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Bleeding Love.

Mensaje por Nivam Salvglhad el Sáb Ago 31, 2013 12:43 pm

Cuando todo lo que tenías se reduce a nada, consigues llegar a pensar que es lo que realmente ha sucedido, qué es lo que te ha hecho mirar atrás y pensar… Eso es lo único que queda, siempre. Tal vez lo único que no te abandone en ese libro de aventuras que puedes llegar a trazar en tu mente. Sí. La vida no es siempre de blanco o negro, también puede llegar a volverse de un tono grisáceo que te haga recapacitar sobre todo lo que has hecho y eso no es sino alguien que te está llamando, en tu interior tal vez, esa personita, esa miniatura de nosotros mismos que nos habla cuando  nuestra integridad peligra. Cuando intenta salvarnos de nosotros mismos. Pero a veces esa vocecita no es capaz de liberarte de la carga tan pesada que puedes llegar a sentir, del vacío que ocupa tu interior, la melancolía de un tacto, una sensación perdida, ¿y cuánto resistirá tu cuerpo tu propio castigo? No es más que tu mente la que reprime esta sensación, volviéndote vulnerable a cualquier acontecimiento…

¿Brillar? En un mundo de oscuridad brillar era peligroso, no por el fulgor que pudiese desprender, sino por la capacidad que tiene la oscuridad de engullir cualquier rastro de ti.

Todo estaba tan oscuro que daba igual con quien te encontrases, todo era tan oscuro que ni siquiera las últimas luces de la calle podían distinguir bien la figura de cada persona, ni siquiera era visible su silueta dividiendo entre si era hombre o mujer, pero qué más daba, en la oscuridad todos eran un todo, no había algo que no rozase esa jugosa sensación. El vaho de la calle ascendía desde las alcantarillas con un hedor perturbarte y dejaba atrás todo rastro de buen perfume que hubiese tenido en la mañana junto con los puestos del mercado, esos barrios, poco transitados en la noche eran su refugio, lo único que tenía, al fin y al cabo, era hospedarse entre coche y coche o asentarse, plantar un “campamento” en el acerado. Allí  a nadie le importaba nadie, sólo importaba la pasta, las drogas, las putas. Pero cuando nada de eso era importante solamente se volvía gris, y entonces la oscuridad dejaba en silencio la calle. Hacía frío, no mucho pero impregnaba junto con la madrugada el rocío en las farolas de chapa pintada de verde oscuro ¿Por qué sabía que era de verde oscuro? Porque había vivido allí durante años y la noche, como a un gato, le era indiferente. Todo lo demás era un trastorno, formar figuras con el humo, los gritos de algún asesinato o violación o simplemente el ruido del agua del alcantarillado, todo lo demás era silencio, todo era secreto.

Ni siquiera el fulgor de su cabello, que caía en cascada, era suficientemente chillón como para verse en esa oscuridad, se veía tenue y con un brillo rojizo apenas notorio, sobre una piel de mármol más o menos trazada por la silueta de esas farolas que antes había nombrado. Su cuerpo de piernas sentadas y espalda recta formando un ángulo aproximado a 90º parecía cansado, pero no lo estaba, ni siquiera había utilizado su cuerpo, pero estaba cansado. Las expresiones de su rostro hablaban por esos labios sellados, esta vez, que de vez en cuando humedecía deslizando esa lengua de lagarto sobre ellos y volvía nuevamente a sellarlos. El acerado ancho permitía que cualquiera que quisiese acercarse se acercase a él o simplemente pasase por delante ¿Pero qué loco estaría allí viéndole a esas horas de la madrugada? Lentamente, como el aleteo de una mariposa, abrió los párpados, poco a poco, sus pupilas chocaron con la tenue intensidad de la farola, reduciendo el circulo que bordeaba el color verde ciénaga de sus ojos, ligeramente transparentes a esa soledad, no había tristeza en sus ojos, ese demonio no sentía ese apego hacia el ser humano.. Sólo inundaba su mirada el rencor. La soledad. El miedo. ¿No era absurdo? Podía reírse del mundo, mientras apoyaba la cabeza en el frío “pedestal” de la pared de la casa o piso, lo que fuera esa mierda que le sujetaba los que eran, tal vez, últimos minutos de su vida.

Nadie podía ver, nadie sabía sentir, no había nadie,  solo la soledad que acompañaba a esa maldita oscuridad, jugando a las cartas de la vida de aquel chico de cabello color de vida que reía por inútil, la sensación que se escapaba de sus dedos, por cada suspiro de esos labios gruesos. No sentía frío, no sentía dolor. No sentía nada… Solo el olor ferroso que escapaba de su cuerpo emanando de él como un río sanguíneo que proseguía su maltrecho camino hasta prolongarse por el acerado como fluido constante, bajar la cera y cruzar el asfalto y supuso que el ruido de las gotas de él mismo caía en picado bajo esa misma alcantarilla de rejas, hacia el infinito. El duro metal aprisionaba su interior en tres zonas diferentes, pero no estaba frío. ¿Había dicho ya que no lo sentía? Se había vuelto insensible ante percepciones en cuestión de segundos, la humedad del fluido vital bajo sus ropas, su abdomen, manchado del color semejante a su cabello, como otros dos puntos más de su estómago. Pero su risa no se oía más lejos de lo que pudiera prolongar la ronca voz, lejos de los oídos de la soledad. Al final moriría solo, como tanto tiempo había temido. ¿No era digno de reírse del destino…?
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Re: Bleeding Love.

Mensaje por Draven Slarck el Dom Sep 08, 2013 7:39 am

No importa lo bien que conozcas el mundo de las mentiras y del engaño, si no eres cuidadoso, terminarás creyéndote tus propias falsedades.
Aun sabiéndolo, Draven se arriesgaba a caminar por el límite de lo que es real y de lo que es una mera actuación, jugando a ser un maestro de la ilusión. El problema era que, a diferencia de los juegos, en la vida el perder podía significar la muerte o algo mucho peor, sobre todo si se juega con reglas peligrosas. Meterse con la mafia y con la ley al mismo tiempo, dejaba una significativa ganancia, siempre y cuando no fuera descubierto. Por muy dispuesto que estuviera a correr el riesgo de hacer de su vida un juego a dos puntas, un trágico final era inevitable en caso de romper la única regla que gobernaba sus negocios “Continuar ganando”.
Entre tanta mierda ¿qué espacio le quedaba para una vida normal? Su estilo de vida estaba destinado a caminar en la oscuridad cuidando que no se formara una sombra, a los lazos que no duran, a la soledad. Y pese a que se convencía de que no tenía inconvenientes con tal hecho, noche tras noche se encontraba a sí mismo en busca de un poco de compañía. Se escabullía entre las multitudes de algún antro, lugares donde nadie recordaría su rostro y por ello se podía permitir un poco de ser él mismo y gozar de los placeres de la interacción humana, esa efímera interacción que nunca resultaba suficiente.
Esa noche, como tantas otras, se adentró en un lugar nocturno lo más alejado posible de su propia casa. Jugo al póker por un par de horas, bebió e ingirió otras sustancias hasta llegar a un estado donde la consciencia se volvió abstracta y borrosa. Lo mejor de esas salidas era que, lo que usualmente importaba, dejaba de importar. Lo peor era el malestar que solía sentir a la mañana siguiente. Dicen que el placer y el dolor van de la mano, y él había desarrollado un gusto por el dolor y el vacío que le dejaba cada una de sus salidas, lo hacía sentirse enfermizamente vivo.
 
----Más tarde.

Una chillona y vibrante melodía perturbaba el armonioso silencio de la noche. Una y otra vez el sonido se repetía, obligaba a prestarle atención.
El teléfono...
Pensó moviéndose en la cama  para buscar ese celular que no dejaba de sonar y emitió un gruñido ronco al sentir que algo se lo impedía. Era un peso sobre su propio cuerpo que junto a la somnolencia y el efecto secundario de ciertas sustancias, limitaban su capacidad de accionar.
Muévete, maldición. ¿Dónde está el teléfono?
Gritó en su mente. Con todo el peso de su existencia estiró la mano a la mesita junto a la cama para revolver las porquerías que allí había y buscar el aparato que amenazaba con partirle la cabeza. Necesitaba detener ese molesto ruido y lo necesitaba ahora.
¿Hola? –murmuró pesadamente– ¿Qué? Claro que no, vete a la mierda… ¿Sabes qué hora es? –arrastró las palabras como mejor pudo, cargándolas con notorio fastidio. A decir verdad, él tampoco tenía idea de qué hora era, suponía que se encontraba en algún momento de la madrugada– Para comenzar, no puedo hacer nada por ti si te arrestan, comienza por salir de allí y  llámame en la mañana –respondió sin importarle el pedido al otro lado de la línea. ¿Acaso ahora era la niñera de los narcotraficantes? Tan pronto como colgó, apagó el celular y lo lanzó lejos– Ahh... -abrió los ojos agradeciendo la poca luz del entorno, pero no reconociendo el lugar ni a quien estaba a su lado– ¿Y tú quién demonios eres? -cuestionó apartando bruscamente a ese cuerpo desnudo que dormía sobre él, quien obviamente no le respondió. En seguida se sentó en la cama y mirando alrededor en busca de su ropa, intentó recordar cómo había llegado allí.
Para su suerte, encontró las pocas pertenencias que había traído consigo dispersas en la habitación, a excepción claro, del dinero en su billetera… No se molestó ni en maldecir, en su búsqueda se apoderó de las llaves del que aun dormía. Pobre diablo, cuando se enterara que le faltaban. Draven rio sin poder evitarlo, con suerte el auto estaría aparcado en la cercanía.
Al abrir la puerta de la pequeña casa en la que estaba, una infinita oscuridad inundó su visión y el frío de esas horas estremeció su bronceada piel. Entre ello y su entumecido cerebro, no se dio cuenta que choco contra algo que se encontraba a nivel del suelo, hasta que fue demasiado tarde.
¿Pero qué carajo?! –a duras penas mantuvo el equilibrio y casi que como un reflejo llevó al vista al “obstáculo”. Al distinguir que se trataba de una persona… o lo que quedaba de una, suspiró sin verdadera sorpresa- Vaya, vaya, dura noche ¿eh? –murmuró sentándose en cuclillas para verlo mejor- Luces bastante mal –comentó como quien comenta “parece que va a llover” y luego apenas dedicó un momento a mirar al sujeto en cuestión. ¿Era una sonrisa lo que se formaba en aquellos labios? Interesante… Una sonrisa que no encajaba con la cantidad de sangre que parecía estar perdiendo. Como sea, no era su problema, se incorporó y le dio la espalda. Luego levantó las llaves del auto y desactivó la alarma, con suerte sería de alguno de los autos que se encontraban estacionados allí- ¡Bingo! –exclamó al reconocer que efectivamente uno de los autos respondió a su acción. Caminó varios pasos antes de detenerse lentamente…
¿Realmente le daría la espalda a alguien que podía estar en peligro de muerte? Definitivamente, él no era de los que se preocupaban por extraños, vamos, ni siquiera por conocidos, a no ser que pudiera sacar algo de ellos. Aun así, si lo metía en al auto y lo tiraba frente a alguna emergencia, tampoco es que eso fuera complicado. Maldición no, era insensato aparecerse frente a una emergencia con una persona herida y un auto robado. ¿Y si lo llevaba a su casa? Estúpida idea, si ese sujeto se moría en su casa, luego tendría que deshacerse del cuerpo, una molestia por completo innecesaria. Ah... ¿Por qué endemoniado motivo tenía que pensar tanto a tales horas de la madrugada? Probablemente el sujeto se merecía desangrarse en ese asqueroso rincón de la ciudad, ¿quién no en Steinburg?.... ¡Maldición!
¿Sabes? –volteó  en dirección al sujeto, sin saber si alcanzaba a distinguir lo que le decía– Los días que comienzan con sangre, acaban mal... y no quiero que mi día acabe así –dijo para dejar paso a esa socarrona sonrisa que no tenía razón de ser, y se acercó nuevamente- Oye, ¿crees que puedes moverte o tendré que cargarte? –preguntó con un tono simple y claro.
Como su padre solía decir, todo encuentro sucede por algo. Aunque, él ya estaba demasiado mayorcito como para tener en cuenta las palabras de un hombre enterrado hacía demasiado tiempo… ¿Quién podía entender a Draven? Porbablemente ni él mismo .
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Re: Bleeding Love.

Mensaje por Nivam Salvglhad el Sáb Nov 09, 2013 11:38 am

No era nada, ni siquiera un par de manojo de ilusiones, o tan siquiera el intricado número de células que podía constituir su cuerpo, no era nada, no era nada más que vacío que iba vaciándose de forma extraña hacia el exterior, era vapor de agua teñido del color sonrojado de unas mejillas que un día fueron infantiles, no era nada… No era nada más que nada que perecía sin siquiera tener algo a lo que aferrarse, y la nada se desvanecía como si de humo tratase, sin arraigarse a algo que la mantuviese… No era nada. Para él el tiempo pasaba tan lento que hasta el sabor metálico de la sangre se había dejado incorporar a su organismo como algo típico, aunque el hedor se mezclaba con alguna sustancia insana más vertidas en la acera sucia donde su cuerpo había quedado desvalido, abatido por lo que algunos llamaban vida. Había dejado atrás cualquier pensamiento que rondase por su cabeza, cualquier pensamiento sobre un futuro lejano, que pasaría tumbado en un sofá agujereado por las cenizas incandescentes del tabaco que fumaba,  había dejado atrás tantas sonrisas socarronas, había dejado atrás siquiera el legado de alguien que surgió con genio y se desvaneció en la más absoluta miseria, como aquellos que habían triunfado en artes, como aquellos a los que alguna vez adoraron, sin embargo él podía definirse como el ser humano que había nacido del polvo y era el polvo de los casquillos de las balas lo que le estaban carcomiendo por dentro. Y  sin embargo se atrevía siquiera a burlar a la muerte con carcajadas sonoras, la prolongación de unos labios gruesos y humedecidos por el sudor del esfuerzo que hacía su cuerpo  al tratar de no dejar atrás una vida tan llena de emociones y sentimientos ocultos en el interior del frío hielo corazón de aquel hombre de cabello ígneo.

El fluir de los pensamientos no se correspondían con las acciones marcadas, acciones extrañas de movimientos difusos, coordinar con un cuerpo que apenas se sostenía o arrastrarse por el suelo como un gusano cualquiera, como un cuerpo destrozado sin más, un trozo de carne en una carnicería mugrienta donde no solo sirviesen carne, sino también sustancias asquerosas que se impregnasen en la piel de lo vendido. Aquel hombre que de lejos hablaba, opaco, a los oídos del de cabello ígneo, ni siquiera cobraban vida, pues al no saber qué oír o qué ver sólo se aferraba a algo que era una de las heridas para que dejase de sangrar, sin mucho éxito claro.

¿Por qué se alejaba..? ¿Y por qué volvía a alejarse? Centró la atención en querer distinguir qué era lo que decía el gilipollas que parecía burlarse de él en su lecho absurdo , de muerte. Pero más que obvia su forma de mover, no podía elevarse sin sentir que se le clavaban más profundo las agujas que tejían su destino en el interior de su cuerpo derrotado por la vida. Aquel frenesí que dilataba sus pupilas en busca de algo más. No quiso responder a primera voz, una vez centrada la atención en lo que quería decirle aquel tío que a poco su aspecto parecía desaliñado. Apoyó la otra mano en parte de su estómago tratando así de hacer de torniquete con ésta, con la otra, apoyada la palma en el suelo impulsó su cuerpo hacia arriba, ayudándose de la bendita pared con la cual fue levantándose de a poco, con algún gemido doloroso, otros tanto se los guardaba para dentro, mordiéndose el labio inferior para reprimir tanto sentimiento.

Un minuto para respirar aquella alma maldita cuyo infierno le venía provisto, un minuto para jadear y mirar como la sangre vertía su brazo y caía al suelo ¿Todo aquello era de él? ¿Cuánto más le quedaba?  La vista nublada de orbes de reptil aún seguían fijas en el sujeto de cuyo rostro aún se negaba a ver debido a la oscuridad.

No… puedo solo… --Murmuró, incrédulo ¿Él necesitando ayuda? ¿Desde cuándo Nivam necesitaba ayuda de alguien? Y menos de alguien tan gilipollas, parecía que era la hora de levantarse de los imbéciles de Alemania, pero, no negaría la ayuda de alguien a quien acabaría olvidado, o eso era lo que pensaba. No quería dar un paso en falso y caer al suelo de bruces y que las balas llegasen más allá de donde pensaba que estaban aunque una de ellas era superficial y por superficial le dolía más que ninguna de las otras dos restantes. No se atrevía siquiera a separarse de la pared una vez en pie pues le había costado bastante pero él no se rendía y como un buen hombre de carácter insano dio un paso hacia delante, maldiciéndose de lo débil carnalmente que era, luego otro paso, toses de sangre, y así hasta que pudo llegar hacia donde se encontraba aquel hombre de cuyo cabello parecía resplandecer como las hebras soleadas que tañía el sol en el amanecer, sólo hasta llegar a su merced y mirarlo de cerca, sólo hasta reconocer que no lo conocía y sonreír, aquel pobre diablo que sonreía ante las situaciones catastróficas.--  Me… Me vas a llevar a tu… casa… --Murmuró, apoyándose sobre uno de los fuertes hombros de aquel hombre difuso al que apenas reconocía, no debía dormirse, pero se le hacían tan pesados los párpados.—Porque… No puedo ir al hospital…-Hizo una pequeña pausa, para dejar a sus pulmones con algo de aire para seguir la tediosa charla explicativa.-  Curiosa... forma… De e-empezar una cita... ¿eh, rubio? –Esa sonrisa…

Esa sonrisa de maldito, de reptil, de persona socarrona y ladina, esa sonrisa de diablo que aún a pesar de los hechos en los que se encontraba, bromear y ladear a la muerte era una de las opciones que tenía bajo la manga aquel de cabello de fuego, rojo vida, pasión y destino, aquel que inhóspitamente le deparaba lo que él ni siquiera pensaba, de la mano de un policía.
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Re: Bleeding Love.

Mensaje por Draven Slarck el Mar Nov 19, 2013 4:46 am

Rojo, tan rojo… El color de esa noche, el color de aquel cabello, del líquido emanando del cuerpo. Como una señal en medio de la oscuridad, como algo que no debía ser dejado atrás, algo a lo que destino lo llevaba a divisar. Y de los acontecimientos inesperados que se presentaron a lo largo de la vida de Draven, ese había sido uno de los más importantes. De la misma esencia de la que nacía el color, la fuerza que desprendía, la vida que drenaba, un silencioso e insospechado sentimiento había encendido su pequeña luz en el interior del policía. Tenue y escondida entre un mar de sombras, quedó encendida desde el momento en que dio la vuelta en lugar de marcharse. ¿Quién lo hubiera adivinado? Entre la noche y el rojo.
Dio un amplio suspiro y luego rio en un tono que no se adaptaba a la situación, cualquiera debería estar más preocupado. El propio dueño de las heridas debía estarlo. ¿En Alemania no quedaba gente normal?
Decídete, o puedes o necesitas ayuda –increpó con una risa de por medio– Por más que no estás en condiciones de decidir algo… –lo sostuvo con ambos brazos cuando el desconocido se apoyó sobre su hombro. Si lo iba a ayudar, se tendría que mover rápido o esa historia sería una historia muy corta– Dejemos las citas para cuando salgas de esta, que no soy ningún vampiro para quererte bañado en sangre. ¡Y maldición! Si sales de esta me deberás más que una cita.
Su condición para pensar distaba de ser la mejor, lo que sea que se hubiera tomado todavía golpeteaba las paredes internas de su cabeza, las arañaba desde el interior. Para un tipo que lo pensaba todo antes de actuar, al menos cuando se trataba de tomar decisiones que podían tener consecuencias en su vida de máscaras, lo incomodaba el no estar al cien por ciento de su capacidad. Nunca mezclar la noche con el día, una regla de oro que estaba a punto de romper. En fin, qué más daba, necesitaba volver a su casa y ese joven sin duda necesitaba ayuda. Su casa, maldición… Puede que no llegaran a tiempo. Si los pocos recuerdos que volvían a su mente no le fallaban, estaban en territorio blade. Eso no podía ser bueno, excepto que en esa misma zona tenía un viejo escondite, al cual no visitaba en muchos meses, pero lo tenía.
Iremos a un lugar que servirá –sentenció- Antes de que dejes toda tu humanidad en el suelo –o de que el dueño del auto que estaba a punto de robar, se despertara– Pongámonos en marcha –Que alguien lo golpeara por comenzar a tomarse aquella situación en serio. Se sacó la camisa mientras seguía intentando sostener al otro– Presiona con esto e intenta no moverte –sugirió en un tono autoritario al arrugar la prenda y llevarla a la zona de las heridas.
Entonces, sin tener la intensión de amar algún tipo de posible disputa, optó por inclinarse y sostener en sus brazos al pelirrojo. No había nadie allí que los viera y si dejaba que el herido se siguiera moviendo, lo único que lograría es que siguiera perdiendo sangre. El que quiera reír de la situación, puede hacerlo ahora, en algún futuro ellos mismos se reirían. Si es que ambos sobrevivieran a la noche.
El otro era un hombre con sus buenas proporciones, pero no se le hizo complicado cargarlo, al menos no hasta que llegó al auto y tuvo que abrir la puerta. En ese pequeño trayecto, el escaso calor que el cuerpo de Draven podía ofrecer, cuerpo más grande que el ajeno, era lo único que podía ofrecer como ayuda, de momento.
Con cuidado hizo que el joven entrara al asiento trasero. Bueno, “con cuidado”. Tenían al tiempo en contra si querían que el resultado de aquello fuera positivo. Cerró la puerta del viejo auto y sin pensarlo ni un segundo más, fue al asiento de chofer y encendió el motor. Para suerte de los dos, funcionaba sin mayor inconveniente. Le tomó un momento ubicar la zona en la que estaban, lo bueno de su trabajo es que lo había llevado a conocer la mayor parte de la ciudad (ambos trabajos, el oficial y el corrupto, incluso sus andadas). Introdujo varios cambios, salteó varios semáforos y otras señales y adquirió una buena velocidad por las calles que todavía dormían. A la vez acomodó el espejo retrovisor para tener en la mira a lo que quedaba de aquel ser.
Resiste, estamos cerca –dijo con calma y cierta diversión en el tono. Los mafiosos o civiles en aquella parte de Alemania, solían salir lastimados por una infinidad de motivos, que en la mayor parte de los casos, eran dignos de una buena burla.
Aunque esa noche, carecía de las ganas necesarias para mofarse abiertamente de la vida y sus jugarretas. E intentaba recordar el lugar en el que tenía guardado el kit médico, uno bastante bien equipado que guardaba en aquel lugar. Hubo un tiempo en el que él mismo solía salir mal herido, o en el que recibía algún balazo extraoficial y la solución más adecuada siempre terminaba siendo el atenderse uno mismo en un sitio ajeno a cualquier sospecha. Claro que eso dejaba unas feas cicatrices y el dolor que se sentía molestaba por una cantidad de tiempo mayor al necesario, en el mejor de los casos. Eso pasaba cuando no se confiaba ni en la propia sombra y cuando se tenía demasiadas intrigas entre manos.
Ni hace falta decir que sus conocimientos médicos eran todo menos confiables, lo que Draven tenía era un buen par de bolas y la tendencia a tirar monedas al aire. A suerte o desgracia, se la jugaba. Hasta ahora iba corriendo con suerte, por el bien del otro se esperaba que siguiera siendo así. Cuando finalmente recordó, ya habían estacionado, lo más al frente posible un viejo complejo de apartamentos. Todavía no sabía cuál endemoniado motivo lo llevaba a seguir alquilando aquel lugar, suponía que le había tomado cierto cariño luego de toda la sangre que vertió allí.
Aquí estamos…–anunció mirando para atrás antes de bajarse y abrir la puerta. Más tarde se desharía del auto, un problema a la vez. ¿Cómo es que había adquirido tantos al recién levantarse?
Sin preguntar ni avisar nada más. Se aseguró de llevar a su actual y mal herido invitado hasta su propio cuarto (o lo que era su cuarto en aquel lugar) y prácticamente lanzarlo sobre la cama. Las delicadezas quedaban para otra historia, tenían algo de suma urgencia entre manos.
Había tenido que forzar la cerradura, pues… con la jornada agitada de la velada anterior, apenas consiguió recuperar la llave de su propia casa. Si conseguía hacer algo respecto a las heridas, ya se podrían trasladar hacia allí y buscar más material. El apartamento por su parte se trataba de un sitio pequeño, bastante mantenido pese al desuso y equipado con lo necesario para ser un refugio en casos de necesidad. Incluso había cerrado algún que otro trato ilegal allí mismo. Ventanas con gruesas persianas, piso y mobiliario de madera, lo básico.
Desapareció por un momento en el interior del apartamento, hirvió agua, agarró toallas limpias (o lo que encontró más parecido), una botella de wisky, el kit médico y varios cuchillos… sí ¿acaso esperaban que tuviera un bisturí? Lo harían a la antigua o literalmente alguien moriría en el intento. Fue antes de que mirara las heridas que encendió la luz y se acercó lo suficiente para ver bien al rostro ajeno.
¿Sigues consciente? Dime tu nombre, quiero saber que poner en tu tumba en caso de… Ya sabes, lo peor –los gatunos y celestes ojos de Draven se mantuvieron expectantes a cualquier movimiento. En el peor de los casos, ¿qué, él se encargaría de tanto? Confiaba en que no llegarían a eso, pero aun no veía las heridas. Realmente se estaba tomando muchas molestias para ser que se trataba de alguien que estaba lo suficientemente jodido como para no poder caer en un hospital. A esa altura el rubio ya creía que seguía bajo el efecto de alguna sustancia, de lo contrario no se lo explicaba. O era que…
Esa sonrisa en el pelirrojo había impactado a la mente del detective de tal manera… La mirada ajena en la oscuridad de esa peculiar noche~ El rojo… rojo, rojo por todos lados. Ese hermoso color…
Morir en la calle era una mierda, lo sabía. Y puede que en ese acto buscara curar, además de al joven, a su propio y podrido corazón. En algún rincón su incapacidad para sentir lo estaba matando. Pasó tanto tiempo alejado de su humanidad que aquella cantidad rojo fue como un llamado. Vibrante… penetrante color.
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Re: Bleeding Love.

Mensaje por Nivam Salvglhad el Vie Dic 06, 2013 11:36 am

El destino… ¿Había algo más que aquel señor que decidía dónde colocar a las personas según su antojo? Abrir y cerrar los ojos no era un antojo que se interpusiera en su camino, en el honrado camino de desperdigar ilusiones por el suelo y pisotearlas aunque… ¿Por qué debatía su mente sobre cuestiones tan agudas? Nunca antes se había parado a pensar sobre el destino, sobre las aventuras que había vivido a su joven edad. Era un luchador y en eso no había duda alguna pero ¿Por qué aún seguía empeñado el destino en mantenerlo vivo? ¿Tanto se divertía el demonio haciéndole perder el tiempo de la manera más idiota? Tan solo bastaba un parpadeo para volver las líneas blancas de la luz sobre su rostro y cuerpo, borrosas. Tan solo bastaba un par de minutos para sentir que su cuerpo iba desvaneciéndose en cada tomada de aire, costosas tomadas de aire y el dolor había sobrepasado lo que llamaban “umbral de percepción” le entraban ganas de reír como un gilipollas fumado y bebido en la misma puerta de la comisaría policial, todo lo demás… Le resbalaba hasta el punto en el que podía reírse de media humanidad sin siquiera sentir pena o agravio de quien estuviese delante suyo y es que.. ¿Acaso alguien se había hecho valer para aquel? Aquel que tendido estaba, bajo pequeñas líneas rojizas que emergían de debajo de la que antes era una camisa blanca normal y básica para ir cómodo a ejercer su rutinario trabajo.

¡Oh! El destino se burlaba de él y no eran delirios de un próximo cadáver, en absoluto, respiraba e inspiraba con la misma tranquilidad con la que respira e inspira un hombre que  no ha hecho deporte en su vida pero que ahora le da por correr para sentirse más atractivo, porque sería muy vulgar escribir que respiraba con la fuerza e intensidad con la que se encontraba cuando se hacía una paja ¿No? No parpadeaba aunque seguía vivo, no hacía nada más que tranquilizar su anatomía pese a que recibía como intruso el par de balas que habían recorrido su cuerpo hasta atravesar su piel y esperando que un órgano no.  La sangre se había vuelto un sabor habitual desde que llevaba sentado en el acerado, ahora, mezclado con el olor a poco usado de la habitación, si es que era una habitación pues ni siquiera había dedicado un par de segundos a reconocer si aquello servía o estaba esterilizado para una intervención ¿Y su acompañante era el que iba a hacer el tránsito de sacarle las balas? Como bien decían.. Lo que no mata engorda.—Nnhg… A-ahh… -- Murmuró una queja, algo inaudible, luego se dedicó a toser sangre y a echar hacia atrás la cabeza, en busca de un consuelo, en busca de algo que le aferrase a la vida, a aquella cama mugrienta, a las paredes con olor a moho y desuso. A la habitación en general, vaya. Si moría en el cochambroso lugar que le había traído aquel al que únicamente reconocía por su cabello, juraba reencarnarse en un ente fantasmagórico que asustase al tio cada vez que fuese al baño, a disgustos su venganza. – Qu-que te follen…-- Sí, unas palabras muy hermosas para un epitafio de tumba, seguro recibía muchas visitas si moría en aquel lugar más parecido a un zulo.

Ladeó el rostro hacia algún lugar sin tener muy concreto hacia dónde, solamente para comprobar que no todo podía verse oscuro en el lugar que le atañía allí y en efecto al fondo pudo ver algo parecido a una persiana que entre los huecos de la misma entraba luz, la luz del amanecer de colores intensos, de uñas y haces de amarillo, naranja y rosa, que se mezclaba con la pálida mirada verdosa, de reptil de aquel que sufría delirios mentales sobre la circunstancia, atañéndose a que el compañero estaría dispuesto a ejercer de cirujano de un momento a otro ¿Y qué le importaba?  Había llegado un punto en el que todo, absolutamente todo había perdido el sentido de la vida, la carencia de la misma, los tratos amables quedaron escondidos en un cajón de cualquier caja registradora de cualquier mugroso bar con hedor a sudor y axilas.  Alzó entonces, una mano para levantarla y vérsela,  que la luz que iluminaba su rostro, tan dañina, no desgastase las pupilas directamente en lágrimas malhumoradas y rabiosas sobre su cruel y patético destino. Aquella luz que iluminaba su vida con un haz de esperanza, la luz que iluminaba el rojo, tiñéndolo por entero, de mil sensaciones y sentimientos hasta rodearlo por completo…

Tiempo de silencio para alguien, un réquiem por un alma que un día lucho para no perderse del todo en la oscuridad, aunque esta le cubría  y ahogaba hasta por el cuello.—He-hey… ¿Acaso tú… sabes.. Ahh… Hacer esto..? –Murmuró, ronco, casi sin voz, pero debía preguntar, si iba a morir al menos quería saber que le había tratado un experto para manchar su expediente por una negligencia y si por el contrario le había tocado un novato, si vivía, seguro que le dejaba las balas de recuerdo de su primera intervención “quirúrgica” a base de cuchillos jamoneros. – No dejes… N-no dejes que me salga... T-tanta sangre… Como te llames…--Obviamente ni siquiera le interesaba el nombre del rubio de ojos brillantes, se conformaba con salir vivo y cobrar la pasta que le esperaba sobre el mostrador de su propio jefe por haber hecho un trabajo limpio y haber salido impune ¿No era lo normal? Luego podría desperdiciar el dinero en vicios, en el cigarro de la risa, en vicios carnales y en caprichos estúpidos como un algodón de azúcar ¿Por qué no? Arrugó la nariz ante el dolor e instintivamente echó hacia atrás la cabeza, con un pequeño sollozo lastimero, había comenzado a dolerle ¿Y es que antes estaba inconsciente? Tal vez en el estado vegetativo después de fumarse un porro mientras se desangraba. No quería gritar, no quería morder, quería desgarrar, quería matar a alguien, cambiar su lugar por aquel hijo de puta que le había disparado no una, sino tres veces en lugares consecutivos,  abdomen, lateral izquierdo del estómago y hombro.

Sin embargo y a pesar de su cabezonería podía percibir que algo extraño sucedía en aquel lugar oscuro, algo alteraba el propio karma del pelirrojo que se abstenía de gritar para que los vecinos adyacentes no pensasen que su buen y puritano vecino rubio pensase que estaba follándose a alguno. Sentía que su corazón se aceleraba, sentía que todo era raro, estaba mal y estaba bien… Sentía, sentía la presión de la prisa, sentía tanto que siquiera podía decir o describir que era lo que sentía cuando el par de orbes celestes clavaban su mirada en el fangoso lago de sus ojos, y es que todo era tan raro… Que podría achacárselo a la pérdida de sangre, su delirio poco cuerdo, manchado del rojo más intenso jamás visto… Manchado del rojo de una simple mirada, de un simple tacto, de una emoción… De un nuevo sentimiento.
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Re: Bleeding Love.

Mensaje por Draven Slarck el Jue Dic 26, 2013 10:21 pm

Insano destino para aquellos que no miden las consecuencias de sus actos. Si se detenía a pensar y a meditar la situación, cosa que no hizo, habría visto la locura de lo que venía pasando. Actuaba como si se tratara de tirar una moneda al aire y esperar a que salga la cara por la cual apostaba.
Entonces, ¿no me dirás tu nombre? Tal vez deba llamarte, Bleeding mermaid. Si sobrevives ya hablaremos sobre follar –rio aprontando el material a los lados del joven de cabello de fuego y recobrando algo de su antiguo acento inglés. Entre el mar rojo y todo aquel cabello, tenía cierta lógica que le recordara a una sirena– Ten un poco de fe. Si te hubiera dejado tirado en la calle no estarías mucho mejor. Basta con que sepas que intentaré salvarte, vas a tener que confiar en mí. Y sí, sé lo desquiciado que eso suena, pero lindura, ¿qué otras opciones tienes? –las únicas palabras de consuelo que salieron de su boca– Déjame ver.
Se dispuso a desnudar la parte sangrante del cuerpo contrario. Definitivamente debía detener la hemorragia antes de que se complicara el doble. Con cuidado pero con prisa se deshizo de la ropa superior del sujeto. Admitía que se estaba tomando muchas libertades que no le correspondía,  ¿qué otra cosa haría? No es que la vida esperaría a que ellos se decidieran a realizar algo para salvarla y tampoco es que le importara la mala imagen que podía dar de sí mismo.
¡Fiuuh! –silbó al ver las heridas mientras levantaba las cejas. Tres lugares de impacto más o menos distinguibles entre tal manantial de sangre– Ni me molestaré en preguntar a quién enfadaste tanto como para que te hagan un colador –murmuró pensando de que podía encargarse de inmediato de las heridas que parecían ser más superficiales. El resto… debía hacerlo con mucho cuidado. De lo contrario se arriesgaba a ser él mismo quien matara al joven y no los propios balazos. Porque eso eran, heridas de bala, al menos tal “detalle” explicaba el no querer ir a un hospital. La policía no tardaba en caer cuando se registraban pacientes con dichas heridas.
Sus manos que no temblaban y su determinación lejos de mostrar signos de duda, acompañaban el semblante del rubio, tan indiferente al peligro, ante el peso que tuviera otra vida. Aunque quería saberlo, quería sentir ese peso y ser consciente del mismo, por lo menos por un breve momento.
–Pase lo que pase, intenta mantenerte consciente ¿Entendido? –habló con toda la seriedad que consiguió reunir en el lamentable estado en el que estaba– ¿Entendido? –repitió viendo que el pelirrojo era un sujeto duro de tratar, sangrante y todo– Vas a querer morder esto –le sugirió alcanzándole lo que se asemejaba mucho a un adorno de madera en forma de vara. La acercó lo suficiente a los labios ajenos para que fuera mordida por voluntad propia del otro.
Entonces, bebió un rápido trago del whisky y vertió agua tibia sobre las heridas, eso fue segundos antes de hacer uso de la botella de alcohol que tenía en el kit. Previamente a seguir aplicando presión con las pulcras toallas, debía limpiar medianamente la zona o no quería ver cómo terminaría aquello, a pesar del dolor que pudiera ocasionar. Si insistía lo suficiente y de la forma adecuada, conseguiría menguar el sangrado, por lo que bañó las heridas y la zona con los líquidos. Y miremos el lado bueno, en los tiempos en que curaba sus propias heridas, el whisky era para las mismas y no para beberlo como desayuno. ¿El joven preferiría de la ardiente bebida o con morder aquello sería suficiente? Todo el ardor que sus actos provocaban, a los que no anunciaba con la debida anticipación, pronto pasarían, así que no prestaba real atención a las consecuencias de los mismos. Un pequeño mal por un bien mayor. ¡Ja! Realmente Draven entre todas las personas estaba pensando eso, él que nunca había perseguido ningún bien que no fuera para sí mismo.
A continuación agarró entre sus dedos un par de pinzas que había hervido junto a parte del agua. Cierta emoción movida por el morbo de la situación se plasmaba en la expresión del policía. Se preguntaba qué tanto dolor soportaría el pelirrojo sin perder el conocimiento y que tan lejos iría él mismo con tal de ayudar a ese desconocido.
Comencemos por el hombro –murmuró roncamente mientras apuntaba la lámpara que estaba en la polvorienta mesa de luz, sobre dicha zona. En cuanto comenzara a hurgar la herida y la carne expuesta hiciera su típico sonido al ser tocada, ¿cuál sería la reacción ajena? Con las personas nunca se sabe con certeza. Tal vez debería atarlo, o tal vez no. ¿Quién sabía lo que pasaría bajo aquel olvidado techo?
“Cada mañana es un regalo, un nuevo comienzo de vidas que no estaban destinada a durar tanto. Ellos son tan débiles como cualquier humano, pero, más fuerte de lo que pensamos.”
Solía decir un compañero de narcóticos. ¿Por qué debía recordarlo ahora? Los años lo afectaban con mayor intensidad de la que era consciente. El polvo y la penumbra, el olor a humedad y madera, esos viejos cimientos no eran más que una prolongación del interior de Draven.
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Re: Bleeding Love.

Mensaje por Nivam Salvglhad el Dom Ene 26, 2014 1:50 pm

Podía reunir una serie de condiciones para romperle la cabeza allí mismo por arrojar el ardiente líquido sobre las heridas, podía, pero sabía que era necesario para desinfectar de donde hubieran estado las balas metidas, que prefería no hacerlo, aunque ni ahora podía imaginar otra cosa más que el dolor y la tensión que sentía en las zonas cuya piel sensible se veía levantada por el impacto de la bala. Su mente no entraba a razones y no quería siquiera razonar, era una pérdida de tiempo ¿O un alivio? No pensaba sus movimientos, su cuerpo se veía guiado por la tensión de las balas, por sentir el dulce sabor de la muerte acariciar con sus dedos huesudos las mejillas y de clavarle las uñas en la garganta para que tragase lento, ahogado. Su mente ahora no tenía ninguna imagen para tratar de olvidarse que había un señor rubio con pinzas de depilar tratando de quitarle las balas que sentía que le abrasaban la piel, sin embargo su cuerpo reaccionó con la lógica que se esperaba; morder la madera y  clavar lo colmillos en ella como si no hubiera mañana, con la expresión lógica de ira y furia contenida y un grito ahogado, gutural, por el escozor de sentir como el mismo alcohol se colaba dentro de sus heridas y le ardía, no era para menos, que hasta levantó el pecho como reclamo de dolor hasta conseguir calmar los “nervios” y volver a apoyar los omóplatos en la mesa, que ya no le parecía tan fría, o la lámpara cuyo reflejo podía dejarle ciego por una eternidad ,no. Ya no sentía nada más, que cuando volviera a ir por aquel jodido barrio le reventaría la cabeza a balazos al blade que le hizo aquello, era evidente que la rabia contenida y la venganza era una de las razones por las cuales ardían sus ojos de esmeralda profundo.

No sabía cuánto aguantaría soportando que aquel hombre hiciera su trabajo y cuando hiciera su trabajo le tocaría la dura parte de tener que tejer la propia carne “descosida” de su piel, marcada desde ahí en adelante por tres feos balazos, no sabía cuánto tiempo tardaría en cerrar los ojos pero debía mantenerse despierto, no sabía cuánto tenía que seguir aguantando, qué respiración volver a llevar para que todo saliese perfecto, simplemente no sabía cómo volver a vivir  escenas que ya había visualizado desde pequeño, simplemente… No recordaba cómo el dolor físico podía repercutir en una persona, dado que en cada vez que había tenido que intervenir él en su cuerpo habían sido acciones diferentes, hechos que habían marcado, pero que uno nunca volvía a esperar que sucediera…

Podía crear un cuaderno de bitácora de sus acontecimientos memorables, como aquella vez que tuvo que saltar de un edificio muy alto para que no lo matasen, pillándolo en pleno trabajo, todo el armamento que se quedó allí tuvo que reemplazarlo de nuevo, o cuando tantas veces ha tenido que peligrar su vida, ser francotirador implica, además, que otros francotiradores te apunten a ti ¿No? Comenzó a respirar fuerte, tratando de calmar los nervios que hacían que su corazón palpitase como si estuviese bailando en la vena que cruzaba su cuello, marcado por estas y por los husos prominentes al tener la piel fina en esa zona, esperaba no seguir mordiendo aquel instrumento y que algo se clavase en sus encías, entonces sí tenía que conseguir fuerza de flaqueza para ahorrar para una endodoncia, con lo que le gustaba su dentadura perfectamente alineada y blanca ¡Y lo que le había costado que no se picasen! Aunque tampoco es que fuera un goloso.  Apretó los párpados con fuerza, suspiró, relajando la mandíbula, miró a un lado tras abrir dichos párpados, primero el izquierdo, luego el derecho, alguna hebra rojiza que volvía a su rostro con motivo de moverse desesperado por sentirse encarcelado como un conejo dispuesto a que experimenten con él ¿Dispuesto u obligado? Apretó aún más fuerte los párpados y entreabrió los labios, empujando el objeto con la lengua  hasta acabar por escupirlo a uno de sus lados, sentía la boca pastosa de morderlo, la garganta dañada. Si gritaba esperaba que se pensasen que había sido un tío muriéndose de un orgasmo brutal producido por aquel pibe rubio.

O una eyaculación dolorosa, cada cual podía imaginar demasiadas cosas, demasiados enfermos mentales, demasiadas personas morbosas. Volvió el rostro hacia atrás, ya estaba más sereno, dentro del escozor de las heridas, y del sudor que corría por su rostro en forma de gotas, incluso por el pecho y el cuello, sudor que reflejaba el esfuerzo físico  y mental por evitar tensar las zonas afectadas, relajar la respiración y mantenerse despierto  aun si ni siquiera tenía fuerzas para mantener los ojos y tenía que parpadear un par de veces. Tal vez una bofetada le ayudaba a animarse, pero a esas horas de la madrugada, hasta el sonido del eco de una bofetada podía retumbar y molestar a los vecinos tocapelotas que tuviera aquel tipo duro con las pinzas de depilar.
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