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La tercera sesión [ Privado Marcus & Benjamin ]

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La tercera sesión [ Privado Marcus & Benjamin ]

Mensaje por Invitado el Lun Dic 09, 2013 12:06 am

Y el sol se filtraba por la pequeña y rectangular ventana que había en la esquina superior derecha de su celda, proyectando un rayo de sol que duraría exactamente treinta-y-siete minutos en su celda. Ni más, ni menos.
Ése era el único instante de paz que Benjamin Donovan recibía cada día. Treinta-y-siete minutos de tranquilidad, donde podía alzar el rostro blanquecino y dejarse acariciar por el rayo de sol, caliente, y olvidarse del terrible lugar donde estaba encerrado.

Estaba sentado justo en medio de su celda, moviéndose cada dos o tres minutos para seguir la trayectoria del rayo. Llevaba puesto el mono de preso, que era gris y apagado, con una placa de plástico blando pegada al pecho.

"Donovan, Benjamin
18, Rango C
P. Media-Alta"


Eso último significaba "Peligrosidad Media-Alta", lo cual se traducía en que Benjamin estaba moderadamente loco, pero tampoco muy, muy loco. Y eso era todo. Su vida, su persona, su integridad, en una placa de plástico que decía más bien nada sobre él. Pero realmente, ¿A quién le podía interesar alguien como Benjamin?
A sus compañeros de pasillo, sin duda, no. Los otros locos gritaban, daban golpes y hablaban solos, pero Benjamin nunca hacía nada. Nunca hablaba, nunca gritaba, ni daba golpes. De hecho su comportamiento era ejemplar, tranquilo, pacífico y silencioso. Era su modo de ganarse a los mismos cabrones que, hacía una semana, le habían rebentado de una paliza.

Ése doctor de nombre Marcus había sido designado como su psiquiátra principal, aquél que se suponía que debía mantenerlo bajo control con medicinas o tratamientos, pero en la segunda sesión Benjamin se había levantado cabreado como de costumbre, poco dispuesto a responder nada a Marcus, quien hacía sus preguntas rutinarias. De hecho no había ocurrido nada extraño, solo qué... Se rebotó de repente, frustrado por algo que a esas alturas ni siquiera recordaba.
Se había avalanzado al otro, y le intentó agujerear, sin éxito, la yugular, con el lápiz.
Era por eso que se lo habían llevado de allí cuanto antes, y los celadores, que nada tenían de pacientes, no tardaron en tirarlo al interior de su celda y empezar a darle golpes por todos lados.
Nada grave, por supuesto, pero lo suficientemente fuerte como para que tuviera un ojo medio morado.

- Eh, Donovan, te toca sesión con el Dr. Marcus. -Dijo una voz detrás suyo, incitándole a que se levantara.

Y el albino, a pesar de que acababan de interrumpir sus malditos treinta-y-siente minutos de paz diarios y deseó estrangular al hijo de puta del celador, abrió los ojos, temblando por el arranque interno de ira, pero... Respiró profundamente, controlándose, y se levantó.
El tipo le hizo sacar las manos por una rendija, donde le esposó, y acto seguido le agarró de cuello de la camisa, obligándole a mirarle a los ojos.

- Si vuelves a hacerle nada te voy a partir un par de costillas a hostias. -Le amenazó, aunque Benjamin no apartó los ojos, sin inmutarse.

Fue llevado a la sala, llena de vigilantes exteriores, donde le sentaron en una incómoda silla de metal. Le dejaron una mano esposada a dicha silla, pero sabían que solo podía comunciarse escribiendo, así que la mano izquierda estaba libre. Había una mesa delante suyo, y la silla del psiquiátra. Delante suyo tan solo había un papel en blanco y un bolígrafo encadenado a la mesa... Vaya, sí que había asustado al doctor, o a los celadores.

- Espera aquí, llegará en breves. -Dijo el celador, saliendo para dejarle solo, mirando a la pared de enfrente sin expresión.

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Re: La tercera sesión [ Privado Marcus & Benjamin ]

Mensaje por Invitado el Mar Dic 10, 2013 5:26 am

Tal como había previsto antes de viajar desde Londres, aquel sitio estaba por completo lleno de casos psiquiátricos no sólo interesantes desde el punto de vista médico, sino además,  increíblemente difíciles. Y eso lo había comprobado nada más llegar e indagar entre los habitantes de aquel sitio. Al parecer, y mucho más notorio que otras ciudades del mundo, allí todos necesitaban en mayor o menor grado de su ayuda… Pero claro, casi ninguno de todos ellos querría aceptarla….
 
Y gran ejemplo de eso, había sido aquel  nuevo caso que llegó a sus manos apenas llegado allí… Nunca hubiera pensado, estar nuevamente frente a un caso como ese, o a decir verdad, nunca pensó que podría encontrar un caso peor del que había visto con su “adorado niño” –como solía llamar a su primer paciente como  psiquiatra diplomado-, por el cual había viajado hasta allí…
 
Miró una vez más su expediente, y repasó con su vista aquel nombre y diagnóstico.  —Benjamín…. Benjamín…. Me pregunto cómo deberé acercarme a ti. —murmuró  para sí mismo, mientras esperaba que todo estuviera listo para su visita médica.
Ya se había acostumbrado a toda aquella burocrática preparación a cada una de sus llegadas a aquel sitio. Se había acostumbrado a los gritos sucios y guarros que recibía de los internos al caminar por los pasillos de aquella prisión. Aunque , había algo a lo que no se acostumbraba, ni acostumbraría nunca: el maltrato.
 
¡Un  maltrato hacia sus pacientes era algo completamente inconcebible! No importaba cuan peligrosos fueran, no importaba cuanto hubieran intentado atacarle. Ese tipo de comportamiento era impensable para un profesional como él. Por lo que no fue extraño que su mirada se llenara casi de un fuego furioso, al notar lo que le habían hecho a su nuevo y joven paciente.
Asesinó con la mirada a los celadores apenas entró y sus orbes castaños se posaron ese visible moretón sobre su ojo. Apretó  la manija de su maletín por la bronca y enojo que recorrió todo su ser ante eso….
 
¿Quién le ha hecho eso? —preguntó fúrico, mas obviamente no recibió respuesta. Tan sólo unas miradas engreídas por culpa de aquellos guardias que poco después les dejaron a solas…. O por lo menos eso decían. Seguramente estarían allí afuera de la habitación de visitas, o hasta incluso los vigilarían por medios de circuitos cerrados de cámaras… Sinceramente no le importaba, no ahora que quería ser él quien moliera a golpes a aquellos animales insensibles que le habían hecho aquello al menor, que ahora –como antes- le miraba de esa manera fría.
 
Buenas tardes, Benjamin… —sonriendo tranquilo, y sentándose frente a él.  A pesar del anterior ataque, no estaba para nada asustado en su presencia. —¿Cómo has estado? ¿Me lo contarás hoy? … —preguntó y mirando de reojo el lugar intentando  que nadie más le viera, sacó de su saco una pluma con la cual garabateó una frase en uno de sus tantos papeles .
 
“¿Qué te hicieron? ¿Cuál de ellos te lastimó de esa manera?”
 
Muchos dirían que era un estúpido por querer ayudar a aquel chico, mucho más cuando una sesión antes aquel muchacho había intentado matarle, pero no le importaba…. Quería ayudarle, y , aunque sabía que quizás se ganaría problemas por esto… Lo ayudaría a como diera lugar. 

Spoiler:
Lamento no haber podido hacer mucho con Marcus en este primer post~ en el otro espero avanzar más.

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Re: La tercera sesión [ Privado Marcus & Benjamin ]

Mensaje por Invitado el Mar Dic 10, 2013 2:04 pm

No se le pasó por alto esa mirada que el doctor, al llegar, les echó a los vigilantes.
La sala estaba insonorizada, para que ningún sonido entrara ni saliera. Antes de Marcus los psiquiatras hacían toda clase de experimentos poco lícitos a los pacientes, de los cuales por suerte, Benjamin no había sido víctima. No todos habían tenido esa suerte, y para alejar las posibles sospechas en los demás pacientes, se había hecho de esa sala un lugar completamente privado para el paciente y el médico.

Fue por eso que Benjamin no oyó la pregunta que el doctor hizo a los vigilantes, más no pudo ignorar la mirada furibunda que les lanzó. Ése cristal diminuto de la puerta sin duda era suficiente como para poder echar sus juicios a la basura. Ése médico no era mala persona, así que... En el fondo, muy en el fondo, se arrepentía de haberle atacado, pero eso era hoy.
Se había levantado de un relativo buen humor, pero quién sabe cómo estaría mañana, y qué pensaría del mundo... Y el mundo de él.
El vigilante, en cambio, miró a Marcus con mala cara, negándose a contestar mientras le abría la puerta para que se dejara de tonterías.

Cuando el otro cruzó la puerta, el albino alzó los ojos fríos, mirandole fijamente.
No había muestra de enfado por lo ocurrido en la última sesión, ni tampoco muestra de miedo o prudencia extra. Eso le agradó.
Precisamente por eso hizo un movimiento de cabeza, saludándole de ése modo, terco y tímido, pero saludandole al fin y al cabo.

Asumiendo que debía escribir, el menor tomó el bolígrafo con la molesta cadena, pero vio sorprendido como el doctor empezaba a escribir en un papel... ¿Para qué? Nunca nadie había intentado ponerse en su lugar, y menos intentando comunicarse del modo en que lo hizo el médico entonces.
Leyó el papel, y le contestó escribiendo en el suyo própio.


"No importa cual de ellos fue. En esta cárcel a todos nos tratan igual. Pero estoy bien, ya hace una semana de esto, casi está curado."

¿Cómo era que ahora sentía la necesidad de evitar que ése tipo se preocupara por él? Era absurdo.
Volvió la mano a la hoja, garabateando.


"El otro día te quise matar. Espero que estés bien. Aprovecho para decirte esto ahora, antes de que te disguste de cualquier otra forma."

Pues conociéndose a si mismo, bien seguro que lo haría tarde o temprano.

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Re: La tercera sesión [ Privado Marcus & Benjamin ]

Mensaje por Invitado el Miér Dic 11, 2013 2:11 am

Aquella actitud suya, le traería sin dudas problemas con esos hombres que decían “cuidar” a todos aquellos reos. Sabía que se suponía que las personas que estaban allí, lo estaba por una razón realmente grave… pero aun así, el no concebía de ninguna manera  la violencia, y mucho menos la justificaba, aunque él tuviera una “excusa” para hacerlo ahora.
Aquel ataque por parte del menor no le había hecho cambiar. Por muchas cosas peores había pasado con su primer amante, como para preocuparse ahora lo que un chico como aquel intentara hacerle. Sabía que no era su culpa reaccionar así, y era eso lo que quería averiguar… El “ Por qué” de su comportamiento aún era un misterio, pero sabía que con el pasar de las sesiones, aquello cambiaría. Sí, estaba más que seguro.
 
Más aún, cuando notaba su sorpresa ante su propio comportamiento. Aquel muchacho no estaba para nada acostumbrado  a ser tratado como Marcus lo trataba, al parecer. El mayor sonrió amablemente, mirándole todo el tiempo a los ojos, pero no de manera amenazante sino todo lo contrario, antes de volver a mostrar una expresión dura, furibunda al leer lo que el otro tenía para decir.
Casi se le escapó un gruñido enojoso ante todo aquello no podía permitirlo… no de nuevo. No por su culpa. —No volverá a pasar…. Te lo aseguro. —le dijo más que confiado en que lograría cambiar las cosas allí. Sin dudas, un pensamiento completamente utópico…. Imposible.
Se  inclinó hacia su maletín, y buscó nuevamente aquel informe sobre el joven para ojearlo, para darse ideas de por donde seguir con aquel tratamiento, justo cuando el otro “tomó la palabra.”
Se sorprendió, pero no era para menos. No esperó realmente una disculpa por parte del menor, a pesar de que sabía muy bien que su intención siempre fue matarle. Sonrió de medio lado.
 

Tranquilo… sé que muchas veces soy tan insoportable, que todos quieren matarme… —bromeó para sacarle completamente importancia y tensión al asunto antes de mirarle a los ojos. —¿Te apetecería que hablásemos de nuestras vidas? Yo te hago preguntas… y tú , si quieres, haces lo mismo… Prometo responder cualquier cosa que me preguntes. —aseguró una vez más, y ladeando el rostro, para apoyarlo sobre su palma. — Empiezo yo, si me lo permites…. —musitó antes de tomar una bocanada de aire, que precedería a su pregunta. —¿Dónde naciste? ¿Recuerdas como era tu infancia?... —inquirió. Preguntas en apariencia simples, inocentes… más que para el especialista eran claves. 

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Re: La tercera sesión [ Privado Marcus & Benjamin ]

Mensaje por Invitado el Miér Dic 11, 2013 2:43 am

Benjamin no pudo evitar esbozar una sonrisa que no llegó a sus ojos. Era una sonrisa taciturna, de pena y resignación, que dejaba bastante claro que nada creía de las palabras ajenas.
No porque no fueran sinceras, pues lo cierto era que estaba seguro que de haber podido actuar, Marcus habría hecho algo. Sin embargo era imposible que el otro hiciera algo por él, algo, al menos, que le sacara del agujero donde estaba.

¿Para qué negarlo? Estaba bien jodido.
Pero las intenciones ajenas le agradaban.

"Vas a tener que traerme un pastel con una sierra escondida para que empiece a serrar los barrotes si realmente quieres que cambie, gafitas." Escribió, y sonrió de medio lado mientras le alargaba el papel. Tenía un peculiar sentido del humor, eso era innegable.
Sabía que el médico debía iniciar el tratamiento de alguna forma, pero le pareció un trato justo el hacer "pregunta por pregunta", ya que la mayoría de capullos que venían a hacerle evaluaciones eran imbéciles estirados que ni siquiera decían su nombre al entrar.
Le hizo sentir un poco menos vulnerable, lo cierto era que... Marcus le hacía sentir casi bien.

"Vale." aceptó.

El otro empezó a hacerle preguntas, y Benjamin vació levemente antes de responderlas... Pero lo hizo, al fin y al cabo no era nada privado lo que iba a contarle.

"Nací en un pueblo. ¿Que si recuerdo cómo era mi infancia? Claro. Era como la de cualquier niño, feliz, bonita, y esas mierdas.
Pero si hay algo que recuerdo por encima de todo es a mi hermano gemelo. Pero se mató."

Detuvo el bolígrafo, sintiéndose incómodo al contar esas verdades, y apartó la hoja, inseguro de querer que el otro supiera aquello. Al final y tras unos minutos de meditarlo, el menor le alargó la hoja, completamente evasivo en cuanto a miradas se refería.
En vez de eso se concetró en escribir en otra.


"¿Qué edad tienes? ¿Tienes familia? ¿Qué se siente al pisar la calle?" Preguntó.

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Re: La tercera sesión [ Privado Marcus & Benjamin ]

Mensaje por Invitado el Vie Dic 20, 2013 12:12 am

Marcus no pudo evitar sonreírle al menor ante sus palabras. A pesar de su preocupación, a pesar de aquella situación tan difícil entre los dos, el menor aún hacía bromas, y eso a él en cierta parte le alegró. No por la broma en sí, sino porque esta vez, el chico no lo hacía blanco de sus bromas, sino que lo hacía participar en ellas. Ese era un gran avance, sin duda alguna.  Y el psiquiatra comenzó a sentirse mucho más animado.
 
Le miró fijamente tras aquella broma y se acomodó las gafas un tanto antes de proseguir con sus preguntas. Estaba preocupado aún por lo sucedido, y convencido de que haría todo lo posible porque no ocurriese de nuevo. Maltratar a sus pacientes, era inconcebible… y eso se lo haría saber al mismísimo Aicalde  de esa prisión si era necesario.  Pero ahora no… no, en este momento sólo importaba aquella charla que se había formado entre los dos, aquella confianza que quizás podría formase y afianzarse.  Sonrió esperando sus respuestas.
 
Uhm… ¿Cómo cualquier otro? —repitió casi sin darse cuenta, mientras desabotonaba su saco para sacárselo. Era incómodo… y aunque aquella habitación era un maldito refrigerador, no le importó. La dejó en el respaldo de su asiento, mientras le miraba. —Un hermano… ¿me cuentas sobre él? —preguntó inmediatamente a pesar de que no era su turno para preguntar, pero es que eso no recordaba haberlo leído en los informes que habían llegado a sus manos.  Quería…no, necesitaba saber más sobre el asunto. En especial al ver la expresión ajena ante eso.
 

Pero luego se percató de su error, y sonrió apenado. —Lo siento, te tocaba preguntar… —se acomodó las gafas un poco, y ladeó el rostro —Ya sabes, la costumbre de los psiquiatras de preguntar y repreguntar~ —se sonrió amablemente y esperó las preguntas ajenas. Las leyó y le miró, sorprendido. —No esperé que quisieses saber eso… pero vale — musitó acomodándose en su asiento — Si con familia te refieres a si estoy casado, la respuesta es no… No lo estoy, aunque si tengo familia. Mis padres viven en Boston, al igual que mi hermano y su familia.  –le miró a los ojos, tranquilo… como si esa charla se diera en un bar y no allí en ese horrible lugar. —Soy un flamante tío de dos pequeños niños, y  pisar la calle… lo sentirás muy pronto con mi ayuda.  —Extendió la mano,  quizás arriesgándose demasiado al tomar la ajena. Le sonrió aún más. —Creeme… te ayudaré y saldrás de aquí por tus propios pies… —sonó seguro, como siempre que promeía algo. Con Marcus todo se cumplía siempre, porque él daba casi su vida si fuera necesario. — Bueno… ahora si… ¿Puedes contarme más de tu hermano?

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Re: La tercera sesión [ Privado Marcus & Benjamin ]

Mensaje por Invitado el Sáb Dic 28, 2013 9:05 am

Benjamin se quedó absorto oyendo al doctor.
Su voz resultaba un extraño e inesperado bálsamo. Ése hombre parloteaba y parloteaba de cosas que, aunque él mismo había preguntado, ahora resultaban insustanciables. Pero era precisamente la insustanciabilidad de esas palabras las que las convertía en tan mágicas para el albino, quien se apoyó allí, contemplando al hombre con fijeza mientras éste mencionaba una familia. Unos padres... Un hermano... Unos sobrinos. Qué parecidos eran, y qué diferentes. Todo su mundo estaba vivo, completamente vivo, y el mundo de Benjamin estaba muerto. Literalmente.
El menor contempló un segundo más al ajeno, cuando de repente éste le tomó la mano, y el menor fijó los ojos en ésa imágen. Su blanquecina mano... Tomada por el doctor, sin más.
Sus ojos se levantaron, fríos, inquisitoriales y agresivos, para ver esa sonrisa en el rostro ajeno, dibujándose en una mueca de esperanza y felicidad... Tuvo que apartar la mirada.
Ver la actitud ajena le intimidaba como nada le había intimidado antes. Por lo general, no se relacionaba con humildes... Nah, su muerto mundo había sido llenado de la peor calaña existente.
Estaba habituado a los palos, a la violencia, a la humillación... A la muerte. A la sangre. Pero... ¿Un hombre que, humildemente, le sonreía...? ¿Un hombre que le daba la mano?
De los labios del doctor salió una extraña promesa. Que saldría de allí... Que le ayudaría a salir "por sus própios pies". No pudo evitar apartar la mano de la ajena, completamente confundido. La amabilidad estaba siendo arrojada sobre él y le acariciaba el rostro amablemente, pero Benjamin, incapaz de responder a eso al momento, solo se limitó a bajar la mirada, bastante intrigado por su própia reacción.
Y fue cuando el mayor le preguntó acerca de su hermano, que Benjamin se puso a escribir en una de las hojas, tratando de recordar todo lo que pudiera de él... Necesitaba distraerse de esa mano que le acababa de robar la atención.

"Se llamaba Adam. Era mi hermano gemelo. Usted tiene un hermano, pero no creo que sea su gemelo. ¿Alguna vez ha oído hablar de la conexión de los gemelos? Dicen que uno puede sentir el dolor del otro, que cuando uno llora el otro siente su pena. Pues bien, Adam y yo eramos de esa clase de hermanos. Una vez me caí en el granero y me rompí el dedo de un pie. Apenas si pasaron treinta segundos y Adam entró corriendo, llorando por mi, aunque no me había oído gritar ni sabía qué me había pasado.
Adam era justo la persona que balanceaba mi vida. Si él siguiera vivo hoy, yo estaría bien. Puedo jurarlo con mi vida.
Pero mi hermano no era físicamente igual que yo. Ambos eramos iguales de cara, de constitución. Teníamos las mismas pecas, y hasta nos hacíamos las mismas heridas para no ser desiguales. La única, la insignifcante diferencia que había era que él tenía el cabello negro. Yo también debí tenerlo, pero nací albino. Él tenía un mechón albino en el cabello, y nuestra madre decía que era la prueba feaciente de que eramos hermanos, pues él tenía una parte de mi en su cuerpo.
Pero mi padre odiaba que Adam fuera pelinegro. No se daba cuenta de que el que tenía un defecto genético era yo, y no Adam.
Mi padre era nazi y creía en la supremacía blanca, y tener un hijo albino le suponía un motivo de orgullo, pero estaba decepcionado con Adam por no ser albino también. Llegó a estar tan zumbado con la ideología aria, que culpaba a mi madre de no haberle dado dos hijos "puros".
Mi padre mató a mi madre ante la desesperación de esta, porque le intentaba hacer entender que no mi hermano era igual de ario que yo, pero para mi padre no había tonos grises en esa cuestión.
Mi padre maltrataba a mi madre, y cuando esta murió, el objeto de los maltratos pasó a ser Adam.
Yo no supe nada hasta después de su muerte. Él se alejó de mi, durante casi tres años estuvimos separados y recuerdo que siempre que le veía me miraba con ojos de traición... Él me culpaba por lo que le pasaba... ¿Sabe lo que es ver como tu otra mitad, te coge odio sin saber el motivo?
Mi padre lo violaba y le pegaba hasta dejarlo casi muerto, por eso yo no le veía durante semanas.
Mi padre seguía siendo amable conmigo. Me llevaba a reuniones de nazis, yo no entendía nada.
Fue una época muy triste, y allí empezó toda mi mierda.
Fue entonces cuando mi hermano un día, se colgó del granero.
Mi otra mitad acababa de morir... ¿Sabe lo que es eso? Nunca podré olvidar que lo toqué y seguía estando caliente. Pero su expresión era tan vacía. No pude soportarlo y salí corriendo de allí cuanto antes. Fueron los peores segundos de mi vida, más incluso que lo que vino después, se lo aseguro.
Fue la mayor mierda que me ha pasado. Y si ése día yo hubiera estado allí para impedir que eso ocurriera... Si yo no hubiera nacido albino, si tan solo algo no hubiera ido como fue, yo no estaría aquí con usted.
Yo sería un chico normal. Tendría, como usted, unos padres. Quizás serían nazis de mierda, sí. Pero estarían vivos. Yo tendría un hermano también, como usted. Pero no... Todo se trunca en un momento, en un momento tan corto que ni te das cuenta.
Todo se va a la mierda tan deprisa, doctor, que ni siquiera alcanzo a entender que yo haya podido sobrevivir hasta éste día. ¿Lo entiende? Yo no soy una víctima de esto. Soy el autor, éste puto pelo blanco es el autor... Soy el asesino de mi propia vida."

Terminó levantando el bolígrafo con el que escribía, mirando la hoja fijamente. Había llenado todo aquello en un largo rato, como si acabara de vomitar un montón de mierda. Le temblaban los dedos... Y era por la simple razón que tenía mucho, muchísimo más por vomitar. Ahora no sabía si debía entregarle la hoja al ajeno. Tan solo se quedó mirando, contemplando ése puñado de verdades que declaraban más de si mismo que nada de lo que hubiera dicho anteriormente.
El corazón le latía sosegado... Dios, incluso a esas putas alturas todavía le quedaban lágrimas por su hermano. Era insoportable.
Dejó caer el lápiz. Odiaba esa puta medicación. Se apoyó contra la mesa, escondiendo el rostro en su brazo, para que el ajeno no viera la vulnerabilidad en su rostro, y cerró los ojos para no tener que pensar más. Dejó la hoja allí. Si Marcus quería leerla, ya no era asunto suyo.

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Re: La tercera sesión [ Privado Marcus & Benjamin ]

Mensaje por Invitado el Miér Ene 22, 2014 5:36 pm

“Ese chico está perdido. Es un demente… no tiene solución, entiéndalo”
Eso es lo que le habían dicho apenas llegó a aquella cárcel. Apenas conoció el peculiar caso de Benjamín… Ese joven de cabellos rubios clarísimos, que se podía decir que eran completamente blancos… blancos como el de un hombre de mayor edad que aquel muchacho que no le quedaban dudas había vivido más cosa que cualquier anciano que conociera.
Desde que había leído su expediente había quedado por completo prendado en la historia de aquel muchacho… su corta edad, sus vivencias… Ese pasado turbulento que nadie más que ese mismo muchacho conocía. Una historia tan parecida a sus primeros pacientes… a ese que intentaba olvidar  y aquel otro,  por el cual había venido a aquella ciudad precisamente.
 “¿Qué hubiera sido de Lucius si no lo encontraba en aquel hospital?” —es lo que había cavilado al encontrar a este muchacho que tenía enfrente… si no hubiera conocido a Lucius a tiempo, el destino de su joven paciente y ex amante habría  sido el mismo que el de Ben? Seguramente sí… y es por eso que en cierto punto de su ser sentía completamente mal por no haber aparecido a tiempo en aquel sitio… por no haber conocido a aquel albino mucho antes, y evitar que aquel cruento destino le llevase hasta ese sitio frío y doloroso…
Ése  muchacho no debía estar ahí… ese muchacho no era malo, y eso su “olfato médico” lo decía. Marcus había conocido a muchísimos hombres y mujeres antes, muchísimos desalmados y psicópatas que no sentían ningún remordimiento por infringir dolor… sintiendo placer al quitar la vida de otro ser. Sin embargo, eso no era lo que veía en Benjamín…. No, en él no veía esa escala de maldad que alguna vez había aprendido a base del estudio de una eminencia en psiquiatría…
No… ese chico no era malo. Sólo estaba confundido, y perdido en esa inmensa oscuridad en que personas realmente malvadas le habían sumido desde temprana edad. Y era por eso que había empezado a preguntar por su pasado. Como buen psiquiatra, sabía que ahí residía en origen de este comportamiento compulsivo y agresivo. Lo sabía, o más bien lo sospechaba…. Pero lo aseguró finalmente cuando el otro le entregó aquel papel… Aquel que casi le hace golpear el puño contra la mesa de pura broca.
 
¿y luego decían que era Benjamín el enfermo? ¿Y luego decían que era ese muchacho el culpable de su propio destino? ¡Bah! Qué podían saber los demás….? Ese muchacho era una víctima más, de eso no quedaban dudas… Por mucho que el mismo Benjamín se negara.
Apreto la mandíbula tras terminar de leer, y apoyó aquel papel en la mesa… se lo llevaría, lo guardaría consigo como si fuese el tesoro que representaba para él. Un voto de confianza de parte de aquel muchacho que no sería en vano. Lo observó, allí escondido,  como el niño que era en realidad, entre sus brazos. Suspiró… y ese suspiro pareció  hacer eco en aquel frío silencio que pareció formarse entre los dos en ese momento… un frío doloroso, que calaba hasta los huesos.
Estiró la mano entonces, y sin importarle su seguridad por si ese chico reaccionaba mal, la posó sobre la cabeza de éste, y le acarició con ternura… con la ternura que le nacía del alma estando en presencia de aquel chico. Ternura que le llevó a acercársele más, todo lo que aquella mesa interponiéndose entre los dos le permitía.

Ben… —le llamó con suavidad buscando que le mirase, y posó sus manos en sus mejillas, sacándolo de aquella prisión que había formado entre sus brazos. Esa que él creía seguramente que era una barrera protectora, pero no era así… encerrarse en uno mismo jamás era la solución a los problemas, y eso le haría entender. —Benjamín… escuchame por favor… —suplicó casi y sus yemas acariciaron aquellas mejillas suaves, blanquecinas a comparación de las suyas más bronceadas aún, mientras le sonreía. — Tú no eres el culpable… mucho menos el autor. No puedes culparte por el azaroso destino… mucho menos por sucesos que no podías impedir. A veces, la vida es dolorosa... tremendamente injusta, pero… no puedes dejarte caer. No de nuevo. Por tu madre… por ese hermano que amas y por el cual aún lloras, debes seguir adelante… ¿lo entiendes? —susurró casi, para que sólo los dos pudieran oírse. Limpió los vestigios de lágrimas de los hermosos ojos ajenos, a los cuales miró… miró fijamente con los suyos color miel, perdiéndose al instante en la inmensidad que  los del otro reflejaban. Ese color azulino… azulino como el mar. Un mar turbulento y oscurecido por la noche… una noche profunda que buscaría por todos los medios disipar.  —Eres fuerte… y sé que podremos progresar… que podrás salir de aquí, y ser ahora sí… el autor de tu propia vida… —sonrió confiado en sus palabras mientras no cesaba de regalarle caricias en ese hermoso y redondeado rostro. — Eres un muchacho precioso… por demás inteligente, y te ayudaré a que puedas verlo… a que puedas ver lo bueno que puedes ser, y lo brillante que puede ser el futuro para ti, a partir de ahora… — Si… si estaba seguro de eso.

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Re: La tercera sesión [ Privado Marcus & Benjamin ]

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