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Nazyr Bozkurt.

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Nazyr Bozkurt.

Mensaje por Nazyr el Lun Dic 16, 2013 1:02 am

Nombre Completo:

Nazyr Bozkurt.

Apodo o nombre como es conocido:


El Checheno.

Fecha de Nacimiento:


15 de Febrero de 1981.

Edad:


33 años.

Inclinación Sexual:


Homosexual.

Grupo:


Civil.

Rango/Oficio:


Asesino a sueldo profesional.

Arma identificativa:


Rifle Barrett M107 (utilizado por los estadounidenses en la Operación Tormenta del Desierto) para munición del calibre 50 con capacidad para uso de balas explosivas. Para disparos de larga distancia.


Spoiler:


Escopeta semiautomática Beretta Al 391 Light Blanca de cañón recortado. Para disparos de corta distancia.


Spoiler:

_______________________________________________



Descripción física:


No es un hombre que pueda pasar desapercibido y no es sólo por la cicatriz que recorre parte de su cara y cabeza (uno de tantos recuerdos de su pasó por prisión), si no también por su envergadura física, donde destaca su metro noventa y tres de altura, y un físico fuerte, de músculos definidos.

En su rostro predominan principalmente sus rasgos de origen eslavo, nariz alargada, pómulos altos, rasgos fuertes y ojos marrones, de una tonalidad muy clara. Los trazos de su cara son afilados, con ojos de mirada inquisitiva y cruel, que acompañan a unos labios más bien estrechos de sonrisa burlona y chula. Posee una voz profunda y rasgada que sin embargo puede resultar aguda cuando se ríe.

La sangre turca que corre por sus venas le ha provisto de un tono de piel algo más moreno de lo normal en un hombre procedente de Europa del Este. Y también de bastante vello en el pecho, abdomen y piernas que suele rasurarse, habito que le inculcó su amante, y del que le es difícil deshacerse.

Tiene algunas cicatrices a lo largo de su cuerpo producto de la guerra, su paso por la delincuencia juvenil, la cárcel y la mafia marsellesa. Un recorrido así tiene que dejar marca. También tiene tatuada una ave del paraíso en la parte superior derecha de su espalda y en el antebrazo izquierdo una brújula antigua. El pendiente que se puede ver en su oreja izquierda se lo puso al cumplir los dieciocho años.


Spoiler:

A pesar de la cicatriz y del corte mohicano de su cabello, es un hombre que presta bastante atención a su aspecto. Viste ropa poco llamativa y de colores otoñales u oscuros, predominando el color negro y los jerseys de cuello alto. La única nota discordante en este sentido, es su fetiche por las botas militares

Descripción psíquica:

He aquí alguien a quien le viene como anillo al dedo la frase «a mi no me tosas». No aguanta tonterías, ni insultos, ni salidas de tono. No puede decirse que sea como un toro bravo, lanzado en contra de quien sea que le halla enfadado, pero es mejor no «tocarle los cojones», porque uno puede arrepentirse enormemente.


Hombre calculador y frío, siempre sopesa todas las posibilidades, tratando de encontrar los pros y los contras, buscando las salidas más fáciles y el mínimo de gasto de energía. No tiene remordimientos, mata con una facilidad y una falta de escrúpulos que aterrorizaría a cualquier espectador.

Es una persona que se califica a si misma de tranquila y apacible, le gustan las cosas sencillas y la comodidad, pero la realidad es distinta. Dentro de él bulle alguien con un arraigado odio racial, y su principal objetivo son los rusos, a los que detesta y odia con infinita pasión. Probablemente saldría de un restaurante si descubriese que el camarero que le atiende es ruso, o no acudiría a una cita con el dentista al ver que su ayudante es de Rusia. Puede que debido a la edad y a lo que ha vivido haya acabado reconciliándose con parte de su pasado, pero es un hombre que no perdona, no sabe hacerlo ni cree que vaya a aprender algún día.

De joven fue una persona irresponsable, que cometió muchos delitos, y cuyas consecuencias sufrió con la cárcel, algo que unido a la guerra que hubo en su país, le ha marcado intensamente. La prisión y su posterior paso por los grupos mafiosos de marsella han moldado su carácter enseñándole a ser paciente, a medir a sus enemigos antes de lanzarse contra ellos y a ser disciplinado, lo cual le ha convertido en un animal de costumbres fijas; bebe siempre el mismo café, se compra siempre la misma ropa interior y siempre acude que le corten el pelo en la misma peluquería. De la misma manera lleva un riguroso orden en las actividades que realiza a lo largo del día, desde que se levanta a hacer ejercicio, ducharse y desayunar, hasta el momento en que se acuesta a dormir en su cómoda cama y se acuerda de las frías noches de su infancia en Chechenia.

Fue educado bajo el lema de que una torta a tiempo evita males mayores, y que hay que trabajar duro en la vida para poder cosechar buenos frutos. Y aunque en su momento estuviese enfadado con su abuelo cada vez que repetía estas palabras, con los años ha ido encontrándoles no sólo razón, si no también sentido y mucha verdad.

Es una persona con un desapego emocional muy profundo. La muerte de la única persona que llegó a significar algo para él, acabó por convertirle en un ermitaño que no permite que sus relaciones personales traspasen la dura coraza de metal que hay construida a su alrededor. Así que podríamos considerarle el típico «tipo duro de las películas de acción», pero es más que eso. No sabe confiar en los demás, y no permite que nadie se inmiscuya en su vida y en su trabajo. Podría ser un lobo solitario, pero lo cierto es que en las escasas veces en que tiene que estar en compañía de alguien, resulta ser un tipo con sentido del humor, bastante elocuente y con ganas de hablar, aunque se trate de un humor más bien burlón, cínico y a veces cruel, una elocuencia que raya lo obsceno, y unas ganas de hablar que desearías que no tuviese, ya que sus conversaciones no siempre suelen ser agradables.

Cuando esta de mal humor saca a relucir el genio y el carácter que tiene, llegando a ser muy antipático e irritante si tienes la mala suerte en encontrarte con él en un día así. Si por el contrario esta de buen humor descubrirás que, para sorpresa de muchos, adora los animales y la vida hogareña (incluso a pesar de que la suya no fuera nada fácil).

Su abuelo materno era turco, pero no conoce nada del país, ni de su cultura o idioma, tan sólo unas pocas palabras que aprendió de pequeño. Por el contrario sabe mucho de Chechenia, donde vivió casi toda su infancia, aunque hace mucho tiempo que no viaja a su país natal.

_______________________________________________



Gustos:


Los Gatos.

El sexo duro, le gusta dominar a su pareja en la cama.

Una buena pelea a puñetazo limpio. Si encima el rival es difícil de tumbar, se sentirá todavía más motivado.

Los Mikados. Cogió el hábito compulsivo de comerlos cuando tuvo que dejar de fumar.

Disgustos:


La policía y los militares.

Rusia y los rusos.

El frío.

La política.

Habilidades:


Sabe hablar con fluidez varios idiomas. Además del checheno, idioma oficial de su país, también habla francés, ruso y alemán. Por el contrario se defiende pobremente con el inglés.

Bueno en la lucha cuerpo a cuerpo (a tenido que aprender a defenderse con los puños) pero también con navajas y otros tipos de armas, sin embargo en donde destaca notablemente es con las armas de fuego de largo alcance. Es un excelente tirador y un buen cazador, por algo la primera arma que aprendió a disparar fue una vieja escopeta de caza.

Su abuelo le enseñó supervivencia en un medio tan hostil como un bosque checheno en pleno invierno. Esto le ha ayudado enormemente a la hora de sobrevivir, pero también en su actual trabajo. Gracias a ello oculta muy bien sus huellas, es sigiloso y sabe como perderse entre un maremágnum de gente para que no le sigan la pista.

Debilidades:


Su resistencia física ha ido empeorando con los años desde que en prisión contrajo neumonía, bronquitis e infecciones de garganta. Salió de la cárcel con asma, enfermedad que merma considerablemente su salud.

Las pesadillas que sufría en la adolescencia fueron empeorando progresivamente hasta convertirse en alucinaciones visuales y auditivas. La lucha contra lo que el llamaba «mis demonios», comenzó en prisión y se extendió durante un lapso de siete años. Durante ese tiempo tomaba tres tipos diferentes de pastillas al día. Actualmente esta estable y desintoxicado, sin embargo las pastillas afectaron a su sistema inmunológico y a su hígado, razón por la cual no puede beber alcohol, y tiene problemas con su aparato digestivo.

_______________________________________________



Historia:

Era septiembre de 1978 cuando Sarema Bozkurt era detenida mientras caminaba por una fría calle de Komsomólskoye, en la República Chechena de Ichkeria, y posteriormente deportada a Rusia donde terminó encarcelada en una aislada cárcel siberiana, donde las temperaturas llegan a -50 bajo cero y los presos pasan la mayor parte del tiempo confinados en sus destartaladas celdas.

¿Pero cual fue el crimen de Sarema? Ser una defensora de los derechos de los chechenos. Anti rusa. Liberal. Madre soltera. Política. Hija de un turco. Miembro de algunos de los grupos rebeldes y separatista. En pocas palabras: era una revolucionaria que trataba de convencer a sus compatriotas de la necesidad de independizarse de la Unión Soviética. Una mujer liberal a finales de los setenta, un delito mayor. Y Rusia no perdona la insubordinación.

Su desaparición y posterior encarcelación dejó a su padre Burak, un ganadero viudo exiliado de su patria, sólo, teniendo que cuidar de los dos hijos de Sarema. La familia Bozkurt ya era de por sí grande, y el número de nietos de Burak, hombre familiar pero de normas estrictas, creció un gélido 15 de Febrero de 1981 cuando una llamada telefónica desde Siberia, le advirtió de la llegada al mundo de su octavo nieto.

Nazyr trajo con su llegada una de las peores heladas vistas la última década en Krasnoyarks (Siberia del Este). Sarema nunca supo quien era el padre de su hijo, un celador, un trabajador interino o quizás un prisionero de la sección masculina, candidatos no faltaban. Los pasados tres años había compartido sexo anónimo y sucio con un montón de hombres antes, durante y después de dar a luz a su tercer hijo.

Los primeros meses de vida del infante fueron muy duros. Debido al frío, a las heladas y a la carencia alimentaria, su madre no fue capaz de darle el pecho. Hubo que recurrir a una matrona de un pueblo cercano, que venía todos los días a alimentar a otro recién nacido en la prisión.

Tuvieron que pasar seis meses llenos de papeleos, llamadas telefónicas, suplicas al gobierno ruso y mucho dinero depositado en las manos adecuadas, para que Burak pudiese viajar hasta Siberia del este y regresar a Komsomólskoye con su nuevo nieto en brazos.

La infancia de Nazyr fue dura. Criado en una de las regiones más frías de Chechenia, desde muy pequeño supo el significado de «ganarse el pan con el sudor de la frente». Él, sus dos hermanos mayores, sus tres tíos, su abuelo y sus primos, trabajaban a destajo en la granja familiar. Siempre que se acuerda de su hogar le vienen a la memoria las reuniones familiares en torno a la mesa para cenar, el olor de las pieles curtidas, los sonidos de las pezuñas arañando la tierra y el gélido mutismo de Burak. Sus callosas y calientes manos más de una vez tuvieron que darle algún bofetón.

En casa de los Bozkurt nunca se hablaba de política, era un tema tabú. Tampoco se hablaba de Sarema, de los rusos, de los turcos o de porque Burak había sido exiliado. Todos esos temas se trataban en secreto, a espaldas del patriarca familiar, bajo las luces de las velas, a escondidas en los establos. Nazyr siempre quiso saber cosas de sus padres, quienes eran, donde estaba su madre o quien era su padre, pero cada vez que preguntaba se encontraba con una dura pared de silencio en la figura taciturna de su abuelo. A fuerza de bofetones aprendió a callar y a no preguntar.

A pesar de la dureza con la que era criado su vida no estuvo exenta de cosas buenas y felices. Disfrutaba aprendiendo en el colegio y cuidando de los animales en la granja. Siempre tuvo una afinidad muy poderosa con los gatos, y durante gran parte de su niñez sacó adelante muchas camadas, tanto en su casa como en la calle. La relación con sus hermanos y el resto de sus familiares siempre fue cordial y con pocas disputas.

Con ocho años su abuelo se adentró con él por vez primera en lo profundo del bosque. Fue allí, entre nieve y árboles inmensos donde le enseñó a disparar con una escopeta ( algo para lo que demostró tener grandes cualidades) cazar y desollar animales, y a como sobrevivir en plena naturaleza. Estos sin duda alguna son los recuerdos más felices de su niñez.

Sin embargo en 1991, comenzaría a plantarse la semilla de lo que acabaría siendo Nazyr en un futuro.

Chechenia estaba inmersa en pleno proceso de separación de Rusia. El clima político y social estaba muy caldeado, pero en la granja de los Bozkurt parecía no sentirse ese proceso de cambio, esa futura libertad, que aún no sabían que iba a ser pagada con sangre y muerte.

En el verano del décimo cumpleaños de Nazyr, su abuelo le llevó al bosque a disparar con la escopeta de caza a algunos conejos y otros animales pequeños. Después de media hora de tratar de acertar a un blanco móvil, Burak decidió que era el momento de comunicarle a su nieto una noticia. Nazyr había notado que su abuelo estaba melancólico desde primera hora de la mañana, pero no había preguntado el porque.

Abuelo y nieto se sentaron sobre un roble caído y Burak le contó a Nazyr que el día anterior, el primer día de verano, su madre había fallecido de sida en una prisión siberiana.

Para el pequeño Nazyr aquello fue un jarro de agua fría, un tremendo y horrible golpe. Durante dos horas escuchó consternado la historia de la vida de su madre, como había acabado en prisión, el desconocimiento de la identidad de su padre, su nacimiento, como le habían traído a Chechenia y por último la enfermedad y muerte de Sarema.

Ese día Nazyr comenzó a odiar con todo su corazón a los rusos.

Cuando en 1994 comenzó la Primera Guerra Chechena, Nazyr ya era un experimentado tirador con escopeta. Aún era un mocoso de trece años flacucho y pálido, pero se veía en sus ojos una determinación que a Burak le daba miedo. El anciano creía ver fantasmas en los ojos de su nieto, cosas malas, muy malas. Había empezado a arrepentirse de haberle hablado de su madre, se lo tendría que haber callado.

Durante aquellos tres años, el odio dentro de Nazyr se había ido espoleando con cada nueva opresión de los rusos, cada nuevo intento por aplastar a su pueblo, cada checheno deportado a Siberia desde los años cuarenta. Cada muerte.

Quería ser soldado, entrar en las guerrillas rebeldes chechenas que luchaban por rescatar a su patria de la opresión rusa. Empezó a juntarse con muchachos mayores que él, con los llamados «mocosos de cuartel» (nombre designado para los hijos de militares) y no dudaba en ir con ellos hasta los cuarteles y barracones militares chechenos, donde esperaba comenzar a aprender el arduo y duro camino de un militar, pero de donde tan sólo salía con golpes propinados durante las peleas, y el eco de las burlas de los chicos mayores.

Se había convertido en un adolescente taciturno y enfadado que tenía grabado en su memoria el recuerdo de su abuelo, viejo y cansado, velando durante horas el cadáver frío de su madre en la funeraria. Había perdido a su única hija por culpa de los rusos, pero parecía no odiarlos. Nazyr comprendió que estaba demasiado cansado para hacerlo, demasiado viejo para odiar. Así que él lo haría por los tres: por su abuelo, por su madre y por él mismo.

En Agosto de 1994 Rusia comenzó a bombardear Chechenia. Komsomólskoye fue una de las ciudades que acabó destruida casi en su totalidad, y la población masacrada. Poco tiempo después las tropas rusas entraron en el territorio y ocuparon terrenos, casas y granjas. Una de ellas fue la de los Bozkurt.

Nazyr creyó ver una oportunidad para resarcirse por lo que los rusos le habían hecho a su madre, a su pueblo. Escopeta en mano, y desoyendo los gritos de su abuelo, él y tres de sus primos se unieron a los partisanos que trataban de defender a los suyos. Durante tres días trataron de repeler los ataques por tierra de los rusos. Desde el aire les llovían bombas y ráfagas de ametralladoras, y en tierra firme eran acribillados a balazos. Mientras la población de la ciudad trataba de huir, los que se negaban a rendirse se escondían entre las ruinas de las viviendas, armados hasta los dientes con fusiles, granadas y bombas caseras.

Sus tres primos murieron por los disparos enemigos. Nazyr tuvo que dejarlos atrás para escapar con el pequeño grupo de partisanos que quedaba en pie. Durante un ataque con tanques se separó de los demás y anduvo sólo y desorientado por la ciudad en ruinas hasta esconderse en un viejo edificio demolido. Fue allí donde un grupo de cinco soldados le encontró. Tras darle una paliza a un «sucio y asqueroso checheno», tres de ellos le redujeron, le amordazaron con un trozo de tela y le violaron. Tras ser violado varias veces y caer en la inconsciencia, los soldados le dieron por muerto y le abandonaron a la intemperie. Se llevaron con ellos la escopeta de caza que Burak le había regalado el año anterior.

Tras despertar, varias horas después, humillado y herido, regresó a casa llorando. Todo estaba perdido, su gente, el futuro de su país, su orgullo y su dignidad. Los rusos lo habían pisoteado todo.

Regresar a casa solo logró hundirle en una mayor desesperación. La granja de su familia, la granja que con tanto esfuerzo había logrado construir su abuelo, había sido destruida. Sus dos hermanos, sus tíos, los primos que le quedaban, su abuelo y varios vecinos estaban de pie colocados sobre la tapia del patio trasero, delante de un grupo de soldados rusos. Todos murieron fusilados delante de sus ojos.

Al día siguiente fue encontrado entre los restos de la casa por un grupo de partisanos que le llevó junto a otros heridos y sobrevivientes hasta Grozni, la capital, donde permaneció con el resto de la población que quedaba, escondidos. Fue atendido en un hospital de campaña y posteriormente trasladado hacía una ciudad fronteriza donde ingresó en un orfanato.

Los dos años que duró la guerra (1994-1996) Nazyr los pasó tratando de sobrevivir a las duras condiciones en las que la guerra había dejado el país: hambre, pobreza, delincuencia y guerrillas. Los muros del orfanato se convirtieron en una cárcel para él. No hizo amigos y rara vez se relacionaba con los demás. Fue allí donde comenzaron las pesadillas: las violaciones, la guerra, el fusilamiento de su familia y la granja ardiendo. Rara vez el esquema cambiaba. Durante años aquellas pesadillas le acompañarían haciendo imposibles sus noches.

Con dieciséis años y muchos problemas de conducta, Nazyr fue puesto en la calle. El estado no podía seguir haciéndose cargo de él. Con lo puesto y poco más salió de aquel orfanato y la ciudad, y volvió a dirigirse a Grozni. Chechenia estaba devastada, destrozada, masacrada. En la capital, no quedaban casi edificios en pie. Quedarse en su país habría sido una muerte segura. Nazyr tuvo que hacer de tripas corazón, tragarse su orgullo y cruzar la frontera hacía Rusia.

En 1997, mientras trataba de ganarse la vida como mozo de almacén, conoció a Alexey, apodado «El Toro», un joven de veinte años que le convenció de que el auténtico el poder, el dinero y la buena vida estaba con él. Sin familia, sin muchas perspectivas de futuro y sin donde caerse muerto, Nazyr se unió a Alexey y a su pandilla. Robaban, asaltaban a la gente, extorsionaban a los dueños de los pequeños negocios, pegaban palizas a los vagabundos, bebían mucho vodka y fumaban lo que cayera en sus manos.

Le detuvieron en varias ocasiones de los dieciséis a los dieciocho. Varias veces pasó la noche en comisaria y fue internado en dos reformatorios. Siempre volvía a las andadas, pegado a Alexey, aprendiendo de él. «El Toro» le enseñó varias cosas, no necesariamente buenas. Aprendió a trucar máquinas expendedoras para obtener monedas, robar carteras y forzar cerraduras sencillas. Estaba claro que con el camino que llevaba acabaría siendo un delincuente con mucha carrera a su espalda.

Un día Alexey apareció furibundo delante de él. Le convenció a él y a varios chicos de que le ayudasen a vengarse de una persona, un chico pijo hijo de papá y mamá de su antiguo barrio, que le había despreciado en la adolescencia. A Nazyr aquello le pareció muy pueril, pero se apuntó al no tener nada mejor que hacer.

Borrachos y drogados, se interpusieron en el camino del chico cuando volvía de dejar en casa a su novia. Lo redujeron entre los siete y se lo llevaron a un viejo edificio en la zona industrial, allí le violaron repetidas veces, le pegaron, le quemaron con cigarrillos y le rompieron varios huesos. Para Nazyr fue como una catarsis, no sólo el chico era ruso, si no que además su padre era militar, y mientras le violaba no paraba de ver en su rostro las caras de los tres hombres que le habían violado cuando tenía trece años.

Después de haber perpetrado la agresión, abandonaron a la victima allí, y borrachos y drogados como estaban, acabaron montando bulla por las calles de la ciudad. La policía los encontró mientras trataban de desvalijar una pastelería porque a Alexey le apetecía «cenar bollos con crema».

Fueron detenidos, llevados a comisaría y encarcelados preventivamente a la espera de juicio. Alexey recibió la condena más dura debido a la larga lista de delitos que había cometido desde los doce años. Los dos menores de edad fueron llevados a un correccional, mientras que los cuatro restantes, incluido Nazyr, fueron condenados a entre cuatro y siete años de prisión dependiendo de la implicación en el delito. A Nazyr le cayeron cuatro años por violación.

Entró en la cárcel casi con diecinueve años. Seguía siendo un mocoso, pero al menos había crecido bastante y se había convertido en un tipo ancho y fuerte que se sabía defender. Ni siquiera era una cárcel de máxima seguridad, y al menos no era en Siberia. No había acabado como su madre, pero su vida estaba tomando un mal rumbo.

Su vida entre rejas no fue un camino de rosas. Al igual que en el orfanato a penas se relacionaba con nadie, y debido a las pesadillas se hizo en poco tiempo fama de «chiflado». Cuando se burlaban de él y trataban de provocarle normalmente pasaba de largo y seguía a lo suyo, pero a veces no podía evitar estallar y se peleaba con cualquiera que acabase de mentar a su madre, tirarle algo durante la comida o trataba de ponerle la zancadilla durante su trabajo en la sección de lavandería.

El carácter medieval del sistema penitenciario ruso unido a las bajas temperaturas pasó factura a la salud de Nazyr su primer año de condena. A los tres meses, y mientras se recuperaba de una paliza, enfermó de bronquitis. Pasó el siguiente año yendo y viniendo de la enfermería a su celda y viceversa. En una pelea, un tipo le provocó una herida en la cabeza que se extendió por parte de su frente hasta casi las cejas y que dejó cicatriz. También tuvo neumonía, y varias infecciones de garganta. Al final le diagnosticaron asma y le dieron un inhalador. Fue gracias a él que conoció a Davide Briand, el hijo de un jefe de la mafia francesa que también tenía asma. Fue por algo tan estúpido por lo que se hicieron amigos.


Davide, de treinta y dos años, cumplía cadena por asalto con agravantes y pertenencia a banda armada. Se conocieron en el comedor de la prisión cuando a Nazyr se le cayó su inhalador y lo recogió Davide. A partir de ese momento se hicieron inseparables a pesar de la diferencia de edad y del pobre ruso del francés, quien había cometido sus delitos mientras se encontraba de vacaciones en Moscú.

Durante los tres años siguientes Davide y él compartieron confidencias e intimidad. Por primera vez en mucho tiempo alguien conseguía traspasar la dura coraza de Nazyr y llegar hasta él. Podría decirse que ante Davide, el checheno estaba desnudo y en cierta forma vulnerable. Había aprendido a no confiar en los demás a encerrarse en si mismo, pero por primera vez en años dejaba que alguien se acercase a él. Fue con él, en un oscuro rincón de la lavandería, donde Nazyr tuvo su primera experiencia sexual consentida por ambas partes.

Davide estaba pletórico con el amante inexperto y más joven que se había encontrado en prisión. Le prometió a Nazyr que si se quedaba con él, a su lado, a la salida de la prisión todo mejoraría para él. Le dijo que no se preocupase, que se ocuparía de él. Veía un potencial en él que el propio Nazyr no veía.

«Tienes algo, un no sé que, chispa». Le dijo en muchas ocasiones.

Nazyr fue puesto en libertad con veintitrés años. A su salida le esperaba un hombre, supuesto amigo de Davide, quien le instaló en un piso en Moscú donde estuvo viviendo hasta que pudo reencontrarse un año después con su amante. Desde la capital rusa viajaron en avión a París y desde allí se trasladaron a la Provenza Francesa.

El tiempo que estuvieron en prisión, Davide le contó a Nazyr todo sobre si mismo. Era hijo del jefe de uno de los grupos marselleses más peligrosos e importantes de la región, tenían contactos con la mafia corsa y hacía un tiempo habían hecho alianzas con La ’ndràngheta calabresa. La madre de Davide era italiana, hija de un Consigliere de la ’ndràngheta.

Permanecieron en la casa que la familia Briand tenía en la provenza durante un corto periodo de tiempo. Davide le estuvo preparando para que entrara a formar parte del grupo de su padre. Podría decirse que «pulió» algunas de las habilidades que poseía Nazyr. Durante aquel tiempo conoció a algunos de los «Pied Noirs» (Pies Negros) que trabajaban como sicarios del padre de Davide. En su mayoría eran ex combatientes de las guerrillas del sur de Argel, pero también había unos pocos magrebíes. Fue uno de estos últimos el que le enseñó como romperle el cuello a un hombre y a pelear en condiciones con las manos desnudas.

Cuando se trasladaron a Marsella, Nazyr entró a formar parte del grupo de Briand. Se convirtió en guardaespaldas de Davide y sicario de su padre. Mantuvo el puesto los cuatro años siguientes durante los cuales llegó a pensar que podría seguir así el resto de su vida, incluso podía decirse que se había reconciliado con su pasado. Vivía con Davide, con el cual mantenía una relación que aunque llena de altibajos, parecía bastante estable. Davide tenía un apetito sexual a veces difícil de complacer, y un carácter incomformista y rebelde que a veces rallaba lo obsceno.

Mientras Nazyr estaba en el norte de Francia cumpliendo un encargo, Davide asistió a un club de sadomasoquismo que había frecuentado hacía más de diez años. Fue allí donde participó en una fiesta repleta de drogas y alcohol que acabó de manera trágica, cuando Davide falleció a causa de un coma etílico.

Tras aquella tragedia Nazyr abandonó el grupo Briand. La muerte de Davide fue un golpe duro para el cual no estaba preparado. Otra vez la vida decidía abofetearle con la fuerza suficiente para hacerle sangrar. Ni siquiera era capaz de seguir viviendo en la casa que habían compartido en las afueras de Marsella. Necesitaba desesperadamente cambiar de aires, Marsella le agobiaba, Francia le irritaba. Todo le recordaba a Davide. Estaba furioso con él por haber muerto, por haber fallecido de aquella manera tan sordida.

Un Pied Noir que trabajaba con él le habló de Steinburg, en Alemania. Le dijo que un hombre con sus capacidades no tendría problema alguno para establecerse en una ciudad como aquella. No queriendo regresar a Chechenia ni a Rusia, Nazyr recogió sus armas y algunas cosas y se traslado a Steinburg, donde gracias a algunos contactos pudo establecerse.

Para aquel entonces ya había hecho contacto con «Totó». Nunca ha visto cara a cara a la persona que se esconde detrás de este apodo. Tan sólo se contactan a través del «Deep Internet» ( el llamado Otro Internet) y en él mundo en el cual se mueve Nazyr, «Totó» es el mejor intermediario para conseguir trabajos. Desde que se instaló en Steinburg hace seis años, «Totó» ha sido quien le ha conseguido todos sus contratos de asesino a sueldo.


Spoiler:

Nazyr
Asesino
Asesino


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Re: Nazyr Bozkurt.

Mensaje por Invitado el Lun Dic 16, 2013 1:43 pm

FICHA ACEPTADA

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