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Las dos caras de la moneda

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Las dos caras de la moneda

Mensaje por Invitado el Miér Dic 18, 2013 8:03 pm

 Aquel era el último sitio donde una persona como Dorian pensase entrar, y sin embargo allí estaba, acechando como un gato a un ratón, su ratón... Kai. Aquel policía castaño tan increiblemente sexy, amable, simpático, considerado e inocente. Al principio había sido difícil, no se lo podía quitar de la cabeza, era como una adicción. El deseo de destruirlo, de hacer añicos aquella inocencia y confianza de que el mundo era un buen sitio que el castaño tenía. Enseñarle lo peor de lo peor, abrirle los ojos y cuando estuviese roto recoger los pedazos y recomponerlo a su gusto. Ser el doctor frankenstein de aquel hombre.
Pero luego le asaltaban las dudas, había conocido a aquel hombre bueno, lo que podía hacer, lo que quería hacer... toda esa ilusión y esa alegría... ¿No sería una pena que desapareciesen? ¿Qué Kai no fuese Kai nunca más? ¿Perder al único hombre que le había hecho sentir seguro en su vida?
Aquella duda llevaba amargándole desde que lo había visto, no se decidía, lo único que sentía con seguridad eran las tremendas ganas de volver a verlo, de estar con el, escucharlo, que lo abrazase como había hecho cuando estaba dormido... y aquellos deseos suyos lo estaban desesperando. ¡El nunca había sido un blando así! El era duro... vengativo... tal y como había demostrado el día anterior.


En realidad todo había comenzado hace una semana, algo casual, en un cruce. Lo había visto y el lo había visto a el. Uno de los antiguos trabajadores del orfanato, quizás aún trabajaba allí. Lo recordaba más joven, más alto, más grande, más amenazador. Pero en cuanto sus miradas confluyeron lo notó. Aquella malicia seguía dentro de el, la diversión ante el sufrimiento ajeno. Aquella mirada que había visto tantas veces encima de el, y repitiéndose luego en sus pesadillas. Una oleada de odio lo recorrió de arriba a abajo, removiendo cosas que creía superadas, pasadas de largo, sacando a la superficie toda aquella mierda que llevaba años intentando sepultar. En apenas unos segundos. 
El semáforo se puso en verde y sus pies comenzaron a moverse mientras sus ojos seguían anclados en el pasado. Mecánicamente, como si no pasase nada, hasta que cruzó a su lado y escuchó aquella palabra, susurrada de entre sus labios y acompañada de una mirada de arrogancia que se le clavó como un cuchillo. Sus pies se pararon, pegados al suelo como si este estuviese cementado, y no fue hasta que los pitidos de los coches lo hicieron reaccionar cuando pudo correr hasta la acera. Pero no paró de correr al llegar a ella. Corrió y corrió hasta entrar en su casa y meterse en la ducha.
Se quedó allí escondido varias horas, pensando, decidiendo que hacer. Podría seguirse escondiendo el resto de su vida, temer cruzarse con los que le habían hecho daño... o tomar el control. No sería la primera vez, ya lo había hecho antes. No había dudado en apretar aquel gatillo una vez... y este hombre aún lo merecía más.


Si, así había empezado todo aquella semana. Pero había mejorado, vaya que si lo había hecho.
Una sonrisa maliciosa y satisfecha se formó en los labios de Dorian al recordar los días siguientes, días en los que había localizado a aquel hombre, había comprado un arma en la calle, con el número de serie borrado, se había hecho con los horarios, había contactado con un viejo compañero de orfanato, uno casi tan desagradable como el propio trabajador pero que para fortuna de Dorian, estaba enganchado al extasis, un extasis que el podía proporcionarle y por el que aquel joven, apenas un par de años mayor que el apodado ``Roth´´ pasó de ser la fiera bestia que era antes a un perrillo domado en sus manos. Y aquello venía muy bien para sus planes.


Cuando lo tuvo todo listo, lo ``asalto´´ en un callejón oscuro, llamando su atención y clavándole una jeringuilla llena de sedante en el cuello antes de que pudiese reaccionar.
Lo siguiente que vio aquel hombre al abrir perezoso sus ojos fue el techo hormigonado de un lugar desconocido, siendo observado por un Dorian serio, pero con una sutil sonrisa de superioridad en su gesto. Y no era para menos, tenía a aquel hombre... a ese hombre que tanto daño le había hecho de pequeño, atado e inofensivamente expuesto sobre un colchón ruinoso. -¿Quien es el que ríe ahora cabrón? Menos mal que te has despertado no me gustaría que te perdieses la fiesta..._Su sonrisa se tornó maliciosa y se acercó hasta el, pisándole la cara. -¿Esto te recuerda a algo? ¿Quien es el que agacha la cabeza ahora?_Le dio un puntapié antes de alejarse e ir a subir unas escaleras.- Ah lamento lo de la mordaza, bueno no... tu voz siempre me ha resultado tan repulsiva como tu mismo._Subió las escaleras de aquel sotano a medio construir, situado en waste ground y llamó a Roth para que bajase con el. El joven, que apenas se podía estar quieto ya estaba drogado y excitado por la perspectiva que Dorian le había ofrecido. Una perspectiva que dada su posición aquel hombre atado iba comprendiendo y no le gustaba para nada.


- Se lo que estas pensando...y es cierto. Voy a devolverte lo que me hiciste en el orfanato...pero me das mucho asco, no te la metería ni loco... por eso he traído a Roth~_Al cual palmeó amistosamente en el hombro.-¿Te acuerdas de el? También es del orfanato, pero a el no le das grima.. y además esta muuuy cachondo..¿ves?_Bajó su mano por el cuerpo del muchacho y presionó su entrepierna dura, aún dentro de sus pantalones, haciéndolo gimotear un poco.-¿Lo ves?_Le tendió una navaja a Roth y se hizo a un lado, apoyándose en la pared.-Desnúdalo como quieras, es todo tuyo.


Dorian no era el tipo de persona a la que le gustase ver lo que sucedió a continuación. Pero era obra suya y era una venganza justa así que no apartó los ojos de la escena, ni intentó ahogar los sonidos. Asquerosos sonidos que le recordaban a lo que había pasado hace unos años. Ni por un momento se cuestionó si lo que estaba haciendo estaba bien o no. Y duró aproximadamente una hora. Una hora entera hasta que Roth cayó rendido, satisfecho y sin poder correrse ni una vez más sobre o en su anterior guardia del orfanato. Aquel fue el momento en el que Dorian sacó discretamente la pistola que tenía a su espalda a su espalda y se a cercó a ellos.-¿Te ha gustado? Seguro que si, antes te gustaba mucho..._Le dio un par de golpecitos en la sien con la punta del arma, consiguiendo que se pusiese nervioso.-Podríamos considerar que ya estamos en paz...pero fueron varios años haciéndonos esto... no estamos en paz, pero no tengo más tiempo que perder con basura como tu. Adiós._Sonrió y apretó el gatillo, asegurandose bien de que su rostro fuese lo último que viese antes de que el disparo le atravesase el cerebro, dejandolo seco en el acto. Roth se asustó, pero era demasiado estúpido para intentar huir. ``No dijiste que fueses a matarlo!´´ Fue lo único que pudo decir antes de verse encañonado por la nueva pistola de Dorian.-Tampoco te dije que no me gustaba dejar cabos sueltos pero así es... y tu también eres basura._Confesó antes de disparar de nuevo, matando al muchacho que se desplomó en el suelo.


Así llegaba a la última fase de su plan. Descargó el cargador y se guardó las balas, limpió el arma y la tiró junto a los cuerpos, en el centro de la habitación. Se acomodó bien el pelo bajo la gorra y comenzó a echar gasolina sobre los cuerpos y el arma para destruir las pruebas. Limpio la garrafa de gasolina de nuevo y se alejó, prendiendo fuego a la gasolina mientras salía del sótano. Dos escorias menos en el mundo... no había sido una mala noche. 


Después de aquello fue a su casa tras dar un par de rodeos por si acaso, y se duchó bien, eliminando todo rastro de pólvora y humo.


Pero aquello fue otro día. Hoy... hoy buscaba a Kai, y fue justo lo que encontró. Lo miró con ojos ávidos y después al reloj. Ya era la hora de salir ¿No? Ahora solo tenía que planear un encuentro casual que no le hiciese quedar como un acosador. Salió del edificio y se puso a esperar inofensivamente, toqueteando el móvil como cualquier joven para no llamar la atención.
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