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Reese Wożniak

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Reese Wożniak

Mensaje por Reese el Dom Sep 22, 2013 1:50 am

Nombre completo: Reese Wożniak 

Apodo o nombre como es conocido: ---


Fecha de nacimiento: 25 de Diciembre.


Edad: 21 años.


Inclinación Sexual: Homosexual.


Grupo: Civil.


Rango/oficio: Camarero en el Bebop.


Arma identificativa: ---


Descripción física: De padre polaco y madre sueca, ha heredado de su línea materna el color de pelo de un tono rubio muy claro y fino, razón por la que tiene un corte de pelo que le da más volumen a su cabello.


Ha heredado de la familia de su padre el tono de piel moreno y los ojos de color verde claro. Según como incide la luz en ellos pueden verse más oscuros o más claros. Alguna vez le han dicho que tiene «ojos de gato».

Mide un metro setenta y dos, y pesa alrededor de sesenta y cinco kilos. No es un chico fuerte ni de contextura ancha, pero si tiene los músculos tonificados y ligeramente marcados en los brazos. Los rasgos de su cara son finos pero no aniñados.

Tiene un piercing en forma de aro en la nariz y un tatuaje en la nuca, un código de barras. No sigue la moda y se preocupa muy poco por su aspecto. Sí lo requiere la ocasión o su puesto de trabajo, ira más arreglado, pero si no, vestirá camiseta y pantalones anchos, sudadera y zapatillas deportivas. Como no soporta llevar las cosas sueltas por los bolsillos, lo guarda todo en una riñonera.

Descripción psíquica: Con la edad se ha ido serenando y a aprendido a cultivar el arte de la paciencia, pero hasta sus primeros años de adolescente fue un chico impetuoso y poco reflexivo, que hablaba y actuaba antes de pensar.


A aprendido a fiarse de sus instintos. Si estos le dicen que corra, correrá. Si le dicen que se detenga, se detendrá. No es un inconsciente, pero a veces, cuando se deja llevar por el momento o no tiene muy claro cual es la mejor opción a elegir, puede escoger un camino inapropiado.

Rara vez da segundas oportunidades. Si alguien le cae mal o desconfía de sus intenciones, seguirá rehuyéndole y no confiara en él. No suele dudar y cuando toma una decisión, la toma hasta sus últimas consecuencias.

Su hermano mayor le inculcó algunas de sus ideas sociales y políticas. Cree en la pena capital y que el lugar de cualquier delincuente es la cárcel o la muerte. Sabe que hay casos en los que se puede dar una auténtica redención, pero son escasos. No tiene una fe especialmente fuerte en el colectivo y en la humanidad, pero si en el individuo particular. Aún sigue creyendo que hay auténticas personas buenas en el mundo.

No cree en la religión ni en los que la procesan. En ocasiones la fina línea entre lo moralmente correcto y lo incorrecto se desdibuja en su horizonte, haciéndole creer que a veces un mal menor puede ayudar a un bien común, idea que le enseñó su hermano. Sin embargo, la idea de que ese supuesto mal menor pueda acabar con la vida de personas inocentes, le resulta detestable.

No puede decir que haría todo lo necesario para cumplir una meta, porque sabe que hay cosas que no estaría dispuesto a hacer, pero si tiene que hacer algo para lo que esta preparado, lo hará aunque tenga que poner su integridad física en peligro.

Odia que se juegue con los sentimientos de las personas, razón por la que si puede evitarlo, no miente, pero si es muy dado a ocultar cosas, o amañar las historias para que digan lo menos posible de él mismo.

Si hay algo que no perdona, es la traición. No quiere deber favores a nadie y odia que le deban favores a él. Puede ser muy honesto e hiriente con sus palabras.

Gustos: El arte callejero. La informática y en general todo aquello que tenga que ver con las nuevas tecnologías y los aparatos electrónicos. Los idiomas y los juegos de ingenio, como las adivinanzas. Le encanta resolver sudokus. Los gatos. El skate y el patinaje en línea.

Disgustos: Los días lluviosos y la humedad, nada puede estropearle más el día que caminar por las calles mojado y con la ropa empapada. Estar inactivo mucho tiempo, no tener nada que hacer. Los traidores. Que alguien se crea superior a los demás sólo por tener estudios universitarios. Las personas hipócritas.

Habilidades: Tiene mucha capacidad para aprender con rapidez idiomas e imita con bastante precisión una buena cantidad de acentos, habilidad que desarrollo como un hobby durante sus años de Instituto. Tiene una mala memoria para las caras y los nombres, sin embargo los pequeños detalles como las joyas, los tatuajes, la ropa o los tics faciales, no le pasan desapercibidos. Gracias a que practicó varios deportes durante sus años de estudiante tiene una condición física bastante buena. Puede que no sea ni muy alto, ni muy fuerte, pero sabe como pegar ganchos bastante potentes para defenderse si tiene que participar en alguna pelea.

Debilidades: Se rompió la mano derecha durante una pelea cuando tenía quince años. La rotura no curó bien y ahora, sobre todo con los cambios de temperatura y el frío, le suele doler con bastante fuerza. Le cuesta mantener la calma en situaciones tensas, de peligro o que requieran mantener la cabeza fría. No sabe pasar de largo sin meterse de por medio si ve que alguien fuerte esta abusando de alguien débil, razón por la que suele buscarse problemas que podría evitar si se metiese en sus propios asuntos. No tiene don de gentes, puede resultar borde y caustico, razón por la que no le será fácil conseguir amigos y aliados.


Historia: Su padre nació en Wałbrzych, una pequeña localidad de Dolny Śląsk, en Polonia. De ideas progresistas tuvo que presenciar y vivir la decadencia de su país con la llegada del comunismo y las crisis posteriores. Sin pocas opciones de futuro al comenzar la Universidad pidió un visado de estudiante en Canadá y se marchó del continente europeo en busca de una oportunidad en la vida. Su visado estaba a punto de caducar cuando conoció a una estudiante de periodismo de origen sueco. El flechazo fue instantáneo y antes de acabar los estudios ya estaban casados. Como ella había nacido en Canadá y tenía la nacionalidad canadiense a él no le fue muy difícil conseguir también los papeles. En los años posteriores tuvieron tres hijos, Reese, nacido en las navidades de 1993, fue el más pequeño de ellos.


De temperamento impetuoso, impulsivo e impertinente —las tres IMP, como decía su madre— Reese les trajo quebraderos de cabeza a sus padres desde muy pequeño. Nunca se conformaba, siempre quería abarcar más de todo y más de lo que podía, razón por la que entre la escuela primaria y el instituto estuvo en clubes de natación, patinaje, baloncesto, baile moderno y arte, sin permanecer demasiado tiempo en ninguno de ellos, incapaz de adaptarse a horarios y normas que el creía «estúpidas». Sin embargo del skate y de los botes para hacer graffittis no se apartó ni siquiera cuando se rompió una mano como consecuencia de una pelea.

Siempre tenía que defender a los demás, hasta de si mismos. No era capaz de no meterse en donde no le llamaban. Iba a salvar al más débil y abría la boca en los momentos más inoportunos. En el Instituto era popular precisamente por no ser popular, no muchos lograban aguantarle y conseguir entrar en su pequeño circulo de amistades. Se granjeaba enemigos con facilidad y se metía en peleas incluso si su contrincante era más grande que él. No soportaba que por su aspecto y su físico, la gente diera por hecho que no sabía defenderse y que necesitaba un Príncipe Azul para venir al rescate si la situación lo ameritaba.

Tuvo buena relación con sus hermanos. Su hermana Becca se casó muy joven y tuvo un hijo al año del matrimonio, era una chica respetuosa, seria y muy responsable. Pero su hermano Caleb, con el que tenía una relación muy estrecha, era muy distinto.

Su padre siempre hablaba de lo mal que estaban las cosas en Europa, de la falta de trabajo, de futuro, de comodidades. Hablaba de la delincuencia, de la pobreza y del hambre. Siempre les decía que habían tenido suerte de haber nacido en un sitio donde podían salir a la calle sin tener que mirar por encima del hombro. Hablaba de una Europa moribunda, asolada por la peste social, la corrupción y el deterioro masivo de la poca humanidad que quedaba en muchos sitios. Pero Caleb tenía ideas muy distintas. Era muy radical, él pensaba que Europa no estaba muerta, si no en un letargo y que tarde o temprano despertaría más fuerte y sana que nunca y aplastaría al resto de continentes. Caleb tenía ideas sociales y políticas de una nueva era comunista y ascética, mientras que su padre se escudaba en una realidad y un pasado oscuro y lleno de penurias. Reese solía sentarse en el suelo del salón a escuchar como su padre y su hermano debatían y discutían y como su madre miraba con miedo a su hermano. Estaba convencida de que su hijo guardaba el secreto deseo de viajar a Europa, algo que ni ella ni su marido iban a permitir.

Reese adoraba a su hermano. Por eso se tomo tan mal que cuando Caleb cumplió la mayoría de edad empezara a viajar y a pasar largas temporadas fuera de casa. Primero fueron viajes de mochila y autoestop que duraban algunas semanas. Después se compró un coche y desaparecía durante meses. Sin embargo, siempre escribía. Reese recibía todas las semanas una carta de Caleb contándole donde estaba, que hacía y lo que había vivido. Lo que no sabía es que Caleb había estado ahorrando dinero para algo más ambicioso. El día que cumplió 21 años, se despidió de Reese por última vez y fue hasta el aeropuerto de Vancuver, donde cogió un vuelo hasta Barcelona, España.

Reese se sintió traicionado por Caleb, abandonado. Tenía quince años y no sólo estaba enfadado con el mundo, sino con su hermano también. Cuando las cartas de rigor de Caleb comenzaron a llegar, Reese se negó a abrirlas. Se volvió huraño y a sus padres les costaba mantener conversaciones con el que no estuviesen llenas de monosílabos y silencios. En palabras de su padre, se volvió imposible.

Cuando las cartas de Caleb comenzaron a espaciarse en el tiempo, Reese las abrió todas y empezó a leerlas preocupado por su hermano. En ellas Caleb relataba con todo detalle las ciudades que visitaba, la gente que conocía, como se ganaba la vida y exponía diversas teorías poco viables para conseguir sacar al continente europeo de la debacle. Cuando Reese cumplió dieciséis años, las cartas ya sólo llegaban una vez al mes, después, poco antes de su decimoséptimo cumpleaños, llegó la que sería la última carta de Caleb, estaba en una ciudad alemana llamada Steinburg donde al parecer un hombre llamado Hans iba a darle un empleo. Empleo que no sería bien visto por sus padres, así que le pidió a Reese que no dijese nada. Prometió que le llegaría otra carta antes de navidades, pero nunca llegó. Cuando a Reese no le quedó más remedio que comprender que su hermano estaba desaparecido, les entregó aquella última misiva a sus padres, quienes en seguida se temieron lo peor. Trataron en vano de localizar a su hijo. Contrataron a un hombre para que le siguiese la pista por Europa, pero después de salir de la localidad alemana de Manheim, no pudo encontrar más pistas fiables del paradero de Caleb. Ni siquiera estaba convencido de que hubiese llegado a pisar Steinburg ya que el matasellos de la carta provenía de una localidad cercana y más pequeña, donde nadie recordaba haber visto a alguien con la descripción física de Caleb.

La familia quedo devastada. Cuanto más tiempo pasaba, menos esperanzas tenían de encontrar a Caleb vivo o muerto. Reese discutía con frecuencia con sus padres, les acusaba de haber provocado que su hermano se fuera, les decía que eran unos cobardes y que no hacían nada por encontrarle. Él estaba convencido, o al menos quería estarlo, que su hermano estaba en alguna parte, vivo. Y la ciudad de Steinburg, y el hombre llamado Hans, eran su única pista.

Investigo mucho. Con Internet casi como única herramienta, recopiló toda la información que había disponible sobre la ciudad, su forma de gobierno, su estructura social, su geografía, su historia. Todo. Memorizaba datos, lugares, nombres y sucesos. Leyó sobre las mafias lo poco que pudo encontrar y sobre la primera guerra.

Tuvo cuatro años para prepararse. Convirtió la meta de encontrar a su hermano en una obsesión, vivía sólo para ello. Terminó el Instituto, pero para desconcierto de sus padres, no aplicó a ninguna Universidad sino que entró en una Escuela de Informática y Tecnología. En poco tiempo se propuso sacarse un carnet de conducir y una licencia para poder comprar y portar un arma, comenzó a estudiar alemán por su cuenta. Cuando su madre descubrió por casualidad que se había apuntado a clases de tiro en una academia, todas sus alarmas se dispararon. Sabía lo que se proponía su hijo y aunque intentó razonar con él y trató de impedirlo, poco pudo hacer.

Gracias a sus horas pasadas en Internet, a un amigo cracker y a páginas de ética, y moral dudosa, conoció a un hacker que residía en Steinburg. Interesado por la historia de su hermano, este hombre, de apodo Mouse, le propuso ayuda. Poco después de su vigésimo primer cumpleaños, con sus papeles en mano, una buena cantidad de dinero ahorrada gracias a trabajos temporales y la promesa de Mouse, Reese se fue de Canadá para buscar a Caleb en Alemania.

Llegó poco después de la Segunda Guerra de Mafias. El contacto que debía ayudarle a instalarse en la ciudad y recabar información, no apareció en el sitio indicado. Reese trató de llegar hasta él por medio de una dirección que le había enviado en su último correo, sólo para descubrir que era de un piso precintado por la policía. Al parecer su contacto se había suicidado.

Sin conocidos, amigos o familiares, en una ciudad que le era ajena, y con una meta que cumplir, Reese ha estado tratando de aclimatarse en Steinburg los pasados meses. Encontró trabajo como camarero en varios sitios hasta que alguien le habló del Bebop y de que podían echarle un cable y consiguió trabajo en el local.

Sigue tratando de encontrar una pista del paradero de su hermano o del hombre llamado Hans. Quizás alguien recuerde una cara, un nombre, un suceso... quizás alguien, en algún lado sepa que ha sido de Caleb Wożniak y si esta vivo, o muerto.


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