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Lo que no podemos cambiar [Flashback con Vlad Kazikli]

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Lo que no podemos cambiar [Flashback con Vlad Kazikli]

Mensaje por Konrad Wagner el Dom Nov 03, 2013 1:16 pm

El parpadeo de uno de los fluorescentes del pasillo anunciaba el inicio de un nuevo día. Aún así, era difícil de creer que cada hora no pertenecía al mismo sueño repetido. Una y mil veces. La misma luz. Los mismos ruidos. El mismo ocre sabor entre los labios.
Sangre y rencor. Heridas que no sana el tiempo. No del todo. Que sólo forjan cicatrices. A modo de promesa o de castigo.
Cuando abría los ojos la intensidad del dolor en su pecho era casi insoportable. Otra vez. Otro día. En ese mismo infierno. Real. El mismo blanco que contenía su vida. La misma incertidumbre. Aceptar que eres tan cobarde para no atreverte a morir y aferrarte a la vida, incluso en el averno, es duro de encajar. Algunos locos lo llaman valentía. Puede que para Rad fuera una redención, o sólo rebeldía.
Morir parecía fácil. Deseable. Pero ganarían “ellos”... y él, dejaría de existir. No estaba preparado. No buscaba venganza. Se la cobró hace años. Y ahora, ante las consecuencias de sus actos, aún no sabía si debía arrepentirse o sentir todavía que él hizo lo correcto.
Debía vivir con ello en este antro. Debía vivir con él. Consigo mismo. Y aceptar que el reflejo en el espejo es todo lo que había. Lo que otros contemplaban. La imagen de ese yo, distorsionado.
Se levantó despacio, agradecido por la soledad de su celda. Al menos su racción de tortura era individual durante cada noche. Una celda-refugio, dónde lamer heridas y continuar maldiciéndote. A solas. Sin testigos.
Pero fuera...
Un suave escalofrío le acarició la nuca a modo de saludo. Esa era la señal, “el buenos días diario”, la certeza del odio y la violencia tras las rejas, justo tan sólo “al otro lado”. A veces, hubiera preferido el agujero de aislamiento. Pero no era de ésos... Sólo mandaban ahí a verdaderos sádicos... o a tipos tan capullos que no entendían desde el principio que el uniforme aquí era como la Biblia, sagrado.
Aún así daba igual. Las “leyes” son otras en la cárcel. Estás jodido si otros pueden joderte. Simple. Fácil. Cruel. Ley del más fuerte en vivo y en directo. Al final, siempre tenías que regresar. Ni la enfermería ni el aislamiento duraban suficiente. Al final, “El Señor de las Moscas” se repetía de nuevo. Y todos, todos ellos, eran escoria manchada por la sangre. Todos eran culpables.
Había descubierto facetas de sí mismo que le habían asqueado... y le habían mantenido con vida. Violencia y desesperación. Brotes de ira, impotencia, supervivencia y desafío. Brutalidad. Fiereza. Pero también la sumisión del débil cuando corre peligro. La dignidad con precio del que obedece órdenes. Ese vacío moral cuando “quieres vivir”. Lo fácil del dolor al infligirse, al ser sufrido. El culpable placer del oprimido. El culpable placer del opresor. La extraña sensación de las caricias que no quieres, no deseas, pero te hacen sentir.
El sueño en el que sueñas con pesadillas nuevas, en un ciclo infinito.
El sonido angustioso de las ruedas de goma recorriendo el pasillo le hizo olvidar aquello para ponerse en pie y acercarse a las rejas. El carro de los libros. El único pedazo de libertad diaria. El único soplido de aire fresco. Las palabras de otro. Ventanas en las letras.
Pero esta vez, entre sus manos no dejaron un libro. Desconcertado, Rad miró la tarjeta y al celador que avanzaba despacio sin detener su paso ni un minuto. Un sudor frío bañó su frente y sus manos temblaron. Había oído sobre aquello. Eran sólo rumores. Rumores sobre otros. Que ahora, se hacían de pronto realidad entre sus dedos. La Organización V deseaba algo de él. Pero él... ¿qué deseaba?
Volvió de nuevo al interior de aquel espacio reducido, cobijado esta vez por los barrotes mientras su pecho bramaba en plena histeria, latido por latido. ¿Qué debía hacer ahora? Ellos le estaban avisando. Pronto, llegarían hasta él. ¿Qué pedirían a cambio? ¿Qué no estaría dispuesto a darles él? La libertad parecía ahora más cerca. Más oscura. Igual de apetecible.
Ansioso, miró aquella tarjeta sólo una última vez, memorizando sus contornos y su único mensaje: “Organización V”. Después, resolutivo, la partió en cuatro trozos y la tiró al retrete borrando cualquier prueba. Tenía buena memoria.
Rad había aprendido con cada cicatriz todo aquello que no podemos cambiar... Ahora, alguien retaba a su destino. Alguien cambiaba su futuro. O tal vez, también estaba escrito de antemano.

Era un nuevo bautizo. El agua se llevaba la tarjeta y su crimen... Y estaba decidido.

Konrad Wagner
Perro de la Organización V
Perro de la Organización V

Localización : Huyendo del pasado.

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Re: Lo que no podemos cambiar [Flashback con Vlad Kazikli]

Mensaje por Invitado el Dom Ene 05, 2014 2:53 am

Spoiler:
Ugh.... lamento tanta tardanza u.u

Jefe celador, es definitivamente un puesto muy diferente a ser vigilante. Las rondas nocturnas eran, sí, aburridas... pero podía observar de cerca los comportamientos de cada preso, observar de cerca a sus compañeros celadores y observar... de vez en cuando... la luz de la luna que se colaba entre los barrotes de las pequeñas ventanas que daban al exterior. Ser jefe era una cuestión diferente, no porque no pudiese hacer rondas de vez en cuando sino porque ahora debía preocuparse por otras cuestiones más burocráticas, algo completamente ajeno a lo que estaba acostumbrado.

No importaba, era su deber y lo haría con precisión, sin quejarse, sin hablar, sin dar una sola señal de cansancio, aburrimiento o molestia... porque ese era su deber y no había forma de que Vlad contradijera nada de lo que el Alcaide dijese. Así pues, su esfuerzo por querer hacer bien su trabajo concluyó en llegar a ser meticuloso con los casos de cada preso que podía nombrarse sospechoso. Tal vez era el hecho de que necesitaba algún tipo de incentivo, que creyese que hubiese algo malo para tener algo mas emocionante que hacer... pero aquella manía le hizo sospechar sobre las crecientes salidas "legales" que habían estado ocurriendo.

No parecía algo de lo que normalmente alguien se preocuparía, es decir, la gente sale y entra de la prisión de Steinburg todos los días. Era quizás una racha de mala suerte, tanto para el jefe celador como para el preso del que ahora miraba Vlad en foto, junto a su expediente.

Konrad Wagner Bravo, un preso nada especial al ojo del vigilante. Un delito común, con una sentencia normal, y sin embargo, esta sentencia se reduciría dramáticamente. Vlad estaba consciente de que sería liberado en unos pocos días más pero el preso aún no tenía ni idea... o al menos eso era lo que el celador creía. Debía investigar, iría a hablar con él, conocerlo, ver si en su persona había algo más que en lo que en los papeles decían. Si era un caso más de aquellos ilegales que parecían legales, igual debía debía saberlo... pero si de casualidad había algo más al fondo de todo, era necesario saberlo.

Era por la tarde, faltaba un par de horas para que los presos debiesen regresar forzosamente a sus celdas. Vlad lo ubicó con ayuda de las cámaras de vigilancia y caminó con seguridad hasta ese sitio, cerca de la propia celda del preso. Su caminar y su rostro eran serios, miraba alrededor, asegurándose que todo estuviese en orden hasta llegar a su objetivo. Cuando lo halló, se paró frente de él, a buena distancia.

- ¿Todo en orden aquí? - Fueron sus palabras roncas y serias, mirando a otros presos que estuviesen cerca con clara mirada de que se fuesen a otro lado y que el asunto solo iba a ser con Konrad.

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Re: Lo que no podemos cambiar [Flashback con Vlad Kazikli]

Mensaje por Konrad Wagner el Miér Ene 08, 2014 7:22 pm

El día había trancurrido quedamente, pacífico como sólo sabe serlo el gris. Neutral y desesperanzado. Konrad había fingido durante todo el día, retomando esa rutina diaria que consistía tan sólo en no desfallecer. En asomarse en esos rostros, ajenos, como si fueran las únicas ventanas. Sin llegar a adentrarse. Mirando como miras en un escaparate. Contemplando los precios. La oferta, la demanda.

Pero ahora, al caer la tarde, se sentía más nervioso. Consciente de ese cambio, sutil, que no había reflejado pero aún así sentía, muy dentro de la piel. De sus entrañas. Esa nueva... ¿esperanza? No. Sólo anticipación. Angustiosa y culpable. Pero aún así, vestida de promesa, oscura, ensangrentada.

Fumando a solas, muy cerca de su celda, el caminar apresurado de algunos "compañeros" delató la presencia de aquel celador unos cuantos pasos antes de acercarse realmente. Mirándole a los ojos, sin miedo y sin rencores, Konrad dio una calada honda, segura, confiada. No había hecho nada, y si no se oponía a ese "interrogatorio fortuito" le iría mejor que si trataba de eludirlo. La autoridad en ese infierno consistía en imponer un nuevo ritmo, unos nuevos compases, cuando quisieras. Sin importar el baile de los reos.

— Claro, celador. Un nuevo día en nuestro paraíso. Como siempre, ordenado y grisáceo.

Dejó caer la ceniza y continuó mirándole, sereno, esbozando una sonrisa breve, ligera, cargada y herida. La sonrisa del que sabe que ha perdido de antemano y no quiere apostar. Aunque ya no le quede nada que perder.

— ¿Ocurre algo?

Konrad Wagner
Perro de la Organización V
Perro de la Organización V

Localización : Huyendo del pasado.

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Re: Lo que no podemos cambiar [Flashback con Vlad Kazikli]

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