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Un mal día para salir

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Un mal día para salir

Mensaje por Phillip Dietzel el Jue Ene 09, 2014 12:54 am

Odiaba los bajos fondos de la ciudad. Detestaba ese mundo oscuro y tétrico donde drogas y vicios prohibidos se extendían cual cáncer de la sociedad, haciendo mella cada vez más en las personas que no podían permitirse un lugar mejor donde vivir. Lo odiaba y, sin embargo, era donde más cómodo se sentía. ¿Cómo podía huir de lo que durante años fue su identidad? Él provenía de esa bajeza, de esa cara oculta en toda ciudad… Ni los trajes hechos a medida o el loft en el centro habían resultado suficientes con el tiempo. Sí, ocupaban un buen lugar en su orgullo propio por haber conseguido llegar tan alto desde tan abajo, pero se habían convertido en una máscara, una muy dura de llevar conforme los años pasaban y el vacío en su interior se prolongaba.

Pasear por las calles donde nació y creció dejaba un sabor agridulce en su boca. El sentimiento de nostalgia por una época en la que, por muy dura que fuera la vida, podía ser él mismo con los otros chicos… y el dolor de haber tenido que hacer cosas por las que jamás se vería en corazón de pasar de nuevo. Pero allí estuvo esa noche, dando un paseo por los recuerdos mientras se tomaba una copa de brandy en el antro más triste de la calle. Relajado y medio aturdido por el alcohol –que no forma parte de su dieta–, dejó que sus pies fueran donde quisieran ir.

No esperaba llegar al cementerio.

Era la primera vez que lo pisaba en años. Nunca tuvo a nadie por quién tener que ir, ni siquiera acudía a los entierros por los miembros del clan. Él estaba fuera de eso. Nada más llegar, sucumbió al cliché de dejar sonar en su mente el requiem de Mozart como tributo a los muertos. Caminaba entre lápidas y arbustos, sin mirar a ningún lugar en concreto, sin tener que buscar. Allí estaba, en un rincón alejado, una pequeña y ya oxidada cruz de hierro en medio de la tierra como señal de dónde reposaban ahora los quebradizos huesos de su madre la puta. Nunca hubo flores en esa tumba, nunca hubo nadie llorando ante ella. Ni ocurriría jamás. El por qué había ido allí era una muy buena pregunta que no pensaba responderse en ese instante, pero de repente se sintió incapaz de moverse, atraído cual imán por esa cruz.

Sacó un cigarrillo, vicio que intentaba dejar cada dos por tres, pero en el cual caía cuando el estrés subía. Lo encendió con calma, fumando con la mirada en la tumba. Para él, ese instante, era estar diciéndole a su madre “mira hasta donde he llegado”.

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Re: Un mal día para salir

Mensaje por Nazyr el Miér Ene 15, 2014 12:09 am

El viento nocturno aprisionó la nube de humo del cigarrillo y la obligó a viajar entre los arbustos y las lapidas, dejando una estela tras de sí. Nazyr había llegado a odiar aquel olor artificial y agrio que entraba por la nariz, raspaba la garganta y se aloja sin permiso en los pulmones. El tabaco trataba de asfixiarte, de matarte lentamente ahogándote, como si de una mano enemiga se tratase. Una mano que se posaba en tu nariz y boca por la noche, oculta por la oscuridad, y trataba de asesinarte. Tras dejar de fumar se había vuelto un purista del aire limpio y la vida sana, él, que en sus buenos tiempos se terminaba caja y media de cigarrillos al día y que rara vez había seguido rutinas de deporte. Pero la edad y la experiencia eran las mejores amigas del diablo, y en su caso eso era verdad.

Un haz de luz proveniente de la calle iluminó brevemente el camino frente a él y a Phillip Dietzel, al que Nazyr ya había bautizado como «Enigma». Aquel hombre trajeado y pulcro, con aspecto de oficinista, había aparecido en la bandeja de entrada de su correo una fría mañana de hacía mes y medio. «Totó» con su fantástico humor vespertino, había puesto en el título del mail «Hombre guapo y enigmático busca asesino burdo y sin tacto para un tête à tête con destino al otro barrio». Parecía que el Señor D. llevaba una diana pintada en la frente y una fecha de caducidad en la espalda. Y a Nazyr le daba cierta rabiar aceptar el encargo.

Pocas veces le ofrecían en bandeja semejante espécimen de sobreviviente al estilo Charles Dickens pero en macabro. Dietzel tenía todas las papeletas como para haber muerto hacía ya cinco, diez o quizás veinte años. Nadie suele dar un duro por los que nacen en la mierda, se crían en la mierda y se convierten en mierda, y sin embargo de entre el estiércol, el lodo y la basura, había salido algo. Un hombre que se había hecho a si mismo, y eso, señoras y señores, había que reconocérselo. Ese era el tipo de clase de personas que daba rabiar eliminar de este mundo, no porque se mereciesen vivir más que nadie, no, sensiblerías baratas fuera. Lo que ocurría es que Nazyr no podía evitar sentir cierta simpatía por los despojos humanos y los muertos vivientes que conseguían dar un paso al frente e ir por la vida con la cabeza alta. No es que fuesen mejor mierda que el resto de la bazofia humana, pero al menos había logrado algo con trabajo duro. Y el respetaba el trabajo duro y la obstinación, el hacerse a uno mismo, el ser él pobre que se despoja de sus harapos y se viste con una capa de seda y raso. Lo que fastidiaba eran aquellos a los que todo eso se les subía a la cabeza como el alcohol, y olvidaban a la puta que les parió y el lugar de donde venían. El sabía perfectamente quien era, de donde venía y hacía donde caminaba.

¿Lo sabría Phillip Dietzel? ¿Sabía que en alguna parte había una bala con su nombre? ¿Se lo esperaba? Algunos decían que se sentía, era como si lo oliesen, como un radar de balas que actúa de sexto sentido. Había conocido a muchos que habían jurado por sus madres que antes de recibir un tiro habían sentido algo.

—¿Cómo el sentido arácnido de Spiderman?—le había preguntado una vez a uno.

—Si tío, si, una mierda parecida a eso. Algo así.

Aquel hombre no se había enterado de que Nazyr se burlaba de él, tan convencido estaba de sus palabras. Y eso había dado durante muchos años que pensar a Nazyr. ¿Lo iría a sentir él? Si alguna vez estuviese en el punto de mira... ¿alguna fuerza extraña o parte de su cuerpo podría predecirlo? Lo dudaba, no creía en esas cosas, pero aún así el convencimiento de aquel hombre sobre el «sentido arácnido», era una comezón de curiosidad que no había logrado calmar.

En su piso, guardado bajo llave, descansaba un dossier completo sobre la vida, obra y cualidades de Don Traje de Marca, Mister Enigma, Señor D, el hombre que parecía haber hecho enfadar a la persona menos indicada. Contratante anónimo, mucho dinero y una lista de tres posibles candidatos a asesino del señor Dietzel. Nazyr estaba el primero y aún no había enviado una respuesta positiva. Seguía pensando, dándole vueltas, analizando a aquel personaje de la fauna de Steinburg al que le daba rabia «cargarse». Había un detalle más, «Totó» le había dicho que aquello olía ligeramente al metal cadente de una forja de espadas, lo cual, en el lenguaje codificado de su intermediario, significaba que existía una posibilidad de que el contratante fuese un Blade. Y Nazyr no quería líos con la mafia de Steinburg. Todo eso había quedado atrás, en Francia. No quería regresar a eso, su actual vida era perfecta para él. Una piedra en el zapato de vez en cuando —Maldito poli «Huevos de Oro»— pero nada más. Tenía un nido muy cómodo en Steinburg y no pensaba arriesgarlo por nada del mundo.

Si él no aceptaba el encargo otro de la lista lo haría. Tenía que sopesar los pros y los contras, ver todas las posibilidades desde distintos ángulos. Sería sencillo dar un tajante y rotundo «no», pero no estaba convencido de la respuesta. Estaba incomodo, si eso era, y no le gustaba sentirse así. Y la culpa la tenía «Enigma» y sus trajes y porte perfecto. Le incomodaba ese hombre, había estado siguiéndole dos semanas enteras, observando, acechando, tratando de desentrañar algo, porque los misterios le molestaban. Prefería las cosas simples y llanas, el café caliente, el agua clara, las armas limpias y la rutina espartana y férrea, y Phillip Dietzel no lo era en absoluto. Era molesto, pero no como «Huevos de Oro» —ese era directamente irritante— era otra cosa, algo intangible a lo que no lograba dar forma, ni nombre.

Ojala no le hubiesen mandado el contrato, así no tendría que decidirse entre rabiar y matar al Señor D, o decir que no y asistir rabiando a como otro lo hacía. El dilema del jodido Perro del Hortelano pero más bizarro, al menos a su modo de ver.

Otro haz de luz, esta vez de un coche, viajó por el cementerio. La luz de los faros le dio de llenó en el rostro y durante algunos segundos delató su posición. Se llevó una mano a la frente, a modo de visera y entrecerró los ojos. Un claxon sonó en la quietud del cementerio y Nazyr decidió que había demasiado ruido y luz. La noche del cazador debía de llegar a su final, era mejor retirarse y divagar sobre que decisión tomar.

La cuenta atrás ya había comenzado.


Spoiler:
Siento haber tardado. Se me han acumulado cosas que hacer, un viaje inesperado y mucho cansancio.
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Re: Un mal día para salir

Mensaje por Phillip Dietzel el Vie Ene 17, 2014 11:13 pm

No la odiaba. Parado ante su tumba, se daba cuenta de que nunca llegó a odiarla. Pero tampoco amarla… El sentimiento resultaba extraño e incómodo para Phillip, quien no creció rodeado de amor. Era la mujer que, tal vez no con la mejor intención, le había traído a la vida con el dolor y sufrimiento que acarreaba llevar un bebé en el vientre. ¿Cómo odiarla, cuando ella le dio la vida? Una vida que ahora podía disfrutar y vivir como le placía, llenarla de nuevas experiencias que hicieran borroso el pasado… Pero solo eso, porque nunca podría olvidar de dónde provenía. Y daba las gracias, porque la dureza de la infancia le había ayudado a forjarse y madurar como un hombre que puede valerse por sí solo. Odiaba a los lloricas, a los suicidas y a toda esa gente que no valoraba en nada la vida que tenían.

Las tumbas también le hacían pensar en la Muerte. Phillip no era un hombre que le temiera a la muerte, la había visto tantas veces de cerca que para él resultaba incluso… agradable. Bueno, tal vez aquella no fuera la palabra adecuada para describirlo. ¿Cómo hacerlo? Si le preguntaban acerca del cariño y el bienestar, D. no era capaz de dar una descripción detallada de lo que eran esos sentimientos; en cambio, era un experto en conocer el dolor y el sufrimiento. Lo mismo le pasaba con la muerte. Cuanto más cerca la sentía, más cómodo estaba. La sensación punzante en la nuca, aviso de que en cualquier momento recibiría el golpe final, le mantenía firme en la convicción de sobrevivir a aquella deplorable ciudad. Le ayudaba a mantenerse en alerta.

¿Si había notado al cazador? No exactamente. Aunque sí llevaba días notando la misma presencia desconocida a su alrededor. Tal vez solo eran imaginaciones suyas, no sería la primera vez, pero tras el último juicio del mes pasado empezaba a tener sus serias dudas acerca del tema. Había conseguido mandar a la cárcel a un Blade en lugar del verdadero culpable, uno de los Bullets. Ese era su trabajo y, sinceramente, no tenía remordimiento alguno. ¿No eran acaso los del otro clan igual de merecedores de una condena por sus actos? Él solo trabajaba por dinero, no le importaba lo más mínimo la vida de aquellas personas con quienes  no había mantenido contacto o relación cercana. Pero que quisieran matarle por ello… No pasaba por ahí.

La luz del vehículo le cegó por un instante, entrecerrando los ojos mientras giraba la cabeza para repeler esa incómoda sensación de picazón en los ojos. Y fue entonces cuando le vio. Al principio no estaba muy seguro de si era producto de su imaginación, tal vez una mala jugada por la mezcla de cementerio y noche, pero no. Ahí había alguien, agazapado incluso… un hombre que no tenía más motivo para estar ahí oculto que el vigilarle a él.

Su mirada se tornó de acero y avanzó un par de pasos mientras sacaba su pistola de la parte trasera del pantalón y le apuntaba. Podría haber hecho varias preguntas ¿quién eres? ¿qué quieres? … Pero Phillip sabía que estaba ahí para espiarle o matarle y ninguna de las dos cosas le hacían sentir cómodo. Así que optó por mantener la mirada helada y fija en ese hombre que le sacaba una cabeza y que, obviamente, estaba mucho más fuerte que él. – Puedo imaginar qué estás haciendo aquí. ¿Cuánto te pagan por eliminar el problema? – Se auto denominó problema porque así debían verle los Blades, y aunque su mano y mirada fueran firmes, por dentro sentía el precipicio queriendo engullirle.

Spoiler:
No te preocupes, además me ha encantado ;D

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Re: Un mal día para salir

Mensaje por Nazyr el Dom Ene 19, 2014 11:55 pm

Dio dos pasos hacía delante. Pisó algunas ramas secas y unas cuantas hojas antes de detenerse frente al Señor D. Estaba tranquilo, calmado, mirando el rostro de la persona que le estaba encañonando, sin prestar atención al arma. No iba a dispararle, al menos por el momento. Si sabía juzgar bien a las personas—y espera haber juzgado bien a aquel hombre— Dietzel primero querría respuestas, le haría preguntas, trataría de sonsacarle cualquier gajo de información para su beneficio. Y aquel beneficio, el más importante de todos, era permanecer con vida.

Tendría que haber abandonado el cementerio antes. Este tipo de clase de situaciones no le había pasado desde sus inicios en la mafia, cuando aún podía llamarse a si mismo «chaval». En un par de ocasiones habían descubierto su posición como francotirador, el regalo había sido un balazo cada vez. Uno en el antebrazo derecho y otro en el gemelo izquierdo. De ambos habían quedado sendas cicatrices como mudos recordatorios de lo difícil que era moverse en una jungla tan peligrosa como en la que se había movido Nazyr.

Ya lo había pensado en otras ocasiones. Se estaba volviendo viejo, y al parecer descuidado, o puede que una parte de él, una muy masoquista y oculta, hubiese querido que Phillip Dietzel le descubriera. Después de todo...¿Qué mejor forma de resolver un Enigma que enfrentándose a él? Sonrió alzando ligeramente la comisura de sus labios, ladeando la cabeza mientras decidía si contestar a no a la pregunta que le había hecho. Era lo suficientemente rápido como para moverse, sacar su arma y disparar él antes de que el «Señor Traje Perfecto» pudiese si quiera apretar el gatillo o saber que estaba pasando, pero también podría tener la suerte en contra y acabar con una nueva decoración en el cuerpo, o en el peor de los casos fiambre. Todo se reducía a pros y contras, a decisiones a contrarreloj, tomadas a la fuerza, bajo presión, estrujadas hasta el máximo.

«Hay que vivir la vida a tope» se dijo a sí mismo antes de dar otro paso más al frente y alzar despacio las manos, con las palmas hacía Dietzel. «Veamos de que pasta estás hecho Señor D». Oh sí, encontraba aquello divertido, dentro de la adversidad siempre había que buscar la burla y la diversión, o si no acababas quemado, tenso, estresado, mirando como un animal enjaulado por encima del hombro. Esa no era una elección para él, no era su forma de hacer las cosas, no era su vida.

—Un montón de billetes—contestó alzando la barbilla con una sonrisa socarrona bailando por todo su rostro, medio en penumbras—Y no soy el único que ha recibido el contrato. Si les digo que no enviarán a otro—le miró directamente a los ojos, saboreando de antemano cualquier expresión o movimiento que diese a entender que estaba nervioso, asustado—Parece que va estar muy solicitado, abogado.

Y la risa bailó en su boca con descaro. Le gustaba permitirse ser franco, bestia, insensible, irritante, chulo, incluso primitivo. Todos deberían de ser así, disfrutar del placer y del dolor ajeno por igual, después de todo el ser humano era una bestia impredecible. Era el más letal depredador para su propia especie, y a la vez su mayor salvador. Jodidas paradojas e ironías.

—¿Cuánto cree que vale su vida, Señor D?
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Re: Un mal día para salir

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