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Construyendo el futuro.

Mensaje por Oliver Wollfgang el Dom Ene 26, 2014 5:43 pm

De todas las decisiones complicadas que había tenido que tomar a lo largo de su existencia, esa podía ser la que más le hastiaba dentro de la posibilidad de habitar con alguien. ¿Es que su abuelo se había vuelto loco? O era básicamente el hecho de que ambos ni siquiera les importaban aunque Robert no parecía demasiado afectado con las decisiones o peticiones del viejo Wollfgang. Subir esas endemoniadas escaleras con todas sus cosas, es decir, varias maletas porque no se iba a hacer caso de lo que dijo el albino de traer lo justo y necesario, si hacía falta, metía las cosas bajo la cama pero no se iba a quedar sin su ropa limpia o sin un ambientador para que al menos la sala donde se iba a quedar a dormir no oliera tan ridículamente mal.—Oye ten cuidado con esa maleta porque es muy cara y no me gustaría que acabase rayándose… --Pronunció despacio, suave, para no alterar al oso que dormitaba en la caverna del piso de arriba. El chico que le ayudaba asintió y sonrió cuando Oliver volvió a encaminarse a subir su maleta, mostrando como el pantalón vaquero ajustado marcaba ambas nalgas perfectamente, podía imaginar de todo desde aquel punto de vista ¿Y pensaba que el joven de cabellos dorados no se daba cuenta? En cuanto subiesen del todo y le pidiera propina, le daría una buena bofetada por mirón pervertido. ¡Qué manía más insana tenían las personas de hacer despertar su lado odioso! Con lo tranquilo que él estaba la mayor parte del tiempo que no maquinaba un plan o que tal vez no le daba demasiado al coco, porque pensar, para Oliver, era tejer estrategias complicadas y planes encargados por su abuelo.

Al terminar de subir, dejó caer la maleta al suelo, total, ahí solo llevaba ropa, sacó de bolsillo trasero del pantalón la llave de la puerta del apartamento y tras colocarla de varias formas al final acertó y acabó por entrar dentro del habitáculo, empujando su maleta con el pie. Que empiece la diversión.-- ¡He! Ya puedes ayudarme a sacar tus trastos sucios y feos porque vamos a colocar los míos… --Dio un par de palmadas para que el chico entrase las otras dos maletas y conforme entró y las soltó lo echó a empujones y cerró la puerta, debía imponerse, debía ser autoridad en el apartamento aunque cuando el oso macho dominante se aproximaba a él era difícil camuflar que realmente le imponía demasiado como para hacerse el duro delante de él ¡Pero era normal! Es que medía mucho, y eso jugaba en contra suya, cuyo cuerpo era mil veces más delgado y estilizado.—Robert espero que no estés dormido, me prometiste que viniera por la mañana con mis cosas y aquí estoy y no, no es una pesadilla.—Aunque tenía cierto miedo de entrar del todo en el apartamento (Y eso que era pequeño) encontrarse con Burrows de frente y chocar contra él era un peligro que no se molestaría en experimentar, por lo cual, se quedó parado unos instantes en la puerta. – Mmh.. Huele demasiado a puro… --Murmuró tras un buen espacio en silencio ¿Y si resultaba que no estaba en casa? A sí podía operar e investigar su nuevo hogar con tranquilidad. Y lo primero de todo era poner música.

Sacó el móvil nuevo que le había regalado su abuelo, uno demasiado grande como para poder sostenerlo con ambas manos, y esperaba que no fuera cortesía de su abuelo , en ironía por lo grande que era su compañía ¿O tal vez por otro motivo? Prefería no pensar demasiado en lo carnal y lo absurdo de la diversión del anciano nazi. Puso el móvil sobre la mesa baja que quedaba al lado del sofá, después un ambientador con olor a lavanda puesto al máximo para regular el humo, abrió las ventanas incluso para que todo el hedor saliera. Robert había ganado “una porno chacha” que le limpiase la casa ¡Pues no! Eso lo hacía por su salud de deportista. Empujó a patadas las tres maletas hasta guiarlas a la puerta donde creía que estaba el dormitorio pero que no se atrevía a entrar por si acaso aparecía el gran hombre y éste tenía que echar a correr porque no quería que lo atrapase entre semejantes brazos, luego fue a la cocina, husmeando qué calidad tenía esta y aprovechó para tomar un vaso de agua y ya de paso regar con el resto del agua que había quedado en el vaso, una planta mustia puesta en la sombra, la música de su móvil se escuchaba desde la cocina, eso era grato, significaba que el edificio tenía una buena acústica y sin quererlo sus caderas se movían al ritmo de ésta, si estuviera en su cuarto se quitaría… ¡Un momento! Aquella también era su casa.

La sonrisa de oreja a oreja que se dibujó en el angelical rostro no tenía precio, y aceleradamente, se quitó las converse negras dejándolas repartidas, luego tiró del pantalón hacia abajo, sacándolo de su cuerpo y de la misma manera sacó la camisa que se había metido en el interior del pantalón para poder ponerse bien el jersey azul que tenía sobre la misma camisa de un tono blanco nacarado, no había deparado a recogerse el cabello, solo un mechón tras la oreja para que no le molestase demasiado.En una mano las zapatillas y en otra los pantalones vaqueros, regresó al salón, dejando esto bien puesto y comenzó a abrir una de las maletas, inclinándose hacia delante para rebuscar entre estas un pantalón de chándal cómodo y ancho de los que solía ponerse cuando estaba en casa, olvidándose de que el peligro que acechaba en aquel apartamento, podía aparecer en cualquier instante, sorprendiéndolo.
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Oliver Wollfgang
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