró entre gemidos- Suéltame... o fóllame ya.
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Re: Negocios nocturnos [Priv. Geist] [+18]

Mensaje por Geist el Vie Mar 14, 2014 12:54 pm

Dicen que algunos animales pueden oler tu miedo. Debe ser cierto, porque a veces, cuando has perdido el norte es fácil percibirlo. Olerlo en otros. Sentirlo entre tus dedos. Casi poder morderlo. Saborearlo. Como si fuera líquido. Sudor. Frío.

Y si eres un matón, un sádico, el subidón de adrenalina al provocarlo te eriza todo el cuerpo.

Kiran estaba poseído. El cuerpo de ese otro, cada respiración, cada gemido, el control en sus yemas, la sumisión de Gô... destruían sus sentidos. Su mente era tan sólo una respuesta, visceral, que reaccionaba a los estímulos.

Con rabia. Con determinación. Haciendo de su cobardía un instinto suicido. Porque esta vez, porque esta noche, él no iba a retirarse. Si tenía que "perder" perdería la cordura. Ya había sentido ésto... pero no de este modo.

La catarsis ahora era muy diferente. No era sólo violencia. Era por fin su morbo. Una líbido oscura, emponzoñada, que quería apuñalarle. Apuñalar a otros. Hasta hacerlos sangrar. Dejarlos marca.

El "para" titubeante en la boca, partida, del rehén contra su sexo le hizo ampliar su sonrisa, marcar más sus caderas, pegarse más a él. El calor que invadía ahora su cuerpo se había abierto camino a su cabeza. Y todo era un incendio...

Sentía su polla dura, cada vena, inflamada, tras el algodón negro... Como si fuera un velo. Una jaula de seda, apenas conteniéndole. Quiso que Gô sintiese aquella cercanía, esa falta de límites, la irrisoria frontera que alejaba sus pieles. Que aumentara su miedo. O ese deseo translúcido que aunque el moreno aún quisiera negar resultaba evidente.

— ¿Violación? ¿A quién pretendes engañar? Tú quieres ser mi puta.

Su mano dejó de sondear la excitación ajena exteriormente... y buscó más adentro, soltando su botón, bajando lentamente la cremallera del vaquero del otro, diente a diente, dilatando el momento sin asir su cintura. Aún empujando con su cuerpo, su polla y su presencia... pero sin retenerle ya. Sin forzar su postura.

Kiran quería su rendición. Que Gô tuviera que admitir sus propias decisiones. Como si ahora, el reprimido fuera él. Como si ahora, le negación no fuera suya. Y vistiera tan sólo los labios, entreabiertos, del moreno.

Si aún estuviera en sus cabales, Geist debió haberse sorprendido de su propia reacción. De la seguridad en esa mano, núbil, que actuaba sin temblores y sin miedos. Sin pausas y sin dudas. Sus dedos sólo hacían, sin detenerse... sorteando la goma de los bóxers del otro hasta llegar a su erección, sin más preámbulos, sin más separaciones.

Sentía su palma, burda, de dedos fuertes, hoscos, contra la piel ajena... suave, caliente, casi enloquecedora. El sexo de ese otro. Esa polla distinta, latiéndole en la mano. Mordió sus propios labios, brusco, negándose un jadeo. No llegó a acariciarle. No exploró sus texturas, ni estudió sus reacciones. Lo tomó entre sus dedos como si fuera barro y llevó su pulgar hasta el glande del otro buscando que su yema rozara su frenillo, rudamente. Como un hombre que exige y no provoca. Demandado gemidos. Esa respuesta, húmeda, manchándole la punta de los dedos. Esa invitación muda.

Su otra mano, sin trabas, sin ceñir sus caderas, continuó trabajando bajando cada tela, también sus pantalones, hasta sentir contra su propia polla, furiosa, enrojecida, las nalgas pálidas de Gô... y morderse tan fuerte sus labios, constreñidos, hasta hacer brotar sangre. Pero no sus gemidos. Negándole el placer del deseo compartido. Dominándole aún. Aún dueño de la escena. Insinuando el grosor de su polla, su extrema longitud, contra la carne ajena. Salpicando de brillos, acuosos, sugerentes, la nueva piel desnuda.

Su voz sonó quebrada, llena de aire, soberbia. Lejos del tono quedo y calmo de hace tan sólo horas. Minutos.

— Dime, princesa... ¿qué te retiene ahora?
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Re: Negocios nocturnos [Priv. Geist] [+18]

Mensaje por Gô Koyama el Vie Mar 14, 2014 3:28 pm

Efectivamente ¿quién era el reprimido ahora? Gô, sabiéndose perdedor de aquella lucha sin dolor, decidió abandonarse a la indecencia y la depravación. Su cuerpo tembló de anticipación cuando escuchó la cremallera de su pantalón abrirse sin reparo alguno. Podría haberle detenido, podría haberle impedido introducir la mano y agarrar su polla. Podría haber evitado que le hiciera perder la cabeza, que le hiciera tan sensible y consciente de su presencia, de su tacto y del calor del aliento de Geist golpeando su nuca. Pero no lo hizo, porque eso era lo que él había buscado desde el principio de la noche. Cierto era que la situación no se había desarrollado como él esperaba, pero, como suelen decir, el fin justifica los medios. 

Cuando aquellos dedos, firmes y seguros, rodearon su polla con fuerza y acariciaron el glande, notó cómo se le erizaba el vello de todo el cuerpo. Generalmente las manos que sostenían y masturbaban esa parte de su cuerpo eran delicadas, sutiles, de finos y largos dedos. La sensación de aquellos adustos y ásperos dedos no se parecía en nada a lo que le hacían sentir aquellos jovencitos de cara risueña y miedosa. 

Jadeó irreverentemente cuando la pulsante y gruesa erección de Geist se frotó contra sus nalgas. Un escalofrío recorrió su espina dorsal desde su nuca hasta su entrada, que se contrajo instintivamente.
- Gilipollas, cálmate... - inquirió, aunque él mismo tampoco hacía nada por detenerle- Por mucho que estemos en los suburbios... ¿quieres que nos detengan por escándalo público?- le reprochó con la voz entrecortada. Le miró de reojo y apenas reconoció al hombre que había conocido hacía apenas una hora. Su expresión era la de un monstruo hambriento y sin reparo de devorar a su presa de arriba a abajo. Y la polla de Gô bombeó al saberse él aquella presa. Agarró a Geist de la muñeca y le obligó a sacar la mano de su paquete. Se subió los pantalones y volvió a mirar a su acompañante con lascivia- Ven.- le ordenó.

Le condujo hasta el callejón más cercano y se internaron en la penumbra y el anonimato que les proporcionaba. Empujó a Geist contra la pared y dejó sus pantalones caer. Con ambas erecciones de nuevo liberadas, Gô unió la suya a la de Geist, notablemente más gruesa, e inició un movimiento de vaivén, masturbando ambos miembros a la par.

- Si tanto deseas que sea tu puta, puedo darte ese gusto... Pero te advierto que soy una puta bastante infiel.- se burló con sorna- Ahora es mi turno... Antes has dicho que tu polla no me cabría en la boca. ¿Por qué no me pones a prueba? ¿O tienes miedo de que te haga gritar y suplicar por más?- agregó antes de acuclillarse frente a Kiran, agarrando su polla con firmeza. Tanteó el glande con la punta de la lengua, como si quisiera abrirse paso a través de la uretra, antes de apresar aquel grosor con sus candentes labios. Con una lentitud tortuosa, fue introduciendo la longitud de la polla ajena en el interior de su boca, procurando no rozarle con los dientes (aunque un maligno pensamiento le sugirió arrancársela de un mordisco) y disfrutando del pre-seminal que comenzaba a brotar del glande de Geist. 
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Re: Negocios nocturnos [Priv. Geist] [+18]

Mensaje por Geist el Vie Mar 14, 2014 8:21 pm

Los hechizos se rompen. Sucede todo el tiempo. En mitos y leyendas. En las calles. Las burbujas, explotan, se derraman. Y al final, la realidad resurge en su gris demacrado dejando atrás los rojos, las pasiones.

Gô pudo no ser consciente, pero al cambiar el ritmo, al exhortar a Geist a detenerse, sumió la noche en un tono distinto. No fue debido a su advertencia. A pesar de sus miedos, de su yo reprimido, los testigos no hubieran hecho a Kiran sonrojarse. No esta noche. No ahora. Cuando por fin había encontrado el modo de fugarse. Una brecha en su alma. En sus actos.

Fueron las telas. La pérdida de pieles. La falta de contacto. Primero oyó los ruidos, esos quejidos mudos de ropa que se viste, que regresa. Después, ese vacío. La soledad de nuevo entre sus dedos, fríos.

Observó la mirada en los ojos azules, también contaminada, mientras el fuego se hacía ascuas en la suya. La hoguera había cesado, habían quitado leña, sofocado el oxígeno. Y ahora, sólo boqueaba, sin perder esa sonrisa oscura que aún bailaba en su rostro.

Porque aún iba ganando. Porque aún había ganado.

Le siguió lentamente, pero sin titubeos. Aún era ese otro hombre. Sólo la intensidad había cambiado. La bocanada de aire fresco rozándole la piel, y los sentidos, se había encargado de ello. Le había "traído de vuelta".

Pero aún quería venganza. Y aún olvidaba el miedo. Y el reparo.

Dejó hacer al moreno, sin quejas ni objeciones, sin jadeos, sin gemidos, como una estatua, un mero observador. Grababa cada imagen muy dentro de su mente, mientras ahora, al vivirlas, no llegaba a sentir, no plenamente. Impregnado en esa indiferencia, consciente, que debía mantener para no estar de nuevo en las manos del chico. Para no ser su presa. Para no someterse.

Aún así, aunque su boca lograra mantenerse duramente cerrada, su mandíbula tensa, la sangre entre sus labios y sus facciones, rígidas, no escondían plenamente la dualidad que quería traspasarlo. Que mordía sus entrañas con cada movimiento. Con cada nueva ráfaga de ese placer, prohibido, que ahora quería poseerle.

Miraba las dos pollas sin llegar a pestañear. Absorto. Atónito. Indolente. Como si una de ellas, más oscura, más gruesa, no le perteneciera. Como si el roce húmedo que mezclaba sus cuerpos, no lograra encenderlo.

Pero no era verdad.

Dentro, a un mundo de distancia, dónde los hombres no mentían, ese vaivén morboso le estaba derritiendo. Dentro, contenía los gemidos, se aferraba a ese muro, tenía los muslos tensos, el vientre contraído. Dentro, aún seguía fascinado. Aún deseaba jadear. Dentro, aún deseaba al moreno. Cada ápice de piel. Esa polla, delgada, pálida. Hábil. Experta.

Sin saber cómo logró hablar sin que su voz le traicionara, sin quebrarse. Como si fuera sólo un espectador, una víctima, no un cómplice. Se sentía poderoso al fingir ser de mármol, al retener su instinto.

— Todas las putas son infieles.

Era sencillo distanciarse... ahora que no tenía el control recuperarlo a través de sus voz y sus reacciones era cuestión de vida o muerte. Si cedía, si lograba romperle, se sentiría tan débil. Tan perdido.

Agradeció en silencio que Gô hubiera frenado. Que quisiera las riendas. Porque a pesar de todo, del deseo mantenido, eso le ponía menos. Y ahora podía pensar. Resistir era parte del juego. Un vicio. Una costumbre.

Era más fuerte ahora, con el cambio de roles. Llevaba media vida negando sus deseos. Aún podría hacerlo ahora... Eso quiso decirse. Eso se prometía.

— ¿Esa es tu excusa, ojos azules? ¿Te arrodillas y me chupas... la polla...

No. No era tan sencillo. Necesitó frenar su lengua. Cerrar fuerte su boca. Esconder el placer que temblaba, en su pecho, en su garganta. Esa lengua de fuego le estaba torturando. Permanecer estoico ya no iba a ser posible. Pero acabó la frase. Era cuestión de orgullo.

— ...Porque quieres demostrar que me equivoco?

Su mirada volvió a tornarse oscura, centelleante, y volvió a sonreír... Como si aún fuera alguien. Como si aún fuera el rey. El campeón. Como si que aquel chico le chupara la polla no le volviera loco. Como si fuera un hecho fortuito. Y no una fantasía.

Como si no pudiera llegar a recordarlo. Como si no fuera a pensar en ello cada noche. Y cada amanecer. Cada vez que quisiera masturbarse. Cada vez que acariciara, joder sí, justo así, su propia polla.

Kiran cerró los ojos, un instante. Y sus manos volvieron a la vida, sumiéndose en impulsos, en ideas, en sueños húmedos. Siendo ese yo de nuevo, seguro, varonil. El jodido cabrón al que Gô deseaba. El que había convertido esa pelea en un juego distinto. El jodido cabrón al que se la mamaban. Sus dedos, ahora fríos, buscaron el cabello color noche de esa nuca, ahora conocida, enredándose en ella.

— ¿Así coméis la polla... los suaves... maricones?  

Su voz vibró, cautiva, aún ahogando gemidos, haciendo un gran esfuerzo. Sus manos, aún inertes, se volvieron dos garras, volviendo a dominarle, empujándole, duro.

— Querías un puto reto... y lo vas a tener...

Geist le tiró del pelo y se introdujo en él, hasta la base, sin darle opción a réplicas, forzándole. Sus caderas temblaron, tensó todo su cuerpo, arqueó su columna, y volvió a repetirlo. Una. Dos. Tres. Cuatro veces... Invadiendo esa boca imponiendo su ritmo, llegando a sus amigdalas sin ceder un segundo, sin darle tiempo a acomodarse, a ir adaptándose a él... Violándole la boca sin más vacilaciones.

Se sintió tan mojado, tan duro, tan salvaje... que el gemido genuino que brotó en su garganta no llegó a molestarle. Hasta las bestias gimen.
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Re: Negocios nocturnos [Priv. Geist] [+18]

Mensaje por Gô Koyama el Vie Mar 14, 2014 10:23 pm

El sabor agridulce del pre-seminal le inundaba cada rincón de su boca. La necesidad de escuchar los jadeos y gemidos procedentes de Geist se tornaba acuciante, alarmante. Sí, quería demostrarle que se equivocaba, que Gô podía hacerle disfrutar y que tatuaría una marca invisible pero imborrable en la piel de Kiran: la primera vez que tomaría el cuerpo de un hombre.

Ingenuo él, creyendo que llevaba el control de la situación. Poco después se dio cuenta de que lo único que había hecho Geist es dejar que Gô se confiara para después doblegarle nuevamente. Y lo supo en el instante en que las garras de Geist sujetaron el cabello de su nuca con violencia, deteniendo a Gô y marcando él mismo el ritmo. En la primera embestida, Gô pensó que vomitaría en ese mismo instante. Joder, Geist era grande, muy grande, y no podía abarcar semejante tamaño dentro de su boca. Pero lo hizo, porque no tuvo otra opción. 

Las lágrimas, debido al esfuerzo al que Kiran le sometía, escapaban de sus ojos. Tuvo que cerrar los ojos y tratar de relajarse para tomar conciencia de su respiración, para usar su nariz y dejar de sentir náuseas en cada estocada. Pensó en vengarse por eso, imaginó cómo reaccionaría Geist si, concentrado como estaba en torturar al moreno, Gô colara una mano furtiva entre sus piernas y tanteara su entrada. Si hubiera tenido la boca libre, habría sonreído, pues la idea le parecía tentadora, pero al fin y al cabo un suicidio.

En vez de eso llevó una de sus manos a su miembro, masajeándolo y exprimiendo todo el pre-seminal que pudo en sus dedos. Acuclillado como estaba, no le resultaría difícil tener acceso a su propio culo. Acarició el alrededor, lubricándolo todo lo que pudo antes de introducir el primer dedo. Un escalofrío le recorrió la espalda. No era doloroso pero sí una sensación extraña. Gô no tenía experiencia adoptando el rol pasivo. Tan solo una vez había sido el muerde-almohadas, y desde luego no había sido con un tío al que acababa de conocer.

Primero el dedo índice. Luego añadió el segundo y esperó hasta adaptarse a él. Cuando en su ano entraban fácilmente tres dedos, lo cual no había sido una tarea cualquiera, se sintió preparado para lo que vendría a continuación. Alzó la vista, mirando a Geist con un deje suplicante, rogándole con la mirada que se detuviera. Sabía que iba a doler, que los primeros minutos serían insufribles. Gô era prácticamente virgen, y Geist estaba demasiado bien dotado. Con piernas temblorosas, se irguió frente a Kiran para retarle, y después, apoyando las manos y la pared, se deshizo de los pantalones y los bóxers y abrió las piernas, ofreciéndose a aquel hombre que no lo merecía pero que había conseguido menguar sus orgullo y encender el anhelo de sentirse lleno.

- ¿Vas a follarme o no?- le preguntó. Gô sabía que Geist deseaba dominarle. Si a cambio de eso, Gô lograba un buen polvo, le daría lo que quería- Sí, quiero un reto. Quiero que me rompas.- musitó con tono suplicante.
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