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Flashback Refugio (Privado)

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Flashback Refugio (Privado)

Mensaje por Caleb Wożniak el Vie Dic 20, 2013 12:06 am

La vida da muchas vueltas, N. lo estaba comprobando con su estancia en la enfermería. En el hospital había llegado a odiar el olor a desinfectante y las paredes blancas, incluso con el inminente juicio había deseado salir de allí cuanto antes y sin embargo, contemplaba la enfermería con ese mismo olor y esas misma paredes, como un refugio. Salir de allí significaba volver con el resto de presos, volver a estar con los hombres que le habían mandado ahí. Le darían el alta mañana, pero los moratones de la paliza aun podían verse sobre su piel.

Estaba asustado, más incluso que el primer día que había ingresado en prisión. Ingenuo de él, se había sentido a salvo bajo las alas protectoras de uno de los jefazos de aquel antro y la realidad le había golpeado junto con aquellos puños inmisericordes. Tembló, como cada vez que recordaba la paliza y se daba cuenta de que podía haber sido mucho peor. Lo había oído y lo había visto. Que miserable se había sentido por no hacer nada, por no poder hacer nada para impedirlo. ¿Por qué? ¿Si era un asesino por qué sentía esa culpa, esos remordimiento? Los asesinos eran fríos, debían serlo ¿cómo si no eran capaces de arrebatar la vida de otra persona?

Sombras, dudas y frío. Su vida estaba repleta de un vacío aterrador que no sabía como llenar, anhelaba el calor que el Sol ponía a su alcance, como una promesa lejana que no podía alcanzar. Quería sentirse lleno por aquella luz, por el calor y la comprensión. Quería sentirse seguro, a salvo y querido, como debían sentirse los niños no natos en el vientre de su madre.

Ecos de pasos acercándose por el pasillo aceleraron su corazón. Cerró los ojos y se tapó con la sábana, simulando que estaba dormido. No quería tentar la suerte y que le vieran demasiado espabilado, sino podían decidir adelantar el alta y él quería rascar hasta él último pedazo de tranquilidad que pudiera encontrar en aquellas paredes. La puerta se abrió y tres pares de pasos entraron, unos segundos después se volvió abrir la puerta, pero sólo salieron dos pares. El par restante permanecía en la habitación.

Abrió despacio los ojos, buscando tentativamente al dueño de aquellos pasos. En seguida distinguió el uniforme de presidario, subió más la vista y el alivio le envolvió al no descubrir un rostro conocido, en busca de rematar la faena. Se incorporó despacio, con cautela. Que aquel preso no fuera uno de los que le agredió, no significaba que no pudiera hacerlo.

—Hola —saludo con suavidad. Mirando con mayor curiosidad que recelo al desconocido.

Le sonaba haberle visto por ahí, pero no conocía su nombre, ni había hablado con él. Curioso como incluso en un lugar como este los seres humanos encontraban hueco para ignorar y desconocer a sus semejantes.

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Re: Flashback Refugio (Privado)

Mensaje por Konrad Wagner el Miér Dic 25, 2013 8:46 pm

Konrad arrastraba sus pies como si entre sus brazos no llevara el dolor, pulsante y sordo, sino una áspera cruz pesada y dura. Se sentía un burdo mártir con las costillas rotas, la ceja aún medio abierta y los labios hinchados, no por besar, no a causa de esas sonrisas cínicas y de sabor amargo, sino por las caricias sádicas de los tipos de siempre. Ahora, acompañado por esos guardias que ejercían de Pilatos en su drama, caminaba despacio y quejumbroso, sin emitir quejidos por pura y mera hombría, sellando su dolor como un secreto a voces. Que él no iba a delatar. No por sí mismo.

Y sin embargo, lo que más le dolía era el orgullo. Por muy hombre que fueras, por huevos que le echases, el número ganaba. Y Rad estaba solo. Los aliados aquí siempre tenían un precio, y aunque su piel ya no valía lo que hubiera creído mucho antes de la cárcel, él no se vendería. Por éso cojeaba mansamente a través del patíbulo hacia la enfermería, tratando de aparentar estar erguido y sano, como si "encajara" los golpes y no los recibiese.

Nunca sabes cuánto puede doler el dolor hasta que el mapa de tu piel ya viste cicatrices. Cuando has sufrido tanto aprendes a sentir diferentes matices, registros de agonía en una escala nueva y lacerante. Rad había estado peor, pero aún así, la punzada en su vientre y su costado envenenaba poco a poco sus sentidos ansiando algo a lo que aferrarse, olvido artificial, sueño, analgésicos, tal vez un simple orgasmo. Un aullido en su cuerpo que fuera vasto, hondo y arrastrase consigo el aguijón de la derrota.

Aquellos cancerberos le guiaban nuevamente a aquel limbo minúsculo, dónde podías perderte sólo unas pocas horas, tal vez algunos días si la herida era grave, si la impotencia inmensa. Al principio, tras su primer enfrentamiento, su primera paliza y esas primeras vejaciones, Konrad se había pensado ejercer de diana y provocar a otros para esconderse en aislamiento o en esa sala estéril, yerma y resguardada. Poco después su estrategia resultó lo demasiado obvia para no ser premiada, y los guardias le dejaron sangrar en esa celda, fría y grisácea.

Ahora no buscaba pelea. Pero igualmente la encontraba. Su sonrisa torcida parecía un desafío y muchos aceptaban el reto tratando de borrarla, de arrancarle los labios o la mueca. Roto y ajado, siendo guiado maltrecho, Konrad aún sonreía. Hay cosas que no quieres aprender. Por más que duelan... Cosas que te definen. Cosas que elijes. Religiones diarias.

Al llegar a la sala el olor a esa nada, a aséptico y neutral, a ajeno, nuevo, limpio, a sangre derramada que ya han dejado atrás gracias a la lejía, le llenó los pulmones y la mente. Tal vez el cielo fuera una enfermería dónde esperas que alguien cosa tu alma. Sólo unas cuantas órdenes, algunas advertencias, un simple "Espera aquí, Wagner, no busques más problemas" y después el silencio. Y esa ilusión de soledad que sólo rompió un "Hola", tímido, suave. Muy lejos de las voces, las risas y los gritos que llenaban de ecos sus días en la prisión.

Konrad buscó el origen de ese saludo, dócil, y recorrió el rostro del joven escondido bajo sábanas blancas. Como si aquella tela forjara un reino nuevo, un cálido refugio. Como todos los niños que saben que los monstruos no retiran las mantas. Se acercó a él midiendo la distancia, y el esfuerzo con el que un simple paso hacía mella en su cuerpo, maltratado. Los ojos, de un azul líquido y pacífico, remataban unas facciones dulces, contenidas, de una belleza estoica y silenciosa. ¿Ya le había visto antes? Rad no lo recordaba. Lo hubiera recordado.

Carraspeó, tratando de sonar seguro y firme, sin delatar el beso del dolor en su garganta. La postura en la cama, la sábana cubriéndole, y el humilde saludo completaban la impronta. Igual que él, el hombre que yacía en esa misma sala conocía el sufrimiento, el miedo y la derrota. Hay pocos vencedores en la cárcel. Muy pocos dicen "hola", muy pocos son prudentes.

— Hola...

Despacio, sin desear invadir el espacio del otro, sin desear acuciar el dolor en su pecho, Rad avanzó hasta la camilla contigua sentándose en el borde con gestos apocados, calculando en su mente qué nervios y qué músculos sentirían cada uno de sus movimientos, cuidados y sutiles. Sus ojos, sin embargo, seguían atados a ese extraño de mirada azulada y rostro virgen, frágil.

— ¿Aún te duele?


Última edición por Konrad Wagner el Mar Dic 31, 2013 4:48 pm, editado 1 vez
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Re: Flashback Refugio (Privado)

Mensaje por Caleb Wożniak el Jue Dic 26, 2013 9:16 pm

Los movimientos lentos y cuidados con los que el otro se movió hasta la camilla, le recordaron a los suyos cuando llegó a la enfermería. ¿Cuál sería la gravedad de los daños? ¿Cuantos habrían sido y durante cuando tiempo? Él no recordaba con exactitud el tiempo, le había parecido una eternidad y suponía que al prisionero que tenía delante también. Sólo apreciaba la ceja partida y los labios hinchados, pero sin duda habría más, nunca se conformaban sólo con eso. N. deseó poder ayudarle, consciente de lo que el médico podía tardar en atenderte ahí. Y la gente sin saber, siempre se quejaba de la espera en las salas de los hospitales, eso de una extraña manera podía recordarlo, aunque no podía dar forma, voz o nombre a ninguna de esas personas.

—Un poco, mañana me dan el alta —confesó con resignación— ¿y a ti? ¿Te duele mucho? —preguntó mirando los armarios de los medicamentos, cerrados con llave.

Comprendía que no se podían dejar todos medicamentos al alcance de criminales que tanto podían ser adictos como camellos, pero ¿ni un simple analgésico? ¿A tanto llegaba esta gente que ni eso debía estar a su alcance? Lo que si estaba a su alcance eran las vendas y las tiritas. Quizás podría usar unas tiritas de sutura para cerrarle aquella brecha, hasta que el médico decidiera si la ceja necesitaba puntos o no.

Retiró la sábana y se levantó, agradeciendo que el pijama blanco de la enfermería no fuera abierto por detrás como el de los hospitales. No sabía si antes le había intimidado como ahora el permanecer desnudo delante de otros hombres o si era algo adquirido allí en la cárcel. No había tenido mucho tiempo para asimilar sus propias reacciones antes de terminar ahí y tampoco podía estar seguro de que no se hubieran visto alteradas por su amnesia.

Abrió el único armario sin cerradura y rebuscó, procurando no descolocar nada, hasta dar con las tiritas. El agua oxigenada y el yodo, tampoco estaban al alcance, quizás tenían miedo de que se los bebieran, ya le extrañaba que dejaran las vendas a su alcance ¿no tenían miedo de que intentaran colgarse con ellas? El extremismo de esta gente le resultaba chocante. No miró las instrucciones, no lo necesitaba y eso le hizo preguntarse si alguna vez las abría usado o visto como se hacía. Puede que hubiera asistido a un curso de primeros auxilios ¿se ensañaban esas cosas en ellos? No estaba seguro, así que quizás fuera la primera opción.

Se acercó con las tiritas en la mano y se detuvo mientras contemplaba el rostro de aquel que, a pesar de padecer los mismos tormentos que él, seguía siendo un desconocido. ¿Qué estaba haciendo? ¿No había aprendido nada del tiempo que llevaba ahí? ¿Por qué daba por sentado que iba a aceptar su ayuda? Perfectamente podría darle un puñetazo cuando se acercase y la culpa sería completamente suya, no del otro preso. No estaba en un lugar en el que pudiera jugar al buen samaritano.

Miró la caja que sostenía entre sus dedos y se la mostró. Sintiéndose un poco estúpido y bastante torpe. Los hombres tropiezan dos veces con la misma piedra, una por cada pierna.

—Esto es lo que hay, si no quieres estar esperando —murmuró tendiéndole las tiritas sin acercarse más. Si el otro quería ayuda la pediría, entonces vería si arriesgarse o no a prestársela.

A pesar de que parecía estar tan mal, no podía estar seguro de que no intentase nada contra él. En un lugar como este muchos hombres se volvían bestias, que mordían la mano que les tendía ayuda.

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Re: Flashback Refugio (Privado)

Mensaje por Konrad Wagner el Mar Dic 31, 2013 4:48 pm

Konrad miró los ojos de ese tipo y le compadeció. Antes, hace unos años, en sus primeros días en aquel infierno, no hubiera sabido. Ahora, acostumbrado ya al sabor de la bilis y al dolor en el pecho, más allá de la piel, reconocía a la carne fresca. A esas almas desnudas que aún no sabían perder, pero aprenderían pronto.

Puede que él nunca fuera así. En ese azul grisáceo y calmo Rad aún veía inocencia. Él había sido joven. Había sido carnaza. Había sufrido mucho. Pero al vestir el mono algo ya había cambiado en él. Gris y mortecino, como esa cárcel física que parecía retener también su cuerpo. Como una capa más de aquel exilio obligatorio.

Trató de sonreír y la empatía cobró su precio entre sus labios, magullados. Apoyó las dos palmas en aquella camilla, aún inquieto, aún incómodo. Pero sintiéndose seguro. En ese último agujero dónde puedes dejarte morir. Dónde hibernar hasta la primavera. Porque el frío atroz y las ventiscas estaban sólo al otro lado de la puerta. Suspiró, resignado, haciendo llegar aire a su interior, aún dolorido, y tosió un poco, revelando el pesar de su pecho, de sus costillas, llevando su zurda hacia el costado.

— Viviré... Cicatrizo bastante bien. Y empiezo a estar acostumbrado.

Se sintió estúpido y a la vez victorioso por aquella ironía manchada de verdades, como si fuera un Harry el Sucio y no un pobre diablo. Como si fuera duro y no tan sólo un cínico. Como si en su interior vibrara el estoicismo y no el hastío.

Observó a aquel extraño que recorría la sala intentando encontrar algo desconocido. Como si hubiera libertad en los cajones o en las cómodas. Un soplo de aire fresco. Un horizonte abierto. Rad le siguió, despacio, posando su mirada en la figura, tímida, que continuaba buscando. Parecía joven. Y había notado ese suave pudor al retirar las sábanas. Como si cobijado bajo el blanco aún se sintiera a salvo. Y ahora, en su presencia, la paz desoladora volviera a ser intriga.

Al llegar hasta él, de nuevo, Rad contempló sus manos. Las tiritas. Y aquella mueca triste y dolorosa esbozada en su boca pareció titilar, tratando de crecer sin mucho éxito. Abrió su diestra, suave, ofreciéndola muda. Sin llegar a tocarlo. Esa última frontera entre dos cuerpos era todo en la cárcel. Una Helena de Troya, viviendo entre las pieles, dispuesta a sembrar guerras.

— Gracias, desconocido. No me gusta esperar.

Le miró con franqueza, con agradecimiento, y no cerró sus dedos. Expectante. Como si aquella sala fuera un tablero de ajedrez. Y él, un peón negro, frente a ese otro peón blanco, que parecía indefenso.

— Tú... ¿Sabes usar ésto? Sólo he puesto tiritas a mi hermano. Y aquí no hay un espejo.
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Re: Flashback Refugio (Privado)

Mensaje por Caleb Wożniak el Dom Ene 05, 2014 12:03 am

Caleb sonrió. No era una sonrisa alegre, poca alegría podía reunirse en un lugar como aquel, pero si contenía simpatía y un poco de comprensión. Por el contrarió, lo que reflejaban sus ojos era pesar y abatimiento. ¿Qué ya empezaba a estar acostumbrado? ¿Es que podías acostumbrarte a algo así? Si, indudablemente. Lo veía cada día entre aquellas infernales paredes, gente que se arrastraba agradeciendo cada golpe que le daban, como si fueran caricias o que por el contrario rehuían a toda alma viviente, escapando de las personas como las cucarachas huían de la luz.

Pero acostumbrase no significaba hacerse invulnerable, no te hacías impermeable al dolor. Las heridas seguían siempre igual, te seguían marcando de la misma manera. Quien cambiaba era la victima, no el verdugo. El dolor te trasformaba, mutabas hasta convertirte en alguien completamente distinto, alguien que no reconocías en el espejo. En cierta manera era como la amnesia, aunque Caleb no sabía si era peor no recordar quien eras o hacerlo sabiendo que nunca podrías volver a ser esa persona.

—Puedes llamarme N. —murmuró abriendo la caja de tiritas, posándola con suavidad en su mano abierta. Un nombre temporal era mejor que la carencia total de él y quizás se convirtiera en su último nombre, si no lograba recuperar sus recuerdos—. No hace falta que me digas tu nombre si no quieres.

Las exigencias eran absurdas, aun peor, suicidas. Exigir algo significaba molestar a alguien y nunca sabías si ese alguien tenía un arma casera en la manga. Como uno, que había tratado de robarle la comida al que creía un piltrafilla indefenso y había terminado con una cuchara a la que le habían sacado punta, clavada en el ojo. No, exigir y presionar estaba vetado en el manual de supervivencia.

—Si, se usarlas —admitió tomando una tira de adhesivos.

Se sintió un poco mejor, menos inútil mientras levantaba una de aquellas tiras del papel y con tacto, y cuidado la usaba para mantener la piel unida. Los movimientos eran cuidados y delicados, aun así sabía que debía de dolerle, como siempre duele hurgar en una herida, por mucho que sea para ayudar a sanarla. Las heridas no conocían aliados.

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Re: Flashback Refugio (Privado)

Mensaje por Konrad Wagner el Miér Ene 08, 2014 6:08 pm

Konrad trató de devolverle la sonrisa, más franca y más abierta. Los labios le dolían, pero no fue difícil. Tal vez la mueca se asemejase poco a la curva feliz e infantil que trataba de imitar con su boca, pero no se parecía a ese gesto ladeado que regalaba a los desconocidos. El hombre frente a él no era uno más. Era el único hombre en ese infierno que había tratado de ayudarle sin razones. Sin buscar un aliado o mejor convivencia. Sin pedir algo a cambio. Sin dar por hecho un precio. Era distinto. Y tenía una inicial por nombre. "N". Para Konrad, una "I", de "inocente" hubiera sido igual de válida. Mucho más adecuada.

Asintió, muy despacio, midiendo sus esfuerzos, dialogando con dificultad con sus frases y gestos, en esa lengua híbrida que nace en la expresión, no sólo entre los labios. Entre rejas, te acostumbras a los golpes pero olvidas como se unen las palabras. A veces, pasan meses sin que digas más que un monosílabo. Y aunque Rad había aprendido a ser hiriente y a usarlas como arma, conversar sin malicia era un arte oxidado en esa boca, magullada.

Preparándose para las sensaciones que evocaría su ceja, Konrad cerró los ojos, frunció sus labios y ofreció su semblante, sumiso y entregado, al reo también herido que iba a intentar sanarle. A pesar de aquella paradoja Rad casi podía sentir esa intención benigna en cada movimiento. En esas yemas, suaves, que cubrían sus heridas muy despacio, muy delicadamente. Gentiles, complacientes.

El dolor, el tacto de ese extraño y esa certeza compasiva se combinaron erizando su piel y sus sentidos,  haciendo que contuviera su respiración por un instante para después dejar morir el aire y ese nuevo hormigueo a través de su voz y su garganta, como un resuello tímido. Profundo y gutural, casi un gemido. Se oyó a sí mismo, y se sintió de pronto avergonzado coloreando sus mejillas de un rubor leve y espontáneo. Afectado por las manos de ese extraño y esa extraña ternura...

No había previsto aquello... reconocer en un gesto tan tenue el roce de otro cuerpo. Esa sensualidad perdida, ligera y sin violencia. Esa necesidad, negada, dentro de él. La cercanía de otro ser humano. Ese lenguaje cálido que sólo hablan las pieles y los dedos. Cuando velan, cuando aman, cuando cuidan. Sugerente como sólo saben serlo las caricias.

Turbado, abrió los ojos bruscamente, algo desenfocado. Sus pupilas bailaron un segundo para posarse con dureza en esos ojos, agua, que parecían provocar sed y no saciarla. Su mirada vibró, encendida. Asustada.

Rad se puso nervioso sintiéndose atrapado, vulnerable. Y obvio... con el calor evidenciado en sus carrillos y un ligero temblor en esas manos, ásperas, asidas a las sábanas. Y no por el dolor. Por la vergüenza súbita de esa reacción tan física, tan natural... y tan inapropiada, naciendo más abajo, despertando su ingle, evidenciando esa impresión entre los pliegues, grises, de su mono.

Konrad rompió a sudar, incómodo, aturdido,  y quiso detener el roce de esas manos anclando esa muñeca con su zurda, atrapándola con el mismo cuidado que los dedos de N. habían dedicado a sus heridas.

No apartó aquellos iris, densos y chocolate, oscurecidos por la ráfaga de anhelo y de pudor. Rad no era un mojigato, y tampoco un homófobo...  Tras largo tiempo allí, viviendo en una jaula, había llegado a descubrir retazos de deseo que no había imaginado. Pero aún distaba mucho de encajar fácilmente esos nuevos instintos, sin hacerse preguntas. Sin tratar de negarlos.

Se quedó quieto, inmóvil, preso de su reacción y del calor, humillante, que sentía entre sus piernas. Casi más doloroso que todas las lesiones asolando su cuerpo.
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Re: Flashback Refugio (Privado)

Mensaje por Caleb Wożniak el Dom Ene 19, 2014 10:43 pm

Parar fue instintivo. Sólo un sonido y sus dedos se paralizaron tan rápido como una bombilla dejaba de emitir luz al desconectarla de la corriente. Su cuerpo, tenso, obligó a su cuello a doblarse, despacio, para que sus ojos pudieran investigar la causa de aquel sonido. ¿Dolor? ¿Enfado? ¿O quizás otra cosa? Hiper vigilancia debido al trauma, pensó y de inmediato aquello le llevó a un debate interior sobre de donde provenía ese conocimiento, y si tenía verdaderas razones para aceptarlo, o sólo eran datos basura que alguna vez había dado por hecho.

A la tensión y ansiedad que le recorrían, le sumó la incomodidad cuando finalmente se dio cuenta del estado en el que se encontraba el otro. Era una situación violenta y alarmante. ¿De qué le conocía? De pasada ¿Qué sabía de él? Que si estaba allí era porque se le había condenado por algo. ¿Podía confiar en que no se lanzaría sobre él como un animal? Ni por un momento. Podía ser que tuviera delante de él a un hombre o a una bestia.

Terminó de poner las tiras y se alejó con la excusa de devolver la caja a su sitio. No se le ocurría otra cosas que fingir que no se había dado cuenta de nada y mantener la distancia. ¿Qué habría hecho antes? ¿Qué decisión habría tomado antes de perder la memoria? ¿Cómo se habría tomado todo? Era agotador, pero cada decisión que tomaba traía preguntas como estas, una y otra vez. Había sólo unas pocas personalidades base que podía tener un persona, pero los pequeños detalles, las vivencias y los gustos, hacían que esas personalidades repetidas tuvieran unos matices únicos, como una figura pintada a mano, en la que nunca se repetían las pinceladas de la misma manera.

La figura de N. había caído en un bote de pintura negra, escondiendo para él y todos los demás esas pinceladas. Lo que quedaba era un incógnita y la esperanza de poder eliminar esa capa algún día.

La caja quedó guardada en su sitio y Caleb se dio la vuelta, sin más remedio que tener que confrontar la situación. Cualquier intento para permanecer lejos del otro sería demasiado evidente, así que no le quedaba más remedio que conformarse con la distancia que separaba sus camillas, insuficiente a su modo de ver.

—Bueno... —murmuró notando la ligera vacilación en su voz, que intentó disimular con un carraspeo— no es mucho, pero supongo que estarás mejor.

Se sentía tan torpe... tan desubicado y fuera de su elemento. Aquellas aguas eran demasiado espesas y turbulentas para alguien como él, que sólo conseguía nadar con soltura en el pequeño estanque que el jefe le había fabricado. Fuera de él, era un pequeño pez de colores rodeado de pirañas.

Se sentó en su camilla, mirando al otro en tensión. El silencio se le hacia insoportable, como un cepo apunto de cerrarse sobre su pierna, pero ¿de qué podían hablar? ¿Qué tema podía sacar? Y por Dios, uno que estuviera alejado del sexo.

—¿Llevas mucho tiempo aquí?

La pregunta salió con fluidez y naturalidad, como si fuera algo trivial, una pregunta normal a un vecino, en lugar de un recordatorio del tiempo perdido en un agujero infernal. Irónico y quizás hasta cómico, si le quedara animo de reír.

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Re: Flashback Refugio (Privado)

Mensaje por Konrad Wagner el Dom Ene 26, 2014 12:45 pm

Todos hemos vivido uno de esos segundos duros, metálicos, que parecen deslizarse chirriando. Konrad se sintió así bajo la mirada llena de duda y miedo que recorrió el espacio, su rostro y su cuerpo, tratando de entender la situación.

Quiso dar marcha atrás. Un sentimiento repetido en su existencia. Siempre igual de inútil y vacío. La vida avanza, y aunque a veces los minutos sean cristales rotos cortando tu garganta mientras tragas, el ayer es ceniza.

Siguiendo el recorrido de esos ojos, compartiendo su incomodidad, Rad se observó a sí mismo. Allí, sentado a duras penas en la camilla blanca, neutra, con el cuerpo maltrecho pero aún así encendido. Con la mente perdida en sensaciones. Ahora, bañadas en vergüenza.

De entre todos los tipos en prisión, todas las situaciones ya vividas, su cuerpo respondía justo en este momento. Se sintió gilipollas. Pura, llanamente. Ya no era timidez. No era pudor. Saboreaba el error e iba trenzando el arrepentimiento, con la autocrítica que llena tu cabeza mientras se oye el silencio. Pero aún así, tu escuchas esa voz del pasado, de tu madre, esa figura atenta que tenía razón siempre, reprochando de nuevo tus equivocaciones. Queda. Muda. Insistente.

Porque entre todos esos reos, toda la sangre y el sudor, meses de oscuridad, se había excitado al sentir la "caricia" de un hombre que ahora parecía amedrentado y expectante. Su lengua, ahora mordida y atrapada tuvo que reprimir las únicas palabras que desearía enunciar: "Bien por ti, Wagner. Has elegido al único hombre bueno, hetero, que queda tras las rejas para ponerte duro. Y lo has intimidado."

Aún en silencio, tratando de disipar ese calor eléctrico menguando entre sus piernas tomó con manos torpes la almohada en su camilla y cubrió su ingle con ella. Como un adolescente que oculta su erección, incontrolada.

Sus dedos, apretados, delataban la ansiedad que aún le recorría tiñendo sus nudillos de un blanco acusador que ignoraría. Igual que el hombre frente a él trataba de ignorarle. Sí. Con cada movimiento, con el silencio mantenido, con esos pasos alejándose.

Y aunque sonase extraño, absurdo, Rad se sintió más solo en esa sala, acompañado, que en todos esos meses atrapado. Porque ese sentimiento, indeseado, había sido real. Y negarlo, negarse, no formaba parte del disfraz que usaba para sobrevivir.

El rubor en su rostro no era su habitual sonrisa, herida y firme, ladeada. Era su yo real, avergonzado, que ahora deseaba levantarse y volver a la jaula herido de más modos. ¿Se sentía rechazado?

Debía ser éso, porque en lugar de no darle importancia y sonreír, en lugar de la ironía aflorando haciendo insinuaciones, seguía los movimientos de ese extraño atento a la cadencia de sus pasos, el movimiento en su cabello al voltearse, el brillo de ese azul, huidizo ahora, en su mirada.

Aún ese bucle de sensibilidad no deseada, en todos los sentidos, llevó su zurda hasta su ceja recorriendo los bordes de la tirita que mordía ahora su piel. Como si así corroborara que su tacto era erróneo, que sólo el otro despertaba aquellas emociones.

N. volvió hasta él sin ocultar bien el deseo de que la sala fuera interminable, cubriendo su expresión y el tono de su voz, débil e inseguro. Y por primera vez el deseo fervoroso de huir, de quebrar los barrotes, se volvió un "tierra, trágame" rogando por desaparecer.


— Sí... Mejor... Yo....

Y ahora tartamudeaba. ¿Qué le estaba ocurriendo? Rad no perdió la voz ni siquiera en su juicio. Era capaz de no gritar cuando le golpeaban. De seguir sonriendo. Y ahora, su voz titubeaba, como un niño. Frustrado, trató de terminar su frase.

— Yo no suelo... Ya sabes... Lo siento. Sí. Al parecer el tiempo suficiente para responder "mal" a un trato más humano....

Carraspeó a su vez, como si una palabra pudiera desnudarle. Como si el admitirlo, así, en voz alta, fuera más comprometido que su respuesta física.

— Es fácil olvidarlo. ¿Sabes? Entras y pronto todo es terror. Hambre. Dolor. Instinto. Y ya no eres un "hombre". No el de antes.

Le miró, reuniendo los retazos de franqueza y dignidad que le quedaban, sonriendo con esa mueca ajena, extraña, que entre rejas parecía no tener significado. Una sonrisa "real", de las de antes, torturada por el paso del tiempo. Y la derrota.

— Tú debes de ser nuevo.

No dijo más. No completó la frase, guardando para él su propia conclusión. "Tú debes de ser nuevo. Nadie es como tú, aquí." Nadie es amable, suave, nadie es dócil, gentil. Todos muestran los dientes. Todos están manchados. Como lo estaba él.
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Re: Flashback Refugio (Privado)

Mensaje por Caleb Wożniak el Lun Feb 03, 2014 6:09 pm

Se tranquilizó un poco ante aquellos tartamudeos. El nerviosismo y la incomodidad del otro, le concedía un poco de seguridad, porque restaba posibilidades a la idea de que se lanzase sobre él. Una persona que reaccionaba con cierta timidez y vergüenza hacía su sexualidad no era un violador en potencia ¿o no? 

No se atrevía a bajar la guardia del todo, pero se relajó notablemente mientras le escuchaba. Tenía delante de él a un hombre, ya no tenía duda. Un hombre que lo había pasado mal, que había sufrido, pero aun así se resistía a convertirse en una bestia. Probablemente fuera una versión oscura y atormentada de la persona que había sido, pero seguía siendo una persona. Los recuerdos y experiencias le habían desfigurado, pero no convertido.

Caleb era el caso contrarío. Estaba ahí por asesinato, por haber matado a un hombre para robarle lo que llevaba encima, «monstruo» le había llamado la fiscalía. Si así era, parecía que las memorias podían convertir a los hombres en monstruos y borrarlas los transformaba de nuevo en hombres, porque Caleb no se veía capaz de cometer un acto tan atroz como el que le había llevado hasta ahí. Se miró las manos, preguntándose una vez más si realmente estaban limpias, si su memoria se había llevado la sangre que las manchaba o esta se encontraba oculta, entre la epidermis y la dermis.

—Si, soy nuevo —respondió, sin aclarar en cuantos sentidos aquella frase le marcaba.

Nuevo, una nueva forja de su antiguo yo, como el papel reciclado que vuelve a ser blanco. Nuevo, pero con una sombra vieja que susurra secretos en silencio, que nadie puede escuchar. Un monstruo de Frankenstein construido con piezas que no conoce ni entiende, lanzado a un mundo oscuro y agresivo del que no sabe como defenderse.

—Pero ya he visto mucho —informó, con la voz ligeramente quebrada— aun así no me había dado cuenta de verdad de la suerte que tengo, hasta que he terminado aquí —«Hasta que me dieron una paliza» terminó la frase en su mente.

El ver a los otros presos, lo que les sucedía, era como cuando veías las noticias. Eras consciente de todos los horrores del mundo, pero no terminabas de ser consciente de ellos hasta que te tocaban directamente. La gente caminaba alegremente con la convicción de que no les iba a pasar a ellos, pero las posibilidades eran reales. A Caleb la tirada de dados del destino se le había tenido que truncar dos veces para que lo terminara de entender. La primera había sido el resultado del juicio y la segunda probar en carne propia, que era vulnerable tuviera o no un protector.

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Re: Flashback Refugio (Privado)

Mensaje por Konrad Wagner el Jue Mar 06, 2014 1:21 am

Rad observó aquel gesto, íntimo y fortuito, sabiéndose testigo de una reflexión muda. El hombre frente a él buscaba una verdad escondida en sus manos. ¿La huella del pasado? Tal vez las líneas que conforman la firma en cada yema son sólo una cadena. Hechos contados en un surco. Historias invisibles.

Konrad sonrió, sintiéndose cansado. Había leído, ya entre rejas, que para algunos el tiempo no tiene dimensión. Es plano. Lineal. Como ese laberinto en cada dedo, narrando nuestra vida. Año tras año, creciendo en cada dígito. Curvándose, alargándose... pero igualmente plano. Nunca esférico.

Sin perspectiva.

La voz del otro reo le hizo volver en sí dejando atrás esa teoría y el vacío existencial ante la sola idea de vivir un continuo. Momentos repetidos. Momentos invariables. Destino circular.

La frase en esos labios fue casi innecesaria. Y no fue una sorpresa. No había una opción distinta que encajara en esos ojos, blandos, limpios, azules. Konrad volvió a pensar en agua. En cielo abierto. En libertad.

Al menos ese tiempo, si en realidad existe, que tardó en añadir esa certeza oscura. La realidad no conoce trincheras. Puede que deje de escocer, pero aún está infectada. La herida no se cierra. No del todo.

No importaban los días, o los minutos, que pisaras la cárcel. Un segundo bastaba para sembrar esa semilla, pérfida, dispuesta a teñirte los ojos. A cambiarte. Y aunque el hombre frente a él aún parecía inocente, terminaría manchándose.

Nadie es tan puro. Nadie es tan fuerte. Puede que no te rompas... Pero entonces te oxidas. Los días que pasan te percuden. Las noches que aguantas, te transforman. Porque la realidad siempre es más dolorosa a oscuras.

Rad suspiró y continuó aferrado a aquella almohada como si fuera un ancla. O un escudo. El último telón. Su cortina de humo. Pero no calló a tiempo. Hay personas que invitan a que digas verdades. Hay personas que brillan, soleadas, y hacen que ansíes llover. Y derramarte.


— El dolor no es tan malo. Sólo dura unos días. Lo peor es...


Silencio.

A veces, lo que quieres decir se te atraganta, dentro. Denso. Seco e hiriente en tu garganta, rota. Como un grito perdido. Como un eco de otro. La culpa debe ser una juanola. Es capaz de hacerte salivar, y te llena los labios y la lengua... pero no puedes digerirla. Se deshace. Oscura. Amarga. Demasiado ligera. Como los sueños que alguien interrumpe. Pero te hacen sudar.

Rad apartó la vista y no quiso admitir ningún pecado más. El hombre frente a él le estaba desarmando. Estaba en desventaja. Y demasiado solo. Demasiado perdido. Sin ganas de encontrarse. Con ganas de encontrar.



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Re: Flashback Refugio (Privado)

Mensaje por Caleb Wożniak el Sáb Mar 15, 2014 10:25 pm

Humo y espejos, figuras a medias, ecos de palabras no pronunciadas, entes abstractos que se desvanecen en el aire sin llegar a definirse. Ser y no ser. Los dos eran presa de su propia carne, prisioneros de sus silencios y sus miedos. Podía deducirlo sólo mirando al otro, no habría necesitado aquella frase interrumpida, aquella confesión a medias, para saber que ambos guardaban las palabras que tanto querían decir, por miedo a que al quedar expuestos recibieran un dolor mayor que el que les producían sus propios secretos, aquellos demonios que les arañaban por dentro como castigo por no dejarles salir.


Extender el brazo y tocar a aquel desconocido para confortarle, sería un gesto muy fácil, apenas necesitaría energía para hacerlo, y sin embargo era condenadamente difícil. El miedo le oprimía el corazón como una tenaza, cualquier buen gesto traía sus consecuencias, podía significar tener que dar más de lo que uno había estado dispuesto en un principio. Puede que la persona que tenía delante no supusiera un peligro, pero un gesto en falso podía interpretarse como una promesa y romper una promesa, era mucho más peligroso allí dentro de lo que podía serlo fuera. Ni siquiera valían los «lo intentare» si aceptabas algo, tenías que llevarlo acabo por más que te costase o las consecuencias podían ser mucho peores.


Los dos eran como perros apaleados, y aunque sería reconfortante lamerse las heridas uno al otro, el miedo a recibir un mordisco de parte del compañero le mantenía reticente. Le hacía sentirse aun más solo, más desconectado de todo que si no hubiera nadie con él en aquella habitación. La soledad le calaba los huesos como el frío del invierno. Incomoda, desagradable y aun así, costaba hacer los movimientos para deshacerse de ella, como si se encontrase en una estado parecido a la hipotermia. ¿Podía morirse alguien de soledad?


—¿Crees que puede haber alguien inocente aquí adentro? —La pregunta brotó de sus labios sin darse cuenta. Quería terminar con aquel incomodo silencio que había quedado y su subconsciente le había traicionado. ¿Podía él ser inocente? Era la verdadera pregunta.

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Re: Flashback Refugio (Privado)

Mensaje por Konrad Wagner el Miér Abr 30, 2014 1:04 pm

La sala pareció más vacía cuando ambos compartieron aquellas reflexiones, mudas, sin terminar de abrir los labios. Y sin cerrar los ojos. Pensaban en voz alta, aún estando callados, sintiendo el peso del futuro, siniestro, cerniéndose sobre ellos.

Era un azul tangible. Una tristeza exacta, navegándolos, tiñéndolos de culpas, de miedos, de preámbulos. La sensación concreta que inyecta dentro el hambre. Ese vacío, perfecto, en el estómago. Que pide, simplemente. Sin alzarse. Solicitando en la quietud, amordazada, de nuestras soledades.

Konrad quiso ser el de antes. Ofrecer un diálogo. Una mera salida, de emergencia, hacia la que encauzar cualquier conversación. Cielos igual de azules, cálidos, dónde el paso aleatorio de una nube permite compartir con un extraño la convivencia dentro de un ascensor.

Ese tipo de cercanía, afable, que hace de las paradas de autobús un limbo transitorio. Como si detener el vuelo, en nuestra migración, nos uniera un momento. Un instante. Un encuentro. Lo suficiente para entrever al otro. Imaginar su alma. Acariciarla, suave, como lo hacen tan sólo las pupilas.

El hombre junto a él, apresado también, encarcelado, le hablaba de inocencia. Konrad sintió una herida, muy profunda, hablando de una culpa constante y asumida, que aún así, perforaba sus sueños. El hombre que había sido. Que habría podido ser. Sin sus errores. Sin la muerte.

Observó al reo, midiendo las palabras, y se dejó ir sin más. Como lo hacen los diques, contenidos, cuando algún inconsciente remueve, sin saberlo, una piedra maestra. Después, el cauce mana. Y nadie sabe cuánta agua se ha perdido, cuánta agua quedará. Cuánta agua había llovido, y esperaba, expectante.

— Espero que lo haya. Aunque éso me hace ser egoísta. ¿No crees? Si hubiera un inocente viviría una injusticia. Todo este infierno, toda esta soledad... ¿sin causa? Yo... soy culpable. Y añoro la inocencia. Pero aún así, no le deseo ésto a nadie. Aún menos si no se lo merece.

Interrogándole en silencio, no apartó su mirada, con los labios fruncidos sin atreverse a formular, pero igualmente inquietos. Labios que dicen sin decir, y no sonríen. Que contienen palabras y han olvidado ya el sabor, etéreo, de un beso compartido. De una verdad, a medias. Labios sin mariposas.

— ¿Y tú? ¿Aún crees en la inocencia? ¿Crees que perduraría, aquí, junto a nosotros, enjaulada también?
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Re: Flashback Refugio (Privado)

Mensaje por Caleb Wożniak el Sáb Mayo 03, 2014 10:17 pm

Caviló la pregunta que le había formulado ¿Creía en la inocencia? Si y no, porque el tenía la marca de culpable impresa en la piel, pero la sentía como un ente aparte. Era un doctor Jeckyll, mirándose en el espejo mientras se preguntaba si había un Mister Hyde en su interior.

—Si —respondió con mayor convicción de la que sentía.

Debía creer en la inocencia, porque por mucho mal que pudiera haber hecho su antiguo y olvidado yo, no había cometido ningún pecado desde su renacimiento. Su anterior identidad era la que había cometido el crimen por el que había sido encarcelado, N.N. estaba limpio de crímenes, aunque no de culpa.

—No se si podrá perdurar, pero, en cierta manera creo que soy inocente —murmuró, lamiéndose los labios, notándolos resecos por los nervios.

¿Era buena idea hablar con ese hombre? ¿Contarle los pocos secretos de los que disponía? ¿Sus dudas? ¿Sus miedos? No lo sabía, ni confiaba que lo fuera, pero, la necesidad era más grande. Era como una olla a presión sin salida. Necesitaba al menos una pequeña vía de escape, un pequeño desahogo, y hablar con un desconocido era una buena manera, «y más barato que ir al psicólogo». El estomago se le encogió ante aquella frase que había resonado en su memoria, con una voz no reconocida. Aquel eco de su pasado logró que los ojos se le llenaran de lagrimas que se resistía a derramar.

—No se quien soy, no recuerdo nada, ni siquiera se si de verdad tenían razón al meterme aquí o no —confesó, notando un ligero alivio de la carga que llevaba sobre los hombros.

No le sorprendería que le llamara mentiroso o que le mirase con incredulidad. Un jurado entero, de ciudadanos honrados, le había mirado de aquella forma. Podría sobrevivir al hecho de que un hombre que acababa de admitir ser un criminal le mirase de aquella forma.

—Me desperté y todo estaba en blanco, no sabía que hacía en un hospital, porque me dolía la cabeza y estaba esposado. Estaba tan confuso que ni siquiera fui capaz de sentir miedo. Si te digo la verdad, creo que no empecé a sentirlo hasta que se formuló la sentencia.

Y desde entonces el miedo había sido una segunda sombra para él, a veces ignorada, pero siempre presente.

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Re: Flashback Refugio (Privado)

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