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Alexander Abbott.

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Alexander Abbott.

Mensaje por Alex Abbott el Dom Ene 05, 2014 9:40 pm

Nombre completo: Alexander James Abbott.

Apodo o nombre como es conocido: Alex para los que siempre tienen la necesidad de acortar los nombres, Lex o Lexy para los más allegados y la familia. Indiana Harlow, su seudónimo.

Fecha de nacimiento: Dos de Mayo.

Edad: 23 años.

Inclinación Sexual: Homosexual.

Grupo: Civil.

Rango/oficio: Escritor de novelas de género fantástico/terror. Autor de la saga «La Rueda Oscura».

Arma identificativa: Un Táser X2 Cew de la marca Taser International y un Spray de pimienta.




Descripción física:

Le hubiera gustado tener un aspecto exótico o estrambótico, algo fuera de lo común, con el pelo color rosa chicle o verde, ojos naranjas o completamente negros, orejas puntiagudas, garras o quizás una cola. Un aspecto mágico, de fantasía pura, un aspecto bajo cuya piel pudiera esconderse. Una máscara, un escudo y un arma.

Por el contrario se tuvo que conformar con ser moreno y de ojos azules, de estatura media, de complexión delgada, tirando a esquelética. Una persona con tendencia a quemarse la piel al tomar el sol, que se muerde las uñas y a la que no le gusta lo que ve en el espejo por las mañanas. Por eso comenzó a teñirse el pelo de blanco, se puso el piercing de la nariz, el pendiente en la oreja y se tatuó una mariposa envuelta en llamas en la muñeca derecha. Todo elementos usados para formar un personaje, escogidos por capricho, hechos con alevosía y premeditación. Un disfraz bajo el que sentirse cómodo.

Elige cuidadosamente todo lo que se pone, por lo que jamás saldrá a la calle con un aspecto descuidado, despeinado y con ropa de colores, puesto que el negro, además de ser su color fetiche, es una herramienta más para fabricarse esa piel que se adhiere a él como un guante. Nunca usará su aspecto como marketing, así que además de usar un seudónimo, los fans de sus libros nunca le han visto en persona, es más, la mayoría creen que «Indiana Harlow» es una mujer joven, una gótica que quizás tenga por mascota un cuervo llamado «Aguardiente», como el compañero con alas de uno de los protagonistas de sus libros.

Si te tomas tu tiempo en observarle, en medir sus movimientos, en escudriñar su rostro, verás que bajo esa faz melancólica, tranquila y hasta inexpresiva, las aguas no son tan mansas, que sus ojos brillan cuando ve o escucha algo que le interesa mucho, y que tiene una gama de expresiones bastante amplia, que muestra solo cuando se relaja y permite que alguien entre en su espacio personal, se acerque a él, pueda echar un vistazo en su interior y quizás llegar a ser considerado un amigo.

Descripción psíquica:

Hay ratones de biblioteca que muerden, Alex es uno de ellos. No es tímido, pero sí retraído, no es sumiso, pero tampoco lleva la iniciativa. Se ha convertido a si mismo en el héroe arquetipo de una de sus novelas: apagado, que vive alejado de los demás, en su propio y rico mundo interior y que de vez en cuando alza la cabeza, mira alrededor, no ve nada interesante y regresa a su universo plagado de preguntas sin respuestas, interés en asuntos morbosos, conversaciones consigo mismo, deseos secretos e inconfesables, donde nadie le molesta y puede dar rienda suelta a su imaginación.

Siempre hace lo que quiere y no le gusta seguir horarios ni reglas establecidas por otras personas. Se rige exclusivamente por sus propios deseos y sus propias normas. Así que cuando se habla con él hay que hacerlo con pies de plomo, ya que se suele tomar lo dicho al pie de la letra. Si alguien le dice: «Tienes que ir a tal sitio a tal hora», fruncirá leve e imperceptiblemente el ceño, y no irá a la hora acordada, o no aparecerá, sólo porque se le ha exigido hacerlo o se lo han mandado.

Durante años ha mantenido un status quo en su vida, alimentando sus obsesiones y sus manías. No soporta que la comida se toque entre ella, tiene que dividirla por formas y colores, organiza sus cosas por material, altura, forma, estampado, color y en orden alfabético descendente. Plastifica las portadas de sus libros y de sus cuadernos. Encuentra desagradable y molesto que las personas toquen sus cosas o las cambien de sitio. Se pone ansioso y se enfada si descubre que alguien ha modificado su entorno personal sin su permiso.

No le gustan los teléfonos móviles (querría no tener, pero sus padres y su editora le obligan a llevar uno con gps), las redes sociales, y las consolas. En general le desagradan los aparatos electrónicos a excepción de los ordenadores y las televisiones. No será la primera ni la última vez que estropea una cafetera o un microondas por darle un mal uso, o consigue que un video reproductor se coma una cinta. Resulta sorprendente que con esos antecedentes con la electrónica, el viejo discman que heredó de su hermana aún siga funcionando.

Por el contrario encuentra muy cómodo el aparato que compró por Internet, en el que escribe y que reproduce una voz que habla por él y que le evita el engorró de tener que estar escribiendo todo lo que quiere decir en una libreta. Sabe leer los labios, no es sordo, pero a veces le conviene hacerse pasar por uno cuando no quiere escuchar lo que le dicen. También «habla» el lenguaje de los sordomudos, pero apenas conoce personas que sepan usarlo.

Se frustra y se enfada con bastante facilidad. Cuando tiene un «pronto» tiene tendencia a tirar al suelo lo primero que encuentra a su alrededor y a no querer comunicarse con nadie durante horas. Se come sus enfados, los mastica a su manera, al igual que sus frustraciones y la rabia que le da cuando tratan de imponerle las cosas a la fuerza, sacarle de su zona de confort, o tocarle sin su permiso.

No es agresivo, pero hay que ver con cuanta rabia brillan sus ojos cuando esta realmente enfadado.

Así que como en una lucha constante, dentro de él convive la melancolía, la soledad y la paz, con accesos de rabia y enfado, prontos caprichosos de un niño que no ha terminado de crecer y una soledad que a comenzado a asfixiarlo, pero de la que no sabe como desprenderse de lo impregnado que esta de ella.




Gustos:

Escribir, sería capaz de pasarse la noche entera frente al ordenador, aporreando el teclado, creando fantasías oscuras con las que se siente como en casa, mucho más a gusto que el mundo en el que le ha tocado vivir. Los libros y leer.

El chocolate, que podría comer a todas horas, todos los días. Los cómics. Caminar, montar en tren o en bicicleta. Viajar, pero por su cuenta y si es sin compañía, todavía mejor. La ropa debidamente planchada y con olor a jabón casero. La gente que hace cosas por que sí, de manera espontanea, sin preocuparse de lo que dirán los demás.

Hacer la compra, puede parecer una tontería, pero para alguien como él, que ha vivido muchos años en una burbuja creada por su familia, el más pequeño acto hecho por propia mano es una enorme satisfacción, y hacer la compra es algo que le encanta. Por ende poder empaquetar la comida en paquetes separados y organizar la nevera es otra cosa de la que disfruta. Limpiar y ordenar.

El porno. Sí, y no le disgusta reconocerlo, le encanta ver porno.

Siente una profunda fascinación no solo por la criminología, si no también por la figura del asesino en serie como individuo particular (tiene hasta su lista de asesinos en serie favoritos) y como colectivo. A su vez disfruta mucho del cine de terror relacionado con esta temática y sí hay mucha sangre, vísceras y miembros amputados de por medio, mejor.

Disgustos:

«Los/las Rottenmeier», que es como secretamente llama a toda persona empeñada en meterse en su vida a la fuerza para tratar de cambiarla, ponerla patas arriba y conseguir hacer de él una «persona normal» (de todas formas ¿qué se considera normal y que no en estos días?) Tener que manejar por si mismo aparatos electrónicos. Los coches, motos, autobuses, taxis, y cualquier tipo de transporte motorizado a excepción de los trenes.

Tener comida de diferente variedad en el plato y que esta se toque entre ella. La ropa arrugada. El desorden entre sus cosas. No poder conseguir comprar algo de necesidad urgente (según sus estándares) porque no lo hay en las tiendas. Tener que usar cosas que no le pertenecen (pedir prestado algo que necesita usar a alguien). El contacto físico, las excesivas muestras de afecto hacía su persona (se cierra en banda y las rehuye)

No lograr expresarse con claridad y que por ello no le entiendan. Para alguien que usa la palabra escrita todos los días, casi a todas horas, es algo muy molesto. Que su interlocutor ignore de lo que le esta hablando, o que directamente le ignore a él.

Sus propios fans. Cuando lee una crítica o un comentario sobre uno de sus libros y, descubre que el lector no ha captado el mensaje o no ha entendido algo de lo escrito, no se lo toma como un fallo propio, si no como simple ignorancia de sus lectores, piensa que no se esfuerzan en aprender y comprender.

Habilidades:

Autodefensa, asistió a clases durante dos años durante la adolescencia por insistencia de sus padres. Un instructor privado le enseñó a utilizar de manera correcta el táser y el spray de pimienta.

Ha recibido excelentes críticas por su trabajo como escritor, sin embargo piensa que todo lo que escribe es mejorable, que esas críticas son excesivas, que su trabajo no es tan bueno. Aún así desde que empezó a escribir y publicar no ha parado de ganar premios.

Muy bueno en la cocina, podría decirse que fantástico, sólo que... lastima que unicamente cocine lo que sólo le gusta a él.

Debilidades:

Mudo de nacimiento debido a una lesión cerebral (en el área de Broca) que tuvo durante el parto. Aunque se comunica por el lenguaje de los sordomudos, prefiere hacerlo a través de un aparato parecido a una tablet en el que escribe lo que quiere decir, y el aparato reproduce con una voz sintética.

Cualquier pequeño cambio o desequilibrio en su entorno personal podría derivar en un ataque de ansiedad como consecuencia de poseer una personalidad cercana al espectro obsesivo-compulsivo sin llegar a considerarse un TPOC. Toma pastillas para contrarrestar los ataques de ansiedad.




Historia:

Wyoming, Estados Unidos, 3 de Agosto de 2001.

«Se muerde las uñas».

Es el primer pensamiento del niño cuando ve que la muchacha se había estado mordiendo las uñas, pintadas de rojo sangre, el mismo tono que cubre su cuerpo, como una pintura cubriría un lienzo blanco. Ella se llama Mary y tiene diecisiete años. Él se llama Alexander, tiene diez años y esta de excursión con sus padres.

Mary y él tienen un rato a solas en la quietud del bosque. No pueden mirarse a los ojos porque ella ya no los tiene, pero no importa. Ella le habla con su cuerpo, con el brazo dislocado, colocado en una postura extraña, o con sus piernas abiertas y amoratadas, por las cuales discurre un reguero de diversos fluidos, mezclados como en una paleta de colores.

Es un momento extraño, aterrador, un instante venido de otro mundo, de otra realidad. Después, Hannah, la hermana de Alexander, baja el terraplén.

—Papá y mamá te están buscando retaco... ¿Qué haces, eh? ¿Has visto un conejo?

Y luego muchos gritos.

A los diez años Alexander descubre un cadáver en el bosque. La séptima victima de Klaus Bauer, un asesino en serie conocido con el sobrenombre de «La Bestia». Sigue con avidez y fascinación el juicio y la condena de Bauer, quien es sentenciado a la silla eléctrica.

—¡Lex! Dios mio, no veas esas cosas—su madre, Sophie, apaga la televisión, pero ya es tarde. La relación de Alex con el inquietante mundo de los asesinos en serie sólo acaba de comenzar.

Cuando cumple catorce años ocurren varios hechos significativos en su vida. El primero de ellos es que su padre, pese a la oposición de su madre, le regala su primer ordenador y su primera impresora. El segundo es que Klaus Bauer muere de un ataque al corazón en prisión. El tercero resulta ser la plantación de una semilla, una semilla llena de imaginación que algún día germinará y dará como fruto «La Rueda Oscura», un mundo plagado de pesadillas, envuelto en el oscurantismo político de una era maldita, repleto de personajes enemigos de si mismo, de engendros devoradores de mentes, de traficantes de almas, donde el amor mengua lentamente y las vidas se apagan al soplar la llama de una vela.

Pero por el momento esa serie de novelas que algún día le permitirán poder llamarse a si mismo escritor, son tan sólo una serie de ideas inconexas, plasmadas en cuadernos de anillas a la espera de ser regadas para poder madurar.

A los dieciséis Lex devora libros uno detrás de otros. Al mismo tiempo que descubre a los escritores japoneses, también comienza a esbozar el primer libro de «La Rueda Oscura» y a separar la comida por colores en el plato, a organizar la ropa por formas y tamaños, a plastificar los libros. Se encierra en si mismo. Ante su evidente falta de amigos debido a su naturaleza retraída y su nulo interés por el mundo exterior, encuentra que sus verdaderas amistades son su ordenador y los mundos que crea con ayuda de su teclado. Comienza a presentar sus obras, oscuras, plagadas de pesadillas y contornos difuminados a concursos de escritura. Gana sus primeros premios.

Empieza a rechazar el contacto físico. Nunca ha sido de abrazos, besos y palabras cariñosas, pero ahora se muestra más evidente. Se vuelve un prisionero de si mismo, alguien que no sabe vivir la vida si no es a través de sus personajes, de sus historias. Se construye en su interior una torre en un castillo amurallado y se encierra dentro.

A los dieciocho años Hannah sufre un accidente de moto y entra en un coma del que tardará en despertar dos años. Para ese entonces, y tras ganar varios premios y publicar algunos relatos, una editorial se interesa por el borrador del primer manuscrito de «La Rueda Oscura». Consigue un contrato que le ata durante algunos años a la editorial y para la cual escribirá una saga de siete libros.

La recuperación de Hannah es lenta y dolorosa, queda en silla de ruedas. La condición de su hermana no sólo trastoca la vida familiar si no también el pequeño, seguro y aislado mundo de Alex. Se ve obligado a cuidar de Hannah, salir con ella, llevarla al médico, al hospital, a rehabilitación. Soporta gritos, insultos, objetos lanzados contra él, ataques de ira, lamentaciones, incluso un intento de suicidio. Hannah termina por convertirse en uno de los personajes de sus novelas, la reina caída en desgracia, con las alas rotas, humillada, en busca de un artefacto perdido que restaure el orden del universo. Una reina de gélido corazón que clama venganza.

La tensión explota como una burbuja de jabón. Alex necesita descansar, le tiemblan las manos, llora mucho, tiene un ataque de ansiedad en medio de una reunión con su editora. Necesita coger aire, cambiar de ambiente. Decide viajar, pero su itinerario se sale de lo convencional. Visita museos de lo macabro, casas supuestamente encantadas, viviendas que presenciaron terribles crímenes, los hogares de algunos famosos asesinos en serie. Se aburre, Norteamérica se le queda pequeña.

En algún momento de su solitario periplo por lo macabro, se da cuenta de lo vasto que es el mundo. Se percata de que no hay aire en su pulmones, de que no vive, solo se mueve, como una marioneta mecánica que obedece las ordenes de un bucle eterno. Siempre la misma comida, la misma ropa, el mismo horizonte ante sus ojos, el mismo sentimiento de que hay más de lo que tiene a su alcance, de que nunca llega a su destino. Un día se da cuenta de que se ha convertido en el héroe de una de sus novelas. Era lo que buscaba, pero lejos de satisfacerlo, de procurarle felicidad y placer, le ha convertido en un prisionero de un mundo donde no entra la luz, el color o el calor.

Trata de cambiar pero no puede. Los guisantes siguen sin poder estar mezclados con las zanahorias, las manos de los desconocidos siguen pareciendo armas dañinas, no sabe romper la rutina, encuentra horriblemente complicado dar los buenos días con la cabeza alzada.

Ve como Hannah ya no podrá hacer cosas que él aún podría. Comprende que esta vacío. Los libros no pueden llenar el hueco dentro de él, tampoco lo que escribe o su familia. Necesita un tiempo para reconstruirse, para encontrar quien quiere ser, para buscarse y encontrarse a si mismo.

Un día la descubre a ella, en la pantalla de un televisor. Se llama Steinburg y esta en Alemania. Es bonita porque es decadente, es preciosa porque tiene una historia que contar increíble. Siente fascinación por esa ciudad dividida por dos mafias. Le parece un sitio que podría haber salido de uno de sus libros.

Si se ha convertido en uno de sus propios héroes... ¿No sería este el lugar perfecto para perderse, para destruirse y reconstruirse? Quiere conocer sus edificios, las historias escondidas en sus paredes. Le da igual que a sus padres les parezca mal, pide otro tiempo de descanso, lo organiza todo, se va, si no arriesga no va a aprender a vivir, no va a saber como destruir la torre del castillo amurallado.

Con veintitrés años llega a Steinburg.

Abre un documento de Word.

Tiene nuevas historias que contar.




Imágenes:


Spoiler:

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Re: Alexander Abbott.

Mensaje por Alcalde Diedrich el Lun Ene 06, 2014 3:09 am

FICHA ACEPTADA.


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