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Friedrich Schels ~

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Friedrich Schels ~

Mensaje por Friedrich Schels el Lun Ene 13, 2014 11:37 pm

#Nombre completo: Friedrich Schels
#Apodo o nombre como es conocido: Schels
#Fecha de nacimiento: 25 de mayo 1982
#Edad: 32 años
#Inclinación Sexual: homosexual
#Grupo: dog
#Rango/oficio: dueño del casino
#Arma identificativa: Beretta mod 70 cal 7.65 y una katana, rara vez se le ve con esta última al ser tan grande. Prefiere la pistola porque puede esconderla mejor entre sus ropajes.

_______________________________________________

#Descripción física:

Mide 1,75 y es de constitución delgada con anchas espaldas; pero no te fíes, pues posee una gran agilidad y destreza a la hora de moverse y esquivar. Como recuerdo de su paso por prisión un tatuaje en el cuello color rojo, marca recordatorio de que alguna vez fue alguien que estuvo privado de privacidad. Lo más destacable que encontramos en él es su corto y morado cabello. Siempre lo lleva cortado desparejo y despuntado pues no le gusta la rectitud y prefiere la rebeldía. Es liso y algunos mechones caen sobre sus ojos, a veces ocultándole el ojo derecho. Sus ojos son almendrados y resguardan unos iris color violeta, algo muertos por los horrores que vivió en la prisión. Sus cejas siempre están bien delineadas y su rostro libre de barba o bigote. Una nariz recta, fina y que parece cincelada queda en el centro de su ovalado rostro anunciando unos labios bien cuidados delgados pero sonrojados en su justa medida. De tez clara siempre poseyó dedos de pianista que, sin embargo, nunca tocaron tecla alguna. Le gusta vestir algo excéntrico pues no le gusta vestir el típico traje corbata occidental y apuesta por ropa más... del siglo XIX con camisa, chaleco, chaqueta, pañuelo en el cuello, pantalones y zapatos.

#Descripción psíquica:

¿Cómo soy o... cómo era? ¿Quién fui o quien soy? Esas preguntas me taladran la cabeza constantemente, hay que ser alguien fuerte para sobrevivir a las cárceles de Steinburg. Yo lo era pero... creo que no tanto como quería hacerle ver a ese carcelero. Era un chico decidido, un chico que cargaba el orgullo de toda una familia, un chico que había visto como la figura masculina importante -su padre- no había podido salvar el matrimonio, ni tan siquiera había podido salvar las apariencias frente a la sociedad. Era inteligente, trabajador, constante, responsable... y creo que aún lo soy, a veces todavía lo dudo. Sé que sigo siendo orgulloso pero hubo una época en mi vida en que alguien logró romper esa barrera, quizás de vanidad, que construí entre el mundo y yo.

Me gustaba cuidarme -y todavía hoy en día lo hago-, hacer deporte, comer sano, dormir las horas que tocaban, ni más ni menos... Seguir una rutina me ayudaba y, cuando esta se rompía, por ejemplo en fiestas que no debía ir a la escuela o estudiar, lo pasaba francamente mal, no sabía qué hacer con mi tiempo libre y todavía hoy sigo sin saberlo. Debo estar ocupado ya sea en trabajar o leer algún libro interesante que caiga en mis manos. No se estar de brazos cruzados, ¿qué es eso? Hubo un periodo de mi vida en el que intenté hacer de todo a pesar de mi inexistente libertad, siempre estaba él por el medio, siempre. Me considero una persona egoísta pero que en vez de pensar en ella misma piensa en el honor de su apellido. Así soy yo. Un idiota. Antepongo el honor de mi apellido a mis propias necesidades, es de estúpidos, ¿cierto?

En un terreno mucho más personal descubrí que era homosexual -ya en la escuela- pero mi abuelo, atento a mi más mínimo suspiro, se percató y rápidamente me increpó, me castigó y me quitó esa absurda idea de la cabeza. Reprimido lo llevé bien enterrado en mi interior, bien hondo pues seguía amando a los hombres, ¿qué podía hacer? Solo que me comportaba como el "heterosexual" que mi abuelo quería que fuera. Que ironías. Nunca tuve novio ni novia alguna, al menos no reconocidos pues en la cárcel aprendes que -a veces- la convivencia es mejor si estrechas lazos... Ahora que soy libre y el Represor no está puedo ser quien realmente soy sin miedo al "qué dirán" pero quizás, y solo quizás, para salvaguardar las apariencias frente a esta sociedad de apariencias y máscaras, de hipocresía, deba casarme con una mujer que me dé hijos. Pero siento que no estoy preparado para vivir una nueva mentira, así que lo pospongo alegando que el trabajo me quita demasiadas horas.

Solía considerarme un perfeccionista, ahora no sé si lo sigo siendo. ¿Quizás sí? Todavía me afecta estar en un despacho encerrado y trabajo mejor en lugares abiertos. Ser libre lo es todo cuando has sido encerrado. Para mí la libertad representa algo más que un simple estado del cuerpo. Representa la libertad de la mente, poder hacer lo que quieras cuando quieras sin andar dando explicaciones a nadie. No soporto la hipocresía aunque, como he explicado antes, igual deba tragarme mi odio y ser como todos en la alta sociedad alemana en la que me muevo: un hipócrita más. Nunca he mentido, no al menos a mi abuelo ni a mi captor, y creo que seguiré siempre con la verdad por delante. ¿Por qué debería mentir, para hacerme más interesante? No lo creo, no ganaría nada.

La libertad ahora también representa no tener a nadie manipulándome y yo no creo que manipule deba manipular a nadie. ¿En quién te has convertido? Te preguntarás a estas alturas. No lo sé. Solo sé a ciencia cierta que trato de ser como era antes pero sé que nunca volveré a ser el mismo. Estoy corrompido, mi mente está corrompida, mi alma está corrompida, mi cuerpo está corrompido y mancillado. ¿Puedo perdonar a ese anónimo que, muerto de celos, me traicionó? Quizás pueda perdonar pero no sé si todavía tengo la capacidad moral de decir un "lo siento" sincero. ¿Qué es la sinceridad? ¿Se ajusta a la acción de decir la verdad y siempre la verdad, de no mentir? En un pasado creí que para ser una buena persona bastaba con ir con la verdad por delante, comportarse y no invadir la libertad de quienes tenías a tu alrededor: "No ofendas y no serás ofendido" ahora ya no sé en qué creer. Hubo una época en la que creía, ahora, ¿en quien puedo creer? ¿Quién me respaldará? Estoy solo y solo en mí confiaré. Por muy bien que me trates siempre tendré una nota de escepticismo en mi mente, una pequeña alarma atenta a todas tus palabras y acciones.

_______________________________________________


#Gustos:

[x] Las margaritas, las petunias y el azahar.
[x] La calma.
[x] Los parques, las playas, los desiertos.
[x] Las corrientes de aire.
[x] El olor del mar.
[x] El sonido de las olas romper en la playa.
[x] Nadar.

#Disgustos:

[x] El tabaco.
[x] Fumar.
[x] Que le tiren el humo encima.
[x] No tener capacidad decisoria.
[x] Que le digan qué hacer.
[x] Los lugares cerrados.
[x] El aire viciado.
[x] Que otros decidan por él.
[x] La traición.

#Habilidades:

[x] Es bastante ágil con la espada.
[x] Tiene buena puntería.
[x] Es ágil y sabe esquivar bastante bien.
[x] Sabe ver oportunidades allá donde nadie más las ve.
[x] Posee una gran disciplina que le ayuda a ser organizado.
[x] Responsable.

#Debilidades:

[x] Desconfiado.
[x] Vulnerable psicologícamente hablando.
[x] Sufre una ligera claustrofobia.
[x] Sufre acluofobia, pánico a la oscuridad.
[x] Rehuye de las peleas y gritos.
[x] Tiene cierta repulsa hacía la autoridad policial.

_______________________________________________


#Historia:

Inocencia ~

Cuando todo va mal, sabes que siempre puede ir a peor. La historia de mi vida es sencilla pues, desde el primer momento, siempre lo tuve todo de espaldas: una familia pro-nazi que se rompía frente a mis ojos, un abuelo demasiado estricto y obsesionado con una educación férrea y estricta hasta lo indecible con tintes militares casi rayando al estilo japonés de severidad. Aún así, logré crecer cuerdo, sano y fuerte, feliz en mi justa medida. Tenía amigos pero sabía que eran estrictamente seleccionados por mi abuelo. ¿Mis padres? Trabajaban todo el día con tal de no estar en casa y verse lo menos posible, en las noches cenábamos todos juntos pero el silencio inundaba nuestras reuniones y lo único que lo rompía eran las preguntas de mi padre preguntándome como me iban las clases.

Mis clases iban bien. Bueno. Hasta el suspenso. Nunca creí que mi abuelo podría llegar a castigarme de esa forma tan brutal pero lo hizo y me apliqué en la asignatura de historia. En aquella época empecé a asistir a cenas y demás acontecimientos de la Alta Sociedad alemana representando el papel de familia perfecta. Empecé a odiar hacer el payaso toda la noche, reír las gracias a vejestorios y saludar cortésmente a damas que te sonreían con hipocresía. Pronto empecé a imitarles, empecé a fabricar esa máscara frente a mi rostro: una de indiferencia, de hipocresía y mentira. Era en esos eventos en los que se veía más a las claras la brecha que había entre mis padres pero el resto de personas parecían no darse cuenta u obviar lo evidente y decidir no entrometerse. A medida que fui creciendo fui dándome cuenta que las sutilezas de la sociedad lo observaban todo pero que, donde realmente se criticaba, era en los pequeños corrillos que entretejían principalmente las damas tras sus miradas de coquetería desgastada. A mis 14 años sorprendí por primera vez a mi madre bebiendo junto a otro hombre y luego desapareciendo del baile agarrada a su brazo. Observé descaradamente a mi padre, como reprochándole que no fuera tras mi madre pero él no hizo nada, siguió hablando de negocios y, harto de su falta de ganas de salvar el matrimonio, fui yo mismo quien corrió escaleras arriba en busca de mi madre.

Roto ~

Llegué a la puerta pero los ruidos del interior fueron como una alarma que me hicieron desistir de entrar a las bravas en el interior. Me quedé en la puerta, con una gran sensación de impotencia en mi interior. Necesitaba tanto tener respuestas, tanto. ¿Por qué mi madre estaba con otro hombre? ¿Por qué no le interesaba a mi padre? ¿Por qué seguían juntos? ¿Por qué no se divorciaban sino se soportaban? Y ahí recordé a mi abuelo. Él y sus respuestas. Lo tuve claro. Mi abuelo no les dejaba separarse, divorciarse. Mi abuelo quería tener controlada a mi madre mientras la tenía atada al pusilánime de mi padre pero entonces, ¿por qué? ¿Cuántos secretos albergaba mi familia? Me ahogaba, me asfixiaba... Empecé a soltarme la corbata, a boquear, a desabrochar los botones de la camisa, no podía respirar... Cuando abrí los ojos estaba en la cama de un hospital, con una máscara de oxígeno sobre mi rostro, pitidos, máquinas controlando mis constantes. Había tenido un ataque de pánico junto a una ansiedad que nunca antes había sentido tan fuerte. Todo me había sobrevenido y, a pesar que había tenido otros ataques de ansiedad anteriormente por culpa de los exámenes principalmente, ninguno había sido como aquel. Recuerdo que miré a mis padres a los ojos y les pregunté qué pasaba. Mi padre fue el encargado de explicarme mientras mi madre me acariciaba los cabellos para que no me alterase de nuevo.

Realidad ~

A partir de ese momento nunca volví a ser el mismo. Me encerré conmigo mismo y me dediqué a hacer solo caso a mi abuelo para ser alguien en la familia, me cargué en los hombros el peso que mi padre había burlado tiempo atrás. Trabajé duro, apenas sí sonreía en casa pero lo hacía con mis amigos, con los únicos con quienes podía ser yo realmente. Salí del instituto y, con 18 años, me metí a estudiar empresariales terminando la carrera en 4 años justos. Mientras estudiaba mi abuelo se las apañó para que entrara a trabajar a una empresa automovilística alemana empezando desde lo más bajo del escalafón. Poco a poco, con la rectitud de los estudios, mi trabajo poco a poco fue mejorando y así fue como accedí a trabajar a otra empresa con mejor salario y un puesto administrativo. A mis 20 años ya ocupaba puestos administrativos estando en tercero de carrera. Un año más tarde, una vez graduado, fui ascendido a una zona bastante alta -aún intermedia- gracias a mis elevadas cualificaciones. A partir de ese momento, siguieron los méritos propios sin saber que, a mis espaldas, alguien tramaba mi final. La trampa fue servida y las pruebas me incriminaron desde la primera a la última, no había rastro alguno al que aferrarse para salvarme y caí en un juicio donde el pobre abogado no pudo hacer nada.

Infierno ~

Aquellos largos 7 años fueron un completo infierno y el que fue el joven empresario y economista competente heredero de la fortuna Schels -una economía amasada gracias al nazismo- se volvió una sombra de lo que fue pero, ¿cuál fue el crimen cometido? Fue espionaje empresarial y, aunque era inocente, esta nunca pudo ser probada pero, aún así, mi padre -empujado presumiblemente por mi abuelo- trató de recurrir la sentencia tratando de demostrar la inocencia de su propio hijo. El infierno empezó cuando la masa dictaminó sentencia, agaché la cabeza y ya no volví a levantarla. Cuando me hicieron el tatuaje sentí que un nuevo peso se añadía a mi cuerpo, un peso que ya nunca podría quitarme: estaba marcado de por vida por algo que no había hecho. Durante mi estancia en la cárcel traté algo imposible, cubrirme el tatuaje y fue una de las razones por las que traté de dejar mi pelo crecer. Las noticias que recibía del exterior eran mínimas y siempre procuraba vivir mi vida sin inmiscuirme en las de los demás para no tener problemas con ellos.

Para que fuera un verdadero infierno faltaba el actor principal, Shane Kummer, un celador. Me hizo la vida imposible y, finalmente, me quebró en mil pedazos quedando yo a su merced y voluntad. Hasta ese momento mi vida fue una auténtica mierda pero luego, fue peor. Sentir que ya no era dueño de mi mismo, que otro decidía por mí, esa falta de libertad mental, eso es lo peor de que te quiebren el orgullo. La vida nunca vuelve a ser la misma y creedme si os digo que recuperar la autoestima cuando la has perdido, es muy difícil. Aunque quieras aparentar que todavía sigues en pie sabes que estas tocado y hundido, que nunca volverás a salir a flote; ciertamente es la peor de las torturas que se puede ejercer a un ser humano. Y, para más inri, yo era inocente. Al final el recurso no fue recurrido, la ley se paralizó y yo quedé en la oscuridad más absoluta a merced de mi carcelero, mi celador, mis tinieblas y la desesperanza de no ver llegar el día que se cumpla la sentencia. Eso es lo peor de no tener libertad, no tener voluntad. Cuando te la quiebran, algo en ti muere para siempre.

Libertad ~

Incluso con tu libertad, incluso cuando atraviesas las rejas y ves el cielo azul sin barrotes, sin alambrada, ese algo sigue muerto. Te sientes perdido, incapaz de dar un paso adelante a pesar que sabes que debes darlo para recuperar tu vida. Yo tenía 30 años cuando salí. Me había pasado 6 ahí encerrado. Seis largos años a merced de una voluntad que no era la mía. Me recogió mi padre a quien vi mucho más envejecido; él me contó que hacía 4 años que se había separado de su esposa, de mi madre pero a mí no me extrañó, ¿cómo iba a hacerlo? Fui con él a su apartamento y ahí me instalé y me sentí extraño. ¿Qué iba a ser de mi vida a partir de ese momento? A los días mi padre me llevó al abogado y ahí se me hizo entrega de un conjunto de llaves, de la propiedad y de todo su contenido además de la fortuna amasada durante años por mi familia pero sobretodo por el apellido Schels. ¿Dinero sucio? Quizás. No quería meterme. De repente era rico, multimillonario más bien pero seguía con la cuestión de qué hacer con mi vida. Daba largos paseos por Steinburg y a la noche regresaba a casa de mi padre hasta que, después de un més de libertad, tomé una determinación.

Fui a la mansión y la recorrí, recordé, suspiré. Había cambiado. Ya no era el niño que la había dejado atrás, ahora era un hombre inseguro, casi sin voluntad propia y que debía rehacer de nuevo su autoestima y voluntad sino quería ser carne para los buitres de la sociedad. Y lo hice junto a la persona a la que creía pusilánime, mi padre. Ese hombre al que había despreciado toda mi vida por dejar que su matrimonio se quebrara, resultó convertirse en todo mi ídolo. Deambulando por la vacía casa empecé a sentir algo que nunca antes había sentido o no me había atrevido a sentir: odio. Sentía odio hacía ese hombre que había gobernado mi vida con mano de acero, inquebrantable con sus normas y sus leyes que ahora me parecían tan absurdas. Llegué al despacho y accedí mirándolo todo con ojos nuevos hasta que me apoyé en la mesa y observé la silla vacía, esa ausencia pero presencia al mismo tiempo, como si todavía estuviera ahí, dispuesto a humillarme una vez más.
-¡¡¡NO ME GANARÁS, NO PODRÁS VENCERME!!! -y ya no supe si gritaba a mi abuelo o a ese celador... Creo que nunca lo sabré. Tras el largo silencio que prosiguió a mis gritos sentí que una nueva fuerza crecía en mí, la determinación de poder elegir mi sendero, volvía a mí. Ahora era libre. Libre sin ataduras, sin sociedad a la que volver, sin un apellido que defender, sin nadie que me coartara a la hora de actuar, sin nadie que me pidiera nada a cambio de mi integridad.

Futuro ~

Vendí la mansión y metí el dinero en un paraíso fiscal en un número de cuenta que guardé en una caja fuerte de un banco anónimo. Tras asegurarme ese dinero para mi futuro -por si lo que tenía en mente no funcionaba- agarré el dinero de mi herencia y compré el casino dinero en mano. Ese dinero ya no era mío, había pasado a otras manos y así, rompí con mi pasado. No tenía familia salvo mi padre que todavía me apoyaba. Él. Él había sido el hombre más sabio que conoceré nunca. Me aseguró el futuro actuando como actuó. A veces dudamos de las personas que más nos quieren y nos entienden hasta el último de sus días. Con el dinero sobrante de la compra del casino compré un apartamento lujoso en el centro de Steinburg para mí. Debía aparentar ser una persona importante y, una vez asentado y posicionado casi en lo más alto de esa ciudad del crimen, fui a buscar a un antiguo compañero de cárcel para tratar con él pero creo, querido lector... que eso ya está de más.

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Re: Friedrich Schels ~

Mensaje por Friedrich Schels el Jue Ene 16, 2014 1:24 am

Terminada ~
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Re: Friedrich Schels ~

Mensaje por Invitado el Sáb Ene 25, 2014 1:11 am

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Re: Friedrich Schels ~

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