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Pride? [Privado, Shane]

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Pride? [Privado, Shane]

Mensaje por Friedrich Schels el Sáb Ene 25, 2014 7:26 pm

Se despertó jadeando, con las sábanas revueltas, medio destapado, con la respiración agitada y la sensación de haber estado corriendo durante horas sin recordar ni una pizca de lo que había soñado. Cuando logró tranquilizarse se levantó y observó en el reloj alarma que eran las cinco de la mañana todavía y que le quedaba todo el día por delante hasta la hora de abrir el Casino como todos los viernes por la tarde. Se marchó al baño y se dio una buena ducha dejando que esta se llevara el sudor y las pesadillas que tenía en su cuerpo grabadas.

Después del baño se sentó y fue a sentarse en la cama. ¿Qué podría hacer ahora? Se tumbó de espaldas y miró el techo, abatido. ¿Quizás pasear? No tenía ganas.

El estridente, repetitivo y constante pitido hizo que abriera los ojos. Se encontraba en posición extraña en la cama y no recordaba haberse acostado. Con la sensación de extrañeza en la boca del estómago volvió a quedar el silencio en la habitación tras apagar el dichoso despertador. Las cuatro de la tarde, toda una proeza de sueño, debía estar cansado. Se desperezó y fue a prepararse algo para comer, algo que -según leyó en la etiqueta- solo necesitaba de unas pocas vueltas en el microondas para estar listo. Comió completamente desnudo y luego se volvió a meter a la ducha tras lavarse los dientes con el cepillo y la pasta de dientes.

Salió envuelto en albornoz y abrió su armario en busca de qué ponerse, seleccionando entre la amplía variedad de modelos de ropa que poseía. Una vez vestido y con el pelo seco, tras arreglar su piso un tanto, se largó al Casino usando su coche. No era un gran coche pero de momento le iba y era lo que le importaba a él. Una vez llegó subió directo a su despacho para dejar en orden el papeleo y luego bajó a ver como estaba el ambiente todavía frío de la tarde. Le gustaban esos momentos en que la sala grande y las máquinas estaban en silencio, era como sentirse un niño andando por una zona prohibida durante largo tiempo no permitida, como si, tras escaparse, hubiera logrado colarse en el mundo vetado de los adultos. Y él era dueño. Dueño de todo eso, dueño de todo el dinero que los clientes se gastaban apostando al infortunio.

Se sentó en un taburete frente a la barra y se dispuso a hablar calmadamente con Louise, la primera camarera que había contratado. Eran como amigos fuera de aquel lugar y amigos en su interior y era siempre ella quien le servía los pedidos a su despacho, la única con capacidad para traspasar las puertas cuando estaba reunido y ella agradecía ese pequeño trato de favor que recibía de aquel nuevo dueño tan misterioso que vestía como en una época pasada. Cuando el gin tonic hubo extinguido la amena y divertida -quizás jocosa- conversa, las horas ya habían llenado el bar y también el casino y el sonido de las primeras ruletas, de las primeras voces, de las primeras apuestas empezaron a inundar el lugar de lucro y deseo, sí, ¿por qué no?

Ante eso dejó a Louise trabajar tranquila y se levantó marchándose a otra zona. Más bien, a inmiscuirse por entre el público con su tatuaje ocultado por el pañuelo que siempre llevaba atado al cuello. Una forma de aparentar, de esconder lo que realmente uno es por miedo, por vergüenza quizás, por pavor a un pasado que le acosaba todavía algunas noches en las que despertaba sudado y jadeando por una respiración entrecortada. Y ahí los vio. Esos ojos. Esos ojos que tanto le habían visto. Que tanto habían dicho, ordenado. Que tanto habían roto. Le reconocería a leguas, incluso entre la niebla sabría que él estaría ahí. Atento, al acecho. Desvío la mirada a otro lado pero sabía que el otro ya había reparado en él. Le había visto, reconocido. Y sabía que iría a buscarle. Lo sentía en su espinazo, en su piel, en su interior, en sus recuerdos, su memoria; en lo que una vez fue.
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Re: Pride? [Privado, Shane]

Mensaje por Invitado el Mar Ene 28, 2014 12:37 am

El mundo de la noche, las luces de una zona de la ciudad que nunca duerme, ecos de un placer sin límites, es lo que rodeaba al esbelto cuerpo de Shane Kummer, quien se encontraba frente a las puertas del casino. Un panorama adecuado para él, si me preguntan. El sabor de una realidad de juegos perseguidos por deseos completamente mundanos, no se diferenciaba de la realidad en la que Kummer se movía, lo que cambiaba eran los colores y los aromas que envolvían a las figuras de esas alamas sedientas.
Vistiendo un traje oscuro como un cuervo con una camisa blanca abajo, cuyos primeros tres botones lucían desprendidos, dio los primeros pasos al interior. Sin olvidar que su cabello estaba en su totalidad peinado hacia atrás, sosteniendo cada una de aquellas hebras en una coleta. Un atuendo adecuado para la persona con la que se encontraría, un hombre viejo que conocía de tiempos menos agraciados. Por motivos a los que no se podía negar debía acudir al llamado de este, ya fuera en el casino o al otro extremo del mundo. Hombres como Kummer siempre guardaban más secretos de lo se pudiera imaginar.
Aunque, esa no sería la mayor sorpresa de la noche. Un encuentro mucho más inesperado del que tenía previsto, se presentaría frente a sus ojos. De momento bebió algo y dio varias vueltas por las mesas de juego en la compañía del viejo hombre. Al parecer tenían mucho de qué hablar, con el tiempo volando entre palabras.
En un momento determinado de la noche, cuando se quedó un rato a solas, cuando el cansancio de un evento sociable, que realmente no deseaba, comenzaba a agobiarlo... en ese preciso momento lo vio. ¿Cómo no verlo? Todavía guardaba en su memoria a los años dedicados a corromper a Friedrich Schels. Sí, también recordaba su nombre. Es más, el disparatado rumor de que ahora era dueño de nada más y nada menos que del casino, había llegado a sus oídos. Por más que el encuentro en sí no lo tomaba por sorpresa, lo que llegaba a impactar a la mente de Kummer, era ese inesperado giro de acontecimientos.
Si bien prefería no mezclar su vida en la prisión y su vida fuera de ella, hay eventos que no dejaría pasar. Era bastante más joven cuando dio comienzo a la lenta tortura aplicada sobre Schels, empeñado en ultrajarlo como nunca antes lo había estado con otro preso. Al menos hasta el momento. Si ahora miraba para atrás, había un par de cosas que mejoraría, pero el resultado final lo regocijaba hasta un punto inimaginable.
Las largas y dulces jornadas en las que ideaba formas de adentrarse bajo la piel de Schels, los pequeños progresos que conseguía día a día para corromper el orgullo de este preso, fue su actividad de predilección por mucho tiempo. Casi que había lamentado cuando éste consiguió la libertad, habiendo cumplido la totalidad de la condena. Y vaya, que fue una condena bien pagada, hasta Kummer lo reconocía.
Como un hecho previsible, sus pasos fueron en busca de ese encuentro que no estaba planeado. Con la vista, de ese particular color rojizo, depositada  en aquel cuerpo que todavía le parecía frágil, uno que por la evidente necesidad de desviarle la mirada, mostraba signos de recordarlo. Una sonrisa marcada por la pronunciación de una media curva, invadió como una ráfaga a los labios de Kummer. Esquivando a las otras personas que ahora eran como maleza de una fiera que se dirige a su presa, llegó con su paso altivo hasta Schels.
¿Es que no piensas saludarme? –se atrevió a susurrar cerca del oído ajeno, apenas inclinándose para llegar hasta éste. Y el susurro de su voz fue tal que era como un fuego ponzoñoso, una humeante llama de alguna criatura indigna– Me rehúso a creer que me olvidaste. ¿O es que debería gritar a los cuatro vientos tus mejores momentos en la prisión para hacerte recordar? –las únicas palabras que pronunció. Una advertencia de que ese pañuelo que tanto se ajustaba a la marca de aquel cuello, serviría de poco para ocultar el pasado si se atrevía a ignorarlo. Oh Shane, siempre tomando medidas tan viles. El asunto es que, quería que Schels lo mirara de frente, que cada simple imagen del pasado volviera a ostigar el presente, por el simple placer de que un terreno que había sido marcado por él, lo siguiera siendo hasta el final.
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Re: Pride? [Privado, Shane]

Mensaje por Friedrich Schels el Mar Ene 28, 2014 12:27 pm

El susurro hizo que su cuerpo cediera, el miedo atenazara una vez más el cuerpo -y con ello el orgullo de Friedrich- y volviera a quedar sumiso, cabizbajo, a las órdenes de esa voz, esos ojos que tanto le habían dañado en un pasado. No. No podía hacerlo. Pero sabía que lo haría. Todavía tenía los ojos cerrados pero se obligó a abrirlos y, lo que es más, se obligó a mirar a los ojos contrarios y se pudo leer el estado actual de Schels.

El Casino, su vestimenta, su lujo, su aparente orgullo -sí, aparente-, toda la gente alrededor, todo era un mero escudo, un escudo para no sufrir como lo había hecho en el pasado. Un muro para separarle de los monstruos sabía que tenía en su interior. Una forma de mentirse, de negarse que una vez fue vulnerable. Y, mientras miraba a quien en su día le había vuelto vulnerable día tras día, encuentro tras encuentro, una voz en su interior gritó, gritó como había gritado aquel día en la vieja mansión que ya no le pertenecía. Gritó en su mente que no le ganaría, no le vencería pero lo cierto era que ese mantra dejó de funcionar.

No frente a Shane. -Buenas noches, -tragó saliva, tratando de aclararse la voz, que no le temblase- oficial Kummer- ese nombre, ese apellido precedido por ese título fueron como si le estuvieran enterrando vivo y todo su mundo, ese pequeño oasis de flotabilidad que había construido con tanto ahínco, desapareció, se hizo añicos y Schels regresó al pasado, a las celdas cuando las horas se contaban por intérvalos entre visitas de ese mismo hombre al que ahora dejaba de mirarle.

Quemaba, quemaba el maldito recuerdo, quemaba. Se sentía vulnerable. Muy vulnerable y sumiso. Sumiso de nuevo sin voluntad propia; sentía como su orgullo le abandonaba, como volvía a ser el títere que había sido en manos de ese que ahora se alzaba frente a él. No. No le había olvidado. ¿A caso era posible? Nunca le había contado a nadie, ni incluso a su padre, qué había ocurrido en la prisión. Y solo aquellos que habían pasado por ese lugar entenderían ligeramente cuál había sido su cruz. Shane había hecho un buen trabajo con él, poco a poco había ido demoliendo toda su fortaleza, resistencia, orgullo. No a grandes bombazos sino a pequeñas e insignificantes demoliciones, una tras otra, palabra tras palabra, acto tras acto, su voluntad había sido arrebatada.-¿Cómo... se encuentra? -preguntó obligándose a alzar de nuevo la mirada, resquicios de orgullo, de seguir aparentando algo que no era ya- ¿ha venido a jugar? -y aquello le pareció extraño quizás incluso irónico. Sí. Estaba para jugar pero quería jugar con él y no con la ruleta o, ¿quizás sí?
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Re: Pride? [Privado, Shane]

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