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Sagitario & Capricornio

Mensaje por Ian K. Harsányi el Vie Dic 27, 2013 11:58 am


¿Alguna vez había deseado algo más que sentirse una inútil sombra? ¿Algo que pereciese bajo la capa de algo que no era realmente suyo? ¿Alguna vez había tenido ensoñaciones sobre algún tipo de futuro? Claro… ¿A qué llamaba futuro? Siendo lo que era, la determinación del futuro quedaba tan lejana como aquella hoja de cerezo que había caído como última, debido a la presión que ejercía la nieve sobre la pequeña rama del mismo árbol, arqueado por el peso, hacia el cristalino arroyo que cruzaba el parque “del mundo de los humanos” Debía dejar de ver “Generación Alien” para no confundir con cosas ficticias, la realidad. La presión de la propia nieve hizo que la ramas se tambalease y que minutos después se moviese con euforia, soltando la nieve de manera hostil hacia el agua, congelada debido al Padre Invierno. Tal vez su vida había acabado siendo desmoronada como la nieve (Eso es lo que solía pensar, al ser un capricornio muy preocupado), cayendo estrepitosamente hacia un lugar vacío. Un momento.. ¿Aquello era vida realmente?  ¿Quién era realmente aquel chico de tez de porcelana cuyos cabellos deslumbraban de entre todas las hermosas flores? Aquel cabello de rojo fuego y de hebras abultadas y sedosas, a veces se sentía tan estúpido por parecer un ser vacío, irracional, pero era lo que se había ganado por tímido y por sociópata, o eso llegaba a imaginar, ¿Es que nadie podía ver que en el fondo relucía la pureza en sus movimientos? El fulgor de la llama de la alegría, de hacer el tonto, claro… Eso únicamente lo dejaba para otros momentos, como cuando se ponía nervioso y tropezaba, o como cuando la euforia se veía vertida en él.  Pensar las cosas demasiadas veces, un vicio incondicional del chico de rojizo cabello, de rojo vida, de rojo pasión.

Del rojo que hacía envidiar a las rosas, manchadas por el rocío que desprendía el  día de invierno, tal vez, uno de los más fríos que pudieran darse por aquellas zonas mundanas. ¿Qué cómo lo sabía? Tal vez, por las caras de aquellos que se despertaban temprano para abrir los comercios del alrededor del parque, por cómo se abrigaban y trataban de entrar en calor frotándose los dedos una y otra vez, o simplemente por soplarse las mismas manos.

Porque era bastante estúpido salir a la intemperie y no abrigarse como era debido, a veces, sin llegar a más, era consciente de que el ser humano era “masoquista”. Que simplemente le gustaba sentir dolor, cualquier motivo era bueno para sentir dolor.  Con lo sencilla que era la vida.

Todo parecía tan irreal como cómico, él tan solo llevaba un abrigo que no era ni la mitad de los que llevaban aquellas personas, nonadas. Un abrigo que cubría su cuerpo desde su cuello hasta las rodillas donde ya era visible la ropa que había debajo del abrigo, era temprano y tendría que ir a la universidad, por lo que llevaba unos pantalones largos y ajustados, unos “pitillos” de color negro grisáceo desgastados,  la única parte de su cuerpo que iba desnuda ante el temporal para asombro de los más ateridos era el rostro y las manos, aunque la mitad de su cabeza estaba cubierta por un gorro de lana de color negro en el cual había colgado de él un pequeño borlón o bola de lana de “pelito”. Era bueno dejar atrás los pensamientos que pudiera tener respecto al resto del mundo y centrarse en sí mismo aunque había poco en lo que centrarse, pues tan solo era un ente entre un mundo de entes, o así quería pensarlo, de una manera mucho más astral, un ente  que vagaba sin rumbo por los lares más recónditos.

Sacó del bolsillo las manos, las cuales sin guantes podían apreciarse dentro de la pigmentación alborea de su piel, rosáceas debido al frío. El cielo se presentaba nublado, tal vez iba a nevar de nuevo, tal vez solo estaba así por aquellas personas entristecidas a las que no les gustaba esa fiesta, la navidad, o simplemente era otro capricho del temporal, como los propios caprichos del pelirrojo que avanzaba lentamente, dejando atrás los jardines congelados debido a las gotas de rocío y del propio frío del temporal, el puente levemente elevado para cruzar uno de los lagos donde había visto caer la nieve al agua congelada, y por último, la entrada del parque. Nada esmerada  para ser un parque bonito, quien hubiera hecho la entrada tal vez merecía una reclamación por no haber cumplido el trabajo a la belleza de las hermosas flores que hoy permanecían dormidas bajo el manto del rocío y de la nieve o escarcha.

¿Por qué se paraba a pensar en eso? Debía dejar de ser tan observador  y quisquilloso con el entorno que le rodeaba, pero él como artista, solo daba una opinión del mundo que le rodeaba. Obviamente eran cargos que a él le daba igual pero como no tenía otra cosa que hacer más que esperar, criticar era la parte sencilla, bajo el manto helado de su mente. Inclinó el rostro hacia la bufanda color verdoso, tapando así su congelada y rojiza nariz, tratando de respirar entre las abrigadas prendas para que volviera de nuevo a su temperatura natural, y ya de paso, un color rosáceo de añadido por ir soplando y calentándose el rostro.  Esperar no era nada cuando lo que realmente se esperaba era lo que quería, lo  único que le hacía sonreír y prolongar la sonrisa ¡Aunque debía tener cuidado! Con el frío que hacía no quería romper sus labios por sonreír demasiado, y ese era el castigo por tener los labios gruesos y sensibles además de no usar cacao sobre ellos porque el cacao se le había olvidado en el piso donde vivía, ya medio gastado. Esperar y ser paciente, una virtud que los capricornio no tenían ¿Verdad, sagitario?
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Re: Sagitario & Capricornio

Mensaje por Demian Howell el Vie Ene 03, 2014 4:18 am

El frío, el viento, la nieve, la noche, nada lograba alcanzarlo. La velocidad y la agilidad requerida de sus movimientos rompían el aire y le proporcionaban el calor necesario para hacer frente al invierno. Bajo las luces de una ciudad que dormía y su particular silencio, el crujir de las ruedas contra el suelo, su raspar contra el cemento en las curvas o en los pequeños saltos y la agitada respiración eran lo único que irrumpía con la calma.
Demian y un grupo de individuos de los que apenas conocía sus nombres y sus habilidades, se acompañaban en tal lugar. Por su parte, él experimentaba en las diferentes rampas con el skate, había otros que hacían lo mismo o incluso patinaban. Aquella zona, en especial, era la mejor para la gente como ellos, "el terreno justo" como decían.
Estuvo hasta altas horas de la madrugada en un hermoso estado, ajeno al mundo. Las palabras ocasionales que intercambiaba también desprendían un aire agradable. Hablar con personas cuyas vidas son desconocidas para uno, tiende a aportar un sabor especial a las conversaciones.
Cuando los músculos reclamaron descanso y una densa capa de nieve se amontó en cada rincón, fue entonces que emprendió el camino de regreso a casa. Una ducha y un par de horas de sueño eran lo necesario antes de las clases destinadas con la llegada de la mañana.
Abrió la puerta y como se esperaba, el panorama que encontró fue el de siempre. Una vieja película reproduciéndose para nadie más que los muebles y el decorado, la calefacción prendida y a su tío durmiendo en el sofá frente a la televisión. El cual, para ser una persona que trabajaba todo el día, debía dedicar más tiempo a dormir en una cama como era debido, algo que Demian solía pensar. En el fondo sospechaba que esa era la manera de Shane de preocuparse por él, de llegar del trabajo y esperar por su sobrino hasta caer profundamente dormido. Pero el joven pelilargo nunca preguntó al respecto, se limitaba a taparlo con una manta, juntar las latas de cerveza ya vacías e ir él mismo en busca del añorado mundo de los sueños.
Por la mañana, era el propio Shane que lo “despertaba”. Sí, el uso de las comillas es necesario, dudaba que aquello pudiera ser llamado un despertar común y corriente. Véanlo por ustedes mismos.
---------Temprano, antes de las horas de clases.
 “Te pones muy duro cuando lo engulles todo. Vamos, abre más las piernas, quiero verte cuando te vengas” (Ruidos lascivos de fondo)
Una voz masculina murmuraba en la habitación. Demian se revolvió inquieto entre las mantas sin comprender lo que su cuerpo estaba sintiendo. ¿Por qué tenía la urgencia de tocarse? Sus manos se rehusaban a moverse, pesadas.
Eso es cariño. Ya casi entra el brazo entero.” (Gemidos)
Oh… ¿oh? ¿Lo qué? –balbuceó al abrir súbitamente los ojos- ¿El brazo? –claramente no estaba soñando, por lo que la inquietante voz provenía de algún lado y podía jurar que sabía de dónde. Se levantó sin siquiera calzarse y camino hasta dejar atrás a su dormitorio y terminar frente al televisor de la sala principal. La expresión que se formuló en su rostro era digna de sacarle una foto. Simplemente no creía lo que veía.
Te he llamado tres veces, pero sólo te levantas cuando escuchas a dos tipos duros. Me voy a sentir herido –comentaba Shane mientras reía al ver la expresión de su sobrino y colocaba el desayuno en la mesa que estaba entre los sillones y la tele– Definitivamente no estás pensando con la cabeza correcta.
¿Cómo puedes decirme eso? No soy el propietario del video y menos los “actores”. ¡Oh mi dios! ¿Viste eso? –alzó las cejas sin salir de su asombro– ¿Es humanamente posible?...
Puede que un día lo pongas a prueba. Ahora, ve a aprontarte Dem, llegarás tarde –fue lo último que escuchó decir a su tío antes de caer en la cuenta de la hora que marcaba el reloj sobre la repisa.
¡Demonios, le dije a Ian que nos encontraríamos antes de clases!
 
Bueno, las mañanas nunca eran unas iguales a las otras y Shane tenía formas muy diversas de despertarle. Solían incluir un material o una actitud que la mayoría de las personas reprobarían. La relación que tenía con su tío era bastante particular, hablaban con naturalidad, sin pudor ni prejuicios. A pesar de que se veían poco y de que se trataban más como amigos que como familia, el amor que se tenían era un puro y hermoso amor familiar, valga la aclaración.
Se duchó, se abrigó y desayunó (tragó la mitad en el camino), antes de ir al prometido encuentro con Ian. El frío finalmente golpeaba sus sentidos y el aire caliente de su cuerpo creaba un visible vapor al escapar de su cuerpo ante la agitada respiración, producto de marchar a toda prisa. Sobre el resto de la ropa llevaba una camisa de invierno a cuadros y sobre ésta un abrigo de color azul. En la parte inferior no mostraba más que un grueso jean y su usual calzado.
Al llegar al parque buscó instantáneamente a su buen compañero. Poco tardó en encontrarlo, aquel característico color de cabello, la nívea piel que iba a juego con los colores del invierno y ámbar de un limpio mirar. Si se paraba a pensarlo, las tonalidades en la presencia de Ian resaltaban por la calidez de las mismas. ¿Qué es lo que había exactamente tras la calidez? Es algo que todavía no alcanzaba a descifrar, pero calentaba su corazón con sólo mirarlo.
¡Hey! Lamento la demo- –al mismo tiempo que cruzaba el tramo final hasta alcanzar a su compañero, resbaló, sí, escucharon bien, resbaló a causa de los vestigios de nieve que quedaban en el lugar. Su trasero y espalda fueron a dar tan rápido contra el suelo que apenas tuvo tiempo de caer en la cuenta de lo que pasaba. Cuando el propio impulso de la caída lo hizo deslizarse hasta quedar exactamente a los pies de Ian, fue la segunda vez en el día que ponía aquella cara con las cejas levantadas y la boca entre abierta. Y poco menos tardó en armar una enorme sonrisa en sus labios, al mismo tiempo que llevaba la vista en busca de la contraria– ¡Buen día! Espero que estemos a tiempo para llegar a clases –comentó con extrema naturalidad. A decir verdad, Ian se veía encantador desde allí abajo, con el cielo invernal de fondo.
Su cabello con un reflejo prácticamente azul caía suelto a sus lados, olvidado de ser atado. Ese color y el propio azul de sus ojos, junto al blanco de su sonrisa, estaban marcadas por la frialdad de tal época. Lo único que le daba vida era la potente llama que alimentaba  su cuerpo, un alma de fuego.
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Re: Sagitario & Capricornio

Mensaje por Ian K. Harsányi el Mar Feb 04, 2014 12:23 am

A veces había escuchado en televisión que los días de las personas dependían sobre todo, de cómo se levantaban de la cama, del sueño, el hábito de levantarse, de peinarse y de vestirse, de que la lotería de la suerte se jugara por como uno iba a iniciar la mañana con los colores de sus prendas, aunque a veces las mañanas no salían tan torcidas como uno pensaba que salían, después de todo, el destino lo construía uno mismo a base de horas y horas labrándolo a cincel, a lo largo de la vida ¡Y mira que la vida era extensa! Por mucho que alguien dijera que el destino no se podía cambiar, eso serían simples mentiras de una mente conformista que no desea cambiar sus males, porque todo puede cambiar y siempre puede llegar un día al final de tus propios problemas ¿Verdad? Meditaba por entonces Ian, pensando qué era lo que iba a hacer con su vida, qué exactamente sería el detonante que moviera sus ideas días tras días, porque no siempre uno se podía levantar con las ganas de comerse el mundo, y el día resultaba estar manchado de las mismas manchas de café que al estar dormido, haces zig-zag con la taza y esta acaba derramando el contenido ¡Y ahí es donde empieza tu día! Y parecía que las manchas del día se prolongaban por la noche cuando tenía que dedicar cuerpo y alma a trabajar en Te Hole.  Su cabeza se veía comprimida por un millón de pensamientos, de los cuales pocos eran sanos y la mayoría eran pensamientos dubitativos y bastante extravagantes, o lo que hacía la mente del artista por tratar de buscar una forma de salir del submundo tercermundista del cual se había criado.


Pensar, o el arte de plantear las cosas, de darle mil vueltas, ese era el oficio de Ian, pensar y seguir pensando y ¡Cuidado! Un día podía quedarse calvo de tanto pensar en que pensaba. Menudo oficio se había echado al nacer bajo el signo zodiacal al cual pertenecía ¡Capricornio! Aquella cabra loca, pero que de loca apenas tenía un pelo ¿o tal vez era la serenidad que le aportaba la cola de pez? ¿Ian? ¿Qué estás pensando exactamente? Sacudió la cabeza al escuchar la voz que tanto anhelaba, la voz sincera  y dulce que él dibujaba en su mente, o como observaba a aquel chico caminar apresurado hacia él, las ondas de su cabello azul como el propio invierno tambaleándose, esa hermosa sonrisa en esos labios  con los que soñaba acariciar… ¡Y de pronto PUUM! El sueño fantasioso del pelirrojo se fue al carajo en decimas de segundo ¡Menudo entusiasmo le ponía la gente por tratar de imitarlo! ¡Pero si las personas patosas nacían solas, como él! --¡Estás loco! ¿Cómo se te ocurre venir apresurado? ¿Es que no sabes que te puede pasar algo y te puedes romper la cabeza?–Debía darle con el pie y patearlo, o llenarlo de nieve para que aprendiera a no ir como un loco pero apostaba a que, seguro que ni siquiera pateándolo le haría caso, iría a su bola, como siempre, como le gustaba… Y volvían los suspiros de nuevo, esa sonrisa perdonaba cualquier pecado que sintiera, esa sonrisa reajustaba su alma, la colocaba en su sitio y hacía con él lo que quisiera si con esa sonrisa prolongase unos instantes más el momento de decirle….


--¡Demian! Levántate de ahí o cogerás una pulmonía… Parece que solo quieres preocuparme, tonto. – Inclinó el cuerpo hacia delante, agachándose incluso para ayudarlo a levantar del frío y húmedo suelo, seguro que tendrían que volver para atrás para que Demian se cambiase ¡Estaba empapado de nieve! -- … Tal vez debamos ir a tu casa y .. que te cambies de ropa porque… No voy a permitir que por mi culpa de ir… unos minutos antes y hablar te resfríes y.. am.. ¿Qué te parece..? ¿Por qué te lo pregunto? Vas a hacer lo que yo te diga por una vez. –Pausó unos instantes sus órdenes, no esperaba  escuchar un “Yes, my lord” como respuesta, pero al menos un “sí” para doblegar esa loca rebeldía que despertaba cada poro de la piel nívea del pelirrojo, que  lo atontaba de muy mala gana, le hacía volar, teniendo las alas heridas y fragmentadas. Era un estúpido por seguir creyendo que por no mirarlo directamente las cosas cambiarían y un buen día se daría cuenta de que ya no estaría a su lado para torturarlo con esa sonrisa. O también podía esperar a que el caprichoso Oliver hiciera de las suyas, simplemente.Espera un momento ¿Había insinuado ir a la casa de Demian a que éste se cambiase de ropa? ¿Ian? ¿Qué estabas pensando realmente? ¡Alerta! Ian deja de pensar cosas así, no atenderás en clase, se te caerá otro vaso al intentar servirle una copa al ojito derecho del jefe, volcaría sus frustraciones con el libro que estaba leyendo para la universidad y por si fuera poco ¡Se estresaría  y empezaría a morderse las uñas como un crío pequeño! Y para colmo acabaría seguramente que haciendo una locura… Aquella tensión que llevaba dentro debía acabar de una vez por todas, no podía vivir con esa furia interna, ese fuego insatisfecho que se volvía del mismo color de sus hebras. Se quitó el abrigo  lentamente, abrazando por última vez el calor que le ofrecía a la espalda y se lo echó por encima a Demian, tratando de abrigarlo como un buen amigo hacía a otro buen amigo ¿Qué importaba si cogía una pulmonía? Él no era merecedor de un amor tan puro,  y menos teniendo a Oliver como rival, era como comparar una hamburguesa vegetal con una hamburguesa súper vegetal y extra de lechuga y tomate más una manzana. ¿En serio quería comparar su vida con un menú en un restaurante? Esta noche, seguro que se quedaría mirando el techo en busca de una respuesta a sus pensamientos ¡Y a sus plegarias! ¡A ver si se cumplían y Cupido dejaba de tocarle los huevos!
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Re: Sagitario & Capricornio

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