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Ewan Fulton

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Ewan Fulton

Mensaje por Ewan Fulton el Mar Nov 12, 2013 1:39 am

Nombre completo: Ewan Fulton.

Apodo o nombre como es conocido: Freude.

Fecha de nacimiento: 15 de Febrero.

Edad: 26 años.

Inclinación Se
xual: Bisexual.

Grupo: Bullet.

Rango/oficio: Encargado de las Fronteras.

Arma identificativa: Pistola semiautomática Walther P99 Compact de 1994. Calibre 9 mm Luger. Botón de desarme automático, tratado con «tenifer» para evitar la corrosión. Riel para accesorios, empuñadura intercambiable.

Descripción física: La voz cascada por los cigarrillos, las manos algo callosas y una sonrisa llena de encanto y malicia pendiendo del borde de los labios. Esas son sus señas de identidad, que unidas a su cabello castaño rojizo y sus ojos azules, glaciares e impolutos, le hacen una persona difícil de olvidar.

Camina como el que no tiene prisa por llegar a ningún sitio, con las manos en los bolsillos, a veces silbando, los hombros ligeramente encorvados. No presta nada de atención a su aspecto, por lo que siempre lleva el cabello corto, para evitar tener que estar peinándolo, y suele vestir el mismo tipo de ropa: vaqueros ajustados, botas martens negras y jerséis de manga larga una o dos tallas más grande que la suya.

A primera vista no le considerarías un tipo fuerte, podría pasar por un tirillas debilucho, pero engaña. Si se pusiera ropa más ceñida (y de paso de su talla) se apreciarían los músculos tonificados de quien se cuida y hace ejercicio pero a quien no le gusta demostrarlo.

Descripción psíquica: Vago, quisquilloso, boca sucia, pendenciero, manipulador... Todo un derroche de malos hábitos y encanto. Es una persona amoldable en todos los sentidos de la vida, siempre sabe que decir y como decirlo, aunque no siempre sea el momento más adecuado.

Uno de sus rasgos más característicos es su apabullante sinceridad. Lo que tenga que decir lo dirá a la cara, sin medias tintas ni tapujos de ninguna clase. Te arrastrará con él a todas partes si le caes bien, querrá tomarse una copa contigo, ser dueños de la noche y camaradas. Pero si le caes mal... cuida tu pecho y no tu espalda, porque si decide hacerte algo, te lo hará de cara, y rematará el trabajo a balazos de ser necesario.

En casa se pasará el día tumbado en el sofá, con un cenicero sobre el abdomen y el reproductor de dvd's quemando películas, una tras de otra. Porque el séptimo arte le apasiona, pero no soporta los cines (ni el teatro sea dicho de paso) Cinéfilo apasionado, te escupirá a velocidad asombrosa los diálogos de sus películas favoritas, y los utilizará como frases hechas.

Tutea a todo el mundo, aunque con alguna excepción. A menudo, cuando esta muy concentrado en algo, suele perder el contacto con la realidad, por lo que no es infrecuente que a veces no de señales de vida durante unos cuantos días.

Si le interesas te buscará el a ti y no al revés y para cuando te quieras dar cuenta, se habrá metido tanto en tu espacio personal y en tu vida, que tendrás que tratar de sacarle a patadas de ella. Eso si te interesa, claro esta.

Como buen acuario es impredecible, independiente y original, con una personalidad fuerte y atractiva. Se niega a ser una oveja más del rebaño y le cuesta asimilar las derrotas o los engaños. No le importa sentirse inferior, pero no le gusta que le tomen el pelo, y aunque pueda parecer que se ha tomado bien un insulto o una situación desfavorable, es probable que por dentro este pensando, con toda la frialdad del mundo, en la manera más «adecuada» de devolverte lo que le has hecho. Imaginación no le falta para ello.

No comprende la complejidad emocional de ciertas personas y le cuesta a veces ponerse en los zapatos de otros. Estas razones le convierten en alguien con problemas para profundizar en las relaciones con la gente de su entorno, razón por la que parece que carece de tacto y que no toma en serio los problemas de los demás.

A pesar de no ser una persona emocional, no sabe estar sólo, necesita conversaciones, miradas o contacto físico. Valora mucho la lealtad, por eso mismo es incapaz de perdonar la traición.

Gustos: El séptimo arte. El tabaco de la marca Baccarat —se lo trae un contacto desde Bélgica— es la única marca que fuma. Le apasiona la historia, la Revolución Francesa es su tema favorito. La buena comida casera y la experimentación culinaria. Las armas de fuego cortas. Un buen Burns Night escocés. La cerveza India Pale de su país natal. El sexo en su justa medida, con quien quiere, como quiere, y donde el quiere. Una buena conversación con alguien que sabe de lo que esta hablando.

Disgustos: Las personas que no saben de lo que hablan, los denominados «listillos». Los sermones, eso de que le digan, aunque sea con las mejores intenciones del mundo, como hacer mejor las cosas, o como sentirse, o que le suelten un monologo sobre la ética y la moral, no va con él. No siente nada de aprecio por las navajas, las espadas, los sables, y cualquier arma de filo cortante. No soporta el Kilt. Aborrece el campo y todo lo que tenga que ver con él. El teatro, más si son obras de Shaskespeare o de Bernard Shaw. No tener a mano un cigarrillo o una buena taza de café bien cargado.

Habilidades: Lo más destacable en este apartado es su extenso conocimiento en armas de fuego cortas: historia, manejo, tipos, modificaciones...etc. Durante sus años de estudiante practico la lucha escocesa (Backhold) llegando a participar en algunos torneos regionales. Utiliza esos conocimientos para defenderse cuerpo a cuerpo si no tiene un arma de fuego a mano.

Tiene mucha labia y carisma, algo que utiliza a su favor para granjearse contactos, conocer gente, e incluso hacer alguna amistad. De la misma manera, utiliza estas dotes para manipular a las personas si lo considera necesario.

A pesar de que no quiere saber nada del campo, la agricultura y la ganadería, los años trabajados en la granja de sus abuelos le han provisto de un extenso conocimiento en cuanto al manejo y las actividades agrícolas, y sobre todo de la cría de cerdos y de ovejas.

Debilidades: Podrá ser bueno con las armas de fuego y el Backhold, pero no es lo mismo con un arma de filo. Ahí estará en desventaja frente a su oponente, ya que ni siquiera es capaz de manejar una simple navaja. No se siente cómodo manejando escopetas y rifles, dispara mal con ellas.

Cuando era adolescente, se pegó accidentalmente un tiro en el tobillo con una escopeta de caza. Debido a ello le ha quedado una leve cojera. Esta lesión también le impide realizar algunas de las llaves más complicadas del Backhold.

Sufre de Disortografía (que afecta a su capacidad para escribir y leer correctamente) y Dislexia de Comprensión (dificulta su comprensión lectora) Estos problemas de aprendizaje se agravaron en la adolescencia por su bajo o nulo interés en el estudio. Debido a ellas aprendió tarde y mal a leer (razón por la que no ha terminado de leer ningún libro en su vida) y escribe incorrectamente, con severas faltas ortográficas.

Historia:

¿Cómo un tipo como él acaba en la mafia? Pues con toda una historia detrás.

Angus Fulton decía dos cosas: que el mejor Scotch es el escocés, porque es ahumado y acompaña muy bien al Haggis, y que la mejor arma de seducción es un Kilt (sin ropa interior debajo, por supuesto) Y entre Haggis, Irn-Bru, Scotch y un animado Ceilidh (bailado con un kilt y sin ropa interior debajo) fue como Angus logró «llevarse al catre a la muchacha más guapa y rubia del pueblo», según sus propias palabras.

Burns Night aparte, Angus logró dejar embarazada a la que sería su mujer, siete veces. En el sexto embarazo nació Eiden y ahí comenzaron los quebraderos de cabeza de Angus. Eiden no quería pastar ovejas, no quería fiestas ni reuniones familiares, ni llevar una granja. El quería ser actor, y no uno cualquiera, no señor, soñaba con las tablas de grandes escenarios mundialmente conocidos, en los que recitaría las mejores obras teatrales de todos los tiempos, la gente le aplaudiría, le harían entrega de importantes premios y algún día su nombre sería famoso y haría historia. Lastima que le echaran de la Escuela de Arte Dramático de Edimburgo antes de poder terminar si quiera su primer año.

Pero eso no desanimó a Eiden, quien se embarcó en una aventura abocada al fracaso: se enroló en una compañía de actores de etnia gitana, provenientes de una remota zona de Rumanía, y digamos que, de una manera poco fina, le enseñó el dedo central de la mano izquierda a su padre.

«¡Ya volverás con el rabo entre las piernas!». Los gritos de Angus resultaron proféticos.

Siete años después, un ajado Eiden regresaba a su pueblo natal con un mocoso pelirrojo saltando alrededor de sus piernas, tratando de trepar sobre él como un mono de feria. Angus no recibió de buen agrado a su hijo, y en cuanto le echó una mirada a su nieto, supo que iba a darle los mismo problemas que Eiden. De tal palo, tal astilla.

¿Alguien creía que los sueños de focos y escenarios de Eiden se habían evaporado? Que va. Aunque las cosas no le habían ido bien los pasados siete años, había logrado ahorrar una cantidad de dinero considerable actuando en pequeños y medianos escenarios. Durante su periplo con la compañía de gitanos se había vuelto loco de atracción y deseo hacía Ionela, la estrella de la compañía, que aunque en un principio se mostró fría y distante con «el escocés», no tardó mucho tiempo en iniciar con él una desastrosa relación que culminó con un embarazo.

Ewan nació un frío 15 de febrero, en la parte trasera de un teatro en el norte de Italia. Ni Eiden ni Ionela estaban preparados para ser padres. La pareja se peleaba con frecuencia y el niño crecía salvaje y descontrolado, haciendo lo que quería, como quería y cuando quería.

La compañía iba menguando, perdían ingresos e Ionela no estaba dispuesta a seguir partiéndose la espalda en los escenarios. Tenía una propuesta de trabajo en un teatro holandés. Casa fija, sueldo alto, sonaba a nueva vida. Y Eiden y Ewan sobraban. Así que abandonó de improviso y sin despedirse la compañía, abandonando a Ewan con un: «No puedo llevarte conmigo, quedate con tu padre». Ewan tenía seis años y esas palabras se le quedarían grabadas de por vida.

Eiden decidió regresar a Escocía con una sola idea en mente: necesitaba hacer desesperadamente las paces con su padre para poder dejar a su hijo con él. Tuvieron una larga charla durante la cual Eiden le prometió a Angus que regresaría en tres meses como máximo, que era importante, que se trataba de un gran trabajo y que no podía llevar a Ewan de un lado para otro, el niño necesitaba estabilidad.

Los tres meses acabaron convirtiéndose en años. Eiden no regresó, y al igual que Ionela también le dijo algo a Ewan antes de irse: «Portate bien hasta que vuelva. Te traeré un regalo».

Ewan pasó los siguientes años de su vida entre plastas de caca de animales, olores rancios, ruidos de granja, trabajos pesados y una educación puramente escocesa. Recibía muchas collejas y muchos gritos de parte de Angus, que era más duro que una piedra. Pensaba que si no era severo con él, acabaría siendo tan falto de carácter y tan blando como el inútil de Eiden. Y Angus no iba a permitir que su nieto fuera igual que su hijo: la oveja negra de la familia.

No puede decirse que fuese una mala infancia, pero tampoco fue un camino de rosas.

Ewan siempre supo que el campo no era para él. No le gustaba, y a cierta edad comenzó a aborrecerlo, sobre todo los trabajos de granja. Le cogió especial manía a las ovejas y a los cerdos.

Era un crío despierto y listo que aprendía a una velocidad asombrosa, pero no siempre cosas buenas. Comenzó a fumar muy pronto, se escaqueaba de las tareas de la granja y de la escuela, más adelante a penas asistía al Instituto, y varias veces se escapó con unos amigos a Edimburgo para vivir la gran vida de la ciudad. Su sueño era conseguir un montón de dinero para poder marcharse de la granja de sus abuelos.

Las peleas con Angus eran constantes. Por los guisantes que siempre dejaba en el plato, por los cubos de la comida de los cerdos que nunca dejaba en su sitio, por suspender los exámenes, por no atarse bien los cordones de las zapatillas, por masticar con la boca abierta... por todo y por nada. Especialmente mal llevaban el tema de los cigarrillos, las clases y las armas. A Angus no le gustaba que su nieto tuviese ese «feeling» tan poderoso con las armas de caza que había por casa. No fue hasta que Ewan se disparó accidentalmente un tiro en el tobillo derecho, que Angus decidió encerrar con llave en el sótano cualquier arma de fuego y sus respectivos proyectiles. Aún así Ewan siguió llevando, colgado del cuello, un colgante que se había hecho con una vieja bala.

Su adolescencia trascurrió entre libros de historia, chicas más mayores que él, chicos más jóvenes que él, algunos clubes de la ciudad, peleas, altercados y más peleas. Varias veces la policía tuvo que traerle esposado de regreso a casa. Angus le gritaba y le gritaba y le exigía cada día más, pero luego también se sentaba con él en el porche trasero de la casa y se bebían unas pintas en silencio, perdonándose los gritos y los insultos.

Esta vez, cuando con dieciocho años fue su nieto y no su hijo quien se fue de casa, caminando con sólo un petate a la espalda y sin volver la vista atrás, Angus supo que el crío no pensaba volver. Al final no era como su padre, era peor.

Ewan se instaló en Edimburgo en casa de unos amigos, aunque pronto los abandonó para vivir en un piso de lujo propiedad de una mujer que le sacaba veinte años, con la que se acostaba. Se metió en tantos líos como pudo, se junto con la peor escoria de la ciudad, adquirió su primer arma, y también obtuvo sus primeras palizas, un par de ETS y unos cuantos enemigos.

A los diecinueve años Edimburgo se le quedó pequeña y decidió que estaría bien ver que le ofrecía el mundo más a allá de la vieja y ruinosa Escocia. Por eso cuando unos tipos que había conocido en un bar le ofrecieron que les acompañase hasta Alemania, se dijo: ¿y por qué no?

Llegó a Steinburg el mismo día que cumplía veinte años. Era un invierno excepcionalmente frío y le había costado hacer autostop desde una ciudad vecina. Se alojó durante una temporada en una casa de huéspedes y no tardó demasiado en volver a las andadas. Durante una temporada estuvo ganándose la vida participando en peleas clandestinas, donde no si no te andabas con ojo te podían pegar un navajazo por la espalda. Era un siete de septiembre cuando conoció a Petrov, un ruso enorme y bastante borde que había perdido una gran cantidad de dinero tras apostar por él en una pelea que Ewan perdió. Tenía un ojo morado, dos costillas rotas y el labio partido cuando los dos tipos que iban con Petrov lo arrastraron hasta el ruso.

Ewan sonrió, escupió al suelo y se llevó un puñetazo en el estomago. Esa fue la carta de presentación de Petrov que comenzó a llamarle «Escocés presuntuoso», pero que aún así le daba trabajos, pequeños recados como llevar un paquete a alguien, enterarse de algo escuchando conversaciones ajenas o pequeños trapicheos con armas. No tardó mucho en descubrir que Petrov estaba en la mafia, era un reclutador de los Bullets, y estaba tratando de convencerle para que se uniese a sus filas. Ewan no sabía porque había llamado la atención de Petrov, pero no le disgustaba, tenía trabajo (daba igual que no fuese algo legal) y además... ¿Qué iba a hacer con su vida? Sin estudios y sin donde caerse muerto, la perspectiva de entrar en la mafia no le resultaba desagradable. Por otra parte quería ser uno más, ser reconocido, demostrar su valía, estaba harto de ser el «puñetero chico de los recados». Comenzaba a hartarse de que los compañeros de póquer de Petrov dijeran que le chupaba la polla al ruso a cambio de favores. Nadie le tomaba en serio y quería cambiar eso.

Durante los siguientes años se esmeró en hacer mejor que nadie los trabajos que le mandaba Petrov, sin importar cuales fueran. Encañonaban a las personas, pegaba palizas, entregaba paquetes sin preguntar, conseguía información. A los veintidós años mató por primera vez a alguien. No fue agradable, dudo unos instantes pero después apretó varias veces el gatillo. Lo hecho, hecho estaba, y aquel pobre diablo murió sin que Ewan pudiese saber su nombre o porque Petrov le había escogido como víctima para su «prueba de fuego».

Poco después de aquello Ewan entró oficialmente a formar parte de los Bullets. El maldito Petrov tenía cierto aire de orgullo en la mirada. Ewan nunca quiso ahondar en su extraña relación con el ruso, se negaba a darse cuenta de que había tratado de buscar en él la figura paterna que siempre había faltado en su vida.


Le costó hacerse un hueco en la mafia, pero lo consiguió. Trabajó duro y pasado un tiempo logró acceder al cargo de Encargado de las Fronteras. El trabajo le viene como anillo al dedo. Patear las calles, buscar gente, hacer contactos, hablar mucho, escuchar el doble, enterarse de todo, meterse donde no le llamaban... se siente como pez en el agua.




Spoiler:


Última edición por Ewan Fulton el Dom Nov 24, 2013 1:35 am, editado 1 vez
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Re: Ewan Fulton

Mensaje por Alcalde Diedrich el Lun Nov 18, 2013 5:19 pm

Las debilidades no están equilibradas con las habilidades. El sentirse solo y tener pequeños problemas para relacionarse no son debilidades y menos a comparación de las habilidades que mencionas.

En cuanto a Petrov de tu historia, parece ser alguien de buen puesto, situación que no es posible de acuerdo a la cronología del foro, pero siempre y cuando tengas eso en cuenta, esta bien.

Corrige las debilidades y deja un mensaje aquí para volver a revisar. Gracias.


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Re: Ewan Fulton

Mensaje por Ewan Fulton el Dom Nov 24, 2013 1:37 am

Corregido. Al final he introducido más cambios de los que hablamos por mp. Espero que ahora si estén bien equilibradas las habilidades y las debilidades. Si no es así, volveré a corregir. Gracias una vez más por la ayuda prestada.
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Re: Ewan Fulton

Mensaje por Alcalde Diedrich el Vie Nov 29, 2013 3:48 pm

FICHA ACEPTADA


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