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I eat you alive

Mensaje por Oliver Wollfgang el Jue Ago 01, 2013 12:46 am

La noche caía como un manto sobre los edificios que se alzaban imponente con sus luces, el cielo se manchaba de alójenos coloridos de entre ámbar y blanquecino y rasgando el cielo, los rascacielos ofrecían una parpadeante luz rojo carmín para señalizar que por ahí podía haber peligro… ¿Pero el verdadero peligro vendría del cielo? No, venía de la tierra, y venía de la oscuridad. Latía él ¿O latía su corazón? La música de los grandes altavoces podía escucharse hasta en el asfalto. Los cristales rotos en el suelo retumbaban al son de semejante música que pedía a esas personas, las reclamaba, invitándolas a pasar dentro del local bajo el reclamo de bebidas gratuitas y paquetes de cocaína en los bolsillos. Los coches se veían como meros bultos en la oscuridad, bultos que podían transformarse en sombras malditas y maltrechas para aquellos que llevaban más de dos copas, sin embargo él seguía en pie allí, en mitad del asfalto.

Ataviado de unas converse negras y unos short vaqueros que cubrían lo que prácticamente eran los glúteos endurecidos por la juventud, los cuales se desfibraban en hebras y corrían por esas eternas piernas, una camisa holgada y negra ligeramente rasgada. Paso firme, de largas y torneadas piernas de un blanco tan apetecible, marmoleo, era porcelana que al parecer quería quebrarse entre esos lugares donde la fantasía y el humo subían como la espuma. Pero lo que remarcaba su paso no era otra cosa que la alta coleta donde recogía su cabello que danzaba de un lado a otro, tan rubio, parecía que el sol quería volver a salir de entre las hebras de su cabello y el firmamento alzarse bajo sus orbes.

¿Acaso brillaba otro astro más que aquel colegial que volvía sus pasos hacia el peligro? Como caperucita hacia el bosque, solo que tal vez, el lobo le esperaba con una copa en la mano… No tardo apenas en acercarse a la puerta del sitio, la adrenalina de las peleas que evaporaban así hacia arriba, del suelo, las anfetaminas y su característico sabor dilatando las pupilas de las personas. Personas que se agrupaban en la puerta en dirección hacia el interior o hacia el exterior para formar “bulla” fuera, las peleas de local bajo ese efecto alcohólico. Sólo el cielo sabría lo que se cernía en el asfalto entre el humo de los porros y el vapor que iba desde el local hacia fuera cada vez que se abría la puerta. Aprovechó así el rubio un par de morbosos magreándose para entrar sin que ningún despojo humano rozase su inalcanzable cuerpo de estudiante oh, adorable niño bueno. Con la mano izquierda sacó el coletero que sujetaba su cabello, dejando que sus largas hebras cayeran en cascada sobre su espalda, arqueándola al sentir el choque de sus cabellos contra esta. Y despacio, observó bajo esa mirada de cristales forjados a cada integrante del bar, bajo la densa capa del humo del antro junto con el vapor y el olor a licor chocó contra sus fosas nasales que, pronto acabaron enrojecidas como sus pómulos pero solo fue una tenue proyección de lo que era esa especie de cámara de gas que trataba de dar efecto a los movimientos de las personas en la pista de baile.

Los cuerpos se veían como sombras sedientas de algo más que una simple cerveza espumosa, sedientos de sexo, sedientos de semen, sedientos de droga. Daba tanto asco desde fuera que su primera reacción fue una mueca bastante irregular ya que era una de esas veces que se escapaba de casa en busca de algo de aventura, como adolescente rebelde que era bajo esa capa de niño bueno que estaba en un colegio privado y sacaba una matrícula de honor por estudios. Todo era tan amorfo y distante, a su vez era atrayente, a esos ojos que veían por primera vez cómo las personas iban moviéndose entre infinitos rituales en la pista de baile incluso fuera del recinto, al menos había un ventilador que refrescaba el ambiente y no lo cargaba de otras sustancias como el humo de los puros y de los porros. A medida que comenzó a dar pasos, se abría a un nuevo mundo, primero visualizó a las personas que se magreaban en las esquinas oscuras de la discoteca y otras que simplemente se tocaban en la pista sin más, con el morbo de las mil personas que seguramente se tocaban mirándolas, como una escala trófica. Y aquel rubio vagaba entre los escombros que dejaban esas personas, solitarias apoyadas en la barra en busca de una pareja alcohólica que compartiese las penas de esas personas que habían perdido a su pareja por una tercera, mantenía esos ojos tan azules abiertos a cualquier movimiento extraño que pudiera acercársele, a él. Sonrió. ¿A cuántas parejas habría roto ya por simplemente depositar su piadosa mirada sobre otros? Avanzaba sin avanzar hacia algún lado sin rumbo hacia los colores que había en la pista, las personas, chocaban unas con otras pero él tenía la sensación de que nadie rozaba consigo, era el resplandor de luz e inocencia que colmaba aquel antro de sucesos carnales.
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Re: I eat you alive

Mensaje por Robert Burrows el Dom Ago 04, 2013 8:45 am

Otra noche, el mismo ambiente, las mismas expectativas. Acuerdos, contratos y algunos ajustes de cuentas formulaban la totalidad de lo programado hasta la siguiente salida del sol. La mierda de todos los días, mientras el dinero, las drogas y el mar de gente continuaran fluyendo, se podía considerar una jornada productiva.
Basta de escusas, el plazo del pago vence hoy –dijo al hombre de mediana estatura frente a él, a quien le temblaban las manos y las frías gotas de sudor que resbalaban por su frente, delataban un notorio nerviosismo– Tienes un par de horas –agregó tras mirar su propio reloj– Deja de desperdiciar el tiempo y ponte a trabajar, seguro que no te faltan clientes –el tono de voz que empleaba sonaba áspero, grueso, pero carente de emoción, de interés por ese intento de hombre frente a él. Era de conocimiento popular la falta de tolerancia de Burrows ante el fallo de los acuerdos, si aquel vendedor de droga decía una palabra más, en lugar de conseguir extender el plazo de su deuda, escucharía el sonido de sus huesos al quebrarse – Vete.

Volvió a quedarse solo en su lugar de la segunda planta. Las sombras lo amparaban, el ocasional destelló de lo que fumaba iluminaba sus ojos, brillo de un gélido color, y el humo que exhalaba dejaba una fina neblina a su alrededor, nociva, asfixiante. Así, estiró lentamente el brazo por el respaldo del sillón en el que estaba sentado y volvió a inhalar una amplia bocanada para luego exhalar, una y otra, y otra vez. En el proceso, movía con una pausada intensidad las rocas que tenía por músculos de su pecho y de su abdomen, visibles para cualquiera. Su desnudez superior únicamente era amortiguada por una chaqueta negra, desprendida. Un pantalón del mismo color se ceñía a sus piernas hasta perderse en un par de botas vagamente ajustadas.

El espectáculo se mantenía dentro de los márgenes de lo previsto, hecho bueno para los negocios, malo para el aburrimiento. La monotonía aumentaba el fastidio que se gestaba en su interior a medida que la velada avanzaba. A ese paso iría a la siguiente reunión  con un humor que no beneficiaría a nadie, necesitaba liberar tensión.
En un brusco movimiento se puso de pie y caminó hasta las escaleras que daban al primer piso. Al llegar apoyó ambas manos sobre la barandilla, con el puro en la boca y la mirada en la pista. La música no tardó en chocar contra sus oídos, fuerte y desbordante. Con el paso de los años trabajando en la taberna, había adquirido cierto gusto por esos sonidos cargados de notas pesadas, esas que parecen invadir las capas más profundas de la piel y golpear desde el interior. Tan invasivo como las luces y los aromas que rodeaban a la multitud, esas personas que entre el escaso espacio y los sedientos movimientos, perdían la calidad de tales y pasaban a ser como bestias, primitivo instinto aflorando de aquellas decadentes almas. O no tan decadentes…
Sus sentidos abandonaron su cuerpo atravesando como un relámpago a esa multitud  y fueron a parar en una figura en especial. Conocía al dueño de esa figura, no realmente, no en persona, pero, lo conocía, era jodidamente inconfundible. Así pues, clavó los ojos en ese joven que se deslizaba con la suficiente habilidad para evitar el contacto con el resto. ¿Qué estaba haciendo allí? El nieto en vivo y en directo de la persona para la cual realizó más encargos, y aun realizaba. Cuán inesperado suceso.
Se tomó un par de prolongados segundos para apreciar la caída de aquel soleado cabello, las jóvenes facciones propias de esa tierra. Un tosco sonido traspasó las fronteras de sus labios y se desvaneció opacado por los otros sonidos del ambiente, un intento de risa, de risueña ironía. Al parecer, todos en la familia Wollfgang tenían esa maldita delicadeza en sus formas. Aunque la delicadeza del Wollfgang mayor quedaba oscurecida por las acciones del mismo, era un viejo duro de roer, tenía que reconocerlo. ¿Qué tan similar sería su nieto?
Desde donde estaba, sin variar su pose ni su expresión, ni el objetivo de su mirada, le dio indicaciones a uno de los empleados que se encontraba a su lado. Éste bajó al instante y murmuró varias palabras a dos de los vigilantes del primer piso. Burrows quería mantener vigilado al muchacho rubio, lo suficiente para que saliera de allí en una pieza. Claro que, era partidario de que las personas buscaran sus propias soluciones para sus propios problemas, sentía un morboso interés por saber cómo el joven se las arreglaría entre la vulgar muchedumbre, pero tampoco tentaría a la suerte de que bajo su techo algo le pasara al nieto del jefe. Luego, el empleado simplemente se dirigió directo a Wollfgang y levantando la voz para que éste lo escuchara, le dijo.
Parece que es tu día de suerte dulzura –una sonrisa ladina acompañaba a las palabras, probablemente el empleado mal interpretaba las intenciones de Burrows, pero ¿importaba? Mientras cumpliera la tarea encomendada, el resto que se fuera al infierno– Si quieres bebidas, corren por cuenta de la casa, y si prefieres ir al segundo piso, tienes libre acceso. El jefe te recibirá –señalo en dirección a la sima de la escalera donde se encontraba el susodicho.
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Re: I eat you alive

Mensaje por Oliver Wollfgang el Dom Ago 11, 2013 4:38 pm

Calor  era lo único que sentía cuando ese humo se aproximaba a su rostro, el humo que no era más que el vaho o chispas de agua que trataban de esos ventiladores que pretendían que las masas de gente se calmasen y siguiesen bailando unos tras otros, que siguiesen presentando esa insana forma de perpetuar un ritual que finalizaría con un coito masivo, el sudor de las personas, el humo de las drogas y la cara de deseo no era más que el inicio de la noche, de la noche de las personas sedientas, sus rostros se tornaban diabólicos y sus sonrisas se volvían penetrantes, como demonios sedientos de almas jugosas que sustraer y él, brillaba, sus alas e inocencia se extendían por la pista, como el fulgor del halo que brillaba sobre su cabeza o el sublime movimiento, la piel aterciopelada de la inocencia que daba paso a que la malicia quisiera rozar un ápice de la tela que poseía su cuerpo, la seda de sus gestos. Apenas pudo llegar sano a la barra donde estaba el bar, y tranquilamente tratar de apoyar los desnudos antebrazos, una de las impúdicas rodillas de porcelana bajo la barra y mirar al frente cuando alguien llamó su atención y tuvo que girar el rostro hacia el hombre que parecía querer conversar con él. Como tantos otros que miraban su figura alzada, casi tan  efímera como un sueño. Con el codo apoyado sobre la barra ladeó la cabeza y posó de perfil a aquel que hablaba sin parar y cuando terminó de hablar el joven posó el dedo índice sobre los labios del chico.-  Hablas demasiado. No esperaba menos de tu jefe. – Su susurro contundente sentenció sus actos que se vieron reflejados de unos suaves movimientos de cadera para alzarse y dejar de apoyarse en la barra, sería mejor emigrar a otro sitio del bar donde las águilas no clavasen sus ojos sobre la desnudez de sus torneadas y joviales piernas.

Las personas que bailaban dibujaban trazos curiosos sobre la pista, sin embargo sus azulados ojos no querían observar como la muchedumbre se rozaba, para él esos actos no hacían más que darle arcadas, más que querer irse de allí pero su misión era contundente, no debía faltar a la palabra jurada al mayor y jamás lo haría. Comenzó a caminar, suave, despacio, hacia un punto muerto y después de haber ojeado todo volvió a caminar despacio, como la seda, en dirección de aquel hombre al que deseaba ver por orden de su abuelo. No debía desbaratar ninguna de las ideas que tenía éste en mente y ser correcto diciendo lo que tenía que decir. ¿Es que acaso era tan difícil? Llevaba años haciéndolo solo que nunca había contactado con  ese hombre y tal vez esa era la razón de su nerviosismo interno. ¿Pero se le notaba acaso? La piel de su rostro parecía ser tejida con la misma tela con la que se lucían los lienzos, tan clara y tan pura, sólo el color de las mejillas iluminaba la vista del chico, una vista que perlaba hasta la última gota del océano.

Con pasos ligeros teñidos de arrojo y descaro de la juventud comenzó a caminar decidido, bajo esos contoneos usuales de sus caderas, las piernas desnudas al igual que sus brazos y sobre todo esa camisa holgada que  por la espalda era de un tejido transparente y oscuro, haciéndole ver las curvas de su espalda, hasta los diminutos hoyuelos por encima del trasero y del borde del pantalón vaquero que sólo tapaba esas dos nalgas endurecidas. Las típicas converse… Cuando llegó a estar cerca de la escalera donde parecía que estaba ese hombre, sacó de uno de los bolsillos el sobre del dinero que tendría que pagarle a aquel hombre. El sobre del dinero que siempre prometía su abuelo por hacer un trabajo limpio y sin dejar restos ni manchas, entreabrió los labios cuando llegó allí y comenzó a subir los escalones uno por uno hasta quedar al lado de aquel hombre, sin estar frente a él.—Tengo algo para ti.—Fue su único susurro antes de proseguir subiendo escalones hasta la parte superior del piso, donde sí le dejaron pasar. Era asombroso, ahora sabía exactamente como podía sentirse una persona vip en un reservado en una discoteca, en fin. Él después de esto no volvería a actuar, sólo, y tal vez, si su abuelo se lo pedía claro. Decididamente se aproximó a una de las mesas, donde lanzó el sobre del dinero y cruzó los brazos  a la espera de que aquel hombre de grandes dimensiones estuviera frente a él, sin embargo Wollfgang no esperó mucho para empezar a hablar.—Un trabajo de parte de mi abuelo. La policía anda tras él y no quiere arriesgarse a que le cojan porque tiene algo entre manos bastante grande… Y  quiere contratarte para cumplirlo.-- ¿No era más que obvio? Oliver era una imagen tan pura que nadie desconfiaría de él, bastaba con sonreir débilmente para hacerse paso entre la muchedumbre, o tal vez mostrar algo más de piel, sin embargo… Esa piel no era de cordero.

Erst wenn die wolken schlafengehn
kann man uns am himmel sehn
wir haben angst und sind allein
• • •
Gott weiss ich will kein engel sein

"Saint era la palabra que tenía tatuada aquel muchacho en la parte trasera del muslo, bajo el glúteo derecho para ser más exacto, algo que logró conocer un hombre que debía su fe a la Santa Iglesia, alguien que jamás soñaría haber conocido a aquel demonio con rostro de ángel. Sólo el recuerdo del color de la habitación que era del mismo color rojo que la sangre, la cama de color violeta y las cortinas que tapaban estas con ligeros agujeros de cigarros, al igual que en la colcha. Saint era la palabra que repetía aquel hombre mientras se quitaba la toga negra, empezando por la cinta de color blanca que reataba su cuello como símbolo de fidelidad, no era sino, el recuerdo del fuego de la chimenea lo que ardía, no... Ardía el infierno esperándolo. Ardían sus ojos con el vestigio de cómo se desnudaba el muchacho, como dejaba que la ropa no se adhiriese a su cuerpo en el pequeño baile  que deparaban sus caderas para aquel cura. Suave, sensual, la piel perlada de él se movía cual serpiente, sus curvas manejaban con deseo cualquier acto de aquel hombre, despacio, deprisa, a petición de lo que ese hombre escogiese, sentado, agachado, obedecía, lo miraba, sugerente, aunque lejos de aquello no seguía siendo más que un trozo de carne. El rubio apoyó la descalza planta del pie sobre la entrepierna de aquel puritano que se aferraba a su pierna, respiraba el humo del infierno, le ardían las manos de esa pecaminosa piel, sonreía, y su sonrisa se prolongaba con gemidos de deseo de obtener más. Ese chillo llevaba tatuado perdición, ese chico era el demonio, decía. Echaba hacia atrás la cabeza por el contacto del pie del infante esa zona candente, sin usar.  Se volvía hacia delante con gemidos fuertes, retorciéndose pero sus gemidos pronto encontraron el silencio, su cuerpo se halló herido de muerte, el humo de la glock 18C el ardor del infierno había consolidado la forma efímera y mortífera de una bala, incrustada en el cráneo del pederasta que había compartido muertes junto a ese hombre, que expectante y bajo la risa mortífera del abismo miraba cómo moría. ¿Un testigo menos? Deseaba quedar sin cartas a la policía.


Lo haces muy bien… Lo haces realmente bien. Sabes cómo dar en el punto exacto para hacer que pierdan la cabeza. Te he enseñado muy bien, Oliver. –Resonaba esa frase en su mente, como el sabor de la sangre del hombre que yacía en la cama con la mirada fija en el techo y un agujero entre ceja y ceja.—Estoy muy orgulloso de ti. Estoy realmente orgulloso y por eso… Confio en que le entregues una cosa a alguien muy especial. Quiero que acabe con el último testigo que puede saber mi paradero.
"
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Re: I eat you alive

Mensaje por Robert Burrows el Lun Ago 19, 2013 11:04 pm

Uno de los Wollfgang moviéndose bajo su techo, hecho que le producía una enfermiza excitación, una ilusión de poder sobre aquellos que eran intocables. Robert vivía a la sombra de ese apellido, no existía ni tenía que existir ningún relacionamiento visible entre ellos. Él era un arma empuñada por los que sabían cómo blandir su filo, su voluntad debía lealtad a estos amos. Pero ¿qué puede saber un hombre como él de deber y lealtad? Esas palabras tan poéticas no tenían cavidad en su vida. Él solo se encargaba de saber quién y en dónde, para luego hacer uso de sus habilidades y recibir una suma de billetes a cambio. La diferencia era marcada por el punto en que el Wollfgang mayor adquiría preferencia a la hora de adquirir los servicios de Burrows, y el motivo era simple, el viejo alemán sabía negociar mejor que nadie.
De cualquier forma, no hubiera imaginado que la visita se trataba de negocios hasta que el muchacho subió las escaleras y pronunció las palabras que, sin duda, significaban “negocios”. Era la primera vez que veía en persona a la descendencia de esa familia y las circunstancias resultaban llamativas, incluso para él.
Antes de seguirlo, dejó en claro a la seguridad del segundo piso que no quería ser molestado hasta que terminara con el joven rubio. Al alcanzar a éste, contempló en silencio el sobre que era lanzado en la mesa, sobre que conocía a la perfección. Posteriormente llevó la vista a quien lo lanzaba.
Directo a lo que importa, eso me gusta –fue su respuesta. Y a decir verdad, no evitaba preguntarse qué sería tan importante para enviar a ese cordero directo a la boca del lobo. ¿O es que, no se trataba de ningún cordero y en ese joven había más confianza depositada de lo que pudiera suponer? Porque estaba claro que la taberna era un territorio peligroso si no se tenía una buena mano de cartas, lo que no estaba claro era con qué cartas jugaba el joven Wollfgang. A pesar de que no era su maldito problema resolver esa incertidumbre, prefería hacerse una clara idea sobre la persona con la que trataba y no pecar subestimándolo.  
Dio varios pasos más y quedó junto a Wollfgang. Fuera lo que el muchacho fuera, el tenerlo bajo la mira le bastaba para amenazar con despertar a la fiera que habitaba bajo su musculatura. ¿O es que su falta de liberación de tensión le provocaba ese insano deseo de estrujar a alguien? Así es, en el pálido y difuso celeste de sus ojos, en la contracción extrema de su pupila, brillaba en silencio un filo cargado de vulgares deseos. El aire de instintos primitivos que se respiraba en la atmósfera del lugar, también impregnaba su existencia. Tanto que, sin previo aviso estiró la mano hasta hundir el dedo índice en la cavidad del bolsillo delantero del pantalón de Wollfgang. Presionó allí para atraerlo unos centímetros y lo hizo con una falta de delicadeza que contrastaba con la armonía de las facciones ajenas.
¿Tienes el segundo tipo de sobre? –cuestionó  arrastrando las palabras ásperamente,  esta  vez el puro que aun apretaba entre los dientes cargaba con la culpa– El que tiene la información del objetivo ¿O tendré que escucharte dándome los detalles? –un grave sonido resonó en su garganta, más que de desagrado por la idea, en desagrado al hecho de tener que seguir lidiando con la tensión  acumulada, esa  que fluía por sus músculos y resaltaba las venas en ellos.
Pero, negocios eran negocios, así que le devolvió el espacio personal a Wollfgang y dio otros pasos, para terminar sentándose en un sillón cercano.  Sin mayor preámbulo tomó el sobre y apenas abriéndolo, palpó el monto que contenía. Algo de humo escapó entre sus labios antes de que una sonrisa se formara en ellos, tal cantidad de dinero solo podía significar  que sería un trabajo de esos que hacía tiempo no realizaba.
Tu abuelo siempre tiene algo entre manos –dijo con cierto doble sentido. Simultáneamente volvió a dejar el sobre sobre la mesa e inclinando su torso para apoyar los codos sobre sus propias rodillas, miró otra vez al muchacho– Si está dispuesto a contratarme, imagino que es algo realmente grande –comentó sin el más mínimo interés de saber al respecto, simplemente era algo remarcable. La última vez que se coció un asunto de grandes magnitudes en la sombra de Steinburg y que Burrows tomó más vidas de las que era capaz de recordar, las cosas no habían acabado precisamente bien. Hasta tuvo que apartarse por un tiempo y adquirir esa condenada taberna para cubrir su rastro– Toma  asiento –propuso con aparente calma, o quizás era la resignación de que jamás se negaría a un encargo de ese hombre- ¿Quién, dónde y cuándo?...
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Re: I eat you alive

Mensaje por Oliver Wollfgang el Jue Sep 26, 2013 8:51 pm

Un sitio aún más lúgubre que el anterior, cuyo olor no era ni mucho menos que la mezcla de tabaco, puros, alcohol y algo más fuerte que no lograba distinguir qué era exactamente pero suponía que era el fuerte perfume varonil que se mezclaba con el suyo que era suave y adaptado para tal manera de expresar sus movimientos, suaves, duraderos, tan sensuales que casi cualquiera quedaría evocado del par de gestos que podría hacer con las manos, sin embargo  y aunque a su pesar tenía que seguir bajo el hedor mezclado  con aquel destellante hombre, con el consuelo del olor de su cuerpo radiaba la aureola de olor tierno y dulce, vainilla y crema de jojoba, arándanos y dulces fresas, aroma de juventud, aroma  vivaz. Brillante, como en un halo de luz, armonía y serenidad, ese cuerpo delgado que resplandecía cual ángel. Ni siquiera los fuertes dedos que sostenían el borde del pantalón que corto enseñaba cómo esas largas piernas actuaban en un gradiente de color alrededor de la zona interna de los muslos hasta que cubría la capacidad visual  que gobernaba sus ingles, apenas visibles, tal piel delicada, tal piel de terciopelo, teñida de arrojo y descaro bajo el color oscuro de dicho pantalón que cubría ésta. Su abuelo ya le había advertido de cómo era aquel hombre y que tenía que tener cuidado con la forma de actuar de éste, sin embargo para el joven de cabello tan claro sólo le parecía un juego en el que tenía que cazar a la fiera, que en este caso no era más que aquel hombre de aspecto rebelde. El rubio aprovechó  el momento de cautividad para, delicadamente, acariciar con una de las yemas de sus dedos finos y rosados aquel pecho curtido y rocoso de hombre entrenado, arreglando la camisa cuidadosamente entre sus dedos.—Mmmmh… Impaciente para los negocios… Ya veo que te urge conseguir ese dinero… Aunque apuesto a que… Seguro que eres capaz de salir de los apuros sin problemas…  Con esa impaciencia…-- El joven rubio cuando fue  soltado de las garras del lobo feroz sonrió con suavidad, esa suavidad inhumana que le caracterizaba, casi alumno de puros dioses, bajo el halo de endiablada inocencia que curtía esa sedosa piel visible… Ese aspecto particular, la forma de moverse… Su abuelo en vivo y en directo, en plenos años de jovialidad.

Tardó apenas un par de minutos en recomponer el aliento de la presencia del hombre delante de su cuerpo, pues en su interior batallaban miles de sensaciones. ¿Para qué quería su abuelo que lo tratase así en particular? Podía decirle las cosas desde un punto de vista más formal o informal, pero no. Debía hacerlo así y así lo haría, era su trabajo. ¿Qué tramaba aquel hombre de ojos color océano, de cabello rubio canoso y sonrisa endemoniada? Sus ojos, ese infinito cielo turquesa de hebras claras clavó la mirada sobre aquel hombre que le duplicaba la edad. Esos ojos inquietantes,  voraces. Bajaban desde los pómulos de las mejillas del varón, alcanzaban a rozar con sus orbes la línea difusa del cuello, la clavícula… El pecho musculado y la presión de los brazos bajo la apretada vestimenta. Entreabrió los labios, antes de que su felina mirada llegase a alcanzar la barrera candente de la cadera del varón.—Anníbal Sglavaght… Habrás oído hablar de él, por mi abuelo. –Sentenció despacio, pausado, volviendo la vista bajo un lento recorrido de nuevo a esos ojos de humo.—Anníbal es tu objetivo. Tienes que lograr toda la información necesaria sobre su condición en la cárcel e idear cómo podría salir de allí. Con palabras textuales… Desea verlo, saber de él. Tal vez tenga fines más privados una vez éste esté fuera, que no sé con certeza. ¿Algo que desees decir al respecto? –Esperó durante un par de minutos, largos minutos, hasta que un chico que servía antes en la barra, al que antes le había pedido una bebida (Zumo de uva o también dicho como mosto de uva)  venía apresurado subiendo las escaleras, descansó unos segundos y se dirigió al jovencísimo de cabellos color de oro, tomó el delicado vaso de cristal ancho, cuyo líquido bordeaba el color vino ¿No era obvio? Estaba hecho de uva, aunque era un delicado zumo para una persona tan especial.

Aquella juventud reunida en un cuerpo tan hermoso  y delicado, pero a su vez bajo ese atisbo de la juventud de un chico adolescente, a medio terminar, delicioso pecado de piernas hábiles y tenaces… Aproximó el vaso de cristal o la copa, al par de labios, apoyando éste súbitamente en el inferior, inclinó el vaso y manchó el interior de su cavidad bucal con el dulce e intrigante sabor del zumo de delicado sabor, el frescor del hielo… Incluso esa traviesa lengua juguetona osó relamer el labio inferior, donde seguro que habían quedado posadas un par de gotas de ese turbador color. Unos minutos de relajación para su garganta, para esa voz tersa y suave, como un susurro. Pero a la vez asesina, demonio de demonios, en el cuerpo delicado de un ángel recién caído del cielo y antes de comenzar a hablar de nuevo con el hombre, se aproximó a este para sentarse en alguno de esos cómodos asientos ¿Qué parecían ser de cuero? No veía bien entre la oscuridad de la noche, la penumbra del local. – La fecha límite es antes de que ejecuten al preso.  A lo mucho será dentro de… 6 meses. Sí, tienes antes de 6 meses para sacarlo de allí. Mi abuelo está dispuesto a subir la paga por el trabajo siempre y cuando Anníbal salga vivo y sin un rasguño.  Algo que me cuestiono, si acabará con él. –Esto último lo susurró, dando otro sorbo pausado a su bebida color oscuro. Sabrosa y refrescante para una boca juvenil.

Siguió charlando sobre condiciones y cómo podía sacar a aquel hombre de la cárcel, era demasiado lo que le había dicho su abuelo acerca de ese tal Anníbal como para escribirlo en una carta y eso se lo hizo saber al hombre de cabello ceniza. Por último dejó el vaso sin bebida, sólo con los hielos que sobresalían por el brillo que ejercía la luz de la pista sobre ellos y en un acto de niñez, a respuesta de finalizar el contrato, tomó uno de esos hielos entre las yemas de sus delicados dedos, acercándolo a esos labios de terciopelo, posándolo sobre el inferior, humedeciendo la tibieza de éstos en el frío del hielo y suave, como en una pequeña brisa de sentidos, esa lengua de rosado color apareció, lamiendo delicadamente las gotas que resbalaban del hielo por este. Aunque algunas escapaban sutilmente por sus dedos, refrescando esa piel… Esa piel de cordero.
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Re: I eat you alive

Mensaje por Robert Burrows el Dom Oct 06, 2013 8:09 am

Miraba a Oliver con el brillo de una fiera rabiosa y sedienta en sus ojos, la imparcialidad de los músculos en su rostro contradecía al caos que inundaba al iris de escaso color. Ni él mismo conocía el momento exacto en que se quebraría su aparente tranquilidad dando paso a la bestia, tal vez en los próximos diez segundos, tal vez en ese mismo instante al ser objetivo de tan pura observación, o tal vez, cuando saliera otra palabra de la boca ajena, difícil predecir con exactitud los arranques de furia, de bajos instintos de una bestia. Pero, al escuchar la siguiente declaración del menor, no fue la vehemencia interior que surgió a la luz, fue un rostro sombrío y dudoso lo que se plasmó en su cara. Ese nombre, ese nombre le hizo fruncir el ceño y atender a cada palabra que pronunciaba el muchacho. Claramente Burrows no era un hombre curioso, pero ese pedido golpeaba la cabeza y hacía añicos a la imparcialidad.
Existían ocasiones en las que preferiría no saber nada sobre el Wollfgang mayor, que tantos años trabajando para él no le hubieran dejado nada más que dinero. Lo cierto es, que para su pesar, no era de ese modo,  conocía parte de la historia del viejo hombre. Algunos dicen que el conocimiento es poder, Burrows creía que mucho conocimiento sobre una persona crea obsesión por la misma y no tenía el más mínimo interés en sentirse de ese modo por una persona que conocía tantas formas de acabar con una vida. Así es, incluso alguien como Robert que nada tenía para perder, sabía lo que era el respeto, ese respeto nacido de un silencioso temor. La oscuridad que cargan algunos individuos, esa oscuridad que impregna todo a su paso, marchita y correo a su antojo, era suficiente para no arriesgarse a ser idiota con ellas, a no jugar ni involucrarse demasiado con los Wollfgang.
Sin embargo, Anníbal Sglavaght no era cualquier objetivo, no señores, su mero nombre significaba más de lo que llegaba a comprender. Y lo que es peor ¿Sacarlo de prisión? ¿Es que alguien había perdido un tornillo mientras él envenenaba su cuerpo noche tras noche entre vicios? Era la prisión de Steinburg de la que estaban hablando, una cosa era mover los hilos para que lo mataran aun estando en cautiverio, otra muy distinta era velar por la libertad de un recluso, uno como Anníbal.
¿Qué decirte? ¡Ese maldito bastardo! Veo que la edad comienza a afectar las ideas de tu abuelo –una sonora y amarga carcajada resonó en él– Es una misión suicida –fumó como si quisiera acabar el puro de una sola vez–Y no es que eso me importe, pero va a requerir mucho trabajo, mucho dinero –enfatizó la última parte. Como dije, Robert nada tenía para perder, ni mantener y mucho menos proteger, ni siquiera anhelos para el futuro, él simplemente continuaba existiendo, siendo el veneno que mata por otros. Y no es que el destino hubiera sido cruel al elegir su camino en la vida, es que él simplemente estaba a gusto con el estilo de vida que vivía. La sensación de poder, la ruptura de los límites al carecer de las cadenas humanas que atan a una vida “normal”, era tan asquerosamente excitante.
No dijo más de momento, continuó con la vista acechando al vivo retrato de aquel ex militar en su juventud. Observó el colorido líquido que se filtraba por esos labios que se le hacían apetecibles, incluso se percató de la sensual danza de aquella lengua, pues eso parecía, una breve y sensual danza. Tal vez, ver al joven rubio, portador de la sangre Wollfgang en su más bella esencia, le despertaba viejos deseos, deseos dormidos con los años, sepultados en oscuros rincones de su alma, si es que aún tenía una, quizá estuviera sepultada junto con los recuerdos. ¿El ex militar pretendía jugar con él al mandarle a su nieto? Todavía recordaba las tardes, las noches que había pasado escuchando los planes del abuelo de Oliver, comprendiendo cómo quería una muerte, en qué lugar específico y tantos detalles que la voz de ese hombre estaba grabada en toda su existencia, aquella mirada… Empatía, algo que Burrows no experimentaba, pero, sinceramente esperaba no ver a Oliver convertirse en alguien como su abuelo, por muchas razones, tantas que podría estar toda la noche nombrándolas. Tanta juventud… en el celeste de la mirada ajena le parecía ver el brillo de la vida misma, aun floreciendo. Una vez que se deja entrar a la oscuridad, nunca se va, nunca suelta, nunca libera. ¿Qué es lo que lo preocupaba? ¿Le preocupaba algo? Ver la exquisita imagen de ese ángel bajo el brillo de un antro como The Hole, resultaba inquietante, un contraste que le revolvía las entrañas. A final de cuentas no sabía se le deseaba un futuro alejado de todo eso o si quería estrujarlo hasta corromper cada gramo de ese delicado cuerpo.
Si lo quiere muerto, ¿para qué tomarse tantas molestias en liberar a un hombre condenado a muerte? Está adquiriendo un gran riesgo al pedirme esto, espero que lo sepa, cuando se trata de Anníbal, llego a dudar si tu abuelo piensa completamente en frío –dijo pareciendo particularmente feliz por ello, solo los pedidos del viejo Wollfgang le despertaban un éxtasis incomparable. Imposibles en apariencia, requerían desgarrarse la piel para conseguirlos, perfectos.
Terminó de escuchar todo lo que debía, todavía aguantando la tensión que experimentaba todo su cuerpo, ahora con mayor exaltación por la noticia de ese trabajo, por presenciar el juego del hielo en los labios de Oliver. Y mientras los propios labios de Burrows decían “comprendo”, sus ojos solo se centraban en lo que estaba frente a ellos.
No wealth, no ruin, no silver, no gold. Nothing satisfies me but your soul…
Con gusto me encargaré del asunto –expresó a la vez que extinguía el restante puro y guardaba el sobre con billetes en el bolsillo interno de su cahqueta– Pero, por muy raro que te pueda parecer el escuchar esto, la plata no lo es todo. Como bien entenderás, sacar a un recluso del área psiquiátrica no es cualquiera tema. En caso de contratiempos, quiero una garantía –¿qué esperaban? Faltaba agregarle los condimentos al plato principal. Inclinó el cuerpo hacia el asiento en que estaba Oliver y le habló con una complicidad inventada para el momento– Dile que quiero que tú trabajes para mí en este asunto –dejó escapar esas palabras, una tras otra, como si fuera fácil lo que pedía. Bueno, todos debían arriesgar algo si deseaban las cosas bien hechas– Haciendo nada  peligrosa, claro, pero, te quiero cerca. No será un problema para ti, ¿verdad, joven Wollfgang? –su tono se fue haciendo más severo hasta que enfatizó las últimas palabras. Sabía que podía resultar de locos esa parte del “contrato” y de todos modos no daría el brazo a torcer. Si algo salía mal como la última vez que había hecho un trabajo importante para el ex militar, esta vez se aseguraría de que la cárcel no fuera una opción– Pareces un joven muy capaz –agregó bajando la mirada para recorrer el cuerpo ajeno, con una vulgaridad muy característica en él– Y obviamente, pasaríamos un buen tiempo juntos.
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Re: I eat you alive

Mensaje por Oliver Wollfgang el Mar Nov 05, 2013 9:00 pm

Las palabras del hombre de cabello color ceniza como un jarro de agua fría sobre el inquieto cuerpo del más joven y vivaz de piel tersa y contenidas sonrisas. Que alzaba siquiera el rostro para seguir mirándolo a los ojos aunque lo que más quisiera ahora mismo fuera dejar atrás ese local ¿Abiertamente el deseo? Jamás se lo habían sugerido aunque pudiera ser que aquel hombre sólo jugaba con él para ver la reacción del nieto preciado de su socio. La misión requería mucho trabajo y mucho dinero ¿Desde cuándo eso se había convertido en un problema para su abuelo? Si le sobraba pasta casi por todos lados, donde pisaba se volvía el suelo billetes de los grandes al igual que lo que tocaba, pero solo eran para el mayor y tal vez por alguna recompensa para el pequeño  que se había medio agazapado en el sofá de cuero negro, juntando las piernas, libres de cualquier ropa que las cubriese a excepción del pantalón vaquero corto pero aquello no tapaba más que lo necesario para que el dueño de aquel sucio y ruidoso antro pudiese darle a la imaginación que, seguro y después de tantos años en esa vida, la tendría muy desarrollada, la imaginación, claro. – E-eso es un disparate… Estás pidiendo que ponga mi abuelo mi propia vida en juego… --Ladeó la cabeza, ni siquiera titubeó para alzarse y sacar el teléfono móvil del bolsillo trasero de su pantalón, levantándose para no ser pasto de las babas de aquel hombre.  Ni siquiera pensaba que su abuelo fuera a decir que sí, no se lo podía imaginar, tecleó el número de éste y llamó.-- ¿Qué…?  ¡No es justo! Yo no formo parte del trato… ¿Con él? Sí.. Dijo que no haría nada peligroso pero que tendría que estar con él… ¿Ah? ¿Qué me vaya con él a vivir? –Hizo una pequeña pausa, incrédulo, incluso le dio la espalda al hombre de canoso cabello.—Abuelo…   Dios…-- Volteó el rostro.

La cara del chico no era una cara amistosa, esas gruesas cejas tan claras, ceñidas, fruncidas con un tópico aire de enfado bastante notorio o el grueso labio inferior apresado por los dientes, mordiéndoselo. Avanzó prácticamente hasta colarse entre las piernas del mayor, notando la diferencia de grosor entre las piernas musculosas del albino y las suyas propias delgadas y fibrosas. Le tendió el móvil casi sin formular nada, mientras su abuelo seguía hablando, diciéndole que se calmase, que no sería para tanto, sería sólo hasta que terminase la misión. Pudo escuchar a su abuelo hablar con aquel hombre, pero sin embargo solo se quedó en su cerebro que fuera a recoger sus cosas, que le dijera a su padre que se iba con él a una acampada (Con el abuelo) y que fuese a vivir con aquel hombre al que no conocía de nada, dejó su cuerpo caer en el sofá, sentándose de cualquier forma ¿Iba a vivir con un extraño que le había mirado de tal forma que parecía que le iba  a devorar?  ¿Es que se había vuelto loco o senil? Inclinó el rostro hacia delante, dejando que el cabello largo y rubio ocultase su rostro como una aterciopelada cortina, necesitaba pensar, acomodarse y amoldarse a la nueva situación, al menos no iba a dejar las prácticas y entrenamiento de técnicas marciales, ni las clases de idioma por la tarde. Su vida terminaría en cuanto su abuelo terminase de hablar con aquel hombre por el móvil.

Dejaría atrás su bella intimidad, pasarse minutos enteros bajo el agua cálida de la ducha o prepararse en su habitación, escuchar música en un alto volumen o estudiar con tranquilidad, aquel hombre suponía un gran cambio entero en su vida… Que iba a cobrar muy caro. Cuando terminó de escuchar la vocecita de su abuelo terminar de hablar no esperó ni un segundo más a levantarse de donde se había dejado caer, asolado por el asombro. Avanzó con pasos amplios hasta llegar al cuerpo del hombre  y dueño del antro, apartó las rodillas del hombre y se metió dentro… ¡Ah, angel provocar de tu propio destino!

Aquel cuerpo comenzó a inclinarse suavemente hacia delante, consiguiendo que las cortinas doradas de su cabello se desplazasen deslizándose desde la espalda hasta los hombros en el sutil movimiento que la gravedad ejercía sobre él y esas manos de finos y largos dedos, que en un principio se habían quedado apoyadas en las rodillas de Robert, continuaron el ascenso hasta llegar a los muslos internos de aquel hombre, sus dedos, ejercieron presión sobre la zona, el pulgar apretando la zona interna de la ingle. Un suspiro más entre la noche, entre los húmedos labios del pequeño de mirada oceánica, parpadeo de aquel par de jugoso juego de labios que se movían gráciles y  parejos a la sensualidad que destilaban los poros del rubio.—Ahhh… Te voy a destruir.--  Y podía hacerlo, si quería. Podía destruir a aquel hombre cada vez que el parpadease, podía hacerlo añicos una vez cayese en la red sensual de sus movimientos. Y lo haría si aquel hombre de oscos movimientos se atrevía a violar y quebrantar su espacio personal.

Porque cuando  alguien interviene en la intimidad de otra persona ¿Acaso queda algo más que apoderarse del territorio? Decían, que en el amor y en la guerra, se valía todo y aquel hombre, tal vez, subestimaba la forma en la que aquel joven de semblante serio y tez de porcelana podía llegar a hacer con tan solo un pestañeo.
Un último apretón a los muslos veteranos de aquel hombre, un apretón ligero de los labios y la incrustación de sus pupilas en el océano nebuloso de los orbes que osaban merodear por su jovial cuerpo. Un último suspiro para regalar a aquel ambiente hostil, una última apariencia que dar al que comenzaría a ser su hogar, “hogar”. Se vio marcado el desdén de sus dedos a la hora de dejar atrás la anatomía del albino, la incorporación de su cuerpo, elegantes movimientos para dejarle ver el hastío y el odio que profesaba por él, el móvil que había vuelto a parar a sus dedos y que con un gesto terminó en la copa del dueño de la taberna. – Empezar una nueva vida conlleva nuevos gastos… Acostúmbrate a mis caprichos. --¿Eso quería? ¿Quería ver a un wollfgang? Vería en todo su esplendor lo que un día fue aquel hombre por el que el albino sentía admiración pues, aquel le enseñó a ser como era él, a experimentar y a provocar para obtener sus resultados. Maquiavelo dijo una vez “El fin justifica los medios”
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Re: I eat you alive

Mensaje por Robert Burrows el Mar Nov 19, 2013 4:03 am

La resistencia de Oliver a lo que pronto sería un ineludible destino, lo hacía reír, lo satisfacía. Incluso si no deseaba verlo convertirse en su abuelo, un silencioso remolino se revolvía en su interior por verlo alcanzar su potencial. Por más que probablemente de lo único que era consciente en ese momento, es que buscaba una garantía para un trabajo insano y Oliver representaba una ideal. Puede que su anciano jefe hubiera previsto tal giro de acontecimientos, puede que por ello hubiera mandado a su nieto con el encargo, puede que buscara más en ese acuerdo de lo que se alcanzaba a decir. Después de todo, no hay nada como meter las manos en el lodo para saber lo que es la suciedad y ¿qué pasaría cuando el pequeño ángel adquiriera la experiencia que esa pérfida parte del mundo era capaz de ofrecer?
Cuando el teléfono móvil le fue alcanzado, los vestigios del humo, su punzante mirar y la infame curva en sus labios se mezclaban atentos al menor. Comenzaba a creer que el asunto se trataba de Oliver tanto como de Anníbal, comunicarse directamente por teléfono llegaba a ser una jugada arriesgada.
Tanto tiempo, jefe –dejó de mirar al joven que parecía atormentado por sus propios pensamientos  y se concentró en la llamada. Un deje de cansancio se reflejó en su voz, un  breve momento en el que todos los recuerdos se juntaban como si de pestañear se tratase. Infame reacción, para realmente sentir el exagerado grado de cansancio que sus huesos cargaban, primero debía ser humano y la humanidad en Burrows estaba reducida a un viejo rumor que nunca llegó a tomar forma. Su fortaleza surgía de esa ausencia. Ser fuerte o morir en un rincón olvidado del mundo, esa había sido la ley de siempre. La corrupción en su interior había retorcido hasta el último gramo de su existencia. Cada gota de sangre derramada, el dolor de cada herida se transformaban en infinita rabia, ira que lo impulsaban a ser el filo de lo guillotina, sin duda, sin remordimiento.
O puede que tuviera un único remordimiento… el de no sentir nada, el de tener tal grado de indiferencia por la vida que sus puños ahora cargaban con el peso de incontables vidas. Y tal remordimiento carecía de sentido, en el camino de un asesino hay cosas que no están permitidas.
Inconciencia, no se la mira, no se la toca, no se habla de ella, pero se sabe que impregna cada acto, y mientras ella viva, se puede vivir con uno mismo. Permitirse sentir el peso de sus ejecuciones hubiera sido su propia ruina. Ahora resultaba que comenzaba a creer que esa propia fortaleza que lo mantenía con vida, sería su mayor debilidad. ¿Qué salvación podía existir para un hombre que no quiere ser salvado? La costumbre de menospreciar a la vida lo había llevado a menospreciar la suya propia. Arriesgada y retumbante vida a la que no le quedaba más que un puñado de ira mezclada con la avaricia. Burrows, Burrows, si hubieras entendido que toda alma necesita descansar de tanta contaminación, pero no, su alma era de la que no descansan hasta que mueren.
En aquel color de sus ojos, pálido y difuso, como un pequeño trozo de cielo aferrado a la niebla de un grisáceo día. Abismos cargados de corrosiva cólera, de los bajos sabores del mundo, concentrados en concretar los términos del contrato.
Como le dije a él, se mantendrá alejado del peligro. Sabes cómo funciona esto –con la mano libre sacó otro puro de la chaqueta y buscó el encendedor para encenderlo. Así volvió a quedar rodeado de humo, dejando paso para escuchar al viejo hombre al otro lado de la línea. Ese hombre que cedió con una facilidad que no era propia, sí, definitivamente allí olía a gato encerrado y no era precisamente el olor del antro– Mmmh… –un grabe sonido atravesó su garganta ante la siguiente secuencia de palabras que debió escuchar por teléfono. Automáticamente volvió a mirar a Oliver, considerando la posibilidad de lo que era requerido– De acuerdo, cerramos el trato así. Sí, yo me encargo de decirle –Cuando le comunicara al joven lo que su abuelo le había pedido...
La llamada finalizó y mientras extendía el aparato para devolverlo a su dueño, éste mismo se había atrevido a realizar aquella jugada. Las células del cuerpo de Burrows sonrieron agradecidas por la atención, por muy viles intenciones que ocultaran. La noche estaba en el punto en que la locura necesitaba ser desatada y los músculos liberados de su tensión. ¿No había quedado claro? ¿No sabía Oliver que esa misma tensión podía provocar que la entrepierna de Burrows luciera intimidante? Ese lugar tan cercano al que tocaba.
Ahh.. el aroma en los cabellos dorados, la fiera mirada del portador de los mismos, era algo para apreciar en silencio. La expresión del mayor se mantuvo más calmada de lo que se hubiera esperado, cuando en el interior la bestia estaba a punto de saltar y devorar a ese dulce caramelo frente a él. Tan cerca que podía saborear el sabor que tendría aquella piel cuando le pusiera su boca encima, lamiendo y ultrajando cada fibra. Aggh, tristemente las necesidades del dueño de la taberna debían esperar… Cuando un pacto era cerrado, había caminos a seguir.  Aunque, ninguna deuda o provocación quedaría sin saldar o impune.
No esperó otro segundo para que su enorme humanidad se pusiera de pie y así se mantuvo frente al pequeño ángel, traspasando todo rastro de espacio personal. Con la cabeza inclinada hacia abajo por la diferencia de altura, su caluroso aliento chocó contra la suave piel del otro, el único rose físico de su parte. Y digo físico, pues su mirada tocaba cada centímetro del celestial cuerpo…
Eres temerario y demandante, me gusta tu actitud. Deberíamos terminar la noche follando para inaugurar nuestra nueva alianza –murmuró en un tono tan grueso que pareció un viejo cántico de templo. Cuando Robert hablaba de follar, sus palabras sonaban como una promesa de placer, cargadas de una instintiva lujuria. Más si lo decía en serio. Entonces, antes de concentrarse en el asunto en cuestión, delineo con su nariz  el borde del rostro de Oliver, registrando en su memoria el aroma de éste– En orden para destruirme, primero tendremos que terminar este trabajo. Por lo tanto colaboremos, dulzura –la seriedad de su tono se mezclaba con un aire despectivo, uno natural al tratar con “socios” de los que todavía estaba por ver qué tan eficiente resultaría o si simplemente sería un dolor en el trasero– Aquí tendrás todo a tu servicio, pero antes de que decidas comportarte como mi enemigo, recuerda, recuerda bien que el poder de los Wollfagang que te mantendrá a salvo es también el que te está echando directo a los cuervos. Si puedes comprender esto, no tenemos tiempo para perder –Caminó un paso al costado y dejó lo que quedaba del nuevo puro en un cenicero sobre la mesa– Ven, te mostraré el resto del lugar. ¿O perderás el tiempo quejándote? Cuanto más rápido te acostumbres, mejor para todos.
Primero que nada caminó hasta los guardias de la entrada de ese piso y dio claras instrucciones sobre Oliver, una que debían comunicar al resto del personal.  Luego volteó hacia su nuevo huésped y optó por hacerle un rápido resumen.
Conoces el primer piso y el segundo. Dentro de estas paredes estarás a salvo aunque yo no esté. Mi vivienda se encuentra en el tercer piso y allí encontrarás más tranquilidad de la que puedes imaginar. Tal vez necesitemos cambiar las sábanas, porque hay una sola cama y no tengo intenciones de dormir en piso o en el sofá –hizo una pausa, detestaba los días en que debía hablar tanto– Puedes comenzar a quedarte esta noche, o puedes irte y volver mañana con tus cosas, es tu decisión –una endiablada sonrisa apareció en su rostro tras mencionar lo último. Para ser que Oliver había quedado atrapado en medio de todo ese asunto sin importar la opinión que pudiera tener al respecto, resultaba irónico dejarlo decidir ahora– Simplemente trae lo básico, el lugar es pequeño y no quiero todas tus porquerías tiradas alrededor. Se te dará el resto aquí. Cuando te necesite para nuestro “pequeño negocio” te lo haré saber. Ahora sí, si tienes algo para decir, dilo mientras subimos, incluido todo sobre tu rutina –información requerida si debía mantenerlo a salvo. Sospechaba que las cosas se pondrían bastante feas antes de que dieran buenos resultados.
Entonces, se paró junto a Oliver y pasó su brazo sobre los hombros ajenos para atraerlo a su cuerpo, agarré del cual no le permitiría liberarse hasta que llegaran a una escalera en espiral que se encontraba al fondo, casi escondida en la penumbra y que daba al tercer piso. Era una señal para el resto de los presentes con esa infinidad de ojos que todo lo ven, invitados recurrentes a la taberna, señal de que el dulce rubio no estaba disponible. Como bien conocía el mecanismo de esos lares, el rumor se expandiría con suma rapidez y tal hecho brindaría un extra de protección al menor, por mucho que el rumor no fuera cierto. Ahh, no hay que subestimar el poder de las habladurías. 
Volviendo a los detalles, en lo que Burrows consideraba su hogar, no había más que una pequeña cocina y un baño al subir, el resto era una gran sala organizada de tal forma que incluso sin tener paredes para dividir, se identificaba un modesto living-comedor y al fondo el cuarto. Lo único destacable era un gran ventanal cercano a la cama del cual tenía vista de todo el puerto. Y contrario a toda expectativa, muy poca gente subía allí, ya que era el lugar en el cual preparaba cada uno de sus trabajos, en el que se detenía a pensar y en el que guardaba todas sus armas. Considerando el estilo de vida que llevaba, mantenía al lugar en un estado humanamente habitable. ¿O es que aquello sería un infierno para los dulces ojos del ángel?
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Re: I eat you alive

Mensaje por Oliver Wollfgang el Lun Dic 30, 2013 12:15 pm

¡Bendito destino el que le esperaba! Apresado como un pájaro en una cárcel de mala  muerte  y con un gato grande y de pelo albino acechándolo al cantar. Prácticamente era el sentimiento que le inundaba mientras era llevado a la zona oscura donde había el hueco de la escalera y la escalera del asentamiento de Burrows. Un pájaro y solo un pájaro capturado por el humano, que en cuestión sería su abuelo y puesto en cautiverio, aunque era más fácil haberle puesto un cartel en el trasero donde pusiera “para ser cazado” y como un conejo, echarle al campo para que los cazadores furtivos fueran tras él. Tantas comparaciones le hicieron la mente jugar que ni siquiera pensó más de dos veces en que estaba subiendo inconscientemente hacia el piso del hombre de ancho cuerpo. ¿Es que no se daba cuenta de que si seguía apoyándose en él, acabaría por hundirle en el suelo? ¡No era tan fuerte como para soportar el peso de un cuerpo descomunal como aquel! Aquel cuerpo  lleno de músculo y humo. En su otra vida tuvo que haberse portado muy mal para que el señor Karma le hiciera esas pasadas, un escalón, otro escalón y finalmente la entrada al paradisiaco piso que le esperaba, donde sus galerías de oro relucían entre la cristalería o el suelo de mármol. ¡Oh dulce ángel! Baja de las nubes a la realidad, a tu realidad. Un vistazo bastó para que el joven se tapase la nariz y avanzase dentro del edificio. Un vistazo nada más para odiar su nuevo futuro, el olor del tabaco, de los puros se filtraba por cada poro de su piel descubierta, queriendo devorarlo allí mismo mientras esa nube se desvanecía entre la separación de sus joviales y exquisitas piernas desnudas, largas y raudas, bastó un par de minutos más para que el joven pudiese acostumbrarse a respirar ese aire maldito.-- ¿Vas a fumar conmigo en casa? Hago baloncesto y es perjudicial para mí respirar este… Humo. Deberíamos establecer normas de convivencia o te aseguro que voy a tener que tomar medidas drásticas contigo y tu vicio. – Y no era bueno subestimarlo. Avanzó hacia delante para ver más del inmobiliario, algo pobre aunque básico.


Su primer lugar a observar: El baño. Abrió la puerta de este para ver el interior, al menos esta limpio, no tendría quejas si todo estaba ordenado y limpio aunque el olor desagradable del tabaco comenzaba a asquearle, su padre le reñiría al llegar a casa con semejante olor ¡Y debería volver a ducharse! Pues seguro que se le había impregnado en el pelo.-- ¿Sólo hay un baño? ¿Sólo uno?... –Hizo una pausa, maldito y estúpido abuelo.—Bien pues… Haremos un horario para esto también. –Su cabeza no maquinaba la frase que había hecho antes el más grande “Cambiar las sábanas” ¿Qué..? ¿¡Qué…?! – Espera un momento… -Señaló la habitación, donde podía verse el pico izquierdo de la cama desde allí, desde el propio ángulo de visión del más joven.-- ¿Estás insinuando que voy a dormir contigo? –Otra pequeña pausa para tomar aire y sentirse humano y despreciadamente una miseria.—No pienso compartir cama contigo, a saber qué haces por las noches. –Volvió su cuerpo, cerrando la puerta del baño para dirigirse a la habitación sin ningún reparo.—Y no me gustaría ser carne de cañón para alguien como tú… Digamos que tengo otras prioridades antes de acostarme contigo. –Volvió despacio de nuevo a la entrada, desde allí se visualizaba el comedor, había pasado por alto la cocina, pues esperaba que estuviera limpia y preparada, ya tendría tiempo de analizar todo lo que había en la casa, ya tendría tiempo de tomar nota de todo lo que a él le disgustaba.—Vendré por la mañana, mañana. Hoy no pienso dormir aquí, en esta casa, con este olor. Ventílala, sino .—Ríe irónico.—Veremos a ver cuánto duran los puros dentro de ella. –Giró de nuevo su cuerpo para darle la espalda al albino.  Su nueva casa le hacía suspirar, pero el trabajo era el trabajo.


Bien… Me dedico especialmente a estudiar, estudio medicina. Medicina aplicada al cerebro. – Era un hecho que a él le movían los cerebros inteligentes.—Aún no estoy en prácticas pero estoy en clases teóricas por lo que tendré que traer mis libros y mis apuntes, son.. 11 asignaturas en la misma materia, 11 libros, con 11 cuadernos para los apuntes, fotocopias y un estuche, ordenador… En fin, cosas de estudiante. –Humedeció sus propios labios para proseguir mientras sus ojos claros hacían hueco en las estanterías que veía frente a él en el comedor o salón.—Mi ropa. No necesito un armario para mí, con tener ropa informal, formal, chándal para mis clases de baloncesto y mi uniforme universitario me basta, los zapatos suelen ser mocasines o de deporte. Y no voy a permitir que mi ropa huela a puro, así que… Creo que te regalaré por tu cumpleaños un cigarro de vapor. –Miró de reojos al hombre, era hora de marcar territorio y no debía verse como una víctima ante esos ojos color brumas tan penetrantes como el mismo invierno.—Ah… Se me olvidaba algo muy importante…


Giró delicadamente su cuerpo en dirección a Burrows, cuando llegó a él fue su dedo índice el que recibió el duro tacto del pecho contrario, hasta bajar básicamente al abdomen de su adverso.—Puedes estar tranquilo… Robert. Porque no suelo traerme los chicos a casa… Sería muy descuidado ¿No? Y supongo que sería de muy mal gusto que… -Hizo un pequeño círculo con el dedo, mientras este rozaba la goma del pantalón ajeno y volvía a subir el dedo hacia el pecho.—Encontrases a alguien en tu cama… Que no fuera yo. Por lo que hay que establecer reglas de convivencia. Te las escribiré y las pegaré en el frigorífico.. ¡Ah! Se me olvidaba, mañana pasa a recogerme a la universidad, salgo a las 4.50 pm- Quería salir de allí cuanto antes para poder respirar aire puro y que sus pulmones pudieran obtener de nuevo el oxígeno que le había quitado toda esa casa con su olor desagradable a puros, algo normal en un hombre que no tenía mucha estima a la vida, supuso.
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Re: I eat you alive

Mensaje por Robert Burrows el Vie Ene 03, 2014 3:42 am

En cierto punto, entre una palabra y la otra, se había limitado a recostar su fornida espalda sobre una vieja columna en la sala. Con la música apenas audible, era como como si escuchara la voz de Oliver por primera vez. No terminaba de convencerse si el ver caminar a un Wollfgang bajo su techo se trataba de un grato sueño o una pesadilla. Entre bastos pensamientos recibía con intensa tranquilidad a los comentarios ajenos. Él sabía, oh sí, lo sabía, sabía que su convivencia con el joven rubio sería un “tira y afloje” en el que debería evitar romper la delicada cuerda sobre la que transitarían.
No me provoques, porque descubrirás que soy más desagradable de lo que parezco –decidió restarle importancia a la imprudencia del menor de tocarlo, Oliver podía tocar cuanto deseara, tendrían tiempo de sobra para descubrir las consecuencias de ello. Simplemente no se movió mientras intentaba llegar a un acuerdo con el susodicho, lo más que hizo fue cruzarse de brazos y cambiar levemente la posición de las cejas al hablar– Lo que ves es lo que hay. Si no deseas dormir en la cama, siempre tienes cualquiera de los sofás a tu disposición. Pero antes de que tomes una decisión, debes saber que duermo durante el día. Como bien sabrás, en la noche trabajo, por lo que no tienes que preocuparte –al menos de momento– En las horas de la mañana verás que el panorama cambia por completo, encontrarás suficiente paz para tu estudio, dulce médico –casi que formuló una risa al mencionarlo. ¿Qué sabía Burrows sobre estudio? Y en caso de saberlo, nada le importaba más que los negocios, en este caso el negocio implicaba que el nieto de su cliente siguiera con su rutina bajo aquel techo. ¿Hacía falta decir algo extra?– Bien, llegaré a esa hora para buscarte. Mientras estemos en la “misión” y a medida que avancemos, acostúmbrate a esperarme –como ya tenía decidido, no se arriesgaría a que le pasara algo a Oliver bajo su cuidado.
Oliver Wollfgang y Robert Burrows viviendo en la “casa” de este último, esa morada sobre la propia taberna de The Hole. Dos mundos opuestos encontrados y trabajando por un fin común, conseguir la libertad de Anníbal Sglavahgt. Ambos bajo los mandatos del propio abuelo de Oliver, un hombre poderoso cuyo verdadero objetivo desconocían. ¿Qué les preparaba la vida? La forma en que soplaba el viento decía que no tardarían en descubrirlo, incluso el distante golpeteo de la música que hacía sentir el latir de los corazones lo auguraba.  ¿O es que no pueden sentirlo? Burrows sin duda lo sentía, su mirada inhumana lo reflejaba, esperando con ansiedad a la oscuridad que amenazaba con caer sobre ellos. ¿Qué que digo? Es cierto, no hay que adelantarse a los hechos. Por lo pronto su mayor preocupación era el tema de los puros.
Respecto a los puros… No es negociable –aclaró con notorio fastidio. Probablemente mataría a medio mundo si no tenía su dosis diaria de un buen fumar, el humor que le dejaría la ausencia de los mismos es algo que no deseaba imaginar, a no ser que buscara destruir a la taberna entera. No hay que subestimar el poder de un vicio de tantos años, uno que le garantizaba que no moriría de viejo, si no, mucho antes. Y eso en el caso de que no lo aniquilara su propio y nocivo negocio, no me refiero precisamente a la taberna– Lo más que puedo hacer por ti, es dejar una zona libre de humo aquí adentro –algo que ya resultaba una impresionante consideración por su parte. Se tomaba muy en serio el trabajo, hasta ese punto, pero que no le pidieran más– Si intentas quitarme un solo puro, voy a perforar tu trasero tan duro que me sentirás en tu garganta. ¿Soy suficientemente claro? Respeta mi espacio y respetaré el tuyo. No me hagas repetirlo –sentenció con una mirada que no aceptaría negociaciones con ello. De puro temor por quedarse sin sus amados puros, buscó en su chaqueta a otro de ellos y lo encendió. Del mismo lugar sacó una tarjeta con varios números de teléfono– Mantén esto cerca, puede que llegues a necesitarlo –la colocó en el bolsillo del corto pantalón de Oliver, inclinándose sobre este para susurrarte firmemente esas palabras.
Estaba demasiado mayor como para intentar corregir sus viejos vicios o sus reprochables actitudes, pero, mientras continuaran trabajando, se aseguraría de que todo aquel drama valiera la pena. ¿Oliver sería una ayuda o una carga? Tal vez ninguna de las dos opciones. Lo vería.
El agua del puerto y el suave viento en el mundo exterior trotaban a la misma velocidad, las luces de la noche acompañaban la danza de entre ambos elementos y el silencio acogía en sus brazos a la inmensidad.
¿Lo que se ha hecho puede corregirse? ¿Se pueden tomar curvas en un camino que parece recto? La vida, la amarga vida a veces dulce y otras veces simplemente insana, ¿brillaría para esas dos almas que se encontraban y bailarían una marcha de muerte? Cuidado, sería mejor que mantuvieran sus ojos bien abiertos y que no se confiaran, porque lo que traerá el mañana es infinitamente desconocido para nosotros.
Uno de mis hombres te acompañará a casa. Te veré mañana, dulzura. Hasta entonces.
Ecos de las últimas palabras de la jornada entonadas por una sonrisa maldita, como la vida que le esperaría a Oliver Wollfgang.
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Robert Burrows
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Re: I eat you alive

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