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Descenso al infierno, cruda realidad

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Descenso al infierno, cruda realidad

Mensaje por Broker el Jue Dic 05, 2013 12:56 am

No había hecho nada, él había sido metido en problemas que no le tocaban en absoluto, simplemente estaba en el momento inoportuno y con compañías que no debía... Un Blade entre Bullets y estos últimos estaban buscados por la policía... Pero, lo gracioso fue la sentencia... ¿espionaje industrial? ¿qué coño estaba pasando ahí? Broker no había hecho nada de nada, se había hecho pasar por Bullet pero no había entrado en ningún negocio, asi que... algo había ido mal... alguien lo quería en prisión, ¿pero quién? Estaba tratando de calmarse, de pensar con claridad mientras el juez le juzgaba... tenía sólo 21 años... era un crío, y le iban a meter en prisión... le matarían...
Atado de manos y cabeza, mientras la aguja se clavaba una y otra vez en su cuello, apretando los puños, con alguna lágrima bajando por las mejillas, ese zumbido entraba en su oido y se quedaba grabado en su cerebro... su mente trataba de permanecer serena, pero no era fácil, todo aquello... todo de golpe... ¿por qué a él? ¿quién le odiaba nada más llegar a la ciudad? Dolor punzante en el cuello que vendaron con papel transparente para marcar que era recién marcado y de ahí a su celda... solo... no podía dormir, no podía fiarse de nada... no sabía lo que le esperaba.

Tres días habían pasado y el tatuaje estaba cicatrizando, con la costra que tiraba de su blanca piel y le dijeron que fuera a no se donde, le esposaron y le llevaron a una sala, con una silla en medio... no hablaría, no se dejaría intimidar... cuanto más débil se mostrase peor le iría... ¿Qué querrían de él? Se sentó con las manos esposadas a la espalda, obediente esperando ver qué iba a ocurrir... todo aquello era muy nuevo y no le gustaba nada... estaba absorto en sus pensamientos.
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Re: Descenso al infierno, cruda realidad

Mensaje por Invitado el Vie Dic 06, 2013 1:41 am

La rutina planificada, con cada hora dedicada a una actividad específica en la prisión. En ella, los contratiempos suponían un problema. Cada paso en una dirección que no era la debida, solía significar violencia o simples altercados, tal vez un intercambio de palabras hostiles o indecentes. Allí, todo debía ser previsible. Lo que no era tal, en la mayoría de los casos alertaba a los funcionarios y requería una inmediata respuesta de los mismos.
Kummer no se andaba con vueltas. Con su paso arrogante y su mirada altanera marcaba un compás en el andar desde la tarde hasta la noche, en ocasionas hasta el amanecer. Él no estaba para cuidar a los humanos que eran encerrados allí, estaba para asegurarse que esos humanos permanecieran encerrados con el rabo entre las piernas y la cabeza agachada. Todos los hombres encerrados sabían sobre quebrantar reglas y aprovechaban la menor oportunidad para sacar algún beneficio, en lo que la experiencia le decía al celador. Los trataba como tales, ratas traicioneras. Cada ser que se cruzaba en el camino de Kummer aprendía a obedecer las reglas, a jugar en ellas o pagaba las consecuencias. Y vaya que todo se pagaba…
Así de simple. Mientras cumpliera con su trabajo, nadie hacía mención alguna sobre la frialdad con que trataba a los reos. A veces, incluso él conseguía alguna dosis de diversión de todo aquello… o puede que siempre, ese era el rumor. En el brillo carmín de sus ojos, ese brillo abrasador y maldito, una gota de satisfacción se vislumbraba. El armado venenoso de sus palabras, el el firme azotar de su porra, todo decía que estaba hecho para eso.
Había aprendido a jugar el vil juego de la prisión, la oscuridad lo abrazaba y le daba alas. La diferencia estaba en que los juegos tenían pausa, se podían detener o hacer borrón y cuenta nueva. En la prisión, nada de eso existía. Lo que se hacía quedaba grabado a fuego en el eco de cada lamento, de cada voz lastimera o murmurante.
La prisión de Steinburg era como cualquiera de su categoría. Un infierno con reglas ocultas entre las reglas principales. ¿Qué alma no salía marcada de semejante lugar? Lo bueno resultaba que Shane, al final de cada jornada, volvía a los amorosos brazos de su hogar, su familia y amigos. Eso lo mantenía humano.

Pero dentro de los fríos pasillos, de las celdas, su humanidad dormitaba y se convertía en una herramienta que servía a un propósito mayor. ¿Saben que es lo terrible de creer en la causa? Que si el alma no vacila, el cuerpo se mueve con firmeza, incuestionable para uno mismo… Y siempre hay alguien que paga por ello. ¿Cuántos ya habían sufrido bajo el turno de este celador? Como dicen, los hombres aceptan como realidad las imágenes exteriores y ahogan así la voz de su mundo interior. La voz del Shane interior, no gritaba lo suficiente como para mostrar compasión entre las rejas.
Ese día, gris como cualquier otro en aquel lado apartado del mundo, se encargaría de algunas actividades extra. Nunca se negaba cuando de trabajo se trataba. Y ese mismo día, su trabajo lo llevaba a conocer a uno de los nuevos presos. ¿Qué se buscaba con ello? Comprensión, comprensión del mundo que le esperaría a esa alma que ahora cargaba con una condena.
Entró a la sala donde lo esperaría dicho ser. ¿Quién era en verdad ese joven, qué había hecho? Carecía de importancia. Con la marca en el cuerpo del recluso, la vida adquiriría nuevos matices para este mismo.
Kummer se posicionó frente a la silla en la que aguardaba el esposado. Sin mediar palabas lo observó con frialdad, seco e inmutable. Su rostro no mostraba signos de vida, ni una arruga como su impecable uniforme, ni un simple gesto que diera luz a los fines de aquella situación. El color rojizo de sus ojos se mantuvo fijo en el propio tono del mirar ajeno. Similares y diferentes. La forma vil en que los ojos del celador ardían, era como un látigo de fuego que no tardaría en caer y dejar marca.
Soy Kummer, celador. Recuérdalo –fueron las palabras con las que rompió su propio silencio– ¿Quieres saber por qué te han traído aquí? –cuestionó en un tono acorde a su expresión.
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Re: Descenso al infierno, cruda realidad

Mensaje por Broker el Vie Dic 06, 2013 6:34 pm

Frío, con esa palabra se podría definir todo, absolutamente todo en aquel lugar: el uniforme, los colores, las celdas, el metal de las esposas, el trato entre presos y con los celadores, los vigilantes... frío por la noche, frío como la muerte, ese miedo que ocupaba las pesadillas de Broker desde hacía a penas unos días... frío a todo, la comida, las duchas... y frío en esos pasos.
Estaba sentado de espaldas a la puerta, lo cual le ponía algo nervioso, no le gustaban las sorpresas no gratas y aquello seguro no lo iba a ser, sino... ¿qué sentido tenía todo aquello? Ya le habían juzgado a pasar parte de su vida allí dentro, ¿para qué le llevaban ahora a otro lugar? ¿por qué lo tenían esposado? Broker no era violento... Frío. Esas pisadas y la presencia que transmitían llamaban al frío, al hielo... Broker se enderezó en la silla sintiendo frío y miedo, debía aprender a relajarse un poco más... su respiración era más profunda para tranquilizarse.
Miró hacia arriba viendo a aquel hombre, impecablemente uniformado, ojos rojos destilando un humor malo o pésimo... tal vez nulo. No había que andarse con gilipolleces ante aquel hombre. Su cuello se quejaría si tenía que seguir mirando hacia arriba tanto tiempo... era algo y de cuerpo definido... sus ojos comenzaron a analizar al otro mientras escuchaba las escuetas palabras que le pronunció. ¿Kummer? Había oído ese nombre en alguno de los presos... había como una lista de celadores a los que no cabrear, celadores con muy mal genio... Tragó saliva al ver que ese era uno de ellos, ¿por qué le tocaba a él pasar el rato con ese tipo? No le hacía la más mínima gracia.
- *respondió tratando de que su voz sonase en un tono neutro y algo serena* me gustaría *y trataría de ser formal o respetuoso, por el momento*

Quería saberlo, claro que sí, quería saber porque estaba en esa sala y ante ese hombre.
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Re: Descenso al infierno, cruda realidad

Mensaje por Invitado el Jue Dic 26, 2013 6:56 am

Sintió ganas de sonreír de aquella forma endiablada en la que a veces lo hacía, el deseo de arrugar su propia expresión en una mueca de placer ante el miedo que se respiraba en el aire. Sí, como un animal podía sentirlo, saborearlo, deleitarse. La costumbre de ser testigo de ese particular ambiente que dejaba el frío sudor del nerviosismo mezclado con el miedo, le permitía percibirlo como si del clima se tratase. Pero, no sonrío ni mostró signo alguno de placer, a no ser que aquel sujeto fuera capaz de descifrar el espeso brillo que bailaba en la mirada de Kummer.
Por aquellos tiempos, el celador se encargaba de toda la tarea de la cual los funcionarios comunes rehuían. Había que tener un gusto en especial por la violencia, no sólo física, también toda la violencia mental que se fuera capaz de infligir para ciertas tareas. Personas como Shane eran la sangre que corría por la prisión de Steinburg, fluían a cada rincón, incluso a los rincones de las almas que tenían la desdicha de caer en el oscuro abrazo de aquellos muros. Las marcas que se pudieran dejar, las jerarquías establecidas, todo se tornaba de vital importancia.
Buen chico –dijo claramente aprobando la forma en la que el prisionero le respondía. Sin las usuales y estúpidas frases con las que todos ladraban– Continúa respondiendo de ese modo y nos llevaremos bien –caminó hasta estar bastante cerca del joven. Estirando una mano, con dos de sus dedos acarició suavemente la parte baja del mentón ajeno. Analizaba cada detalle en dicho rostro con detenimiento, como si estuviera determinando lo que pasaría en la sala en ese momento– Déjame recompensarte por tu actitud despejando toda incertidumbre –volvió la mano al impecable lugar en su postura y levantó escasamente una de sus cejas, con la mirada siempre severa y atenta– Hay dos formas en las que puedes salir de esta sala. Una es menos placentera que la otra. O bueno, depende cómo lo mires, pero ese no es el punto. Te seré sincero. La sinceridad es algo recomendable en toda relación, ¿no crees? –entonaba cada singular palabra con precisión y un tono tan tranquilo como vil. De ese modo se inclinó sobre el recluso y apoyó la misma mano que antes lo había acariciado en el respaldo de la silla– Puedo humillarte de maneras que ni siquiera imaginas –murmuró sin intensiones de ocultar su propósito allí– O podemos llegar a un acuerdo en el que todos ganemos. La pregunta es, ¿estás dispuesto a escuchar o lo haremos del modo difícil como con todos los otros?
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Re: Descenso al infierno, cruda realidad

Mensaje por Broker el Jue Dic 26, 2013 8:05 pm

Miraba al hombre con autoridad presente delante de él, tratando de no mirarlo demasiado fijo para que no se ofendiese, pero había algo raro en el otro... ¿qué patología tendría una persona que disfrutaba mostrando su superioridad sobre alguien que había perdido toda su humanidad? Allí eran tratados como perros, ni siquiera eran humanos ante los ojos de los celadores de prisión o de la gente fuera de esos muros... el trato allí dentro no sería tampoco agradable, allí no serviría de nada la clase, la educación, la posición social... nada... solo sobrevivir entre animales... Y aquel hombre estaba allí para recordarselo, tratandole como “buen chico”... No es que le gustase, pero tampoco que nada más llegar le pegasen una paliza...

Dos modos de salir vivo... con y sin dignidad, ¿era eso? Sí, eso era... Tragó saliva entendiendo al otro y sintiendo ese ligero tacto que era frío, duro... como un castigo. Demasiado cerca... estaba demasiado cerca y no es que le agradase, él era de mantener distancias con la gente y menos cómodo era todavía, el estar tan cerca de alguien con poder para hundirte estando indefenso y con las manos esposadas a la espalda. Su respiración era ligeramente rápida, algo nervioso, no era fácil ocultar aquel hecho con tan poca distancia entre ambos.

- ¿yo, un preso, ganar? *escéptico no se creía que él pudiera salir ganando* más que ganar sería asegurarme mantener algo de dignidad, ¿no es así? *no podía creerse aquello, no iban a engañarlo como a un niño, podía ser joven pero no tonto* ¿por qué iban a permitirme ganar algo cuando he sido sentenciado a vivir aquí una temporada? No tendría mucho sentido...

Silencio, no debía hablar más o tal vez el otro se molestase pro cierto grado de atrevimiento que pudiera mostrar Broker. Apartó ligeramente la vista y trató de mirar a lo que le rodeaba, pero nada era agradable o bueno, asi que volvió a mirar al celador Kummer ante él.


- estoy dispuesto a escuchar, sí, y creo que el diálogo sería más acertado a una actitud agresiva *le volvía a dar la razón al de ojos rojos, aún más rojos que los suyos propios, de ese modo esperaba mantener calmado al celador y de paso ir viendo que ocurría y como podría leer al otro para seguir con vida y sin un rasguño*
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Re: Descenso al infierno, cruda realidad

Mensaje por Invitado el Vie Ene 03, 2014 3:55 am

Alzó lentamente su ceja izquierda. ¿Hacia cuánto tiempo que alguien como ese preso no llegaba a su alcance? Tan dócil que podría quebrarlo por simple placer. El sabor del miedo embriagaba mejor que cualquier licor. Aunque prefería doblegar a aquellos individuos con voluntades de supuesto acero, joyitas como quien tenía al frente, nunca sobraban para cambiar el sabor de los oscurecidos días. Por más que sabía, que las apariencias siempre podían engañar.
Las “simplezas” que te mantendrán humano aquí adentro se valoran mejor que cualquier moneda en el mundo. He visto a grandes hombres morir por mantenerlas –con uno de sus pies separó las piernas ajenas e incorporando su cuerpo, se abrió paso entre ellas– Ganar es una palabra con un significado muy extenso entre estas paredes. Aférrate a esa dignidad tanto como puedas –dijo en un tono menos duro, pero con igual carga de malicia.
Era cierto, ¿por qué iban a permitirle ganar algo? Simplemente no era divertido de otra forma, si a los reclusos se les arrebataba todo desde el primer día, la rutina asquearía a los vulgares intereses de celadores como Kummer. Y, ¿para qué mentir? En contadas ocasiones también existían los que ganaban el respeto tanto de otros internos como de los guardias. Hay cosas hechas para brillar, incluso en la peor de las oscuridades. Tal clase de pensamientos lo perturbaban, esas realidades que escapaban a las reglas de todos los días le creaban un deseo de estrujar al primero que se cruzara por su camino.
Presionó sobre los muslos contrarios con sus propias piernas. Sus propios pensamientos solían ser los causantes de males. Hizo que la tela del uniforme del reo y que la de su uniforme de celador se rozaran, se arrugaran en un lento movimiento. Si decidía que el menor saliera ileso de esa sala, sería porque así Shane lo quería, nada más, el recluso debía entenderlo, de tal forma que cada célula en su cuerpo lo recordara.  
Pero, tampoco quiero que me mal interpretes –se auto relevó de la posición que había tomado y buscó una silla para colocarla frente al otro, sentándose sobre ella y volviendo a fijar la mirada en el joven. Hora de dejar los juegos y ponerse serios– Como bien sabemos, eres nuevo –recostó su espalada al respaldo y la mano del lado de la porra bajó suavemente por la longitud de esta– Eso significa que todavía no has encontrado tu papel en el mundo que te espera aquí –se encaminaba sin prisa a su punto, el modo en que entonaba delataba su ausencia de la misma– El bloque de celdas al que te asignaron ha estado por mucho tiempo sin la debida supervisión –hizo una pausa  y se inclinó otra vez hacia delante, esta vez con algo más de distancia entre ambos– Digamos que necesito un par de oídos extra –aseguró con severidad– Y antes de que digas algo, te aconsejaría que pienses con cuidado. Pequeños sacrificios te ayudarán a que quede algo de ti para el día en que salgas de este lugar, ¿puedes entender lo que digo? Estoy dispuesto a dejarte ganar más que tu propia dignidad.
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Re: Descenso al infierno, cruda realidad

Mensaje por Broker el Dom Ene 05, 2014 3:54 pm

¿Simplezas? ¿permitirle seguir siendo humano? Todo aquello le sonaba falso, no terminaba de creérselo, a fin de cuentas, les habían marcado con aquel horrible tatuaje y de ahora en adelante aunque siguiera manteniendo su apariencia human, todos sabrían que era un “Dog”, un perro. La humanidad parecía algo distante para los presos... no tenían que resignarse a ello pero... la cruda realidad era demasiado pesada, una losa molesta que no se podía mover con facilidad aunque parece que aquel hombre le ofrecía una pequeña palanca para intentar moverla...

Se removió molesto cuando le separó las piernas y sintió su presión en las propias... su gesto era de incomodidad y nerviosismo... aun le costaba admitir qué podría pasarle allí dentro... sólo tenía 21 años... Aquel hombre era su primera prueba en aquella jaula, lo miró más relajado cuando se separó y se sentó frente suyo... los ojos de Broker recorrían cada gesto del otro, fijándose en la porra, removiéndose ligeramente algo incomodo hasta que entendió la propuesta del otro y le miró con extrañeza.

- un par de oídos extra... ya veo... *desvió la mirada del otro mirando al suelo* quiere que sea su chivato o soplón en dicho bloque... bloque me ha dicho carece de supervisión... *volvió a mirarlo* supongo que sabrá a qué me dedico fuera de este lugar y tal vez por eso quiera que desempeñe un papel semejante aquí dentro pero... las cosas no son tan fáciles

Miró al techo mordiéndose el labio inferior. Sopesando los pros y los contras en un silencio que tal vez pudiera no gustarle a Kummer de modo que debía pensar con rapidez.

- no sé qué clase de presos hay en ese bloque... me gustaría que me explicase un poco mejor a donde me envían, ¿o es que espera que le dé una respuesta así de rápido? ¿sin sopesar lo que me propone? No estoy tan loco *serio, Broker estaba siendo serio y firme dejando a un lado sus nervios*


Parecía exigir información, explicaciones... todo eso le era necesario para saber si podría o no seguir trabajando como informante aún allí dentro y si le compensaría el riesgo por los beneficios que le pudieran otorgar allí dentro... alguien le había metido allí y no tenía la intención de morir para que esa persona se saliese con la suya.
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Re: Descenso al infierno, cruda realidad

Mensaje por Invitado el Mar Ene 14, 2014 2:31 am

Nerviosismo e inquietud, esos pequeños gestos de los que era testigo y que lo llevaban a desear… ¿Desear qué? Ser aquello que corroe una herida ya abierta, hasta hacerla sangrar, saborear el aroma de la sangre fresca que tiembla en sus manos sin lugar a donde escapar. Se podría decir que semejante trabajo acabaría por destruir la humanidad de Shane, pero… la realidad era que la naturaleza de su humanidad dormía en el cálido abrazo del uniforme. En la prisión no hacía más que descubrir un lado de sus propios instintos, demandantes de vidas que no le pertenecían, de vidas llevadas a vivir en una miseria espiritual y muchas veces física.
Me agrada tu cautela –miró al preso, dejando que finalmente una suave sonrisa le curvara los labios. Un gesto que distaba de toda pureza y que no hacía más que ponerse a juego con el brillo maldito de sus ojos. Usualmente esta era la parte en el que el aire se tornaba violento y conseguía lo que quería de una forma u otra. Pero, para conseguir información de utilidad, un poco de “dulzura” en los “tratos” coronaba el asunto. Eso, si no descubrían que la dulzura de las palabras podía llegar a ser más amarga que un golpe– Hay de todo tipo de reclusos. Si te involucras con ellos o no para escuchar, será un problema que resolverás por tu cuenta. O lo métodos que quieras usar para conseguir información… –se mostró poco dispuesto explicar– O lo que quieras vender a cambio –bajó la vista desde la mirada ajena hasta el mentón y siguió por el pecho, el abdomen, las piernas. La juventud podía ser una condena extra o una ventaja, dependía de las cartas que se estuviera dispuesto a jugar– Lo que yo te ofrezco es un simple trato, todo lo que tienes que hacer es escuchar. Por mi parte, estaré abierto a que me pidas lo que quieras, siempre y cuando pagues con información. Con ciertos límites, por supuesto. Incluso podríamos hablar de un buen grado de protección, algo me dice que lo necesitarás –obviamente, protección no por parte de Shane, al menos no directamente. Cuando los guardias se metían sin discreción en los asuntos entre los presos, sólo podía acabar mal. Una vez cerradas las celdas y apagadas las luces, ningún guardia se responsabilizaría de lo que pasara dentro– En un rato te llevarán a tu celda y sabrás lo que te espera. Tienes hasta mañana para decidirte –comunicó en un tono que esperaba que la respuesta fuera favorable. Y no es que el tiempo faltara en la prisión o que Kummer tuviera algún tipo de apuro, el corto plazo formaba parte del juego que allí se establecía.
Momentos después, con el silencio apoderado del celador, quien ladeó el rostro y borró cada ínfimo rastro de una sonrisa, el ambiente no tardaría en espesarse.
El único problema que tenemos… -comenzó a sacar la porra de la funda mientras hablaba– Es que no puedes salir de aquí con la cara tan limpia –su gruesa voz de alemán continuaba articulando las palabras con un aire alevoso– Si aceptas, nadie, nunca, debe sospechar de nuestro acuerdo. Ni siquiera ahora –subió la porra hasta su propio hombro y dio varios golpecitos en el mismo, como pensando lo que haría a continuación.  
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Re: Descenso al infierno, cruda realidad

Mensaje por Broker el Mar Ene 14, 2014 6:16 pm

Todo tipo de reclusos... se quedó con aquellas cuatro palabras y empezó a darle vueltas en la cabeza, escuchando de fondo al otro hombre hablar... casi como un susurro lejano, pues esa respuesta que le dio el carcelero era vaga, demasiado vaga... Tal vez no mereciese la pena arriesgarse a cambio... ¿de qué? Lo miró. ¿Protección? ¿hasta qué punto? Broker sería débil en todo momento en aquella prisión y más en un bloque problemático... pero seguro que por la noche esa protección no valía dentro de una pequeña celda con quien sabe qué compañero... de modo que... era todo tan difícil y arriesgado.

Apartó la vista cuando el otro le echó una mirada de arriba a abajo. Broker no quería tener que venderse, pero... tampoco quería acabar muerto allí dentro. Se mordió el labio inferior molesto por todo aquello, molesto por estar allí dentro sin culpa alguna y que encima le hubiera recibido aquel hombre. Un día para decidirse.... y de seguro esas veinticuatro horas iban a ser todo un experimento de sensaciones poco gratas para el más joven, aquel hombre, Kummer, quería que Broker descubriese el dolor y la desesperación, se le veía ansioso porque le dijera que sí a ese trato... y eso le molestaba, de seguro ocultaba algo más... ¿qué debía hacer?

- no traicionaré a los mios... si hay algún Blade no daré información ni chivatazo de ellos, ¿estarías conforme con ello? *tenía que dejar las cosas claras cuanto antes, se planteaba dar chivatazos de otros si eso le daba seguridad pero... no de los suyos* ¿y por qué vas a tener que pegarme una paliza? No tiene sentido... que imagen que me has usado de otro modo... *se le había olvidado tratarlo de usted por si a caso pero es que sólo podía pensar en una cosa: no quería que lo tocase, que le pegase, aún no estaba preparado y aquel hombre daba miedo*


Se removió en la silla incomodo y sabiendo que no podría escapar... estaba indefenso aunque de todos modos, si le soltaban tampoco es que supiera pelear para encarar a Kummer. El sonido del roce de las esposas con aquella silla demostraba que Broker trataba de evitar un mal rato que estaba por llegar... Era como si una niebla de película de terror se extendiese en aquel pequeño habitáculo, una niebla que no introducía nada bueno... cuando menos se lo esperase, cuando menos viese... algo de la niebla lo atraparía y le haría sentir algo que no querría.
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Re: Descenso al infierno, cruda realidad

Mensaje por Invitado el Mar Ene 28, 2014 12:09 am

Cuando cada palabra había sido dicha, Kummer se quedó un largo rato observando al recluso, ese que todavía no ganaba el derecho de que la mente del celador adjudicara su imagen a un nombre. Los siguientes días decidirían la orientación que tomaría el asunto.
Por lo pronto, una de las fuertes manos del alemán, aquella que no sostenía la porra, volvió a trazar un camino hasta el rostro ajeno. Esta vez  para provocar un contacto suave, como una delicada caricia que ladeaba el rostro del recluso con la parte posterior de sus dedos. Una caricia que terminó perdiéndose entre el corto cabello de aquel, despacio, muy despacio, tanto que el cambio súbito a un potente agarre que sufrió, podía llegar a ser imprevisto. Mismo tiempo en que abandonaba la tranquilidad de la silla y enfrentaba a la figura que estaba a su merced.
Creo que no nos estamos entendiendo –habló tan cerca que su cálido aliento podía chocar de frente contra el rostro contrario– Puedes elegir si estar dentro o fuera de este trato, el resto, verás lo que haces llegado el momento –soltó el agarre bruscamente y pasando del atardecer a la completa noche, asestó con la porra un moderado golpe en las costillas del joven– No me vengas con temas de lealtad. Ser un blade puede significar algo fuera de la prisión. ¿Aquí? –una carcajada fría y seca atravesó la garganta del celador, indicando lo intermitente que podía ser su paciencia– Te recomendaría que no confíes ni en tu sombra, hasta ella te abandonará en los momentos oscuros. Y oscura será tu estadía en este lugar, si dudas tanto en tus decisiones. Te lo puedo prometer –resaltó con particular empeño a la última frase, una frase con gusto a advertencia.
Sus pasos lo llevaron de un lado a otro de la sala, con lentitud. Hubiera preferido golpearlo en la cara como venía sugiriendo que lo haría, pero, el rostro delataba al delito. Gente como Kummer, prefería ultrajar los lugares ajenos a la vista, marcar con dolor impropio a su seriedad, un dolor que sólo sería percatado por aquel a quien se lo infligía.
De pie –exigió al volver a hablar. Sin importarle el dolor pudiera haber ocasionado o lo que el recluso pensara que le haría. En ese encuentro, todo debía quedar en claro– Y camina contra la pared. No lo repetiré.
Esperen, ¿creen que la ira había crecido en Kummer a causa de la actitud ajena? No, todo era parte del espectáculo. Y a decir verdad, la actitud del muchacho le agradaba, la aprobaba, incluso, de un modo retorcido disfrutaba del ambiente.
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Re: Descenso al infierno, cruda realidad

Mensaje por Broker el Jue Ene 30, 2014 10:58 pm

Se lo quedó mirando mientras el celador hacía lo propio hacia él... en un eterno silencio, tanto que no le daba ninguna buena sensación... ¿qué estaría pasando por la mente del otro? Aquello no le gustaba nada, algo en su interior le decía que las cosas iban a cambiar de ritmo, a uno peor y... no se equivocaba.

No gimió molesto, no hizo ruido alguno cuando el otro le tiró del pelo echando hacia atrás su cabeza y hablándole tan cerca que le daba miedo, parecía que iba a devorarlo no sólo con las palabras... su aliento tan cerca no le gustaba, a Broker no le gustaba que la gente estuviera tan próximo a él, pero... ¿qué podía hacer? Nada, allí no tenía derecho alguno a nada, ni a quejarse por el trato del celador... era un preso que no tenía nada y Kummer se lo dejaba claro constantemente.

Su respiración no era cómoda, no tenía un ritmo calmado y acompasado... estaba inquieto, nervioso y a la vez molesto pro todo aquello... El primer golpe. No dijo nada, apretó los dientes y cerró los puños a sus espaldas, pero no hizo sonido alguno de dolor, no lo haría. Un guarda se acercó y le quitó las esposas para que obedeciese las órdenes de Kummer. Se levantó y caminó hacia la pared, pero dando la espalda a la fría pared mientras miraba de frente al celador, no iba a darle la espalda, no estaba loco. Miró a los otros guardas que estaban en la puerta y de nuevo a Kummer mientras su mente trataba de tranquilizarse, de no ponerse en lo peor y seguir dándole vueltas al supuesto trato que le estaban ofreciendo, pero...

- vosotros no sabéis nada de lo que es la mafia... la lealtad no se rompe, puede que los barrotes la quiebren en algún aspecto, pero no se rompe... si la rompes mueres *estaba seguro de que ningún Blade le traicionaría en prisión y él no iba a traicionar a su familia* pero... si, creo que no nos estamos entendiendo... no voy a traicionar a los mios *las palabras de Broker eran serias y firmes*


Hablar así era dejar clara su postura, tal vez delatar a otros si le daban seguridad no fuera mala idea pero nunca traicionaría o delataría a uno de los suyos, y quería que Kummer lo entendiese, y si ese era el caso, podrían seguir hablando de aquel trato que no terminaba de convencerle pero... no quería acabar su vida en esa jaula, quería poder salir de allí vivo y no con los pies por delante.
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Re: Descenso al infierno, cruda realidad

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